EFECTOS SALUDABLES DEL KÉFIR: ALIMENTO PROBIÓTICO POR EXCELENCIA.

Según la Organización Mundial de la Salud, los alimentos probióticos son capaces de mejorar la salud del huésped que los recibe, merced a su riqueza en microorganismos vivos de naturaleza inequívocamente beneficiosa. Aunque los yogures frescos son los más conocidos, el Kéfir parece superar a todos los demás por sus excepcionales beneficios en la salud de los afortunados que lo consumen: antitumorales, antimicrobianos, inmunoestimulantes, antialérgicos, antioxidantes y antidiabéticos, entre otros efectos.


Efectivamente, los últimos hallazgos de la Comunidad Científica Internacional están confirmando tales efectos.

 


¿QUÉ ES EL KÉFIR?

 


Es una bebida probiótica producida por la fermentación de la leche (predominantemente ácido láctica y, en una mínima proporción, alcohólica) por parte de una combinación de bacterias beneficiosas y de levaduras, usualmente embebidas en una matriz orgánica en forma de coliflor (gránulos de Kéfir), que cooperan en perfecta armonía entre ellas para subsistir y multiplicarse más efectivamente (simbiosis microbiana) y, concomitantemente, mejorar la salud de los que la ingieren regularmente (simbiosis con el huésped humano). Como resultado de su acción se produce ácido láctico (por fermentación de la lactosa), anhídrido carbónico y una mínima cantidad de alcohol.

 


Por otra parte, el kéfir es rico en vitaminas del grupo B (B1 ó tiamina, B5 ó ácido pantoténico, B9 ó ácido fólico, B12 ó ciancobalamina, biotina) así como vitaminas A y K, aminoácidos esenciales como el triptófano, proteínas fácilmente digeribles, minerales como el calcio, magnesio y fósforo, y un producto realmente saludable, el kefiran.

 


Además, está bien dotado de una enzima capaz de digerir la poca lactosa que sobreviva a la fermentación de la misma, la B-galactosidasa, por lo que las personas con intolerancia a este azúcar (disacárido que resulta de la unión de glucosa y galactosa) llegan a tolerar bastante bien esta leche fermentada.

 

Gránulos de kéfir

 

 

ORIGEN DEL KÉFIR

 


Los primeros que se beneficiaron de los efectos saludables del kéfir fueron miembros de las tribus del Cáucaso Norte, en los confines de Europa Oriental, lindando con Asia Occidental, en esa montañosa franja de tierra limitada por el mar Caspio y el mar Negro. Parece que todo empezó hace cientos de años cuando los autóctonos de esas tierras, que ahora pertenecen a la federación Rusa, decidieron preparar una bebida, que ellos llamaron ayrag, dejando remansar la leche en unos odres elaborados con piel de cabra, que no lavaban. Con el tiempo, comprobaron que la corteza blanquecina, grumosa y granulada de la pared interna del citado odre de piel caprina era capaz, cuando se le añadía leche, de originar una bebida diferente y superior a la de su ayrag, por lo que decidieron distinguirla con una denominación que hiciera honor y justicia a sus supuestas virtudes. De esta guisa la empezaron a llamar Kéfir, palabra que parece proceder del turco Kief, para indicar el estado placentero alcanzado con su ingesta.

 


Desde la más lejana antigüedad los pueblos musulmanes de estas montañas caucásicas elevaron al kéfir a la categoría de maná de Alá, que pasaba de una generación a otra como una fuente de riqueza familiar. Posteriormente fue extendiéndose paulatinamente al resto del mundo.

 


COMPOSICIÓN MICROBIANA DEL KÉFIR Y DE LOS GRANOS DE KÉFIR

 


Dado que el kéfir está constituido por una mezcla de bacterias y levaduras, vamos a proceder a referir primero las poblaciones bacterianas para, luego, mencionar las de las levaduras.

