FELIZ CON POCO

  • 07/05/2020 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Asma: Efecto protector del ejercicio físico

    La práctica regular de actividad física aeróbica es una estrategia efectiva y segura para conseguir un buen control del asma, complementaria al tratamiento farmacológico, pues contribuye a incrementar la calidad de vida, así como a reducir la sintomatología, exacerbaciones y la mortalidad total y específica.

     

    Hoy, 7 de mayo, Día Mundial del Asma (OMS), vamos a ver cómo y cuánto puede beneficiar la práctica regular de ejercicio físico a las personas que padecen este proceso respiratorio crónico.

     

    Aunque antes de abordar el impacto favorable de la actividad física en el manejo del asma, será preciso conceptuar esta enfermedad así como referir “grosso modo” en qué se basan las estrategias diagnósticas y terapéuticas de la misma.

     

     

    Concepto de asma

     

    Según la Guía Española de manejo del Asma (GEMA 2018), (1) la heterogeneidad del asma hace difícil definirla, con diversos fenotipos, por lo que se tiende a describir sus características clínicas y fisiopatológicas, como sigue: “El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías aéreas, en cuyo desarrollo participan diversas células y marcadores inflamatorios, responsable de la sintomatología y de un hecho funcional identificativo: obstrucción variable y absolutamente reversible del flujo aéreo, aunque, a veces, sea parcialmente reversible”.

     

    Los síntomas característicos que sufre un paciente con asma no controlada son episodios de tos seca, recurrente, respiración sibilante, opresión torácica y disnea, que suelen acentuarse por la noche y desencadenarse tras la inhalación de irritantes vía aérea (humos de tabaco, de frituras, contaminantes atmosféricos, pinturas, sprays, entre otros) y tras el ejercicio físico, por provocar constricción o estrechez bronquial.

     

    Esta respuesta bronquial exagerada, clínica y funcional (broncoconstricción) a la inhalación de los citados irritantes de la vía aérea y al esfuerzo físico, sugestiva de hiperreactividad bronquial (HRB), es otra característica constante en el asma.

     

    La citada HRB puede detectarse en el laboratorio de exploración funcional respiratoria haciendo inhalar al paciente ciertos compuestos químicos (metacolina, histamina), que a pequeñas dosis, bien toleradas por las personas que no sufren esta enfermedad, pueden reducir significativamente los flujos respiratorios (disminución de un 20% o más del FEV1) de los pacientes con asma, antes de que manifiesten síntomas.

     

    Detectada de esta forma resulta muy sensible, pero escasamente específica, pues este test (HRB con histamina/metacolina) también puede ser positivo en otras enfermedades: rinitis, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), bronquiectasias, Mucoviscidosis o Fibrosis quística e insuficiencia cardiaca. (2)

     

     

    Importancia del asma

     

    En cualquier estudio de necesidades debería seleccionarse al asma como una enfermedad prioritaria, merecedora de adecuados programas de salud que tiendan a reducir su incidencia y, en su defecto, una vez que ha surgido, que tiendan a establecer un buen control de la misma, que permita al paciente gozar tanto de una buena calidad de vida cuanto de una alta esperanza de vida en buena salud.

     

    Pero ¿por qué es tan importante? Pues porque es muy prevalente y, si no se controla adecuadamente, puede deteriorar sensiblemente la calidad de vida y resultar excesivamente costosa.

     

    El asma fue la enfermedad respiratoria crónica más prevalente en el mundo, durante el año 2015, con el doble de casos que la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), aunque el número de muertes por esta última fue ocho veces mayor que las del asma. Además, el 1,1% de los años de vida ajustados por discapacidad (DALY) se debieron al asma, también inferior a los debidos a la EPOC (2,6%), según un riguroso estudio epidemiológico internacional (Global Burden of Diseases , Injuries and Risk Factors), publicado en agosto del 2017 en The Lancet. (3)

     

    En España, según el Estudio Europeo de Salud Respiratoria, la prevalencia del asma oscila desde un 1% en Huelva hasta el 4,7% en Albacete. (4,5) Aunque la creciente contaminación atmosférica tiende a incrementar su frecuencia.

     

    Sin embargo, en niños la prevalencia media de asma en España es del 10%, similar a la de la Unión Europea, mayor en zonas costeras. (6,7)

     

     

    Factores de riesgo

     

    Los factores de riesgo de asma pueden empezar a operar cuando el niño está en el claustro materno, como el tabaquismo pasivo, también patente en muchos niños por ser sus padres fumadores activos. ¡Ojo! que el tabaquismo pasivo en la infancia ya ha sido considerado como el más importante factor de riesgo modificable de asma infantil. (8,9)

     

    La prematuridad también resulta ser un factor de riesgo de asma y de EPOC.

     

    Otros factores de riesgo de reconocida importancia son la atopia o alergia (neumoalergenos ambientales y laborales), la obesidad, la presencia previa de rinitis o rinosinusitis crónicas, así como las infecciones respiratorias (sinusitis agudas con bronquitis descendentes) y el citado tabaquismo.

     

     

    ¿Cómo se diagnostica el asma en un paciente con signos sugestivos de la misma?

     

    Mediante la realización de pruebas funcionales, usualmente la espirometría, que aporten datos objetivos e inequívocos.

     

    En realidad, cuando efectuamos una espirometría a un paciente con síntomas compatibles con asma pueden suceder dos hechos: uno, que se objetive una obstrucción bronquial; el otro, que los valores obtenidos estén dentro de la más absoluta normalidad.

     

    Pero ¿cuándo decimos que un paciente tiene una obstrucción bronquial?

     

    Pues cuando después de expulsar rápida y completamente todo el aire acumulado tras una inspiración máxima, observemos que el cociente entre el valor correspondiente al volumen de aire expulsado en el primer segundo de esta espiración forzada (VEMS o FEV1) y el correspondiente al volumen total de aire movilizado y espirado (capacidad vital forzada o FVC) es inferior al 70% (FEV1 / FVC <70%).

     

    ASMA. Prueba broncodilatadora positiva: a los 15 minutos de inhalar tres dosis de un broncodilatador (terbutalina) se observa un incremento significativo del FEV1 con respecto al valor previo: 820 ml (30%), con reversibilidad absoluta de la obstrucción bronquial (obstrucción variable y reversible), propio del ASMA

     

     

    Prueba broncodilatadora

     

    Tanto con obstrucción presente como sin ella, es preciso efectuar, a continuación, una prueba broncodilatadora, esto es, repetir la espirometría 15 minutos después de hacerle inhalar un broncodilatador de rescate o de acción inmediata (por ejemplo 400 mcg de salbutamol).

     

    De esta forma, en el primer caso, se pueden dar dos situaciones: una, que se normalice la función, desapareciendo la insuficiencia ventilatoria obstructiva por aumentar significativamente el FEV1 ( ≥200 ml y ≥ un 12%) con respecto al valor previo, demostrando, así, que la obstrucción es absolutamente reversible, lo que nos faculta para efectuar el diagnóstico de asma; la otra, que persista la obstrucción (prueba broncodilatadora negativa), lo que motiva volver a repetir la espirometría, tras tomar una tanda de corticoides orales (40 mg de prednisona o equivalente, durante una o dos semanas). Si la respuesta es buena, con normalización de la función, también podremos establecer el diagnóstico de asma.

     

    En el segundo caso, con clínica sugestiva de asma pero función normal, caben dos posibilidades: una, que la prueba broncodilatadora también sea positiva, lo que permitiría establecer igualmente el diagnóstico de asma; la otra, que sea negativa, por no observar un aumento significativo del FEV 1 (en los niños basta que igualen o superen al 12% del valor previo, aunque no sobrepase los 200 ml de incremento), lo que obligaría a efectuar otras pruebas (prueba de HRB con histamina o metacolina, medición de óxido nítrico en aire exhalado, variabilidad obstrucción bronquial midiendo el flujo espiratorio máximo (FEM), quizá repetir la espirometría tras dos semanas de corticoide oral...).

     

    Tal diagnóstico se confirmaría plenamente en caso de que el paciente respondiera plenamente a un tratamiento de fondo correcto, a base de corticoides inhalados (dosis ajustadas al grado de severidad de la enfermedad), con cese de las exacerbaciones y desaparición de la clínica diurna y nocturna, con buena tolerancia a esfuerzos físicos y función pulmonar normal.

     

     

    ¿Cómo se valora la severidad del asma antes de establecer el tratamiento de control?

     

    Pues efectuándole una serie de preguntas y, luego, efectuando una espirometría.

     

    Con el interrogatorio nos enteraríamos de si el paciente tiene o no síntomas diurnos o nocturnos, si necesita medicación de alivio (broncodilatadores de rescate o de acción inmediata), si se encuentra o no físicamente limitado, si ha sufrido exacerbaciones y si la función es normal o revela una obstrucción bronquial (espirometría). 

     

    Según las respuestas obtenidas podríamos graduar el asma en intermitente o en persistente ligero, moderado o severo, como podemos ver en la tabla anexa.1

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

     

    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    -Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma

     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     

    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     

    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     

    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     

    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     

    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     

    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16)

     

    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17) 

     

    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     

    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     

    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     

    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     

    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     

    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     

    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     

    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     

    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     

    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     

    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     

    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     

    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     

     

    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     

     

    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

     

    Dr. Félix Martín Santos

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     

    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


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    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


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    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

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  • 02/04/2020 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Consumo regular de café: Reducción riesgo de depresión mental

    Rigurosos estudios científicos están revelando que el consumo regular de café se asocia con una reducción del riesgo de desarrollar depresión mental, una verdadera prioridad de salud pública por su alto coste económico y por deteriorar la salud en su triple dimensión: física, mental y social.

     


    Es crucial priorizar estrategias preventivas de esta enfermedad, sobre todo de prevención primaria (reducen la tasa de incidencia de la misma), sin soslayar la prevención secundaria (diagnóstico precoz de los casos existentes y tratamiento efectivo de los mismos), pues es muy frecuente (1), genera una gran discapacidad (2) y comporta una gran carga económica (3).

     


    A pesar de este triste panorama, en nuestra mano está reducir sensiblemente el riesgo de desarrollarla mediante la adopción de estilos de vida saludables, como la práctica regular de actividad física, la adhesión a una dieta saludable, como la Dieta Mediterránea y por el consumo regular de café, gran protagonista de este contenido.

     

     

    Jaime Alejos, campeón de España de cata (2019, SCA): preparando un café de especialidad con la V60. Excelente maridaje con nueces. Burgos

     

     

    En las siguientes líneas vamos a analizar los principales estudios prospectivos que han revelado una asociación entre el consumo de esta bebida universal y una reducción del riesgo de depresión.

     

     

    The Kuopio Ischaemic Heart Disease Risk Factor Study

     

     

    Este estudio finlandés, publicado en agosto del 2010, fue el primer estudio prospectivo que reveló una asociación inversa entre el consumo diario de café y la depresión mental. (4)

     

     

    Los autores de la investigación, Ruusunen y colegas,  tras estudiar a 2.232 varones (media de 53 años), durante 17 años, observaron que tanto los bebedores ligeros de café (< 375 ml/día) como los grandes bebedores (> 813 ml/d ) experimentaban una sensible reducción del riesgo de depresión severa (49 pacientes hospitalizados): un 72% y un 77%, respectivamente, con respecto a los no bebedores.

     

     

    Lo que comprobaron, por primera vez, fue que los varones que consumían más café, superior a 8 tazas diarias (> 813 ml/d), eran los que se beneficiaban con una mayor reducción del riesgo de sufrir depresión grave, de ingreso hospitalario (RR: 0, 23, IC 95%: 0,06-0,83). Aunque también los bebedores moderados (4 a 8 tazas) y ligeros (menos de 4 tazas al día), sufrían menos riesgo de depresión severa: 55% y 72%, respectivamente.

     

     

    Sin embargo, no apreciaron que el consumo de té se asociara con una reducción del riesgo de depresión (RR: 1,19; IC 95%: 0,54-2,23).

     

     

    Tras ajustar las variables de confusión que podrían aumentar o reducir el riesgo de depresión,  comprobaron que los que bebían más café, fumaban más e ingerían menos ácido fólico dietético, déficit vitamínico que se asocia a un aumento del riesgo de esta enfermedad mental. (5) Pues bien, a pesar de ello, el consumo de café no dejó de asociarse con una reducción del riesgo citado.

     

     

     Iván Fernández Núñez, reputado barista, preparando espressos. Baristas at work.  Munts,  Andra Mari Kalea,3, Abadiño

     

     

    Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard: The Nurses' Health Study

     

    La investigación llevada a cabo por miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, publicada en septiembre del 2011 en una revista de prestigio (Archives of Internal Medicine), fue el primer estudio prospectivo que reveló una asociación entre el consumo de café en mujeres y una reducción significativa del riesgo de depresión (2607 casos incidentes). Sin embargo, tanto el café descafeinado como otras fuentes de cafeína diferentes al café no lograron reducir tal riesgo. (6)

     

     

    Los responsables del estudio, Michel Lucas y colegas, después de controlar epidemiológicamente a 50.739 mujeres (63 años de media), durante 10 años, observaron que el riesgo de sufrir depresión fue sensiblemente menor entre las que bebían 2 o 3 tazas diarias de café:  15% menos (RR: 0,85;  IC 95% 0,75-0,95%). Además, la reducción aún fue mayor entre las que bebían 4 o más tazas/día: 20% (0,80 IC 95%: 0,64-099), versus las que consumían 1 o menos cafés / semana.

     

     

    El consumo de café se evaluó mediante cuestionario de frecuencia de alimentos (bianualmente), en tanto que el de depresión no fue objetivado por informes de alta hospitalaria, como en los 49 casos graves del estudio finlandés, sino que fue referido por los pacientes. Se entiende que el alto número de diagnósticos de depresión (2607), diagnosticados a partir de los dos primeros años de iniciar el seguimiento, correspondieron a casos de menor gravedad, controlados ambulatoriamente.

     

     

    INSTITUTO NACIONAL DEL CANCER EEUU. NIH-AARP Diet and Health Study

     

    Esta investigación, publicada en abril del 2014 en PLOS ONE, tuvo el mérito de ser el primer estudio prospectivo que reveló una asociación entre el consumo de café y una reducción del riesgo de depresión, tanto en hombres como en mujeres, aunque pareció penalizar a los bebedores de refrescos azucarados, sobre todo, con edulcorantes artificiales, como la sucralosa y la sacarina, pues en ellos aumentó sensiblemente el riesgo de la citada depresión. (7)

     

     

    Los autores de este trabajo, Xuguang Guo, Neal D. Fredman y colegas, tras seguir la evolución de 263.923 personas de ambos sexos (41% mujeres), durante 12 años,  diagnosticaron 11.311 casos de depresión, apreciando una asociación inversa entre el consumo de café (≥4 tazas/d) y el riesgo de depresión (9% de reducción): 0,91 (IC 95%: 0,84-0,98) vs no bebedores.

     

     

    Lo que llamó la atención fue observar una ligera reducción del riesgo de depresión entre los que bebían café descafeinado (4 o más tazas/día versus ninguna: HR: 0,88; IC 95%: 0,78-1).

     

     

    ¡Ojo! en este estudio, la adición de edulcorantes artificiales al café se asoció con un aumento del riesgo de depresión, aunque no cuando se añadió azúcar o miel.

     

     

    Además, los que bebían ≥4 latas/día de refrescos azucarados tenían un 30% más de riesgo de depresión mental que los que no bebían ninguna. RR: 1,30 IC 95: 1,17-1,44.

     

     

    Para reducir el sesgo de causalidad inversa, empezaron a registrar los casos de depresión a partir de los cuatro años de iniciado el estudio, por si ya hubiera algún caso de depresión subclínica.

     

     

    PROYECTO SUN (Seguimiento Universidad de Navarra)

     

    Este estudio, publicado en septiembre del 2018 en Nutrients, fue el primero que comprobó una asociación inversa entre el consumo de café y la depresión, pero ajustando o controlando una variable de confusión que, por sí sola, reduce significativamente el riesgo de depresión: la Dieta Mediterránea. De esta suerte, pudieron revelar que el café es un factor protector independiente. (8)

     

     

    Los responsables del estudio, liderados por Adela L. Navarro y Miguel Ángel Martínez González, siguieron a  14.413 personas (36 años de media), durante 10 años, al cabo de los cuales observaron una asociación entre el consumo regular de café (al menos 4 tazas/día) y una reducción del 63% del riesgo de depresión (HR: 0,37 IC 95% 0,15-0,95), versus menos de 1 taza diaria, independientemente de consumir o no una Dieta Mediterránea, como antes dijimos. No apreciaron una relación dosis-respuesta.

     

     

    También revelaron que el café descafeinado no reducía el riesgo, como previamente se había observado en la muestra de enfermeras de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. En cambio, en la muestra del Instituto Nacional del Cáncer, el consumo de café descafeinado reducía ligeramente el riesgo de depresión.

     

     

    Como en los demás estudios longitudinales, el consumo de café fue referido por los miembros de la muestra, contestando un cuestionario de frecuencia de alimentos, en tanto que los nuevos casos de depresión sólo se contabilizaron si los pacientes reunieron dos condiciones: un diagnóstico validado por un médico y la subsiguiente prescripción y toma de antidepresivos.

     

     

    También para reducir el sesgo de la causalidad inversa, empezaron a contabilizar los nuevos diagnósticos de depresión a partir de los dos años de iniciada la investigación.

     

     

    Sergio Gómez, responsable de formación Baristas de Cafés el Abra (grupo Iparcoffee), mostrando cómo preparar café con la Chemex.

     

     

    Metaanálisis

     

    En las siguientes líneas vamos a analizar dos metaanálisis de estudios epidemiológicos observacionales, que han valorado la asociación entre el consumo regular de café y el riesgo de depresión, el primero, de autoría china; el segundo, de autores italianos y polacos. Ambos, publicados en el 2016.

     


    En ambos se han incluido los tres estudios prospectivos publicados previamente, el finlandés, del 2010, y los dos estadounidenses, el del 2011, de la Escuela de salud Pública de la Universidad de Harvard, y el del 2014, del Instituto Nacional del Cáncer. Obviamente, el notable estudio español (SUN) no pudo incluirse, por publicarse dos años más tarde.

     

     

    Metaanálisis chino

     

     

    Longfei Wang y colegas, tras evaluar 11 estudios observacionales, que incluyeron 330. 677 participantes, constataron que el consumo de café se asoció con una reducción del 25% del riesgo de depresión (RR: 0,75;  IC 95%: 0,62- 0,91). (9)

     

     

    Además, apreciaron una relación dosis-respuesta, esto es, una asociación lineal entre el consumo de café y el riesgo de depresión (14.506 casos de depresión): un 8% de reducción con cada aumento en una taza de café diaria (RR: 0,92; IC 95%: 0,87-0,97).

     

     

    Cuando lo que analizaron fue la cafeína apreciaron, tras evaluar 7 estudios observacionales (38.223 participantes), una asociación entre el consumo de cafeína y una reducción del 28% de riesgo de depresión (RR: 0,72; IC 95% 0,52-0,99).

     

     

    Sin embargo, no apreciaron asociación lineal: el riesgo de depresión se redujo más rápido e intensamente con un consumo de cafeína> 68 mg/d e < 509 mg/d.

     

     

    Alfonso Aguado, maestro barista, preparando un café con la aeroprés. Cafés el Templo.

     

     

    Metaanálisis italo-polaco

     

     

    Poco después, Giuseppe Grossi y colegas, efectuaron un metaanálisis de 12 estudios observacionales (346.913 participantes, con 8.146 casos de depresión), en el que también revelaron una asociación entre un mayor consumo de café y un menor riesgo de depresión: 24% (0,76; IC 95%: 0,64-0,91), versus menor consumo. (10)

     


    Sin embargo, ellos no pudieron demostrar una relación dosis-respuesta, sino en J: el mayor efecto protector se observó con un consumo diario de 400 ml de café.

     

     

    Café y suicidio

     

    Cuando la depresión mental alcanza cotas de gran severidad no es inusual que el paciente tenga ideaciones suicidas, que, en demasiados casos acaban prosperando hasta la muerte (autolisis).  Pues bien, diversos estudios observacionales han mostrado una relación inversa entre café y suicidio. Veámoslos.

     

     

    Estudio pionero

     

     

    En marzo de 1996, miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, efectuaron el primer estudio prospectivo sobre el tema, con resultados esperanzadores para las amantes del café. Empleo el género femenino porque la muestra estaba constituida exclusivamente por mujeres, la famosa cohorte de enfermeras.

     


    Pero ¿qué fue lo que realmente observaron? Pues después de estudiar a 86.626 mujeres, durante 10 años, observaron una asociación entre el consumo de café y una notable reducción del riesgo de depresión: 66%, con 2-3 tazas diarias; 58%, con ≥4 tazas diarias, con respecto a las no bebedoras. (11)

     

     

    Café, cafeína y suicidio. Resultados de tres grandes estudios prospectivos

     

    Hubo que esperar casi 20 años para disponer de otra excelente investigación sobre el tema,  que también fue llevada a cabo por miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard.

     

    Efectivamente, Michel  Lucas y colegas, en julio del 2013, revelaron, tras evaluar a 43,599 varones (The Health Professionals Follow-up Study:HPFS, 1988–2008), 73,820 mujeres (The Nurses’ Health Study: NHS, 1992–2008), y otras 91,005 mujeres ( The NHS II ;1993–2007),  una asociación entre el consumo de café y una disminución del riesgo de suicidio (277 casos).

     

     

    Exactamente, ellos mostraron que consumos de 2-3 tazas diarias de café se asociaron con una reducción del 45% del riesgo de suicidio (RR: 0,55, IC 95%: 0,38-0,78), en tanto que la reducción fue del 53% para los que bebían ≥ 4 tazas diarias  (RR: 0,47 IC 95%: 0,27-0,81; p < 0.001), con respecto a los que bebían ≤ 1 taza semanal. (12)

     

     

    Estudio coreano: Relaciones entre el consumo de café y la ideación suicida

     

     

    En junio del 2019, se publicó en una revista especializada (Journal of Affective Disorders) un estudio observacional coreano que versó sobre este aspecto, con resultados fructíferos para los que disfrutan bebiendo café.

     


    Los responsables de esta investigación, Park H y colegas, tras análizar  una cohorte de 80.173 personas (The Kangbuk Samsung Cohort Study) revelaron, tras ajustar los principales factores de confusión, una asociación entre un consumo de 1-4 tazas diarias de café, en mujeres, y una reducción significativa del riesgo de suicidio. Sin embargo, no observaron lo mismo en varones.

     

     

    Hipótesis plausibles

     

    A la luz de los conocimientos científicos recientes, el efecto antidepresivo asociado con el consumo regular de café parece deberse a la acción conjunta de la cafeína y los antioxidantes que contiene el café. Aunque la presencia de la primera es crucial en el efecto neuroprotector exhibido por esta bebida universal, su sola acción no parece suficiente, pues también se requiere el efecto antioxidante y antiinflamatorio de los polifenoles (ácido clorogénico, ácido cafeico…), flavonoles (quercetina), incluso los diterpenos, cafestol y kawheol.

     

    Efecto neuroprotector de la cafeína

     

    El efecto antidepresivo y, en general, neuroprotector de la cafeína es atribuible a que se opone a la acción de la adenosina A2 por ser un antagonista de sus receptores, impidiendo, así, que esta última sustancia inhiba la neurotransmisión dopaminérgica y serotoninérgica. En consecuencia, tanto la concentración de serotonina como de dopamina, reconocidos estimulantes, no se vería mermada, sino al contrario. (14-16)

     


    Además, también se ha observado que la cafeína aumenta la plasticidad de las neuronas CA2 del hipocampo. (17)

     

     

    Efecto antioxidante del café

     

     

    Los significativos efectos antiinflamatorios y antioxidantes exhibidos por el café podrían neutralizar la inflamación de bajo grado que opera en la depresión mental. (18)

     

     

    Pero ¿a qué se atribuyen los efectos antioxidantes y antiinflamatorios del café? Pues a su riqueza en polifenoles, como el ácido clorogénico y ácido cafeíco, flavonoides, como la quercetina, además de las melanoidinas y, sobre todo, los fenilindanos, (19) obtenidos durante el tueste, de mayor potencia antioxidante. Por otra parte, los diterpenos del café, el cafestol y el kawheol, tienen relevantes efectos antiinflamatorios.

     

     

    Actualmente sabemos que la reducción de la tasa de muerte total y específica por las enfermedades más prevalentes (cardiovasculares, ictus, diabetes, cirrosis, ciertos tumores…) atribuible al consumo regular de café, según diversos estudios prospectivos y metaanálisis de los mismos, se observa tanto con café con cafeína como sin ella (descafeinado), (20-28) lo que sugiere un verdadero efecto protector atribuible a otros compuestos diferentes a la cafeína, como los citados anteriormente, de notable potencia antioxidante y antiinflamatoria.

     

     

    Sin embargo, el efecto neuroprotector del café, reduciendo el riesgo de depresión mental y de las dos enfermedades neurodegenerativas más prevalentes, Parkinson y Alzheimer, requiere forzosamente la presencia de cafeína. Aunque no sola, sino actuando conjuntamente, sinérgicamente, con otros compuestos del café, como el ácido clorogénico y los fenilindanos ya citados.

     

     

    Consumo de café: reducción de marcadores inflamatorios y aumento de los antiinflamatorios

     

    En marzo del 2019 se publicó en la revista oficial de la Sociedad Americana de Nutrición (The American Journal of Clinical Nutrition) un estudio cuyos resultados son concordantes con lo mencionado en el punto anterior: el consumo regular de café, tanto con cafeína como descafeínado, se asocia con una relevante reducción de los marcadores biológicos proinflamatorios y con un aumento de los antiinflamatorios.

     

     

    Los autores del estudio, miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, estudiaron a integrantes de dos muestras de profesionales sanitarios: 15.551 mujeres (Nurses' Health Study) y 7397 hombres (Health Professionals Follow-Up Study), a los que, antes de proceder a extraerles una muestra de sangre, se les recogió información sobre sus hábitos dietéticos, además de cerciorarse de que no padecían  diabetes, enfermedades cardiovasculares o cáncer en el momento de la citada extracción sanguínea.

     

     

    La regresión lineal multivariable se utilizó para calcular la diferencia porcentual de concentraciones de biomarcadores, a fin de comparar a los bebedores de café con los no bebedores, después de ajustarse para una variedad de factores demográficos, clínicos y de estilo de vida.

     

     

    Pues bien, en comparación con los no bebedores, los participantes que bebieron 4 tazas de café diarias tuvieron concentraciones más bajas de una serie de marcadores verdaderamente proinflamatorios: péptido C, IGFBP-3, estrona, estradiol total, estradiol libre, leptina, CRP, IL-6, receptor de factor de necrosis tumoral soluble (sTNFR-2) . En tanto que se beneficiaron con la presencia en su suero de mayores concentraciones de marcadores antiinflamatorios: globulina de unión a hormonas sexuales (SHBG), testosterona total (7,3% en mujeres y 5,3% en hombres), adiponectina total y adiponectina HMW.

     

     

    Estos boyantes resultados se observaron tanto en los que bebieron café íntegro, con cafeína, como en los que bebieron cuatro tazas de descafeinado, lo que confirma el gran efecto saludable de los polifenoles, flavonoles, diterpenos, trigonelina, entre otros compuestos presentes en el café, de reconocido efecto antioxidante y antiinflamatorio.

     

     

    Jaime Alejos vertiendo café, recién molido, en la V 60, cafetera de filtro, para, luego, obtener una excelente infusión.    Dos grandes fuentes de antioxidantes, el café y las nueces (ricas en ácido elágico), impactan favorablemente en la microbiota intestinal, maridando armónica y saludablemente

     

     

    Impacto favorable del café en la microbiota intestinal

     

     

    Es preciso referir que la microbiota del intestino grueso es uno de los ecosistemas más habitados del planeta, pues alberga unos 10 billones de bacterias más sus correspondientes bacteriófagos (virus que perviven en su interior), por lo que actualmente se la está identificando como un órgano independiente, con variadas funciones.

     

     

    Desde hace unos años se están publicando numerosos estudios científicos que muestran cuán importante es mantener una flora bacteriana saludable, que contribuya a reforzar la barrera intestinal evitando el paso al torrente sanguíneo de numerosos tóxicos y endotoxinas, netamente proinflamatorias, producidas por bacterias patógenas, que podrían aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares (eje microbiota intestino-corazón), neurodegenerativas y mentales (eje microbiota - intestino-cerebro), intestinales crónicas (eje intestino-intestino).

     

     

    Así, cuando hay una disbiosis o empobrecimiento de la microbiota intestinal se ha observado una mala modulación de la respuesta al estrés, de la función inmune, así como de la neurotransmisión y neurogénesis. (30)

     

     

    Pues bien, a finales de octubre del 2019, en el curso del Congreso Nacional de Gastroenterología, celebrado en San Antonio (Texas), organizado por el Colegio Americano de Gastroenterología, dos investigadores revelaron que un mayor consumo de café (cuando menos, 82,9 mg diarios de cafeína, o sea, un espresso o más) se asocia con una flora microbiana intestinal más rica (Odoribacter, Dialister, Fusicatenibactor, Alistipes, Blautia y varias cepas de Lachnospiraceae) y saludable, con aumento de la concentración de bacterias con marcado carácter antiinflamatorio (Faecalibacterium y Roseburia)  y reducción de algunas bacterias dañinas (Erysipelatoclostridium ramosum), netamente proinflamatorias, con respecto a los que consumían una cantidad diaria inferior (<82,9 mg/cafeína). (31)

     

     

    A esta conclusión llegaron tras efectuar 97 biopsias de mucosa intestinal mediante la realización de colonoscopia a 34 participantes. La identificación bacteriana se efectuó con métodos microbiológicos fiables y rigurosos (estudio del ADN bacteriano y secuenciación del rRNA, 16 segundos).

     

     

    De esta forma, los consumidores habituales de café podrían tener una microbiota intestinal más diversa y saludable, que contribuiría a reducir la inflamación de bajo grado que opera en las enfermedades más prevalentes, incluida la depresión mental.

     

     

    Concordante con esto último se sabe que el trasplante de microbiota intestinal de pacientes con depresión a ratones carentes de microbiota se asoció con comportamientos similares a la depresión mental en comparación con el trasplante y colonización de “microbiota saludable”, procedente de personas sanas (controles sanos). (32)

     

     

    Hay que destacar que el efecto protector de la microbiota asociado al consumo de café ya se había observado en estudios anteriores, como los llevados a efecto por Jaquet y colegas, que revelaron (2009) cómo beber 3 tazas diarias de café, durante tres semanas, se vinculaba con un aumento de la actividad y concentración intestinal de especies bacterianas altamente saludables, como las de Bifidobacterium, en las 16 personas que participaron en el estudio. (33)

     

     

    En fin, a la luz de los conocimientos científicos actuales, el consumo diario de café es un estilo de vida tan saludable como la práctica de actividad física y una dieta a base de productos frescos y de temporada, como la Dieta Mediterránea, pues todos ellos contribuyen no sólo a reducir el riesgo de depresión mental, sino también a disminuir las tasas de muerte total y específica por las principales causas de enfermar y morir en el mundo.

     

     

    Dr. Félix Martín

     

     

    BIBLIOGRAFÍA

     

     

    1. World Health Organization. Depression fact sheet 2018 [Available from: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs369/en/

     


    2. Disease GBD, Injury I, Prevalence C. Global, regional, and national incidence, prevalence, and years lived with disability for 328 diseases and injuries for 195 countries, 1990-2016: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2016. Lancet. 2017;390:1211–59.

     


    3. World Health Organization. Mental health in the workplace 2017 [Available from: http://www.who.int/mental_health/world-mental-health-day/2017/en/.

     


    4. Coffee, tea and caffeine intake and the risk of severe depression in middle-aged Finnish men: the Kuopio Ischaemic Heart Disease Risk Factor Study. Public Health Nutrition . Volume 11, issue 8, August 2010. Anu Ruusunen , Soili M Lehto , Tommi Tolmunen , Jaakko Mursu

     


    5. Tolmunen T. Hinnkla J. Ruusune A et al (2004). Dietary folate and the risk of depression in Finnish middle-aged men. A prospective follow-up study. Physichoter Psychosom 73. 334-359.

     


    6. Coffee, Caffeine, and Risk of Depression Among Women. Michel Lucas, PhD, RD; Fariba Mirzaei, MD, MPH, ScD; An Pan, PhD; et alOlivia I. Okereke, MD, SM; Walter C. Willett, MD, DrPH; Éilis J. O’Reilly, ScD; Karestan Koenen, PhD; Alberto Ascherio, MD, DrPH . Arch Intern Med. 2011;171(17):1571-1578. doi:10.1001/archinternmed.2011.393. Sep 26, 2011

     


    7.Sweetened Beverages, Coffee, and Tea and Depression Risk among Older US Adults.  PLOS ONE april 2014. Xuguang Guo,Yikyung Park,Neal D. Freedman, Rashmi Sinha, Albert R. Hollenbeck,Aaron Blair, Honglei Chen. 

     


    8. Coffee Consumption and the Risk of Depression in a Middle-Aged Cohort: The SUN Project.  Nutrients. sept. 2018.  Adela M. Navarro... Miguel Angel Martínez González

     


    9.Coffee and caffeine consumption and depression: A meta-analysis of observational studies Longfei Wang, Xiaoli Shen, Yili Wu and Dongfeng Zhang. Australian & New Zealand Journal of Psychiatry 2016, Vol. 50(3) 228–242 DOI: 10.1177/0004867415603131

     


    10.Coffee, tea, caffeine and risk of depression: A systematic review and dose–response meta‐analysis of observational studies. Molecular Nutrition Food Research. Jan 2016. Giuseppe Grosso , Agnieszka Micek , Sabrina Castellano , Andzrej Pajak , Fabio Galvano.

     


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    12. Coffee, caffeine, and risk of completed suicide: Results from three prospective cohorts of American adults Michel Lucas,Eilis J. O’Reilly,An Pan,Fariba Mirzaei,Walter C. Willett,Olivia I. Okereke & show all. Pages 377-386 | Received 29 Oct 2012, Accepted 22 Mar 2013, Published online: 02 Jul 2013

     


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    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

     

    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    -Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma

     

     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     

     

    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     

     

    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     

     

    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     

     

    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     

     

    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     

     

    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     

     

    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     

     

    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     

     

    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     

     

    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     

     

    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     

     

    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     

     

    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     

     

    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     

     

    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     

     

    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     

     

    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     

     

    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     

     

    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     

     

    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     

     

    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     

     

    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

     

     

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

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    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

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  • 07/11/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Aumento del rendimiento físico-deportivo por el café/cafeína

    Múltiples revisiones de estudios científicos están revelando un verdadero efecto ergogénico de la cafeína, pues aumenta significativamente el rendimiento físico y deportivo de los que la ingieren aislada o formando parte del café,  antes de efectuar pruebas de naturaleza aeróbica, como el ciclismo y el running, así como ejercicios de fuerza estática y dinámica.

     

     

    Antecedentes

     

     

    El empleo de suplementos de cafeína para mejorar el rendimiento físico de deportistas no es algo inédito,  pues a lo largo del siglo XX han sido muchos los que se han valido de ella para intentar mejorar sus marcas, amparados en lo descubierto inicialmente en un añejo estudio científico,  el efectuado por Rivers WH y colegas, a principios del siglo pasado, publicado en una revista de prestigio (J. Physiol. 1907), (1) cuyos boyantes resultados se han ido reproduciendo en sucesivos estudios. Todo ello motivó que durante muchos años fuera considerada una sustancia dopante y, por tanto, prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje (WADA).

     


    Sin embargo, el 11 de enero del 2004, poco antes de las Olimpiadas de Atenas, fue excluida de la lista de sustancias prohibidas de la citada WADA, dado que, al estar incluida en numerosas bebidas y alimentos, podría sancionarse a atletas que no la habían incorporado truculentamente, sino formando parte de hábitos sociales y cotidianos. Por otra parte, el diferente grado de metabolización hepática (citocromo P-450), más rápido o más lento, podría determinar que la concentración urinaria de la misma no correspondiera fielmente con la dosis ingerida.

     

     

    Tal liberación ha facilitado que el consumo de este alcaloide (1,3,7-trimetilxantina) sea muy prevalente entre deportistas, pues en los controles antidopaje se ha llegado a observar concentraciones significativas de cafeína en un gran porcentaje de las muestras de orina analizadas: un 74% entre los evaluados entre el 2004 y el 2008. (2)

     


    Dado que las guías basadas en la evidencia científica se fundamentan en metaanálisis de estudios originales por atesorar el mayor grado de rigor científico, vamos a enfocar este tema analizando el posible efecto ergogénico de la cafeína según el tipo de ejercicio físico realizado, a la luz de lo revelado en tales evaluaciones.

     

     

    Efecto ergogénico de la cafeína en pruebas de resistencia aeróbica

     

     

    El 9 de mayo del 2017 se publicó en una revista especializada (Frontiers in Physiology) un metaanálisis de 9 estudios experimentales, controlados con placebo, que reveló cómo los 92 deportistas evaluados mejoraban su rendimiento en 12 pruebas de resistencia aeróbica intensa, de 45 segundos a 8 minutos, merced a la suplementación previa con cafeína (de 2 a 6 mg/kg de peso). (3)

     


    Es preciso referir que en el intervalo entre 45 segundos y 8 minutos se incluyen una serie de pruebas físicas aeróbicas, entre las que destacan: 100 metros de natación y 400 metros de running (~1 min), 1500 metros de running y 4000 metros de ciclismo en pista (~4 min), y 2000 metros de remo (~6-8 minutos).

     


    Los autores del trabajo, Peter M. Christensen y colegas, de la universidad de Copenhague  (Dinamarca), comprobaron que, en la mitad de los estudios analizados, el suplemento con cafeína mejoraba la velocidad promedio en un porcentaje superior al 1%, con respecto al placebo, lo que puede ser determinante en la consecución de marcas atléticas.

     

     

    Efectivamente, cuando los citados autores aplicaron el correspondiente aparato estadístico (que incluyó la d de Cohen, o diferencia de medias entre el grupo experimental y el control, partido la desviación típica en la población), observaron un pequeño pero significativo efecto de incremento del rendimiento deportivo en el grupo que tomó cafeína versus el control (ES: 0.41 [0.15–0.68], P = 0.002).

     


    Sin embargo, con otros suplementos legales no observaron un aumento del rendimiento deportivo, como la beta-alanina y el nitrato, aunque sí lo apreciaron con bicarbonato.

     


    Los resultados de este metaanálisis son concordantes con los apreciados en otra revisión narrativa, que mostró cómo la cafeína exhibe un efecto ergogénico en pruebas de resistencia aeróbica de 1 a 3 minutos de duración (Davis y Green, 2009), (4) así como los observados en ejercicios de mayor duración, que llegan a prolongarse durante varias horas (Doherty y Smith, 2004;5 Ganio y colegas, 2009) (6).

     

     

    Genética y rendimiento aeróbico en atletas

     

     

    Llegado a este punto, destacaré un estudio experimental, publicado en agosto del 2018, en una revista especializada en el tema (Medicine & Science in Sports & Exercise), dado que reveló una interacción entre el efecto ergogénico de la cafeína y los genes (CYP1 A2) que codifican su metabolización hepática por el citocromo P450. (7)

     


    Así, cuando 101 atletas varones (25 ± 4 años) efectuaron una prueba ciclista aeróbica, se observó que la cafeína sólo era realmente efectiva cuando era metabolizada por un P450 codificado por un particular genotipo, el AA (CYP1 A2): reducción del 4,8% del tiempo empleado en correr 10 km en bici, tras tomar previamente 2 mg/kg/peso de cafeína (17.0 ± 0.3 vs 17.8 ± 0.4 min, P = 0.0005); y un 6,8% de disminución, con 4 mg/kg/peso de esta sustancia (16.6 ± 0.3 vs 17.8 ± 0.4 min, P < 0.0001), con respecto al placebo.

     


    Sin embargo, los que poseían otros genotipos no experimentaron ventaja alguna (el AC) o sufrieron franca desventaja: los del genotipo CC, que emplearon más tiempo en correr los citados 10 km.

     

     

    Metaanálisis de estudios experimentales que miden el influjo de la cafeína sobre diferentes medidas de fuerza muscular

     

    a. Sobre la fuerza isocinética

     

     

    La contracción isocinética es la que ponemos en práctica cuando nos desplazamos en el medio acuático, como en la natación y el remo, en donde tanto la velocidad como la intensidad se mantienen constantes a lo largo de todo el movimiento (en ambas fases: concéntrica y excéntrica). Así, cuando nos movemos más rápido, aumenta aún más la resistencia que el agua opone al movimiento, a fin de que la aceleración voluntaria del movimiento (brazada, remo…) se vea compensada por la mayor aceleración de la fuerza de frenado. De esta suerte, la ausencia de aceleración resultante durante este tipo de contracción hace que nuestras articulaciones sufran sensiblemente menos y, por ello, su práctica sea muy saludable.

     

     

    Para conseguir contracciones isocinéticas en el medio terrestre es preciso utilizar máquinas especiales en los gimnasios, muy útiles en la medición de los tiempos y marcas de los participantes en los estudios experimentales.

     


    Después de esta necesaria aclaración, referiré que, en marzo del 2019, se publicó en otra revista especializada (Journal of Science and Medicine and Sport)un metaanálisis de 10 estudios experimentales de buena y excelente calidad metodológica, que reveló que la ingesta previa de cafeína lograba incrementar significativamente la fuerza isocinética, especialmente para los músculos extensores de la rodilla (d Cohen : 0,19, IC 95%, 0,06-0,32) y a mayores velocidades angulares,8con respecto a placebo.

     

     

    b. Sobre máxima contracción voluntaria y resistencia muscular

     

     

    Primero vamos a definir estos dos conceptos.

     


    Definimos a la máxima contracción voluntaria como la tensión más alta alcanzada por los músculos cuando se contraen, rápidamente, contra una resistencia y prolongando aquélla durante, al menos, 3 segundos. En definitiva, es la mayor cantidad de fuerza que una persona puede desarrollar con un determinado grupo muscular, habitualmente de forma isométrica.

     


    La resistencia muscular es la capacidad de los músculos para levantar, empujar o tirar de un determinado peso a lo largo de un periodo de tiempo, que usualmente se mide mediante el número de repeticiones que pueden llevarse a efecto. Las sentadillas o flexiones de piernas son un claro ejemplo de ejercicios de resistencia muscular del tren inferior (cuádriceps, glúteos, isquiosurales y core), al igual que las extensiones de cuádriceps, en tanto que los jalones o press de banca y las dominadas en barra lo son de la parte superior del cuerpo (se potencian pectoral, tríceps y hombro).

     

     

    Es obvio que mediante el trabajo de fuerza y resistencia muscular contribuimos a hipertrofiar nuestros músculos, algo siempre saludable, sobre todo, en edades avanzadas para evitar la temible sarcopenia (atrofia muscular) y el síndrome de Fragilidad.

     

     

    ¿Qué puede aportar la cafeína a estos ejercicios?

     

     

    Un veterano metaanálisis, de julio del 2010, llevado a cabo por Warren y colegas, de la universidad de Georgia (Atlanta), tuvo como objetivo evaluar estudios experimentales que midieran el efecto ergogénico de la cafeína tanto sobre la máxima contracción voluntaria (seleccionaron 27) como sobre la resistencia muscular (escogieron 23). (9)

     


    Pues bien, se observó que la cafeína aumentaba significativamente la citada contracción voluntaria máxima en los músculos extensores de la rodilla (tamaño del efecto por la d de cohen o diferencia estandarizada de medias: 0,37) y no en otros grupos musculares, como los del antebrazo o los flexores de la rodilla.

     

     

    También se observó que la cafeína podía aumentar ligeramente la resistencia muscular (Cohen: 0,28, p a 0,000005), pero sólo para ejercicios de cadena cinética abierta, esto es, para los movimientos donde la parte distal de las extremidades se desplaza libremente, siendo el cuerpo el punto que se halla fijo, como las extensiones de cuádriceps, en las que los pies son los que efectúan el movimiento, mientras el cuerpo se mantiene fijo, o los jalones o press de banca, donde son las manos las que se acercan y alejan del cuerpo de forma libre.

     

     

    Sin embargo, la cafeína no exhibió efecto ergogénico alguno para los ejercicios de cadena cinética cerrada, como las sentadillas , en donde los pies están en un punto fijo, el suelo, siendo el cuerpo el que se desplaza, o para las dominadas en barra, donde las manos están en un punto fijo, la citada barra, mientras el cuerpo se balancea.

     

     

    c. Efecto de la cafeína sobre la fuerza muscular y potencia muscular: revisión sistemática y metaanálisis

     

     

    Antes habrá que decir que la potencia muscular es la capacidad exhibida por una persona para ejercer fuerza de forma rápida, esto es, cuando  aplica una fuerza máxima en el menor tiempo posible.

     

     

    En ciertos deportes la potencia muscular puede medirse a través de una distancia, como la lograda al lanzar la jabalina o el martillo.  Aunque es una capacidad a fomentar en cualquier deporte, como por ejemplo en el baloncesto, donde mucho se agradece la altura alcanzada en el salto o incluso en el fútbol, donde un buen rematador de cabeza será más efectivo si tiene una gran potencia de salto.

     

     

    Para entrenar la potencia muscular pueden utilizarse ejercicios de pliometría, como los multisaltos (salto de obstáculos, con comba…), merced al incremento de la fuerza elástica que se obtiene de acciones cortas y rápidas, o mediante ejercicios isocinéticos, donde se mejora la potencia a base de efectuar un movimiento determinado a una velocidad constante (cuando en un gimnasio combinamos la sentadilla guiada con la press de banca y la extensora de cuádriceps).

     

     

    Ahora regresemos a la cafeína.

     

     

    En marzo del 2018 se publicó en la revista de la Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva (Journal of the International Society of Sports Nutrition) una revisión sistemática y metaanálisis de 10 estudios experimentales que evaluaron el efecto de la cafeína sobre la fuerza muscular (contracción voluntaria máxima) y de otros 10 ensayos que midieron la potencia muscular. (10)

     

     

    El resultado reveló que esta xantina era capaz de aumentar tanto la fuerza (SMD: 0,20, IC 95%: 0,03-0,36, p 0,0023) como la potencia muscular(SMD: 0,17, IC 95%; 0,000 a 0,34, p 0,047).   

     

     

    En cuanto a la fuerza, los autores de este metaanálisis, Jozo Grgic y colegas, observaron que la cafeína muestra mayor efecto ergogénico para el levantamiento de pesas, aunque también es palpable en otros deportes.

     

     

    En lo que respecta a la potencia muscular,  la ingesta previa de cafeína aumenta la altura del salto vertical, lo que puede mejorar el rendimiento en bastantes deportes.

     

     

    Los análisis de subgrupos que revelaron que la cafeína aumenta especialmente la fuerza de los músculos de la parte superior del cuerpo (Cohen o SMD: 0,21, IC 95%: 0,02 a 0,39; p a 0,026) requieren más investigaciones, pues son más los estudios que revelan un mayor efecto ergogénico sobre los músculos de los miembros inferiores.

     

     

    En enero del 2019, se publicó en Nutrients un estudio experimental, llevado a cabo por miembros de la Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte de la Universidad Isabel I (Burgos), que reveló cómo un suplemento con cafeína (6 mg/kg de peso), tomado por 24 jóvenes (22, 5 años de media) antes de efectuar cuatro series de ocho repeticiones (con descansos de 3 minutos) de sentadillas con volante, con diferentes cargas de inercia (0.025, 0.050, 0.075 y 0.100 kg · m – 2),  mejoraba significativamente la potencia muscular media y máxima en las fases de movimiento concéntrico y excéntrico en cada carga inercial con respecto al placebo.  

     

     

    Los autores del estudio, Daniel Castillo y colegas, revelaron que la cafeína es capaz de mejorar el rendimiento físico en deportes con altas demandas de fuerza y potencia. (11)

     


    En abril del 2019, se publicó otro estudio experimental en Nutrients, que mostró cómo, tras la ingesta de geles de cafeína (300 mg), mejoraba el rendimiento de jóvenes (17 varones de 23 años de media), bien entrenados, en el salto vertical  (alcanzaron más altura al saltar desde cuclillas), así como en la fuerza y potencia de músculos extensores y flexores de la rodilla en una prueba con ergómetro de remo, con respecto al placebo. (12)

     


    También es preciso mencionar que algún metaanálisis no ha logrado revelar efecto ergogénico de la cafeína, como el brasileño de Polito y colegas, publicado en Science & Sports (2016). (13)

     

     

    Estudios experimentales que evalúan el efecto de la cafeína en personas mayores

     

     

    La gran mayoría de estos estudios se han efectuado con personas jóvenes, usualmente varones deportistas, mientras que son escasos los efectuados con personas de edad avanzada.

     


    Mas cuando se han llevado a efecto sobre este colectivo también se ha visto un cierto efecto ergogénico de la cafeína, lo que podría tener implicaciones de salud pública, dado la frecuente pérdida de aptitud muscular experimentada a medida que se van cumpliendo años. Sería muy aconsejable que se pudiera demostrar realmente un efecto ergogénico de la cafeína cuando es ingerida por personas mayores, para lo cual es preciso efectuar más estudios.

     


    No obstante, ahora, es el momento de analizar, al menos, dos de ellos.

     

     

    En diciembre del 2005, se publicó en la revista de la Sociedad Americana de Fisiología (Journal of Applied Physiology), un estudio experimental (cruzado, aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo) que reveló un cierto incremento del rendimiento físico de personas mayores, merced a la ingesta previa de cafeína. (14)

     


    Los participantes del estudio, 15 varones y 15 mujeres de más de 70 años de edad, recibieron (distribuidos por aleatorización) una cápsula de placebo y, una semana más tarde, cafeína (6 mg/kg de peso)  o cafeína y luego placebo. Una hora más tarde de la intervención se midió su resistencia aeróbica en cicloergómetro (a 65% de la frecuencia cardiaca máxima), el tiempo de reacción, la velocidad de marcha, la estabilidad postural, el esfuerzo percibido durante su trabajo ciclista, la fuerza máxima y la resistencia muscular durante la flexión del brazo (contracción isométrica).

