ACTIVIDAD FÍSICA AERÓBICA REGULAR. PREVENCIÓN DE DETERIORO MENTAL Y DEMENCIA

Los estudios científicos más recientes están revelando que la práctica regular de ejercicio físico se asocia a una reducción significativa del riesgo de desarrollar las enfermedades neurodegenerativas que más alteran la calidad de vida del ser humano: las demencias, en general, y la enfermedad de Alzheimer, en particular.

Efectivamente, la actividad física aeróbica parece ser capaz de promover la regeneración de las células nerviosas que van muriendo a medida que envejece el cerebro humano, potenciando, pues, un fenómeno natural, hasta hace poco impensable: la capacidad reparadora y regeneradora del sistema nervioso, especialmente en el hipocampo, un área ubicada en la parte más interna del lóbulo temporal de nuestro cerebro, que tiene que ver con la memoria, la atención y el aprendizaje.


IMPORTANCIA DEL DETERIORO COGNITIVO Y DE DEMENCIA ASOCIADOS AL ENVEJECIMIENTO


El progresivo envejecimiento de las poblaciones humanas se asocia a una reducción de la capacidad mental (cognitiva), que incluso en grados menores reduce la calidad de vida de los afectados, a pesar de no reducir su independencia y autonomía. Cuando el deterioro es más intenso y devastador, surgen las temibles demencias, de las que la enfermedad de Alzheimer es la más prevalente.


La importancia de las enfermedades neurodegenerativas se debe a una serie de hechos: su alta frecuencia, en claro ascenso; su alta mortalidad; el gran descenso de la esperanza de vida en buena salud que comportan; el excesivo coste personal, familiar y social que conllevan. En las siguientes líneas analizaremos más estos aspectos


Según una información aportada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en abril de 2017 (nota descriptiva), en el mundo hay 47,5 millones de personas que sufren demencia, registrándose cada año 7,7 millones de nuevos casos, de los que entre el 60% y el 70% corresponden con la enfermedad de Alzheimer.


La federación mundial de asociaciones de Alzheimer (Alzheimer'es Disease International), dedicada al estudio, investigación y atención a las personas con Alzheimer y sus cuidadores, ha revelado en su Informe mundial sobre el Alzheimer 2015, que el coste total de la demencia ha aumentado de 604.000 millones de dólares en 2010 a 818.000 millones de dólares en 2015, lo que implica un aumento del 35,4%.


Estamos hablando de un importe equiparable al 1,09% del producto interior bruto (PIB) a nivel mundial.


Este enorme aumento del coste corre paralelo al incremento de la tasa de incidencia mundial de demencia, que asciende exponencialmente con la edad, ya que se duplica cada 6,2 años.


¿QUÉ SUCEDE EN ESPAÑA?


Según datos de esta asociación internacional, España es el tercer país del mundo que sufre mayor proporción de prevalencia de demencia: el 6,3% de los ciudadanos de más de 60 años, sólo por debajo de Francia (6,5%) e Italia (6,4%).


Como ya hemos comentado anteriormente, las tasas de incidencia de demencias y de Alzheimer se incrementan proporcionalmente al envejecimiento poblacional, lo que es muy evidente en nuestro país, como veremos a continuación.


El 20 de octubre de 2016 el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó (nota de prensa) una proyección de la población española entre el 2016 y el 2066, que refleja el profundo envejecimiento de España: el porcentaje de población de 65 años y más, que actualmente (2016) es del 18,7%, alcanzaría el 25,6% en el 2031 y el 34,6 en el 2066, en el caso de mantenerse las tendencias demográficas actuales.


Informes recientes del INE (27 de febrero de 2017), señalan que por demencias fallecieron 20.442 personas mientras que por la enfermedad de Alzheimer sucumbieron 15.578 ciudadanos, representando la cuarta y la séptima causas de muerte en España durante el año 2015, respectivamente.


¿LA ACTIVIDAD AERÓBICA PUEDE REALMENTE FRENAR O PREVENIR EL DETERIORO DEL INTELECTO Y LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER?


Desde hace más de una década se están publicando estudios epidemiológicos observacionales y, algunos, experimentales que están revelando que la práctica regular de ejercicio físico, preferentemente aeróbico, es capaz de frenar, enlentecer e incluso prevenir tanto el deterioro del intelecto asociado al envejecimiento del ser humano cuanto el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como las demencias, en general, y la enfermedad de Alzheimer, en particular, la cual tiene la triste fama de ser la causa más frecuente de demencia.