 


a) Poblaciones bacterianas

 


Desde sus orígenes más remotos, la propagación del kéfir se ha conseguido y mantenido mediante la adición de sus típicos gránulos a lotes de leche fresca que, luego, se dejaban incubar a temperatura ambiente, usualmente durante 24 horas. Durante este proceso fermentativo los gránulos crecen notablemente, al tiempo que transfieren microorganismos y genes a la leche resultante.

 


Bueno, para que todo el maremágnun de nombres científicos en latín, de géneros y especies bacterianos, que voy a referir a continuación no nos resulte tedioso y, por ende, no nos invite a abandonar el artículo antes de llegar a la parte más jugosa, sugiero que identifiquemos tales nombres con seres bienhechores que trabajan constantemente para enriquecer nuestra salud. Quizá así aguantemos el chaparrón. Entremos, pues, en materia.

 


Cuando se emplean técnicas de cultivo convencionales por investigadores de prestigio (1, 2, 3) se puede observar que los géneros bacterianos predominantes en el Kéfir son lactobacillus, Lactococcus, Streptococcus y Leuconostoc.

 


Si bajamos al escalón de las especies bacterianas, entre el 37 al 90% de las existentes tanto en los gránulos como en la leche kefirada corresponden a las siguientes: Lactococcus lactis subsp. lactis, Streptococcus termophilus, Lactobacillus delbruekckii subsp. bulgaricus, Lactobacillus helveticus, lactobacillus casei subsp. pseudoplantorum, Lactobacillus Kefiri, Lactobacillus kéfir y Lactobacillus brevis. (1,2,4)   

 


Diversos autores han efectuado cultivos microbiológicos más sofisticados, con evaluación genética incluida, de los gránulos y de la leche kefirada, que han revelado que los géneros predominantes en los primeros son el lactobacillus y, en menor proporción, el acetobacter. Además han precisado que las especies más comunes de Lactobacillus en los citados gránulos son L. kefiranofaciens, L. kefiri y L. parakefiri. (5,6,7,8) Estas tres especies son patrimonio exclusivo del kéfir.

 


En cambio, cuando lo que se analiza son los géneros bacterianos de la leche kefirada, se aprecia una mayor diversidad, siendo los predominantes los correspondientes a Leuconostoc, Lactococcus, Lactobacillus y Acetobacter. 

 


Llama la atención que un género escasamente representado en los gránulos, como lo es el de lactococcus, sea predominante en la leche fermentada.

 


No acabemos este apartado sin mencionar a un género de bacterias simbiontes y abundantes en nuestro intestino, el Bifidobacterium, para referir que, aunque se han encontrado en el Kéfir, su relevancia es netamente menor que la de las mencionadas. (9)

 


b) Poblaciones de levaduras

 


Diversos investigadores han comprobado que la mayoría de las levaduras encontradas en los gránulos y en la leche kefirada se identifican con tres especiesSaccharomyces, Kluyveromyces, y Candida.(1,10, 11)

 


Aunque muchas especies de Saccharomyces se han aislado del kéfir, las más comunes son S. cerevisiae y S. unisporus. (10, 11)

 


El género Kluyveromyces es el mayoritario entre las levaduras que fermentan la lactosa, siendo dos las especies más comunes: K. marxianus y K. lactis.

 


La población de Candida en el kéfir está constituida por una amplia variedad de especies, sin embargo, las más comunes son C. holmii y C. kefyr.

 


Además de los tres géneros mencionados, el género Pichia se ha visto con cierta regularidad, siendo Pichia fermentans la especie dominante.

 


A medida que el proceso fermentativo progresa, empiezan a incrementarse las proporciones de los géneros que fermentan la lactosa, como el Kluyveromyces, en detrimento de las no fermentadoras, como Saccharomyces (Kazachstania).

 


KEFIRAN

 


El kefiran es un hexopolisacárido, esto es, un azúcar complejo constituido con dos monosacáridos diferentes, glucosa y galactosa, en la misma proporción (1/1), que se libera de los gránulos del kéfir por acción del Lactobacillus kefiranofaciens, auténtico productor de esta sustancia gelatinosa con sorprendentes efectos saludables.

