Dieta Mediterránea: Efecto preventivo/protector de asma

Efecto preventivo de asma exhibido por la Dieta Mediterránea

Diversos estudios científicos están revelando que una buena adherencia a un patrón dietético saludable como la Dieta Mediterránea, se asocia con un efecto preventivo de asma bronquial, merced a la acción combinada de los nutrientes aportados por los alimentos que la integran, usualmente frescos y de temporada, que hace que se amplifiquen sus efectos antioxidantes, antiinflamatorios y reparadores de anomalías del ADN (sinergismo por potenciación), contribuyendo, así, a evitar o mitigar los fenómenos oxidativos e inflamatorios involucrados en la génesis y desarrollo de las enfermedades crónicas no comunicables, primeras causas de enfermar en el mundo, de las que el asma, enfermedad crónica más frecuente en la infancia,  es un inequívoco representante.

   “Asma: Efecto protector del ejercicio físico”, artículo publicado en este blog, hace dos años (7 de mayo del 2020), nos permitió analizar la epidemiología, etiología y diagnóstico de esta prevalente enfermedad respiratoria, así como abundar en el efecto protector exhibido por el ejercicio físico regular, según lo observado y constatado en una serie de estudios experimentales.

   Aprovechando que anteayer, primer martes de mayo, fue el Día Mundial del Asma,  dedicaré este contenido al efecto protector de una dieta saludable, como la Dieta Mediterránea. Empecemos, pues.

Estudios prospectivos que evalúan cohortes de parejas de madres gestantes e hijos   

 

a)     Estudio pionero: estudio cohorte prospectivo madre-hijo INMA (Infancia y Medio Ambiente)-Menorca

 

  En enero del 2008 se publicó en la revista oficial de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax) un excelente estudio prospectivo, que reveló, por primera vez, una asociación inversa entre una alta adherencia a la Dieta Mediterránea durante la gestación y el riesgo de asma y atopia en los hijos resultantes.1

   Los autores, Chatzy, Sunyer y colegas, tras estudiar a 460 parejas de madres e hijos, residentes en Menorca (España), desde el embarazo hasta que los niños cumplieron 6,5 años, observaron que una alta adherencia a la Dieta Mediterránea de las madres se asoció con una significativa reducción del riesgo de sufrir sibilancias persistentes (sonido agudo y chillón al paso del aire por unos bronquios estrechos, síntoma sugestivo de asma) y alergia o atopia por parte de sus hijos: 78% y 45%, respectivamente, con respecto a los niños cuyas madres se adhirieron escasamente a  este modelo dietético.

   Aclaremos que la dieta materna durante el embarazo y la ingesta alimentaria de los niños a los 6,5 años se evaluaron mediante cuestionarios de frecuencia alimentaria.

   Los síntomas respiratorios sugestivos de asma de los niños, a lo largo del seguimiento, se recogieron mediante cuestionarios específicos, que completaron los padres, en tanto, que el diagnóstico de alergia se obtuvo realizando a los niños pruebas alérgicas cutáneas, con los seis neumoalérgenos más comunes. Así pudo comprobarse que el 13% de los niños presentaron sibilancias y el 17% dieron positivo en las pruebas alérgicas.

    La ponderación del grado de adherencia materna a la Dieta Mediterránea se determinó con el índice de Trichopoulou (MDS)2, en el que, obviamente, no se incluyó el consumo moderado de vino, absolutamente desaconsejado (prohibido) durante la gestación, además de considerar a la leche y lácteos como alimentos beneficiosos (al contrario que Trichopulou), pero sí se incluyeron el resto de componentes de este índice (fruta, verdura, legumbres, frutos secos, aceite de oliva virgen extra, pescado…). 

   El grado de adherencia de los niños a este patrón dietético se evaluó por el índice de KidMed, específicamente diseñado para ellos. Curiosamente, en este estudio, no se observó una asociación entre este índice y las sibilancias y alergia de los niños implicados, por lo que el beneficio resultó depender exclusivamente de la alimentación materna con productos frescos y de temporada a lo largo de su embarazo.

    ¿A qué atribuyeron estos autores el efecto preventivo de asma de la Dieta Mediterránea consumida por la madre durante el embarazo?