     

     

    Pues bien, lo que se apreció fue que la cafeína aumentó un 25% la resistencia aeróbica durante el pedaleo ciclista, en tanto que incrementó un 54% la resistencia muscular durante la flexión del brazo. Además, redujo un 11% la percepción del esfuerzo después de 5 minutos de ciclismo con respecto al placebo.

     

     

    Sin embargo, la ingestión de cafeína no modificó la fuerza muscular, la velocidad de marcha y el tiempo de reacción.

     

     

    Nueve años más tarde, en diciembre del 2014,  se publicó otro artículo,  en una revista de relieve (Journal of Nutrition), que sugirió que la ingestión aguda de cafeína podría mejorar sensiblemente el rendimiento funcional y la destreza manual de personas mayores (a los 60 minutos de consumirla).

     

     

    Los participantes del estudio, 19 voluntarios sanos, 10 mujeres y 9 hombres, de 61 a 79 años de edad, efectuaron pruebas de aptitud funcional y destreza manual después de ingerir cafeína (3 mg/kg de peso) o placebo, en un orden aleatorio.

     


    Tras una serie de medidas (ANOVAS) se comprobó que la cafeína incrementaba un variado repertorio de pruebas de aptitud funcional (rizos de brazos, ocho pies hacia arriba y hacia adelante, seis minutos a pie…), así como la destreza manual. (15)

     

     

    ¿El efecto ergogénico de la cafeína también se observa con el café?

     

     

    Aunque el café es la mayor fuente natural de cafeína, escasean los estudios que hayan valorado un posible efecto ergogénico del mismo, pues la mayoría de ellos se han efectuado con cafeína anhidra (polvo de cafeína altamente concentrado) y algunos con suplementos que la que contienen, en forma de bebidas energéticas, barras y geles.

     

     

    Bien cierto es que los pocos investigadores que han estudiado un posible efecto ergogénico del café han obtenido buenos resultados. Entre ellos, destacaría el efectuado por Hodgson y colegas, de la Universidad de Birmingham (Reino Unido), publicado en abril del 2013 en una revista científica de reconocida solvencia (PLOS/ ONE). (16)

     

     

    En este estudio experimental (cruzado, aleatorizado, simple ciego) ocho ciclistas, triatletas masculinos bien entrenados (Media-SD: Edad 41-7y, Altura 1.80-0.04 m, Peso 78.9-4.1 kg, VO2 max 58-3 ml•kg-1•min-1) completaron 30 minutos de ciclismo con bicicleta estática o estacionaria, a un 55% del consumo máximo de oxígeno (VO2max), seguido de una contrarreloj  de 45 minutos.

     

     

    Una hora antes del ejercicio cada atleta consumió bebidas que contienen cafeína (5 mg CAF/kg de peso), café instantáneo (5 mg CAF/kg de peso), café descafeinado instantáneo o placebo.

     

     

    Pues bien, el rendimiento durante la contrarreloj fue sensiblemente mejor en los atletas que habían tomado  tanto cafeína cuanto café, un 5% más rápidos que los que recibieron placebo o descafeinado. Además, no hubo diferencias entre los que tomaron cafeína o café.

     

     

    Por otra parte, la potencia media desarrollada durante la citada contrarreloj fue significativamente mayor en los atletas que tomaron cafeína y café en comparación con los que ingirieron placebo y descafeinado (294-21 W, 291-22 W, 277-14 W, 276-23 W respectivamente, p<0.05). No se observaron diferencias significativas entre placebo y descafeinado durante la prueba.

     

     

    Este estudio revela, pues, que tanto la cafeína (5 mg/kg/peso) como el café (cantidad equivalente a 5 mg cafeína/kg/peso), consumidos 1 h antes del ejercicio, pueden mejorar el rendimiento en pruebas de resistencia aeróbica.

     

     

    Estos hallazgos son concordantes con una serie de estudios que han mostrado mejoras en el rendimiento después de la ingesta de café  (17,18)

     

     

    Costill y colegas, en 1978, fueron los primeros en demostrar que el café descafeinado más la cafeína (330 mg), era capaz de mejorar el tiempo de ejercicio en bici (2 mujeres y 7 hombres) hasta el agotamiento (80% VO2 max) en comparación con el café descafeinado (-18%), 16 pues los que se beneficiaron de la cafeína corrieron durante más tiempo: 90,2 minutos (+/- 7.2) versus 75,5 (+/- 5.1).

     

     

    Posteriormente, Wiles y colegas, en 1992, mostraron que el café era capaz de mejorar el rendimiento de atletas durante una carrera de 1500 metros en cinta de correr (treadmill) en comparación con el café descafeinado (3% más rápidos). (18)

     

     

    Además, se han publicado artículos que han comunicado un cierto efecto ergogénico del café en pruebas de fuerza y de resistencia muscular. (19,20)

     

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, el café exhibe un eficaz efecto ergogénico, aunque para ello es preciso que aporte una dosis de cafeína que oscile entre 3 y 6 mg/kg/peso.

     

     

    El problema es que la dosis de cafeína contenida en el café depende de diversos factores, que incluyen la especie de cafeto (el robusta posee el doble de cafeína que el arabica: 2,4 % vs 1,2%, respectivamente), el tamaño de la taza, el tipo de preparación.

     

     

    También depende del gramaje empleado, pues, por ejemplo, un expreso (espresso) suele contener unos 8 gramos de café tostado, disueltos en 30 ml de agua, aunque otros excelentes baristas pongan de 15 a 18 gramos (doble espresso), sin perder sus exquisitas notas de acidez, cuerpo sedoso y postgusto prolongado, obviamente en cafés de especialidad (más de 80 puntos en la escala de cata internacional).

     

     

    Si preparamos café con cafeteras de filtro de papel como la Chemex, la V60 o la Sifón, solemos emplear una proporción de 1 gramo de café por 15 o 16 ml de agua caliente (88 a 90 grados centígrados, para incorporar todos los saludables compuestos hidrosolubles del café).

     

     

    En verdad, podríamos decir que si la cantidad promedio de cafeína contenida en un expreso de cafeto arabica es de unos 96 mg (los contenidos en 8 gramos), con tres tazas conseguiríamos incorporar unos 4,1 mg de cafeína por kilo de peso, en un varón de 70 kilos.

     

     

    Si tomáramos un expreso (96 mg de cafeína) más un doble expreso (por ejemplo, 18 gramos de arabica que contienen 216 mg de cafeína) incorporaríamos 312 mg de cafeína, esto es, 4,45 mg por kilo de peso.

     

     

    Otra posibilidad es tomar dos vasos o copas de 250 ml de café infusionado con cafeteras de filtro como la Chemex o V 60, pues nos aportarían 360 mg de cafeína (los contenidos en los 30 gramos empleados, disueltos en unos 500 ml de agua a unos 90 grados centígrados.

     

     

    Mecanismo de acción de la cafeína para conseguir su efecto ergogénico

     

     

    Después del añejo trabajo de Costill (1978) se pensó que el efecto ergogénico de la cafeína se debía a que aumentaba la oxidación de los lípidos, a través del sistema nervioso simpático, lo que permitía preservar glucógeno muscular16. Sin embargo, años más tarde, varios autores no observaron que la cafeína lograra incrementar el rendimiento físico por un aumento de la oxidación de las grasas 16, 21,212ni por influjo del sistema nervioso simpático. (23)

     

     

    Entonces, ¿a qué puede atribuirse el efecto ergogénico de la cafeína?

     

     

    Pues parece deberse a la capacidad de la cafeína de bloquear o antagonizar los receptores de adenosina (A1 y A2) en el sistema nervioso central y periférico, (24) lo que contribuye a reducir el dolor y la percepción del esfuerzo (25) (una gran ventaja para soportar pruebas aeróbicas prolongadas), además  de incrementar el reclutamiento motor en el músculo esquelético24 y mejorar el acoplamiento excitación-contracción y, por ende, la contractilidad muscular (una gran ayuda para aumentar la fuerza y potencia muscular en esfuerzos cortos e intensos).26-28

     

     

    Es bueno recordar que los receptores de adenosina no sólo se encuentran en el sistema nervioso, sino en la mayoría de los tejidos, incluidos los adipocitos y el músculo estriado o esquelético. Así, cuando la cafeína ejerce su efecto antagonista de tales receptores tiende a reducir la concentración de potasio extracelular (26),  promoviendo el potencial de acción en las células musculares, lo que aumenta la fuerza contráctil de las mismas y, obviamente, reduce su fatiga.

     

     

    Despierta y huele el café: suplementos de cafeína y rendimiento físico

     

     

    Así se titula una extraordinario trabajo, publicado en marzo del 2019 en British Journal of Sports Medicine, en el que los investigadores responsables, Jozo Grgic y colegas (investigadores alemanes, australianos, británicos y  estadounidenses), efectuaron 11 revisiones (calidad metodológica moderada a alta) que incluyeron 21 metaanálisis de estudios experimentales que versaban sobre el tema.

     

     

    El resultado de tan ambiciosa revisión (umbrella review) fue muy favorable para los amantes  del café, pues reveló que la cafeína incrementaba significativamente el rendimiento físico, versus placebo, en un amplio repertorio de pruebas físicas: resistencia aeróbica, fuerza y resistencia muscular, potencia, rendimiento del salto y velocidad.  (29)

     

     

    En realidad, llegaron a constatar que el citado efecto ergogénico fue mayor para la actividad física aeróbica que para la anaeróbica. 

     

     

    No obstante, estos investigadores creen que existen aspectos poco claros que necesitan más estudios, como el diferente efecto ergogénico de la cafeína en sujetos entrenados frente a los no entrenados,  pues en el único metaanálisis que se evaluó, el de Grgic y colegas10, reveló cómo esta xantina  incrementaba el rendimiento físico en personas no entrenadas y no tanto en las bien preparadas físicamente, en contra de la opinión general, que otorga un mayor efecto ergogénico en sujetos entrenados.

     

     

    También recomiendan que se efectúen más estudios que diluciden si las personas que están acostumbradas a dosis diarias y relevantes de cafeína, como los grandes cafeteros, pueden ver mermado su efecto ergogénico, por habituación.  Los estudios que han abundado en este aspecto han cosechado resultados contradictorios, ya que unos sugieren que los que la consumen esporádicamente se beneficiarían con un mayor incremento del rendimiento físico cuando la tomaren puntualmente para tal efecto, en tanto que otros no observan tales diferencias, dado que su efecto ergogénico es independiente de un mayor o menor grado de adicción a la misma. (30,31) Incluso algunos, como Pickering y Kiely, sugieren que el efecto sea dosis dependiente, lo que resultaría ser un excelente objetivo para explorar en futuros estudios. (32)

     

     

    Otro aspecto susceptible de mayor investigación es el que tiene que ver con el tiempo preciso que debe discurrir desde que se ingiere la cafeína y aparece su efecto ergogénico. Aunque bien cierto es que en la mayoría de los estudios experimentales se ha administrado esta sustancia una hora antes de efectuar el ejercicio o prueba física, con efecto verdaderamente ergogénico, se desconoce si tal efecto podría ser menor o mayor si este alcaloide se administrara más próximo o más alejado del momento de emprender el esfuerzo físico, respectivamente.

      

    Es preciso recordar que a los 45 minutos de la ingestión ya se alcanzan concentraciones plenas de cafeína en plasma (99%), aunque sus efectos pueden realmente aparecer minutos después de su administración.

     


    Finalmente, los autores destacan que para mejorar la aplicación de resultados tan boyantes al público en general es preciso que se efectúen más estudios con mujeres y con personas de edad media y avanzada.

     

     

    Efecto ergogénico de la cafeína en mujeres versus hombres

     

     

    A colación de lo mencionado anteriormente, hace poco más de un mes, el 30 de septiembre del 2019, se ha  publicado en Nutrients la primera revisión sistemática de estudios experimentales cuyo objetivo principal ha sido evaluar diferencialmente el efecto ergogénico de la cafeína en atletas de ambos sexos, hombres y mujeres. (33)

     

     

    Los autores de esta excelente revisión multicéntrica española, liderados por Juan Mielgo-Ayuso (primer firmante), tras aplicar rigurosos criterios de inclusión y exclusión, seleccionaron 10 artículos internacionales de un total de 254 analizados, que incluyeron 130 varones y 108 mujeres. 

     

     

    Así, pudieron comprobar que los suplementos de cafeína (tomados de 30 a 60 minutos antes de la prueba),  procedentes de diversas fuentes, incluyendo café turco o a la turca (Patrimonio Inmaterial de la Humanidad), incrementaban el rendimiento aeróbico y disminuían la sensación de fatiga (índice de fatiga) de igual forma en mujeres que en hombres (en las 4 investigaciones que lo evaluaron). Sin embargo, cuando se evaluó el rendimiento anaeróbico se observó que la cafeína beneficiaba aún más a los varones (en cuatro de siete artículos), por mejorar más el rendimiento en el sprint , así como la potencia y peso total levantado que en las damas, con respecto a placebo.

     

     

    Similar efecto ergogénico del café en hombres y mujeres que practican actividad física aeróbica recreativa

     

     

    En este estudio experimental, recién publicado (25 de octubre del 2019, en Nutrients) se observa cómo el consumo de café equivalente a 3 mg de cafeína /kg peso (evidenciable en la saliva) aumenta significativa e igualmente el rendimiento físico de hombres y mujeres (30 años de media) durante una prueba ciclista (5 km), de carácter lúdico: 9 y 6 segundos, con respecto al placebo (agua) y al control, respectivamente. (34)

     

     

    Apuntes finales

     

     

    A mi entender, si uno desea obtener un cierto efecto ergogénico de la cafeína es mejor que lo haga consumiendo café en vez de cafeína anhidra en pastillas, pues el primero, además de suministrar la cantidad necesaria de cafeína con dos copas de una infusión de café (Chemex, V60…) o con un espresso y un doble espresso, unos 60 minutos antes del ejercicio físico, nos aporta una notable cantidad de productos altamente saludables como  antioxidantes (ácido clorogénico, quercetina, melanoidinas, fenilindanos), diterpenos (cafestol y Kahweol), trigonelina, entre otros, responsables, en gran parte,  de que el consumo regular de café se asocie con una significativa reducción de la tasa de muerte por todas las causas: de un 10% a un 24%, con 4 a 5 tazas diarias, según el estudio analizado. (35-42)

     


    En fin, en este contenido hemos visto cómo la cafeína puede hacer que una persona, mejor o peor entrenada, consiga incrementar su rendimiento físico tanto durante la actividad física aeróbica cuanto con la de fuerza en sus diversas modalidades. Si la incorporara con café, miel sobre hojuelas, el rendimiento se incrementaría tanto como el placer subsiguiente a la degustación de tan exquisita bebida.

     

     

    Dr. Félix Martín Santos

     

     

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    11. Nutrients 2019, 11(2), 255. Effects of Caffeine Supplementation on Power Performance in a Flywheel Device: A Randomised, Double-Blind Cross-Over Study. Daniel Castillo, Raúl Domínguez  ,Alejandro Rodríguez-Fernández and Javier Raya-González. Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad Isabel I, 09001 Burgos, Spain Received: 24 December 2018 / Accepted: 21 January 2019 / Published: 24 January 2019

     


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    41. Association of Coffee Drinking With Mortality by Genetic Variation in Caffeine Metabolism. Findings From the UK Biobank. Erikka Loftfield, PhD; Marilyn C. Cornelis, PhD; Neil Caporaso, MD; et alKai Yu, PhD; Rashmi Sinha, PhD; Neal Freedman, PhD. JAMA Intern Med. 2018;178(8):1086-1097. doi:10.1001/jamainternmed.2018.2425

     


    42. Coffee consumption and total mortality in a Mediterranean prospective cohort Adela M Navarro Miguel Á Martinez-Gonzalez Alfredo Gea Giuseppe Grosso José M Martín-Moreno Esther Lopez-Garcia Nerea Martin-Calvo Estefanía Toledo.

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

     

     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

     

     

    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    -Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma

     

     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     

     

    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     

     

    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     

     

    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     

     

    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     

     

    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     

     

    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     

     

    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     

     

    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     

     

    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     

     

    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     

     

    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     

     

    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     

     

    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     

     

    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     

     

    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     

     

    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     

     

    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     

     

    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     

     

    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     

     

    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

     

     

     Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     

     

    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

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  • 01/08/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Actividad Física: estrategia complementaria del tratamiento de la EPOC

     

     

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  • 04/07/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    ENFERMEDAD PULMONAR OBSTRUCTIVA CRÓNICA(EPOC): EFECTOS PROTECTORES DE LA ACTIVIDAD FÍSICA

    Diversos estudios científicos están revelando que la práctica regular de actividad física ejerce un relevante efecto protector sobre una de las enfermedades respiratorias más prevalentes, graves y costosas: la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), contrarrestando parte del daño provocado por el tabaco, su principal factor de riesgo.

     

     

    Antes de empezar a describir los principales estudios epidemiológicos que han revelado un efecto protector y preventivo de la EPOC por parte del ejercicio físico, considero imprescindible explicar una serie de conceptos de la misma: importancia, definición, diagnóstico y valoración de su severidad mediante la realización de espirometrías, principales pruebas funcionales respiratorias, escalas de valoración de los síntomas y del estado de salud, exacerbaciones, comorbilidad y, sobre todo, su historia natural. Posteriormente, veremos los trabajos científicos que han mostrado un posible efecto de prevención primaria de esta enfermedad mediante la actividad física aeróbica.

     

     

     

    En un segundo artículo, el del mes que viene, abordaremos los más relevantes estudios epidemiológicos que han constatado un efecto protector del ejercicio físico en pacientes con EPOC establecida, merced a su capacidad para reducir las exacerbaciones, la sintomatología y la tasa de muerte, así como de aumentar la calidad de vida y ralentizar la pérdida anual de función.

     

     

     

    Importancia de la EPOC

     

     

     

    Como antes apuntábamos, esta enfermedad es muy importante porque es muy frecuente, conlleva una alta mortalidad y un excesivo coste.

     

     

     

    Según un avance del estudio EPI-SCAN II, efectuado por la Sociedad Española de Patología Respiratoria y Cirugía Torácica (SEPAR), la prevalencia de EPOC en la población española de más de 40 años es del 12,4%, mayor en hombres (16,9%) que en mujeres (9,5%), aumentando en ambos con la edad hasta ser, a los 80 años, del 33,6% en varones y del 23,2% en mujeres. (1)

     

     

     

    Este extraordinario estudio epidemiológico, con una muestra de 10.200 personas procedentes de las 17 comunidades autónomas, es el mayor estudio sobre esta enfermedad efectuado en España. Sus resultados serán incorporados a las nuevas estimaciones de la Organización Mundial de la salud (OMS) y del Global Burden Disease, como refirió, el 12 de junio del 2018, la doctora Inmaculada Alfageme, expresidenta de SEPAR y presidenta del comité científico de EPI-SCAN II (iniciado en febrero del 2017).

     

     

     

    Este estudio también ha permitido constatar una cruda realidad: la mayor parte de las personas afectas de EPOC aún están sin diagnosticar, concretamente, el 81,7% (88,2% de las mujeres y 76% de los hombres).

     

     

     

    En cuanto a gravedad respecta, la EPOC es la cuarta causa de muerte en el mundo y para el 2020 se estima que llegará a ser la tercera.

     

     

     

    También en España es la cuarta causa de muerte, con 29.000 defunciones anuales.

     

     

     

    En cuanto al coste económico de esta enfermedad, se ha comprobado que se eleva mucho en el curso de las  exacerbaciones, pues el coste medio de las mismas es de 481€, aumentando a medida que se incrementa la severidad de las mismas. (2)

     

     

     

    El citado coste depende del tratamiento farmacológico y de las consultas médicas, en caso de exacerbaciones moderadas, en tanto que en las graves se dispara por las hospitalizaciones subsiguientes.

     

     

     

    Es obvio que reducir las exacerbaciones de estos pacientes no sólo reduce la mortalidad, sino  también el coste, pues aumentan en 2,3 veces el consumo de recursos sanitarios y no sanitarios con respecto a los que no las padecen.

     

     

     

    Un estudio efectuado en Extremadura, publicado en International Journal of COPD,3  ha mostrado que el coste anual de la EPOC es de 36,2 millones de euros. Efectivamente, tras estudiar a 386 extremeños con EPOC, con una edad media de 71,8 años, comprobaron que el coste anual por paciente fue de 3.077 €, de los que el 43,8 % (1645 €) corresponden a costes sanitarios directos, correspondiendo el 43,8% al gasto medicamentoso, en tanto que el 23,1% fue por ingresos hospitalarios.  Los costes no sanitarios (cuidados formales e informales) ascendieron a 1.440 € anuales (el 38,3% del total).

     

     

     

    A pesar de ciertas limitaciones, este estudio representa  una de las evaluaciones económicas más realistas y exhaustivas del impacto de la EPOC en nuestro entorno, pudiendo ser un referente para futuros estudios en otras comunidades autónomas o incluso para el conjunto de España.

     

     

     

    Definición de EPOC

     

     

     

    Según la última actualización del protocolo de consenso más importante en el mundo, el GOLD (Global Initiative for Chronic Obstructive Lung Disease), (4) la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica es un proceso neumológico prevenible y tratable, causado por la exposición continuada a partículas nocivas y gases, especialmente las emitidas por el humo de tabaco, que provocan una serie de alteraciones alveolares o/y de las vías aéreas, responsables de una persistente limitación de flujos respiratorios y de los síntomas respiratorios (tos, expectoración y disnea).

     

     

     

    El curso de esta enfermedad suele ensombrecerse por la presencia de exacerbaciones, que incrementan agudamente el deterioro funcional y sintomático hasta llegar, en ocasiones, a requerir ingresos hospitalarios para restablecer la situación basal del paciente y evitar su muerte.

     

     

     

    Por otra parte, la inflamación inherente a este proceso no parece circunscribirse a las vías aéreas y alveolos, pues se asocia a una importante comorbilidad, esto es, a un conjunto de variadas enfermedades: coronariopatías (angina, infarto agudo de miocardio…), depresión, ansiedad, síndrome metabólico, disfunción músculo esquelético y cáncer de pulmón, entre otras.

     

     

     

    Pero ¿cómo se identifica y diagnostica?

     

     

     

    El diagnóstico se basa en la realización de una espirometría, prueba funcional respiratoria que calcula los flujos, volúmenes y capacidades pulmonares del paciente, para luego compararlos con los correspondientes a personas de su misma edad, sexo y talla (media aritmética), tanto estáticamente cuanto después de inhalar un broncodilatador de acción inmediata (prueba broncodilatadora. (5)

     

     

     

    De esta forma, podremos objetivar valores de normalidad, cuando son iguales o superiores al 80% del teórico o valores indicativos de insuficiencia ventilatoria, bien obstructiva o bien restrictiva.  

     

     

     

    Lo que define a la EPOC, como su nombre indica, es la presencia de una insuficiencia ventilatoria obstructiva que, a diferencia del asma, no es reversible, ni tras tomar un broncodilatador ni tras un tratamiento médico que incluya una tanda corta de corticoides orales.

     

     

     

    Además, si el paciente sigue fumando experimentará un descenso progresivo de la función hasta que sus pulmones no puedan suministrar suficiente cantidad de oxígeno a la sangre (insuficiencia respiratoria).

     

     

     

    ¿Cuándo decimos que una espirometría revela una insuficiencia ventilatoria obstructiva?

     

     

     

    Pues cuando después de expulsar rápida y completamente todo el aire acumulado tras una inspiración máxima, observemos que el cociente entre el valor correspondiente al volumen de aire expulsado en el primer segundo de esta espiración forzada (VEMS o FEV1) y el correspondiente al volumen total de aire movilizado y espirado (capacidad vital forzada o FVC) sea inferior al 70% (FEV1 / FVC <70%).

     

     

     

    A continuación para valorar la severidad de la insuficiencia ventilatoria obstructiva deberemos comparar los valores del FEV1 del paciente con los teóricos, o sea con la media aritmética de una población del la misma edad, sexo y estatura, como puede observarse en la tabla siguiente.

     

     

     

    A medida que aumenta el grado de obstrucción bronquial, el pronóstico va empeorando, especialmente cuando el FEV1 es inferior al 30%, donde es muy común que el paciente sufra insuficiencia respiratoria crónica y requiera oxígeno domiciliario.

     

     

     

    EPOC GOLD 3: Espirometría mostrando una obstrucción severa, pues los valores postbroncodilatación muestran un cociente FEV1/FVC deL 54% (<70%) y un FEV1 de 1030 ml (38% del teórico). Varón de 78 años, gran fumador (36 paquetes/año), evaluado el  05-06-2019.

     

     

     

    En las siguientes líneas voy a plasmar varias escalas consensuadas internacionalmente para evaluar los síntomas, la calidad de vida y el riesgo de exacerbaciones.

     

     

     

    ¿Cómo se valoran los síntomas en la EPOC?

     

     

     

    En cuanto a los síntomas, el más invalidante es la dificultad respiratoria (disnea), que también puede cuantificarse mediante una escala, la mMRC (Modificada del British Medical Research Council), (6) que oscila desde ausencia de disnea, excepto para realizar ejercicio intenso (grado 0), hasta una disnea tan severa que impida efectuar las actividades mínimas como lavarse o vestirse (grado 4), como podemos ver en la siguiente tabla.

     

     

     

    Escala de calidad de vida en la EPOC: CAT (COPD ASSESSMENT TEST)

     

     

     

    En un afán por evaluar más precisamente la calidad de vida de los pacientes que sufren esta enfermedad se ha ideado una escala cuya suma de puntuaciones oscila de 0 a 40 puntos, considerando que la EPOC deteriora escasamente la calidad de vida cuando la puntuación es inferior a 10 puntos (la mayoría de los días son buenos), en tanto que el deterioro es mediano o alto cuando la citada puntuación es igual o superior a 10 puntos.7 Podemos verla en la tabla siguiente. (7)

     

     

     

    Evaluación del paciente combinando el historial de exacerbaciones y la evaluación de los síntomas

     

     

     

    En el último protocolo de consenso (GOLD 2019) se ha vuelto a hacer hincapié en combinar el historial de exacerbaciones y la presencia y severidad de los síntomas, según las dos escalas mencionadas, para configurar cuatro casillas con las primeras cuatro letras del abecedario en mayúsculas: A, B, C,  D.

     

     

     

    Así, si la persona afecta de esta enfermedad no sufre ninguna exacerbación o como mucho una, pero sin ingreso hospitalario, durante un año, se encuadrará dentro de las casillas A o B, según tenga escasos síntomas y mínimo deterioro de su calidad de vida (mMRC 0-1 y CAT <10) o lo contrario (mMRC ≥2 y CAT>10), respectivamente.

     

     

     

    Una vez que hemos encasillado a los pacientes en una de las cuatro letras mencionadas, según su riesgo de exacerbaciones y severidad de sus síntomas, podremos individualizar con más acierto tanto el tratamiento medicamentoso como el no farmacológico, donde cobra un protagonismo especial la práctica de actividad física, además del cese tabáquico, siempre esencial, así como la vacuna antigripal anual y la vacuna antineumocócica (VCN 23, VCN 13), como bien aconseja el Consenso Internacional GOLD 2019.

     

     

     

    Historia natural de la EPOC:

     

     

     

    Fletcher y Peto en sus famosos estudios epidemiológicos de 1976 y 1977, revelaron que el FEV1 se reduce gradualmente a lo largo de la vida, aunque en la mayoría de los no fumadores y en muchos fumadores nunca llega a desarrollarse una insuficiencia ventilatoria obstructiva. Sin embargo, ciertos fumadores tienen una especial susceptibilidad para sufrir un deterioro acelerado de la función que les aboca a una obstrucción bronquial irreversible, o sea, a sufrir una EPOC.  Estos autores también observaron que cuando un fumador dejaba de fumar no volvía a recuperar la función, pero, en cambio, el deterioro acelerado de la misma cesaba, perdiendo a partir de entonces lo mismo que los sanos. 

     

     

     

    Fletcher y Peto consideraron crucial efectuar espirometrías a fumadores de edad media, a fin de detectar precozmente obstrucciones ligeras, esto es, estadios precoces de EPOC (obstrucciones ligeras, como las de los actuales GOLD 1 o GOLD 2, pero con un FEV1 relativamente conservado, cerca del 80%), que motivaran su absoluto cese tabáquico. De esta suerte, su esperanza de vida no se vería cercenada. Obviamente, cuando el deterioro de la función es muy notable, como acontece en los actuales estadios 3 y, sobre todo, 4 de GOLD, al tener menos reserva funcional, el pronóstico es más sombrío, aunque si dejaran de fumar   verían prolongar su supervivencia con respecto a los que seguían fumando. (8,9)

     

     

     

    En definitiva, estos dos autores demostraron que hay que detectar precozmente a las personas que están desarrollando EPOC, con objeto de convencerles para que dejen de fumar y, así, no se reduzca drásticamente su supervivencia. Aunque también revelaron que cuando el deterioro es severo, dejar de fumar también mejora su pronóstico, pues aunque mueran de esta enfermedad, lo harán más tarde que los que sigan fumando.

     

     

     

    Posteriormente, diversos estudios epidemiológicos, varios liderados por Burrows, descubrieron que la función pulmonar máxima se alcanza entre los 15 y 25 años (antes en las  mujeres), para permanecer estable en torno a una década (fase de “plateau”). (10-13) Luego, en los no fumadores se pierden de 20 a 25 ml anuales de FEV1, como previamente describió Fletcher (9), de forma que en las próximas cinco décadas solían perder como 1 litro de FEV1.

     

     

     

    Pero ¿cómo actúa el tabaco?

     

     

     

    Pues en los fumadores susceptibles el tabaco deteriora la función respiratoria por diversas vías: reduciendo el máximo FEV1 al que pueden llegar, cuando se fuma durante la adolescencia o incluso cuando se es fumador pasivo en el claustro materno, por fumar la madre durante el embarazo, (14,15) o durante los primeros años de vida por inhalar pasivamente el humo emitido por sus padres fumadores,(16,17); acortando la fase “plateau” (14,18) o incluso eliminándola18; finalmente, por un deterioro acelerado de la función alcanzada, como refirieron Fletcher8,9  y otros investigadores (10,18-20).

     

     

     

    Más tarde, en septiembre del 2011 se publicó el estudio observacional prospectivo ECLIPSE (Evaluation of COPD Longitudinally to Identify Predictive Surrogate Endpoints), (21) en el que se apreció que la evolución de la EPOC era muy heterogénea, pues casi la mitad de los pacientes no experimentaban un deterioro acelerado de la función, sino que su FEV1 no se reducía más que en los sanos e incluso en un 8% se incrementaba más de 20 ml al año. Sólo los que seguían fumando o tenían lesiones de enfisema, experimentaban un deterioro mayor de la función, con una pérdida del FEV 1 superior a 40 ml al año. Este último hecho, ya lo refirieron Fletcher y Peto en 1976.

     

     

     

    En las siguientes líneas vamos a ver cómo la actividad física parece ejercer un efecto preventivo de esta enfermedad, tanto primaria, algún estudio, que veremos en este contenido, como secundaria y terciaria, que analizaremos en el del próximo mes.

     

     

     

    Prevención primaria de la EPOC por actividad física: ¿deseo o realidad?

     

     

     

    Lo primero que debemos decir es que la verdadera prevención primaria de esta enfermedad se basa en la prevención y tratamiento del tabaquismo, principal causa de la misma. Para ello disponemos de  estrategias seguras y efectivas, que, en su momento, analizamos en un contenido de este blog, publicado el 21 de agosto del 2014, con el título “Intervención Clínica en Tabaquismo”.

     

     

     

    Ahora, pues, veamos qué se ha publicado con respecto al efecto benefactor de la actividad física.

     

     

     

    En el 2002, Jakes y colegas, revelaron en una muestra de la población general, seguida durante 4 años, que las mujeres que subían un número mayor de pisos de escaleras se beneficiaban con una menor reducción anual del FEV1 que las que no se ejercitaban al respecto. De entrada, ya se empezaba a establecer asociaciones entre un mayor nivel de actividad física y un menor deterioro fisiológico de la función. (22)

     

     

     

    En agosto del 2003 se publicó un estudio prospectivo finlandés que también reveló cómo la actividad física regular, estimada en kilómetros andados, recorridos en bici o en esquí, se asociaba con una reducción significativa de la pérdida de función respiratoria ( FEV 1 y flujos en pequeña y mediana vía aérea).  Así, durante los primeros 10 años se observó que los que se hallaban en el tercil más alto de actividad física perdían 9,8 ml menos al año (FEV1), con respecto a los que se encontraban en el tercil inferior. (23)

     

     

     

    Aunque los autores de este estudio siguieron a una muestra de varones durante un periodo prolongado, de 10 a 25 años (429 y 186 hombres, respectivamente), se dudó que pudieran extrapolarse tan boyantes resultados a la población general, al ser varones del medio rural, acostumbrados a altos niveles de actividad física.

     

     

     

    Posteriormente, se publicaron otros estudios epidemiológicos que constataron una asociación entre una menor pérdida anual de función respiratoria (FEV1 y FVC) y un mayor nivel de ejercicio físico regular. (24)  Sin embargo, en todos estos estudios el control de otras variables de confusión fue deficiente.

     

     

     

    Probablemente el estudio epidemiológico de mayor relevancia que evidenció un cierto efecto de prevención primaria de EPOC por la práctica regular de actividad física fue el publicado en marzo 2007 en American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine, (25 )que fue liderado por dos de los investigadores que más se han significado en este campo, la doctora Judit García-Aymerich y el doctor Josep M Antó, del Centro de Investigación de Epidemiología Ambiental (CREAL) y del Instituto Municipal de Investigación Médica de Barcelona.

     

     

     

    Estos investigadores, trabajando conjuntamente con colegas suecos y daneses, siguieron durante 10 años a 6790 personas pertenecientes a un estudio longitudinal sueco (Copenhagen City Heart Study), a fin de establecer asociaciones entre el nivel de actividad física (ligera, moderada y vigorosa), función pulmonar (FEV1 y FVC), tabaquismo y otras variables.  De esta forma, a la conclusión del estudio, obtuvieron unos resultados realmente esperanzadores, pues los fumadores activos que practicaban regularmente actividad física moderada o vigorosa experimentaban una menor pérdida de función anual ( +2.6 and +4.8 ml/año de FEV1, P = 0.006, and +2.6 and +7.7 ml/año de FVC, P < 0.0001, para los grupos de actividad moderada y vigorosa, respectivamente). Hecho que sólo se observó en los fumadores activos.

     

     

     

    Aunque lo más importante de este estudio observacional prospectivo fue comprobar una asociación entre niveles moderados o vigorosos de ejercicio físico y una reducción del riesgo de desarrollar EPOC entre los fumadores del estudio, cifrado en un porcentaje del 23% versus los sedentarios o los de bajo nivel actividad física. 

     

     

     

    Según los autores, el efecto antiinflamatorio inherente a la actividad física regular, observado en estudios experimentales (26), podría contrarrestar los fenómenos inflamatorios y oxidantes que operan en el desarrollo de la EPOC en ciertos fumadores susceptibles (en torno a un 20%).

     

     

     

    Otro hallazgo de este notable estudio prospectivo fue comprobar que la citada actividad física (moderada y vigorosa) conseguía resultados más favorables en el subgrupo de pacientes con asma que en los no sufrían esta enfermedad, dado que los primeros ganaban 10 ml/año de FEV1 y 7 ml/año de FVC comparado con el grupo de baja actividad física. En cambio, los segundos, los que no sufrían asma que practicaban actividad física moderada y vigorosa sólo experimentaban pequeños aumentos anuales del FEV1 y de la FVC: 1 y 2 ml, respectivamente, con respecto a los que practicaban escaso ejercicio físico.

     

     

     

    Como era de esperar, el deterioro anual de FEV1 y FVC fue superior en fumadores activos versus no fumadores, al igual que, obviamente, el riesgo de EPOC.

     

     

     

    En el artículo del siguiente mes describiremos los estudios epidemiológicos más relevantes que han mostrado cómo la práctica regular de actividad física aeróbica beneficia ostensiblemente a los pacientes que sufren esta enfermedad, mejorando su calidad de vida y reduciendo la clínica,  exacerbaciones y mortalidad, entre otros efectos positivos.

     

     

     

    Dr. Félix Martín Santos

     

     

     

    Fuentes bibliográficas:

     

     

     

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    3.            Merino M, Villoro R, Hidalgo Vega A, Carmona C. Aocial Economic  costs of COPD in Extremadura (Spain): an observational study . International Journal of COPD 2018: 13, 2501-2514.

     


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    8.            Fletcher, Peto R.. The Natural history of chronic airflow obstruction. BMJ 1977; 1: 1645-1648.

     


    9.            Fletcher, Peto R, Tinker CM, Speizer FE. The Natural history of chronic bronchitis and emphysema. An eight-year study of early chronic obstructive lung disease in working men in LondonOxford, England: Oxford University Press, 1976.

     


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    11.          van Pelt W, Borsboom GJJM, Rijcken B, Schouten JP, van Zomeren BC, Quanjer PH. Discrepancies between longitudinal and cross-sectional change in ventilatory function in 12 years of follow-up. Am J Respir Crit Care Med 1994;149:1218–1226.

     


    12.          Burrows B, Lebowitz MD, Camilli AE, Knudson RJ. Longitudinal changes in forced expiratory volume in one second in adults. Methodologic considerations and findings in healthy nonsmokers. Am Rev Respir Dis 1986;133:974–980.

     


    13.          Brandli O, Schindler C, Kunzli N, Keller R, Perruchoud AP. Sapaldia team. Lung function in healthy never smoking adults: reference values and lower limits of normal of a Swiss population. Thorax 1996;51:277–283.

     


    14.          Maternal smoking during pregnancy. Effects on lung function during the first 18 months of life. Tager IB, Ngo L, Hanrahan JP. Am J Respir Crit Care Med. 1995 Sep; 152(3):977-83.

     


    15.          The influence of a family history of asthma and parental smoking on airway responsiveness in early infancy. Young S, Le Souëf PN, Geelhoed GC, Stick SM, Turner KJ, Landau LI. N Engl J Med. 1991 Apr 25; 324(17):1168-73

     


    16.          Health effects of passive smoking-10: Summary of effects of parental smoking on the respiratory health of children and implications for research. Cook DG, Strachan DP. Thorax, 1999 Apr; 54(4): 357-66.

     


    17.          A longitudinal study of the effects of parental smoking on pulmonary function in children 6-18 years. Wang X, Wypij D, Gold DR, Speizer FE, Ware JH, Ferris BG Jr, Dockery DW. Am J Respir Crit Care Med. 1994 Jun; 149(6):1420-5.

     


    18.          The natural history of forced expiratory volumes. Effect of cigarette smoking and respiratory symptoms. Tager IB, Segal MR, Speizer FE, Weiss ST. Am Rev Respir Dis. 1988 Oct; 138(4):837-49.

     


    19.          Distribution of forced expiratory volume in one second and forced vital capacity in healthy, white, adult never-smokers in six U.S. cities. Dockery DW, Ware JH, Ferris BG Jr, Glicksberg DS, Fay ME, Spiro A 3rd, Speizer FE. Am Rev Respir Dis. 1985 Apr; 131(4):511-20

     


    20.          Blue-collar normative spirometric values for Caucasian and African-American men and women aged 18 to 65. Glindmeyer HW, Lefante JJ, McColloster C, Jones RN, Weill H. Am J Respir Crit Care Med. 1995 Feb; 151(2 Pt 1):412-22.

     


    21.          Changes in Forced Expiratory Volume in 1 Second over Time in COPD. The New England Journal of Medicine. 2011, september 29; 365: 1184-1192. Jorgen Vestbo,  Lisa D.Edwards… Rennard, MD et al, for the ECLIPSE investigators.

     


    22.          5. Jakes RW, Day NE, Patel B, Khaw KT, Oakes S, Luben R, Welch A, Bingham S, Wareham NJ. Physical inactivity is associated with lower forced expiratory volume in 1 second: European Prospective Investigation into Cancer-Norfolk Prospective Population Study. Am J Epidemiol 2002;156:139–147

     


    23.          Pelkonen M, Notkola IL, Lakka T, Tukiainen HO, Kivinen P, Nissinen A. Delaying decline in pulmonary function with physical activity: a 25-year follow-up. Am J Respir Crit Care Med2003;168:494–499.

     


    24.          Cheng YJ, Macera CA, Addy CL, Sy FS, Wieland D, Blair SN. Effects of physical activity on exercise tests and respiratory function. Br J Sports Med 2003;37:521–528.

     


    25.          Regular Physical Activity Modifies Smoking-related Lung Function Decline and Reduces Risk of Chronic Obstructive Pulmonary Disease. A Population-based Cohort Study. Judith Garcia-Aymerich , Peter Lange , Marta Benet 1, Peter Schnohr , and Josep M Antó. American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine. Vol. 175, No. 5 | Mar 01, 2007

     


    26.          Das UN. Anti-inflammatory nature of exercise. Nutrition 2004; 20:323-326

     

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

     

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

     

     

     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

     

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

     

     

     

    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

     

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

     

    Actividad física y asma

     

     

     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

     

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

     

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     

     

     

    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     

     

     

    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     

     

     

    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     

     

     

    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     

     

     

    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     

     

     

    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

     

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     

     

     

    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     

     

     

    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     

     

     

    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     

     

     

    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     

     

     

    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     

     

     

    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     

     

     

    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     

     

     

    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     

     

     

    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     

     

     

    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     

     

     

    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     

     

     

    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     

     

     

    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     

     

     

     

    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

     

    Apuntes finales

     

     

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     

     

     

    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     

     

    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

     

     

     

     Dr. Félix Martín Santos

     

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     

     

     

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    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

     

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  • 06/06/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Consumo regular de café e hipertensión arterial: Rompamos un dogma

    Hallazgos científicos recientes están revelando que el consumo regular de café no se asocia con un aumento del riesgo de hipertensión arterial, sino al contrario, tiende a reducirlo, lo que unido a un manifiesto efecto cardiovascular protector, con disminución tanto de la tasa de muerte  específica por procesos cardiovasculares, cuanto del riesgo de desarrollarlos (prevención primaria), hacen muy aconsejable su ingesta regular, unas 4 a 5 tazas diarias.


    En las siguientes líneas vamos a conceptuar y a valorar la importancia de la hipertensión arterial.

     

    Concepto de hipertensión arterial


    Según la guía de manejo de hipertensión arterial de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) y de la Sociedad Europea de Hipertensión(ESH), publicada en agosto del 2018 en European Heart Journal, se considera que una persona tiene hipertensión arterial cuando su presión arterial sistólica es igual o superior a 140 mmHg o/y su presión arterial diastólica es igual o superior a 90 mmHg, (1). Esto es, mantiene la misma definición que en guías precedentes (2) a pesar de que en noviembre del 2017, la guía americana redujera sensiblemente tales cifras, pues consideró hipertensas a las personas con cifras> 130/80 mmHg (3) lo que suscitó el subsiguiente debate.

     

     

    Importancia de la hipertensión arterial

     

    La hipertensión arterial es una enfermedad muy importante porque es muy frecuente, comporta una alta gravedad y mortalidad, por ser un gran factor de riesgo de procesos cardiovasculares (coronariopatías e ictus, entre otros) y por causar directamente procesos en ciertos órganos dianas (retina, corazón, riñón y vasos sanguíneos), además de comportar un extraordinario coste directo e indirecto.

     


    Según el riguroso y fiable estudio Di@bet.es, la prevalencia de hipertensión arterial en España es muy alta,  pues la sufren el 42,6% de la población adulta  de edad ≥ 18 años, más los varones (49,9%) que las mujeres (37,1%). Además se observó un notable infradiagnóstico, dado que el 37,4% de los hipertensos aún no lo saben.

     


    En este estudio también llamó la atención la gran prevalencia de hipertensión arterial entre los prediabéticos (67,9%) y diabéticos (79,4%), muchos con sobrepeso u obesidad, de forma que estos reconocidos factores de riesgo cardiovascular parecen aliarse para incrementar el riesgo y muerte por infartos de miocardio e ictus.

     


    Otro hallazgo de este excelente estudio epidemiológico fue que el grado de control de hipertensión arterial deja mucho que desear, pues sólo el 30% de los hipertensos están bien controlados. Por todo ello, consideran crucial desarrollar y promocionar campañas poblacionales de prevención, detección y tratamiento de la hipertensión arterial.

     


    A continuación, vamos a efectuar un recorrido por los estudios científicos más relevantes que han estudiado la asociación entre el consumo regular de café y el riesgo de hipertensión arterial.

     

     

    Consumo regular de cafeína y riesgo de hipertensión arterial en mujeres

     

    Empezaremos con un notable estudio prospectivo, el efectuado por miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, publicado en noviembre del 2005 (JAMA), en el que, tras estudiar a 155 594 enfermeras, durante 12 años, comprobaron que el consumo regular de café no se asociaba con un incremento del riesgo de hipertensión arterial, sin embargo, las bebidas con cola, azucarada o no, lo aumentaban significativamente.

     

     

    Juan Manuel Pérez Sánchez,  barista de Madness coffee Roaster. Alicante.

     

     

    Revisión y metaanálisis de estudios observacionales y experimentales


     
    En diciembre del 2012 se publicó en Journal of Hypertension una revisión exhaustiva y metaanálisis de estudios de cohorte y experimentales que habían versado sobre el tema. Tras analizar 610 estudios epidemiológicos, seleccionaron 15, los que reunían los estrictos criterios de calidad y rigor científica establecidos, 10 experimentales y 5 de cohorte o prospectivos.

     


    Pues bien, los responsables de esta investigación, Steffen y colegas, de la prestigiosa Clínica Mayo, de Rochester, Minnesota (USA), no hallaron ninguna asociación estadísticamente significativa entre el consumo de café y el riesgo de hipertensión arterial, por lo que concluyeron su estudio afirmando: “Dada la calidad de la evidencia actualmente disponible, no se puede hacer una recomendación a favor o en contra del consumo de café en relación con la presión arterial y la hipertensión”. (6)

     

     

    Repercusión de este metaanálisis en la Guía Europea de Manejo de Hipertensión arterial del 2013

     

    Las conclusiones de este análisis de miembros de la citada Clínica Mayo fueron tenidas en cuenta en la elaboración de la Guía de Manejo de Hipertensión del año siguiente, pues al llegar al apartado de estilos de vida deseables, tanto para prevenir la hipertensión cuanto para tratarla, dejó de considerarse al café como un factor de riesgo, pues prácticamente transcribieron la misma afirmación de Steffen y colegas, antes mencionada. (2)

     

     

    Metaanálisis dosis-respuesta multinacional

     

    En agosto del 2017 se publicó en Nutrients un excelente metaanálisis dosis-respuesta de estudios observacionales, de carácter multinacional, pues participaron investigadores polacos, estadounidenses, italianos y españoles.

     


    Tras analizar los estudios epidemiológicos observacionales de carácter prospectivo más rigurosos, publicados hasta noviembre del 2016, seleccionaron 7 cohortes, que incluyeron 205.349 individuos y 44.120 casos de hipertensión. En el análisis no lineal, hubo una disminución significativa en el riesgo de hipertensión, un 9%  por siete tazas de café al día, mientras que, en la asociación lineal de dosis y respuesta, hubo una disminución del 1% en el riesgo de hipertensión por cada taza adicional de café por día.

     


    Estos resultados sorprendieron porque, por primera vez, el consumo de café pasó de exhibir un efecto neutro, según estudios anteriores, a un verdadero efecto protector de hipertensión arterial. Algo impensable hasta entonces.

     


    Cuando se procedió a analizar diversos subgrupos y variables de confusión, observaron que el tabaquismo activo debilitaba estos resultados, pues atenuaba el efecto protector del café sobre el lecho arterial. Dado que una parte importante de los bebedores habituales de café suelen ser también grandes fumadores, resulta crucial controlar bien esta variable de confusión, pues si no, puede falsear los resultados.

     


    También llamó la atención que los resultados más boyantes se obtuvieron en mujeres y en los estudios de EEUU, de duración y seguimientos mayores.

     


    Los responsables de este estudio atribuyeron los mayores beneficios del café en mujeres al hecho de que eran menos fumadoras que los varones.

     


    Una limitación en los artículos incluidos en este estudio es la falta de información sobre el tipo de café usado (por ejemplo, hervido, filtrado, etc.) y sobre la cantidad real de café usado en una taza. El tipo de café consumido por las cohortes de EE. UU podría ser diferente a la de los estudios europeos, al igual que la cantidad de café contenido en cada taza.

     


    Sin embargo, en comparación con los metaanálisis anteriores, este estudio incluyó una muestra más grande (39.078 individuos adicionales y 8.257 casos incidentes más de hipertensión), un análisis de dosis-respuesta y pruebas para controlar posibles factores de confusión.

     


    Sergio Gómez Jiménez,  responsable de formación Barista de cafés El Abra, grupo Iparcoffee

     

     

    Metaanálisis dosis-respuesta (café-hipertensión arterial) de estudios prospectivos de autores italianos


     
    En diciembre del 2017, se publicó en European Journal of Nutrition otro metaanálisis de estudios prospectivos que tuvo por objetivo evaluar una posible asociación entre el consumo regular de café y el riesgo de hipertensión, con resultados francamente favorables para los amantes del café. (7)

     


    Lanfranco D’Elia y colegas, de la universidad de Nápoles, tras seleccionar cuatro estudios de cohorte, que aportaron 196.256 participantes de los que 41.184 fueron diagnosticados de hipertensión arterial durante el seguimiento, comprobaron que el consumo diario de una a dos tazas de café no se asociaba con un aumento del riesgo de hipertensión arterial. Además, se halló un efecto protector del café a partir de la ingesta de tres tazas diarias (RR = 0,97, IC del 95% = 0,94 a 0,99).

     

     

    Otro metaanálisis dosis-respuesta de estudios prospectivos (autoría china)

     

    En enero del 2018 se publicó otra revisión exhaustiva y metaanálisis dosis-respuesta de estudios de cohorte. (8)

     


    Los autores, Chen Xie y colegas, seleccionaron 10 estudios (de PubMed y Embase), que incluyeron 243.869 individuos y 58.094 casos incidentes de hipertensión arterial.