 


En 1968, Kooiman (12) tuvo el honor de ser el primero en identificar su estructura química. En realidad, este polisacárido ofrece una especie de matriz a un  grupo de microorganismos (incorpora una parte de las levaduras y bacterias mencionadas antes), que, sin duda, contribuyen a sus efectos biológicos.

 


También se sabe que, aunque la bacteria productora del kefiran es la ya mencionada antes, Lactobacillus kefiranofaciens, existe una excelente relación simbiótica con especies de levaduras del género Saccharomyces, pues cuando se las añade a los cultivos se incrementa de forma notable la cantidad de kefiran producida.

 


¿CUÁLES SON LOS EFECTOS BIOLÓGICOS DEL KEFIRÁN QUE LE HACEN TAN SALUDABLE?

 


Diversos experimentos con animales han revelado, entre otras, las siguientes propiedades:

 

  • Efecto antihipertensivo. (13)

 

  • Actividad antitumoral.

 

Liu y colegas revelaron que la administración oral de leche kefirada y leche de soja kefirada a ratones a los que se les había inoculado células tumorales de sarcoma 180 reducía sensiblemente el tamaño tumoral (un 65% y un 71% respectivamente) e incrementaba la concentración de un anticuerpo protector (IgA) en la mucosa del intestino delgado. (14) Los autores concluyen el estudio afirmando que ambos tipos de leche kefirada y de su producto estrella, el kefiran, pueden considerarse alimentos prometedores a la hora de prevenir el cáncer y de reforzar la resistencia de la mucosa gastrointestinal a las infecciones por patógenos.

 

  • Actividad antimicrobiana.

 

Rodrigues y colegas demostraron, en experimentos con ratas a las que se había inducido heridas contaminadas con gérmenes patógenos (Staphylococcus aureus), un efecto cicatrizante y una actividad antimicrobiana de geles tópicos de leche kefirada y de kefiran, superior a la conseguida con un tratamiento antibiótico convencional durante 7 días (emulsión de neomicina y clostebol). (15)

 

  • Modulación favorable del sistema inmune intestinal y protección de las células epiteliales (enterocitos) contra las toxinas producidas por una bacteria patógena del intestino (Bacillus cereus). (16)

 

El kefiran, además de efectos saludables, tiene excelentes propiedades reológicas (son las que estudian el comportamiento de un fluido sometido a carga mecánica), pues mejora significativamente la viscosidad de los productos lácteos, favoreciendo y manteniendo sus propiedades de gel y evitando la pérdida de agua durante el almacenamiento.

 

 

Filtrando la leche kefirada tras la fermentación correspondiente
 

 

EFECTOS SALUDABLES DEL KÉFIR

 


Después de bosquejar las propiedades del kefiran vamos a dedicar las siguientes líneas y apartados a describir los efectos saludables del Kéfir. Intentaremos estructurarlo para facilitar su comprensión.

 


1. Efecto hipocolesteremiante o reductor de la concentración sanguínea de colesterol

 


En 1992, Vujičić y colegas mostraron que los granos de Kefir eran capaces de reducir los niveles de colesterol en la leche, mediante el propio proceso fermentativo, en porcentajes muy notables: un 41%, tras 24 horas de fermentación y un 84% a las 48 de almacenamiento. (17)

 


Liu y colegas demostraron durante el 2012 cómo colonias aisladas de Kluyveromyces marxianus, añadidas a caldos enriquecidos en colesterol, eran capaces de reducir sensiblemente los niveles de este lípido: de un 70 a un 99%. (18). También comprobaron que esta levadura exhibía una relevante actividad de la enzima que deconjuga a los ácidos biliares, la hidrolasa de sales biliares, que tiende a reducir la absorción intestinal de los mismos, por lo que se acaban perdiendo con las heces. En consecuencia, el hígado se ve obligado a utilizar el colesterol (sustrayéndolo, en parte, de la sangre) para sintetizar y reponer los ácidos biliares perdidos, que, luego, se transformarán en sales biliares, imprescindibles para digerir las grasas.