Corriendo protegemos nuestras neuronas en todas las edades de la vida. Cortesía alumnas de primer curso CFS de Higiene (2016-17). IES. Enrique Flórez. Burgos


    a) Estudios pioneros


      Vamos a iniciar este punto cardinal del artículo comentando los estudios pioneros que valoraron esta asociación. Para ello recurriremos a los excelentes trabajos efectuados por científicos escandinavos.


      Empezaremos con un modélico estudio finlandés, el CAIDE (Finnish Cardiovascular risk factors, Aging and Dementia), cuyo objetivo principal es investigar la relación o asociación entre factores de riesgo cardiovascular, estilos de vida, incluyendo los sociales, y el mantenimiento del intelecto (cognición), demencia y cambios estructurales cerebrales. Para ello, los responsables del estudio contaron con la participación de 1.449 personas de una edad media de 50 años al inicio del estudio (se incluyeron en sucesivas oleadas en los años 1972, 1977, 1982 y 1987), a los que siguieron controlando durante una media de 21 años (de 65 a 79 años, en la evaluación de 1998). Al cabo de los cuales 117 personas desarrollaron demencia (D) y 76 sufrieron enfermedad de Alzheimer (EA). Pues bien, tras emplear el correspondiente aparato estadístico (análisis de regresión múltiple), comprobaron que la actividad física durante el tiempo libre, al menos dos veces por semana, se asoció con una notable reducción del riesgo de demencia y de enfermedad de Alzheimer: un 52% y un 62% respectivamente. Además, no soslayaron las clásicas variables de confusión de esta asociación, esto es, la edad, el sexo, nivel cultural, enfermedades vasculares, tabaquismo, alcohol y el APOE epsilon4, un genotipo que parece incrementar el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.


      Al final, estos autores concluyen su estudio afirmando lo siguiente: “La actividad física realizada durante el tiempo libre, en la edad media de la vida, se asocia con una reducción del riesgo de demencia (D) y de enfermedad de Alzheimer (EA) décadas más tarde. La actividad física regular puede reducir el riesgo o retrasar el comienzo de D y de EA, especialmente entre personas genéticamente susceptibles, como los portadores del APOE”. (1,2)


      Estos autores se atrevieron incluso a establecer hipótesis que explicaran sus hallazgos. Efectivamente, pensaron que los sujetos que practican actividad física en la edad media de la vida tienden a poseer una mayor sustancia gris cerebral así como un mayor volumen de su cerebro. (3) También sugirieron que la citada actividad física interviene en ciertos mecanismos moleculares y celulares que influyen favorablemente en la plasticidad cerebral y en el mantenimiento de la función cognitiva (Rovio y colegas, 2010). Como luego veremos en el apartado de hipótesis más plausibles, estos autores no estaban muy desencaminados con lo que actualmente está revelando la investigación científica.


      Pocos años más tarde de estas primeras publicaciones, el grupo sueco de Andel y colegas (enero de 2008), publicaron los resultados obtenidos durante la evaluación y seguimiento de 3.134 gemelos suecos, nacidos durante el año 1926, cuyo nivel de actividad física fue evaluado en la edad media de su vida (una media de 48 años) mientras que su estado mental fue evaluado cuando tenían una media de 80 años.


      Tras este seguimiento de unos 30 años, comprobaron que tanto el ejercicio físico ligero (pasear) como el más vigoroso (práctica regular de diversos deportes) reducían el riesgo posterior de demencia, en un porcentaje superior al 60%. (4)


      Unos años más tarde (2015), fueron confirmados estos resultados por otro grupo escandinavo, el de Tolppanen y colegas, quienes utilizaron la misma cohorte del estudio CAIDE, pero durante más tiempo de seguimiento (de 21 a 28 años). Observaron que las personas que se muestran sedentarias (sólo practicaban actividad física unas pocas veces al año) tenían un 40% más de riesgo de desarrollar demencia cuando se las comparaba con las que efectuaban ejercicio físico con más frecuencia: dos a tres veces por semana o, incluso, más. (5)

        

      En las siguientes líneas vamos a analizar algunas de las más rigurosas evaluaciones de la literatura científica que versan sobre este tema, mediante el sistema de metaanálisis.