     


    Tras el correspondiente análisis, observaron que el consumo regular de café se asocia inversamente con el riesgo de hipertensión, también con una evidente relación dosis-respuesta: un 2% de reducción del riesgo con cada taza adicional de café consumido (RR: 0,98; IC 95%: 0,95-0,99). Esto es, un 3% para dos tazas [0.97 (95% CI 0.95–0.99)]; un 5% de disminución cuando se consumen 4 tazas diarias de café [ 0.95 (95% CI 0.91–0.99)]; un 8% de reducción con 6 tazas [ 0.92 (95% CI 0.87–0.98)]; y un 10%, con 8 tazas bebidas diariamente [ 0.90 (95% CI 0.83–0.97)].

     


    De nuevo, mostramos otra revisión de estudios prospectivos que no sólo no aprecia un aumento del riesgo de hipertensión arterial por consumir café, sino una verdadera reducción o, al menos, una asociación inversa, dosis-respuesta, o sea, un mayor consumo de café se asocia con un menor riesgo de hipertensión.

     

     

    Estudio prospectivo de autoría española


    En diciembre del 2017 se publicó en Clinical Nutrition, revista oficial de la sociedad Europea de Metabolismo y Nutrición clínica, el primer estudio prospectivo sobre la relación entre el consumo regular de café y la hipertensión arterial efectuado en una población mediterránea, de edad media, la correspondiente a la cohorte SUN (Seguimiento Universidad de Navarra), constituida por graduados universitarios. (9)

     


    Los autores del estudio, liderados por Miguel Ángel Martínez-González, estudiaron a 13.374 personas durante 9 años, al cabo de los cuales observaron que el consumo de café con o sin cafeína no se asoció significativamente con un aumento del riesgo de hipertensión arterial entre los 1575 participantes que  se tornaron hipertensos durante el tiempo de seguimiento. 

     


    Estos investigadores observaron un efecto protector del café sólo entre las mujeres,  dado que las que consumían dos o más tazas diarias de café se beneficiaban con una reducción del 26%  del riesgo de hipertensión versus las que no lo consumían, hallazgo ya observado en algún estudio previo. (10)

     


    Aunque lo más sorprendente de este estudio fue apreciar una mayor reducción del riesgo de hipertensión arterial entre las que se adherían menos a la Dieta Mediterránea: 42% de disminución (HR ≥ 2 tazas diarias versus ninguna: 0.58, 95% CI (0.41–0.82).

     


    Alfonso Aguado, formador Barista de cafés Templo, enseñando a "latte art"

     

     

    ¿Cómo es que otros estudios revelaron una asociación entre café e hipertensión arterial?


    Aunque algún añejo metaanálisis de estudios experimentales de corta duración (de 1 a 12 semanas) ha apreciado que el consumo de altas dosis de cafeína (≥410 mg/día) podría elevar las cifras de presión arterial (2,04 mmHg de presión sistólica y 0,73 mmHg de diatólica), cuando el evaluado era el café (5 tazas diarias) se diluía o minimizaba la elevación de la presión arterial (1,22 mmHg de presión sistólica y 0,49 de diastólica),  con respecto al consumo de café descafeinado o al no consumo. (11) Ya entonces (2005) sospecharon que en la composición del café existían otros compuestos químicos que parecían neutralizar el efecto hipertensivo de la cafeína.

     


    Sin embargo, no existen estudios experimentales prospectivos prolongados, de años de seguimiento, que corroboren tal hecho.

     


    En cambio, sí existen bastantes estudios observacionales prospectivos de larga duración y metaanálisis de los mismos que aprecian un efecto neutro o incluso protector del café, con reducción dosis-respuesta del riesgo de hipertensión arterial, como hemos visto en este contenido. Son muy pocos los estudios, relativamente recientes, que no sean concordantes con este hecho, (12) casi siempre en evaluaciones de corta duración.

     

     

     

    ¿Por qué el consumo regular de café no parece aumentar el riesgo de hipertensión arterial y sí ejercer un efecto protector?

     

    Pues la riqueza del café en compuestos fenólicos se ha considerado el principal factor responsable de los efectos beneficiosos sobre la presión arterial mencionados anteriormente (13). Los compuestos más estudiados son los ácidos clorogénicos, incluidos los metabolitos del ácido ferúlico, el ácido cafeico y el ácido quínico, que se ha informado que ejercen efectos antihipertensivos en estudios experimentales (14).

     


    Los principales mecanismos de acción se basan en la actividad antioxidante del ácido clorogénico, a través de su inhibición de la expresión y actividad de la NAD (P) H oxidasa y mediante la eliminación directa de los radicales libres (15).

     


    Además, se ha revelado que el ácido clorogénico estimula la producción de óxido nítrico por las células endoteliales, o sea, las de la íntima arterial, lo que sugiere que la integridad vascular, en particular el endotelio intacto, es esencial para que aquél exhiba un efecto reductor de la presión arterial (16,17).

     


    El hecho de que el ácido clorogénico sea capaz de incrementar la biodisponibilidad del óxido nítrico y de reducir el estrés oxidativo parece ser decisivo para inhibir la proliferación de músculo liso de los vasos sanguíneos y, por ende,  mitigar el engrosamiento y rigidez pared arterial, propio de la arteriosclerosis, así como a reducir la actividad de la enzima convertidora de angiotensina (ECA) que, al bloquear al sistema renina-angiotensina-aldosterona, conseguiría reducir las cifras de presión arterial. (18-20). Precisamente, desde hace décadas empleamos fármacos para controlar la presión arterial, merced a su capacidad de inhibir a la citada enzima conversora de la angiotensina (IECA).

     


    Por otra parte, la gran presencia en el café de minerales y vitaminas  capaces de reducir las cifras de presión arterial, como el potasio, el magnesio, la vitamina E y la niacina,  se sumaría al efecto favorable de sus polifenoles. (13 y 21)

     

     

     

    ¿Qué aconseja la actual guía europea de manejo de hipertensión arterial (2018)?

     

    En el apartado de cambios de estilos de vida para la prevención y tratamiento de la hipertensión arterial, al llegar al punto del café refieren textualmente: “Aunque la cafeína ha mostrado que tiene un efecto presor agudo, el consumo de café, en cambio, se asocia con beneficios cardiovasculares, como se desprende de una revisión sistemática de estudios de cohorte prospectivo, que incluyó más de 1 millón de participantes y 36.352 eventos cardiovasculares”. (1)

     


    Pero ¿a qué revisión se refieren? Pues a la que se publicó en Circulation, en febrero del 2014,  efectuada conjuntamente por miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard e investigadores de la Universidad Nacional de Singapur. (22)  

     


    Los autores de esta investigación, tras revisar 36 estudios de cohorte,  con una gran muestra de participantes (1 283 685), comprobaron que el consumo moderado de café se asoció con una reducción del riesgo de procesos cardiovasculares e ictus: un 15% con 3 a 5 tazas al día (RR: 0,85 IC 95%: 0,80-090); un 11% para un consumo medio de 1,5 tazas/día. Sin embargo esta asociación inversa no es lineal, pues con 6 o más tazas de café diarias no se observó descenso del riesgo, aunque tampoco aumentó.

     

     

    Más estudios que han revelado un efecto saludable del café, global y cardiovascular

     

    No obstante, después de esta revisión y metaanálisis referido en la actual guía europea de hipertensión arterial, se han publicado más estudios prospectivos y metaanálisis que han comprobado un relevante efecto cardiovascular del  café. Veámoslos.

     

     

    Estudios publicados durante el año 2015

     

    Durante el año 2015 se publicaron tres estudios prospectivos que revelaron una asociación entre el consumo habitual de café y una reducción de la tasa de muerte total y específica: en el primero (23) se observó, tras estudiar a 90.917 japoneses (40 a 69 años) durante 18 años,  una reducción del 24% de la tasa de mortalidad total (por 3-4 tazas diarias), así como una disminución del 36% y 43%  de la tasa de muerte por procesos cardiovasculares e ictus, respectivamente;  en el segundo estudio, (24) llevado a cabo por miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, también apreciaron,  tras estudiar durante 30 años a 168. 000 enfermeras y 40. 557 profesionales de la salud masculinos ,una asociación dosis-respuesta entre el consumo de café y una reducción de la tasa de muerte total y específica por procesos cardiovasculares, entre otras enfermedades crónicas, que osciló de un 8% con una taza diaria hasta un 15% con el consumo de 3 a 5 tazas de café al día;  finalmente, el tercer estudio, realizado por miembros del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU, también dejó en muy buen lugar al café, pues tras estudiar durante 9 años a 90.317 adultos norteamericanos, revelaron una asociación inversa dosis-respuesta entre el consumo de café y la reducción de las tasas de muerte por todas las causas  y la específica por enfermedades cardiovasculares, que fue máxima con el consumo diario de 4 a 5 tazas diarias de café, un 21% de reducción tasa de muerte total. (25)

     


    En estos estudios el beneficio observado se vio tanto con el consumo con café entero como con el descafeinado.

     

     

    Jaime Alejos. Barista, campeón de España de cata 2019 por la SCA (Specialty Coffee Association), en el momento de latte art.

     

     

    Estudios prospectivos publicados el 11 de julio del 2017


     
    Luego, hay que pasar al año 2017 para ver otros dos grandes estudios prospectivos, publicados el mismo día, 11 de julio, en la misma revista científica (Annals of Internal Medicine), que también revelaron una asociación entre el consumo regular de café y una reducción de la tasa de muerte total y específica: uno, (26) el correspondiente a la Cohorte Multiétnica de EEUU; el otro, fue un estudio europeo multinacional, el EPIC (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition). (27)

     


    El primero mostró, tras estudiar a 185.855 personas de orígenes distintos (afroamericanos, nativos de Hawai, americanos de origen japonés, latinos), durante 19 años, que los consumidores habituales de café, con respecto a los que nunca lo consumen, se beneficiaban con una significativa reducción del riesgo de muerte total, de carácter lineal, que osciló entre un 12% entre los que bebían una taza al día, hasta el 18% de los que bebían diariamente de dos a tres tazas (HR: 0,82; IC  0,79 a 0,86). Los que bebían más de cuatro tazas al día también experimentaron una reducción del 18% de la tasa de muerte total.

     

     

     

    En cuanto a la mortalidad específica por causa, se comprobó que los bebedores de café, con respecto a los no bebedores, tenían menores tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares, respiratorias, ictus, diabetes, enfermedad renal y cáncer.

     


    En el segundo estudio, el EPIC, (27) estudiaron una muestra de algo más de medio millón de personas (521.330), pertenecientes a 10 países europeos, incluyendo España, durante 16 años, al cabo de los cuales apreciaron que los varones que bebían tres o más tazas de café al día (cuartil más alto), con respecto a los no bebedores, experimentaban reducciones de un 18% del riesgo de muerte por todas las causas (HR: 0,82; IC 95%; 0,76 a 0,89), mientras que las mujeres que bebían similares cantidades experimentaban una reducción del 8% de la mortalidad total (HR: 0,92; IC 95%, 0,87 a 0,98), con respecto a las no consumidoras.

     


    El consumo habitual de café también se asoció inversamente con la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, especialmente en las mujeres, que se beneficiaron de una significativa reducción del riesgo de muerte por ictus: 30 % (HR: 0,70; IC 95% 0,55 a 0,90).

     

     

    Estudios prospectivos publicados durante el 2018: uno británico (BIOBANK) y dos españoles


    En agosto del 2018 se  publicó en JAMA Internal Medicine, el fruto de una investigación británica (BIOBANK) que tuvo el gran mérito de ser la primera que analizó las variantes genéticas (polimorfismos genéticos) responsables de una mayor o menor metabolización hepática de la cafeína. (28)

     


    Tras evaluar a casi medio millón de personas (498.134), durante 10 años,  volvieron a observar  una asociación entre el consumo regular de café y una reducción de la tasa de muerte por todas las causas, que osciló desde un 8% en los bebedores de una taza diaria hasta un 16% en los que bebían 6 a 7 tazas diarias. Además, los grandes consumidores de café, 8 ó más tazas diarias, también se beneficiaron con una reducción significativa de la tasa de muerte: un 14%. Por otra parte, estos buenos resultados no se alteraron en las personas que metabolizaban la cafeína más lenta o más rápidamente. Finalmente, los bebedores de café descafeinado se beneficiaron de igual forma.

     


    El 23 de noviembre de 2018 se publicó en una revista de prestigio (The American Journal of Clinical Nutrition ) un excelente estudio prospectivo de autoría española, "El Seguimiento Universidad de Navarra (SUN)".

     


    Los responsables del mismo, Adela M. Navarro y colegas, investigadores del CIBEROBN, adscritos al grupo de medicina Preventiva de la Universidad de Navarra, volvieron a observar una mayor longevidad entre los bebedores regulares de café, tras estudiar a 20.000 voluntarios, graduados universitarios de toda España, durante 10 años.

     

    En esencia, apreciaron una reducción del 22% en la tasa de muerte por todas las causas entre los consumidores de 2 tazas diarias de café. Aunque los más gratificados fueron los que tenían 55 ó más años: 34% de disminución (HR: 0.67; 95% CI: 0.52, 0.86).

     


    Estos favorables resultados se obtuvieron tanto bebiendo café con cafeína como con descafeinado, incluso con el soluble.

     


    En julio del 2018 se publicó en European Journal of Nutrition, un buen estudio prospectivo español (EUREYE), liderado por L. Torres Collado y Jesús Vioque, que reveló una asociación entre el consumo regular de café y una reducción de la tasa específica por procesos cardiovasculares, tras controlar a 903 personas (511 mujeres), de más de 65 años de edad, durante 12 años:  un 18% para los que consumieron una o menos tazas diarias (HR 0.82 (95% CI 0.46–1.44) y de un 62% para los que bebían más de una taza diaria de café (HR 0.38 (0.15–0.96), con respecto a los no bebedores. (30)

     

     

    Metaanálisis de estudios prospectivos dosis-respuesta de autoría china (febrero 2019)

     

    En febrero del 2019 se publicó un metaanálisis de 21 estudios de cohorte, llevado a efecto por Q. Ly y colegas, que incluyó a más de 10 millones de personas (10 103 115 ) y 240. 303 muertes durante el seguimiento, que reveló una asociación entre el consumo habitual de café, tres tazas al día, y una reducción del 13% de la tasa de muerte por todas las causas  (RR = 0.87; IC 95%= 0.84–0.89). (31)

     

     

    Consumo de café y reducción de arteriosclerosis subclínica

     

    Al menos dos estudios epidemiológicos han revelado una asociación entre el consumo habitual de café y signos indicativos de arteriosclerosis subclínica, la que precede a la plenamente establecida, responsable de procesos isquémicos (angina e infarto): uno, (32) revelando una reducción de calcificación en las coronarias, mediante TAC, cifrado en un 41% en los bebedores de 3-4 tazas diarias verus no bebedores; el otro, observando un aumento de la velocidad de onda pulso arterial y de la elasticidad arterial n(The Corinthia study). (33)

     


    En fin, con este contenido he pretendido desmontar el dogma que atribuye al café un efecto hipertensor. Como hemos visto, el consumo regular de esta bebida universal en vez de elevar las cifras de presión arterial parece reducirlas, además de asociarse a una reducción de la tasa de muerte total y específica por procesos cardiovasculares, entre otras enfermedades crónicas.

     


    Antes de concluir este contenido me gustaría explicar un concepto más y referir un sueño personal.

     

     

    ¿Qué tal con cafés de especialidad preparados por baristas?

     

    Si estos boyantes resultados se han obtenido con cafés convencionales, me pregunto qué sucedería si los empleados y valorados fueran cafés de especialidad tostados y preparados por baristas.  Además de disfrutar de una delicadeza y exquisitez desconocida para el común de los mortales, posiblemente sus efectos saludables también serían mayores. Algo que habrá que demostrar alguna vez.

     

     

    Pero ¿qué es un café de especialidad?

     

    Los cafés de especialidad son los que obtienen una calificación superior a 80 puntos (en una escala de 100) mediante una Cata realizada por catadores certificados (Q Greader) por el Instituto Nacional del Café (Coffee Quality Institute).

     


    Estos cafés especiales ( variedad arabica) se distinguen por su exquisito sabor, su profundo y agradable aroma y por la ausencia de defectos. El proceso para obtenerlos es harto complejo, dado que deben optimizarse todas las fases de la producción: origen, recolección, secado, tueste y la preparación final.

     


    Cortesía de Paul Savulescu. Barista y tostador

     


    Según mi criterio, para conseguir tal optimización  es crucial que sean baristas los que tuesten y preparen el café,  los auténticos expertos del tema, certificados por la Sociedad de Cafés de Especialidad ( Specialty  Coffee Association: SCA), a los que califico como magos del café, verdaderos proveedores de salud porque con sus excelentes preparaciones de café contribuyen a incrementar nuestro nivel de salud.
     
    Uno de mis sueños es vivir la experiencia de cafetear, esto es, degustar exquisitos cafés de especialidad, preparados y servidos por baristas, distribuidos por las cafeterías de cualquier ciudad española, brindando con la taza (ristreto, espreso…) o en copa de vidrio (infusionados en cafeteras con filtro de papel, como la Chemex, la V 60 o la aeroprés) a la salud de todos.  A mi entender, ésta sería la mejor forma de alternar, pues incrementaría nuestra salud en su triple dimensión: física, mental y social.

     

     

    Bibliografía:

     


    1. Williams B, Mancia G, Spiering W, et al. 2018 ESC/ESH Guidelines for the management of arterial hypertension of the European Society of Cardiology (ESC) and the European Society of Hypertension (ESH). Eur Heart J. 2018. 39;3021-3104

     


    2. Mancia G, Fagard R, Narkiewicz K, et al. 2013 ESH/ESC Guidelines for the management of arterial hypertension: the Task Force for the Management of Arterial Hypertension of the European Society of Hypertension (ESH) and of the European Society of Cardiology (ESC). Eur Heart J. 2013;34:2159-1219.

     


    3. Whelton PK, Carey RM, Aronow WS, et al. 2017 ACC/AHA/AAPA/ABC/ACPM/AGS/ APhA/ASH/ASPC/NMA/PCNA Guideline for the Prevention, Detection, Evaluation, and Management of High Blood Pressure in Adults: A Report of the American College of Cardiology/American Heart Association Task Force on Clinical Practice Guidelines. Hypertension. 2018;71:e13-e115.

     

     

     

    4. EdelmiroMenéndez, ElíasDelgado, FranciscoFernández-Vega, Miguel A.Prieto, ElenaBordiú,AlfonsoCalle,RafaelCarmena, LuisCastaño, MiguelCatalá, JosepFranch, SoniaGaztambide, JuanGirbés, AlbertGoday, RamónGomis AlfonsoLópez-Alba María TeresaMartínez-Larrad InmaculadaMora-Peces EmilioOrtega… Prevalencia, diagnóstico, tratamiento y control de la hipertensión arterial en España. Resultados del estudio Di@bet.esPrevalence, Diagnosis, Treatment, and Control of Hypertension in Spain. Results of the Di@bet.es Study. Revista Española de Cardiología. Volume 69, Issue 6, June 2016, Pages 572-578

     


    5. Habitual Caffeine Intake and the Risk of Hypertension in Women. Wolfgang C. Winkelmayer, MD, ScD; Meir J. Stampfer, MD, DrPH; Walter C. Willett, MD, DrPH; et al Gary C. Curhan, MD, ScD. JAMA. 2005;294(18):2330-2335. doi:10.1001/jama.294.18.2330

     


    6. J Hypertens. 2012 Dec;30(12):2245-54. doi: 10.1097/HJH.0b013e3283588d73. The effect of coffee consumption on blood pressure and the development of hypertension: a systematic review and meta-analysis. Steffen M1, Kuhle C, Hensrud D, Erwin PJ, Murad MH.

     


    7. Lanfranco D’ Elia, Ferruccio Galletti, Luca Scalfi, Pascuale Strazzullo.  Coffe consumption and risk of hypertension: a dose-response meta-analysis of prospective studies. European Journal of Nutrition. February 2019, Volume 58, issue 1, pp 271-280.

     


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    12. Habitual coffee consumption and 24-h blood pressure control in  older adults with hypertension. Lopez-García, Orozco Arbeláez, León-Muñoz LM… Rodriguez Artalejo. Clin Nutr. 2016 Dec; 35(6) 1457-1463

     


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    24. Circulation. 2015 Dec 15;132(24):2305-15. doi: 10.1161/CIRCULATIONAHA.115.017341. Epub 2015 Nov 16. Association of Coffee Consumption With Total and Cause-Specific Mortality in 3 Large Prospective Cohorts. Ding M, Satija A, Bhupathiraju SN, Hu Y, Sun Q, Han J, Lopez-Garcia E, Willett W, van Dam RM1, Hu F

     


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    26. Association of coffee consumption with total and cause-specific mortality among nonwhite populations. Annals of Internal Medicine. 11 July 2017.  Ann Intern Med. 2017 Jul 11. Song-Yi Park, PhD; Neal D. Freedman, PhD; Christopher A. Haiman, ScD; Loïc Le Marchand, MD, PhD; Lynne R. Wilkens, DrPH; Veronica Wendy Setiawan, PhD

     


    27. Ann Intern Med. 2017 Jul 11. doi: 10.7326/M16-2945. Coffee Drinking and Mortality in 10 European Countries: A Multinational Cohort Study. Gunter MJ, Murphy N, Cross AJ, Dossus L, Dartois L, Fagherazzi G, Kaaks R, Kühn T, Boeing H, Aleksandrova K, Tjønneland A, Olsen A, Overvad K, Larsen SC, Redondo Cornejo ML, Agudo A, Sánchez Pérez MJ, Altzibar JM, Navarro C, Ardanaz E, Khaw KT, Butterworth A, Bradbury KE, Trichopoulou A, Lagiou P, Trichopoulos D, Palli D, Grioni S, Vineis P, Panico S, Tumino R, Bueno-de-Mesquita B, Siersema P, Leenders M, Beulens JWJ, Uiterwaal CU, Wallström P, Nilsson LM, Landberg R, Weiderpass E, Skeie G, Braaten T, Brennan P, Licaj I, Muller DC, Sinha R, Wareham N, Riboli E

     


    28. Association of Coffee Drinking With Mortality by Genetic Variation in Caffeine Metabolism Findings From the UK Biobank Erikka Loftfield, PhD; Marilyn C. Cornelis, PhD; Neil Caporaso, MD; et alKai Yu, PhD; Rashmi Sinha, PhD; Neal Freedman, PhD. JAMA Intern Med. 2018;178(8):1086-1097. doi:10.1001/jamainternmed.2018.2425

     


    29. Coffee consumption and total mortality in a Mediterranean prospective cohort Adela M Navarro Miguel Á Martinez-Gonzalez Alfredo Gea Giuseppe Grosso José M Martín-Moreno Esther Lopez-Garcia Nerea Martin-Calvo Estefanía Toledo The American Journal of Clinical Nutrition, Volume 108, Issue 5, 1 November 2018, Pages 1113–1120. 23 November 2018

     


    30. Coffee consumption and mortality from all causes of death, cardiovascular disease and cancer in an elderly Spanish population. July 2018. European Journal of Nutrition. L. Torres Collado , E. M. Navarrete-Muñoz, L. Notario-Barandiaran, S. Gonzalez-Palacios, O. Zurriaga, I. Melchor, Jesus Vioque

     


    31. Caffeinated and decaffeinated coffee consumption and risk of all‐cause mortality: a dose–response meta‐analysis of cohort studies. 20 february 2019, Journal of Human Nutrition and Dietetics.  Q. Ly, Y.Liu, X. Sun, Z. Yin, H. Li, C. Cheng, L. Liu, R. Zhang, F. Liu, Q. Zhou, C. Wang, L.Li, B. Wang, Y. Zhao, R. Zhang, D. Hu.

     


    32. Coffee consumption and coronary artery calcium in young and middle-ages asymtomatic adults. Yuni Choi et al. Heart March 2015

     


    33. Beneficial effect of coffee consumption on atherosclerosis: the Corinthia study. E. Oikonomou et al. Journal of the American College of Cardiology. Volume 71, issue 11, march 2018

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?
     


    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    -Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


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    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

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  • 07/03/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Prevención de Degeneración Macular Asociada a la Edad mediante actividad física aeróbica regula

    Es un consuelo pensar que podría reducirse el riesgo de sufrir la primera causa de ceguera a partir de los 55 años, la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), mediante la práctica de ejercicio físico regular, lo que, además, aumentaría la numerosa lista de efectos saludables inherentes a este estilo de vida modificable y accesible para el que quiera elevar su esperanza de vida en buena salud.


    Efectivamente, en los últimos años se han publicado una serie de estudios observacionales, transversales y prospectivos, que están revelando que la práctica regular de actividad física aeróbica ejerce una cierta capacidad preventiva de esta importante causa de ceguera, tanto de las formas precoces como de las más avanzadas (atrófica y exudativa o neovascular). Incluso algunos estudios epidemiológicos han mostrado que los que tienen formas precoces de DMAE, asintomáticas, tienden a progresar menos a las formas avanzadas cuando practican ejercicio físico.
     

    En el artículo del mes previo se conceptuó esta enfermedad y se analizaron los factores de riesgo y medidas preventivas de la misma, como el consumo de los variados alimentos que constituyen nuestra Dieta Mediterránea. Ahora, pues, veremos cómo huir del sedentarismo, moviendo nuestro esqueleto con primor puede contribuir a reducir este incapacitante proceso.

     

    El ciclismo como ejemplo de ejercicio aeróbico contribuye a reducir la tasa de muerte total y específica, además de reducir el riesgo de ceguera (DMAE)

     

     

    Estudios científicos que revelan un efecto protector y preventivo de DMAE mediante la practica regular de ejercicio físico

     

    En las siguientes líneas vamos a analizar los estudios epidemiológicos de mayor relieve que han mostrado una asociación entre la actividad física regular y una reducción del riesgo de desarrollar las formas precoces y avanzadas de DMAE, así como los que han evidenciado una reducción del riesgo de progresar de las primeras a las segundas.

     


    A. Ejemplo de estudios que revelan un efecto protector o preventivo de DMAE avanzada (exudativa)  por parte de la actividad física

     


    En diciembre del 2006 se publicó en una prestigiosa revista científica (British Journal of Optthalmology)  un artículo, firmado por miembros del Departamento de Oftalmología de la Universidad de Wisconsin (USA), en el que se apreció que la práctica regular de actividad física podría ejercer un efecto preventivo de DMAE exudativa. (1)

     


    Los autores del estudio, MD. Knudtson y colegas, establecieron como objetivo evaluar una posible asociación entre el ejercicio físico aeróbico y la incidencia acumulada de DMAE a lo largo de 15 años de seguimiento. Para ello, estudiaron una notable muestra de personas, 3874 hombres y mujeres, de 43 a 86 años de edad, perteneciente a un conocido estudio observacional de base poblacional (The Beaver Dam Eye Study).

     


    El estudio oftalmológico lo efectuaron al principio del estudio y, luego, cada cinco años. De esta forma pudieron diagnosticar fiablemente los diversos estadios de DMAE.

     


    La medición de la actividad física aeróbica se basó en las respuestas que dieron los participantes a un cuestionario específico, en el que valoraron tres tipos de ejercicio físico: paseos por la ciudad, bloques de casas recorridos diariamente (ninguno; de uno a cuatro bloques; de cinco a doce; y más de 12 bloques por día); pisos de escaleras ascendidos diariamente (ninguno, tres, de cuatro a seis, y más de seis); y sesiones semanales de ejercicio físico capaces de causar franca sudoración (una o más veces a la semana).

     


    De esta forma, consideraron que una persona era físicamente activa cuando practicaba semanalmente tres o más de estos modelos de ejercicio físico (con o sin sudoración). En cambio, se la calificaba como sedentaria cuando efectuaba menos de tres sesiones semanales de las citadas.

     


    Pues bien, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión logística con control de variables de confusión), comprobaron que los que practicaban ejercicio regular se beneficiaban con una reducción significativa del riesgo de desarrollar la forma más grave de DMAE, la exudativa: una disminución del 30% por parte de los que pasearon más (bloques de casas) y de un 70% de los que sudaron  tres o más veces por semana, por esforzarse más intensamente (RR: 0,7, IC 95% de 0,6 a 0,97).

     


    Sin embargo, en este estudio no se observó una disminución del riesgo de desarrollar los otros tipos de esta gran causa de ceguera (evaluaron la DMAE precoz y la atrófica).

      

    En mayo del 2015 se publicó un estudio transversal en la correspondiente revista científica (PLoS One) que también reveló una asociación entre las formas severas y avanzadas de DMAE con una escasa actividad física tanto ligera como moderada y vigorosa. (3)

     


    Los autores del estudio (Loprinzi y colegas) contaron con la participación de 1656 adultos de 40 a 85 años, pertenecientes a un conocido estudio norteamericano (National Health and Nutrition Examination Survey), a los que se les sometió a un exhaustivo estudio oftalmológico con objeto de identificar y clasificar la DMAE en diversos grados: inexistente, precoz y severa o avanzada. Por otra parte, el grado de actividad física fue evaluado mediante el empleo de un acelerómetro durante siete días.

     


    Tras aplicar el adecuado aparato estadístico, comprobaron que los participantes que sufrían formas avanzadas de DMAE efectuaban un 50% menos de ejercicio físico moderado y vigoroso no sólo con respecto a los que no padecían esta enfermedad, sino también cuando se los comparaba con los que padecían formas precoces.

     


    B. Ejercicio físico regular capaz de frenar la progresión de formas precoces de DMAE hasta las temibles formas avanzadas

     


    En junio del 2003 se publicó en una revista científica de mérito (Arch Ophthalmol) un estudio prospectivo  que mostró que si las personas que tenían formas más leves de DMAE, como las precoces e intermedias, practicaran actividad física aeróbica podrían frenar su progresión hasta las formas avanzadas.

     


    En realidad, lo que inicialmente se propusieron los responsables del estudio (Seddon y colegas) fue conocer tanto los factores que incrementan el riesgo de progresión a las formas más severas de DMAE (la geográfica y la exudativa) cuanto los que frenan y evitan tal progresión.

     


    Para ello, estudiaron a 261 pacientes diagnosticados de formas iniciales de DMAE (precoz e intermedia), de 60 o más años de edad, durante una media de 4,6 años de seguimiento.

     


    De esta manera, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión proporcional de Cox) observaron que los participantes que practicaban  actividad física vigorosa (tres sesiones semanales) se beneficiaban con una reducción del 25% del riesgo  de progresión a las formas atrófica y neovascular o exudativa.

     


    Por otra parte, los factores que más contribuyeron a acelerar la evolución a las formas graves de DMAE fueron el sobrepeso (Índice de Masa Corporal-IMC- entre 25 y 29  kg/m2), la obesidad global (IMC superior a 30 kg/ m2) y la obesidad centrípeta (cuando la cintura abdominal es superior a 102 cm, en los varones, y  a 88 cm, en las mujeres). En todos estos casos el riesgo de progresión era más del doble que el de las personas con un peso y cintura abdominal normales.

     


    “Nuestros resultados aportan nueva información con respecto a  factores de riesgo, modificables epidemiológicamente, de progresión desde  formas iniciales de DMAE, precoz e intermedia, hasta las más avanzadas. Así, la obesidad global y la centrípeta incrementan el riesgo de progresión a las formas severas de esta enfermedad, en tanto que la actividad física tiende a reducir el riesgo. Estas medidas preventivas deben privilegiarse y servir de estímulo para potenciar la investigación sobre el tema”, concluyeron los responsables del estudio.
     

     

     

    Pasear por el margen izquierdo del río Arlanza, con la ermita de San Pelayo como testigo, eleva poderosamente el nivel de salud.

     

     

     

    C. La actividad física aerobica reduce el riesgo de desarrollar formas precoces de DMAE

     


    En abril del 2011 se publicó en una revista médica de gran rigor científico (Arch. Ophthalmol.) un estudio transversal que reveló que un modelo dietético saludable, del estilo de la DM, y la práctica regular de actividad física aeróbica se asociaban con una menor proporción de prevalencia de DMAE incipiente (la precoz e intermedia actuales). (4)

     


    Los responsables del trabajo (Mare y colegas, pertenecientes a las Universidades de Wisconsin (Madison) e Iowa y  al Centro Kaiser de Investigación en Salud (Portland), evaluaron a 1.313 mujeres, de 55 a 74 años de edad, incluidas en el Estudio de Carotenoides y Enfermedad Ocular en Relación con la Edad (CAREDS: Carotenoids in Age-Related Eye Disease Study), subsidiario de otro gran estudio norteamericano (Women's Health Initiative Observational Study).

     


    Evaluaron el modelo dietético mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos estandarizado en tanto que para evaluar la severidad de la DMAE utilizaron fotografías estereoscópicas del fondo del ojo, efectuadas desde seis años antes.

     


    El grado y tipo de actividad física (total y recreativa) realizada por las mujeres de esta muestra se obtuvo valorando las respuestas que dieron a las preguntas de un cuestionario, previamente validado. Así, pues, se recabó información sobre el ejercicio físico efectuado en labores domésticas, en el medio laboral, y en actividades lúdicas como pasear o ejercicio de más enjundia como el efectuado en actividades moderadas, intensas y agotadoras. Luego, se procedió a calcular el gasto energético ( METs) consumido durante tales esfuerzos físicos, estimando la intensidad de la actividad física efectuada, como sigue: durante una hora de actividad física agotadora se consumen 7 METs; una hora de actividad moderada o pasear a un ritmo muy vivo conlleva un gasto de 4 a 4,5 METs; y una hora de intensidad ligera o caminar a paso lento comporta un consumo de 3 METs.

     


    De esta forma, comprobaron que las mujeres que practicaban más actividad física aeróbica (quintil más alto) tenían un 54% menos de riesgo de DMAE precoz, con respecto a las que hacían menos ejercicio.

     


    Además, estos investigadores mostraron que las mujeres que seguían más fielmente la dieta saludable (quintil más alto) se beneficiaban con una reducción del 46% del riesgo de desarrollar la DMAE precoz (OR: 0,54; IC 95%: 0,33 a 0,88), con respecto a las que la consumían menos (quintil más bajo).

     


    La actividad física aeróbica podría reducir el riesgo de la primera causa de ceguera a partir de los 55 años: La Degeneración Macular Asociada a la Edad

     


    D. Resultados obtenidos en los Estudios Nacionales en Corredores y en Paseadores (EEUU)

     


    Paul T. Williams y Paul D. Thompson, pertenecientes a la División de Ciencias Biológicas del Laboratorio Nacional de Berkeley y del departamento de Cardiología del Hospital de Hartford  están publicando en los últimos años una serie de artículos que revelan el efecto preventivo de diversas enfermedades mediante las actividad física aeróbica. Para ello, se están valiendo de los resultados obtenidos en dos extraordinarias muestras de personas: las 33.060 personas del Segundo Estudio Nacional de Salud en Corredores (The National Runner´s Health Study II) y las 15.945 del Estudio Nacional de Salud en Andadores (National Walker´s Health Study), a las que están evaluando desde hace más de dos décadas. De esta forma, han demostrado los grandes beneficios cardiovasculares, antitumorales y neuroprotectores  que se desprenden de la citada actividad física aeróbica, entre otros efectos saludables, lo que les ha permitido publicar numerosos trabajos científicos en revistas médicas de renombrado prestigio. (5-16)

     


    Con respecto a la  DMAE, Williams fue el responsable de un trabajo publicado en enero del 2009 en una revista especializada en el tema (Invest Ophtalmol Vis Sci). Se trata de un estudio prospectivo cuyo objetivo principal fue evaluar si la actividad física vigorosa era realmente capaz de reducir el riesgo de desarrollar esta gran causa de ceguera. (17)

     


    Para ello, contó con la participación de un gran número de  corredores (runners): 29.532 varones y 12.176 mujeres. Tras  7,7 años de seguimiento, 110 hombres y 42 mujeres refirieron que habían sido diagnosticadas de DMAE, aunque no especificaron el grado de afección, esto es, no mencionaron si padecían formas precoces, intermedias o avanzadas. Tras aplicar el correspondiente aparato estadístico comprobaron  que una actividad física realmente vigorosa se asociaba con una notable reducción del riesgo de DMAE (controlando las variables de confusión más importantes en este proceso: edad, sexo, tabaquismo y dieta).

     


    Concretamente, comprobaron que a medida que los participantes incrementaban el número de kilómetros que corrían diariamente, descendía proporcionalmente el riesgo de DMAE, con respecto a los que corrían menos de dos kilómetros al día: un 19% de reducción del riesgo para los que corrían diariamente de dos a cuatro kilómetros; una disminución del 42% para los que corrían más de cuatro kilómetros diarios; un 54% para los que corrían más de ocho kilómetros al día.

     


    Al final del trabajo, Williams puntualiza que los corredores menos activos de esta muestra, los que corrían menos de dos kilómetros al día, consumían prácticamente la misma energía que  los que paseaban a ritmo vivo durante treinta minutos, cinco días a la semana, lo que corresponde al nivel de actividad física recomendada en las guías internacionales (Sociedad Americana de Cardiología, Colegio Americano de Medicina Deportiva, OMS, Centro de Control de Enfermedades de Atlanta). (18-19)

     


    Esta puntualización no es baladí, dado que la reducción del riesgo de desarrollar DMAE es de un 19% para los que semanalmente se ejercitan el doble de lo recomendado en las guías, y de un 42% para los que  efectúan tres veces más de ejercicio que el aconsejado en las citadas guías.

     


    Aunque el mínimo de ejercicio recomendado en las guías (150 minutos de actividad moderada como pasear rápido o 75 minutos de actividad vigorosa como correr o nadar), comporta relevantes efectos saludables con respecto a las conductas sedentarias, el trabajo de Williams revela que para conseguir reducciones significativas del riesgo de DMAE es preciso practicar más ejercicio que el aconsejado. Ya antes, demostró que este mayor nivel de actividad física aeróbica conseguía reducir el riesgo de cataratas ,11 diabetes e hipertension,12 hipertrofia prostática, 20 ictus,15 entre otros procesos.

     


    E. Revisión exhaustiva y metaanálisis
     
    En agosto del 2017 se publicó en una revista médica de EEUU (Am. J. Ophthalmol.) una revision de la literatura y metaanálisis de los estudios epidemiológicos, publicados hasta mayo del 2015. que analizaron una posible   asociación entre la actividad física aeróbica y la Degeneración Macular Asociada a la Edad, Para ello, investigaron en fuentes de datos electrónicas (Medline, EMBASE, Google Scholar), además de contactar con los autores responsables de tales estudios, a fin de obtener información adicional. (21)

     


    Los que practicaron menos actividad física se compararon con el resto de participantes con objeto de evaluar la asociación entre los estadios precoz y avanzado de DMAE y el citado ejercicio físico.

     


    Tras aplicar unos rigurosos criterios de selección, incluyeron 9 estudios en el metaanálisis (la edad de los pacientes osciló de 30 a 97 años). Posteriormente, la aplicación del correspondiente aparato matemático permitió comprobar, en ocho estudios  (38.112 pacientes), una asociación protectora entre la actividad física aeróbica y la DMAE precoz, pues la práctica regular de la primera conllevaba una reducción de un 8% de la segunda (OR: 0,92; IC:0,86-0,98). Además, en siete estudios (28.854 participantes) se observó que la citada actividad física aeróbica se asociaba con una notable reducción del riesgo de desarrollar las formas avanzadas de DMAE: 41% de disminución (OR: 0,59; IC: 0,49-0,72). 

     


    Los autores de esta exhaustiva revisión concluyen afirmando: “La actividad física se asocia con un menor riesgo de desarrollar  las formas precoces y avanzadas de DMAE. Estos hallazgos tienen importantes implicaciones,  pues refuerzan los mensajes de salud pública a favor de mantener un estilo de vida plenamente activo. Sin embargo, son necesarios más estudios longitudinales que confirmen y caractericen el efecto protector de DMAE, tanto en su comienzo como en su progresión, ejercido por la actividad física aeróbica.”

     

     

     

    Apunte final

     

    En fin, en este corto contenido hemos analizado otro efecto saludable del ejercicio físico regular, la reducción del riesgo de desarrollar la primera causa de ceguera a partir de los 55 años.  Aunque la biología es perecedera, bien cierto es que un deseo muy humano es prolongar nuestra existencia con buena calidad de vida, esto es, elevar nuestra esperanza de vida en buena salud. Pues bien, para conseguir tan deseable objetivo más vale que practiquemos regularmente actividad física, aeróbica y de fuerza, además de nutrirnos con una dieta saludable, como nuestra Dieta Mediterránea, y de beber buen café. Todos y cada uno de estos tres estilos de vida se asocian con una reducción de la tasa de muerte total y de la específica por las principales causas de morir y enfermedad en el mundo: cardiovasculares, respiratorias, tumorales, digestivas, diabetes, entre otras.

     

    Dr. Félix Martín Santos

     

     

    Bibliografía.

     

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    10. Breast cáncer Mortality vs Exercice and Breast Size in Runners and Walkers. Paul T. Williams. Plos/One  december 09 2013  DOI: 10.1371

     


    11. Walking and Running Are Associated with Similar Reductions in Cataract Risk Medicine and science in sports and exercise. 12/2012; DOI: 10.1249  Paul T. Williams

     


    12. Lower Risk of Alzheimer´s Disease Mortality with Exercice, Statin, and Fruit Intake. Paul T. Williams. Journal of Alzheimer´s Disease. October 2014. DOI: 10.3233

     


    13. Williams PT, Dose-response relationship of physical activity to premature and total all-cause and cardiovascular disease mortality in walkers. PLoS One. 2013;8:e78777

     


    14. Williams PT. Reductions in incident coronary heart disease risk above guideline physical activity levels in men. Atherosclerosis. 2010;209:524-7

    15. Williams PT. Reduction in incident stroke risk with vigorous physical activity: evidence from 7.7-year follow-up of the national runners' health study. Stroke. 2009;40:1921-3

     


    16. J Alzheimers Dis. 2015;44(4):1121-9. doi: 10.3233/JAD-141929. Lower risk of Alzheimer's disease mortality with exercise, statin, and fruit intake.  Williams PT

     


    17. Williams PT. Prospective Study of Incident Age-Related Macular Degeneration in Relation to Vigorous Physical Activity during a 7-Year Follow-up. Invest. Ophthalmol. Vis. Sci. 2009 Jan 50 (1). 101-106.

     


    18. Haskell WL, Lee IM, Pate RR, et al. Physical activity and public health: updated recommendation for adults from the American College of Sports Medicine and the American Heart Association. Med Sci Sports Exerc. 2007;39:1423–1434.

     


    19. U.S. Department of Health and Human Services . Physical Activity and Health: a report of the Surgeon General. U.S. Department of Health and Human Services, Centers for Disease Control and Prevention, National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion; Atlanta, GA: 1996.

     


    20. Williams PT. Effects of running distance and performance on incident benign prostatic hyperplasia. Med Sci Sports Exer. 2008;40:1733–1739.

     


    21. Am J Ophthalmol. 2017 Aug;180:29-38. doi: 10.1016/j.ajo.2017.05.016. Epub 2017 May 24. Physical Activity and Age-related Macular Degeneration: A Systematic Literature Review and Meta-analysis. McGuinness MB, Le J, Mitchell P, Gopinath B, Cerin E, Saksens NTM, Schick T, Hoyng CB, Guymer RH, Finger RP.

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    -Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     

     

    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     

     

    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     

     

    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     

     

    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     

     

    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     

    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     


    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


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    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


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    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

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  • 07/02/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE): Prevención con Dieta Mediterránea

    Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE): Prevención con Dieta Mediterránea


    Hallazgos científicos recientes están revelando que la Dieta Mediterránea une a sus grandes virtudes la de reducir el riesgo de desarrollar la primera causa de ceguera en adultos: la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE).

     

     

    Concepto

     

    La DMAE es una enfermedad degenerativa de carácter progresivo que afecta a la zona de máxima agudeza visual de la retina, la mácula lútea, responsable de la visión central y especializada en la captación  de finos detalles, como los necesarios para la lectura y para reconocer la fisonomía de una persona.

     

     

    Al conservar sólo la visión periférica, el grado de invalidez alcanzado por el paciente, en las formas avanzadas, es de tal intensidad como para representar la primera causa de ceguera en el mundo occidental a partir de los 55 años de edad. (1,3)  En tales circunstancias se llega a observar un franco deterioro de la calidad de vida que afecta desfavorablemente a la salud en su triple dimensión: física, mental y social. (4)   

     

    Actualmente, desde el 2013,  se clasifica la DMAE en tres estadios de severidad: precoz, intermedia y avanzada. Usualmente, se observa una progresión de la enfermedad, desde estadios asintomáticos, como los dos primeros, hasta el estadio avanzado, que puede conducir a ceguera irreversible. En este último estadio, el de máximo  deterioro, se incluyen las antiguas formas atrófica (o seca) y hemorrágica (exudativa o húmeda). (5)

     

    La frecuencia de esta enfermedad es realmente preocupante, como reflejaron investigadores de Singapur (Wong Wl y colegas) en su publicación de febrero del 2014 (Lancet Glob Health), tras revisar exhaustivamente 39 estudios de base poblacional  procedentes de todas las regiones del mundo: proporción de prevalencia del 8,7%, en personas de 45 a 85 años. (6)

     

    Además, es muy probable que  la tasa de incidencia y la citada proporción de prevalencia se incrementen sustancialmente en los próximos años, a tenor del envejecimiento progresivo de la población, que ha llevado a algunos investigadores a predecir que para el 2020 aumentará en un 50% el porcentaje de gente mayor de 65 años. (1)

     

     

    Marcadores y factores de riesgo
     

    En la DMAE se reconocen dos marcadores de riesgo, la edad y la predisposición genética, no modificables epidemiológicamente por la acción humana, y una serie de factores de riesgo, modificables favorablemente mediante estrategias de educación para la salud, entre los que destaca el tabaquismo activo, seguido a distancia por otros factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad, la hipertensión arterial, dietas ricas en grasas saturadas y la diabetes tipo dos. Además, en los últimos años está cobrando una gran relevancia otro factor de riesgo: dietas pobres en antioxidantes y cinc, con el subsiguiente descenso de su concentración en sangre.

     

    a. El envejecimiento

     

    A medida que envejecemos  aumenta la probabilidad de que en ciertas capas de nuestra retina (epitelio pigmentario y la membrana de Bruch) empiecen a depositarse una serie de detritus acelulares, que aparecen como puntos amarillentos en la mácula y en áreas periféricas de la retina, a los que denominamos drusas, identificables por el oftalmólogo con la visión del fondo del ojo (con microscopios oculares como lámpara de hendidura junto a lentes de aumento específicas).

     

    Cuando tales depósitos son pequeños ( ≤ 63 micras) reciben la denominación de drupas y no se consideran patológicos, sino cambios propios del envejecimiento, visibles en algunas personas. Sin embargo, cuando estos residuos retinianos alcanzan un tamaño mayor entran en el terreno de lo patológico. Efectivamente, la nueva clasificación de la DMAE considera patológicas las drusas medianas (>63 y ≤125 µm) y las grandes (>125 µm), a las que se suman  alteraciones del epitelio pigmentario (hipo o hipergpigmentación), 3 como puede verse en la tabla anexa.

     

     

    Cuando el pronóstico realmente se ensombrece es en la  DMAE avanzada, pues la mayor parte de los pacientes que llegan a esta temible fase experimentan una severa pérdida de la agudeza visual en el primer año, sobre todo, en los primeros tres a seis meses. Tanto es así que en nuestro país, España, es responsable del 55% de los casos de ceguera, según datos fiables de la Sociedad Española de Retina y Vítreo. (7)  Además, cuando un ojo resulta afectado de DMAE neovascular (exudativa) se incrementa mucho el riesgo de extenderse al otro ojo, más de un 40%. (8)

     

    Pero ¿existe algún sistema que permita predecir el riesgo de progresión a formas avanzadas de DMAE?

     

    En una de las publicaciones de los responsables de uno de los estudios experimentales de mayor calidad y rigor científico sobre este tema, el AREDS (Age-Related Eye Disease Study), se estableció el riesgo de progresión a formas avanzadas de esta enfermedad, merced a la observación de las lesiones apreciadas en las fotografías estereoscópicas retinianas de más de 3.000 participantes. De esta forma, las alteraciones que podrían predecir el riesgo de avance, según su criterio, fueron dos: drusas grandes (>125 µm y como mínimo presencia de una) y presencia de alteraciones pigmentarias. Pues bien, cuando con estas premisas procedieron a valorar cada ojo, comprobaron que el riesgo de progresión, durante cinco años, desde formas precoces e intermedias hasta las formas avanzadas de DMAE fue como sigue: 0,5% cuando no se observa ninguna de estas lesiones en ambos ojos; del 3% cuando aparece una de estas lesiones en un ojo; del 12% cuando aparecen dos de tales lesiones (en un ojo o repartidas en los dos); 25% cuando se aprecian tres de las citadas lesiones; y del 50% cuando aparecen las cuatro lesiones, esto es, las dos en cada ojo. (9)

     

    Por todo ello se considera prioritario efectuar un diagnóstico precoz de esta enfermedad, a fin de intentar un tratamiento que pueda prevenir la aparición de las formas avanzadas (prevención secundaria). Para ello es crucial analizar bien la agudeza visual de los pacientes junto a una rigurosa exploración del fondo de ojo, tarea que corresponde a los oftalmólogos. Bien cierto es que lo que resulta más rentable es la instauración de medidas de prevención primaria, esto es, las que intentan evitar que aparezca el primer signo de esta enfermedad, o sea, sus formas más precoces (drusas con un tamaño superior a 63 micras); en definitiva, las que reducen la tasa de incidencia, los casos nuevos.

     

    b. Predisposición genética

     

    Son varias las líneas de investigación que han revelado la vinculación entre ciertas anomalías o polimorfismos genéticos y el desarrollo de DMAE.(10-13)  Entre los más influyentes están los siguientes: FB, ARMS2, CFH, C3, C2, CFHR4, CFHR5 y F13B. Aunque de todos ellos, el que parece establecer una mayor relación causa efecto es el polimorfismo CFH Y402H. (12)

     

    Me estoy refiriendo a una alteración del gen del factor H del Complemento (CFH), consistente en el cambio de una base nitrogenada por otra: timina (T) por citosina (CC). Así, los portadores de la variante anómala, la C, tanto en homocigotos (CC) como en heterocigotos (CT) presentan un riesgo elevado de sufrir DMAE. Sin embargo, los homocigotos de la variante normal (TT), cuyos dos alelos del gen Y402H codifican la misma información genética, la de sintetizar la timina, no tienen ningún riesgo de desarrollar esta enfermedad.