 


Los efectos hipocolesteremiantes del kéfir también fueron validados en experimentos con animales. Así, en hámster alimentados con dietas enriquecidas en colesterol se observó que tanto la leche de soja kefirada como la leche de mamíferos, también kefirada, reducían la concentración de colesterol total y triglicéridos (19). Se cree que tal reducción se debe a una reducción de la síntesis hepática de colesterol así como a una reducción de su absorción intestinal.

 


Una colonia bacteriana aislada del kéfir, Lactobacillus plantarum MA2, también reveló actividad hipocolesteremiante en ratas alimentadas con dietas ricas en colesterol. De forma que las ratas alimentadas con una dieta suplementada con esta bacteria tenían menores concentraciones de colesterol total, LDL-colesterol, triglicéridos y colesterol hepático, junto a un incemento de la excreción fecal de colesterol. Todo ello parece indicar que el citado Lactobacillus plantarum, puede conseguir estos efectos mediante la reducción de la absorción intestinal del colesterol así como con la reducción de su síntesis en el hígado. (20)

 


El kefiran también ha mostrado efectos hipocolesteromiantes así como antihipertensivos. Así se vio en un estudio efectuado con ratas hipertensas, alimentadas con una dieta rica en grasas, que incrementaba notablemente el riesgo de ictus. Pues bien, cuando se les daba una dieta complementada con kefiran se observaba una reducción de las concentraciones de colesterol total, LDL-colesterol, triglicéridos y colesterol hepático. Además, también se observó una reducción de la presión arterial, previamente elevada, junto a una reducción de la actividad de una enzima que contribuye a elevar la mencionada presión arterial: la enzima conversora de la angiotensina. Precisamente, una parte de los antihipertensivos utilizados actualmente en el ser humano son inhibidores de esta enzima. (21)

 


Espero que también se multipliquen estudios epidemiológicos con seres humanos que confirmen estos hallazgos de experimentos con animales.

 


2. Efectos saludables en el intestino del huésped y en la flora microbiana intestinal

 


Una parte importante de los efectos beneficiosos otorgados por los alimentos probióticos se debe a su capacidad de modificar favorablemente la flora bacteriana de nuestro intestino. Parece que tal facultad se consigue de dos formas: una, incorporando nuevos microorganismos beneficiosos; otra, potenciando el desarrollo de las bacterias mutualistas preexistentes (beneficio mutuo y recíproco entre ellas y el hombre). En las siguientes líneas vamos a referir algunos hallazgos científicos que avalan tales afirmaciones.

 


Son múltiples los estudios (Liu y colegas en 2006; Hamet y colegas en 2016) que han demostrado que el consumo de kéfir o kefiran por parte de animales de laboratorio se ha asociado con un aumento de microbios netamente beneficiosos para nuestros intereses, como Lactobacillus y Bifidobacterium, mientras que las bacterias patógenas, como Clostridium perfringens, experimentan una reducción notable de sus existencias. (22,23)

 


Correa Franco y colegas publicaron un trabajo en diciembre de 2013 en el que revelaban la capacidad del kéfir para reducir la severidad de la infección por Giardia intestinalis (reconocido patógeno del intestino) en ratones previamente infectados. Los citados autores consideraron que tal efecto beneficioso pudiera deberse a la capacidad del kéfir de modular favorablemente el sistema inmune intestinal. (24)

 


Otros autores (Chen y colegas en 2013) revelaron en ratones a los que se había infectado previamente (vía intragástrica) con una bacteria muy patógena, Eschericia coli, la capacidad de una bacteria del kéfir, el Lactobacillus kefiranofaciens, para reducir la gravedad de la infección subsiguiente, incluido el deterioro renal y el daño intestinal. Además, observaron una gran reducción de la penetración de una potente toxina (Shiga) elaborada por el patógeno anterior al tiempo que un aumento de anticuerpos locales defensores, como la IgA. (25)

 


Como decíamos al principio de este apartado, el kéfir puede incrementar la actividad y, por ende, la efectividad de bacterias simbiontes de nuestro intestino, como sucede con algunos Bifidiobacterium. (26)

 


3. Propiedades antibacterianas y antifúngicas

 


Diversos autores que han efectuado experimentos con kefiran y leche kefirada (27,28,29) tras introducirlas en pocillos de difusión, a fin de ponerlas en contacto con un amplio rango de bacterias y de hongos patógenos, han comprobado que exhiben un efecto antimicrobiano similar al ejercido por antibióticos tan comunes como ampicilina, azitromicina, ceftriaxona, amoxicilina y el antifúngico o antimicótico, ketoconazol. Sí, porque tales productos bioactivos destruyen y evitan el desarrollo de los microorganismos circundantes.