      Juventud corriendo, mucho mejor que fumando o bebiendo. Alumnas de Higiene. (curso 2016-17). IES Enrique Flórez. Burgos.


      b) Metaanálisis de estudios prospectivos que evalúan la asociación entre actividad física y deterioro cognitivo sin demencia


      En enero de 2011 se publicó en una revista de gran prestigio (Journal of Internal Medicine) el primer metaanálisis que evaluó la capacidad del ejercicio físico regular para prevenir el deterioro cognitivo o del intelecto asociado al envejecimiento, pero sin llegar a estados patológicos de demencia. El objetivo principal del estudio fue evaluar la asociación de un factor medioambiental o adquirido y, por tanto, modificable, cual es el ejercicio físico, con un único efecto: el deterioro del conocimiento sin sobrepasar niveles que incapaciten al sujeto, aunque sí puedan reducir su calidad de vida. Hasta entonces, los diversos estudios epidemiológicos consideraron tanto a la enfermedad de Alzheimer como a las otras demencias como los efectos principales a evitar o prevenir por parte de la actividad física (factor de riesgo, que en este caso se comporta como un auténtico factor protector). Ninguno de ellos, según los autores de este metaanálisis, evaluaron niveles menores de deterioro cognitivo.


      Fue el grupo italiano de Francesco Sofi el que se responsabilizó de esta exhaustiva revisión. Estos investigadores, dependientes de la Universidad de Florencia, analizaron bases de datos electrónicas (MedLine, Embase, Google Scholar, Web of Science, The Cochrane) sobre artículos científicos que versaron sobre este tema, publicados hasta enero de 2010. Sólo fueron 15 estudios prospectivos (12 de cohorte) los seleccionados por cumplir con las estrictas condiciones impuestas para valorar la calidad científica de tales trabajos, los cuales procedían de casi todas las partes del planeta, véase China, Singapur, USA, Canadá y Europa. 


      En casi todos los estudios, la salud mental se evaluó mediante el Mini Examen del Estado Mental (Mini Mental), el MMSE anglosajón (Mini-Mental State Examination), un test con cinco grupos de preguntas que evalúan la orientación espacio-tiempo, capacidad de atención, concentración y memoria, capacidad de abstracción (cálculo), capacidad de lenguaje y percepción viso-espacial y, finalmente, la aptitud para seguir instrucciones básicas. Si consideramos que la máxima puntuación alcanzable son los 30 puntos, existirá deterioro cognitivo o del conocimiento cuando el cómputo  sea inferior a los 24 puntos (entre 24 y 12 puntos). La demencia se establecerá cuando los interrogados no superen los 12 puntos, lo que no se verá en ningún caso de este estudio.


      La valoración del grado de actividad física mostró una mayor heterogeneidad entre los trabajos, pues osciló desde los que simplemente diferenciaban pacientes sedentarios de sujetos activos físicamente hasta los que valoraron cuatro niveles de actividad física aeróbica.


      El número total de personas evaluadas no fue desdeñable: 33.816, todas ellas con su estado mental inicialmente sano, esto es, sin deterioro cognitivo ni demencia, usualmente con una edad superior a los 65 años. Pues bien, durante el periodo de seguimiento (osciló de 1 a 12 años) aparecieron 3.210 casos con diferentes grados de deterioro cognitivo, pero sin llegar a sufrir cuadros patológicos de demencia (una estricta condición del metaanálisis). Tras aplicar el correspondiente aparato matemático (que incluyó análisis de la heterogeneidad mediante la I2  statistic y análisis de sensibilidad), se observó que las personas que practicaron un alto nivel de actividad física se beneficiaron de una reducción del 38% del riesgo de desarrollar deterioro cognitivo con respecto a los sedentarios (HR 0,62, 95% CI 0,54-0,70; p< 0,00001). Además, no observaron gran heterogeneidad entre los estudios (I2 = 17%;  P= 0,26).


      Lo que llamó la atención es que las personas cuyo nivel de actividad física fue ligera a moderada también se beneficiaron de una reducción muy significativa del riesgo de deterioro del conocimiento cuando se los comparaba con los que se mostraron sedentarios: un 35% menos de riesgo (HR 0,65, 95% CI 0,57-0,75; p< 0,00001).