     

    La proporción de portadores de este polimorfismo no es baladí: el 39% de sujetos de raza blanca, 31% de raza negra y 7% de asiáticos. Tal predisposición genética hace más proclive a desarrollar la enfermedad a las personas que reúnen varios de los factores de riesgo, antes mencionados y que luego analizaremos más detenidamente.

     

    Actualmente existen pruebas que evalúan la presencia de los polimorfismos genéticos, antes mencionados, que unido a otros factores de riesgo nos permiten aventurarnos en la resbaladiza senda de la predicción del riesgo de desarrollar esta importante causa de ceguera.

     

    Llegado a este punto, bueno es que digamos que cuando el Complemento se activa fisiológicamente nos protege de múltiples agresiones orgánicas, en tanto, que si su activación es desmesurada y prolongada nos perjudica seriamente, al causar inflamación y destrucción mantenida de los tejidos en los que opera patológicamente, en este caso, la mácula lútea de la retina.

     

    c. Tabaquismo activo

     

    El tabaquismo activo representa el factor medioambiental y adquirido más importante vinculado con esta enfermedad, siendo diversos los estudios epidemiológicos que han mostrado cómo los fumadores experimentan un gran riesgo tanto de desarrollar esta patología cuanto de incrementar su avance o progresión. (14-16)   

     

    Si ya de por sí los fumadores activos tienen un notable riesgo de desarrollar esta enfermedad con respecto a los no fumadores (riesgo relativo 2,4 veces mayor), cuando, además, son homocigotos para el polimorfismo CFH Y402H, aumenta su riesgo hasta ser 34 veces mayor. (14)

     

    Es evidente que la primera causa de muerte evitable en el mundo desarrollado, el tabaquismo activo, se comporta como un asesino capaz de matar y hacer sufrir al ser humano por múltiples y variados mecanismos, incluso causando ceguera al propiciar el desarrollo de la enfermedad protagonista de este contenido.

     

    d. Dieta pobre en antioxidantes y cinc

     

    De entre los otros factores de riesgo, muchos de los cuales incrementan también el riesgo de enfermedades cardiovasculares, el que últimamente está cobrando un gran protagonismo es el derivado de una dieta pobre en antioxidantes y cinc. De lo cual puede colegirse la necesidad de frenar los fenómenos oxidativos e inflamatorios de la mácula lútea mediante la aportación de antioxidantes, especialmente los incorporados con dietas ricas en los mismos como la Dieta Mediterránea.

     

     

    Prevención  de la DMAE
     

    Los estilos de vida recomendables para prevenir el riesgo de desarrollar esta enfermedad son los mismos que se recomiendan en las formas precoces e intermedias, con objeto de prevenir la progresión a las formas graves avanzadas, como la forma atrófica, donde se pierde lenta pero inexorablemente la agudeza visual, y la forma neovascular, en donde la pérdida de la agudeza visual es más rápida, casi súbita.

     

    De entrada, lo recomendable es dejar de fumar, mejorar la dieta y practicar actividad física aeróbica. De ello hablaremos en las siguientes líneas.

     

    1. Reducir la tasa de incidencia y la proporción de prevalencia de tabaquismo activo

     

    Se trata de que el no fumador mantenga su saludable posición y que el fumador activo se despida cuanto antes del tabaco. Cualquier estrategia efectiva y segura que logre cumplir tales objetivos es más que deseable, desde buenas técnicas de educación para la salud hasta ciertas pautas medicamentosas (bupropion, vareniclina…), entre otras posibles estrategias.

     

    Es indudable que para un fumador activo la mejor inversión en salud es dejar de fumar, incluso para prevenir la DMAE o, en su defecto, contribuir a evitar su progresión a las formas graves de la misma.

     

    2. Practicar actividad física aeróbica regular.

     

    En los últimos años se están publicando  diversos  estudios epidemiológicos que están comprobando que la práctica regular de ejercicio físico aeróbico se asocia a una reducción del riesgo de DMAE.(17-20) Su análisis será motivo de otro artículo de este blog.

     

     

    Panaché de verduras con huevo, ricos en luteina y zeaxantina. Cortesía restaurante la Fábrica (Burgos)

     


    3 Mejorar la dieta mediante el consumo regular de Dieta Mediterránea

         

    Existen estudios epidemiológicos que han demostrado que una dieta rica en carnes rojas (21) y en ácidos grasos trans (22) se asocia con un significativo incremento del riesgo de desarrollar DMAE. Sin embargo, múltiples estudios epidemiológicos están revelando que un alto consumo de pescado, (22-26) frutos secos, (22) luteína y zeaxantina, carotenoides abundantes en verduras (de hoja o inflorescencias verdes como el brócoli) y en la yema del huevo, (26-32)  y ácidos grasos Omega-3 (poliinsaturados de cadena larga como el ácido docoxahexanoico y eicosapentanoico), abundantes en el pescado azul, se asocia con una notable reducción del riesgo de desarrollar DMAE. (22-26, 33-38)

     


    Es fácil entender que cualquier modelo dietético engloba y combina una serie de alimentos de naturaleza diferente, cuyos efectos saludables o perjudiciales pueden potenciarse, neutralizarse o mitigarse. En el caso que nos ocupa, el de la prevención de la DMAE, acabamos de referir un grupo de alimentos y nutrientes que reducen el riesgo de la misma (verduras, pescado, frutos secos, luteína, zeaxantina y ácidos grasos Omega 3) o, al contrario, lo aumentan (carnes rojas y ácidos grasos trans). Pues bien, la Dieta Mediterránea (DM) es un modelo dietético que incluye alimentos del primer grupo, el que realmente reduce el riesgo de desarrollar esta gran causa de ceguera.

     


    En las siguientes líneas vamos a analizar los estudios epidemiológicos que han valorado la relación entre la DM y la enfermedad protagonista de este contenido. Aunque antes recordaremos el concepto de DM.

     

     

    ¿Qué caracteriza a la Dieta Mediterránea?

     

    Si nos centramos en los alimentos que la constituyen recordaré que lo más destacable es la abundancia de productos vegetales, como hortalizas, legumbres, pan, pasta, arroz, verduras, frutas y frutos secos; el empleo de aceite de oliva como  fuente fundamental de grasa; un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos y huevos; el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas (las procedentes del ganado porcino, bovino, caprino y ovino) así como cantidades muy moderadas de vino tinto, habitualmente consumido en el curso de las comidas.

     


    Su efecto saludable no se debe sólo a que sea una dieta equilibrada, variada y con una adecuada incorporación de macronutrientes sino también a los beneficios derivados de su alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico) y poliinsaturados, su bajo contenido en ácidos grasos saturados y, sobre todo, a su gran riqueza en antioxidantes, como el  oleocantal, derivado del aceite de oliva virgen extra y descubierto en 2005 por Beauchamp y colegas, la oleuropeína, el hydroxytyrosol y lignanos.

     


    Tanta es la bondad y calidad de esta dieta como para que el 16 de noviembre de 2010, el Comité Intergubernamental de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en la reunión celebrada en Nairobi (Kenia), acordó inscribir la Dieta Mediterránea en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

     

     

    Vegetales, grandes protagonistas de la Dieta mediterránea. Cortesía Rafael Navarro

     

     

    Estudios que valoran el efecto preventivo de DMAE ejercido por la Dieta Mediterránea

     

    a. Estudio transversal que evalúa la asociación entre estilos de vida saludables (DM y ejercicio físico) y la DMAE

     


    En abril del 2011 se publicó en una revista médica de gran rigor científico ( Arch. Ophthalmol.) un estudio transversal que reveló que un modelo dietético saludable, del estilo de la DM, y la práctica regular de actividad física aeróbica se asociaban con una menor proporción de prevalencia de DMAE incipiente (la precoz e intermedia actuales). (20)

     


    Los responsables del trabajo (Mare y colegas) pertenecientes a las Universidades de Wisconsin (Madison) e Iowa y  al Centro Kaiser de Investigación en Salud (Portland), evaluaron a 1.313 mujeres, de 55 a 74 años de edad, incluidas en el Estudio de Carotenoides y Enfermedad Ocular en Relación con la Edad (CAREDS: Carotenoids in Age-Related Eye Disease Study), subsidiario de otro gran estudio norteamericano (Women's Health Initiative Observational Study).

     


    El modelo dietético lo evaluaron mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos estandarizado en tanto que para evaluar la severidad de la DMAE utilizaron fotografías estereoscópicas del fondo del ojo, efectuadas desde seis años antes.

     


    En esencia, estos investigadores mostraron que las mujeres que seguían más fielmente la dieta saludable (quintil más alto) parecían beneficiarse con una reducción del 46% del riesgo de desarrollar la DMAE precoz (OR: 0,54; IC 95%: 0,33 a 0,88), con respecto a las que la consumían menos (quintil más bajo).

     


    Además, comprobaron que las que practicaban más actividad física aeróbica (quintil más alto) tenían un 54% menos de riesgo de DMAE precoz, con respecto a las que hacían menos ejercicio.

     


    b. La DM, susceptibilidad genética y freno de la progresión de DMAE: Estudio AREDS  del Instituto Nacional del Ojo  (Instituto Nacional de Salud de EEUU)

     


    En octubre del 2015 se publicó en otra revista estadounidense de prestigio ( The American Journal of Clinical Nutrition) un estudio observacional prospectivo que tuvo como objetivo principal evaluar la asociación entre la adherencia a la Dieta Mediterránea (DM) y la susceptibilidad genética con la progresión a DMAED avanzada. (39)

     


    Los responsables del trabajo, evaluaron y siguieron durante 13 años a una muestra de .2525 personas de ambos sexos, pertenecientes a un gran estudio experimental norteamericano, el AREDS (Age-Related Eye Disease Study). 

     


    Llegado a este punto del tema, es preciso que  puntualicemos que el AREDS demostró, en su momento (2001), que el suplemento de antioxidantes (vitamina E, vitamina C y B-caroteno, cinc  y cobre) se asociaba a una reducción del 25% en el riesgo de progresión de la DMAE entre los participantes con mayor riesgo de avance de esta enfermedad. (40) La investigación fue meritoria porque fue el primer ensayo clínico efectuado en esta materia, aleatorizado y controlado con placebo, que siguió durante 6 años a 3.460 pacientes con DMAE distribuidos en cuatro grupos de severidad.

     


    Años más tarde, en el 2013, publicaron un segundo estudio que reveló que la luteína y zeaxantina podían perfectamente sustituir al beta-caroteno, aunque no apreciaron igual eficacia con los ácidos omega-3. (41)

     


    Volviendo al estudio actual, diremos que  los 2.525 participantes fueron objeto de una profunda evaluación de la susceptibilidad genética a la DMAE así como del grado de adherencia a la DM, además de controlar otras variables de confusión.

     


    Pues bien, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión proporcional de Cox con análisis de múltiples variables, entre otros) y después de 13 años de seguimiento, observaron que una alta adherencia a la DM se asoció con un 25% de reducción del riesgo de progresión a DMAE avanzada, con respecto a una baja adherencia (RH: 0,75; IC 95%: 061-091), tanto en hombres como en mujeres.  Sin embargo, no todos respondieron igual de bien a la citada DM. Así sucedió con los sujetos que tenían mayor riesgo genético de desarrollar esta enfermedad, por ser homocigotos de la variante anómala del gen CFH Y402H, la que los dos alelos portan citosina en vez de timina (variante CC), dado que la progresión de la DMAE no se interrumpió a pesar de un buen consumo de alimentos propios de la DM. En cambio, los portadores del resto de variantes genéticas sí que respondieron favorablemente a esta saludable dieta.

     


    Entre los alimentos analizados para puntuar el grado de adherencia a la DM, el consumo de pescado y de verduras fue el que se asoció con las mayores reducciones del riesgo. Quizá por ser los que poseían las mayores cantidades de ácidos omega-3 y de luteína y zeaxantina, los dos carotenoides que en la mácula lútea, donde se acumulan fisiológicamente, ejercen un gran efecto antioxidante.

     


    Por otra parte, el beneficio derivado del alto consumo de alimentos de la DM se observó tanto en los pacientes que tomaban suplementos adicionales de antioxidantes y cinc como entre los que no los recibían.

     


    Otros resultados de este estudio fueron concordantes con lo que ya se conocía, pues los que progresaron a formas avanzadas de DMAE tendían a tener más edad, mayor Índice de Masa Corporal (IMC) y antecedentes de tabaquismo activo.

     


    Cuando analizaron los nutrientes y micronutrientes ingeridos, comprobaron que una alta adherencia a la DM  se asoció con una reducción significativa del consumo de  ácidos grasos saturados y con una ingesta mayor de ácidos omega-3, de luteína y zeaxantina, alfa y beta-caroteno, vitaminas B1 (tiamina), B-3 (niacina) B6 (pyridoxina), C y E.

     


    “Nuestros resultados sugieren que una alta adherencia a la Dieta Mediterránea se asocia con una reducción del riesgo de progresión a un estadio avanzado de Degeneración Macular Asociada a la Edad. Aunque esta asociación puede ser modificada por la variante genética CFH Y402H.  Así,  los sujetos con uno o dos alelos sin riesgo de DMAE ( CT, TT, respectivamente) que exhiban una alta adherencia a la Dieta Mediterránea tienen aproximadamente un tercio menos de riesgo de progresión que los que muestran una escasa adherencia a la citada dieta. No obstante, estas asociaciones entre la dieta y la genética requieren ser confirmadas por otros estudios. Un factor modificable y adquirible como una dieta saludable es crucial para prevenir esta enfermedad”, concluyen los responsables del estudio.

     

     

    Moras de moral (Morus nigra). Agosto 2018. Linares de Riofrío (Salamanca)

     

     

    c. Academia Americana de Oftalmología:  Una DM rica en fruta con antioxidantes podría reducir más de un tercio el riesgo de desarrollar la DMAE

      

    En octubre del 2016, en el curso de la centésima vigésima reunión de la Academia Americana de Oftalmología (AAO) se presentó un estudio portugués que reveló que una alta adherencia a la DM se asociaba con una reducción del 35 del riesgo de progresión al estadio avanzado de DMAE. (42) Veámoslo un poco.

     


    Los investigadores pertenecientes a la Universidad de Coimbra  estudiaron una muestra de 883 personas de una edad igual o superior a 50 años, de las cuales 449 tenían DMAE en estadios precoces (asintomáticos)  mientras que 434 no tenían ningún signo de esta enfermedad, según mostró una exhaustiva exploración del fondo de ojo.

     


    La dieta la evaluaron mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos, diseñado específicamente para puntuar los 9 grupos de alimentos claves de la DM, que le permitió otorgar una puntuación alta cuando se superaban los 6 puntos (6 a 9). Por otra parte, la evaluación ocular se efectuó midiendo la agudeza visual y explorando exhaustivamente el fondo de ojo, a fin de detectar cualquier signo de DMAE.

     


    Los autores de este estudio transversal (Rufino Silva y colegas) comprobaron que el 50% de los participantes que no consumían una DM (puntuación inferior a 6) tenían signos de DMAE (precoz o intermedia), mientras que los que eran afines a este modelo dietético (6 a 9) sólo el 39% tenían signos de esta enfermedad, lo que indica que tenían un 35% menos de riesgo de desarrollar esta gran causa de ceguera,  desde sus estadios iniciales.

     


    Estos investigadores también observaron que del conjunto de alimentos que constituyen la DM el que parecía reducir más el riesgo de DMAE correspondió a la fruta (cinco raciones diarias).

     

     

    El café. además de cafeína, tiene potentes antioxidantes  como el ácido clorogénico, la quercetina, los fenilindanos y melanoidinas, que se obtienen durante el tueste

     


           Efecto protector de la cafeína y antioxidantes

          

    Rufino Silva y colegas también utilizaron un programa informático para analizar  el consumo de micronutrientes de los participantes, basándose en lo contestado en el cuestionario. De esta forma, observaron que un mayor consumo de antioxidantes resultó protector frente a la DMAE, pues parecía prevenirla. En su cómputo de antioxidantes incluyeron la cafeína, junto al beta-caroteno y las vitaminas C y E.

     


    Según ellos, este es el primer estudio epidemiológico que apunta un efecto preventivo de DMAE ejercido por la cafeína. Indudablemente, esto debe confirmarse con más estudios, preferentemente prospectivos y de cohortes o, mejor aún, experimentales.

     


    A mi entender, lo interesante de este estudio portugués es que revela la capacidad de la DM para prevenir el riesgo de DMAE (prevención primaria). No obstante, el tipo de diseño, transversal, no resulta ser el mejor para confirmar estas buenas expectativas. Por ello es muy importante abundar más en los estudios prospectivos y, sobre todo, los experimentales.

     


    d. Estudio Europeo sobre Patología Ocular (THe European Eye Study): La DM reduce el riesgo de las formas avanzadas de DMAE

      

    En enero del 2017 se publicó en una revista médica de relieve (Optthalmology) un estudio europeo que reveló que una buena adherencia a la DM se asocia con una significativa reducción del riesgo de desarrollar la forma neovascular de la DMAE, la más temible de esta enfermedad pues ocasiona ceguera muy rápidamente. (43) Vamos a analizarlo en las siguientes líneas.

       

    Objetivo

     


    El objetivo fue evaluar la asociación entre la adherencia a la Dieta Mediterránea y la prevalencia de DMAE en Europa.

     


    Diseño

     


    Se trata de un estudio epidemiológico transversal de base comunitaria.

     


    Muestra

     


    La muestra inicial estaba constituida por 5060 personas, de 65 o más años de edad, elegidas aleatoriamente  de siete países de Europa (Noruega, Estonia, Reino Unido, Francia, Italia, Grecia y España). Tras el correspondiente estudio dietético la muestra se redujo a 4753 personas, cuya edad media fue de 72,3 años, siendo mujeres el 55% del total.

     


    Metodología

     


    A todos los participantes se les efectuó una exploración ocular que incluyó fotografías digitales en color de la retina, que fueron posteriormente analizadas en un centro especializado.  Así, las imágenes obtenidas fueron graduadas en cinco estadios de severidad DMAE 0-4), de acuerdo con  sistemas consensuados de clasificación y estadiaje (el de Rotterdam). En el estadio cuatro se incluyen las formas más graves, las que realmente cursan con pérdida visual: la atrófica geográfica y la neovascular.

     


    El tipo de dieta fue evaluado mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos (CFA), desde 12 meses antes.  Además, se utilizó un sistema de puntuación para cuantificar y clasificar el grado de adherencia a la DM, de acuerdo con las respuestas del CFA.

     


    Para los cálculos estadísticos se empleó la conocida regresión logística multivariable, sin dejar de controlar  todas las variables de confusión conocidas.

     


    Resultados

     


    Estos investigadores comprobaron que las personas con mayor adherencia a la DM (> 6 puntos) se beneficiaron con una significativa reducción del riesgo de desarrollar la forma neovascular de la DMAE, cuando fueron comparados con los menos proclives (< 4) a esta saludable dieta ( OR: 0,53; 0,27-104; P =0,01). Además, observaron que esta boyante asociación no se veía reducida por la presencia de alelos de riesgo del gen Y204 H.

     


    Sin embargo, en este estudio no se observó igual beneficio de la DM con respecto a los estadios precoces de DMAE, a diferencia de otros trabajos.

     


    También apreciaron que los más adictos a la DM tenían altas concentraciones séricas de vitamina C, luteína, zeaxantina y beta-crytoxantina, auténticos biomarcadores de un buen consumo de fruta y vegetales.

     


    Conclusión

     


    “Nuestros resultados son concordantes con los estudios que revelan un efecto protector de la Dieta Mediterránea frente a las formas avanzadas de la DMAE, aunque no soportan la información aportada por otros, con respecto a la influencia de la susceptibilidad genética en el efecto de tal dieta. Deben recomendarse acciones para que se adopte un modelo de DM, investigando y aplicando buenos métodos que consigan tal cambio de conducta”, concluyen los responsables del estudio.

     

     

    Cerezas a punto de recoger. San Miguel de Valero (Salamanca)

     

     

    Hipótesis plausibles


     
    Los hallazgos científicos actuales sugieren que el efecto preventivo de DMAE ejercido por la DM se debe a su gran riqueza en micronutrientes de reconocidas propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, como diversas vitaminas (A, C, E y del grupo B), carotenoides (beta-caroteno y, sobre todo, luteína y zeaxantina), polifenoles y ácidos grasos omega-3.

     


    Esto parece ser así porque en la degeneración de la mácula intervienen fenómenos de oxidación e inflamación, muchas veces dependientes del impacto de las radiaciones ultravioleta y de la luz azul, sobre esta singular área, donde se concentran los fotorreceptores especializados en la visión diurna (conos) y en la percepción fina de los colores, formas y detalles. Para evitar este deterioro, la mácula dispone de una buena dotación de luteína y zeaxantina, que ejerce de escudo a las citadas radiaciones ultravioleta y neutraliza los letales radicales libres producidos en su seno. Además, el consumo de alimentos ricos en tales carotenoides facilita su depósito en esta superficie retiniana y, por ende, potencia su efecto antioxidante, como se han demostrado en numerosos estudios.

     


    El resto de sustancias antioxidantes contenidas en la DM deben de ejercer su efecto protector de la mácula lútea y, por ello, preventivo de DMAE, por su propia naturaleza antioxidante junto a su efecto antiinflamatorio.

     


    Precisamente, cuando en el estudio experimental (ensayo clínico) AREDS se administraron a los pacientes altas cantidades de vitaminas, cinc y cobre, se actuó en concordancia con la hipótesis promotora del ensayo: un efecto antioxidante puede proteger  a la mácula  para evitar tanto  las primeras lesiones degenerativas cuanto para frenar la progresión de las lesiones inicialmente establecidas. Como ya hemos visto anteriormente, el estudio fue realmente exitoso.

     


    En fin, este contenido invita a no descuidar la Dieta Mediterránea, dado que, entre sus múltiples beneficios, parece emerger su más que posible capacidad para prevenir la primera causa de ceguera a partir de los 55 años, la Degeneración Macular asociada a la Edad. En el artículo del próximo mes analizaremos el posible efecto preventivo  de este proceso exhibido por el ejercicio físico regular.

     


    Dr. Félix Martín Santos

     

     

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    43. Ophthalmology. 2017 Jan;124(1):82-89.  Mediterranean Diet Score and Its Association with Age-Related Macular Degeneration: The European Eye Study. Hogg RE, Woodside JV, McGrath A, Young IS, Vioque JL, Chakravarthy U, de Jong PT, Rahu M, Seland J, Soubrane G, Tomazzoli L, Topouzis F, Fletcher AE.

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    -Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

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    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


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    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

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  • 03/01/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Consumo regular de café: Reducción de las tasas de mortalidad total y específica

    Consumo regular de café: Reducción de las tasas de mortalidad total y específica


    La asociación entre el consumo regular de café y las tasas de mortalidad total y específica por las principales causas de enfermar y morir es de tipo inverso, esto es, cuanto mayor es la ingesta de esta bebida universal menores son las tasas de mortalidad citadas.


    Esta rotunda afirmación está avalada por una reciente serie de estudios epidemiológicos observacionales de tipo prospectivo (cohortes), efectuados en gran parte del mundo: EEUU, Europa y Asia. Además, tales investigaciones están mostrando que los mayores beneficios se obtienen

     
    con un consumo diario de cuatro a cinco tazas de café.

     

    Lucía, barista, preparando una infusión de café con la V 60, cafetera de filtro. Cortesía de Bihotz Café. Bilbao

     

    Estudio pionero de gran rigor científico

     

    A pesar de que el café es una de las bebidas más consumidas en el mundo, hasta hace muy poco desconocíamos que el consumo regular de esta bebida universal se asocia a una reducción tanto de la tasa global de muerte cuanto de la específica por las principales causas de enfermar y morir en los países desarrollados.

     


    Aunque ya se disponía de algún estudio epidemiológico que había valorado tal asociación, fue un extraordinario estudio norteamericano el que reveló los datos más concluyentes, el Estudio de Dieta y Salud (AARP Diet and Health Study), llevado a cabo por miembros del Instituto Nacional de Estados Unidos (NHS), publicado en mayo de 2012 en New England Journal of Medicine, la revista médica de mayor impacto en el mundo. (1)

     


    Se trata de un estudio observacional prospectivo en el que evaluaron, en una gran muestra de personas (229.119 hombres y 173.141 mujeres), la posible asociación entre el consumo de café y la mortalidad, con resultados francamente esperanzadores para los consumidores habituales de esta popular bebida.

     


    Efectivamente, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión de Cox con control de los principales factores de confusión), observaron, a la conclusión de los 13 años de seguimiento (entre 1995 y 2008), una significativa asociación inversa entre el consumo de café y la mortalidad, esto es, a mayor consumo de café apreciaron reducciones mayores del riesgo de muerte.

     


    Así, en varones se apreció que la reducción del riesgo de muerte osciló desde un 6% para los bebedores de una taza diaria hasta un 12% para los que consumieron cuatro a cinco tazas al día (HR: 0,88; IC 95% de 0,84 a 0,93), pasando por el 10% de reducción en los bebedores de dos a tres tazas. Los que bebieron diariamente seis o más tazas de café también se beneficiaron de un 10% de reducción del riesgo de muerte, cuando eran comparados con los nunca bebedores.

     


    Las mujeres que consumían diariamente café experimentaron similares reducciones del riesgo de muerte cuando se las comparaba con las que no lo bebían, que oscilaron entre un 5% de disminución para las que sólo bebían una taza diaria hasta un 16% de descenso de muerte entre las que consumían 4 ó 5 tazas al día (HR:  0,84; IC entre 0,79 y 0,90), bajando a un 15% entre las que bebían seis o más tazas diarias.

     


    En definitiva, la reducción del riesgo de muerte global entre los bebedores de cuatro a cinco tazas de café al día fue de un 12% en varones y un 16% en mujeres.

     


    Además, este estudio permitió observar, que los que bebían más café también fumaban más, bebían más alcohol practicaban menos actividad física aeróbica, comían más carnes rojas y menos frutas y verduras. Es decir, se comprobó una asociación entre la ingesta de café y estilos de vida poco saludables, Pues bien, a pesar de ello, la reducción de la tasa total de muerte exhibida por el café se observó en prácticamente todas las personas que seguían esos nefandos estilos de vida menos en las expuestas a uno: el tabaquismo, la primera causa de muerte evitable. Por ello, la mejor inversión en salud para un fumador activo es dejar de fumar.

     


    En este estudio epidemiológico también se observó una reducción de la tasa específica de muerte por una serie de enfermedades: cardiovasculares, respiratorias, infartos cerebrales, diabetes, infecciones, lesiones y accidentes. Sin embargo, no se apreció una disminución de la tasa de muerte por tumores malignos.

     


    Finalmente, este trabajo prospectivo mostró similares reducciones del riesgo de muerte entre los bebedores de café descafeinado.

     

     

    El mágico momento del Latte Art. Cortesía de Jairo García. Primero Café. Gijón

     

     

    Revisión sistemática y metaanálisis de estudios previos

     

    Dos años más tarde, en abril de 2014, se publicó en una revista de prestigio (British Journal of Nutrition) una revisión exhaustiva y un metaanalisis de todos los estudios epidemiológicos de cohorte (prospectivos), 2 publicados hasta junio de 2013, que valoraron el consumo regular de café y la mortalidad total, en el que también incluyeron el estudio anteriormente descrito.

     


    Los autores del trabajo, Youjin Je, (Universidad de Kyung Hee, de Seul) y Edward Giovannucci, (Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, Boston), evaluaron un gran número de casos de muerte (129.538 ) acaecidos en un colectivo de casi un millón de personas (973.904),  pertenecientes a los veinte estudios prospectivos que fueron elegidos, tras superar los rigurosos criterios de selección.

     


    Sus resultados también fueron favorables para los consumidores de café, dado que observaron una reducción del 14% del riesgo de muerte total (RR: 0,86; IC entre 0,80 y 0,92) entre las personas que bebían más café (5 a 6 tazas diarias) con respecto a los que no consumían nada o muy poco (menos de una taza al día).

     


    En este metaanálisis llamó la atención que la reducción del riesgo de muerte fue similar entre los que consumieron de dos a cuatro tazas diarias que entre los consumidores de cinco a nueve tazas al día.

     


    La reducción del citado riesgo de muerte fue similar en hombres y mujeres: 19% y 16%, respectivamente.

     


    Por regiones geográficas, la reducción del riesgo de muerte resultó ser mayor para los ocho estudios europeos y para los tres estudios japoneses (22%  y 18%, respectivamente), que para los nueve estudios de USA  (12% de reducción).

     


    En esta exhaustiva revisión de estudios epidemiológicos previos sólo se valoró la asociación entre el consumo regular de café y la mortalidad total. En consecuencia, no se consideró la posible asociación entre el consumo de café y la mortalidad específica por enfermedades cardiovasculares, respiratorias, ictus, cánceres u otras enfermedades.

     

     

    Estudio prospectivo de cohorte en población japonesa: Valoración de la asociación entre el consumo de café y la mortalidad total y por enfermedad específica


     
    En mayo de 2015 se publicó en The American Journal of Clinical Nutrition, revista oficial de la Asociación Americana de Nutrición, un gran estudio prospectivo japonés, cuyo principal objetivo fue estudiar la asociación entre el consumo habitual de café y la mortalidad tanto la total (por todas las causas) cuanto la específica por enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, respiratorias, cáncer, lesiones y otras causas de muerte. (4)

     


    Los autores del estudio, pertenecientes a centros dependientes de las Universidades de Tokio y de Osaka, estudiaron una muestra de 90.917 japoneses, inicialmente sanos, de 40 a 69 años, durante un periodo de seguimiento de 17,8 años, al cabo de los cuales fallecieron 12.874 personas.

     


    Tras aplicar el correspondiente método estadístico (regresión proporcional de Cox y estricto control de variables de confusión), comprobaron una asociación inversa entre el consumo regular de café y la mortalidad total, tanto en hombres como en mujeres, dado que la reducción del riesgo era mayor a medida que aumentaba el consumo hasta conseguir el beneficio máximo con 3-4 tazas de café al día: 24% de disminución del riesgo de muerte por todas las causas ( 0,76; IC 95% entre 0,70 y 0,83), cuando se los comparaba con los nunca bebedores de café.

     


    Un consumo superior a 5 tazas de café al día también se acompañó de una reducción del riesgo de mortalidad total, aunque en menor proporción, 15%, similar a la observada con los bebedores de 1 a 2 tazas diarias.

     


    En cuanto a la posible asociación del café con enfermedades específicas, este estudio japonés reveló una significativa reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias  y cerebrovasculares, que también alcanzó el máximo con ingestas diarias de 3-4 tazas de café: 36% , 40% y 43%, respectivamente.

     


    ¿Por qué se observa tan notable reducción del riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, respiratorias e ictus?

     


    Los investigadores de este gran estudio epidemiológico establecen hipótesis para intentar explicar la gran reducción del riesgo de muerte específico por enfermedades cardiovasculares (Infarto agudo de miocardio, angina inestable, muerte súbita por arritmias…), respiratorias y cerebrovasculares (ictus), en relación con el consumo regular de café.

     


    Dado que tanto las enfermedades cardiovasculares como las cerebrovasculares se deben al desarrollo acentuado y progresivo de inflamación en la íntima de las arterias (endotelio), responsable, a su vez, de la arteriosclerosis que acaba con la obstrucción de arterias coronarias y cerebrales, respectivamente, todo aquello que reduzca la inflamación del lecho arterial y que mejore la función y reparación del endotelio arterial tiene grandes posibilidades de frenar o, incluso, revertir la tan temida arteriosclerosis. Pues bien, el ácido clorogénico contenido en el café es un compuesto fenólico con gran potencia antioxidante y antiinflamatoria, además de reducir el riesgo de hipertensión arterial 5 y de hiperglucemia (reduce la absorción de la glucosa) (6,7), dos reconocidos factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares.

     


    Por otra parte, hay estudios que han revelado que la cafeína del café mejora la función endotelial, activando la síntesis del beneficioso óxido nítrico, (8) y promoviendo la reparación endotelial (9).

     


    Con respecto a la reducción del riesgo de muerte por enfermedades neumológicas, también abogan a favor del efecto antiinflamatorio del ácído clorogénico (10), dado que la inflamación es el hecho patogénico fundamental de estos procesos.

     

     

    Elaborando infusión de café con la V60: Cortesía Honorio García. Cafetaza. Vitoria - Gasteiz

     

     

    Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard: Asociación del consumo de café con la mortalidad total y la específica por causas en tres grandes estudios de cohorte prospectivos


    En diciembre de 2015 se publicó en una revista médica de gran prestigio (Circulation) un nuevo estudio epidemiológico de carácter prospectivo que valoró la asociación entre el consumo de café (total, con cafeína y descafeinado) y la mortalidad total y por causa específica en tres grandes muestras de personas: 74.890 enfermeras del famoso Estudio de Salud de Enfermeras (NHS: Nurses’ Health Study), 93.054 enfermeras del segundo Estudio de Salud de Enfermeras (NHS II), y los 40.557 varones del Estudio de Seguimiento de Profesionales de Salud (HPFS: Health Professionals Follow-up). (11)

     


    El intervalo de seguimiento de estas tres grandes muestras fue muy notable, pues la primera cohorte de enfermeras se reclutó en 1976 (mujeres de 30 a 55 años procedentes de 11 estados de USA); la segunda cohorte de estas profesionales (NHS II) empezó a andar en 1989 (enfermeras de 25 a 42 años), en tanto que la cohorte de varones, proveedores de salud, empezó a funcionar en 1986.   

     


    El consumo de café fue evaluado mediante cuestionario de frecuencia de alimentos, una vez, al inicio del estudio y, luego, periódicamente a lo largo del seguimiento (cada cuatro años).

     


    Los investigadores, miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, comprobaron, tras emplear un impecable aparato estadístico (regresión proporcional de Cox, control de variables de confusión, análisis de sensibilidad, entre otros), que los resultados eran diferentes según se controlara o no el tabaquismo. Así, cuando esta variable se incluía, esto es, cuando se hacía el cálculo sin excluir a los fumadores, se observaba una asociación no lineal entre el consumo de café (con cafeína, descafeinado y total) y la mortalidad, dado que el consumo de 1 a 5 tazas de café al día se asociaba con una reducción similar del riesgo de muerte, mientras que, en cambio, el consumo superior a 5 tazas diarias no se asociaba con el riesgo de muerte.

     


    Sin embargo, cuando se excluían a los fumadores, se observaba que los nunca fumadores que bebían café con respecto a los no bebedores del mismo se beneficiaban con una reducción lineal (dosis-respuesta) del riesgo de muerte, o sea, a mayor consumo de café menor mortalidad. Así, los que bebían una taza al día se beneficiaban con una reducción del 6% en la tasa de muerte, los que ingerían de 1,1 a 3 tazas diarias experimentaban una reducción del 8%, los que consumían de 3,1 a 5 tazas de café al día eran los que más se beneficiaban, pues la reducción del riesgo de muerte total alcanzaba un porcentaje del 15% (HR: 0,85; IC  0,79-0,92).

     


    Además, los que bebían más de 5 tazas diarias de café también veían reducido el riesgo de muerte global, un 12%.

     


    Este hecho diferenciador, lo atribuyen a que usualmente los que beben más café, por ejemplo más de 5 tazas diarias, también fuman más. De esta forma, el tabaco tiende a aminorar el efecto protector del café. Por el mismo motivo, estos investigadores observaron un aumento del riesgo de muerte por cáncer de pulmón y por enfermedades respiratorias en el colectivo global, en el que se incluye a fumadores.

     


    Sin embargo, cuando sólo se estudia a los nunca fumadores, el consumo de café no se asocia a un aumento del riesgo de muerte por estas enfermedades neumológicas, cuando se les compara con los no bebedores de café.

     


    Con respecto a la asociación entre el citado consumo de café y la mortalidad específica por causa, en este estudio se observó una significativa reducción de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, neurológicas, diabetes tipo II, ictus y por suicidio, con respecto a las enfermeras y profesionales de salud (varones) que no bebían café.

     


    Finalmente, los beneficios se obtienen igualmente con el consumo de café con cafeína o sin ella (descafeinado).

     

     

    Instituto Nacional del Cáncer de EEUU: Asociación entre el consumo de café y la mortalidad total y especifica ​​​​​​​
     


    El 15 de diciembre de 2015 se publicó en una revista de epidemiología de calidad contrastada (American Journal of Epidemiology) un gran estudio prospectivo liderado por Erikka Loftfield, (12) perteneciente al departamento de Epidemiología Oncológica y Genética (sección de Epidemiología Nutricional) del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU, cuyo objetivo fundamental fue, de nuevo, evaluar una posible asociación entre el consumo regular de café con cafeína, descafeinado e, incluso, aditivos con café  y la mortalidad total y específica por causas. Para ello, controlaron durante 9 años a  90.317 adultos norteamericanos (screening de cáncer de ovario, colon y recto, pulmón y próstata), inicialmente sanos, falleciendo, durante el periodo de seguimiento, 8178 individuos.

     


    Tras aplicar, como siempre en estos estudios, un riguroso método estadístico (regresión proporcional de Cox, con estricto control de múltiples variables de confusión), observaron que los bebedores habituales de café, comparados con los no lo bebían, se beneficiaban de una significativa reducción de la mortalidad, que también resultó lineal y dosis dependiente, pues osciló desde un 6%, en los bebedores de sólo una taza al día, hasta un 21%, en los que bebían de cuatro a cinco tazas diarias, pasando por un 18% de reducción, en los que consumían de dos a tres tazas al día. Además, los que bebían 6 ó más tazas al día también experimentaban una sensible disminución del riesgo de muerte: un 16% (HR: 0,84, IC 95% 0,75 a 0,95).

     


    En este estudio vuelven a apreciarse resultados favorables para los amantes del café, incluso en los que lo beben sin cafeína o en ciertos aditivos que lo contienen (productos lácteos, ciertas cremas sin leche, preparados con miel, azúcar o edulcorantes).

     


    En cuanto a la asociación con enfermedades específicas, este estudio revela una asociación inversa del café con muertes por enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas, diabetes, neumonías y gripe y autolesiones (suicidio o no). Sin embargo, como en otros estudios, no se observa una reducción de la mortalidad global por cánceres, que ellos atribuyen, en parte, al escaso seguimiento (9 años), porque, aseguran, el café reduce inequívocamente el riesgo de algunos tumores malignos prevalentes, como los cánceres de hígado y de endometrio.

     


    En su meditada discusión, al final del artículo, arguyen que el consumo regular de café puede reducir el riesgo de muerte porque se asocia a una reducción de la inflamación, mejora la función pulmonar, aumenta la sensibilidad de la insulina y reduce la depresión mental.

     

     

    Asociación entre el consumo de café y la mortalidad total y específica por causa entre poblaciones no blancas del estudio de cohorte multiétnico (EEUU)


    Como el anterior estudio se había efectuado casi exclusivamente en población blanca (de origen predominantemente anglosajón) de colectivos de cierto nivel educativo como el constituido por las enfermeras y por los profesionales de salud del sexo masculino (veterinarios, odontólogos, podólogos, fisioterapeutas, etc), surgen lícitas dudas a la hora de generalizar los resultados a poblaciones de otras etnias y nivel cultural.

     


    El posible sesgo del anterior estudio, intentó subsanarse mediante la investigación publicada el 11 de julio de 2017 en Annals of Internal Medicine, (13) efectuada con una Cohorte Multiétnica, constituida por 185.855 personas de orígenes distintos: afroamericanos, nativos de Hawai, americanos de origen japonés, latinos (iberoamericanos) y blancos, que se reclutaron entre 1993 y 1996.

     


    Obviamente, el objetivo fue examinar la asociación entre el consumo de café y el riesgo de muerte total y específico por causa en la citada población.

     


    Pues bien, tras un periodo de seguimiento de 19 años (de 1993 al 2012) se observó, tras aplicar el correspondiente método estadístico (regresión proporcional de Cox y estricto control de todas las variables de confusión, con el tabaquismo a la cabeza), que los consumidores habituales de café, con respecto a los que nunca lo consumen, se beneficiaban con una significativa reducción del riesgo de muerte total, de carácter lineal, que osciló entre un 12% entre los que bebían una taza al día, hasta el 18% de los que bebían diariamente de dos a tres tazas (HR: 0,82; IC  0,79 a 0,86). Los que bebían más de cuatro tazas al día también experimentaron una reducción del 18% de la tasa de muerte total.

     


    En cuanto a la mortalidad específica por causa, se comprobó que los bebedores de café, con respecto a los no bebedores, tenían menores tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares, respiratorias, ictus, diabetes, enfermedad renal y cáncer.

     


    Estos resultados boyantes se observaron en todas las etnias participantes menos en una: los nativos de Hawai.

     


    Finalmente, los resultados fueron similares entre los que consumían café con cafeína o sin ella.

     

     

    Alfonso Aguado, maestro barista, cogiendo la drupa del café en la finca Los Castaños, Valle de Agaete (Gran Canaria)

     

     

    Consumo de café y mortalidad en 10 países europeos: Un estudio de cohorte multinacional

     

    Este es el título del artículo publicado el mismo día, 11 de julio de 2017, y en la misma revista que el estudio precedente, Annals of Internal Medicine. Se trata de un estudio prospectivo europeo (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition: EPIC), efectuado con una muestra de algo más de medio millón de personas (521.330), pertenecientes a 10 países europeos, incluyendo España. Durante el seguimiento de los participantes, que no fue precisamente corto, 16 años, dio tiempo a contabilizar 41.693 fallecimientos. (14)

     


    En este trabajo no sólo examinaron la posible asociación entre el consumo de café y la mortalidad total y por causa específica sino también, en un subgrupo de pacientes, analizaron una serie de marcadores biológicos en el suero, a fin de evaluar la función hepática, la inflamación y el metabolismo.

     


    El volumen de café consumido por los ciudadanos de estas diez naciones europeas fue variable, siendo Italia el país donde consumen menos café (media: 91 ml/día, los hombres; 93 ml /día, las mujeres) en tanto que Dinamarca registra los mayores consumos (media: 900 ml/día, tanto hombres como mujeres).

     


    También en este estudio se ha comprobado que los bebedores de café, a diferencia de los que no lo beben, suelen ser más jóvenes, fuman más, consumen más carnes rojas y procesadas, beben más alcohol, y comen menos frutas y verduras.

     


    Tras el correspondiente análisis estadístico (modelos multivariables de la regresión de cox y estricto control de variables de confusión), se apreció un hecho muy repetido en este contenido: una sensible reducción del riesgo de mortalidad total entre los consumidores regulares de café, cuando eran comparados con los que nunca lo bebían.

     


    Concretando, diremos que los varones que bebían tres o más tazas de café al día (cuartil más alto), con respecto a los no bebedores, experimentaban reducciones de un 18% del riesgo de muerte por todas las causas (HR: 0,82; IC 95%; 0,76 a 0,89), mientras que las mujeres que bebían similares cantidades experimentaban una reducción del 8% de la mortalidad total (HR: 0,92; IC 95%, 0,87 a 0,98), con respecto a las no consumidoras.

     


    Estos investigadores también observaron que los bebedores de café descafeinado se beneficiaban de similares reducciones de la mortalidad que los bebedores de café sin eliminar la cafeína.

     

     

    Preparando una infusión de café con la Chemex. Cortesía de Oscar de Toro. Cafetería Venecia. Santiago de Compostela, A Coruña

     

     

    ¿Cómo fue la asociación entre el café y la mortalidad por causa específica de este estudio europeo?  ​​​​​​​


     
    Se observó una intensa asociación inversa entre el consumo regular de café y la mortalidad por enfermedades digestivas (a más consumo menos mortalidad), sobre todo, en hombres, dado que los mayores consumidores (tres o más tazas al día), con respecto a los que no lo ingerían, veían reducido el riesgo de muerte en un porcentaje del 59%. Aunque las mujeres que consumían más café también se beneficiaron de notables reducciones del riesgo de muerte por enfermedades digestivas: 40%.

     


    En este estudio se observó que algo más de una tercera parte de las muertes por procesos digestivos correspondieron a enfermedades del hígado, sobre todo, cirrosis. Pues bien, el consumo regular de café se asocia a una intensa reducción del riesgo de muerte por enfermedades hepáticas (80%), lo que no se aprecia con el resto de enfermedades digestivas.

     


    La enfermedad más agraciada por el café es la  cirrosis, tanto la etílica como la de otro origen, incluyendo hígado graso: 79% de reducción del riesgo de muerte (HR: 0,21; IC 95%, 013 a 0,34).

     


    El consumo habitual de café también se asoció inversamente con la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, especialmente en las mujeres, que se beneficiaron de una significativa reducción del riesgo de muerte por ictus: 30 % (HR: 0,70; IC 95% 0,55 a 0,90).

     


    En cuanto a la mortalidad global por cánceres, el café no reveló reducciones significativas. Aunque sí observaron una sensible reducción del riesgo de cáncer de hígado, tanto en hombres como en mujeres.

     


    En este estudio llamó la atención una reducción del riesgo de muerte por cáncer de pulmón por parte de los mayores consumidores de café, cuando se los comparaba con los no bebedores.

     

     

    ¿Qué observaron en el subgrupo de participantes nunca fumadores?

     

    Como era de esperar, los nunca fumadores que bebían más volúmenes de café experimentaban mayores reducciones de la mortalidad total.

     


    Cuando lo que se analizaba era la mortalidad específica, los grandes bebedores de café que nunca habían fumado también experimentaron significativas reducciones del riesgo de muerte global por cáncer, además de relevantes reducciones del riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, digestivas y respiratorias.

     

     

    ¿Cómo afectó el consumo regular de café a los marcadores biológicos?

     

    Pues, comparados con los no bebedores de café o con muy bajo consumo, los que lo consumían en mayores cantidades (tres o más tazas diarias), tenían menos concentraciones plasmáticas de enzimas indicativas de daño hepático (GOT, GPT, GGT, fosfatasa alcalina) y mayores niveles de albúmina (proteína sintetizada en el hígado).

     


    Además, en las mujeres, a diferencia de los varones, el mayor consumo de café se asoció con una mayor reducción de la Proteína C Reactiva (PCR), un marcador inespecífico de inflamación, y de altos niveles del vulgarmente llamado colesterol bueno, esto es, el HDL-colesterol, que se asocia a una reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares.

     


    En hombres, en cambio, la ingesta habitual de café se asoció con una sensible reducción del riesgo de muerte por suicidio.

     


    Los autores concluyen el estudio diciendo lo siguiente: “Nuestros resultados sugieren que el mayor consumo de café se asocia a un menor riesgo de muerte por varias causas, especialmente por enfermedades digestivas y cardiovasculares. La consistencia y similitud de los resultados de este estudio europeo con los obtenidos en otros estudios de cohorte, efectuados en diversas partes del mundo, así como los favorables datos observados en los biomarcadores biológicos, indicando que los bebedores de café tienen una mejor función hepática y menor carga de inflamación que los que nunca lo consumen o lo beben esporádicamente, soportan la hipótesis de que el café puede conferir saludables beneficios. Dado que su consumo es un estilo de vida modificable, sus potenciales beneficios clínicos deben ser encarecidamente considerados.”

     

     

    Asociación entre el consumo de café y la mortalidad en una gran cohorte británica (UK Biobank)

     

    Este estudio prospectivo, publicado en agosto de este año en JAMA Internal Medicine, ha tenido el gran mérito de ser el primero en tener en cuenta las variantes genéticas (polimorfismos genéticos) responsables de una mayor o menor metabolización hepática de la cafeína.

     


    La muestra de personas evaluada fue muy notable, casi medio millón (498 134), seguidas durante 10 años, al cabo de los cuales se llegó a conclusiones similares: una asociación entre el consumo regular de café y una reducción de la tasa de muerte por todas las causa, que osciló desde un 8% en los bebedores de una taza diaria hasta un 16% en los que bebían 6 a 7 tazas diarias. Además, los grandes consumidores de café, 8 ó más tazas diarias, también se beneficiaron con una reducción significativa de la tasa de muerte: un 14%. Por otra parte, estos boyantes resultados no se alteraron en las personas que metabolizaban la cafeína más lenta o más rápidamente. Finalmente, los bebedores de café descafeinado se beneficiaron de igual forma. (15)

     


    “Nuestros hallazgos sugieren que otros compuestos del café, diferentes a la cafeína, representan un papel capital en la reducción de la tasa de muerte observada con su consumo habitual, pues se obtienen resultados similares con café descafeinado. Además, permiten afirmar con cierta seguridad que el café debe formar parte de cualquier dieta saludable”, concluyen los autores.

     

     

    Consumo de café y mortalidad total en una cohorte mediterránea

     

    El 23 de noviembre de 2018 se publicó en una revista especializada en el tema (The American Journal of Clinical Nutrition ) un excelente estudio prospectivo de autoría española, "El Seguimiento Universidad de Navarra (SUN)".

     


    Los responsables del mismo, Adela M. Navarro y colegas, investigadores del CIBEROBN, adscritos al grupo de medicina Preventiva de la Universidad de Navarra, también observaron una mayor longevidad entre los bebedores regulares de café, tras estudiar a 20.000 voluntarios, graduados universitarios de toda España, durante 10 años.

     

    En esencia, apreciaron una reducción del 22% en la tasa de muerte por todas las causas entre los consumidores de 2 tazas diarias de café. Aunque los más gratificados fueron los que tenían 55 ó más años: 34% de disminución (HR: 0.67; 95% CI: 0.52, 0.86). (16)

     


    Estos favorables resultados se obtuvieron tanto bebiendo café con cafeína como con descafeinado, incluso con el soluble.

     

     

    Brindando con café especial de Etiopía, Yirgacheffe, infusionado con la Chemex, cafetera de filtro.