   Pues lo atribuyeron a la alta exposición fetal a numerosos compuestos de efectos antioxidantes y antiinflamatorios que ejercerían sus saludables efectos en plena organogénesis, sobre todo, de órganos de un lento desarrollo como los del aparato respiratorio y el sistema inmune. De esta forma, se reduciría el riesgo de desarrollar asma, una enfermedad inflamatoria crónica de las vías aéreas, que, además, es la enfermedad inflamatoria crónica más prevalente en la infancia, como dijimos al principio.

   Muchos de estos antioxidantes proceden de la fruta, vegetales y legumbres, muy ricos en carotenoides, flavonoides, selenio, vitaminas C y E, entre otros.

 

    También hay que destacar al producto estrella de la Dieta Mediterránea, el aceite de oliva virgen extra, muy rico no sólo en ácido oleico sino también en potentes antioxidantes, como el hidroxytyrosol, oleuropeína y oleocantal. Incluso ya se ha documentado que cuando la madre consume regularmente aceite de oliva durante el embarazo (tanto para ensaladas como para cocinar) se aprecia una reducción del riesgo de asma durante el primer año de vida del niño.3

  

 

   Por otra parte, otro alimento característico de este modelo dietético, el pescado, es la fuente principal de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, los famosos ácidos omega-3 (docosahexanoico y docosapentanoico), que exhiben notables efectos antiinflamatorios, que podrían reducir significativamente el riesgo de asma y enfermedades alérgicas en la infancia, cuando lo consume regularmente la madre durante el embarazo, como se ha observado en diversos estudios prospectivos. 4-6

  Tampoco olvidemos a los cereales íntegrales, con el grano entero, el que posee los tres elementos de la semilla: endosperma, salvado y germen. En cambio, las harinas más frecuentemente empleadas, las refinadas, carecen del salvado y del germen, y, por tanto, prescinden de la mayor parte de la fibra, minerales (zinc, cobre, magnesio), vitaminas (E y B) y otros antioxidantes (ácidos fenólicos y ácido fítico). También se han publicado varios estudios que han mostrado un cierto efecto protector de asma infantil por parte de los citados granos enteros.7,8

 

b)     Adherencia a la dieta mediterránea durante el embarazo y riesgo de sibilancias y eccema en el primer año de vida: estudios de cohortes madre-hijo de INMA (España) y RHEA (Grecia)

 

    En mayo del 2013 se publicó en una revista de prestigio (British Journal of Nutrition) el primer estudio prospectivo que ha evaluado la asociación entre la adherencia a la Dieta Mediterránea durante el embarazo y el riesgo de sibilancias y dermatitis atópica en el primer año de vida.9

   Los investigadores, también el grupo de Chatzi y Sunyer, tras evaluar a 1771 parejas madre-recién nacido del estudio multicéntrico español 'INMA' (Infancia y Medio Ambiente) (Gipuzkoa, Sabadell y Valencia) y a 745 parejas del estudio 'RHEA' en Creta (Grecia), no observaron asociaciones significativas entre la adherencia a una Dieta Mediterránea y la presencia de sibilancias y eccema en sus hijos de un año de edad.

   Sin embargo, la ingesta alta de carne y el consumo de carne procesada durante el embarazo se asociaron con un mayor riesgo de sibilancias en el primer año de vida, mientras que una ingesta alta de productos lácteos se asoció significativamente con un menor riesgo de sibilancias infantiles (RR 0,83; IC del 95%: 0,72; 0,96).

 La evaluación del grado de adherencia materna a la Dieta Mediterránea también se determinó con el índice de Trichopoulou (MDS).

    Huelga decir que el aparato estadístico utilizado por los autores fue muy riguroso (modelos de regresión logística binomial multivariante, para ajustar varios factores de confusión en cada cohorte y las estimaciones resumidas se obtuvieron mediante un metanálisis).

   No obstante, es necesario precisar que las sibilancias que acontecen durante el primer año de vida no siempre son síntomas de asma, pues una parte relevante de estos bebés dejan de sufrirlas poco después (sibilancias transitorias por broncoconstricción, inducidas por procesos víricos). Quizá por ello, no se ha apreciado una asociación inversa entre el citado modelo dietético y las sibilancias al año de vida, pero sí a los 6.5 años, como se apreció en el estudio anterior.