      Los autores concluyen diciendo: “Este es el primer metaanálisis que ha evaluado el papel de la actividad física en el deterioro cognitivo de sujetos libres de demencia. Nuestros resultados sugieren que todos los niveles de actividad física ejercen una significativa y consistente protección frente al riesgo de desarrollar deterioro cognitivo, pues reducen claramente su incidencia”. (6)


      Remontando la cuesta del Gayubar (Valle Medio del Arlanza). Alumnas CFS Higiene. Curso 2016-17. IES Enrique Flórez. Burgos. El senderismo eleva sensiblemente el nivel de salud.


      c) Metaanálisis que evalúan la asociación entre actividad física y enfermedad de Alzheimer y otras demencias 


      En enero de 2009 se publicó en una revista médica de gran calidad científica (Psichol Med) una revisión sistemática de estudios prospectivos que valoraron la asociación de la actividad física con el riesgo de enfermedades neurodegenerativas, como demencia, enfermedad de Alzheimer y enfermedad de Parkinson.


      Los autores de este metaanálisis, Hamer y Chida, pertenecientes al grupo de Psicobiología del Departamento de Epidemiología y Salud Pública del Colegio Universitario de Londres, analizaron 16 estudios prospectivos, publicados desde 1999 hasta el 2007, que aportaron 13.771 participantes mentalmente sanos al inicio de los mismos. A lo largo de los correspondientes periodos de seguimiento se diagnosticaron 3.219 casos de enfermedades neurodegenerativas. Pues bien, tras aplicar un riguroso método estadístico, observaron que las personas que practicaron los mayores niveles de actividad física comparadas con las que se ejercitaron menos se beneficiaron de significativas reducciones del riesgo de desarrollar demencia, enfermedad de Alzheimer y enfermedad de Parkinson:  28% (RR: 0,72; 95% CI; 0,60-0,86, p<0,001), 45% (RR: 0,55; 95% CI; 0,36-0,84) y de un 18% (RR:0,82%; 95%, CI; 0,57-1,18), respectivamente.


      “Nuestros resultados sugieren que la actividad física se asocia inversamente con el riesgo de demencia. Futuros estudios deberán evaluar la dosis óptima de actividad física capaz de inducir protección neurológica, pues en el momento presente se desconoce”, afirman en las conclusiones finales. (7)


      Durante los años siguientes se publicaron una serie de estudios prospectivos y algunos metaanálisis cuyos resultados fueron similares a los obtenidos por los trabajos descritos en este contenido. Sin embargo, unos pocos autores no llegaron a las mismas conclusiones. (8,9,10)


      Posteriormente, durante el año 2016 se publicaron notables revisiones científicas que volvieron a confirmar la capacidad preventiva de demencia y enfermedad de Alzheimer exhibida por el ejercicio físico aeróbico practicado regularmente. Así sucedió con la revisión finlandesa efectuada por Jenni Kulmala (11) y, sobre todo, por el excelente metaanalísis publicado por investigadores españoles.  Analicemos más profundamente este último.


      En agosto de 2016 se publicó en la revista oficial de la famosa Clínica Mayo de EEUU, Mayo Clinic Proceedings, un trabajo de análisis e investigación de los artículos científicos publicados hasta febrero de 2016, cuyo objetivo principal fue valorar la asociación entre la actividad física aeróbica y la enfermedad de Alzheimer.


      Los responsables del estudio, el grupo liderado por Alejandro Lucía (Universidad Europea de Madrid), establecieron unos estrictos criterios de selección, que se aplicaron en tres filtros sucesivos. De esta forma, los 24 artículos analizados en una inicial revisión se redujeron a 10 en un primer metaanálisis, para, finalmente, quedar sólo 5 artículos en un segundo metaanálisis, con una muestra total de 23.345 individuos. En estos últimos se especificó el nivel de actividad física, según las guías internacionales (la de la Organización Mundial de la Salud, la del Departamento de Salud de USA , la del Colegio Americano de Medicina Deportiva, la de la Sociedad Americana de Cardiología y las de los CDC de Atlanta), como sigue: un mínimo de 75 minutos de ejercicio vigoroso a la semana, como correr (running) o, en su defecto, 150 minutos semanales de ejercicio moderado, como pasear rápido (de 20 a 30 minutos la mayoría de los días de la semana).


      Los resultados de este metaanálisis son concordantes con gran parte de los obtenidos en estudios prospectivos y metaanálisis previos, dado que las personas mayores (de 70 a 80 años) que practicaron ejercicio físico regular, según lo indicado en las guías internacionales, durante al menos los cinco años previos, se beneficiaron de una reducción del 40% del riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer cuando eran comparados con los que se mostraban sedentarios o no llegaban a tal nivel de ejercicio físico.                  


      “Creemos que estos resultados abogan a favor de la práctica regular de actividad física, a fin de reducir la incidencia de enfermedad de Alzheimer, la cual está aumentando paralelo al progresivo envejecimiento de la población mundial. Además, así se podría empezar a revertir la pandemia de sedentarismo, al que se abandona un tercio de la población mundial”, argumentan los autores de este estudio.