     

     

    Impresiones finales

     

    En este contenido del blog vuelvo a glosar las bondades del café, basándome en los principales estudios internacionales que han revelado una reducción de la tasa de muerte total y específica por su consumo habitual. Como veremos en otro futuro artículo, gran parte del efecto saludable del café probablemente se deba a su capacidad de reducir el acortamiento acelerado de los extremos de los cromosomas (telómeros) y, por ello, hacer que nuestra edad biológica sea menor que la que figura en nuestro carné de identidad (edad cronológica). (17,18) Incluso un reciente estudio experimental (los de mayor calidad científica) ha mostrado cómo el consumo habitual de café (500 ml. diarios) mantiene la integridad del ADN, versus grupo control. (18)

     


    En fin, concluyamos el tema brindando a la salud de todos con una copa de café de especialidad infusionado con la Chemex. Sí, deseo que, durante este año 2019, tanto la salud como la escurridiza felicidad os acompañen fielmente. Un fuerte abrazo.

     


                                                                         

                                                               Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     

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    4. Association of coffee intake with total and cause-specific mortality in a Japanese population: the Japan Public Health Center-based Prospective Study.Saito E, Inoue M, Sawada N, Shimazu T, Yamaji T, Iwasaki M, Sasazuki S, Noda M1, Iso H, Tsugane S.

     


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    10. Andersen LF, Jacobs DR, Carlsen MH, Blomhoff R. Consumption of coffee is associated with reduced risk of death attributed to inflammatory and cardiovascular diseases in the Iowa Women's Health Study. Am J Clin Nutr2006;83:1039–46

     


    11. Circulation. 2015 Dec 15;132(24):2305-15. doi: 10.1161/CIRCULATIONAHA.115.017341. Epub 2015 Nov 16. Association of Coffee Consumption With Total and Cause-Specific Mortality in 3 Large Prospective Cohorts. Ding M, Satija A, Bhupathiraju SN, Hu Y, Sun Q, Han J, Lopez-Garcia E, Willett W, van Dam RM1, Hu FB

     


    12. Association of Coffee Consumption With Overall and Cause-Specific Mortality in a Large US Prospective Cohort Study. Loftfield E, Freedman ND, Graubard BI, Guertin KA, Black A, Huang WY, Shebl FM, Mayne ST, Sinha R. Am J Epidemiol. 2015 Dec 15;182(12):1010-22. doi: 10.1093/aje/kwv146. Epub 2015 Nov 27

     


    13.  Association of coffee consumption with total and cause-specific mortality among nonwhite populations. Annals of Internal Medicine. 11 July 2017.

     


    14. Ann Intern Med. 2017 Jul 11. doi: 10.7326/M16-2945. Coffee Drinking and Mortality in 10 European Countries: A Multinational Cohort Study. Gunter MJ, Murphy N, Cross AJ, Dossus L, Dartois L, Fagherazzi G, Kaaks R, Kühn T, Boeing H, Aleksandrova K, Tjønneland A, Olsen A, Overvad K, Larsen SC, Redondo Cornejo ML, Agudo A, Sánchez Pérez MJ, Altzibar JM, Navarro C, Ardanaz E, Khaw KT, Butterworth A, Bradbury KE, Trichopoulou A, Lagiou P, Trichopoulos D, Palli D, Grioni S, Vineis P, Panico S, Tumino R, Bueno-de-Mesquita B, Siersema P, Leenders M, Beulens JWJ, Uiterwaal CU, Wallström P, Nilsson LM, Landberg R, Weiderpass E, Skeie G, Braaten T, Brennan P, Licaj I, Muller DC, Sinha R, Wareham N, Riboli E

     


    15. Association of Coffee Drinking With Mortality by Genetic Variation in Caffeine Metabolism Findings From the UK Biobank Erikka Loftfield, PhD; Marilyn C. Cornelis, PhD; Neil Caporaso, MD; et alKai Yu, PhD; Rashmi Sinha, PhD; Neal Freedman, PhD. JAMA Intern Med. 2018;178(8):1086-1097. doi:10.1001/jamainternmed.2018.2425

     


    16. Coffee consumption and total mortality in a Mediterranean prospective cohort Adela M Navarro Miguel Á Martinez-Gonzalez Alfredo Gea Giuseppe Grosso José M Martín-Moreno Esther Lopez-Garcia Nerea Martin-Calvo Estefanía Toledo The American Journal of Clinical Nutrition, Volume 108, Issue 5, 1 November 2018, Pages 1113–1120. 23 November 2018

     


    17. Coffe Consumption is positively associated with longer leukocyte telomere length in the Nurses´ Health Study.(NHS). The Journal of Nutrition. 2016. Jul. Jason J.Liu, Marta Crous Bou; Edward Giovannucci and Inmaculata de Vivo

     


    18. Caffeine consumption and telomere length in men and women of the National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES). Larry A. Tucker. Nutrition & Metabolism201714:10

     


    19. Consumption of a dark roast coffee blend reduces DNA damage in humans: results from a 4-week randomised controlled study. 17 november 2018. European Journal of Nutrition.

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?
     


    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


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    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


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    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


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    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

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  • 01/11/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Arco Conjuradero de Villegas

    Arco Conjuradero de Villegas


    La singularidad del Arco Conjuradero de Villegas y la calidad artística de su templo parroquial, la Iglesia de Santa Eugenia, deberían convertir a este pueblo burgalés en un destino cultural preeminente, capaz de enriquecer la salud no sólo de los amantes del arte sino también la de los que disfrutan con lo singular y lo bello. De esta suerte, tales obras humanas merecen elevarse a la categoría de arte y patrimonio universal, que debe cuidarse, rehabilitarse y promocionarse para beneficio de todo ciudadano del planeta que tenga la fortuna de descubrirlas y conocerlas.

     

     

    A fin de seguir un cierto orden expositivo, en este artículo procederemos, primero, a referir brevemente cómo se accede a Villegas, para, más tarde, centrarnos en el Arco Conjuradero. Posteriormente, un segundo artículo, el del próximo mes, lo dedicaremos a valorar y describir artísticamente la iglesia de Santa Eugenia, a la luz de los últimos descubrimientos, tras la restauración de sus cubiertas y vidrieras.

     

     

    Acceso a Villegas

     

    Desde Burgos capital a Villegas hay menos de una cincuentena de kilómetros (45 km), por lo que en coche tardaremos poco más de media hora. Tras recorrer unos pocos kilómetros por una de las rondas que circunvalan la capital, la BU-30, veremos a nuestra izquierda Villagonzalo Pedernales, momento en el que, a nuestra derecha, aparece el acceso a la autovía del Camino de Santiago, la A-231, que deberemos coger y no abandonar durante poco más de treinta kilómetros (33 km) hasta llegar al acceso a Sasamón y a Olmillos de Sasamón, donde saldremos de la citada autovía. Ahora nos dirigiremos al primer pueblo (por la BU-P-4041) al que llegaremos en corto trayecto.

     


    Una vez en Sasamón dejaremos, a nuestra izquierda, el trozo de muralla conservada y, más arriba, la imponente imagen de su iglesia de Santa María la Real, para acceder a la carretera de Villadiego (BU-640), a nuestra derecha, a fin de recorrer los siete kilómetros que distan hasta Villegas.

     

     

    ¿Qué es un Arco conjuradero?

     

    En las siguientes líneas vamos a desgranar este concepto, valiéndonos, inicialmente, de lo aceptado por la Real Academia Española de la Lengua o, mejor dicho, por la Asociación de Academias de la Lengua Española, que incluye otras veintitrés Academias de la Lengua de Cervantes. Procedamos, pues.

     


    La primera palabra, arco, poco tiene de críptico o confuso, en cambio, la segunda, conjuradero, puede entrañar alguna dificultad.

     


    De entrada, observamos que la palabra conjuradero todavía no está registrada en el diccionario de la Real Academia Española (R.A.E.), aunque menos mal que sí lo está conjuro, sustantivo masculino, que significa acción y efecto de conjurar. Pero, ¿qué es, exactamente, conjurar? Pues, entre los diversos significados del verbo transitivo conjurar, que acepta y respalda la R.A.E, hay dos que compatibilizan bastante bien con el título de este apartado. Veámoslos:

     


    1. Rogar encarecidamente, pedir con instancia y con alguna fórmula de autoridad algo.

    2. Impedir, evitar o alejar un daño o peligro.

     


    La fusión de estas dos respuestas nos permite colegir que alguien ruega con fervor y, probablemente, empleando una fórmula de autoridad, para prevenir algún daño o peligro.

     


    Sigamos con más sarta de preguntas: ¿qué daños se pretenden evitar?, ¿qué persona revestida de cierta autoridad procede a tales peticiones?, ¿qué tipo de fórmula rogatoria emplea?, ¿desde qué pedestal o lugar destacado ejerce esta función?

     

    Arco Conjuradero de Villegas, por delante de la Iglesia de Santa Eugenia. (30-06-2017)

     

     

    Bueno, llegado a este punto más vale que atine y concrete las respuestas, no siendo que más de uno empiece a irritarse por tanta tardanza y busque directamente el significado en la Real Academia Internacional de Internautas, menos escrupulosa y más versátil que la R.A.E. 

     


    Lo que se pretende evitar, impedir o alejar son las inclemencias meteorológicas que puedan dañar los frutales y las cosechas tanto de secano como de regadío, esto es, las tormentas de granizo, o sea, granos esféricos de hielo, de 2 a 5 mm de diámetro, que cuando caen al suelo rebotan y no se rompen. Aunque más temible que el granizo es el pedrisco, pues la precipitación está constituida por granos de hielo de mayores dimensiones, que oscilan desde diámetros de uno o dos centímetros, lo habitual, hasta los cinco centímetros, menos comunes, por fortuna.

     


    Es fácil comprender que tales precipitaciones se comportan como armas arrojadizas sobre las frágiles cosechas cerealistas, productos de huerta (legumbres, tomates, pimientos, etc.) y frutales, por lo que el campesinado no sólo español sino de cualquier parte del planeta las teme cervalmente, dado que la pérdidas sufridas pueden arruinar o aminorar la economía familiar.

     


    Aunque actualmente existen sindicatos agrarios que velan por los intereses de los agricultores al igual que seguros que pueden subvenir una parte de las pérdidas, antaño, al campesinado, sólo le quedaba implorar al cielo, a Dios o a ciertos santos/as como Santa Bárbara. Mas, ¿quién conjuraba a las tormentas con granizo?

     


    Obviamente, en Castilla y en el resto de España, los que conjuraban estas temibles tormentas eran los sacerdotes, por lo menos desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Pero, ¿sólo los sacerdotes? Pues, según lo descrito por Jesús Callejo en su libro Gnomos, se necesitaban dos personas para que un conjuro tuviera cierto efecto: una, el sacerdote, ya citado; la otra, el campanero. “El primero representaba el ritual cristiano, la sabiduría y la élite. El otro representaba al pueblo, la superstición y los ritos paganos. El sacerdote se valía de estola, agua bendita, oraciones, cruces y todo objeto religioso que cayera en sus manos. El campanero sólo tenía sus campanas y sus “toques”, persiguiendo con su acción un determinado fin: utilizar el desorden (los ruidos) contra el desorden (el fenómeno atmosférico)”,sentencia Jesús Callejo.

     


    Para ello, se colocaban en los pórticos de las iglesias, en ciertos templetes o construcciones efectuadas para tal efecto, del tipo de arcos próximos a la iglesia, como acontece en Villegas, donde el Arco Conjuradero está muy cerca de la iglesia de Santa Eugenia, o en Poza de la Sal, en la comarca burgalesa de la Bureba, donde el sacerdote conjuraba las tormentas desde un balcón construido sobre una de las puertas o arcos de la muralla, también cercanos a una iglesia, la de San Cosme y San Damián.

     

     

    Arco Conjuradero de Poza de la Sal, desde la Plaza Vieja

     

     

    Arco Conjuradero de Poza de la Sal

     

     

    Aprovecho este momento para decir que en Castilla y León sólo quedan cuatro Arcos Conjuraderos: los burgaleses, ya citados, de Villegas y de Poza de la Sal, el vallisoletano de Cuenca de Campos, y el palentino de Cojuelos de Ojeda.

     


    En el pirineo aragonés se construyeron, desde el siglo XVI hasta el XVIII, los denominados esconjuraderos, desde donde el sacerdote y los vecinos se reunían para conjurar las tormentas o tronadas, a fin de que no sucedieran en su término municipal. Incluso existen actualmente rutas de esconjuraderos, con obligada visita a los de Guaso, Almazorre, San Vicente de Labuerda, entre otros.

     


    En Aragón, donde más proliferan los esconjuraderos es en la comarca de Sobrarbe. Aunque, es una costumbre muy común en toda la franja pirenaica, incluyendo Lérida, Gerona, donde se les denomina comunidor, así como en el vecino territorio francés.

     

     

    ¿Qué tipo de fórmulas empleaban en tales conjuros?

     

    En tales conjuros empleaban un lenguaje particular, que, no obstante, es muy parecido en las diversas regiones españolas. Así, por ejemplo, en Grandas de Salime (Asturias), emplean, según Jesús Callejo, un conjuro para alejar el nuberu, que debe acompañarse de un vigoroso tañido de campanas:

     


                          Detente, nube y nublado,

                        que Dios puede más que el diablo.

                        Detente, nube,

                        etente, tú,

                        que Dios puede más que tú.

     


    En Cuenca de Campos, desde hace unos años, están revitalizando esta antigua tradición, mediante actuaciones teatralizadas, a fin de concitar más visitas turísticas, para lo cual emplean un clásico conjuro de tormentas, a saber:

     


                            Tente, nublo, tente,

                           si eres agua, ven acá,

                           si eres piedra, vete allá.

                           Detente nube maldita

                           que Dios puede más que tú.

     

     

    No quiero soslayar el hecho de que no siempre era el cura el que se atrevía con tales conjuros sino también gente llana, vecinos o vecinas de esos pueblos castigados por tales granizadas, probablemente impelidos por la escasa efectividad del sacerdote de turno.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas


    Al poco de entrar en la plaza mayor de Villegas, nos llama la atención la presencia del Arco Conjuradero y de la iglesia fortaleza de Santa Eugenia.

     


    Si nos situamos enfrente de su fachada principal, o sea, la meridional, podremos observar un gran arco de medio punto, con dovelas bien trazadas, sobre el que se alza una única planta, en cuya parte superior destaca una hornacina central, que contiene una imagen exenta de Santa Bárbara, flanqueada por dos ventanas rectangulares, casi inmediatamente por debajo del alero. La piedra caliza es la predominante, combinando mampuesto con sillería.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas

     

     

    En nuestro arco, Santa Bárbara parece coger una rama de palma con su mano izquierda, como símbolo de su martirio, en tanto que apoya su mano derecha sobre una columna, que bien podría ser el símbolo de la torre del castillo en donde su padre la encarceló para evitar su conversión al cristianismo.

     


    Dado que su padre, Dióscuro, un sátrapa de Nicomedia, fue fulminado por un rayo inmediatamente después de decapitar a su propia hija (siglo III de nuestra era), la Iglesia, hace muchos siglos, la nominó Santa Protectora de las personas y de sus bienes frente a las tormentas. Por este motivo figura en un lugar destacado de nuestro Arco Conjuradero.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Santa Bárbara en una hornacina superior

     

     

    Otra frase muy popular en la que se invoca a esta mártir es la de “acordarse de Santa Bárbara cuando truena”. Aunque, con el tiempo, su sentido “meteorológico” ha sido reemplazado por el relacionado con la pereza y la falta de previsión, que, a veces, nos domina tanto como para dejar para mañana lo que podemos hacer hoy.

     

     

    Jaculatorias a Santa Bárbara

     

    Cuando se invoca a Santa Bárbara mediante una oración breve, cargada de fe, para ahuyentar las tormentas, es muy común empezar con los siguientes tres versos:

     


                              “Santa Bárbara bendita,

                                que en el cielo estás escrita

                                con papel y agua bendita.”

     


    La continuación de la oración se efectuaba con un variable conjunto de versos, dependiendo del origen geográfico. Así, en el pirineo aragonés, solían hacerlo así:

     


                             “ Jesucristo está enclavado

                             en el árbol de la cruz,

                             Páternoste amén Jesús”.

     


    En el Concejo de Somiedo (Asturias) una singular jaculatoria a Santa Bárbara es la que sigue:

     


                           “Santa Bárbara bendita,

                            que en el cielo estás escrita

                            con papel y agua bendita.

                            Santa Bárbara doncella,

                            líbranos de la centella

                            y del rayo mal parado.

                           Jesucristo está enclavado

                           en el ara de la Cruz.

                           Paternoste, Amén Jesús.”

     


    Carmen Gonzalo de Andrés, licenciada en Historia, refirió en un artículo (“Acordarse de Santa Bárbara cuando suena”) diversas jaculatorias para Santa Bárbara, así como ciertas creencias, ritos, conjuros y toques de campanas, publicado en la Revista del Aficionado a la Meteorología (N 9-Marzo de 2003). El que tenga interés le aconsejo leerlo, pues es bastante ilustrativo.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Visión posterior, con la escalera de acceso.

     

     

    Siguiendo con la descripción de nuestro arco, si penetramos por su vano y nos colocamos enfrente de su fachada posterior o septentrional, observaremos la escalera que asciende hasta su planta, la cual exhibe un paramento de ladrillo, dividido en tres cuerpos por dos vigas de madera. Tanto por la fachada sur como por la norte, apreciaremos que está adherido a una dependencia del Ayuntamiento.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Interior

     

     

    Descripción del interior

     

    En este momento es obligado mencionar a Javier Rodríguez, el presidente de la Asociación Cultural Puentipiedra de Villegas, quien muy amablemente me mostró el interior de la habitación o capilla de nuestro arco (30-06-2017).

     


    Tras subir las escaleras, abrió la puerta y descubrió una pequeña habitación, iluminada por la ventana desde donde el sacerdote solía conjurar las tormentas, donde destacaban, en su pared derecha (la norte), dos objetos: más cerca de la entrada, una vela contenida en una especie de urna de cristal, de forma hexagonal; más allá, en el centro de la pared, un armario de madera, apoyado sobre una mesa, a modo de tabernáculo, con sus caras talladas con diversas imágenes.

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Vela en urna de cristal

     

    Arco Conjuradero de Villegas: objetos del interior del armario-tabernáculo

     

    Arco conjuradero de Villegas: viril de lo que parece una custodia, empleada en los conjuros de tempestades

     

     

    Cuando Javier procedió a abrir este singular tabernáculo, aparecieron varios objetos, un tanto singulares: dos cruces; una especie de custodia u ostensorio, cuyo torneado soporte de madera sostiene un óvalo con marco de madera, cubierto por un cristal, parecido al viril que contiene la hostia sagrada o las reliquias de un relicario, que deja ver una imagen en la que parece haber una figura central, en torno a la cual aparecen bilateralmente más personajes (seis en el lado derecho, cinco en el izquierdo, aunque también pudieran ser seis, completando así los doce apóstoles, que escuchan absortos a Jesús) dispuestos en una especie de templo con columnas a ambos lados; y un libro de conjuros del siglo XVIII, que nada más verlo me cautivó, pues me pareció una verdadera joya bibliográfica, que debe conservarse y restaurarse con primor.

     

     

    Libro de Conjuros de Ximénez, existente dentro del Arco Conjuradero de Villegas, que abre Javier Rodríguez, a fin de fotografiarlo

     

     

    Estamos hablando de un libro de conjuros contra tempestades, truenos, granizo, rayos y langostas, escrito por el doctor Pedro Ximenez,beneficiado de las iglesias de Navarrete y Fuen-Mayor (Zaragoza, 1738).

     


    Mientras Javier mostraba varias páginas del libro, aproveché para efectuarle sendas fotos. Nos resultó llamativo observar que, en la que figura el título en castellano, también se especifica la librería en la que los contemporáneos (siglo XVIII) podrían obtener el citado libro: “Se hallará en Burgos, en la Librería de Felipe Zuazo, Plazuela del Arzobispo”.

     


    Posteriormente, confirmamos que se trata de un libro plenamente digitalizado por la Biblioteca de Castilla y León, que incluye la portada, las guardas y setenta y ocho páginas en latín, plenas de plegarias y exorcismos contra las tormentas, granizadas, plagas de langosta y demás desmanes de la naturaleza.

     

     

     Arco conjuradero de Villegas: Libro de conjuros de Pedro Ximenez, donde se distingue nítidamente, en el encabezamiento de las dos páginas, que tenemos un manual de exorcismos contra inminentes tempestades.

     

     

    Es fácil colegir que todos estos elementos, cruces, custodia y el libro de Ximénez, fueron empleados por diversos sacerdotes de Villegas, hasta bien entrado el siglo XIX, con el propósito de prevenir las temibles tormentas capaces de arrasar toda la cosecha.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Objetos empleados en los conjuros de las granizadas.

     

     

    ¿Por qué hay una vela encendida a modo de luminaria junto al armario con los útiles para conjurar las tempestades?

     

    Desde que entré con Javier en la habitación del Arco Conjuradero de Villegas no dejó de intrigarme la presencia de una vela encendida dentro de la urna de cristal, que, en parte, recordaba la luminaria que debe arder continuamente junto al sagrario, con objeto de recordar que Jesucristo está sacramentalmente allí y significa el amor vigilante de Dios.

     


    Pero tenía la impresión de que su origen y permanencia debería de tener otro sentido. Por eso no dudé en preguntárselo a Javier:

     

     

    -- ¿Por qué está encendida esa vela?

     


    -- Pues porque la gente cree que, ahora, a falta de conjuros, mantenerla encendida bien podría ayudar a que los campos de Villegas se libren de tempestades y pedriscos— me responde Javier.

     


    -- Ya, entonces, supongo que para que no se apague será preciso que alguien se responsabilice de mantener constantemente vivo su fuego.

     


    -- Sí, una mujer sube todos los días a avivar su fuego, desde que se inicia la siembra del trigo y  cebada hasta que se recoge la cosecha, o sea, desde la Cruz de mayo hasta la Cruz de septiembre me contesta.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Javier Rodríguez, presidente de la Asociación Cultural Puentipiedra (30-06-2017).

     

     

    Sin caer en la jocosidad se me ocurre plantearle lo siguiente:

     


    -- Javier, al igual que la efectividad de las vacunas para prevenir las enfermedades transmisibles para las que se diseñan no suele ser del 100%, la capacidad preventiva de tormentas con pedrisco de esta luminaria tampoco lo será. ¿Tienes referencia de alguna tempestad que asolara la cosecha de cereales de este pueblo?

     


    -- Pues mira sí, un día de junio de 1983, sufrimos un terrible pedrisco, que arrasó toda la cosecha de los campos de Villegas. Absolutamente toda,- recuerda con cierta tristeza-. Aunque esa desgracia no hizo perder la fe en esta costumbre nuestra, dado que una mujer se sigue asegurando diariamente de que la llama mantenga alumbrada la estancia, al menos, hasta que toda la cosecha sea recogida, afirma con convicción.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Ventana desde donde el sacerdote conjuraba las tormentas, tras la reciente restauración de Patrimonio de Castilla y León.

     

     

    Posteriormente, señaló la ventana ubicada en la otra pared, por donde entra la luz, para referirme: “Desde esta ventana se efectuaban todos los conjuros. Desde aquí, el sacerdote, tras subir con sus monaguillos, vestido con su capa pluvial, procedía a exorcizar contra tormentas, pedriscos, rayos y todo mal que pudiera echar a perder las cosechas, según me cuentan, pues yo nunca he llegado a verlo”.

     

     

    Mientras salíamos del arco de los conjuros y procedíamos a descender las escaleras, pensé que lo mostrado y vivido junto a Javier bien merece la pena divulgarlo y, sobre todo, sacarle provecho culturalmente. Esto es, en absoluto me parece descabellado organizar actuaciones teatralizadas sobre tema tan singular, como hacen, desde el año 2006, en Cuenca de Campos, con gran repercusión periodística y relevante afluencia de público. De esta suerte, se promocionaría un turismo cultural.

     


    Además, en Villegas, como acabamos de mencionar, aún se mantiene viva la tradición, al menos, la que depende de las villeguinas que se responsabilizan de que nunca se apague la vela durante el tiempo transcurrido desde la siembra hasta la cosecha.

     


    Por cierto, la suegra de Javier se encargó, durante mucho tiempo, de mantener encendida la vela del arco, como ella me refirió poco después con estas palabras: “Todos los días, desde la Cruz de mayo hasta la Cruz de septiembre, subía al arco para asegurarme de que la vela seguía encendida.”

     


    Tanto Javier como su suegra me hablaron de mantener encendida la vela de una cruz a otra, a fin de proteger el periodo de desarrollo de los cereales, desde poco después de sembrarlos hasta su cosecha, a lo que había que sumar el tiempo dedicado a la trilla y la posterior recogida del cereal, fundamentalmente trigo y cebada, así como de la paja resultante, que servía para alimentar al ganado.

     


    Poco más tarde, comprendí que las citadas cruces corresponden con dos fechas: el día tres de mayo, el de la Invención de la Santa Cruz (cruz primaveral o verde), en relación con el descubrimiento de la Santa Cruz por Elena, la madre del Emperador Constantino, un 3 de septiembre del 326; y el 14 de septiembre, cuando la Iglesia eligió ese día para celebrar la Exaltación de la Santa Cruz (o cruz seca). 

     


    En fin, el Arco Conjuradero de Villegas es una emblemática obra patrimonial, construida con el propósito de servir de púlpito desde el cual un sacerdote procedía a conjurar las tormentas y demás desatinos de la naturaleza, mediante un estudiado y variado ritual, con el propósito de prevenir la destrucción de las cosechas. El hecho de que aún se conserve en pie, merced al tesón de los miembros de la Asociación Cultural Puentipiedra de Villegas, es una fortuna para toda persona que lo visite y se impregne de su halo cultural, espiritual y antropológico, pues, sin duda, servirá para enriquecer su salud y para prevenir la enfermedad, verdadera tempestad humana, en su triple dimensión: física, mental y social.

     

     

     

                                                   Dr. Félix Martín Santos

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

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  • 04/10/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Prevención de fracturas osteoporóticas por el consumo de aceite de oliva virgen extra

    Prevención de fracturas osteoporóticas por el consumo de aceite de oliva virgen extra

     

    Rigurosos estudios epidemiológicos están revelando que el consumo regular de aceite de oliva virgen extra, un ingrediente clave de la Dieta Mediterránea (DM), se asocia a una reducción significativa del riesgo de fracturas osteoporóticas.

     

    Tales hallazgos científicos nos hacen concebir ciertas esperanzas, dado que las fracturas de cadera, vertebrales y no vertebrales por osteoporosis representan el segundo problema de salud en el mundo, después de las enfermedades cardiovasculares, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Efectivamente, la fragilidad esquelética, secundaria tanto a una reducción de la cantidad de hueso (densidad mineral ósea) cuanto a un deterioro de su calidad (microarquitectura ósea), es responsable de tantas fracturas óseas en mujeres (a partir de la menopausia) y en hombres (con el envejecimiento) como para disparar las tasas de mortalidad, morbilidad e incapacidad, así como del consiguiente coste socioeconómico. Por ello, se antoja crucial descubrir medidas de prevención primaria de este gran problema de salud pública mundial, que tengan que ver con estilos de vida adquiribles por la población, como pudiera ser la adhesión a la Dieta Mediterránea y, en este caso particular, al aceite de oliva virgen extra.

     

     

    Importancia de la osteoporosis

     

    Cuando a efectos de planificación sanitaria se quiere seleccionar un problema como prioritario por su importancia es preciso utilizar una serie de criterios, a saber: frecuencia de la enfermedad, según la tasa de incidencia y la proporción de prevalencia; gravedad, medida por la tasa de mortalidad; grado de incapacidad, según las secuelas e invalideces que comporta; coste económico; carga social y familiar, entre otros.

     


    El 23 de febrero de 2017, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), aportó una serie de datos epidemiológicos sobre la osteoporosis, en parte basados en informaciones de la OMS, que abundaron en la frecuencia, gravedad, y coste económico de la osteoporosis y de sus temibles complicaciones, las fracturas óseas. (1)

     


    Así, según la OMS, la osteoporosis la padecen en España 3,5 millones de personas. Si extendiéramos el cómputo al conjunto de Europa, las cifras serían muy notables. Así, una estimación del año 2010 reveló que 22 millones de mujeres y 5,5 millones de hombres, pertenecientes a la Unión Europea, fueron diagnosticados de osteoporosis mediante densitometría, prueba capaz de predecir el riesgo de fracturas por fragilidad ósea.

     


    La gravedad depende fundamentalmente de las fracturas óseas, especialmente de la fractura de cadera o, mejor dicho, de la extremidad proximal del fémur, pues en torno al 30% de las personas que la sufren fallecen durante los doce meses subsiguientes a la fractura, 2 en tanto que casi el 50% de los supervivientes quedan con relevantes grados de incapacidad, bastantes, postrados en sillas de ruedas. Pues bien, según la SEGG, en España, en personas mayores de 70 años se diagnostican anualmente entre 63.000 y 65.000 fracturas de cadera, a las que hay que sumar las fracturas vertebrales, cuya incidencia es sensiblemente mayor, unas tres veces superior a las fracturas de extremidad proximal del fémur. Además, otro tipo de fracturas por fragilidad también alcanzan cifras muy apreciables: las 275 fracturas de húmero y las 250 fracturas de radio que se producen anualmente por cada 1000 personas (tasa de incidencia).

     


    En nuestro país, las camas ocupadas en los Servicios de Traumatología por fracturas osteoporóticas reflejan bien su alta frecuencia: entre el 20 y el 25% acogen a pacientes que están sufriendo las citadas fracturas.

     


    Un gran criterio de gravedad corresponde a la mortalidad por fracturas osteoporóticas, que en el año 2010 alcanzó cifras muy alarmantes: 42.809 fallecimientos en la Unión Europea, de los cuales, 2.550 correspondieron a España. Estos datos permiten calcular una tasa de mortalidad de 8,72 por cada 1.000 habitantes durante el año 2010, por lo que las muertes directamente atribuibles a fractura de cadera correspondieron al 0,64% del total.

     


    Por otra parte, dado el creciente envejecimiento de la población estas cifras no tienden a atemperarse sino, al contrario, a incrementarse.

     


    Otro criterio selectivo, muy ponderador de la importancia de un problema, a fin de priorizarlo para elaborar sensatos programas de salud que tiendan a atajarlo, corresponde a las cargas social y económica que comporta. En el caso de la osteoporosis, el coste económico es muy alto y no deja de crecer. Así, en el año 2010, los costes directos debidos a fracturas por fragilidad ascendieron a veintinueve mil millones de euros en el conjunto de los cinco países de mayor superficie de la Unión Europea (Francia, España, Alemania, Italia y Gran Bretaña).

     

     

    Concepto de Osteoporosis

     

    Hace casi 30 años, en 1991, en una conferencia de consenso auspiciada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se definió a la osteoporosis como sigue: “Enfermedad caracterizada por la baja masa ósea y el deterioro microestructural del tejido óseo, que lleva a una mayor fragilidad ósea y al consiguiente aumento del riesgo de fractura”. (3)  Unos años antes, en 1984, el Instituto Nacional de Salud de EEUU (NIH), publicó una definición en la que la fragilidad ósea la atribuyó exclusivamente a la pérdida de masa ósea: “Proceso en que la masa ósea se reduce tanto como para incrementar la susceptibilidad de los huesos a sufrir fracturas”. (4) Posteriormente, en el 2001, el NIH incluyó también el deterioro de la calidad del hueso, esto es, la alteración de la microarquitectura del tejido óseo, (5) en plena sintonía con la definición de la OMS.

     


    A efectos prácticos, el diagnóstico de osteoporosis no tiene en cuenta el deterioro de la calidad del hueso, el daño en su microarquitectura, pues se basa en medir la densidad mineral ósea (DMO) mediante las populares densitometrías (absorciometría radiográfica de doble energía). (6)

     


    Para ello, se siguen las recomendaciones que la OMS estableció en 1994, basadas en mediciones de masa ósea en columna vertebral lumbar, cadera o antebrazo de mujeres postmenopáusicas de raza blanca. De esta forma, se considera que una persona tiene una masa ósea normal cuando su DMO alcanza valores superiores a -1 desviación estándar (DE) en relación a la media de adultos jóvenes, al poco de alcanzar el pico de masa ósea (T-score>-1). Si perdemos masa ósea entraremos en el terreno de la osteopenia, cuando la DMO oscila entre -1 y -2,5 DE (T score entre -1 y -2,5). Finalmente, decimos que una persona tiene osteoporosis, cuando la DMO es inferior a -2,5 DE (T-score inferior a 2,5) y osteoporosis plena o establecida cuando, además, ha sufrido una o más fracturas por fragilidad (tabla 1).

     

    Pero ¿qué sucede en el hueso para que se desmorone?, ¿cuál es la verdadera fisiopatología de la osteoporosis?

     


    En la Revista de Osteoporosis y Metabolismo Mineral se publicó en al año 2010 un excelente suplemento, firmado por González Macías, en el que narra y explica clarividentemente la fisiopatología de la osteoporosis. En las siguientes líneas intentaremos resumirlo. (7)

     


    El tejido óseo está continuamente remodelándose, dado que está formándose y destruyéndose a lo largo de toda la vida. Todo ello, merced a la existencia de las denominadas unidades de remodelado óseo, constituidas por unas células, osteoclastos, que destruyen pequeñas porciones de hueso, que serán posteriormente reemplazadas por hueso nuevo, sintetizado por otras células, los osteoblastos.

     


    El remodelado óseo es crucial para fortalecer el hueso y hacerlo más resistente a las fracturas, gracias a su capacidad de sustituir el tejido óseo viejo por hueso joven. Además, cuando otros tejidos de nuestro organismo reclamen ciertos minerales, cruciales para determinadas funciones vitales, como el calcio, fósforo y magnesio, el hueso, gran almacén de los mismos, los cederá o transportará al líquido extracelular y al torrente sanguíneo. De igual forma, cuando el hueso necesite estos minerales, podrán acceder utilizando las mismas vías, pero en sentido opuesto. Función en la que intervienen ciertas hormonas (calcitonina, parathormona) y la vitamina D.

     


    Ya, pero ¿qué acontece exactamente en la osteoporosis? Pues que las unidades de remodelado óseo sufren dos tipos de defectos: uno, el desarrollo de un “balance negativo”; el otro, un incremento del número de unidades de remodelado, responsables de un “aumento del recambio óseo”.

     


    En las siguientes líneas vamos a intentar explicar bien estos dos nuevos conceptos.

     

     

    1. Balance negativo

     

    Cuando uno es joven tiene huesos más resistentes porque el balance óseo es igual a cero, dado que la cantidad de hueso destruida por los osteoclastos es inmediatamente repuesta por los osteoblastos. Sin embargo, la edad no perdona, ya que en torno a los 40 años, los osteoblastos empiezan a perder su capacidad de equilibrar la más ósea destruida por los osteoclastos. De esta forma, entramos en el peligroso terreno del balance negativo, caracterizado por una reducción de la cantidad de hueso, que tarde o temprano, como no pongamos remedio, llegará al umbral de la osteopenia, primero, y de la osteoporosis, después.

     


    El balance negativo, que progresa con la edad del ser humano, se debe principalmente a una reducción de la formación de hueso, secundaria tanto a una disminución del número de osteoblastos cuanto de su función. Parece ser que esta debacle se produce por la disminución de factores estimuladores de los osteoblastos en el seno del tejido óseo, en parte atribuible al aumento de radicales libres de oxígeno (oxidantes) que tienden a acumularse durante el envejecimiento. ¡Ojo, que estamos vislumbrando una relación causal entre la oxidación y la osteoporosis!

     


    A veces, este balance negativo se acentúa por un exceso de función de los osteoclastos, no compensada por los menguados osteoblastos, a lo que se añade un aumento de las unidades de remodelado, o sea del recambio óseo, que a continuación veremos.

     

     

    2. Aumento del recambio óseo

     

    Aunque el balance negativo es imprescindible para que surja la osteoporosis, el incremento concomitante de las unidades de remodelado hace que se acelere la pérdida de hueso, pues se suman nuevas áreas del esqueleto en que se pierde masa ósea, por lo que, al final, lo que más contribuye a perder hueso es el aumento del recambio óseo.

     


    El paradigma de osteoporosis de recambio alto es la que acontece durante la menopausia, pues el descenso pronunciado de los estrógenos impide frenar la acción destructora de los osteoclastos y, en consecuencia, se acelera y potencia la pérdida de hueso, que no puede ser neutralizada por los osteoblastos, dada su pérdida de vigor en relación con la edad. Por otra parte, el déficit de los estrógenos es muy probable que también reduzca la formación de hueso por favorecer la apoptosis o muerte de los osteoblastos.

     


    Obviamente, durante la menopausia la destrucción de hueso supera con creces a la formación o síntesis del mismo, siendo especialmente rápida en los primeros diez a quince años tras el climaterio, perdiendo hasta un 50% del calcio total del esqueleto.

     

     

    Factores de riesgo

     

    En el caso de la osteoporosis es fundamental identificar a los pacientes que tienen un elevado riesgo de fractura por fragilidad (vértebra, cadera, muñeca y tercio proximal del húmero) con objeto de reducirlo, pues lo que realmente ensombrece el pronóstico es la presencia de tales fracturas, sobre todo, las de cadera, por su relevante mortalidad y por la gran incapacidad a la que se ven abocados muchos de los supervivientes.

     


    De entrada, las personas que tienen más riesgo de fractura son las que ya han sufrido una fractura previa por fragilidad, dado que con mucha frecuencia vuelven a sufrir nuevas fracturas, 8,9. Así, diversos estudios epidemiológicos han revelado que después de padecer una fractura vertebral (a veces, casi asintomática) el riesgo de sufrir una nueva fractura vertebral es de siete a diez veces mayor. Además, la presencia de una deformidad vertebral por fractura previa incrementa sensiblemente el riesgo de fractura de cadera (riesgo relativo: 2,8-4,5). (10-12) 

     


    Ahora ya podemos clasificar a los factores de riesgo en mayores y menores, según su mayor o menor capacidad para causar osteoporosis en el futuro, más o menos próximo, respectivamente.

     

     

    a) Factores de riesgo mayores

     

    1) Edad igual o superior a 65 años

     


    Como hemos explicado en el apartado de fisiopatología, el ser humano empieza a sufrir un balance negativo de masa ósea a partir de los 40 años, pues a partir de entonces parte del hueso destruido fisiológicamente no es repuesto por la acción sintetizadora de los osteoblastos. Tal pérdida de hueso comienza a ser más patente a partir de los 65 años.

     


    2) Tratamiento con corticoides, como prednisona a dosis iguales o superiores a 7,5 mg/día durante más de tres meses.

     


    Aunque se desconoce el mecanismo íntimo por el que los corticoides incrementan la pérdida de masa ósea, se cree que pueda deberse a un efecto doble: directo, por una acción deletérea sobre el hueso; e indirecto, por alterar el metabolismo y depósito de calcio en el hueso, pues interfiere con la acción de la vitamina D, lo que conlleva una menor absorción intestinal de calcio, además de potenciar la excreción urinaria de este mineral. Como consecuencia se produce una reducción de la DMO y una alteración del diseño arquitectónico del tejido óseo, que aumentan la fragilidad ósea y el subsiguiente riesgo de fracturas.

     


    Aun cuando todas las personas que reciben corticoides se exponen a perder masa ósea, las más vulnerables son las mujeres postmenopaúsicas, los niños y las personas que ya han cumplido 50 años, así como los que ya tienen osteopenia al iniciar el tratamiento corticoideo y, sobre todo, los que presentan otros factores de riesgo para sufrir osteoporosis.

     


    3) Antecedente familiar de fractura de cadera

     


    Es muy posible que en estos casos pueda heredarse una baja masa ósea, un escaso pico de formación de hueso en el momento de mayor plenitud (sobre los 20 años), capaz de transmitirse de padres a hijos.

     


    4) Índice de Masa Corporal (IMC) inferior a 20 kg/ m2

     


    La delgadez se comporta como un reconocido factor de riesgo de osteoporosis, dado que habitualmente se asocia a una relevante reducción de la DMS. Es evidente que a medida que se reduce el IMC se incrementa el desgaste óseo.

     


    5) Menopausia precoz

     


    Obviamente, cuanto más tiempo esté una mujer sin la protección estrogénica mayor será la pérdida de hueso, dado que la irrefrenable acción de los osteoclastos empieza a operar más pronto y, por ende, a prolongarse más en el tiempo. Como vimos antes, durante la menopausia el excesivo recambio óseo no puede ser bien compensado por la acción formadora de los osteoblastos, los cuales parece que también pierden vigor por falta de estimulación estrogénica.

     


    6) Caídas frecuentes (más de dos en el último mes)

     


    Evidentemente, cuando una persona, por el motivo que sea, tiende a caerse en exceso está incrementando la probabilidad de fracturarse el extremo proximal del fémur (cadera), una vértebra o el extremo distal del radio (fractura de Colles), sobre todo, si ya tiene una osteopenia.

     

     

    b) Factores de riesgo menores

     

    1) Tabaquismo activo

     


    El tabaquismo activo, primera causa de muerte, es un asesino capaz de hacer sufrir y matar al ser humano de múltiples modos. Uno de ellos se debe a su capacidad de incrementar precoz e intensamente la pérdida de hueso. Un motivo más para dejar de fumar. No olvidemos este aserto: "Para un fumador activo la mejor inversión en salud es dejar de fumar".

     


    2) Consumo de alcohol

     


    Cuando un hombre bebe más de veinte unidades etílicas (una copa de vino, una cerveza...) a la semana y una mujer más de trece, experimenta una acelerada pérdida de hueso, que indefectiblemente le aboca a osteopenia y osteoporosis y a sus temibles consecuencias.

     


    3) Enfermedades crónicas osteopenizantes

     


    Existen una serie de enfermedades, que por diversos motivos, conocidos o no, tienden a reducir la DMO y, por tanto, causar osteopenia y osteoporosis. Algunas de ellas son las siguientes: artritis reumatoide, enfermedades digestivas que cursen con malabsorción y diabetes mellitus tipo 1.

     


    4) Tratamiento con fármacos osteopenizantes

     


    Existen una serie de fármacos que tienden a "comerse hueso", además de los corticoides, como los antiepilépticos, citostáticos, heparina, antirretrovirales, etc.

     

     

    Factores de riesgo e indicación de la densitometría 


     
    Las diferentes guías nacionales e internacionales recomiendan la realización de una densitometría ósea en personas que tienen factores de riesgo de osteoporosis y de sus indeseables consecuencias, las citadas fracturas. Sin embargo, no parecen ponerse de acuerdo en el número y en el tipo de factores a valorar. (13-19)

     


    A mi entender, uno de los mejores consensos sobre este tema fue el que elaboró un grupo de expertos de Osakidetza (en 1995), Servicio de Salud de la Comunidad Autónoma del País Vasco, impulsado por la dirección de farmacia del Departamento de Salud del Gobierno Vasco. Digo expertos porque lo consensuaron miembros destacados de las Sociedades Científicas más implicadas en el tema (reumatología, traumatología, ginecología, medicina interna, medicina de familia, farmacia hospitalaria y farmacia de atención primaria). (20)

     


    Según este panel de expertos, los criterios para solicitar una densitometría, crucial para el diagnóstico de osteoporosis y fundamental para predecir el riesgo de fractura, son los siguientes:

     

    1. Pacientes con fractura previa por fragilidad (cadera, vértebra, tercio proximal del húmero y muñeca). En el caso de haber sufrido fracturas de cadera o de vértebras, no es necesaria la densitometría para iniciar el tratamiento (está más que justificado), pero sí para valorar la efectividad del mismo.
    2. Presencia de dos factores de riesgo mayores de los anteriormente citados.
    3. Presencia de un factor de riesgo mayor más dos factores de riesgo menores, también de los anteriormente mencionados.

     

     

    Prevención y tratamiento de la osteoporosis

     

    Como es fácil de entender a estas alturas del tema, el objetivo principal de tratar la osteoporosis es evitar sus nefandas complicaciones, las fracturas por fragilidad, especialmente las de cadera, pues sólo una tercera parte de los que las sufren logran recuperar el estado de salud previo. (5)

     


    Además de una serie de medicamentos que han probado su efectividad en la reducción del riesgo de fractura, como los bifosfonatos (primera elección), el denosumab (segunda elección), moduladores selectivos del receptor de estrógenos (raloxifeno y el bazedoxifeno), entre otros, junto a suplementos de calcio y vitamina D, existen una serie de medidas no farmacológicas, que tienen que ver con estilos de vida deseables, fácilmente adquiribles por el común de los mortales, de obligado cumplimiento para reducir el riesgo de osteoporosis y de las subsiguientes fracturas. Veámoslas a continuación.

     

     

      a)  Ingesta adecuada de calcio y vitamina D

     

    La ingesta adecuada de calcio y de vitamina D25 es una medida recomendada en todas las guías, pues el primero es el mineral clave del tejido óseo y la segunda aumenta la absorción intestinal del calcio,facilitando el ulterior depósito en el hueso. 

     


    Las cantidades diarias aconsejadas en mujeres en pleno climaterio o menopausia con osteoporosis son de 1000-1200 mg/día de calcio y 800 UI de vitamina D. (14,21, 22,23)

     


    Lo ideal es incorporarlos con la dieta, pues actualmente se ha generado cierta controversia con respecto a un posible incremento de riesgo cardiovascular por la administración continuada de suplementos de calcio. Por ello, hasta que esto no se aclare bien, resulta más adecuado y prudente que el calcio se aporte con la dieta. Y en caso de suministrar suplementos de calcio habrá que evitar dosis superiores a 500 mg en cada administración. (22,23,24,25)

     


    A este respecto, recordemos que los alimentos más ricos en calcio son la leche y derivados lácteos así como el pescado azul y los frutos secos.

     


    En cuanto a las necesidades de vitamina D, el cualificado Instituto de Medicina Americano (IMA) recientemente (2011) consideró que una concentración en el suero de 20 ng/ml /50 nmol/l) de vitamina D parece suficiente y francamente alcanzable para la mayoría de la gente incluso en condiciones de mínima exposición solar. Estas recomendaciones del prestigioso IMA hace pensar que posiblemente se haya sobreestimado la prevalencia de hipovitaminosis D (descenso de las cifras de vitamina D) en la población mundial, comunicada en los últimos años. (25)

     


    Las fuentes naturales más ricas en vitamina D, además del sol, se hallan en el pescado azul y, a distancia, la leche y derivados lácteos. Además, cierta exposición solar es necesaria para que se forme en la piel la vitamina D3 o colecalciferol, pues resulta de la absorción de radiación ultravioleta por parte del 7-dehidrocolesterol (provitamina D3) existente en la piel. Posteriormente, el colecalciferol es transportado al hígado para constituir la 25-hidroxivitamina D3, también denominado calcitriol, la forma circulante en sangre mayoritaria. Finalmente, en el riñón se produce otra activación (hidroxilación) para generar la forma más activa, la 1,25 hidroxivitamina D3.

     


       b) Ejercicio físico

     


    Existen datos fiables que revelan que la práctica regular de ejercicio físico reduce el riesgo de fracturas en personas de edad avanzada y de fracturas de cadera en ancianas. (27)

     


    Hay que precisar que el ejercicio físico no sólo mejora la salud del hueso, sino que también fortalece el músculo, el equilibrio y la coordinación, reduciendo así el riesgo de caídas.

     


       c) Abandono del hábito tabáquico

     


    Como dijimos antes, el tabaquismo activo acelera la pérdida de hueso, lo que se suma a las múltiples enfermedades que provoca: Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), cardiopatía isquémica (angina e infartos de miocardio), ictus, hasta un 40% de los tumores malignos de Occidente, entre otros. No hay factor de riesgo que cause tantas enfermedades como el tabaquismo activo, por ello representa la primera causa de muerte evitable.

     


      d) Reducir el consumo de alcohol

     


    Se ha demostrado que el consumo de más de tres unidades de alcohol al día resulta muy perjudicial para el mantenimiento de la salud ósea y aumenta notablemente el riesgo de caídas. (22)

     


    De todas formas, en el reciente Código Europeo contra el Cáncer de la OMS (2014) se aconsejó que las mujeres no bebieran más de 10 gramos de alcohol al día y los varones no más de 20 gramos diarios, porque a partir de tales cifras se incrementa el riesgo de desarrollar, entre otras, las siguientes enfermedades: infarto de cerebro (ictus) e insuficiencia cardíaca; desórdenes mentales y de conducta, incluyendo depresión mental, violencia y pérdida de memoria; enfermedad mental; leucemia en niños de madres bebedoras durante la gestación; enfermedad hepática alcohólica y pancreatitis, tanto aguda como crónica; y hasta siete cánceres: boca, faringe, laringe, esófago, mama, colon, hígado. (28)

     


        e) Prevención de caídas

     


    Es imprescindible prevenir las caídas porque representan el factor de riesgo más importante de fracturas, por lo que su prevención es prioritaria para las personas con alto riesgo de fracturas. Se ha comprobado que hasta el 90% de las fracturas de la extremidad proximal del fémur se deben a caídas.

     


    Son diversos los estudios que han demostrado que las estrategias preventivas de caídas son netamente efectivas en personas ancianas. Algunas de las más destacadas son las siguientes: ejercicio físico regular, nutrición adecuada, mejorar visión y equilibrio, suspender medicamentos que seden al paciente, retirar alfombras, adecuar los baños, mejorar la iluminación, etc. (29,30)

     

     

    Dieta Mediterránea y salud ósea


     
    Ahora que vamos a entrar en la parte más interesante de este contenido será bueno que recordemos qué es la Dieta Mediterránea.

     


    ¿Qué caracteriza a la Dieta Mediterránea?

     

    Si nos centramos en los alimentos que la constituyen recordaré que lo más destacable es la abundancia de productos vegetales, como hortalizas, legumbres, pan, pasta, arroz, verduras, frutas y frutos secos; el empleo de aceite de oliva como fuente fundamental de grasa; un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos y huevos; el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas (las procedentes del ganado porcino, bovino, caprino y ovino) así como cantidades bastante moderadas de vino tinto, habitualmente consumido en el curso de las comidas.

     


    Su efecto saludable no se debe sólo a que sea una dieta equilibrada, variada y con una adecuada incorporación de macronutrientes sino también a los beneficios derivados de su alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico) y poliinsaturados, su bajo contenido en ácidos grasos saturados y, sobre todo, a su gran riqueza en antioxidantes, como el oleocantal, derivado del aceite de oliva virgen extra y descubierto en 2005 por Beauchamp y colegas, la oleuropeína, el hydroxytyrosol, tyrosol, flavonoides como la luteolina, entre otros.