 


Además del efecto antimicrobiano global del kéfir, algunos microorganismos de este alimento probiótico han demostrado en experimentos con animales de laboratorio, una significativa actividad antimicrobiana. Veamos algunos ejemplos en las siguientes líneas.

 

  • El Lactobacillus plantarum produce una protectora bacteriocina, pues exhibe un relevante efecto antimicrobiano contra patógenos intestinales (Enterococcus mundtii y Listeria inocua). (30)

 

  • Otras especies de Lactobacillus propios del kéfir, como L. acidophilus y L. kefiranofaciens, así como Streptococcus thermophilus, exhiben una gran actividad antimicrobiana contra un amplio grupo de bacterias patógenas, capaces de producir severas enfermedades (intestinales y de otra índole), tales como E. coli, L. monocytogenes, S. aureus, A. typhimurium, s. enteritidis, la temible Pseudomona aeruginosa yYersinia enterocolítica. (31,32)

 

  • La lacticina es una bacteriocina producida por Lactobacillus lactis, que, cuando se aisla del kéfir, muestra también una gran actividad antimicrobiana contra múltiples patógenos: B. cereus, B. subtilis, C. sporogenes,C. tyrobutyricum, Enterococcus faecium, E. faecalis, L. innocua, L. monocytogenes, S. aureus, and C. difficile. (33,34)

 

4. Efectos antitumorales del kéfir

 


Experimentos en animales han mostrado que el kéfir ejerce una significativa actividad antitumoral contra múltiples tipos celulares de cáncer, a saber:

 

  • El Lactobacillus kefiri incrementa la muerte celular programada (apoptosis) de las células de leucemia mieloide humana resistentes a múltiples quimioterápicos. (35)

 

  • Gao y colegas documentaron en 2013 que la fracción libre de células (microbios simbiontes) del kéfir exhibía una relevante actividad anticancerígena contra líneas de células de cánceres de estómago, parece que aumentando también la apoptosis de las células malignas. (36)

 

  • Otros autores han demostrado que el kéfir no sólo reduce la capacidad proliferativa de las células malignas, potenciando su apoptosis, sino que también es capaz de mostrar un efecto contra las mutaciones de genes iniciadoras de los cánceres, cuando son provocadas por diversos carcinógenos. (37)

 

  • Cuando se estudiaban ratones con tumores tan malignos como los sarcomas de células fusiformes, se comprobó que los que recibían kéfir por vía intraperitoneal se beneficiaban de una reducción del tamaño tumoral y, en algunos casos, de una desaparición completa del tumor tras 20 días de tratamiento. (38)

 

  • De Moreno de Leblanc y colegas demostraron, trabajando con modelos murinos de cáncer de mama, que las ratas que se alimentaban con kéfir, previamente a la inoculación de células malignas del citado cáncer mamario, se beneficiaban de una reducción del tamaño tumoral y de un aumento concomitante de la inmunidad humoral local (IgA) y de la inmunidad celular (linfocitos T CD4), cuando se las comparaba con ratas que no recibían el kéfir. (39)

 

5. Curación de heridas

 


Son varias las líneas de investigación, también con animales de laboratorio, que parecen demostrar propiedades poco conocidas del kéfir, cuales son las de acelerar la curación de heridas. Veámoslas en los siguientes puntos:

 