    De todas formas, este resultado no concuerda con los de un metaanálisis, de autoría china, publicado en abril del 2019 (Pediatric/Pulmonology), en el que, tras evaluar 18 estudios observacionales, observaron que una alta adherencia a la Dieta Mediterránea durante el embarazo se asoció con una menor incidencia de sibilancias en los primeros 12 meses (OR, 0,92; intervalo de confianza del 95%, 0,88-0,95; P  <0,001). 10

    

    ¿Cómo interpretar la asociación entre un mayor consumo de carne y carnes procesadas durante la gestación y sibilancias y eccema al año de vida? 

 

   Es muy posible que la posible causalidad de esta asociación esté relacionada con el marcado carácter inflamatorio derivado de la notable presencia de ácidos grasos saturados de la carne y, sobre todo, de la riqueza de ácidos grasos trans y conservantes, como los nitritos, de las carnes procesadas y productos cárnicos.

  Así, algún estudio ha revelado una asociación entre el consumo de ácidos grasos trans industriales y un aumento de la inflamación, así como del riesgo de asma y alergia (Weiland, von Mutius y Husing).11 Sin embargo, los ácidos grasos trans de rumiantes en la leche materna se han relacionado con un menor riesgo de eccema y sensibilización alérgica en niños antes de los 4 años12,13

   Por otra parte, los nitritos en absoluto son inocuos, pues generan especies de nitrógeno reactivo que podrían ampliar los fenómenos inflamatorios en las vías aéreas y en el pulmón, dado que dañan el ADN, inhiben la respiración mitocondrial y provocan estrés “nitrosativo”, como destacan los autores de esta investigación, basándose en publicaciones previas.14

    Siguiendo con esta línea argumental, diversos estudios transversales han mostrado una asociación entre un mayor consumo de hamburguesas en la infancia y una mayor prevalencia de asma.15-17

 

          ¿Cómo es posible una asociación inversa entre un mayor consumo de lácteos durante el embarazo y las sibilancias y eccema? 

 

    Pues es posible que tal asociación se deba al alto contenido en calcio o/y de probióticos (microorganismos que enriquecen la microbiota intestinal) de los productos lácteos, sin desdeñar su riqueza en vitamina A.   

    Así, un estudio de cohortes de nacimiento en Japón ha revelado que un mayor consumo de calcio y lácteos durante el embarazo se asocia con un menor riesgo de sibilancias infantiles (16-24 meses).18

    

 El kéfir de leche, excelente probiótico que incrementa la riqueza y diversidad de la microbiota intestinal, exhibe relevantes efectos inmunomoduladores/antialérgicos y muy posiblemente  reductores del riesgo de asma infantil cuando la madre lo consume durante la gestación.

    De igual manera, el estudio de cohorte de nacimiento de Prevención e Incidencia de Asma y Alergia a los Ácaros (PIAMA) en los Países Bajos ha mostrado una asociación inversa entre la ingesta materna de productos lácteos y las sibilancias infantiles en los primeros 8 años de vida.19

    Acorde con lo anterior, en la cohorte nacional danesa de nacimientos, el consumo materno de leche entera y yogur con toda la grasa, durante el embarazo, se asoció inversamente con el asma infantil a los 18 meses, mientras que la ingesta de yogur con poca grasa se relacionó directamente con un mayor riesgo de asma infantil y rinitis alérgica a esa edad.20 Quizá algo tenga que ver, con tal asociación, el hecho de que la leche tiene ácidos grasos saturados de cadena media y que los ácidos grasos trans naturales de la leche, a diferencia de los industriales, no parecen aumentar el riesgo de alergia en los niños, sino al contrario, como antes dijimos.

   

  Estudio longitudinal Avon (Reino Unido) de madres gestantes e hijos: mejor función respiratoria

 

    En marzo del 2020, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal) el Estudio Longitudinal de Padres e Hijos de Avon (ALSPAC), cuyo objetivo principal fue evaluar las asociaciones entre la puntuación de la Dieta Mediterránea materna durante el embarazo y asma, sibilancias, eccema, fiebre del heno, atopia y función pulmonar en 8907 niños de 7 a 9 años.21 También se investigó la interacción entre la Dieta Mediterránea materna y el tabaquismo materno durante el embarazo.