     


    Tanta es la bondad y calidad de esta dieta como para que el 16 de noviembre de 2010, el Comité Intergubernamental de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en la reunión celebrada en Nairobi (Kenia), acordó inscribir la Dieta Mediterránea en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

     

     

    Efecto preventivo de osteoporosis y de fracturas por fragilidad ejercido por la Dieta Mediterránea (DM) y el aceite de oliva virgen extra

     

    Desde poco más de un lustro se están publicando una serie de artículos científicos de calidad contrastada que nos están descubriendo el potencial de la DM para fortalecer la salud ósea y reducir el riesgo de osteoporosis y de las fracturas por fragilidad. 

     


    1. Estudios que revelan que la DM incrementa la resistencia y fortaleza del hueso 

     

    Me voy a centrar en algunos estudios epidemiológicos efectuados con muestras representativas de personas, a fin de ver la concordancia de resultados con los efectuados con animales de laboratorio, netamente favorables a la DM y, sobre todo, al aceite de oliva virgen extra.

     


    Empezaré por un estudio griego, el liderado por Kontogianni, de la Universidad Harokopio de Atenas, cuyos hallazgos se publicaron, en febrero de 2009, en una revista especializada en nutrición de EEUU (Nutrition). (31)

     


    Estos autores lo que revelaron, en principio, fue que una DM global no se asociaba con la densidad mineral ósea total y de columna lumbar de las 221 mujeres griegas que evaluaron con densitometría (absorciometría radiográfica de doble energía). Sin embargo, cuando seleccionaron ciertos componentes de la DM obtuvieron resultados más boyantes. Concretamente, un alto consumo de pescado y de aceite de oliva y bajo de carnes rojas se asoció positivamente con la densidad mineral total y en columna lumbar.

     


    Posteriormente, en el año 2013, un estudio español (transversal) de Rivas y colegas, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada, mostró cómo un modelo de DM rico en fruta, verduras, frutos secos y aceite de oliva, se asociaba positivamente a la densidad mineral ósea, medida por densitometría en el calcáneo, tanto de mujeres en edad fértil como en postmenopáusicas. “Nuestros resultados indican que una dieta variada basada en un modelo de DM puede ser beneficioso para prevenir la osteoporosis”, concluyeron los autores su artículo, publicado en otra revista científica de prestigio de USA (International Journal of Food Sciences and Nutrition). (32)

     


    Un año más tarde, en diciembre de 2014, se publicó en una revista médica de reconocido prestigio (Clin Interv Agingun trabajo asiático (Liu H y cols.) que tuvo como objetivo investigar el efecto antiosteoporótico del aceite de oliva virgen extra, in vivo, y explorar sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias en animales de laboratorio (ratas ovariectomizadas) así como en una pequeña muestra de mujeres que habían sufrido una histerectomía total (extirpación de útero y ovarios).

     


    El estudio con las ratas de laboratorio permitió comprobar que las que recibieron suplementos de aceite de oliva durante tres meses aumentaron su densidad mineral ósea a diferencia de las que no los recibieron.

     


    El estudio efectuado con mujeres de 30 a 50 años, sin producción estrogénica, por haber sufrido una histerectomía por diversos motivos, se dividió en dos grupos de 10 féminas: las de uno, recibieron un suplemento diario de 50 ml de aceite de oliva virgen extra; las del otro, no recibieron ningún tipo de suplemento, ni siquiera un placebo.

     


    Pues bien, tras un año de seguimiento, se pudo comprobar que la densidad mineral ósea de la tercera y cuarta vértebras lumbares así como del fémur izquierdo se redujo significativamente en el grupo control, lo que no aconteció en el grupo de mujeres que recibieron los suplementos de aceite de oliva virgen extra. (33)

     


    Aunque los resultados de este estudio asiático ensalzan al aceite de oliva virgen extra, están un tanto limitados por la escasez de la muestra (20 mujeres) y porque a las que constituyeron el grupo de control no se les suministró un placebo.

     


    Más tarde, en abril de 2017, se publicó en una revista médica norteamericana (Journal of Translational Medicine) un estudio italiano, también transversal, dirigido por María Cristina Savanelli, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nápoles, en el que plasmaron cómo una alta adherencia a la DM, con buenas puntuaciones según  el cuestionario de un prestigioso estudio experimental español, el de PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea), se asociaba a un alto nivel de densidad mineral ósea, medida en el hueso calcáneo mediante ultrasonido cuantitativo. Las asociaciones positivas más altas se observaron en las personas de la muestra (105 varones y 313 mujeres, de 50 ± 14 años) que consumían más aceite de oliva virgen extra, frutas, verduras, legumbres y pescado, mientras que fueron netamente negativas en las que consumían más carnes rojas. (34) Precisaremos que el 46% tenían osteopenia y el 7,7% sufrían osteoporosis.

     


    Estos investigadores italianos concluyeron su estudio afirmando que “Nuestros resultados demuestran una correlación positiva entre el estado de salud ósea y la Dieta Mediterránea, sugiriendo que una alta adherencia a este modelo dietético promueve la salud ósea. Estas observaciones confirman que una estrategia específicamente dietética, como la de la DM, puede representar un factor medioambiental modificable para prevenir la osteoporosis.”

     


    Estos autores también recalcaron que sus estudios son preliminares y que, por tanto, se necesitan que más estudios obtengan resultados concordantes. A ello añado, que tales estudios sean observacionales prospectivos o, mejor aún, experimentales.

     

     

    2. Estudios que muestran la capacidad de la DM para reducir el riesgo de fracturas por fragilidad (osteoporóticas)

     

    Voy a resumir los hallazgos más relevantes de tres excelentes estudios prospectivos que han valorado la asociación entre la DM y la incidencia de fracturas osteoporóticas: dos europeos, el EPIC (Investigación Prospectiva Europea sobre Cáncer y Nutrición) y el PREDIMED español; uno multicéntrico de EEUU, el de Iniciativa de Salud en Mujeres (WHI), en el que participaron 40 centros clínicos de EEUU.

     


    a. Dieta Mediterránea e incidencia de fracturas de cadera en una cohorte europea (EPIC)

     


    Los autores de este estudio (Benetou y cols.) exploraron la asociación entre la adherencia a la DM  y la incidencia de fracturas de cadera en una cohorte de personas pertenecientes a ocho países de Europa. Sus hallazgos los publicaron en mayo de 2013 en una revista norteamericana especializada en osteoporosis (Osteoporos Int.). (35)

     


    Las 188.795 personas (48 años de edad media, más menos 11 años) que constituyeron esta muestra (48.814 hombres y 139.981 mujeres) fueron seguidas durante 9 años, durante los cuales se diagnosticaron 802 fracturas de cadera.

     


    Tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión de Cox con buen control de factores de confusión) se pudo comprobar que una mayor adherencia o consumo de DM se asoció con una reducción de un 7% del riesgo de fracturas por cadera (HR por cada incremento en una unidad en la puntuación de DM: 0,93; IC 95%, 0,89-0,97).

     


    Esta favorable asociación fue más intensa en los varones y en los participantes de más edad. Además, también se observó que los que más se beneficiaron fueron los que consumieron más verduras (un 14% de reducción) y más frutas (11% de reducción del riesgo de fracturas de cadera). Sin embargo, los que consumieron más carnes rojas tuvieron más riesgo de sufrir una fractura (HR: 1,18; IC 95%; 1,06-1,31). También apreciaron que el alto consumo de alcohol frente al moderado comportaba un riesgo de fractura sensiblemente mayor (HR: 1,74; IC 95%; 1,32-2,31).

     

    En este estudio prospectivo de adultos, una mayor adhesión a la Dieta mediterránea parece proteger contra la incidencia de fracturas de cadera, especialmente en hombres”, concluyeron los investigadores su estudio.

     


    b. Modelos dietéticos y fracturas en mujeres postmenopáusicas: Resultados de la Iniciativa de Salud en Mujeres (WHI)

     


    En mayo de 2016 se publicó en otra gran revista científica de EEUU (JAMA Intern Med) un estudio epidemiológico norteamericano cuyo objetivo principal fue valorar la posible asociación entre diversos modelos dietéticos calificados como saludables y la incidencia de fracturas en mujeres postmenopáusicas. (36) Curiosamente, el primero de los 12 firmantes del estudio es el único que no pertenece a un centro clínico u hospital norteamericano, sino alemán, Haring B, de la Universidad de Würzburg, de Baviera.

     


    Se reclutaron 93.676 mujeres de 50 a 79 años del WHI, a las que se les valoró el grado de adhesión a cuatro tipos de dietas saludables: la conocida Dieta Mediterránea; el Índice de Comiendo Saludable de 2010 (HEI-2010); El Índice de Comiendo Saludable Alternativo (AHEI-2010); la Estrategia Dietética para Parar la Hipertensión (DASH).

     


    De esta forma, midieron la asociación entre la incidencia de fracturas totales (vertebrales y no vertebrales) y las de cadera con la puntuación alcanzada en los diversos modelos dietéticos antes mencionados (en quintiles), mediante la razón de riesgos (HR) del análisis de regresión de Cox.

     


    Las 90.014 mujeres que participaron plenamente en el estudio, de una edad media de 63,6 años (+- 7,4 años), fueron seguidas y evaluadas periódicamente durante 16 años, durante los cuales se diagnosticaron 2121 casos de fracturas totales y 28.718 casos de fracturas de cadera. Tras realizar el correspondiente cálculo estadístico pudo comprobarse que las únicas que se beneficiaron de una reducción significativa del riesgo de fracturas de cadera fueron las que alcanzaron la mayor puntuación de adherencia a la DM: 29% de reducción del riesgo absoluto. Sin embargo, no se apreció ninguna asociación positiva entre las fracturas totales y la citada DM. Los otros modelos dietéticos no llegaron a alcanzar una asociación significativa con las fracturas osteoporóticas.

     


    Los investigadores del estudio concluyeron el mismo afirmando lo siguiente: “Una superior adherencia a la Dieta Mediterránea se asocia con un menor riesgo de fracturas de cadera. Estos resultados refuerzan la idea de que un modelo dietético saludable puede desempeñar un papel favorable en el mantenimiento de la salud ósea en mujeres postmenopáusicas”.

     


    c. El consumo de aceite de oliva virgen extra reduce el riesgo de fracturas osteoporóticas en el estudio PREDIMED

     


    Llegado a este punto bueno es recordar  en qué consiste y cuáles son los frutos del estudio PREDIMED.

     

     


     
    El ensayo PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) es un estudio epidemiológico de tipo experimental de gran calidad científica, realizado por investigadores y centros del estado español (dependientes de Hospitales Universitarios de Barcelona, Pamplona, Sevilla, Vitoria, Valencia, Reus, Instituto de Salud Carlos III de Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas).

     

    Como referimos en los artículos que versaban sobre la Dieta Mediterránea (publicados en este blog en septiembre y octubre de 2015, en junio de 2016, en julio de 2017, en diciembre 2017), el estudio PREDIMED es una prueba clínica, multicéntrica, que, entre octubre de 2003 y diciembre de 2010, incluyó hombres y mujeres, de 55 a 80 años, con alto riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Los participantes fueron aleatoriamente asignados a una de tres intervenciones dietéticas: una DM con suplementos de aceite de oliva virgen extra (AOVE); una DM con suplementos de frutos secos; y una dieta baja en grasas, tanto de origen animal como vegetal, cuyos consumidores constituyeron el grupo control. La intervención no incluyó entre sus objetivos el incremento de la actividad física ni la pérdida de peso.

     


    Pues bien, tras casi cinco años de seguimiento, los que se alimentaron con la DM se beneficiaron de una reducción del 30% del riesgo de enfermar y morir por enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio, ictus o accidente cerebral vascular y muerte de origen cardiovascular), frente al grupo control, el que se nutrió con la dieta baja en grasas (tanto de origen animal como vegetal).

     


    En los sucesivos años se cosecharon extraordinarios resultados en los grupos de DM con respecto al grupo control: reducción de un 38% del riesgo de fibrilación auricular, arritmia cardíaca más frecuente (publicado en abril 2014); reducción de un 52% del riesgo de diabetes mellitus tipo 2 (publicado en mayo 2014); reversión significativa del síndrome metabólico; gran reducción del riesgo de enfermar y de morir por procesos cardiovasculares entre las personas que consumen mucho aceite de oliva virgen extra (39% y 48% de reducción de infartos y de muerte por los mismos, respectivamente); prevención de deterioro mental y de demencia (julio 2015), prevención de cáncer de mama, entre otros. (37-45)

     


    Después de esta introducción ya estamos en condiciones de conocer lo que aporta el estudio PREDIMED al tema actual, el de la prevención de la osteoporosis y de las fracturas por fragilidad.

     


    Fue en enero de 2017 cuando se publicó en Clinical Nutrition los hallazgos de un estudio secundario, observacional prospectivo, “extraído” del ensayo experimental PREDIMED, que básicamente nos reveló que el consumo regular de aceite de oliva virgen extra, en una cantidad equivalente a 4 ó 5 cucharadas soperas, logra reducir en un 51% el riesgo de fracturas osteoporóticas. (46)

     


    Si el estudio es observacional y no experimental, como reflejaría la muestra seleccionada aleatoriamente, es porque el objetivo fundamental del estudio fue la reducción del riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, mientras que el de este estudio tiene como objetivo la reducción del riesgo de fracturas osteoporóticas, un objetivo secundario, aunque también interesante.

     


    En las siguientes líneas explicaremos un poco el proceso seguido para obtener tan boyantes conclusiones.

     


    En el estudio participaron miembros del Centro de investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN), del instituto de Salud Carlos III de Madrid, y de la Universidad Rovira i Virgili (URV), de Tarragona.

     


    Estudiaron una muestra de 870 personas, de 55 a 80 años, de elevado riesgo de enfermedad cardiovascular, perteneciente a la gran muestra del PREDIMED, reclutada por miembros del Instituto Catalán de la Salud de las comarcas de Tarragona. Como dijimos antes, los participantes fueron aleatoriamente asignados a una de tres intervenciones dietéticas: una DM con suplementos de aceite de oliva virgen extra (AOVE); una DM con suplementos de frutos secos; y una dieta baja en grasas, tanto de origen animal como vegetal, cuyos consumidores constituyeron el grupo control.

     


    La asociación entre las mediciones del consumo de aceite de oliva virgen extra, anualmente repetidas, y el riesgo de fractura lo evaluaron mediante la regresión de Cox (con control de múltiples variables). De esta forma, tras los 9 años de seguimiento, durante los que se diagnosticaron 114 casos de fracturas osteoporóticas, se pudo comprobar que las personas que consumieron más aceite de oliva virgen extra (tercil superior) se beneficiaron con una reducción del riesgo de fracturas osteoporóticas del 51% ( HR: 0,49; IC 95%: 0,29-0,81), cuando fueron comparadas con las que consumieron menos (tercil más bajo).

     


    También comprobaron que estos resultados no se apreciaron con otras modalidades de aceite de oliva, como la extrafina o la virgen a secas. La única que ofrecía tan excelentes resultados fue el aceite de oliva virgen extra. 

     


    Un alto consumo de aceite de oliva virgen extra se asocia con una reducción del riesgo de fracturas por fragilidad ósea, secundaria a osteoporosis, en personas de edad media y ancianos pertenecientes a una población mediterránea de alto riesgo cardiovascular”, concluyeron los autores del estudio.

     


    También precisaron que este es el primer estudio prospectivo que demuestra que el citado consumo regular de aceite de oliva virgen extra se asocia a una notable disminución del riesgo de fracturas osteoporóticas.

     

     

    ¿Por qué la Dieta Mediterránea y, especialmente, el aceite de oliva virgen extra reducen el riesgo de fracturas osteoporóticas?

     

    Este punto del tema, el de las hipótesis plausibles, lo vamos a desarrollar dividiéndolo en varios apartados.

     


    1. Papel de la oxidación e inflamación en el desarrollo de osteoporosis

     

    Como apuntábamos en el apartado de fisiopatología, la osteoporosis empieza a desarrollarse cuando se altera el equilibrio del remodelado óseo porque el tejido óseo destruido por los osteoclastos no es repuesto por los osteoblastos. Aunque el déficit de hormonas sexuales femeninas (estrógenos) durante la menopausia es el hecho más frecuentemente involucrado en la génesis de la osteoporosis, el papel de la inflamación y del estrés oxidativo del tejido óseo empieza a cobrar protagonismo en la patogenia de la osteoporosis. (47-49) (5,6,7 de Olives and Bone: A Green Osteoporosis Prevention).

     


    Así, ya disponemos de estudios que han revelado que ciertos compuestos inflamatorios (interleucina-1 beta, interleucina-6 y factor de necrosis tumoral alfa) estimulan la formación de los osteoclastos y, por lo tanto, potencian la destrucción del hueso. (50) Incluso algunos autores han llegado a decir que los pacientes que sufren ciertas enfermedades inflamatorias crónicas, como las intestinales (colitis ulcerosa, ileítis regional o enfermedad de Chron), son más proclives a perder masa ósea y fracturas por fragilidad. (51,52) 9,10).

     


    En cuanto a los fenómenos oxidativos, se sabe que los radicales libres de oxígeno emiten señales moleculares a los osteoclastos para inducir y potenciar su maduración. (53)  Por otra parte, el estrés oxidativo también daña a los osteoblastos, células formadoras de hueso, suprimiendo su maduración. (54) Además, se han publicado estudios que han mostrado que la densidad mineral ósea se correlaciona con el estatus oxidativo de los seres humanos. (55,56)

     

     

    2. Efecto antioxidante y antiinflamatorio de los ingredientes de la Dieta Mediterránea, especialmente del aceite de oliva virgen extra

     

    Si la oxidación y la inflamación parecen estar muy involucradas en el desarrollo de osteoporosis es coherente pensar que una dieta rica en sustancias con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, como la Dieta Mediterránea, podría reducir el deterioro del tejido óseo (desmineralización y alteración de su microarquitectura) y, por ende, disminuir el riesgo de fracturas osteoporóticas.

     


    Obviamente, esta es la hipótesis habitualmente esgrimida para intentar explicar cómo y por qué las personas que se adhieren y siguen este modelo dietético mediterráneo se benefician de un menor riesgo de osteoporosis y de fracturas por fragilidad, como hemos visto en los apartados anteriores.

     

     

    3. ¿Qué compuestos del aceite de oliva virgen extra tienen capacidad antioxidante?      

     

    Si bien es cierto que gran parte de los alimentos de la dieta mediterránea poseen compuestos con efectos antioxidantes y antiinflamatorios, es el aceite de oliva virgen extra el que ha concitado más estudios e interés, incluso auténticos meta-análisis, como el publicado en junio de 2014 por miembros de la Universidad de Granada en una revista norteamericana especializada en nutrición (Internacional Journal of Food Sciences and Nutrition), que titularon “El efecto preventivo de osteoporosis ejercido por el aceite de oliva”. (57) Años más tarde, en julio de 2016, se publicó una excelente revisión asiática sobre el tema, en otra revista médica estadounidense de calidad contrastada (Int. J. Environ. Res. Public. Health), con el título de “Aceitunas y hueso: Una opción verde para prevenir la osteoporosis”. (58)

     


    Tanto unos autores como otros, atribuyen los saludables efectos del aceite de oliva virgen extra, además de a su riqueza en ácido oleico, a su abundancia de antioxidantes, como las vitaminas y, sobre todo, los polifenoles.

     


    Los compuestos fenólicos del aceite de oliva virgen extra, que incluyen al tyrosol, hydroxytyrosol y la oleuropeína, ejercen potentes efectos antiinflamatorios y antioxidantes, por lo que se les considera candidatos potenciales en la prevención de la osteoporosis. (59,60)

     


    Con respecto al impacto favorable que ejercen sobre el tejido óseo, diversos estudios experimentales con animales de laboratorio y algunos en humanos han revelado que los polifenoles citados estimulan la proliferación y maduración de las células formadoras de hueso, o sea, los osteoblastos, y reducen la formación y acción de las células destructoras del tejido óseo, esto es, los osteoclastos, en aras a conseguir un cierto balance positivo en el remodelado óseo, que hace que predomine la formación de hueso sobre la destrucción o, en su defecto, que el tejido óseo destruido puede ser rápidamente repuesto.

     


    Vamos a mencionar algunas propiedades de los más notables polifenolesdel aceite de oliva virgen extra.

     


    La oleuropeína, principal compuesto fenólico del aceite de oliva, parece mejorar la salud ósea mediante el aumento de la formación de osteoblastos a partir de las células madre de la médula ósea y la reducción de las células grasas (adipocitos) del tejido óseo, lo que sugiere que la oleuropeína pudiera ejercer un efecto preventivo de la pérdida ósea asociada a la osteoporosis y al envejecimiento. (61)

     


    Otros autores han revelado que la oleuropeína administrada a ratas ovariectomizadas (sin producción de estrógenos) es capaz de incrementar su masa ósea mediante un neto efecto antiinflamatorio. (62,63)

     


    El hidroxytyrosol es considerado como uno de los más potentes antioxidantes del aceite de oliva. (64).  Así, es capaz de impedir la pérdida de hueso trabecular del fémur de roedores ovariectomizados (ratones hembra), merced a que inhibe la formación de osteoclastos. (65)

     


    Otros autores han demostrado que el tyrosol y el hydroxytyrosol previenen la pérdida ósea inducida por la inflamación en un modelo de osteoporosis senil inducido en ratas ovariectomizadas, al tiempo que aumentan la actividad de sus osteoblastos. Además, comprobaron que este favorable efecto óseo no depende tanto de sus propiedades antiinflamatorias cuanto de las antioxidantes. (66)

     


    Estos experimentos han revelado que el hidroxytyrosol puede mejorar la salud ósea aumentando la formación de hueso, por su efecto osteoblástico positivo, y reduciendo la destrucción del tejido óseo, por su efecto inhibidor sobre los osteoclastos.

     


    Estos tres polifenoles del aceite de oliva virgen extra exhiben una buena disponibilidad, dado que su ingesta se sigue de una buena absorción, correcta metabolización y adecuada metabolización, lo que permite ver sus metabolitos en la orina.

     


    La luteolína, flavonoide contenido en el aceite de oliva, previene la destrucción del tejido óseo merced a su capacidad para reducir tanto la formación cuanto la función de los osteoclastos, como se ha podido observar en experimentos de osteoporosis postmenopáusica, inducida en roedores de laboratorio (ratas ovariectomizadas). (67, 68)

     


    A pesar de los boyantes efectos individuales ejercidos por estos polifenoles, parece mucho más efectiva la acción conjunta de todos ellos, de todos los ingredientes del aceite de oliva, que pudieran ejercer un sinergismo por potenciación.

     

     

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    61- Santiago-Mora R, Casado-Díaz A, De Castro MD, Quesada-Gómez JM. 2011. Oleuropein enhances osteoblastogenesis and inhibits adipogenesis: the effect on differentiation in stem cells derived from bone marrow. Osteoporos Int 22:675–684

     


    62- Puel C, Quintin A, Agalias A, Mathey J, Obled C, Mazur A, Davicco MJ, et al. 2004. Olive oil and its main phenolic micronutrient (oleuropein) prevent inflammation-induced bone loss in the ovariectomised rat. Br J Nutr 92:119–127

     


    63- Puel C, Mathey J, Agalias A, Kati-Coulibaly S, Mardon J, Obled C, Davicco MJ, et al. 2006. Dose-response study of effect of oleuropein, an olive oil polyphenol, in an ovariectomy/inflammation experimental model of bone loss in the rat. Clin Nutr 25:859–868.

     


    64- Rafehi H, Ververis K, Karagiannis TC. 2012. Mechanisms of action of phenolic compounds in olive. J Diet Suppl 9:96–109

     


    65- Hagiwara K, Goto T, Araki M, Miyazaki H, Hagiwara H. 2011. Olive polyphenol hydroxytyrosol prevents bone loss. Eur J Pharmacol 662:78–84.

     


    66- Puel C, Mardon J, Agalias A, Davicco MJ, Lebecque P, Mazur A, Horcajada MN, et al. 2008. Major phenolic compounds in olive oil modulate bone loss in an ovariectomy/inflammation experimental model. J Agric Food Chem 56:9417–9422.

     


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    68- Lee JW, Ahn JY, Hasegawa S, Cha BY, Yonezawa T, Nagai K, Seo HJ, et al. 2009. Inhibitory effect of luteolin on osteoclast differentiation and function. Cytotechnology 61:125–134

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


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    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


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    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


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    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


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    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


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    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

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  • 06/09/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Consumo regular de brécol: Prevención de enfermedades crónicas

    Consumo regular de brécol: Prevención de enfermedades crónicas

     


    Las investigaciones científicas más recientes están revelando que el consumo regular de brécol puede incrementar la esperanza de vida en buena salud, dado que parece reducir la tasa de muerte global así como la específica por las principales causas de morbilidad y mortalidad.


    Todo ello merced a su riqueza en nutrientes de alto valor biológico como los compuestos azufrados (glusosinolatos), de los que el sulforafano es su mayor exponente, responsables de sus excepcionales efectos antiinflamatorios, antioxidantes y desintoxicantes. Estas tres funciones son las que explican gran parte de los efectos saludables del brécol: antitumorales, protección cardiovascular, digestivos y neumológicos, entre otros.

     


    En el artículo anterior detallamos la composición química del brécol y valoramos el gran efecto anticancerígeno de las crucíferas o brasicáceas, especialmente de cáncer de pulmón, mientras que en el que ahora empiezanos centraremos en la capacidad de reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, las enfermedades crónicas más prevalentes en el mundo occidental.

     

     

    REDUCCIÓN DEL RIESGO DE ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

     

    Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística español, las enfermedades cardiovasculares, como la cardiopatía isquémica (angina de pecho, infarto agudo de miocardio, miocardiopatía por enfermedad coronaria) y los accidentes cerebro vasculares (ictus) como el infarto cerebral por trombosis, representan la primera causa de muerte en mujeres y la segunda en hombres. Además, a partir de los 70 años son la principal causa de muerte en ambos sexos.

     


    En las próximas líneas vamos a comprobar la capacidad de las verduras, en general, y de las crucíferas, en particular, con el brécol a la cabeza, para disminuir el riesgo de morir y enfermar por tales enfermedades.

     

     

    Estudios norteamericanos

     

    Asociación inversa entre infarto cerebral y consumo de frutas y verduras


    Uno de los primeros trabajos que versaron sobre el tema corrió a cargo de miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, quienes publicaron sus conclusiones en JAMA (octubre 1999). (1) Fueron Joshipura y Alberto Ascherio los que coordinaron un estudio prospectivo (de cohortes), en el que emplearon dos excepcionales muestras: 75.596 mujeres de 34 a 59 años de edad, pertenecientes al Estudio de Salud en Enfermeras (Nurses’ Health Study), y 38.683 hombres de 40 a 75 años del Estudio de Seguimiento de Profesionales de Salud (médicos, veterinarios, osteópatas, ópticos, entre otros). El seguimiento de ambos colectivos también fue muy notable: 14 años, a las mujeres; 8 años, para los varones.

     


    La principal medida o resultado a evaluar fue la asociación entre la incidencia de infarto cerebral isquémico (por trombosis) con la ingesta de frutas y vegetales (por quintiles de ingesta). Pues bien, durante el periodo de seguimiento aparecieron una serie de casos de infarto cerebral (366 mujeres y 204 hombres) que permitieron, tras controlar los factores de riesgo cardiovascular (variables de confusión), comprobar que las personas que ingerían más frutas y verduras (5,1 piezas por día entre los hombres y 5,8 entre las damas) se beneficiaban con la reducción de un 31% del riesgo de desarrollar infarto cerebral (RR: 0,69; 95% CI 0,52 a 0,92), cuando se las comparaba con los que consumían menos (quintiles menores). Además, vieron un efecto dosis- respuesta, pues por cada incremento en una pieza o ración al día se observaba una reducción del 6% del riesgo de sufrir ictus.

     


    Cuando particularizaron el tipo de verdura y fruta consumidos, observaron que los mayores beneficios se apreciaban en el colectivo de consumidores de verduras de la familia de las brasicáceas o crucíferas, donde el brécol es la gran estrella, pues el riesgo de infarto cerebral se redujo un 32%. Las segundas en el escalafón fueron las verduras de hoja verde, con una reducción del 21% del riesgo del ictus citado, seguido por los cítricos, que disminuyeron un 19% el riesgo de infarto cerebral.

     


    Estos datos revelan  que el consumo regular de frutas y vegetales, sobre todo crucíferas, exhibe un efecto cardiovascular realmente protector pues su consumo regular reduce significativamente el riesgo de infarto cerebral”,concluyen los autores del estudio.

     

    Verduras saludables, cultivadas artesanal y ecológicamente: Huerto de Rafael Navarro, San Miguel de Valero, Salamanca.

     

     

    Consumo de verduras y prevención de enfermedades cardiovasculares

     

    Estos mismos investigadores publicaron dos años más tarde (junio de 2001) en otra revista de gran prestigio, Annals Interna Medicine, sus conclusiones sobre la relación entre la ingesta de verduras y frutas con el riesgo de cardiopatía isquémica (infarto de miocardio no fatal y enfermedad coronaria fatal). (2) Para ello, efectuaron un estudio prospectivo con los mismos colectivos de enfermeras y de proveedores de salud masculinos (ambas muestras ligeramente mayores en este estudio) y durante el mismo periodo de control, 14 años a las mujeres y 8 años de seguimiento a los varones. También emplearon el correspondiente aparato estadístico, con estricto control de variables de confusión, buen análisis de periódicas encuestas de frecuencia de alimentos, entre otros aspectos técnicos.

     


    Sus conclusiones tampoco dejaron en mal lugar a los consumidores de frutas y verduras: 20% de reducción del riesgo de enfermedad coronaria(riesgo relativo de 0,80; intervalo de confianza al 95% entre 0,69 y 0,93). Además, el beneficio se incrementaba a medida que aumentaba el consumo de vegetales: un 4% de reducción del riesgo de coronariopatías con cada incremento de una pieza o ración diaria.

     

    Lombardas, ejemplo de brasicáceas o crucíferas. Huerto de Rafael Navarro. San Miguel de Valero, Salamanca.

     

     

    Consumo de crucíferas y reducción del riesgo de muerte global y específica por enfermedades cardiovasculares: estudio en Asia

     

    Las poblaciones asiáticas consumen grandes cantidades de verduras de la familia de las brasicáceas. Sin embargo, pocos estudios epidemiológicos de calidad contrastada habían valorado los potenciales efectos saludables de las mismas. Por eso fue muy meritorio el estudio realizado por Xianglan Zhang y colegas, cuyas conclusiones (estudio de cohortes) publicaron en el año 2011 en una revista científica de USA, American Journal Clinical Nutrition 3. Estos investigadores también estudiaron dos grandes muestras de personas: 74.942 mujeres de 40 a 70 años, pertenecientes al Estudio de Salud de Mujeres de Shanghai, seguidas y evaluadas periódicamente durante 10 años; y 61.500 hombres de 40 a 70 años, controlados durante 4,6 años, del Estudio de Salud en Hombres de Shanghai. Las variables principales del estudio fueron la ingesta de vegetales, por una parte, y la mortalidad total y la específica por enfermedades cardiovasculares, por la otra.

     


    Los resultados confirmaron que la ingesta de verduras y frutas reduce el riesgo global de muerte (tasa de mortalidad total) tanto para los hombres como para las mujeres, observando una reducción proporcional del riesgo a medida que se incrementa la ingesta, especialmente de crucíferas. Así pues, la reducción del riesgo alcanzó un porcentaje del 22% para los que consumían más verduras de la familia de las crucíferas (quintil mayor de consumo), con respecto a los que consumían menos (HR: 0,78;  95% CI, 0,71-0,85). La disminución del riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares fue muy significativa, no así la muerte global por cánceres. Aunque ya sabemos, por estudios recientes, que el consumo de brécol y otras crucíferas reducen notablemente el riesgo de cánceres particulares, como los de colon, mama, próstata, vejiga y pulmón.

     


    Los autores concluyen el estudio afirmando: “Nuestros hallazgos sirven para recomendar un aumento en el consumo de verduras, particularmente crucíferas, así como frutas, a fin de promover la salud cardiovascular y la longevidad global”.

     

    Fruta de calidad: Cerezas a punto de coger.

     

     

    Estudio europeo: EPIC (Investigación Prospectiva Europea sobre Nutrición y Cáncer)

     

    El EPIC es un gran estudio epidemiológico prospectivo europeo (participan casi todos los países de Europa, incluyendo España) en el que se valora la relación entre el tipo de dieta y la presencia de cáncer y enfermedades crónicas.

     


    Cuando los investigadores evaluaron la asociación entre el consumo de vegetales, legumbres y frutas con la mortalidad total y la específica por causa de enfermar, observaron en una gran cohorte de diabéticos (10.449 ), seguidos durante 9 años, que un incremento de 80 gramos al día de tales alimentos se asociaba a una reducción de un 6% de la tasa de mortalidad total (RR: 0,94).

     


    Con respecto a la mortalidad por enfermedades cardiovasculares la reducción del riesgo fue aún mayor: 12% (RR: 0,88 [95% CI 0,81-0,95]). Para el resto de enfermedades crónicas tampoco fue desdeñable: 10% de disminución del riesgo. Sin embargo, para la mortalidad por cáncer no vieron resultados similares. Su trabajo lo publicaron en abril de 2008 en la revista oficial de la Sociedad Americana de Nutrición. (4)

     

     

    Reducción de la mortalidad por cánceres: ¡Cómo no!

     

    Es preciso advertir que también existen estudios epidemiológicos que revelan una reducción del riesgo de muerte por cánceres entre las personas que consumen regularmente verduras, especialmente de la familia del brécol (crucíferas), como el llevado a cabo por miembros del Departamento de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, de Baltimore (EEUU). Estos investigadores comprobaron significativas disminuciones del riesgo de mortalidad total (37%), de muerte por enfermedades cardiovasculares (24%) así como de muerte por cáncer (35% de reducción del riesgo, con un HR de 0,65, cuyo intervalo de confianza al 95% osciló de 0,45 a 0,93). Aunque el estudio fue prospectivo (13 años de seguimiento de sujetos previamente sanos), la muestra fue relativamente pequeña (apenas 1000 personas). Publicaron su trabajo en American Journal of Epidemiology (marzo de 2004). (5)

     

     

    Hipótesis más plausibles

     

    El meollo patogénico de las enfermedades cardiovasculares como el de otras enfermedades crónicas y cánceres tiene que ver tanto con fenómenos inflamatorios crónicos como con el estrés oxidativo, en ocasiones, orquestado por una deficiente desintoxicación.

     


    Resulta que estas enfermedades se inician y desarrollan por la inflamación prolongada de la íntima arterial que hace que paulatinamente se vaya acumulando y oxidando el colesterol y, por ende, engrosando la pared y reduciendo la luz por donde circula la sangre oxigenada. Cuando la estrechez de la luz supera el 80% surgirá la clínica del angor pectoris,mientras que cuando la placa ateromatosa se ulcera y, luego, se trombosa, se pasará de la estenosis a la obstrucción, de la isquemia (reducción del flujo sanguíneo arterial) e hipoxia a la anoxia (falta de oxígeno a las células), lo que originará la muerte o necrosis isquémica del órgano en cuestión, esto es, el infarto, bien de miocardio, de cerebro, intestino, etc.

     


    El periodo de inducción no es precisamente corto, sino de varias décadas de vida, aunque depende de la intensidad y suma de factores de riesgo a los que se someta el individuo. Obviamente, un gran fumador, bebedor, amante del sedentarismo y de las comidas copiosas, ricas en ácidos grasos saturados, es más probable que debute precozmente con un infarto agudo de miocardio, por ejemplo, sobre la cuarta o quinta década de la vida. Con demasiada frecuencia es causa de muerte súbita. Aunque paradójicamente la obstrucción coronaria se desarrolle tras toda una vida de estilos de vida deplorables (periodo de inducción muy largo).

     


    Si queremos prevenir este cruel panorama sólo existe una estrategia, la de adoptar estilos de vida saludables: no fumar, no beber alcohol o hacerlo en mínimas cantidades, practicar actividad física aeróbica regular, beneficiarse de la Dieta Mediterránea, donde el aceite de oliva virgen extra es un gran protagonista al igual que la ingesta diaria de frutas y verduras, sobre todo crucíferas, entre las cuales el brécol o brócoli es la más beneficiosa. No desdeñar unos buenos cafés especiales (3 a 4 al día), pues también contribuyen a reducir el riesgo de procesos cardiovasculares.

     


    Todo este cóctel de estrategias de salud tiende a converger en un doble efecto: antiinflamatorio y antioxidante, que actuando sobre la íntima arterial, logran evitar el descalabro propio de la arteriosclerosis o, en su defecto, a retrasarlo hasta edades más longevas.

     


    En este momento podemos preguntarnos cuáles son los mecanismos utilizados por el consumo regular de brécol. Pues los mismos que los exhibidos para reducir el riesgo de tumores malignos, referido en el artículo anterior: antiinflamatorio, antioxidante y desintoxicante. Recordémoslos brevemente.

     

     

    Efecto antiinflamatorio

     

    Se debe principalmente a la inhibición que ejerce el sulforafano sobre el gran promotor de todos los fenómenos inflamatorios, el factor nuclear kappa B (NF-kappa B), que de esta suerte ya no podrá inducir la síntesis de múltiples sustancias inflamatorias, de complejos nombres (IL-6, IL-beta, TNF-alfa, INOS, COX-2…). (6,7)

     

     

    Efecto antioxidante del brécol

     

    Se debe a su riqueza en antioxidantes de primer orden como la vitamina C, la vitamina E, el beta caroteno (provitamina A), flavonoides como la quercitina y el kaemferol, carotenoides, como la luteína y la zeaxantina, minerales como el manganeso y el zinc. Aunque el mayor efecto antioxidante inherente al consumo regular de brécol es indirecto, esto es, se deriva de su efecto desintoxicante, que a continuación resumiremos.

     

     

    Efecto desintoxicante

     

    El efecto depurativo y desintoxicante de las crucíferas, multiplicado en el brécol, se debe a la capacidad de su producto estrella, el sulforafano, de activar el denominado factor nuclear eritroide dos (Nrf2), el cual estimula a los genes responsables de optimizar la función celular. Siendo los más importantes  os que codifican la síntesis de las enzimas principales de fase II: la glutatión -S-transferasa (GST), la uridinadilfosfato-glucuroniltransferasa (UGT) y, sobre todo, la quinona reductosa (QR). Su capacidad para neutralizar radicales libres derivados del oxígeno, como el superóxido (O2-) y el hidroxilo (OH) es realmente intensa.

     


    También la capacidad del sulforafano para inhibir enzimas de fase I tiende a evitar la proliferación de metabolitos tóxicos de efectos oxidantes y proinflamatorios.

     

     

    Reducción o neutralización de factores de riesgo cardiovascular por parte de las crucíferas


    Efecto hipocolesterolemiante

     

    El consumo regular de brécol se asocia a una significativa reducción de la concentración sanguínea de colesterol, merced a una acción de las fibras que aporta (1 gramo de fibra por cada 30 gramos de brécol): la de secuestrar en la luz intestinal a las sales biliares, promoviendo su expulsión por las heces, una vez que han cumplido su función digestiva (emulsionante de grasas). Esto fuerza al hígado a atrapar más colesterol para contribuir a la síntesis de ácidos biliares. En consecuencia, los niveles sanguíneos de colesterol descienden significativamente, sobre todo del dañino LDL.

     

     

    Efecto protector de las lesiones vasculares de la diabetes

     

    Las complicaciones más temibles de la diabetes son las que se derivan de la inflamación de los pequeños vasos sanguíneos (vasculitis),responsables de la retinopatía, de la neuropatía y de la nefropatía diabéticas. Pues bien, parece que parte de estos fenómenos inflamatorios de las pequeñas arterias tienden a ser reducidos por los compuestos químicos del brécol, especialmente del sulforafano.

     


    Posible efecto protector neumológico


    Las enfermedades crónicas más prevalentes en la esfera neumológica son el asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), las cuales provocan insuficiencia ventilatoria obstructiva de diverso grado (detectada en la espirometría), en la primera de carácter reversible; en la segunda, en cambio, la obstrucción bronquial es de carácter irreversible.

     


    La causa fundamental de la EPOC es el tabaquismo, que hace que el fumador inhale continuamente tóxicos generadores de radicales libres que contribuyen a inflamar y dañar a los bronquios y al parénquima pulmonar, lo que tiende a destruirlos progresivamente. De ahí que la obstrucción bronquial detectada en la espirometría sea irreversible y, mientras se siga inhalando tabaco, progrese aceleradamente hasta acabar matando a ese 20-25% de fumadores que desarrollan EPOC, salvo que, en sus fases iniciales, les convenzamos para que dejen de fumar. Tal cese tabáquico también beneficia al fumador con EPOC avanzado, al menos prolonga su vida.

     


    En el asma la etiología es más variopinta, pues se combinan causas alérgicas con otras de etiología no alérgica. Con demasiada frecuencia vemos sinusitis maxilares con bronquitis descendentes que llegan a complicarse con obstrucciones bronquiales variables y reversibles, esto es, con asma puro y duro. A estas situaciones la gente solía y aún suele denominarlas “catarros mal curados”.  En cualquier caso, en ambas situaciones lo que subyace son procesos inflamatorios crónicos que afectan a la pared bronquial.

     


    También en ambos procesos se pueden desencadenar exacerbaciones por aumento de la contaminación atmosférica y por infecciones de las vías aéreas, que incrementan la inflamación preexistente.

     


    Pues bien, con tanta inflamación crónica es fácil sospechar que el consumo regular de brécol pueda ofrecer una cierta protección broncopulmonar, que a lo mejor tienda a reducir el riesgo de asma y EPOC. Algo de esto debieron de pensar investigadores de la UCLA (Universidad de California-Los Angeles) para convencer a responsables de la EPA (Agencia de Protección Medioambiental de USA), Institutos Nacionales de Salud de EEUU y del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Medioambiental, también de USA, para que financiaran un estudio experimental con el que pretendían valorar la capacidad del brécol necesaria para reducir la inflamación de las vías aéreas que pudiera conducir a una reducción del riesgo de rinitis crónica, asma y EPOC. Su trabajo lo publicaron en marzo de 2009 en Clinical Inmunology. 8 Resumámoslo en las siguientes líneas.

     


    El equipo de investigadores, liderado por Marc Riedl, trabajó con 65 voluntarios que fueron repartidos en un grupo que ingirió brotes de brécol, la mayor fuente de sulforafano, durante tres días,  y un grupo placebo, que tomaron brotes de alfalfa, carentes de sulforafano.

     


    Al principio y al final del estudio, se hicieron enjuagues nasales con objeto de recoger muestras celulares en las que se pudiera evaluar el gen o genes de enzimas antioxidantes (de fase II) como el de la glutatión-S-transferasa (GSTP1) y el de la quinona oxidorreductasa (NQO1).

     


    Los resultados del estudio fueron realmente esperanzadores, pues se apreció un incremento significativo de enzimas antioxidantes entre los que recibieron cantidades de brócoli de 100 gramos o más, cuando eran comparados con los del grupo placebo. Además, la intensidad de la respuesta era mayor a medida que el consumo de brécol se incrementaba, dado que los que consumieron 200 gramos al día respondieron con un aumento del 101% de la enzima GSTP1 y un incremento del 199% de NQO1, la mayor enzima antioxidante que existe.

     


    Según los citados investigadores, el tratamiento con brotes de brócoli no se acompañó de efectos secundarios a resaltar, por lo que parecía seguro y efectivo para reducir la oxidación producida por los temibles radicales libres.

     


    Este es uno de los primeros estudios que revelan que el brécol ejerce potentes efectos antioxidantes, por lo que podría servir para paliar los procesos inflamatorios y, por lo tanto, para establecer potenciales tratamientos para varias enfermedades respiratorias”, sentencia Marc Riedl.

     


    A mi entender, todo parece estar en mantillas, aunque estos resultados son muy prometedores y quizá sirvan para elaborar nuevas terapéuticas para tratar las enfermedades respiratorias más prevalentes. El tiempo lo dirá.

     

    Brécol: crucífera por excelencia.

     

     

    Otros efectos saludables del brócoli

     

    Reducción del riesgo de ceguera asociada a la edad

     

    La ceguera asociada a la edad se produce por la degeneración de las células de la mácula lútea, área de mayor agudeza visual de la retina. Usualmente la exposición solar y de la luz azul va oxidando las células de esta superficie retiniana. Sin embargo, existen unos carotenoides capaces de resistir la oxidación, por su fuerte carácter antioxidante: la luteína, ubicada en la periferia de la mácula; la zeaxantina, localizada en el centro de esta área. También se sabe que la ingesta regular de alimentos ricos en estos carotenoides logra incrementar la concentración en la mácula de los mismos, lo que se asocia a una notable reducción del riesgo de degeneración de esta superficie retiniana y, en consecuencia, una relevante disminución del riesgo de ceguera. Pues bien, el brécol al igual que otras crucíferas es una excelente fuente de luteína y zeaxantina.

     


    Protección cutánea

     

    Últimamente la investigación científica sobre las propiedades del brécol está revelando la gran protección de la piel que ejerce el sulforafano, liberado por la acción de la mirosinasa sobre la glucorafina, tras masticar el brécol. Los potentes efectos antioxidantes de este producto azufrado, por su intervención sobre los enzimas de fase II (estimulándolos) y de fase I (inhibiéndolos) incrementan la capacidad metabólica y desintoxicante de la propia piel, lo que la permite resistir más efectivamente el potencial daño en el DNA cutáneo ejercido por las radiaciones ultravioletas A y B9.

     


    Estabilización del metabolismo de la vitamina D


    La osteoporosis es una enfermedad ósea que acaba surgiendo a medida que el ser humano envejece, siendo especialmente susceptibles las mujeres, pues ya desde la menopausia, con la pérdida estrogénica, empiezan a sufrir procesos de desmineralización ósea. Sus consecuencias son una causa de sufrimiento humano: las fracturas vertebrales y las fracturas del cuello del fémur. Las primeras suelen afectar a los cuerpos vertebrales lumbares, con pérdida de la estabilidad de la columna y, a veces, provocando dolores por compresión radicular. Cuando las que se fracturan son las vértebras dorsales existe un significativo riesgo de sufrir una insuficiencia ventilatoria restrictiva (detectada por espirometría) por reducción del área de la jaula torácica, al demolerse parte del bastión posterior (el eje vertebral dorsal), lo que puede desembocar en insuficiencia respiratoria (reducción de la presión parcial de oxígeno arterial), que obligue a oxigenoterapia domiciliaria y a ventilación mecánica no invasiva.

     


    La fractura de cadera por osteoporosis tampoco es moco de pavo, pues en torno al 50% de las personas que la sufren se quedan inválidas, a veces, en silla de ruedas. Por otra parte, cerca del 30% suele morir durante el primer año, bien por neumonías (al principio) o por embolias pulmonares.

     


    Conociendo este triste panorama, la estrategia médica consiste en prevenir tal osteoporosis mediante el aporte diario de vitamina D y de calcio, así como ciertos medicamentos reforzadores de la estructura ósea (difosfonatos).

     


    El brécol no es una fuente relevante de vitamina D, pero sí de vitamina K y de vitamina A (en realidad de beta-caroteno, precursor de la vitamina A), los cuales son fundamentales para equilibrar y estabilizar el metabolismo de la vitamina D, evitando las perjudiciales situaciones de hipervitaminosis D, secundarias a su administración diaria, a veces excesiva (o mal metabolizada).

     


    En fin, espero y deseo que tanto este artículo como el del mes precedente sirvan para animar a la gente a consumir más vegetales, en general, y más crucíferas, en particular, con su producto estrella, el brécol. La inversión en salud derivada de tal conducta se aproxima a la que experimenta un fumador cuando abandona su pernicioso hábito.

     

     

    Bibliografía:

     

    1. Joshipura KJ, Ascherio A, Manson JE, et al. Fruit and vegetable intake in relation to risk of ischemic stroke. JAMA 1999;282:1233–9.

     


    2. Joshipura KJ, Hu FB, Manson JE, et al The effect of fruit and vegetable intake on risk for coronary heart disease. Ann Intern Med 2001;134:1106–14.

     


    3. Cruciferous vegetable consumption is associated with a reduced risk of total and cardiovascular disease mortality.  Xianglan Zhang, Xiao-Ou Shu, Yong-Bing Xiang, Gong Yang, Honglan Li,Jing Gao, Hui Cai, Yu-Tang Gao, and Wei Zheng. 2011 American Society for Nutrition.

     


    4. Nothlings U, Schulze MB, Weikert C, et al. Intake of vegetables, legumes, and fruit, and risk for all-cause, cardiovascular, and cancer mortality in a European diabetic population.J. Nutr 2008;138:775–81.

     


    5. Genkinger JM, Platz EA, Hoffman SC, Comstock GW, Helzlsouer KJ Fruit, vegetable, and antioxidant intake and all-cause, cancer, and cardiovascular disease mortality in a community-dwelling population in Washington County, Maryland. Am J Epidemiol 2004;160:1223–33.

     


    6. Prawan A, Saw CL, Khor TO, et al. Anti-NF-kappaB and anti-inflammatory activities of synthetic isothiocyanates: effect of chemical structures and cellular signaling. Chem Biol Interact. 2009 May 15;179(2-3):202-11. 2009.

     


    7. Sulforaphane and its methylcarbonyl analogs inhibit the LPS-stimulated inflammatory response in human monocytes through modulating cytokine production, suppressing chemotactic migration and phagocytosis in a NF-κB- and MAPK-dependent manner. Reddy SA, Shelar SB, Dang TM, Lee BN, Yang H, Ong SM, Ng HL, Chui WK, Wong SC, Chew EH. Int Immunopharmacol. 2015 Feb;24(2):440-50. doi: 10.1016/j.intimp.2014.12.037. Epub 2015 Jan 10.