  • Los geles elaborados con gránulos de kéfir y con la leche fermentada con kéfir son más efectivos en la curación de heridas contaminadas por P. aeruginosa (bacteria muy patógena) que el tratamiento convencional con sulfadiazina de plata, según los experimentos efectuadas con ratas por diversos investigadores. (40, 41)

 

  • Atalan y colegas demostraron la misma capacidad de curar heridas por parte del kéfir, eliminando a las bacterias que las infectan, cuando se aplicaban localmente geles de gránulos de Kéfir en heridas de conejos de laboratorio. (42)

 

  • Recordemos ahora el estudio de Rodrigues y colegas que describimos a propósito de las propiedades del kefiran. (15) Ellos revelaron la capacidad de geles elaborados con kefiran y kéfir de curar las heridas de ratones contaminadas con S. aureus, mostrando más efectividad que cuando son tratadas con antibióticos locales.

 

Cuando se intentan generar hipótesis para explicar estos hallazgos, se tiende a pensar en dos posibles mecanismos: uno, la capacidad antimicrobiana del kéfir, que le permite barrer, limpiar y eliminar a patógenos (bacterias y hongos) de las heridas abiertas; dos, la capacidad de estos productos ancestrales de estimular al sistema inmune, a fin de acelerar la curación y regeneración del tejido dañado.

 


6. Efectos inmunomodulares y antialérgicos

 


Antes de meternos en este peliagudo tema considero adecuado referir que, para que el ser humano goce de salud, es preciso que el sistema inmune esté en perfecto equilibrio, esto es, que las células que dirigen la inmunidad, los linfocitos T 4, mantengan un coherente equilibrio entre sus estirpes celulares: los Th 1, los Th 2 y los Th17. En condiciones normales se activan unas u otras en razón del tipo de agresiones que sufre nuestro organismo. Así, las Th1 dirigirían la defensa frente a infecciones por bacterias intracelulares y virus, las Th 2 actuarían en la defensa frente a infecciones por parásitos como los helmintos, y las Th 17 parecen ser decisivas en la defensa frente a las infecciones por bacterias extracelulares y hongos.  

 


Por otra parte, nuestro sistema inmune también tiende a protegernos tanto del desarrollo de tumores malignos cuanto de enfermedades inflamatorias crónicas.

 


En realidad, estas células defensivas tienden a velar por el respeto de la integridad de nuestros propios tejidos y estructuras, de forma que una vez controlada la infección paran la respuesta. Al fin y al cabo pretenden evitar respuestas desmedidas y anárquicas que puedan originar enfermedades autoinmunes (artritis reumatoide, lupus eritematoso, tiroiditis…) o alérgicas (por hiperfunción de los linfocitos Th 2).

 


Llegado a este punto no es malo recordar que todo este maravilloso tinglado de la inmunidad está en continua revisión, o sea que cada poco tiempo hay nuevos descubrimientos que respaldan creencias previas o, al contrario, las desmontan. Por ello intentaré no dar demasiado la brasa sobre este tema, sólo lo imprescindible.

 


Bueno, ahora nos preguntaremos qué papel desempeña aquí el kéfir, esto es, cómo es capaz de ejercer, por ejemplo, un efecto antialérgico. Pues de entrada, parece sensato pensar que tal efecto se conseguiría si su consumo regular fuera capaz de evitar lo que sucede en la alergia: el exceso de función de los linfocitos Th2, favoreciendo un equilibrio con las otras poblaciones de linfocitos (sobre todo, la más conocida Th1 / Th2).  De esta suerte, podría evitarse el incremento desmesurado de anticuerpos específicos de tipo IgE (típicos de la alergia) frente a alimentos, neumoalérgenos (ácaros, pólenes, epitelio de animales…) u otros alérgenos.