    Aunque en este estudio británico la puntuación de la Dieta Mediterránea materna no se asoció con el asma ni con otros resultados alérgicos, sí se apreciaron asociaciones significativas entre una buena adherencia a este modelo dietético, por parte de las madres gestantes, y la función respiratoria de sus hijos a los 8,5 años de edad, pues la espirometría con curva flujo volumen reveló mayores flujos en la pequeña vía aérea , esto es, el flujo espiratorio medio máximo en sus hijos (flujo espiratorio forzado al 25-75% de la capacidad vital forzada (FEF 25-75%), fue significativamente mayor en los niños cuyas madres adquirieron mayor puntuación (4 a 7 puntos en el índice de Trichopoulou modificado, el utilizado por Chatzy y colegas, en su cohorte de Menorca), que en los nacidos de madres con menor adherencia (0 a 3 puntos), siempre y cuando no fueran fumadoras activas durante la gestación.

 

    ¿Cómo valoraron el asma en este estudio?

 

     Pues se dio credibilidad a las respuestas emitidas por las madres a las preguntas sobre la presencia de asma en sus hijos de 7,5 años:  "¿Alguna vez un médico dijo que su hijo tiene asma?" o “¿ha tenido su hijo silbidos (sibilancias) o asma en los últimos 12 meses?

    Aunque la función pulmonar se midió con espirometría y curva flujo volumen, como antes dijimos, en ningún momento mencionaron en este estudio si hallaron o no un dato objetivo y fiable de asma, la obstrucción bronquial variable y reversible (con prueba broncodilatadora positiva). Hecho tampoco evaluado en otros estudios (factible a partir de los 5 años de edad).

   Por otra parte, los datos sobre la dieta materna durante el embarazo se recopilaron mediante un cuestionario de frecuencia alimentaria (FFQ), a las 32 semanas de gestación, que cubría los principales alimentos consumidos en Gran Bretaña en ese momento.

   Los investigadores de este estudio tuvieron el mérito de destacar que la Dieta Mediterránea se basa en valores medianos específicos de poblaciones de la cuenca mediterránea, por lo que es posible que no se adapte a países no mediterráneos como el Reino Unido, en los que la ingesta media de algunos alimentos específicos puede ser menor y es posible que se pierdan los posibles efectos beneficiosos, como, por ejemplo, el aceite de oliva virgen extra. “Reconocemos que esto podría ser una explicación de por qué se encontró una asociación entre la Dieta Mediterránea materna y el asma infantil en niños de Menorca (es decir, una población mediterránea) y no en niños de EE. UU.22 o en niños de nuestro estudio, ALSPAC”, precisaron Bédard y colegas, autores de esta investigación.

 

       ¿Qué puede representar un aumento de los flujos en la pequeña vía aérea?

 

      Pues un aumento de los flujos en la pequeña vía aérea, bronquios de un diámetro inferior a 2 mm (bronquiolos terminales, bronquiolos respiratorios, conductos y sacos alveolares) siempre es un logro, dado que su defecto se ha asociado con un mal control del asma, incluso en pacientes sin aparente obstrucción bronquial en la espirometría (VEMS o FEV1/FVC superior al 70% y FEV1 superior al 80%).23,24

  Por otra parte, en los fumadores activos la pequeña vía aérea suele resentirse del estrés oxidativo generado por la inhalación del humo del tabaco. Así, desde tiempo ha, se ha considerado un signo precoz de evolución a la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), tercera causa de muerte.

 

  Estudio de cohorte de generaciones cruzadas de Lifeways: el potencial inflamatorio y la calidad de la dieta están asociados con el riesgo de asma en la descendencia a los 10 años

   Un mes antes, en febrero del 2020 se publicó en la revista oficial de la Sociedad Americana de Nutrición (American Journal of Clinical Nutrition) el primer estudio que reveló cómo una dieta proinflamatoria y de baja calidad durante el embarazo se asocia con un mayor riesgo de asma en la descendencia, al contrario que una dieta saludable.25

   Se trata de un estudio prospectivo irlandés (Lifeways Cross-Generation Cohort Study), con 862 parejas madre-hijo, en el que sus autores evaluaron la dieta materna (primer trimestre) mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos, con el que calcularon las puntuaciones del Índice Inflamatorio Dietético (Dietary Inflammatory Index: E-DII) y el Índice de Alimentación Saludable (Healthy Eating Index: HEI) -2015 ajustados por energía, en tanto que el asma de sus hijos lo valoraron en tres momentos, a los 3, 5 y 9 años.