     


    8. Clinical Inmunology: March 2009, volumen 130.  Issue 3. Pages 244-251. “Oral sulforaphane increases phase II antioxydant enzymes in the human upper airway”. M. A. Riedl, A Saxon, D. Díaz Sánchez.

     


    9. Nrf2 Activation Protects against Solar-Simulated Ultraviolet Radiation in Mice and Humans Elena V. Knatko, Sally H. Ibbotson, Ying Zhang, Maureen Higgins, Jed W. Fahey, Paul Talalay, Robert S. Dawe, James Ferguson, Jeffrey T.-J. Huang, Rosemary Clarke, Suqing Zheng, Akira Saito, Sukirti Kalra, Andrea L. Benedict, Tadashi Honda, Charlotte M. Proby and Albena T. Dinkova-Kostova Cancer Prev Res (Phila) June 1 2015 8 (6) 475-486; DOI:10.1158/1940-6207.CAPR-14-036. 

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

     

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  • 02/08/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Efectos saludables del brécol: Prevención de cáncer de pulmón

    Efectos saludables del brécol: Prevención de cáncer de pulmón


    El brécol es uno de los alimentos más saludables que existen porque su consumo regular se asocia a una reducción del riesgo de enfermar y morir por las patologías más prevalentes en los países desarrollados, como los procesos cardiovasculares y los tumores malignos, como el cáncer de pulmón, entre otras enfermedades.


    Sus sobresalientes propiedades antiinflamatorias, antitumorales y desintoxicantes hacen que esta verdura de la familia de las crucíferas se coloque en el escalón más alto del pódium del selecto grupo de alimentos funcionales, aquellos cuyos beneficios no se limitan a subvenir las meras necesidades energéticas.

     

     

    Origen y características botánicas

     

    El brécol o brócoli (Brassica oleracea itálica) es, como decíamos antes, un miembro de las brasicáceas (Brassicaceae) o crucíferas (Cruciferae), una familia de angiospermas dicotiledóneas, al que también pertenecen la coliflor, la lombarda, el repollo o col, la mostaza, la rúcula, el nabo, las coles de bruselas, la berza y el berro, entre otras.

     

    Lombarda

     

    Brécol

     

    Lo primero que llama la atención de este vegetal son sus sumidades floridas carnosas de color verde, que penden de ramas que, a su vez, nacen de un robusto tallo. Tales cabezuelas florales están rodeadas de hojas. Prácticamente todo es comestible salvo el grueso tronco, un tanto correoso.

     


    Parece que las primeras variedades de brécol proceden de la época en que Roma dominó gran parte del mundo. No obstante, esta verdura no rebasó su patria italiana hasta el siglo XIX, momento en que empezó a distribuirse al resto del mundo.

     

     

    Recomendaciones alimenticias


    Si queremos beneficiarnos de los fantásticos efectos saludables del brécol será necesario consumirlo regularmente. Así pues, considerando que una ración de brócoli puede pesar, por ejemplo, 156 gramos, que aportan unas 55 kilocalorías, se recomienda ingerir diariamente una cantidad mínima de tres cuartos de ración, que equivalen a cinco raciones por semana. Un consumo óptimo vendría a oscilar entre una y una ración y media al día, esto es, unas diez raciones por semana. Al menos así es lo aconsejado por la prestigiosa Fundación George Mateljan, organización norteamericana sin ánimo de lucro, especializada en el estudio de los alimentos más saludables del mundo (The world´s healthiest foods), en la revisión actualizada dedicada al brócoli en septiembre de 2016. (1)

     

    Tortilla de brócoli

     

    Para no perder ninguno de sus componentes se aconseja hervirlo brevemente al vapor, sin sobrepasar los cinco minutos, o, en su defecto, saltearlo rápidamente en una sartén con aceite de oliva virgen extra, sin que se quemen las cabezuelas floridas. También se puede comer crudo, en ensalada. Mi forma predilecta de consumirlo es en tortilla de dos huevos, a los que añado una generosa ración de brécol, previamente expuesto durante un minuto al calor del microondas. Espero que en el futuro no se demuestre efecto adverso alguno por el empleo de este último sistema de cocinar (o más bien de calentar los alimentos y bebidas).

     

    Brécol en panaché de verduras con huevo escalfado: Cortesía Ricardo Temiño, restaurante La Fábrica (Burgos)

     

     

    Composición química

     

    Los efectos saludables del brócoli son atribuibles a su riqueza en glucosinolatos, una familia de compuestos azufrados, de los que se derivan los isotiocianatos y los índoles. Aunque las otras brasicáceas también poseen estos fitoquímicos, el brécol es donde alcanzan sus más altas concentraciones. Vamos a dedicar unas líneas a los principales productos que resultan de la hidrólisis de estos compuestos azufrados:

     

    • Isotiocianatos: El producto estrella, al que se le atribuyen gran parte de los beneficios del brócoli es el sulforafano, el cual se encuentra en la planta como glucosinolato de sulforafano, más conocido como glucorafanina. Pero ¿cómo se transforma la glucorafanina en sulforafano? Pues de dos formas: una, mediante la acción de una enzima, denominada mirosinasa, que se libera en el momento de masticar o machacar el brécol; la otra, por la acción de las bacterias intestinales.

     

    • Índoles: De la hidrólisis de otro glucosinolato, la glucobrasicina, se obtienen el indol3-carbinol (I3c), el diindolilmetano (DIM) y el ascorbigeno (I3C unido a ácido ascórbico). Como veremos luego, estos índoles, al igual que los isotiocianatos se comportan como poderosos antioxidantes indirectos, dado que actúan sobre los sistemas enzimáticos de fase I y de fase II, bloqueando la producción de peligrosos tóxicos y carcinogénos (inhibición de los de fase I) y estimulando la síntesis de enzimas hepáticas de gran acción desintoxicante (inducción de los de fase II), que contribuyen a la eliminación de radicales libres netamente dañinos para nuestros intereses. Aunque gran parte de las investigaciones científicas sobre los índoles tienen que ver con su capacidad para intervenir en el metabolismo de los estrógenos y, en consecuencia, en el efecto preventivo de cánceres hormono dependientes, como los de próstata y mama. (2, 3)

     

    El brécol es la crucífera con mayor riqueza en sustancias fitoquímicas de reconocidas propiedades preventivas y terapéuticas. Veamos algunas de las más relevantes:

     

    • Carotenoides con gran efecto antioxidante y protector de la mácula lútea, área retiniana de mayor agudeza visual, como la luteína y zeaxantina.
    • Gran riqueza en vitamina C, vitamina B6 y ácido fólico, así como en las vitaminas liposolubles E y K.
    • Abundancia de beta-caroteno (provitamina A).
    • Cabagina (S-metilmetionina), también denominada vitamina U, dotada de un gran efecto antiinflamatorio en la mucosas gástrica e intestinal.
    • Flavonoides, sobre todo el kaemferol y la quercitina.
    • Minerales como el manganeso, el zinc, gran riqueza de hierro.
    • El brécol contiene selenio metilado (Se-metilseleno cisteína), que se transforma en un buen anticancerígeno, el metil selenolato. (4)
    • Ácido clorogénico, reconocido antioxidante, muy abundante en el café.
    • Notables cantidades de fibra: un gramo de fibra por cada 30 gramos de brécol (10 kilocalorías).
    • D-glucarato, compuesto clave para la glucuronidación, proceso crucial de la desintoxicación fase II.
    • Potasio y magnesio, minerales de acción desacidificante.

     

    EFECTOS SALUDABLES DEL BRÉCOL

     

    Efectos anticarcinógenos o antitumorales

     

    Son más de 300 los estudios científicos que han valorado el poder antitumoral del brécol, basado en su capacidad para desmontar los tres pilares del desarrollo tumoral en cualquier órgano humano o animal: uno, la inflamación crónica; dos, el estrés oxidativo; tres y último, deficiente desintoxicación. En el último lustro se han multiplicado los trabajos científicos que han revelado que la patogenia del cáncer se sustenta en esos tres pilares. Pues bien, el consumo regular de brócoli es capaz de modificar favorablemente tales bastiones tumorales.

     


    En las siguientes líneas vamos a ver la vinculación entre el cáncer y sus tres pilares patogénicos.

     


    Cáncer: convergencia de inflamación crónica, estrés oxidativo y deficiente desintoxicación

     

    Es preciso mencionar en este momento que los mecanismos inflamatorios son necesarios para el buen funcionamiento de nuestros órganos y sistemas y, en definitiva, para mantener un buen estado de salud. De forma que cuando sufrimos agresiones químicas, físicas, microbiológicas, alérgicas o de cualquier otra índole, nuestros sistemas de vigilancia inmune tienden a detectarlas con cierta prontitud para inmediatamente responder con la cascada de la inflamación. Existe una molécula o compuesto clave en todo este proceso, es el denominado factor nuclear Kappa B (NF-kappa B), el cual se activa en el momento de detectar las citadas agresiones, para, luego, inducir la transcripción de genes implicados en la codificación y posterior síntesis de proteínas de neto carácter inflamatorio (IL-6, IL-beta, Factor de necrosis tumoral alfa, óxido nítrico, COX-2), que tenderán a neutralizar e incluso erradicar tales agentes agresores.

     


    Mientras tales respuestas inflamatorias sean breves y no sobrepasen el tiempo justo para recuperar la estructura y función dañadas, podremos mantener nuestra salud. Sin embargo, cuando las amenazas citadas no ceden sino que se mantienen en el tiempo, a veces por un defecto o debilidad de nuestros sistemas de desintoxicación, el NF-Kappa B no dejará de funcionar y, por tanto, seguirá activando indefinidamente los procesos inflamatorios, pasando así a un pernicioso estado de inflamación crónica.

     


    Cuando se perpetúa la inflamación se dispara la producción de radicales oxidantes y de las moléculas ricas en oxígeno (estrés oxidativo), que son extraordinariamente dañinas no sólo para la integridad de nuestras estructuras celulares y tisulares sino también para el buen estado del material genético contenido en nuestro ADN (ácido desoxirribonucleico). En consecuencia, se abre la espita de la cuba o tonel por el que se derramarán las temibles enfermedades crónicas, como la arteriosclerosis y sus nefandas complicaciones (ictus y cardiopatía isquémica), enfermedades neurodegenerativas, gastritis y úlceras asociadas a Helicobacter pylori, esclerosis múltiple, entre otras muchas enfermedades. Pero el cúmulo de desgracias no acaba con estas enfermedades, pues la combinación de inflamación crónica, estrés oxidativo y deficiente desintoxicación también abona el terreno para el desarrollo de los tumores malignos.

     


    En las siguientes líneas vamos a ver la capacidad del brécol para combatir tales amenazas, merced a su particular composición química.

           

    Para entender mejor este contenido vamos a analizar por separado los efectos antiinflamatorios, antioxidantes y desintoxicantes vinculados al consumo regular de brécol.

     

     

    Efecto antiinflamatorio del brócoli

     

    Recientes investigaciones (2009) han probado la capacidad de isotiocianatos sintéticos para suprimir la actividad del factor nuclear kappa B (NF-kappa B), bloqueando los genes que codifican su síntesis y, en consecuencia, evitando la producción de las sustancias implicadas en la inflamación y en el daño del ADN.5

     


    Más recientemente, en febrero de 2015, se pudo probar que el sulforafano era capaz de inhibir al NF-kappa B de monocitos obtenidos de donantes humanos y, por ende, la producción de todas las sustancias proinflamatorias anteriormente citadas (IL-6, IL-beta, TNF-alfa, INOS, COX-2…). (6)

     


    Otro efecto antiinflamatorio asociado al consumo de brécol se debe al pequeño, pero significativo aporte de ácidos omega-3 (unos 100 miligramos por cada 300 gramos de brécol, equivalente a 100 kilocalorías). De esta forma contribuiría a reducir el déficit de estos ácidos grasos poliinsaturados y, por ello, sería más difícil que se activara el sistema inflamatorio, algo que sí acontecería en caso de plasmarse tal déficit. Cosa lógica, si tenemos en cuenta que una parte relevante de las moléculas antiinflamatorias se constituyen con ácidos omega-3.

     


    El tercer efecto antiinflamatorio del brécol se debe a su riqueza en kaemferol, un flavonoide de reconocidas propiedades antialérgicas, disminuyendo la producción de los anticuerpos involucrados en las reacciones alérgicas, las inmunoglobulinas de tipo IgE. De esta forma aumentarían las posibilidades de reducir el daño derivado de la excesiva exposición a alérgenos, promovida por la inflamación crónica.

     

     

    Efecto antioxidante del brécol


    El brécol es la verdura crucífera que posee la mayor concentración de vitamina C, un antioxidante de primer orden, cuya efectividad se incrementa cuando está acompañada de flavonoides. Pues bien, el brécol también aporta notables cantidades de estas últimas sustancias, como la quercitina y el kaemferol.

     


    Otros antioxidantes del brócoli son los carotenoides, luteína y zeaxantina, así como el beta-caroteno. Junto a ellos también exhiben una gran acción antioxidante la vitamina E y minerales como el manganeso y el zinc.

     


    Estos compuestos antioxidantes hacen que el consumo regular de brécol se asocie a una reducción del riesgo de inflamación crónica y de cáncer.

     

     

    Efecto desintoxicante del brécol
      

    El sulforafano es la molécula responsable de la gran capacidad depurativa o desintoxicante del brécol, pues, como dijimos antes, es capaz de inhibir el sistema enzimático de fase I, no tanto como para perturbar el buen funcionamiento del organismo cuanto para evitar la proliferación de una serie de metabolitos intermedios, resultantes de su acción neutralizadora de tóxicos, medicamentos y otras moléculas, que si se acumularan nos ocasionarían graves problemas. Uno de ellos sería el de incidir en nuestro ADN, con el mal propósito de inducir mutaciones malignas. Pues bien, el sulforafano contribuye decisivamente a evitar tal disturbio.

     


    Por otra parte, el sulforafano es capaz de activar a una sustancia implicada en la estimulación de genes protectores de nuestras células (citoprotectores), como los que codifican la síntesis de antioxidantes, proteínas que depuran metales pesados, enzimas que metabolizan drogas y tóxicos, enzimas regeneradoras (NADPH). Me estoy refiriendo al denominado factor nuclear eritroide 2 (Nrf2), el cual estimula a los genes responsables de optimizar la función celular. Siendo los más importantes los que codifican la síntesis de las enzimas principales de fase II: la glutatión-S-transferasa(GST), la uridinadilfosfato-glucuroniltransferasa(UGT) y, sobre todo, la quinona reductosa (QR). Una de las acciones de estas enzimas es la de reducir las toxinas implicadas en el inicio y en la progresión de un cáncer.

     


    La investigación científica actual ha revelado la gran capacidad de activar al Nrf2 por parte del sulforafano, bastante superior a la exhibida por una serie de polifenoles, como la curcumina, la silymarina y el resveratrol

     


    Recientemente se ha publicado una excelente revisión sobre el sulforafano y otros activadores del Nrf2, (7) firmada por Christine A. Houghton y colegas, en una revista de gran prestigio, Oxidative Medicine and Cellular Longevity. El que tenga interés en profundizar más en el tema, aconsejo su lectura.

     

     

    Neutralización de los tres pilares cancerígenos

     

    En los anteriores apartados hemos visto la gran capacidad del brécol para derruir los tres pilares en los que se asienta el desarrollo del cáncer: inflamación crónica, estrés oxidativo y escasa desintoxicación.

     


    Quizá por todo ello se están multiplicando los trabajos científicos que demuestran las propiedades anticancerígenas del brécol, reduciendo el riesgo de desarrollar una serie de tumores malignos: colon, (8,9) próstata, (10,11) mama, (12,13) vejiga, (14,15,16), pulmón, (17,18) ovario, (19) leucemia linfática crónica, entre otros.

     

     

    Cáncer de pulmón: Efecto preventivo del brécol
       

    Como neumólogo no he podido resistir la tentación de resumir algunos artículos científicos que revelan la capacidad del brécol para reducir el riesgo de cáncer de pulmón.

     


    Empezaremos con el meta-análisis dirigido por Tram Kim Lam, miembro del Departamento de Prevención Oncológica del Instituto Nacional del Cáncer de USA, publicado en enero de 2009 en una revista de gran prestigio, Cancer Epidemiology Biomarkers & Prevention.20 Estos autores efectuaron una revisión sistemática de los artículos que valoraron la relación entre el cáncer de pulmón y consumo de crucíferas, como el brécol. Sólo treinta artículos superaron los exigentes criterios de selección: dieciocho valoraron la asociación entre el consumo de vegetales totales, incluyendo las brasicáceas, y el cáncer de pulmón (6 de cohorte y 11 de casos y controles); once se centraron en el consumo específico de crucíferas y el citado cáncer. Pues bien, sus resultados fueron muy elocuentes: en los estudios de casos y controles se observó una reducción del 22 % del riesgo de cáncer de pulmón entre las personas que consumieron más verduras crucíferas con respecto a los que consumieron menos, mientras que en los estudios de cohorte la disminución del riesgo fue del 17%, independientemente del hábito tabáquico. Además, comprobaron que la reducción del riesgo era sensiblemente mayor entre el colectivo de personas que tienen variantes genéticas anómalas de glutatión-S- transferasa (como GSTM1 y GSTT1), una enzima de fase II, antes mencionada. Parece lógico este último resultado, dada la gran capacidad de las crucíferas, sobre todo del brécol, de estimular los procesos de desintoxicación dependientes de enzimas de fase II, merced a su riqueza en sulforafano.

     


    El año siguiente alumbró otra publicación de este mismo grupo (Tram Kim Lam y colegas), en la que valoraron la relación entre el consumo de crucíferas y el riesgo de cáncer de pulmón, mediante un estudio de casos y controles, con un control exhaustivo del tabaquismo como gran variable de confusión. En síntesis, compararon a 274 casos de cáncer broncopulmonar (incidentes entre 1990 y el 2005) con 1089 sujetos libres del citado cáncer. Sus resultados sobrepasaron las expectativas previas, pues la reducción del riesgo de cáncer pulmonar entre fumadores y exfumadores que consumieron más verduras de la familia de las brasicáceas o crucíferas fue de un 43%, cuando eran comparados con los que ingirieron menos. En cambio, entre los nunca fumadores no observaron tal reducción. (21)

     


    El tercer trabajo que deseo comentar es el dirigido por Q. J. Wu y B. Xiang (primer y último firmante del artículo), quienes comprobaron la asociación entre el consumo de verduras crucíferas y el riesgo de cáncer de pulmón entre mujeres chinas de Shangai, mediante un estudio prospectivo y un meta-análisis. Sus conclusiones las publicaron en una revista norteamericana de prestigio, Annals of Oncology (abril de 2013). 22 En esencia, lo que hicieron fue estudiar a 74.914 mujeres de 40 a 70 años, participantes del Estudio de Salud en Mujeres de Shangai, a las que siguieron durante una media de 11 años, al cabo de los cuales 417 desarrollaron cáncer de pulmón. Cuando compararon a las que consumieron más crucíferas con las que ingirieron menos, observaron que las primeras se beneficiaban de una reducción del 27% del riesgo de cáncer de pulmón. Además, la disminución del riesgo era sensiblemente mayor entre las mujeres que nunca fumaron tabaco: 41% de reducción (HR 0,59; 95% CI 0,40-0,87). 22 Estas conclusiones fueron refrendadas por el meta-análisis efectuado por este mismo grupo. La prevalencia de tabaquismo en China parece ser bastante menor que en Occidente.

     


    Finalmente, existe un estudio que sugirió que el consumo regular de crucíferas es capaz de reducir significativamente el riesgo de cáncer de pulmón entre fumadores. Se trata del publicado en abril de 2010 en otra revista de prestigio de EEUU (Bio Med Central), que fue dirigido por Li Tang y Kirsten B Moysich. Estos autores compararon a 948 casos de cáncer de pulmón con 1.743 sanos (casos y controles), con el objeto de comprobar una supuesta asociación entre la ingesta regular de frutas, verduras, en general, y crucíferas, en particular, con el riesgo de cáncer de pulmón. Estratificaron escrupulosamente el hábito tabáquico de los participantes, clasificándolos en nunca fumadores, fumadores actuales o activos y exfumadores. Pues bien, observaron que la ingesta regular de frutas y verduras, en general, se asociaba a una significativa reducción del riesgo de cáncer de pulmón entre nunca fumadores. Sin embargo, la ingesta específica de crucíferas (el brécol como gran estrella por su riqueza en sulforafano) se acompañaba de una significativa disminución del riesgo de desarrollar cáncer broncopulmonar entre el colectivo de fumadores, sobre todo de exfumadores.

     


    Estos mismos autores, cuando evaluaron la intensidad y la duración del hábito tabáquico observaron que los fumadores intensos (más de 20 cigarrillos al día) fueron los que más se beneficiaron del consumo de vegetales totales y de crucíferas: de un 32% a un 48% de reducción del riesgo de cáncer de pulmón por parte de los mayores consumidores de estas verduras con respecto a los que las consumían menos. Con respecto a la duración del hábito tabáquico, los que más se beneficiaron del consumo de crucíferas fueron los que fumaron no más de 30 años.

     


    También comprobaron que los que ingerían estas verduras crudas obtenían los mejores resultados. Además, sus resultados se incrementaban con la dosis consumida, pues los que consumían 4,5 raciones mensuales de crucíferas sin cocinar experimentaban una reducción del 55% del riesgo de desarrollar este cáncer, con respecto a los que sólo consumían 2,5 raciones de crucíferas crudas.

     


    Por otra parte, cuando evaluaron los cuatro tipos histopatológicos de cáncer de pulmón, comprobaron que la reducción del riesgo de sufrir este cáncer era sensiblemente mayor entre los que sufrieron carcinomas epidermoides y carcinomas de células pequeñas, que son los dos tipos que se asocian íntimamente al consumo tabáquico.

     


    Bueno, no quiero concluir este apartado sin dejar de recordar que la primera causa de cáncer de pulmón es el tabaquismo, por lo que la mejor medida de prevención primaria siempre será reducir la incidencia del hábito tabáquico. Para los fumadores, no hay otra opción que dejar de fumar inmediatamente, antes de que se cumpla el periodo de inducción de este temible cáncer. Luego no valdrá lamentarse. Como siempre digo, la mejor inversión en salud para un fumador activo es dejar de fumar. Sin duda.

     

     

    ¿Qué cantidad de brécol hay que consumir para reducir el riesgo de cáncer?

     

    Aunque al principio de este artículo ya tratamos este punto, me voy a centrar en este apartado en el consumo aconsejado de brécol para reducir el riesgo de cáncer. No parece haber muchas diferencias, como veremos a continuación.

     


    Parece que las investigaciones más recientes están revelando que podría bastar con ingerir una media ración por día de brécol, esto es, unos 80 gramos, equivalentes a tan solo 22 kilocalorías, para reducir significativamente el riesgo de cáncer. Si no deseamos consumir diariamente esta verdura, podríamos hacerlo en dos días de la semana, pero comiendo dos raciones (150 gramos por ración)

     


    Parece que el efecto es mayor a medida que incrementamos el consumo de esta brasicácea, pues con la ingesta diaria de unos 250 gramos por día (1,6 raciones) se ha observado una significativa eliminación urinaria de potenciales carcinógenos. Otros estudios abogan por ingerir cantidades más generosas, como unas tres raciones diarias.

     


    Sin ánimo de liar mucho al personal, en España hay expertos que creen que con 200 gramos diarios de brécol sería suficiente para prevenir el cáncer de mama, próstata, colon y pulmón. Así lo atestiguaron, en septiembre de 2016, investigadores del Laboratorio de Fitoquímica del Departamento de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de CEBAS-CSIC (Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura-Centro Superior de Investigaciones Científicas), que colaboran con + Brócoli, asociación sin ánimo de lucro que tiene como objetivos incrementar el consumo de esta verdura y dar a conocer los efectos saludables inherentes a su consumo. Estos investigadores aconsejan ingerir al menos tres raciones semanales de brécol.

     


    Lo que sí parece evidente es que el brécol es el alimento más rico en glucosinolatos, como la glucorafanina, el gluconastartium y la glucobrasacina, muy superior al resto. Por ello, su consumo regular servirá, sin duda, para prevenir situaciones de deficiente desintoxicación de sustancias peligrosas para la supervivencia y buen funcionamiento de nuestras células.

     


    El resto de efectos saludables del brécol (cardiovasculares, digestivos, respiratorios, metabólicos…) los analizaremos en el artículo del próximo mes.

                                            

    Dr. Félix Martín Santos

     

     

    Bibliografía:

     

    1. The world´s healthiest foods. htpp://www.whfoods.org/

     


    2. Minich DM, Bland JS. A review of the clinical efficacy and safety of cruciferous vegetable phytochemicals. Nutr Rev. 2007; 65 (6 Pt 1): 259-67

     


    3. Weng JR, Tsai CH, Kulp SK, et al. Indole-3-carbinol as a chemoppreventive and anticancer agent. Cancer Lett. 2008; 262 (2): 153-63

     


    4. Keck AS, Finley JW. Cruciferous vegetables: cáncer protective mechanisms of glucosinolate hydrolysis products and selenium. Integr Cancer Ther. 2004; 3 (1): 5-12.

     


    5. Prawan A, Saw CL, Khor TO, et al. Anti-NF-kappaB and anti-inflammatory activities of synthetic isothiocyanates: effect of chemical structures and cellular signaling. Chem Biol Interact. 2009 May 15;179(2-3):202-11. 2009.

     


    6. Sulforaphane and its methylcarbonyl analogs inhibit the LPS-stimulated inflammatory response in human monocytes through modulating cytokine production, suppressing chemotactic migration and phagocytosis in a NF-κB- and MAPK-dependent manner. Reddy SA, Shelar SB, Dang TM, Lee BN, Yang H, Ong SM, Ng HL, Chui WK, Wong SC, Chew EH. Int Immunopharmacol. 2015 Feb;24(2):440-50. doi: 10.1016/j.intimp.2014.12.037. Epub 2015 Jan 10.

     


    7. Oxidative Medicine and Cellular Longevity. Volume 2016 (2016), Article ID 7857186, 17 http://dx.doi.org/10.1155/2016/7857186. Review Article. Sulforaphane and Other Nutrigenomic Nrf2 Activators: Can the Clinician’s Expectation Be Matched by the Reality? Christine A. Houghton, Robert G. Fassett, and Jeff S. Coombes

     


    8. Yang G, Gao YT, Shu XO et al. Isothiocyanate exposure, glutathione S-transferase polymorphisms, and colorectal cancer risk. Am J Clin Nutr. 2010 Mar;91(3):704-11. 2010

     


    9. Nakamura Y, Yogosawa S, Izutani Y et al. A combination of indol-3-carbinol and genistein synergistically induces apoptosis in human colon cancer HT-29 cells by inhibiting Akt phosphorylation and progression of autophagy. Mol Cancer. 2009 Nov 12;8:100. 2009

     


    10. Traka M, Gasper AV, Melchini A et al. Broccoli consumption interacts with GSTM1 to perturb oncogenic signalling pathways in the prostate. PLoS One. 2008 Jul 2;3(7):e2568. 2008

     


    11. Prospective Study of Fruit and Vegetable Intake and Risk of Prostate Cancer. Victoria A. Kirsh, Ulrike Peters, Susan T. Mayne, Amy F. Subar, Nilanjan Chatterjee, Christine C. Johnson, Richard B. Hayes and on behalf of the Prostate, Lung, Colorectal and ovarian cancer screening trial. JNCI. 2007. 1200-1209

     


    12. Breast Cancer Risk in Premenopausal Women Is Inversely Associated with Consumption of Broccoli, a Source of Isothiocyanates, but Is Not Modified by GST Genotype . 2004 The American Society for Nutritional Sciences. Christine B. Ambrosone, Susan E. McCann, Jo L. Freudenheim, James R. Marshall, Yueshang Zhang, and Peter G. Shields

     


    13. Dietary flavonols and flavonol-rich foods intake and the risk of breast cancer. IJC International Journal of Cancer. Volume 114, Issue 4. 20 April 2005 .Pages 628–633 Clement A. Adebamowo...Michelle D. Holmes 

     


    14. Larsson SC, Andersson SO, Johansson JE, et al. Fruit and vegetable consumption and risk of bladder cancer: a prospective cohort study. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2008 Sep;17(9):2519-22. 2008

     


    15. Silberstein JL, Parsons JK. Evidence-based principles of bladder cancer and diet. Urology. 2010 Feb;75(2):340-6. 2010.

     


    16. Tang L, Zirpoli GR, Guru K et al. Consumption of Raw Cruciferous Vegetables is Inversely Associated with Bladder Cancer Risk. Cancer Res. 2007 Apr 15;67(8):3569-73. 2007

     


    17. Isothiocyanates, glutathione S-transferase M1 and T1 polymorphisms, and lung-cancer risk: a prospective study of men in Shanghai, China.  Dr Stephanie J London, MDa, b, , Jian-Min Yuan, MDa, Fung-Lung Chung, PhDc, Yu-Tang Gao, MDd, Gerhard A Coetzee, PhDa, Ronald K Ross, MDa, Mimi C Yu. THE LANCET. Volume 356. Issue 9231, 26 August 2000, pages 724-729

     


    18. Cruciferous vegetable intake is inversely associated with lung cáncer risk among smokers: a case control study. Bio Med Central Cancer 2010. Li Tang, Gary R Zirpoli…Kirsten B Moysich.

     


    19. A prospective study of dietary flavonoid intake and incidence of epithelial ovarian cancer. Margaret A. Gates... Susan E. Hankinson. International Journal of Cancer. Volume 121, Issue 10. 15 November 2007. Pages 2225–2232

     


    20. Cruciferous Vegetable Consumption and Lung Cancer Risk: A Systematic Review. Tram Kim Lam , Lisa Gallicchio, Kristina Lindsley, Meredith Shiels,Edward Hammond, Xuguang (Grant) Tao, Liwei Chen, Karen A. Robinson ,Laura E. Caulfield, James G. Herman, Eliseo Guallar and Anthony J. Alberg

     


    21. Cruciferous Vegetable Intake and Lung Cancer Risk: A Nested Case-Control Study Matched on Cigarette Smoking. Tram Kim Lam , Ingo Ruczinski, Kathy J. Helzlsouer, Yin Yao Shugart,Laura E. Caulfield and Anthony J. Alberg. Cancer Epidemiology Biomarkers & Prevention. October 2010., 19, 2534.

     


    22. Cruciferous vegetables consumption and the risk of female lung cancer: a prospective study and a meta-analysis. Q. J. Wu1 , L. Xie , W. Zheng, E. Vogtmann, H. L. Li, , G. Yang, B. T. Ji,Y. T. Gao, X. O. Shu and Y. B. Xiang. Oxford Journals. Medicine & Health. Annals of Oncology. Volume 24, Issue 7. Pp. 1918-1924.

     


    23. Cruciferous vegetable intake is inversely associated with lung cáncer risk among smokers: a case-control study. Li Tang, Gari R Zirpoli…Kirsten B Moysich. Bio Med Central.27 april 2010.

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     


    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


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    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


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    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

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  • 05/07/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Sierra de Las Quilamas: Ruta desde San Miguel de Valero hasta San Esteban de la Sierra

    Sierra de Las Quilamas: Ruta desde San Miguel de Valero hasta San Esteban de la Sierra


    En la Sierra de las Quilamas salmantina existe una insólita ruta entre San Miguel de Valero y San Esteban de la Sierra, que surca excepcionales miradores y atraviesa quebradas montañas, apartados valles, inexplorados regatos, donde prosperan almeces u hojaranzos, cornicabras y lentiscos, que dan fe de la pureza del lugar.


    El excelente grado de conservación de sus ecosistemas enriquece y da lustre a la Reserva de la Biosfera de Béjar-Francia (UNESCO, 2006), a la que pertenece la Sierra de las Quilamas. Además, la presencia de buitres negros, cigüeña negra, buitres leonados, entre otras muchas aves, fue determinante para honrarla con la distinción de Zona de Especial Protección de las Aves (ZEPAs).

     

    San Miguel de Valero: Cooperativa Reina Kilama (Miel y Polen)

     

    Esta singular ruta la efectué, por primera vez, durante un cálido día de julio de 2017, acompañado y guiado por mi buen amigo Rafael Navarro, natural de Valero, desde hace décadas afincado en San Miguel, que conoce la Sierra de las Quilamas como la palma de su mano, merced a que la recorrió múltiples veces en su infancia y adolescencia, mientras ejercía precozmente su antiguo trabajo de cabrero. Actualmente, cuando su trabajo de apicultor se lo permite, le gusta emprender rutas por parajes tan queridos, a fin de mostrárselas a los que tenemos la suerte de acompañarlo.

     


    La ruta la iniciamos en la Cooperativa Reina Kilama (miel y polen), ubicada en las afueras de San Miguel de Valero. Al poco de sobrepasarla, el duro pavimento asfaltado, por el que discurríamos, se tornó terroso y mullido, enmarcado por pinos que dejaban ver en lontananza las imágenes del Castillo de Valero y de la Peña de Francia. Un poco antes, dejamos, a nuestra derecha, una plantación de cerezos con algún manzano aislado.

     


    El camino inmediatamente gira a la izquierda y tras progresar un pequeño trecho, Rafa empezó a narrarme lo que sabe y ve: “Cuando yo era un muchacho, esta ladera que ves a nuestra derecha era el cementerio de los animales. Desde Valero siempre veíamos buitres sobrevolar esta zona. A un señor se le moría un burro, a esta garganta lo llevaba, que era una cabra la que moría, aquí la tiraba.”

     

     

    Sucesión de atalayas y miradores de la sierra

     

    Al poco tiempo, empezamos a contemplar una sensacional panorámica del valle forjado por el río Quilamas. “Esto es divino, macho. Si quieres realizaruna buena foto de toda la Quilama, hazla desde aquí. No encontrarás un sitio mejor que éste”, me refería Rafa, pleno de entusiasmo.

     

    Panorámica del valle de las Quilamas desde terrenos de San Miguel de Valero, donde se aprecia la carretera que comunica Valero con San Miguel.

     

    No le falta razón a Rafa, pues, mirando al noroeste, puede apreciarse una imagen nítida de los montes que circundan el curso del río Quilamas, donde destaca, a la izquierda, la mole del Castillo de Valero, en tanto que, prácticamente en el centro de la cabecera del valle, se observa el Pico de la Cueva. Además, se aprecia muy nítidamente la carretera de San Miguel a Valero, zigzagueando por la sierra.

     

    Durante un buen tramo, caminando entre pinos y jaras, la panorámica de la sierra de las Quilamas seguía enseñoreándose del paisaje, especialmente, tras remontar una pequeña cuesta y llegar a una atalaya, desde donde Rafa seguía transmitiendo su conocimiento y pasión sobre las tierras que le vieron nacer: “Mira, desde aquí vemos, a la derecha, El Mojón del Marrano, el Pico Cervero, por encima de Castildecabras, y Pico Chico. A la izquierda, tenemos la hondonada de la Palla. Además, fíjate bien, se ven muchas rutas, como la ruta del Hueco, la de la Palla, la del pico Porrejón, la de la chorrera de Jigareo. Todas se ven desde aquí.”

     


    Cuando llevábamos andado poco más de medio kilómetro desde la cooperativa apícola, apareció, a nuestra derecha, el repetidor de Valero, ubicado en terrenos de San Miguel, momento que aprovechó Rafa para referirme la causa de tal hecho, como sigue: “Cuando en el año 65 del pasado siglo, llegaron las televisiones a los pueblos de la sierra, todos podían verlas con las señales del repetidor de la Peña de Francia menos los de Valero, por estar en la profundidad del valle, por lo que se vieron en la necesidad de solicitar permiso al Ayuntamiento de San Miguel para construir un repetidor en sus terrenos, mucho más altos. Entonces, el alcalde de este último pueblo, íntimo amigo de mi padre, se lo concedió a cambio de un gran arco que formaba parte de una ermita de Valero, justo el que ves en la entrada de San Miguel.”

     

                                      Repetidor de Valero en tierras de San Miguel ( 09-07-2017).

     

    Según me narraba Rafa éste y otros hechos, con su gracia y acento serrano, prosperaba mi conocimiento sobre la sierra de las Quilamas, tierra que también vio nacer a mis ancestros maternos y por la que siento verdadera devoción.

     

                                        Pinares de San Miguel, ubicados en antiguos terrenos de fresas

     

    Tras andar, en torno a un kilómetro y medio, entre pinares plantados hace unos cuarenta años, a raíz del ocaso de las plantaciones de fresas, que entonces eran las dueñas de estos terrenos, llegamos a ver, a nuestra derecha, un pequeño acceso a otro excelente mirador de la sierra, al que decidimos acercarnos.  

     

     Panorámica de la sierra de las Quilamas, subcomarca de la Sierra de Francia y las Batuecas: Por detrás de Rafa se vislumbra, en lontananza, el caserío de Miranda del Castañar.

     

    Entonces, abandonamos brevemente el camino principal para adentrarnos entre jaras y cantuesos hasta llegar a un terreno despejado, junto a unas colmenas, desde donde se vuelve a observar una excelente panorámica de la sierra de Quilamas así como de las Batuecas y Sierra de Francia. En lontananza, al suroeste se observaba bastante bien el caserío de Miranda del Castañar.

     


    Después de gozar con la anterior panorámica, regresamos al camino por el que discurrimos durante un tramo más, hasta llegar a una bifurcación, donde dejamos el camino de la izquierda, que conduciría a San Miguel, y proseguimos por el de la derecha. A partir de ahora, ya no caminaremos a la sombra de los pinos, que nos habían protegido de las radiaciones solares durante los casi dos kilómetros de trayecto recorridos.

     

    Rafael Navarro posa orgulloso desde una atalaya desde la que se divisa Valero, el pueblo que le vio nacer. (09-07-2017)

     

    Rafa y Félix en el mirador desde el que se divisa Valero, en el centro del valle de las Quilamas. 09-07-2017

     

    Tras andar un trecho más, en leve descenso, surge, a nuestra derecha, un pequeño sendero, por el que, entonces, nos introducimos, a fin de acceder a otra gran atalaya, el llamado Cuerno de Calamorros, según Rafa, y Cuerno de Catamoros, según el programa IBERPIX 4, del Instituto Geográfico Nacional (IGN), para lo cual tuvimos que progresar cerca de medio kilómetro, entre lanchas de pizarra y alguna colmena aislada. Cuando, por fin, llegamos, observamos una excelente panorámica de Valero, al oeste y relativamente cercano a nosotros, en tanto que más bajo y al suroeste se aprecia el Piélago, muy cerca del cual el río Quilamas desemboca en el Alagón. Más en lontananza y a buena altura se contempla Miranda del Castañar.

     

    Ruta entre San Miguel y San Esteban de la Sierra: Panorámica del Piélago, abajo, junto a la carretera, y, más en lontananza, Miranda del Castañar.

     

    Cuando, después de contemplar tan estimulante panorámica, regresamos al camino, ya habíamos recorrido tres kilómetros y medio.

     

     

    Descenso hasta el pinar del tío Bernabé, bordeando el valle de Valdecabras


    A continuación, anduvimos un breve trecho para, enseguida, proceder a descender rodeados por la omnipresente jara y vigilados por los buitres negros y leonados, que se enseñoreaban del cielo, mientras la cigarra nos acompañaba con su monótono canto.

     

    Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: descendiendo por un estrecho sendero, entre jaras

     

    Cuando la pendiente se torna más pronunciada, contemplamos, a nuestra derecha, el valle de Valdecabras, que bordearemos durante casi medio kilómetro.

     

    Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: Bordeando el valle de Valdecabras mientras descendemos.

     

    En el valle de Valdecabras, aún subsiste, poderoso, un longevo castaño, regado por un arroyo, que nace de cercana fuente. Según me cuenta Rafa, en la parte baja del valle, sus paisanos de Valero, plantaban olivos, mientras que las cotas más altas las reservaban para viñedos, de los que se obtenía un vino de mucha graduación, por beneficiarse de muchas horas de sol.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Atravesando el pinar del tío Bernabé

     

    Tras progresar un trecho más por este sendero pedregoso, nos topamos con el pinar del tío Bernabé, que será preciso atravesar durante cuatrocientos metros, al cabo de los cuales se nos ofrece una buena panorámica de San Esteban de la Sierra, que ya empezaba a vislumbrarse al poco de entrar al pinar.

     

    Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: Al poco de salir del pinar del tío Bernabé se divisa San Esteban. (09-07-2017)

     

     

    Descenso desde el pinar del tío Bernabé hasta el camino de Valero a San Esteban, atravesando el paraje y el regato de La Berringa o La Barriega

     

    A continuación del pinar y a nuestra derecha, se halla el olivar del tío Manuel, que también pertenece a Valero. Al llegar a su nivel, es penoso contemplar bastantes olivos secos, invadidos por carrascas y altas escobas.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban: El pinar del tío Manuel, invadido por la jara, escobas, carrascas y pinos.

     

    Sin embargo, en la ladera de la izquierda, se observa un olivar muy bien cuidado, el del tío Amador, que pertenece a San Miguel, según me refiere Rafa.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban: En la ladera de la izquierda se ve el cuidado olivar del tío Amador

     

     

    Cuando hace un año efectuamos esta ruta por terrenos y parajes tan poco hollados, observamos tras descender como una centena de metros desde el punto anterior, que el sendero parecía perderse, por lo que tuvimos que descender abriéndonos paso entre jaras, escobas y carrascas. En cierto momento, pisamos los restos de una antigua tapia derrumbada, que entonces nos sirvió de improvisada calzada. Sin embargo, al poco tiempo de realizar este singular recorrido, operarios del Ayuntamiento de San Miguel de Valero, labraron un verdadero camino que permitía acceder sin mucho esfuerzo hasta el antiguo camino de Valero a San Esteban de la Sierra. No obstante, lo describiré como antaño lo hicimos, para transmitir parte de la emoción, verdadera aventura, que Rafa y yo experimentamos mientras descendíamos por terreno tan quebrado. Prosigamos, pues.

     


    Mientras bajábamos, Rafa me refirió que estábamos en el paraje o pago de la Berringa, dos laderas montañosas separadas por el regato homónimo, cuyo cauce buscábamos (regato de la Barriega, según el ING).

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Paraje y regato de la Berringa (La Barrienga, según el ING)

     

    Cuando, tras descender unos cuantos metros más por abrupto y difícil terreno, llegamos al citado regato nos dejamos arrullar por la cantarina agua del mismo al tiempo que nos refrescamos  con líquido tan virginal.

     

    Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: Rafa refrescándose en el regato de la Berringa (La Barriega).

     

    A continuación, al no ver sendero alguno por el que pasar, decidimos descender siguiendo el curso del regato, pues su escasa agua nos dejaba pisar, en bastantes tramos, su lecho pizarroso. Mientras tanto, Rafa me seguía ilustrando sobre las tierras y parajes circundantes. Así, me refirió que los olivares que se empeñan por sobrevivir a ambos lados de este caprichoso curso de agua pertenecen a San Miguel en tanto que los huertos de la cuenca del mismo, la mayor parte perdidos actualmente, tienen como dueños a los habitantes de Valero. ¡Dios! Rafa se acuerda de los nombres de todos sus antiguos dueños.

     

    Antiguos cercados pétreos junto al regato de la Berringa en la ruta de San Miguel a San Esteban (09-07-2017)

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban: Lecho pizarroso del regato de la Berringa (Barriega)

     

    Tras breve descenso, llega un momento en que la maleza no permite progresar por el regato, por lo que salimos de su lecho, ascendiendo, por la derecha, entre peñascales de pizarra y, luego, remontando tapias de olivares, ya perdidos, rozando matas de rusco, para, enseguida, volver al cauce del regato, por el que no proseguimos sino que lo atravesamos, a fin de ascender, ahora, por la ladera izquierda. De esta suerte, faldeando entre estepas y carrascas, hallamos, por fin, el camino que comunica Valero con San Esteban de la Sierra.  

     

     

    Descansando a la sombra de almeces u hojaranzos

     

    Ya, en pleno camino, nos sosegamos un poco, y comprobamos que desde donde estamos hasta el olivar del tío Manuel, por donde empezó nuestro abrupto descenso, no hay más de medio kilómetro.  Además, mi aplicación del móvil me permite saber que desde la cooperativa apícola de San Miguel, donde iniciamos la ruta, hasta aquí hay poco menos de cinco kilómetros y medio (5310 metros).

     


    También comprobamos que el nivel en el que desembocamos corresponde con una raya divisoria de tres pueblos: Valero, a nuestra derecha, al oeste; San Miguel, al norte, a nuestra espalda; y San Esteban de la Sierra, a nuestra izquierda, al este-sureste.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban: Nos sentamos a la sombra de varios almeces, tras descender por el regato de la Barriega (09-07-2017)

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban: Almeces u hojaranzos en el camino que comunica Valero con San Esteban

     

    Mientras comíamos unas viandas a la sombra de varios fresnos y hojaranzos o almeces, Rafa volvió a mostrar su gran conocimiento. Así, por ejemplo, me refirió que las hojas del hojaranzo son muy nutritivas para el ganado porcino, por lo que era costumbre recoger unos buenos haces de sus ramas para, luego, en casa, desprender las hojas, con objeto de introducirlas en grandes calderos de agua con salvado y, posteriormente, añadirlas a la ración diaria. De esta forma, los cerdos engordaban rápido y efectivamente.

     

    Camino de Valero a San Esteban de la Sierra: Cornicabras y lentiscos se hibridan frecuentemente

     

    En tanto seguíamos sentados, comiendo frugalmente y bebiendo agua con placer, Rafa escudriñaba toda la vegetación que nos rodeaba, con el propósito de recordar y, luego, referirme sus antiguas y naturales aplicaciones. De esta guisa, después de contar las propiedades de las hojas del almez, me dijo que las hojas del fresno eran muy apreciadas por las cabras, que ramoneaban con deleite. Luego, viendo varios lentiscos y cornicabras (que se hibridan frecuentemente) junto a nosotros, refirió que con tales plantas elaboraban excelentes escobas.

     


    Antes de levantarnos y proseguir la ruta, Rafa, recordando lo que nos había costado llegar hasta aquí, hizo una nueva reflexión: “Una vez sobrepasado el pinar del tío Bernabé, no teníamos que haber buscado tan rápido el regato de la Berringa, sino haber continuado por arriba, siguiendo la línea del olivar de Manuel, para llegar más cómodamente a este camino de Valero y San Esteban”.

     


    Como ya dijimos antes, el sendero por el que hubiéramos descendido más cómodamente fue incluso ensanchado y adecentado poco tiempo después.

     


    En cualquier caso, el medio kilómetro de descenso por un inexplorado camino, vadeando y cruzando el río, encaramándonos por las laderas que lo arropan y abriéndonos camino entre carrascas, jaras y escobas, nos hizo vivir una estimulante y saludable aventura, con buen final: hallamos el camino y agradecimos más el sosiego subsiguiente.

     


    Un poco antes de proseguir por el nuevo y ancho camino, nos dio tiempo a contemplar, abajo y a nuestra derecha, el curso del regato de la Berringa,con un bosque galería constituido por numerosos fresnos y bastantes hojaranzos, que lo acompañan hasta su desembocadura en el vecino río Alagón.

     

     

    Prosiguiendo por el camino de Valero a San Esteban: Bosquete de almeces, olivares y encinas.

     

    Ya en el camino de Valero a San Esteban, avanzamos a la sombra de múltiples encinas, bastantes ejemplares de cornicabra y algunos bancales de olivos y, tras andar poco más de medio kilómetro (unos 700 metros), un bosquete de almeces, a nuestra derecha, cuyos ejemplares pugnan por sobrevivir a un fuerte estrato arbustivo, que los ahoga sin piedad, por no beneficiarse de la correspondiente limpieza. A pesar de ello, dejan ver su rectilíneo tronco con su lisa y grisácea corteza así como sus hojas, aovado-lanceoladas, finamente aserradas

     

    Camino de Valero a San Esteban: Bosquete de almeces u hojaranzos

     

    Un poco más de camino y llegaremos a un claro, a nuestra derecha, desde donde se divisa el curso del río Alagón y el valle correspondiente, en cuya ladera izquierda, la ubicada enfrente de nosotros, se aprecia el castañar del Torozo, al fondo y al suroeste, rodeado por canchales de pizarra, y se halla la fuente del Avellano, un poco más abajo, junto al río.

     

    Valle del Alagón, en el camino de Valero a San Esteban.

     

                                   Camino de Valero a San Esteban: Olivar del tío Julio.

     

    Cuando llevábamos recorrido como un kilómetro por este ancestral camino vecinal, descubrimos, también a nuestra derecha, un olivar muy bien cuidado, el del tío Julio, natural y residente en Valero. Nos llamó la atención, la presencia de plásticos colgados de las ramas de los olivos, colocados con el propósito de ahuyentar al jabalí, mediante el ruido producido al ser agitados por el viento. Aunque, según Rafa, la eficacia de tal estrategia es más bien pobre, pues el suido no se atemoriza y, por ende, come todas las aceitunas caídas en el suelo.

     


    Si continuamos un pequeño tramo más, nos toparemos con un improvisado mirador, a nuestra derecha, desde el que se divisa en plenitud el caserío de San Esteban de la Sierra.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Panorámica de San Esteban en el camino procedente de Valero.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Panorámica de San Esteban en el camino procedente de Valero

     

    El camino nos conduce a San Esteban entre escobas, jaras y lentiscos, observando, un poco más adelante, un pequeño almez, marchitándose por el sol y la sequía.

     


    Avanzamos un trecho más y nos vemos obligados a atravesar un pequeño puente bajo el que discurre un arroyo que, enseguida, entrega sus aguas al Alagón. Luego, pasamos junto a unas derruidas almazaras.

     

    Puente medieval sobre el río Alagón, a la entrada de San Esteban de la Sierra

     

    A punto de entrar en el puente medieval sobre el río Alagón en San Esteban de la Sierra.

     

    Después de progresar un corto tramo más, observamos unos buenos ejemplares de olivo, que nos anuncian la presencia del puente medieval de tres arcos sobre el río Alagón, que sobrepasamos para entrar, entre viñedos, a San Esteban de la sierra.

     

    Entrando en San Esteban de la Sierra, tras efectuar la ruta que lo comunica con San Miguel de Valero, a través de las Quilamas.