      Bueno sería que las que ahora corren siguieran haciéndolo en etapas posteriores de su vida. Alumnas/os de Higiene. (curso 2016-17). IES. Enrique Flórez.


      RESULTADOS OBTENIDOS EN LOS ESTUDIOS NACIONALES EN CORREDORES Y EN PASEADORES (EEUU)


      Paul T. Williams y Paul D. Thompson, pertenecientes a la División de Ciencias Biológicas del Laboratorio Nacional de Berkeley y del departamento de Cardiología del Hospital de Hartford están publicando en los últimos años una serie de artículos sobre diferentes aspectos de la salud y actividad física aeróbica. Para ello, se están valiendo de los resultados obtenidos en dos extraordinarias muestras de personas: las 33.060 personas del Segundo Estudio Nacional de Salud en Corredores (The National Runner´s Health Study II) y las 15.945 del Estudio Nacional de Salud en Andadores (National Walker´s Health Study), a las que están evaluando desde hace más de dos décadas. De esta suerte, han demostrado los grandes beneficios cardiovasculares y antitumorales  que se desprenden de la citada actividad física aeróbica, entre otros efectos saludables, lo que les ha permitido publicar numerosos trabajos científicos en revistas médicas de renombrado prestigio. (13-23).


      Con respecto a la capacidad del ejercicio físico aeróbico para reducir el riesgo de enfermedad de Alzheimer, han revelado resultados parecidos a los comunicados hasta ahora, pero con una relevante diferencia: lacapacidad preventiva de esta enfermedad neurodegenerativa por parte del ejercicio físico sólo se observa cuando la intensidad del mismo supera claramente a la recomendada en las guías internacionales.


      Lo consensuado a nivel internacional (150 minutos semanales de actividad moderada ó 75 de ejercicio intenso) viene a equivaler a correr entre 4,6 y 7,7 millas por semana, o sea, entre 7 kilómetros y medio y 12 kilómetros 400 metros. Pues bien, Paul Williams observó una reducción del 40% en el riesgo de muerte por enfermedad de Alzheimer entre los participantes cuya actividad física semanal duplicó a la recomendada en las guías internacionales, esto es, en los que corrieron más de 15,3 millas por semana (más de 24 km 600 metros), lo que viene a corresponder a un gasto energético mayor (≥3.6 MET-hours/d). (24)


      Bueno, esto choca con lo observado por numerosos autores, que se apuntan a la premisa que es mejor poco que nada, o sea pequeños niveles de actividad física aeróbica son capaces de mejorar nuestra salud con respecto a la inactividad manifiesta o al franco sedentarismo. También es cierto que muchos autores han revelado que es mejor mucho que poco, esto es, que gran parte de los efectos saludables de la actividad física se consiguen con esfuerzos mayores. Aunque también hay un límite al respecto.


      HIPÓTESIS PLAUSIBLES


      Liberación de una jaula dogmática


      La investigación científica de la última década está revelando la existencia de unas células progenitoras neurales (CPN) capaces de experimentar mitosis regulares y, por ende, dividirse para, luego, transformarse en auténticas células nerviosas, a fin de reemplazar a las que van concluyendo su ciclo vital. (25) Este hecho, que recibe la denominación deneurogénesis, está rompiendo en mil pedazos el clásico dogma que afirmaba que la dotación de neuronas del cerebro humano nunca podría regenerarse, dado su altísimo grado de diferenciación y madurez. Pues bien, ahora se está observando una relevante neurogénesis del cerebro adulto en ciertas áreas cerebrales: en la zona subyacente a los ventrículos laterales y, sobre todo, en el área sita por debajo de la capa de neuronas granulosas de la circunvolución o giro dentado del hipocampo, ubicado en la parte interna o medial del lóbulo temporal cerebral. (26)


      Hallazgos esperanzadores


      Lo realmente esperanzador es que las neuronas nacidas de esta última superficie no sólo pueden integrarse a la red neuronal de células granulosas del giro dentado del hipocampo (27, 28)  sino también contribuir a funciones propias del mismo, como las de la memoria, la orientación espacial, el estado de ánimo y el aprendizaje. (29-32)


      Este hecho es de una enorme trascendencia, pues representa unasorprendente forma de regenerar nuestro cerebro así como de plasticidad cerebral.