   Pues bien, tras 10 años de seguimiento, comprobaron que cada incremento en una desviación estándar del E-DII materno se asoció con un 35% más de riesgo de asma en la descendencia (OR = 1,35; IC del 95%: 1,10, 1,65; P  = 0,004). Por el contrario, cada aumento en una desviación estándar de la puntuación de HEI-2015 materna se asoció con un 23% menos de riesgo de asma en la descendencia (OR = 0,77; IC del 95%: 0,64; 0,93; P  = 0,006).

   En los análisis de puntos de tiempo de seguimiento individual, una puntuación E-DII materna más alta se asoció con un mayor riesgo de riesgo de asma en la descendencia en los años 3, 5 y 9 (todos P <0,05). De manera similar, una puntuación de HEI-2015 materna más alta se asoció con un menor riesgo de asma en la descendencia en todos los momentos del seguimiento, aunque se observó significación estadística sólo para el tercer año.

   Antes de proseguir, es preciso explicar en qué consisten los índices citados (DII y HEI).

   El índice Inflamatorio Dietético (DII), publicado en agosto del 2013, es un algoritmo de puntuación que permite comparar el potencial inflamatorio de la dieta de diversas poblaciones, obtenido tras analizar en torno a 6500 artículos (publicados hasta diciembre del 2010) que investigaron el efecto de la dieta, de 45 parámetros alimentarios, sobre seis reconocidos biomarcadores inflamatorios (proteína C reactiva, factor de necrosis tumoral alfa o TNF-α y cuatro interleucinas: IL-1β, IL-4, IL-6, IL-10). De esta forma, se valoró si cada parámetro dietético aumentó (+1), disminuyó (-1) o no tuvo efecto (0) sobre cada uno de estos seis biomarcadores inflamatorios.26

   Así, identificaron once conjuntos de datos sobre el consumo de alimentos de países de todo el mundo, que permitieron expresar la ingesta de los individuos en función de los cuarenta y cinco parámetros alimentarios proinflamatorios y antiinflamatorios identificados en la búsqueda. Cuando se ajusta a esta base de datos global compuesta, la puntuación DII de la dieta proinflamatoria máxima fue + 7 · 98, la puntuación DII máxima antiinflamatoria fue −8 · 87 y la mediana fue + 0 · 23.

   En los 45 parámetros citados se incluyen macronutrientes, como las proteínas, carbohidratos, grasas (totales, colesterol, ácidos grasos monoinsaturados, poliinsaturados, saturados y grasas trans), así como micronutrientes, como vitaminas (A, E, C, D, tiamina, B6, B12, ácido fólico…), ciertos minerales (hierro, selenio, magnesio, zinc), antioxidantes reconocidos (flavonoles, antocianinas, isoflavonas), además de determinados alimentos y condimentos, como el ajo, cebolla y pimienta, un amplio repertorio de plantas aromático-medicinales (tomillo, romero, orégano, jengibre), sin olvidar el alcohol, el té, la cafeína y el consumo energético total.

   A efectos prácticos, una dieta rica en ultraprocesados, bollería industrial, refrescos azucarados y grasas trans, como la denominada Comida Basura o Chatarra, obtendrá una alta puntuación en el índice Inflamatorio Dietético, pues aumenta los biomarcadores inflamatorios elegidos. Sin embargo, una dieta a base de productos frescos y de temporada, a base de fruta, verdura, frutos secos, legumbres, granos enteros, pescado, aceite de oliva virgen extra, como la Dieta Mediterránea u otra similar, exhibirá un verdadero efecto antiinflamatorio.

 

      Índice de Alimentación Saludable (Healthy Eating Index: HEI)

 

    El HEI-2015 califica una dieta basada en 9 componentes saludables (ingesta total de frutas; frutas enteras; verduras; verduras y frijoles; alimentos que contienen proteínas totales; mariscos y proteínas vegetales; granos integrales; lácteos; y proporción de ácidos graso poliinsaturados y monoinsaturados con respecto a los saturados) y 4 componentes de moderación, no saludables (granos refinados, sodio, azúcares agregados y ácidos grasos saturados). 27

  El rango teórico del HEI-2015 es de 0 a 100, con una puntuación más alta que refleja una mayor adherencia a las recomendaciones de la guía dietética para los estadounidenses (una ingesta alta de alimentos considerados saludables y una baja ingesta de alimentos no saludables, de moderación) y, por lo tanto, indicativo de mejor calidad dietética.