     

    Ya en el pueblo, ascendemos por sus empinadas calles, dejando, a nuestra derecha, dos fuentes de tipología romana, con cubierta a dos aguas y con buena bóveda pétrea.

     

    Mapa del IGN (IBERPIX 4), con parte de la ruta seguida por nosotros para llegar de San Miguel a San Esteban de la Sierra.

     

    Una vez cumplido nuestro objetivo, ir desde San Miguel de Valero hasta San Esteban de la Sierra por una ruta un tanto insólita y poco convencional, pues atraviesa una parte de las Quilamas por caminos y senderos poco frecuentados, e incluso, algunos, sin explorar como el descenso de medio kilómetro entre el pinar del tío Bernabé hasta el camino de Valero a San Esteban, a través del valle y regato de la Berringa o la Barriega, será preciso regresar al punto de partida, esto es, a San Miguel. Para ello, existen varias posibilidades, que oscilan desde desandar lo andado por el mismo trayecto, hasta esperar tranquilamente en San Esteban a algún buen amigo para que nos lleve en coche hasta San Miguel, pasando por regresar por el camino de San Esteban a Valero y, a continuación, ascender por el ancestral camino que permitía comunicar Valero con San Miguel.

     


    Nosotros, dado que habíamos quedado a comer con nuestras respectivas cónyuges y temíamos desairarlas, decidimos llamar a Pepe, un buen amigo de Rafa, para que amablemente nos subiera en su coche hasta San Miguel. 

     


    En fin, excursiones como la referida sirven de magnífico bálsamo para aliviar el desbordante estrés que, a veces, nos acongoja y atenaza. No dudemos, por tanto, en aventurarnos en rutas similares, sobre todo, si vamos tan bien acompañados como lo fui yo, aquel 9 de julio de 2017, cuando la efectué felizmente, merced al esmero, tesón y profundo conocimiento de mi querido amigo Rafa.

     

    Dr. Félix Martín Santos

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     

    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


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    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     



     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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  • 06/06/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Prevención del cáncer de endometrio por la actividad física regular

    Prevención del cáncer de endometrio por la actividad física regular

     


    Los estudios científicos más recientes están revelando que las mujeres que practican regularmente ejercicio físico aeróbico es muy probable que se beneficien de una reducción significativa del riesgo de desarrollar el cáncer ginecológico más frecuente, el que afecta a la mucosa del cuerpo del útero (endometrio).

     


    Parece que cuando el esfuerzo es tan relevante como para incrementar la frecuencia respiratoria, el ritmo cardíaco y la sudoración global se consigue reducir o alterar favorablemente el mecanismo biológico por el que se gesta este tumor maligno: el aumento de la concentración sanguínea y tisular de estrógenos no contrarrestada por el consiguiente incremento de los niveles de progesterona. Además, tal efecto beneficioso es obtenido tanto directamente cuanto indirectamente, dada la efectividad de la actividad física aeróbica regular para reducir la obesidad y la resistencia a la insulina, situaciones que aumentan mucho el riesgo de cáncer de endometrio, por incrementar sensiblemente las concentraciones de estrógenos.

     

    Ascendiendo a la cumbre del Cerro del Penuquillo (Sierra de las Mamblas). Buena forma de reducir el riesgo de cáncer de endometrio, entre otros beneficios. Cortesía alumnas CFS Higiene (Curso 2017-18)

     

     

    Estudios epidemiológicos que revelan un probable efecto protector de la actividad física

     

    Gran parte del contenido de este artículo lo voy a dedicar a describir brevemente las revisiones y metaanálisis de los estudios epidemiológicos de mayor calado que han tratado esta posible asociación inversa entre el cáncer de endometrio y la actividad física.

     


    a) Revisiones del 2007

     


    Durante el año 2007 se publicaron tres revisiones que analizaron la mayoría de los estudios epidemiológicos publicados hasta entonces, la mayoría estudios observacionales de casos y controles y, menos, estudios prospectivos de cohortes. Todos concluyeron que la citada actividad física probablemente reduzca el riesgo de desarrollar este tumor maligno.

     


    Revisión australiana

     


    En abril de 2007 se publicó en una revista médica especializada en cáncer (Cancer Causes Control) una revisión de dieciocho estudios epidemiológicos en la que se analizó la citada asociación, llevada a cabo por Cust y colegas, pertenecientes a la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Sydney, entre otros centros.(1) Pues bien, catorce trabajos mostraron un posible efecto preventivo de cáncer de endometrio por parte del ejercicio físico, dado que las mujeres que practicaban ejercicio físico experimentaban una significativa reducción del riesgo de desarrollar este cáncer ginecológico: un 30%. Además, se observó una relación dosis-respuesta en siete de trece estudios que valoraron tal aspecto. También vieron que el citado riesgo se reducía tanto con actividades vigorosas como con actividades ligeras y moderadas, tales como labores domésticas, de jardinería o caminar como medio habitual de transporte.

     


    Los autores concluyen el estudio afirmando: “La actividad física probablemente ejerza un papel  preventivo de cáncer de endometrio. No obstante, se necesitan más evidencias epidemiológicas y  biológicas para establecer recomendaciones más concluyentes con respecto al tipo óptimo, características o períodos de tiempo de ejercicio físico.

      

    Revisión holandesa

     


    También en abril de 2007 se publicaron en otra revista de prestigio especializada en cáncer (Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention) los resultados de una revisión sobre este tema, efectuada por Dorien W. Woskull y colegas, pertenecientes al Departamento de Epidemiología del Instituto del Cáncer de Holanda y la Universidad de Utrecht. (2)

     


    El análisis de siete estudios de cohorte y trece estudios de casos y control puso de manifiesto una significativa reducción del riesgo de cáncer de endometrio por parte de las damas que practicaron ejercicio físico.

     


    Cuando se centraron en el análisis de los siete estudios de cohorte existentes, de mayor calidad y validez que los estudios retrospectivos (casos y control), comprobaron que el ejercicio físico global, el efectuado durante el tiempo libre y el meramente ocupacional o durante el tiempo de trabajo, reducía significativamente el riesgo de desarrollar este tumor maligno: un 23% de disminución ( RR: 0,77; IC 95%, 0,70-0,85), cuando se comparaba a las mujeres más activas con las sedentarias o menos activas.

     


    Parece que el efecto fue independiente del Índice de Masa Corporal (IMC) y del estado de fertilidad de las mujeres, con o sin menopausia.

     


    La actividad física parece reducir el riesgo de cáncer de endometrio, con independencia del peso corporal. Aunque se necesitan más estudios prospectivos de cohortes, a fin de determinar más fiablemente la magnitud de la reducción del riesgo así como para evaluar qué aspectos de la actividad física contribuyen más intensamente a reducir el riesgo y en qué período de vida la actividad física es más efectiva”, concluyen los autores.

     

    Paseando por la dehesa de Mambrillas de Lara también se reduce el riesgo de cáncer de endometrio. Cortesía alumnas del CFS de Higiene (curso 2017-18).

     

     

    Revisión de la Fundación de Investigación Mundial del Cáncer y del Instituto Americano de Investigación del Cáncer

     

    Primero diremos que la prestigiosa World Cancer Research Fund and American Institute for Cancer Research (WCRF/AICR) tiene tres grandes objetivos: valorar la investigación realizada en el mundo sobre los factores de riesgo de cáncer que tienen que ver con la nutrición, la actividad física y el manejo del peso corporal (normopeso, sobrepeso y obesidad); interpretar la literatura científica que vaya publicándose al respecto; y educar a la población para que puede elegir saludables estilos de vida que reduzcan las posibilidades de desarrollar tumores malignos.

      

    Con respecto al cáncer de endometrio, estos organismos internacionales evaluaron la posible asociación entre este tumor maligno y la actividad física, tanto la efectuada durante el tiempo libre (lúdica o recreativa) como la realizada durante la jornada de trabajo (ocupacional). Para ello valoraron los diversos estudios observacionales publicados al respecto, casi todos de tipo retrospectivo, esto es, de casos y controles. Sólo analizaron siete estudios prospectivos: cuatro, donde la actividad efectuada fue lúdica; los tres restantes tuvieron como objeto de análisis la actividad física durante el tiempo de trabajo.

     


    El poder estadístico de los diseños prospectivos que estudiaron la actividad física ocupacional fue muy notable, pues durante el análisis se contó con un número importante de mujeres que habían desarrollado cáncer de endometrio: 8.250 casos. Los resultados mostraron que las féminas que desempeñaban trabajos con manifiesta actividad física tenían menos riesgo de desarrollar este cáncer ginecológico que las mujeres cuyo trabajo era más sedentario.

     


    En cambio, los estudios prospectivos que evaluaron la asociación entre este tumor y la actividad física recreativa gozaron de menor poder estadístico, dado que sólo se dispuso de 800 casos de cáncer de mucosa del cuerpo del útero. Por ello, los hallazgos sugirieron que la actividad lúdica podría reducir el riesgo de desarrollar este cáncer, pero no fueron concluyentes ni plenamente demostrativos.

     


    Al final del análisis, también durante el 2007, los expertos de la WCRF/AICR consideraron que la actividad física aeróbica se comporta como un probable factor protector de cáncer endometrial, mas no le otorgaron la calificación de factor convincente o seguro. (3)

     

     

    b)  Revisión del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU (2010)

     

    En septiembre de 2010, se publicó en British Journal of Cancer  la revisión más ambiciosa sobre este tema (4), dado que los autores del estudio, Moore y colegas, del Instituto Nacional de Cáncer, perteneciente a los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, contaron con cinco estudios de cohorte que no habían sido incluidos en las revisiones anteriores, incluida la de la WCRF/AICR, lo que comportó un aumento considerable del número de nuevos casos de cáncer de endometrio entre el colectivo femenino en el que se analizó la actividad física recreativa: 2.663 casos más, lo que incrementó mucho el poder estadístico del estudio. Además, valoraron la influencia del sedentarismo, medido como las horas que una persona se mantiene en sedestación, en el desarrollo de este tumor maligno, es decir, si la inactividad física se puede comportar como un verdadero factor de riesgo de este cáncer ginecológico.

     


    De los nuevos estudios de cohorte evaluados el que aportó la mayor muestra y, por ende, el mayor número de nuevos diagnósticos de este tumor maligno fue el realizado por Gierach y colegas (International Journal of Cancer, mayo 2009), (5) también pertenecientes al Instituto Nacional del Cáncer. Concretamente, estudiaron y siguieron a 109.621 mujeres (NIH-AARP Diet and Health Study), de 50 a 71 años de edad, durante 20 años, al cabo de los cuales se contabilizaron 1.052 nuevos casos de cáncer endometrial.

     


    Los responsables de esta investigación se mostraron un tanto críticos con las revisiones previas porque ninguna había valorado la posibilidad de que el sedentarismo fuera un verdadero factor causal de cáncer de endometrio. Algo que podría subestimar los resultados.

     


    Moore y colegas precisaron, basándose en hallazgos científicos recientes, que cuando uno permanece mucho tiempo sentado, independientemente de la cantidad de actividad física, moderada o vigorosa, que haya realizado, tiene un mayor riesgo de obesidad y de resistencia a la insulina (Healy y colegas, 2008; (6) Helmerhorst y cols., 20097), de mortalidad prematura (Katzmarzyk y colegas, 2009) (8) y posiblemente de cáncer de endometrio (Frieberg y colegas, 2006; 9 Gierach y cols, 2009).

     


    Estos autores evaluaron las pruebas biológicas y epidemiológicas que evidencian una posible relación causal entre el sedentarismo y el cáncer de endometrio, esto es, las que ayudan a dilucidar si el primero es causa del segundo. De igual forma trataron de comprobar si la actividad física aeróbica se comporta como un factor protector convincente del citado cáncer ginecológico. Para ello se valieron de los criterios empleados por el WCRF/AIRC, a saber:

     

    • Existencia de pruebas experimentales que demuestren que la inactividad física puede causar biológicamente el citado cáncer.

     

    • Que se pueda asegurar la reproducibilidad de los resultados, o sea, que se cuente con más de un estudio observacional con conclusiones parecidas, habiendo, al menos, dos estudios de cohortes que muestren una reducción del riesgo de cáncer de endometrio por el ejercicio físico regular.

     

    • Que no haya una relevante heterogeneidad entre los diversos estudios, por utilizar diseños y métodos relativamente similares, sobre todo a la hora de valorar el tipo y grado de actividad física.

     

    • Que se observe una relación dosis-respuesta, es decir, a mayor grado de actividad física menor riesgo de cáncer de endometrio y a mayor sedentarismo superior riesgo de desarrollar este tumor maligno.

     

    • Que los estudios sean de alta calidad, tanta como para controlar o ajustar las denominadas variables de confusión, supuestos factores causales o protectores que, al asociarse al verdadero factor estudiado, puedan aumentar o minimizar el efecto de este último, respectivamente.

     

    ¿Cuáles son los resultados de esta revisión?
      

    La revisión efectuada por los miembros del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU ha servido para confirmar que la actividad física durante el tiempo libre también es capaz de reducir sensiblemente el riesgo de cáncer de endometrio, ya que las mujeres que practicaban más ejercicio físico de carácter lúdico o recreativo experimentaban una disminución de un 27% del riesgo de desarrollar este tumor maligno (RR: 0,73; IC 95%: 0,58 a 0,93) con respecto a las sedentarias o a las menos activas.

     


    Por otra parte, las damas que consumían más energía durante su trabajo habitual se beneficiaban de un descenso del 21% del riesgo de desarrollar este tumor de la mucosa del cuerpo del útero (RR: 0,79; IC 95%: 0,71 a 0,88), cuando eran comparadas con las que desempeñaban su actividad laboral de forma menos activa, como las que laboran en oficinas y despachos, donde se mantienen sentadas gran parte del tiempo. Este resultado es coincidente con el de las revisiones anteriores como por ejemplo la de la WCRF/AICR, que reveló una reducción de un 25% del riesgo de sufrir tal cáncer.

     


    Estos boyantes resultados determinaron que estos profesionales calificaran a la actividad física como un verdadero factor preventivo de cáncer endometrial, elevando su categoría de factor probablemente preventivo a factor netamente convincente. Para ello utilizaron los mismos criterios que emplearon los miembros del WCRF/AICR en su análisis previo, a saber:

     

    • En el momento actual la comunidad científica internacional acepta que el ejercicio físico regular es capaz de reducir ciertos mecanismos patogénicos y reconocidas causas de cáncer de endometrio, dado que ayuda a prevenir la ganancia de peso (sobrepeso y obesidad); mejora la efectividad y sensibilidad de la insulina, reduciendo la hiperinsulinemia; y puede reducir los niveles de estrógenos circulantes.

     

    • Existen múltiples estudios de casos y controles y bastantes estudios de cohortes que muestran que la actividad física, tanto ocupacional como recreativa, reduce significativamente el riesgo de desarrollar este tumor maligno.

     

    • Varios estudios han revelado una relación dosis-respuesta, esto es, cuanto más ejercicio físico se efectúa más se reduce el riesgo de aparecer este cáncer ginecológico.

     

    • Los diseños prospectivos más recientes han evitado bastantes sesgos, al controlar cuidadosamente variables de confusión, como la edad y el uso de tratamiento con estrógenos durante la menopausia.

     

    • El análisis de sensibilidad permitió comprobar la ausencia de heterogeneidad en los estudios revisados (r2= 0,08)

     

     

    Riesgo de cáncer de endometrio atribuible al sedentarismo

     

    Moore y colegas, basándose en el estudio de su propio grupo (NIH-AARP Diet and Health Study) (5), llegaron a precisar que el 22% de los cánceres de endometrio podrían evitarse si todas las participantes de su amplia cohorte hubieran practicado regularmente ejercicio físico vigoroso durante, al menos, cinco días por semana. Estos investigadores consideran que la actividad física es vigorosa cuando es capaz de incrementar la frecuencia respiratoria, el ritmo cardíaco y la sudoración durante 20 ó más minutos de esfuerzo continuado.

     

     

    Valoración del sedentarismo como causa de enfermedad y muerte
        

    Cuando una persona se mantiene mucho tiempo sentada consume poco más que cuando está en reposo (de 1 a 1,5 veces más) y, además, reduce el tiempo en el que efectúa actividades ligeras como estar de pie o caminar intermitentemente. Incluso los adultos que siguen las recomendaciones internacionales de ejercicio físico, consistentes en realizar actividades moderadas o vigorosas durante treinta o más minutos al día, (como por ejemplo, pasear, práctica de ciertos deportes y entrenamiento aerobio en gimnasio) pero se mantienen sentados gran parte del resto del día, pueden sufrir efectos deletéreos a nivel metabólico: mala regulación del saludable colesterol HDL y deficiente catabolismo o degradación de los triglicéridos o grasas neutras (por escasa actividad en el músculo esquelético de la lipoproteínlipasa, una enzima crucial en la regulación del HDL y en el catabolismo de los triglicéridos), así como inhibición del consumo de glucosa, probablemente por aumento de la resistencia de la insulina (Owen y colegas, 2010).

     


    A la luz de los conocimientos actuales podemos afirmar que el sedentarismo se comporta como un verdadero factor de riesgo de cáncer de matriz que, además, es dosis-dependiente, o sea, que cuantas más horas permanezca sentada una mujer más riesgo tendrá de desarrollar un cáncer de este tipo. Así, las que están seis o más horas diarias en sedestación tienen más riesgo de desarrollar el citado cáncer que las están sentadas menos de tres horas diarias, aunque menos que las que están siete o más horas.

     


    El análisis de Gierach y colegas reveló que tanto entre las mujeres que efectúan actividad física tres o más veces por semana como entre las que hacen menos ejercicio, el tiempo que se mantienen sentadas o reclinadas se asoció con un incremento del riesgo de cáncer de la mucosa uterina. Concretamente, las mujeres sedentarias que permanecieron sentadas nueve o más horas diarias sufrieron el doble de riesgo de padecer un cáncer endometrial que las más activas físicamente que estuvieron sentadas menos de tres horas por día (RR: 2,14; I:C: 95%: 1,48-3,10).

     


    Los datos de estos investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de USA son coincidentes con los de otros autores (Frieber y colegas 2006; Patel y cols, 200810), pues todos ellos revelan que el sedentarismo (tiempo de sedestación) contribuye a incrementar el riesgo de cáncer endometrial independientemente de la existencia de actividad moderada o vigorosa, tanto si es de tipo recreativo cuanto si es ocupacional.

     


    Tanto es así, que si todas las mujeres de la cohorte citada (NIH-AARP Diet and Health Study) practicaran actividad física moderada o vigorosa y, además, permanecieran sentadas menos de cuatro horas por día se evitaría el 34% del total de cánceres endometriales.

     

    Remontando la dehesa de Mambrillas de Lara. Cortesía alumnas del CFS Higiene bucodental (curso 2017-18)

     

     

    Hipótesis plausibles
      

    En el momento actual, el mecanismo causal de cáncer endometrial más aceptado por la Comunidad Científica Internacional consiste en la acción prolongada y excesiva de los estrógenos sobre la mucosa del cuerpo uterino no contrarrestada por la progesterona, lo que hace que el endometrio experimente mitosis frecuentes, descontroladas y muy proclives a mutaciones malignas.

     


    Es obvio que este desproporcionado estímulo estrogénico sin que la progesterona intervenga es una situación morbosa o patológica, que no acontece en situaciones de normalidad.

     


    Durante la vida fértil de una mujer actúan coordinadamente los ciclos ováricos y los endometriales, de forma que en la primera fase del ciclo endometrial, tras la descamación y pérdida de gran parte de la mucosa endometrial durante la menstruación, los ovarios producen cantidades crecientes de estrógenos, que por la sangre acceden a la fina y debilitada mucosa endometrial para incrementar la proliferación y crecimiento de la misma (fase proliferativa). Luego, en torno al día catorce del ciclo, el óvulo se desprende del folículo primordial (ovulación), convirtiéndose en el cuerpo lúteo, que rápidamente empieza a fabricar y liberar progesterona que, a su vez, irá también por la sangre hasta la crecida mucosa endometrial para abastecerla de sustancias nutritivas (fase secretora), a fin de prepararla para nutrir a un posible embrión en desarrollo (blastocisto), en caso de que se produjera la fecundación. Se entiende que la progesterona tiene como principal cometido incrementar las reservas de la citada mucosa y no la de seguir fomentando la multiplicación de sus células, que quedaría frenada.

     

     

    Acción carcinogénica de los estrógenos y de la insulina

     

    Por lo dicho anteriormente, el riesgo de desarrollar este cáncer aumenta cuando se produce un desequilibrio entre estrógenos y progesterona, por neto incremento de los primeros con respecto a los segundos, como cuando las mujeres reciben durante su menopausia tratamiento hormonal con estrógenos así como en situaciones de obesidad y de resistencia insulínica, ambas comunes en el sedentarismo.

     


    Cuando las mujeres se mantienen o se tornan obesas durante la menopausia las células grasas (adipocitos) son capaces de fabricar estrógenos tanto de forma directa como indirectamente por incrementar también la síntesis de andrógenos que acaban transformándose en estrógenos (Siiteri, 1987) (11) por la acción de ciertas enzimas (aromatasas).

     


    Es preciso mencionar que las células endometriales son capaces de experimentar intensas y atípicas mitosis tanto por influjo estrogénico cuanto por acción de la insulina, pues tales células, al igual que las mamarias, tienen receptores de insulina que cuando son estimuladas por esta hormona pancreática tiene un doble efecto: incremento de la multiplicación celular y freno de la muerte de las células (apoptosis).

     


    Actualmente se sabe que el aumento de la concentración sanguínea de insulina (hiperinsulinemia) facilita que tal hormona actúe sobre las células endometriales para potenciar la proliferación endometrial de dos posibles formas: una, por acción directa sobre las células de la mucosa del cuerpo uterino; la otra, indirectamente, por reducir los niveles de una sustancia que, a su vez, disminuye la biodisponibilidad de los estrógenos cuando se une a ellos, la denominada globulina de unión a hormonas sexuales (GUHS). En consecuencia, la insulina aumentará la biodisponibilidad de los estrógenos por reducir la concentración de GUHS (Kaaks y colegas, 2002) (12).

     


    ¿Cómo la actividad física aeróbica consigue reducir el riesgo de cáncer de endometrio?  
      

    La actividad física aeróbica regular reduce el riesgo de desarrollar este tumor maligno por su doble capacidad de reducir la concentración sanguínea de estrógenos y de insulina.

     


    El descenso del nivel de estrógenos lo consigue porque reduce directamente los niveles de estradiol en el suero y aumenta los niveles de GUHS, lo que indirectamente también reduce los niveles circulantes de estrógenos al unirse éstos reversiblemente a la citada GUHS y, por lo tanto, reducir su biodisponiblidad (McTiernan, 2008) (13)

     


    El ejercicio físico regular reduce la hiperinsulinemia por su reconocida capacidad de incrementar la sensibilidad de la insulina y, en consecuencia, reducir su resistencia (McTiernan, 2008). Además, la actividad física regular es uno de los mecanismos empleados junto a una dieta adecuada para evitar y reducir la obesidad.

     

    En fin, a la luz de los conocimientos científicos actuales podemos afirmar sin ambages que la actividad física aeróbica regular reduce sensiblemente el riesgo de desarrollar el cáncer ginecológico más frecuente, el de endometrio. Además, como vimos en otro artículo publicado en este mismo blog (02-11-2017), el citado ejercicio físico aeróbico es capaz de reducir el riesgo de cáncer de mama, el más frecuente en las mujeres, dado que basta con pasear diariamente una hora para ver reducido su riesgo en un 15%. En consecuencia, se multiplican los motivos para practicar ejercicio físico, pues a su gran efecto neuroprotector y a su reconocida capacidad preventiva de procesos cardiovasculares se suma sus notables efectos antitumorales, entre otros beneficios (antidepresivo, antidiabético…).  

                                              

    Dr. Félix Martín Santos

     

     

    Fuentes bibliográficas:

     

    1. Physical activity and endometrial cancer risk: a review of the current evidence, biologic mechanisms and the quality of physical activity assessment methods. Cancer Causes Control. 2007 Apr;18(3):243-58. Epub 2007 Jan 8. Cust AE, Armstrong BK, Friedenreich CM, Slimani N, Bauman A.

     


    2. Physical activity and endometrial cancer risk, a systematic review of current evidence. Dorien W Voskull, Evelyn M. Monninkhof, Sjoerd G. Elias; Femke A. Viems, and Flora E van Leeuwen. Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention. April 2007, volume 16, issue 4.

     


    3. World Cancer Research Fund and American Institute for Cancer Research . Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Cancer: a Global Perspective. AICR: Washington DC; 2007.

     


    4. Physical activity, sedentary behaviours, and the prevention of endometrial cancer. Moore SC, Gierach GL, Schatzkin A, Matthews CE. Br J Cancer. 2010 Sep 28;103(7):933-8.

     


    5. Gierach GL, Chang SC, Brinton LA, Lacey JV, Jr, Hollenbeck AR, Schatzkin A, Leitzmann MF. Physical activity, sedentary behavior, and endometrial cancer risk in the NIH-AARP Diet and Health Study. Int J Cancer. 2009;124 (9:2139–2147

     


    6. Healy GN, Wijndaele K, Dunstan DW, Shaw JE, Salmon J, Zimmet PZ, Owen N. Objectively measured sedentary time, physical activity, and metabolic risk: the Australian Diabetes, Obesity and Lifestyle Study (AusDiab) Diabetes Care. 2008;31 (2:369–371.

     


    7. Helmerhorst HJ, Wijndaele K, Brage S, Wareham NJ, Ekelund U. Objectively measured sedentary time may predict insulin resistance independent of moderate- and vigorous-intensity physical activity.

     


    8. Katzmarzyk PT, Church TS, Craig CL, Bouchard C. Sitting time and mortality from all causes, cardiovascular disease, and cancer. Med Sci Sports Exerc. 2009;41 (5:998–1005

     


    9. Friberg E, Mantzoros CS, Wolk A. Physical activity and risk of endometrial cancer: a population-based prospective cohort study. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2006;15 (11:2136–2140.

     


    10. Patel AV, Feigelson HS, Talbot JT, McCullough ML, Rodriguez C, Patel RC, Thun MJ, Calle EE. The role of body weight in the relationship between physical activity and endometrial cancer: results from a large cohort of US women. Int J Cancer. 2008;123 (8:1877–1882.

     


    11. Siiteri PK. Adipose tissue as a source of hormones. Am J Clin Nutr. 1987;45 (1 Suppl:277–282.

     


    12. Kaaks R, Lukanova A, Kurzer MS. Obesity, endogenous hormones, and endometrial cancer risk: a synthetic review. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2002;11 (12:1531–1543.

     


    13. McTiernan A. Mechanisms linking physical activity with cancer. Nat Rev Cancer. 2008;8 (3:205–211.

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

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  • 03/05/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Cáncer de endometrio: Efectos preventivos del café.

    El consumo prolongado y regular de café parece ser capaz de reducir el riesgo del cáncer ginecológico más prevalente: el de la mucosa del cuerpo del útero, esto es, el de endometrio.

     


    Además, ejerciendo un efecto dosis-respuesta, pues el porcentaje de reducción del riesgo se acrecienta con el número de tazas consumidas de esta bebida universal. Son tantas las pruebas científicas que están revelando este aserto como para animar a dos prestigiosas organizaciones científicas internacionales, el Instituto Americano de Investigación del Cáncer (American Institute for Cancer Research) y la Fundación Internacional de Investigación sobre el Cáncer (Cáncer (World Cancer Research Fund), a catalogar al café como un verdadero factor protector del cáncer de endometrio. Así lo plasmaron en un informe conjunto, en el que analizaron todos los estudios científicos de relieve que tenían como objetivo fundamental investigar si tanto la dieta como la actividad física eran capaces de prevenir el cáncer: “Endometrial Cancer 2013 Report; Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Endometrial Cancer”. (1)

     

    Barista preparando una infusión de café con la V 60, cafetera de filtro. Cortesía de Bihotz Café. Arechaga 6, Bilbao

     

     

    Importancia del cáncer de endometrio

     

    A nivel mundial, el cáncer de endometrio es el sexto más frecuente en mujeres. Es bastante más prevalente en países avanzados, de alto nivel de desarrollo, como en Norteamérica, en países del centro y del oeste de Europa, mientras que en los estados del centro y del occidente de África se observan las menores tasas de incidencia, la cual parece aumentar a medida que estos países desfavorecidos empiezan a mejorar sus condiciones socioeconómicas, como si hubiera algún factor de riesgo vinculado con la opulencia y el modo de vida occidental. A pesar de ello, como era de esperar, el pronóstico y el porcentaje de supervivencia de los cánceres diagnosticados a mujeres de los países ricos es mucho mayor que a las de los países en vías de desarrollo.

     


    En España, datos de la Sociedad Española de Oncología (SEOM) y de la Sociedad Española contra el Cáncer (aecc) revelan que el cáncer de endometrio es el cuarto más frecuente en mujeres, después del de mama, colon y pulmón. Además, es el cáncer ginecológico más frecuente, cuya incidencia aumenta netamente a partir de la menopausia.

     


    Dado que este tumor maligno suele dar síntomas precozmente, cuando las pacientes son diagnosticadas es común que estén en estadios iniciales (I y II), lo que confiere un mejor pronóstico. Tanto es así que la supervivencia a los 5 años del tratamiento oscila de un 83% a un 90% (datos de la SEOM).

     

     

    Factores de riesgo

     

    Tanto la SEOM como la aecc cargan las tintas en factores hormonales, dado que su riesgo se incrementa en situaciones en las que el nivel de estrógenos no es equilibrado con el correspondiente nivel de progesterona, como sucede a partir de la menopausia, momento en que se frena la producción de hormonas sexuales femeninas, especialmente de progesterona.

     


    Algo parecido sucede con el tratamiento hormonal sustitutivo que se prescribe en el climaterio femenino, puesto que la mayoría de los preparados comerciales son a base de estrógenos. Por eso la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), desaconsejó el empleo de este tratamiento hormonal de reemplazo durante la menopausia, por comprobar fehacientemente que incrementa el riesgo de desarrollar este cáncer, por lo que fue una de las doce recomendaciones de carácter antitumoral recogidas en su Código Europeo contra el Cáncer, publicado en octubre de 2014. (3)

     


    Según la SEOM, situaciones en que existen desproporcionados niveles de estrógenos con respecto a los de progesterona son algunas de las siguientes: obesidad, tener una menstruación precoz y una menopausia tardía, tumores ováricos que producen muchos estrógenos…

     


    Existen otros factores de riesgo de desarrollar este tumor maligno: tratamiento con radiación del área pelviana, la combinación de obesidad, hipertensión y diabetes, haber recibido tratamiento con tamoxifeno para el cáncer de mama, etc.

     


    ¿Qué otros factores causales se destacan en los estudios internacionales?

     

    Si nos basamos en el informe de 2013 del Instituto Americano de Investigación del Cáncer y de la Fundación Mundial de Investigación del Cáncer, mencionado anteriormente, observaremos el gran peso etiológico que le dan al incremento de grasa corporal, en todas sus formas (obesidad global, obesidad centrípeta…), llegando a catalogarla como un factor convincente de riesgo, siendo, además, dosis-dependiente. Apuntan, en su trabajo conjunto, un incremento de un 16% del riesgo de cáncer de endometrio por cada 5 kilos de peso ganados. 

     


    Pero ¿a qué atribuyen este exceso de riesgo ejercido por la obesidad? Pues gran parte de la culpa se la echan a la capacidad de las células grasas (adipocitos) de producir hormonas sexuales y no sexuales (adipokinas), que aumentan la resistencia a la insulina y, por tanto, su concentración sanguínea (hiperinsulinemia), que parece incrementar el riesgo de cánceres de colon y de endometrio, y posiblemente de páncreas y riñón. (4) Se han visto receptores de insulina en la membrana de las células malignas de estos tumores malignos, que si resultaran estimuladas por esta hormona acabarían incrementando la proliferación de sus cancerígenas células y reduciendo su muerte o suicidio natural (apoptosis). Por otra parte, también hay estudios in vitro que revelan que los adipocitos son capaces de producir sustancias proinflamatorias y, por esta vía, predisponer a procesos tumorales.

     


    Estos investigadores también consideran a una dieta rica en carbohidratos, especialmente los refinados y procesados industrialmente (más común de ver en países ricos) como un factor de riesgo de desarrollar cáncer de endometrio. Sin embargo, al exceso dietético de azúcares, que ellos denominan “Glicaemyd load”, le otorgan un peso causal algo menor que a la obesidad, puesto que no observan un riesgo convincente sino probable. También echan gran parte de la culpa a la hiperinsulinemia subsiguiente.Además, creen que tales dietas incrementan el estrés oxidativo y, por ende, el riesgo de este cáncer.

     


    Por otra parte, estos autores consideran que la citada hiperinsulinemia aumenta la biodisponibilidad del denominado factor de desarrollo de insulina (IGF-1), que actuaría potenciando el efecto tumoral de la primera. Finalmente, estas dos últimas sustancias parecen aumentar indirectamente la concentración de estrógenos, pues mitigan la síntesis de una sustancia que reduce la concentración de estos últimos: la denominada proteína o globulina de unión a hormonas sexuales (sex hormone -binding globuling).

     


    Parece, pues, que tanto la hiperinsulinemia como el aumento de estrógenos no compensados o equilibrados por progesterona son dos factores decisivos en el desarrollo de cáncer de endometrio.

     


    Con todos estos datos no pretendo aburrir ni agotar las ganas de seguir leyendo este artículo, sino que mi objetivo es transmitir cierta información que pueda ser válida para entender por qué el café y la actividad física aeróbica se comportan como dos factores preventivos de este cáncer: parecen ser capaces de reducir los niveles sanguíneos de ambas hormonas. Ambas medidas o estilos de vida se comportarían entonces como verdaderos factores de prevención primaria de cáncer de endometrio.

     


    Como el tema está dedicado al café nos centraremos en las siguientes líneas en el efecto beneficioso, protector o preventivo de cáncer endometrial ejercido por tal bebida.

     

    Cortesía de Adrián Fernández, maestro barista, concentrado en el late art.

     

     

    Efecto preventivo del café

     

    Voy a referir los estudios de mayor rigurosidad científica: primero, varios de carácter prospectivo o de cohortes; segundo, varios metaánalisis o revisiones exhaustivas de un conjunto de estudios científicos sobre el tema.

     


    Estudios de cohorte o prospectivos

     

    El primer estudio prospectivo que probó una asociación inversa significativa entre el consumo de café y el cáncer endometrial fue publicado en el año 2008 en International Journal of Cancer. Los japoneses tuvieron el honor de efectuarlo. (5) Lo que hicieron fue seguir durante 15 años a 53.724 japonesas, de 40 a 69 años de edad, todas libres de este cáncer al inicio del estudio y la inmensa mayoría no tomaban durante la menopausia el tratamiento hormonal sustitutivo con estrógenos (no suele prescribirse en el país del Sol Naciente). Durante estos 15 años fueron 117 mujeres las diagnosticadas de este tumor maligno. Tras emplear el consiguiente aparato estadístico (cálculo de riesgos con la regresión de Cox) llegaron a revelar que el consumo de café reducía el riesgo del citado cáncer, con un efecto dosis-respuesta, dado que las damas que consumían una o dos tazas de café al día veían reducido en un 49% el citado riesgo, mientras que las que bebían tres o más tazas diarias lo veían reducido hasta un 62% (HR: 0,38). Como buenos investigadores controlaron todas las variables de confusión que pudieran alterar los resultados (tabaco, alcohol, edad de la menopausia, tratamiento hormonal sustitutivo, consumo de verduras, de carnes rojas, té…). Lo que también llegaron a mostrar es que el consumo de té no comportaba beneficios similares.

     


    El siguiente estudio prospectivo de calidad contrastada que probó una asociación inversa entre el consumo regular de café y el cáncer de endometrio se publicó en agosto de 2012 en una revista de prestigio (International Journal of Cancer). Tuvo el mérito de ser el estudio que dispuso de la mayor muestra estudiada hasta entonces: 226.732 mujeres de 50 a 71 años. Todas ellas incluidas en el estudio sobre Dieta y Salud, perteneciente a los prestigiosos Institutos Nacionales de Salud del gobierno federal de EEUU (NIH-AARP Diet and Health Study).

     


    Durante los 9,3 años de seguimiento 1.486 mujeres desarrollaron cáncer de endometrio. Al aplicar el correspondiente aparato estadístico, controlaron, obviamente, todas las variables de confusión, pero en este caso efectuando tres subgrupos de análisis: el de las fumadoras; el de las que recibieron tratamiento hormonal sustitutivo; y en el que valoraron el índice de masa corporal, a fin de ver las diferencias en mujeres con sobrepeso y obesidad. Pues bien, lo que comprobaron es que las mujeres que tomaban tres o más tazas de café al día veían reducido el riesgo de desarrollar cáncer de endometrio en un 36% (HR: 0,64) con respecto a las que no lo consumían. Además, observaron que el beneficio era casi tan similar para las que lo consumían descafeinado como para las que lo consumían íntegro, esto es, con cafeína. Por otra parte, comprobaron que el beneficio era mínimo entre las mujeres que habían recibido estrógenos (estradiol) durante la menopausia. En cambio, las que sufrían sobrepeso y obesidad eran las que más se benefician, pues veían reducido en un 44% el riesgo de desarrollar tal tumor maligno, al igual que las que nunca habían recibido tratamiento hormonal sustitutivo: 46% de reducción del citado riesgo.

     


    Estos investigadores se atrevieron a efectuar la siguiente sugerencia: "El consumo regular de café puede servir como una potencial estrategia quimiopreventiva de cáncer de endometrio, especialmente en las mujeres de más riesgo". (6)

     

    Maestro barista infusionando café con la V60. Cortesía Honorio García. Cafetaza. Plaza de la Unión 2. Vitoria. Gasteiz.

     

     

    Metaanálisis

     

    Durante el 2009, Bravi y colegas publicaron los resultados de una revisión exhaustiva de estudios observacionales (dos estudios de cohorte y siete estudios de casos y control), que permitió constatar una asociación inversa entre el consumo de café y el riesgo de cáncer de endometrio, pues los grandes consumidores cuando se los comparaba con los no bebedores de café se beneficiaban de una reducción del 36% del citado riesgo. (7)

     


    Posteriormente, durante el 2011 se publicó en una revista de prestigio de oncología (BMC Cancer) los resultados de una revisión de 59 estudios observacionales (40 son de cohorte), que también revelaron una reducción significativa del riesgo de desarrollar cáncer de endometrio por parte de las grandes bebedoras de café con respecto a las no bebedoras, pero en este caso menor que en estudios previos: 18% de reducción. (8)

     


    Un año más tarde, Youjin y Giovannucci, pertenecientes al Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, publicaron en otra revista anglosajona de prestigio (International Journal of Cancer) los resultados de otra revisión exhaustiva de 16 estudios observacionales ( 10 de casos y control y 6 de cohortes). Su estudio tuvo la particularidad de evaluar las diferencias de resultados entre las diversas regiones del mundo. Así los mejores resultados los comprobaron en los estudios japoneses, con una reducción del 60% del riesgo, con respecto a los cinco estudios de USA/Canadá (31% de reducción) y los ocho de Europa (21% de disminución). (9)

     


    En marzo de 2015 se publicó en otra revista científica americana de reconocido prestigio (The american Journal of clinical Nutrition) los resultados de otro metaanálisis más un estudio prospectivo británico (UK Million Women Study), en el que siguen a una gran muestra de mujeres (poco más de medio millón). Sus resultados no revelaron ninguna asociación entre la ingesta de té y el cáncer de endometrio, mientras que sí que observaron una asociación inversa entre el consumo de café y el riesgo ulterior de este tumor maligno, pero de carácter débil; un 2% de reducción del riesgo con cada taza de café. (10)

     


    En agosto de 2015 se publicó otro metaanálisis, más ambicioso y probablemente el de mayor meticulosidad y amplitud de miras, pues en él se analizaron sólo estudios de cohorte o prospectivos (de mayor calidad científica), en los que se consideró tanto la ingesta de café con cafeína como sin ella, así como la concentración de cafeína en mg/día. Además, valoraron algo muy importante: la posible relación lineal o dosis-respuesta entre café, descafeinado, y cantidad de cafeína ingerida (miligramos por día). (11)

     


    Estos investigadores (liderados por Quan Zhou y Jian Guou Zhou) fueron muy selectivos, pues de los 198 estudios observacionales analizados sólo 13 cumplieron con sus estrictos criterios de selección. Aún así se juntaron con una gran muestra: 1.534.039 participantes. ¿Qué es lo que demostraron? Pues una intensa asociación inversa entre el consumo de café y la incidencia de cáncer de endometrio entre las mujeres que nunca habían tomado tratamiento hormonal sustitutivo con estrógenos así como entre las que tenían sobrepeso u obesidad (Índice de Masa Corporal igual o superior a 25 Kg/m2): 40% y 43% de reducción, respectivamente. Por otra parte, las que tomaban café íntegro o normal veían reducido globalmente su riesgo en un porcentaje del 34 % (RR: 0,66), mientras que lo tomaban descafeinado experimentaban un descenso del riesgo del 33% (RR: 0,77). 

     


    Cuando valoraron la relación dosis respuesta, comprobaron que el riesgo se reduce globalmente un 5% por cada taza de café bebida; un 7% por cada taza de café con cafeína y un 4% con café descafeinado. Además, por cada 100 mg de cafeína ingerida por día el riesgo se reduce en un 4%.

     


    Su análisis no concluye aquí, pues se permiten el lujo de criticar al metaanálisis y estudio prospectivo británico, descrito anteriormente, afirmando que su validez es menor por no incluir en su revisión a cuatro grandes estudios de cohorte, que incluían 369.624 participantes y 2.000 casos de cáncer de endometrio. Además, los británicos, al igual que los anteriores metaanálisis, no exploraron las  relaciones entre las diferentes dosis de cafeína y los tipos de café (con o sin cafeína) ni tampoco las relaciones lineales o dosis-respuesta.

     


    Concluyen, pues, su extraordinaria revisión diciendo: “El consumo de café y de cafeína puede reducir significativamente la incidencia de cáncer de endometrio, y estos efectos pueden ser modificados por el IMC y la historia de terapia hormonal sustitutiva con estrógenos”.

     

     

    Vertiendo infusión de café elaborada con cafetera de filtro (Chemex). Cortesía de Bihotz Café. Arechaga 6. Bilbao

     

     

    Finalmente, en noviembre de 2017 se publicó (Nutrients) otro metaanálisis de estudios prospectivos, donde también evaluaron las relaciones dosis-respuesta. (17)

     


    Los autores del mismo, Alessandra Lafranconi y colegas, observaron en los 12 estudios prospectivos seleccionados una clara relación dosis-respuesta entre el consumo de café y el riesgo de cáncer de endometrio, pues cuanto mayor era el primero más se reducía el segundo. Así, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (riesgos relativos, control de las principales variables de confusión, entre otras técnicas) comprobaron que las mujeres que bebían 4 tazas diarias de café experimentaban una significativa reducción del riesgo de cáncer de endometrio: del 20% (RR 0,80; IC 95%: 0,72 a 0,89). Tal porcentaje de reducción se incrementaba hasta un 24% cuando se trataba de cánceres en mujeres postmenopáusicas. 

     

     

    Hipótesis más plausibles

     

    La investigación científica actual permite colegir que el consumo regular y prolongado de café reduce el riesgo de cáncer de endometrio porque ocasiona una sensible disminución de las concentraciones sanguíneas de insulina y de estrógenos, cuyo exceso contribuye decisivamente al desarrollo de este tipo de cáncer. Recordemos que las células tumorales del endometrio tienen bastantes receptores de insulina, que cuando resultan activados por esta hormona se disparan los mecanismos mitóticos o de proliferación celular maligna al tiempo que se frenan los mecanismos de muerte o suicidio celular (apoptosis).

     


    Vamos a centrarnos en los efectos del café que tienden a reducir la hiperinsulinemia, como sigue:

     

    • El consumo de café incrementa la sensibilidad y la efectividad de la insulina, lo que permite reducir su concentración sanguínea, esto es, la hiperinsulinemia. (12) Efectivamente tanto el café completo como el descafeinado reducen los niveles de insulina, especialmente en las mujeres con sobrepeso. (13) A esto se debe gran parte del efecto antidiabético del café: un 8% de reducción del riesgo de diabetes por cada taza de café. En octubre de 2014 publicamos en este blog un artículo donde mostrábamos este beneficioso efecto: “Prevención diabetes tipo dos: sudar más, comer mejor y beber café”.

     

    • El consumo de café también reduce la concentración de una sustancia que eleva la concentración de insulina: el factor de desarrollo de insulina (IGF-I), por lo que por esta vía también contribuye a reducir la hiperinsulinemia.

     

    • Tanto el café entero como el descafeinado reducen los niveles del péptido C plasmático, un reconocido marcador de secreción insulínica, por lo tanto, tenderán a reducir las concentraciones de esta última. (14)

     

    • El café se asocia con un incremento de los niveles de la proteína o globulina de unión a hormonas sexuales (SHBG), que al unirse o atrapar a los estrógenos, acaba reduciendo su nivel plasmático. Precisamente la insulina hace todo lo contrario, por lo que de esta forma una hormona, la insulina, contribuye a aumentar las concentraciones de otra, el estradiol. (15)

     

    Además de la cafeína el café tiene otros múltiples compuestos que pueden exhibir propiedades antitumorales. Así sucede con los diterpenos, cafestol y kawheol, que han mostrado capacidad para inhibir el efecto de carcinógenos tan potentes como los hidrocarburos aromáticos policíclicos, como el benzopireno. (16) Además, el ácido clorogénico exhibe grandes propiedades antioxidantes y una relevante capacidad para incrementar la sensibilidad de la insulina.

     


    En fin, toca ya concluir este tema, en el que volvemos a apreciar una loable capacidad del café: reducir sensiblemente el riesgo del tumor ginecológico más frecuente, el del endometrio o mucosa del cuerpo del útero. Un motivo más para disfrutar  de esta saludable infusión.

     


    Dr. Félix Martín Santos

     

     

    BIBLIOGRAFÍA

     

     


    1 Endometrial Cancer 2013 Report; Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Endometrial Cancer”. American Institute for Cancer Research/ World Cancer Research Fund. Continuous Update Project (CUP).

     


    2 Ferlay J, Shin HR, Bray F et al. GLOBOCAN 2008, Cancer Incidence and Mortality Worldwide: IARC CancerBase No. 10 . Lyon, France: International Agency for Research on Cancer; 2010. Available from: http://globocan.iarc.fr 2010.

     


    3 European Code Against Cancer: 12 ways to reduce your cancer risk.  International Agency for Research on Cancer. World Health Organization. October 2014.

     


    4 Calle EE and Kaaks R. Overweight, obesity and cancer: epidemiological evidence and proposed mechanisms. Nat Rev Cancer, 2004; 4: 579-91.

     


    5 Coffee consumption and risk of endometrial cancer: a prospective study in Japan. Shimazu T, Inoue M, Sasazuki S, Iwasaki M, Kurahashi N, Yamaji T, Tsugane S; JPHC Study Group Members of the Japan Public Health Center-based Prospective Study. Int J Cancer. 2008 Nov 15;123(10):2406-10. doi: 10.1002/ijc.23760.

     


    6 A prospective investigation of coffee drinking and endometrial cancer incidence   Marc J. Gunter Jennifer A. Schaub,Xiaonan Xue, Neal D. Freedman, Mia M. Gaudet, Thomas E. Rohan,  Albert R.Hollenbeck and Rashmi Sinha.   International Journal of Cancer.  Volume 131, Issue 4, pages E530–E536, 15 August 2012

     


    7 Bravi F. et al. Coffee drinking and endometrial cancer risk: a meta-analysis of observational studies.Am J Obstet Gynecol 200, 130–135, (2009).10.1016/j.ajog.2008.10.032.

     


    8 Yu X., Bao Z., Zou J. & Dong J. Coffee consumption and risk of cancers: a meta-analysis of cohort studies. BMC Cancer 11, 96, (2011).10.1186/1471-2407-11-96.

     


    9 Je Y. & Giovannucci E. Coffee consumption and risk of endometrial cancer: findings from a large up-to-date meta-analysis. Int J cancer. 131, 1700–1710, (2012).10.1002/ijc.27408

     


    10 Wu W. et al. Tea and coffee and risk of endometrial cancer: cohort study and meta-analysis. Am J Clin Nutr 101, 570–578, (2015).10.3945/ajcn.113.081836

     


    11 Coffee consumption and risk of endometrial cancer: a dose-response meta-analysis of prospective cohort studies. Sci Rep. 2015; 5: 13410. Published online 2015 August 25. doi: 10.1038/srep13410 Quan Zhou, Mei-Ling Luo, Hui Li, Min Li, and Jian-Guo Zhou

     


    12  Arnlov J, Vessby B, Riserus U. Coffee consumption and insulin sensitivity. JAMA. 2004;291:1199–201.

     


    13 Wu T, Willett WC, Hankinson SE, Giovannucci E. Caffeinated coffee, decaffeinated coffee, and caffeine in relation to plasma C-peptide levels, a marker of insulin secretion, in U.S. women. Diabetes Care.2005;28:1390–6.

     


    14 Wu, T, Willett, W.C., Hankinson, S.E & Giovannucci, E. Caffeinated coffee, decaffeinated coffee, and caffeine in relation to plasma C-peptide levels, a marker of insulin secretion, in U.S. women. Diabetes Care 28, 1390-1396 (2005).

     


    15 Ferrini RL, Barrett-Connor E. Caffeine intake and endogenous sex steroid levels in postmenopausal women. The Rancho Bernardo Study. Am J Epidemiol. 1996;144:642–4.

     


    16 Cavin C, Holzhaeuser D, Scharf G, Constable A, Huber WW, Schilter B. Cafestol and kahweol, two coffee specific diterpenes with anticarcinogenic activity. Food Chem Toxicol. 2002;40:1155–63.

     


    17 Coffee Decreases the Risk of Endometrial Cancer: A Dose–Response Meta-Analysis of Prospective Cohort Studies.  Alessandra Lafranconi, Agnieszka Micek, Fabio Galvano, Sabrina Rossetti, Lino Del Pup, Massimiliano Berretta, and Gaetano Facchini  Nutrients. 2017 Nov; 9(11): 1223.


     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     

    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un co