 


Algo de esto debe de suceder cuando se ha visto que los niños que tienen altas concentraciones intestinales de lactobacillus (L. acidophilus, L. delbruekii y L helveticus) así como bifidobacterium  tienen menos riesgo de desarrollar enfermedades alérgicas (Sjogren y cols 2009). 43  Por otra parte, otros autores han demostrado que el kéfir y el kefiran consiguen los mismos efectos en animales de experimentación, aumentando mucho las concentraciones de estas bacterias simbiontes (Hamet y cols. 2016). (44)

 


De todas formas, los estudios más espectaculares sobre el efecto antialérgico del kéfir los desarrollaron Lee y colegas (2007) trabajando con ratones con asma inducido por sensibilización a ovoalbúmina. (45) Efectivamente, estos investigadores revelaron que los ratones que recibieron kéfir por vía intragástrica mostraron menos signos funcionales de asma (menor hiperreactividad bronquial) que los ratones control e incluso menor que los que recibieron el tratamiento convencional del asma. Además, los que tomaron kéfir tenían una inferior infiltración por eosinófilos (su aumento es característico del asma) tanto en sus tejidos (en bronquios) como en el líquido obtenido de la intimidad del pulmón mediante lavado bronquioloalveolar. Por si esto fuera poco, también se comprobó que los ratones agraciados con kéfir exhibían menos signos indicativos de una excesiva respuesta de linfocitos T de tipo Th2 (propia del asma) en el lavado bronquioloalveolar (menos IgE y menos interleucinas IL-4 e IL-13).

 


7. Efectos beneficiosos de las levaduras del Kéfir

 


Como decíamos al principio de este artículo, una característica que diferencia al kéfir del resto de leches fermentadas es la presencia de una gran población de levaduras, tanto en los gránulos del kéfir como en la leche kefirada, que contribuyen a aumentar notablemente los beneficios de este saludable producto.

 


Así, diversos autores han demostrado que el Saccharomyces boulardii muestra cierta efectividad frente a la colitis por Clostridium difficile, reduciendo la diarrea y el resto de síntomas, merced a una reducción de la inflamación intestinal como consecuencia directa de un refuerzo de la acción inmunitaria en el intestino.

 


Por ejemplo Kotowska y colegas, basándose en la capacidad del S. boulardii de reducir el riesgo de diarrea en adultos sometidos a tratamiento antibiótico, efectuaron un estudio (doble ciego, controlado con placebo) con una muestra de 269 niños (de 6 meses a 14 años) sometidos a tratamiento antibiótico y, por ende, con gran riesgo de diarrea por Clostridium difficile, a fin de comprobar si suplementos de esta levadura (250 mg dos veces al día) eran capaces de evitar la citada diarrea. Pues bien, los niños que recibieron el citado S. boulardii veían reducido el riesgo de diarrea en un porcentaje del 80% con respecto a los niños que recibieron placebo. “Esta es la primera vez que se efectúa un estudio epidemiológico experimental (aleatorizado) y controlado con placebo que evidencia que el Saccharomyces boulardii es capaz de reducir el riesgo de diarrea por antibióticos en niños”, concluyen los autores. Publicaron sus hallazgos en marzo de 2005 en una revista de prestigio (Alimentary farmacology & therapeutics). (46)       

 


Posteriormente, en abril de 2007, Villarruel y colegas efectuaron otro estudio experimental (aleatorio y controlado con placebo), con objeto de averiguar si el citado S. boulardii añadido a la rehidratación oral era capaz de acortar la duración de la gastroenteritis infecciosa sufrida por niños menores de dos años. Pues bien, al concluir el estudio, confirmaron que los suplementos de esta levadura consiguen los objetivos propuestos, o sea, reducen el riesgo de diarrea prolongada, sobre todo si se administran durante las primeras 24 horas del inicio de la diarrea. (47)

 


Otras levaduras, como el Kluyveromyces marxianus, tienen actividades moduladoras de la inmunidad, favoreciendo respuestas inmunitarias tendentes a eliminar patógenos intestinales. Por otra parte, esta misma levadura suele exhibir una actividad hipocolesteremiante y, por consiguiente, participa favorablemente en la reducción de un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

 


Tampoco quiero soslayar el hecho de que las levaduras del kéfir tienden a incrementar la acción de las especies bacterianas de los gránulos y de la leche kefirada. Así sucede, por ejemplo, con especies del género Saccharomyces cuando potencian la producción de kefiran por parte del Lactobacillus kefiranofaciens.