 

     ¿Cómo han valorado el asma en este estudio?

 

    Se valoró en tres momentos: a los tres años, preguntando directamente a los médicos si habían efectuado o no el diagnóstico de asma a los niños del estudio; a los cinco años, tras responder los padres si algún médico había diagnosticado de asma a su hijo; y a los 9 años, cuando la información se obtuvo tanto de los médicos como de los padres.

   Como en todos estos estudios, se controlaron variables de confusión que pueden asociarse a la dieta y que por sí solas pueden incrementar o reducir el riesgo de asma, como el tabaquismo, el alcohol, la lactancia materna, el grado de actividad física de los niños, el tiempo que dedican a ver la televisión (sedentarismo), educación materna, estatus socioeconómico familiar, calidad de la dieta de los niños, peso de la madre, entre otras.

 

        ¿Cómo interpretamos estos resultados?

 

     En principio, se trata del primer estudio que ha mostrado una asociación entre una dieta de mala calidad, proinflamatoria, con una alta puntuación del Índice Inflamatorio Dietético durante el embarazo y un mayor riesgo de asma en la descendencia, a la edad de 10 años.

   Los autores consideran que sus resultados son concordantes con los de la cohorte madre-hijo INMA-Menorca, pues también se apreció una boyante influencia intergeneracional entre una dieta saludable, a base de productos frescos y de temporada, como la Dieta Mediterránea seguida por las madres durante su embarazo y un menor riesgo de asma en sus hijos, a la edad de 6,5 años.

   También inciden en cuán importante es optimizar todos los factores, todos los estilos de vida adoptados durante la gestación que conduzcan a un buen desarrollo de los órganos y aparatos del ser humano, véase el aparato respiratorio y el sistema inmune, como una dieta saludable, rica en antioxidantes y antiinflamatorios, además de evitar todo lo que genere toxicidad, oxidación, inflamación y daño del material genético, como el tabaco, el alcohol, la ingesta de ultraprocesados, entre otros.

    Es indudable que tal estrategia puede permitir un mejor desarrollo del sistema inmune y del aparato respiratorio de la progenie, verdaderamente afortunada por los saludables estilos de vida de sus madres. De esta suerte, al evitar fenómenos oxidativos e inflamatorios, parece lógico que enfermedades crónicas, cuyo hecho patogénico fundamental es la inflamación crónica, perdurable y amplificable a lo largo del tiempo, no acontezcan, como parece suceder con el asma, la enfermedad crónica más frecuente en la infancia, como antes dijimos.

 

          Dieta Mediterránea durante la infancia y reducción riesgo de asma

 

    Metaanálisis y revisiones sistemáticas

 

     En abril del 2013 se publicó (Pediatric Allergy and Immunology) una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales (ocho, gran parte de los publicados hasta mayo del 2012), que reveló como una alta adherencia a la Dieta Mediterránea (tercil más alto), por parte de los niños incluidos en el estudio (39.804), se asociaba con una significativa reducción del riesgo de sibilancias actuales (como síntoma sugestivo de asma, aunque no todas las sibilancias son asma): un 15% en todos los estudios; un 21% menor en los estudios efectuados en zonas ubicadas a menos de 100 km del mar Mediterráneo.28

    Los autores de esta investigación multinacional (España, Chile, Alemania y Grecia), liderados por García-Marcos (Hospital Virgen de la Arrixaca, Universidad de Murcia), también observaron que el efecto protector de la Dieta Mediterránea se hacía más patente en niños con cuadros más severos, pues los de mayor adherencia (tercil superior) experimentaban una reducción del 18% de sibilancias graves actuales, descenso aún mayor en los de la órbita mediterránea: 34%.