      Es una lástima comprobar que la mencionada neurogénesis del hipocampo suele sucumbir al avance de la edad humana, dado que durante el envejecimiento sus efectivos neuronales empiezan a reducirse dramáticamente, lo que hace que vaya surgiendo cierto deterioro cognitivo. Este deterioro, en ocasiones, llega a ser tan pronunciado e inexorable como en enfermedades neurodegenerativas del tipo de la enfermedad de Alzheimer y, menos, de la enfermedad de Parkinson. (33-35)


      Sin embargo, estos descubrimientos han sentado las bases de una prometedora propuesta: la promoción y potenciación de la neurogénesis del hipocampo podría servir para curar estas enfermedades y retrasar o parar el envejecimiento del cerebro humano.


      Saludable iniciativa: Carrera nocturna de Burgos capital hasta Modúbar. Todos con deslumbrantes linternas frontales. (13-05-2017)



      Intervención favorable del ejercicio físico


      A este punto quería llegar. Sí, porque recientes investigaciones están mostrando que el ejercicio físico potencia la neurogénesis en el hipocampo y, por lo tanto, aumenta el rendimiento cognitivo. Ya…pero, ¿de qué manera? Pues parece que regulando favorablemente la proliferación, la maduración y la supervivencia de las células progenitoras neurales. (36-41)


      Veamos en los siguientes párrafos algunas líneas más de investigación que avalan los efectos neuroprotectores de la actividad física aeróbica, como sigue:


      • Los astrocitos, tipo celular más abundante en el cerebro humano, establecen puentes entre las neuronas y los vasos sanguíneos cerebrales, que facilitan el transporte de sustancias entre ambos, desempeñando un papel clave en la promoción de la diferenciación neuronal por parte de las células progenitoras neurales (CPN) del hipocampo adulto y de la posterior integración de las redes neurales preexistentes, mediante nuevas conexiones o sinapsis. (42) Pues bien, existen pruebas que revelan que el ejercicio físico aumenta significativamente el número de astrocitos en el hipocampo y otras regiones del cerebro. (43,44). Además, la actividad física aeróbica hace más aptos y eficaces a los astrocitos, merced a que favorece que se extiendan por el hipocampo (44) así como potenciando el suministro del combustible que les permite rendir más: la glucosa. (45) En definitiva, parte del efecto promotor de la neurogenésis dependiente del ejercicio físico se debe a sus efectos favorables sobre los astrocitos.


      • El ejercicio físico regular contribuye a incrementar el flujo cerebral así como el de potentes factores estimulantes de la estructura y función cerebral como el denominado factor neurotrófico derivado del cerebro, no sólo en personas sanas (46) sino también en las que padecen enfermedad de Alzheimer. (47)


      • La actividad física aeróbica aumenta la operatividad de una serie de neurotransmisores (serotonina, glutamato y GABA), íntimamente vinculados con la neurogénesis del hipocampo. (28,48 51)


      • El ejercicio físico exhibe un significativo efecto antiinflamatorio y antioxidante en el cerebro humano, aumentando la síntesis de diversos enzimas antioxidantes. (52, 54)


      Además de estos efectos, el ejercicio físico regular reduce reconocidos factores de riesgo cardiovascular, como la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, la hiperglucemia y la obesidad centrípeta, que tienden a incrementar el riesgo de enfermedad de Alzheimer. (55)


      Una de las más recientes y completas revisiones sobre la capacidad del ejercicio físico para inducir neurogénesis en el hipocampo y prevenir el deterioro cognitivo fue la llevada a cabo por Chun-Lian Ma y colegas, publicada en una revista anglosajona especializada en estos temas (Behavioural Brain Research), disponible on line desde octubre de

       2016. El que tenga interés en este apasionante contenido le aconsejo que la lea. (56)


      En fin, estos hallazgos me parecen muy esperanzadores y fortalecen mis convicciones con respecto a las bondades de la actividad física aeróbica, que siempre intento trasmitir en el curso de la educación para la salud de toda la gente que me rodea, sean pacientes, alumnas, amigos, familia…


                                                        

                                                                      Dr. Félix Martín Santos



      BIBLIOGRAFÍA


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      2. Rovio, S., Kareholt, I., Viitanen, M., Winblad, B.,Tuomilehto, J., Soininen, H.,  Kivipelto, M. (2007). Work related physical activity and the risk of dementia and alzheimer's disease. International   Journal of Geriatric Psychiatry, 22, 874-882. doi:10.1002/gps.1755


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