 


8. Beneficios del kéfir para embarazadas y mujeres que están amamantando a sus hijos

 


Según la Asociación Nacional de Kéfir de EEUU, las mujeres embarazadas y las que están amamantando a sus hijos pueden consumir kéfir con absoluta seguridad, dado que promueve la absorción de nutrientes, incrementa la inmunidad, ayuda al organismo a soportar y ajustar los cambios hormonales de estas situaciones y previene infecciones como las causadas por levaduras patógenas (Candida albicans). Además, también previene en estas mujeres las infecciones por bacterias especialmente peligrosas, como los estreptococos del grupo B, que pudieran causar infecciones tan graves como neumonías, meningitis y septicemias (Sandra 2013).

 


IMPRESIONES FINALES

 

La existencia del kéfir es muy posible que resulte anecdótica para muchas personas; otras, en cambio, son fieles consumidores del mismo. A los primeros les animo a incorporarlo a su dieta habitual; a los segundos, les felicito por tan buena elección, dado que, como hemos visto en este contenido, las pruebas científicas que están confirmando sus saludables efectos empiezan a multiplicarse.

 


En lo que a mí respecta, referiré que mi relación con esta bebida es de larga data, desde que una samaritana, hace unos veinte años, le regaló a mi querida cónyuge los gránulos del kéfir. Desde entonces lo tomo casi diariamente, incluso cuando viajo, pues me suelo llevar un recipiente con leche y los citados gránulos. En caso de no portarlos, los dejo en el frigorífico para que se enlentezca su metabolismo. Además, me aseguro de tener en el congelador varios frasquitos de vidrio con los gránulos en su interior,  a fin de volver a emplearlos en caso de pérdida o deterioro del que utilizo diariamente. Por otra parte, me complace regalarlo a pacientes y amigos, sobre todo, cuando deben recibir frecuentes tratamientos con antibióticos, con el propósito de enriquecer su flora microbiana intestinal y prevenir diarreas. Como no deja de crecer,  las existencias no parecen agotarse nunca.

 


También aprovecho estas líneas para confesar que mientras estaba elaborando este contenido y, por lo tanto, incrementando mi conocimiento sobre las saludables propiedades de este alimento probiótico, empecé a prepararlo con más mimo, casi con auténtica devoción, al igual que cuando preparo un café especial en una cafetera de filtro de papel (Chemex, V60…), pues sé que esta prodigiosa mezcla de microorganismos, levaduras y bacterias, que incorporo cada vez que bebo el kéfir, está contribuyendo a incrementar mi esperanza de vida en buena salud. 

 


Dr. Félix Martín Santos

 


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

 


1 Lactic acid bacteria and yeasts in kefir grains and kefir made from them. Simova E, Beshkova D, Angelov A, Hristozova Ts, Frengova G, Spasov Z J Ind Microbiol Biotechnol. 2002 Jan; 28(1):1-6

 


2 Witthuhn R. C., Schoeman T., Britz T. J. (2004). Isolation and characterization of the microbial population of different South African kefir grains. Int. J. Dairy Technol. 57 33–37. 10.1111/j.1471-0307.2004.00126.x

 


3 Microbiological study of lactic acid bacteria in kefir grains by culture-dependent and culture-independent methods.Chen HC, Wang SY, Chen MJ Food Microbiol. 2008 May; 25(3):492-501

 


4 Miguel M. G. D. C. P., Cardoso P. G., de Assis Lago L., Schwan R. F. (2010). Diversity of bacteria present in milk kefir grains using culture-dependent and culture-independent methods. Food Res. Int.43 1523–1528. 10.1016/j.foodres.2010.04.031

 


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La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


 
El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma
 

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 

 

 
Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

 


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

 


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

 


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

 


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

 


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

 


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

 


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

 


Ejercicio físico en obesos con asma

 

Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

 


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

 


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

 


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

 


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

 


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

 


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

 


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

 


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

 


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

 


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

 


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

 


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

 


Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

 


Apuntes finales

 

 

A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

 


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

 


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos

 


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