    Cuatro años más tarde (abril 2017), dos miembros del anterior equipo, Luis García Marcos y José A. Castro Rodríguez, fueron los responsables de una revisión sistemática sobre este tema,29 con resultados fructíferos para los amantes de la Dieta Mediterránea, pues apreciaron una asociación inversa entre este modelo dietético y el asma infantil (en tres nuevos estudios), 30-32 además de un incremento de la función pulmonar (en un estudio).33

   Incluso, en varios estudios, observaron un cierto efecto protector de la citada Dieta Mediterránea contra el efecto nocivo del medio urbano (niños residentes en Atenas) sobre el asma infantil.30,31

    En agosto del 2017 se publicó una revisión sistemática de estudios observacionales, de autoría australiana, que también reveló una asociación inversa entre una buena adherencia a un modelo dietético mediterráneo y el riesgo de asma desde el nacimiento hasta los 18 años de vida.34

  En este caso, los autores, Papamichael y colegas (Departamento de Rehabilitación, Nutrición y Deporte, Universidad La Trobe, Melbourne), tras analizar los 15 estudios observacionales seleccionados (de los 436 artículos identificados), comprobaron en doce de ellos una asociación inversa entre el cumplimiento de un patrón dietético mediterráneo y el asma en niños, dos estudios no mostraron asociación y uno mostró un aumento de los síntomas de asma (anecdótico). En catorce de quince estudios, los controles de evaluación de calidad revelaron una buena confiabilidad y validez entre las metodologías de estudio.

   En noviembre del 2021, se publicó en una revista de prestigio (Allergologia et Inmunopathologia) una investigación española, liderada por Fernando Calatayud, que apreció una asociación inversa entre la incidencia de asma infantil y la lactancia materna y una buena adherencia a la Dieta Mediterránea, con respecto a los niños con menor adherencia a este patrón dietético y menor grado de lactancia materna.35

 

     Dieta Mediterránea y asma en los adultos

 

a)     Efecto protector de una dieta rica en antioxidantes

 

    En septiembre del 2012 se publicó en la revista oficial de la Sociedad Americana de Nutrición (The American Journal of Clinical Nutrition) un estudio experimental, de autoría australiana, cuyo objetivo fue investigar los efectos de una dieta rica en antioxidantes en comparación con los de una dieta baja en antioxidantes, con o sin suplementos de licopeno.36

   Para ello, 137 adultos asmáticos fueron asignados al azar a una dieta alta en antioxidantes (5 porciones de vegetales y 2 porciones de fruta al día; n = 46) o una dieta baja en antioxidantes (≤2 porciones de vegetales y 1 porción de fruta diariamente; n = 91) durante 14 días y, a continuación, comenzó un ensayo de suplementación paralelo, aleatorizado y controlado, en virtud del cual a los que consumieron la dieta rica en antioxidantes se les suministró un placebo, en tanto que  a los que consumieron la dieta baja en antioxidantes se les dio placebo o extracto de tomate (45 mg de licopeno/día). La intervención continuó hasta la semana 14 o hasta que se produjo una exacerbación.

   Pues bien, después de 14 días, los sujetos que consumían la dieta baja en antioxidantes tuvieron una peor función respiratoria, dado que la espirometría con curva flujo volumen mostró porcentajes menores de capacidad vital forzada (FVC) y de volumen espiratorio forzado en el primer segundo (FEV1), con respecto a los que consumían la dieta alta en antioxidantes. Además, los que siguieron una dieta baja en antioxidantes tuvieron, en la semana catorce, mayor grado de inflamación respiratoria (mayores concentraciones de neutrófilos en el esputo) y sistémica (altas concentraciones plasmáticas de un marcador inespecífico de inflamación, la proteína C reactiva), así como más del doble de riesgo de sufrir una exacerbación asmática, (2,26 IC 95%: 1,04, 4,91, P = 0,039) que los que siguieron una dieta rica en fruta y verduras (2 y 5 raciones diarias, respectivamente).

    Por otra parte, en los incluidos en el grupo de dieta baja en antioxidantes no se observaron diferencias en la inflamación sistémica o de las vías aéreas ni en los resultados clínicos entre los que consumieron extracto de tomate y los que consumieron placebo, sugiriendo que lo que resulta beneficioso es una dieta con alimentos íntegros, véase fruta y verdura, con una matriz rica en diversos antioxidantes (carotenoides, flavonoides, polifenoles, vitaminas), fibra, minerales y demás nutrientes, que interaccionando entre ellos consiguen un sinergismo por potenciación, lo que no sucede con meros suplementos dietéticos.

 

b)     Mejor control del asma con dietas saludables

 

    En julio del 2018 se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal) un estudio observacional, de autoría francesa, de carácter transversal, que mostró una asociación inversa entre la puntuación de cinco reconocidos síntomas de asma y el control del mismo (ACT: Prueba de control del Asma) y una buena adherencia a determinadas dietas saludables, a base de productos frescos y de temporada, como la Dieta Mediterránea  basada en la literatura (MEDI-LITE )y el índice Alternativo de alimentación Saludable 2010 (AHEI-2010). 36

   Los investigadores de este estudio se valieron de una muestra representativa, 34.766 participantes de la cohorte NutriNet-Santé, que respondieron a un exhaustivo cuestionario respiratorio. Las puntuaciones dietéticas fueron obtenidas durante los años previos en el contexto de un estudio que tuvo como objetivo fundamental evaluar las asociaciones entre modelos dietéticos saludables y determinadas enfermedades crónicas.

  En el caso que nos ocupa, se pudo comprobar que los comportamientos dietéticos más saludables se asociaron con menos síntomas de asma y un mayor control del asma.

 

Una dieta a base de productos frescos y de temporada, con buena representación de fruta y de verdura, exhibe notables efectos antiinflamatorios, que contribuyen a reducir el riesgo de enfermedades crónicas no comunicables, como el asma, la enfermedad crónica más frecuente en la infancia y de relevante prevalencia en los adultos.

 

c)      Efecto antiinflamatorio de una dieta saludable en adultos con asma no controlada

 

   En septiembre del 2021 se publicó en la revista oficial de la Sociedad Americana de Nutrición (American Journal of Nutrition) un estudio experimental que demostró cómo una dieta saludable a base de productos frescos y de temporada, como la aconsejada en pacientes con hipertensión arterial, la dieta DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension), lograba reducir los marcadores inflamatorios de pacientes con asma no controlada, con respecto a los del grupo control (dieta habitual).38

    Se trata de una investigación multicéntrica, de autoría estadounidense, (Universidades de Stanford, Harvard, Illinois y Kaiser Permanente San Francisco), en la que se analizaron los cambios en los marcadores inflamatorios sanguíneos, previamente elevados,  de pacientes con asma mal controlada que siguieron durante 6 meses una dieta saludable, la citada DASH, que se parece a la Dieta Mediterránea, por su riqueza en fruta, verdura, legumbres, cereales con granos enteros, pescado, semillas y frutos secos, entre otros.

   De esta forma, a los tres meses comprobaron  que una alta adherencia de la dieta citada (alta puntuación) se asociaba con una reducción de las concentraciones séricas de un amplio repertorio de proteínas inflamatorias, tanto generales (IL-1β,  TGF-α e IL-6) como las relacionadas específicamente con procesos asmáticos (Linfocitos T-helper, T h2,  citocinas y factores de crecimiento asociados), especialmente algunas muy vinculadas a exacerbaciones asmáticas (un atrayente de linfocitos T inducido por el interferon gamma, el (CXCL9) (MIG/CXCL9), netamente reducidas a la conclusión del ensayo (6 meses), con respecto al grupo control.

     De igual forma, las disminuciones en las concentraciones de proteína sérica 19 también se correlacionaron con un mejor control del asma durante el período de estudio de 6 meses, según las puntuaciones en un cuestionario específico de control de esta enfermedad (ACQ).

  “Nuestros datos en pacientes adultos con asma mal controlada sugieren que los cambios en la dieta, como la introducción de DASH, pueden tener efectos beneficiosos para reducir el estado inflamatorio”, concluyeron los autores.

 

Apuntes finales

 

    Es indudable que una dieta saludable a base de productos frescos y de temporada, con  fruta, verdura, frutos secos, legumbres, aceite de oliva virgen extra, pescado, entre otros alimentos, es muy rica en micronutrientes de efectos antioxidantes, antiinflamatorios y reparadores de anomalías del ADN, que contribuyen decisivamente a reducir el riesgo de desarrollar las principales causas de enfermar y morir en el mundo, enfermedades crónicas no comunicables, donde la inflamación sostenida a lo largo del tiempo (crónica) es el hecho patogénico fundamental.

   En fin, considero crucial fomentar estilos de vida que protejan nuestro material genético, evitando fenómenos inflamatorios y oxidativos (envejecemos porque nos oxidamos)  y frenando el acortamiento acelerado de los extremos de los cromosomas (telómeros), como la actividad física regular y la Dieta Mediterránea o similar, pues, así, será más factible que nuestra edad biológica sea menor que la cronológica y, en consecuencia, nuestra esperanza de vida en buena salud sea superior a nuestras expectativas iniciales.

                                            Dr. Félix Martín Santos

  

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