Ascendiendo por el Camino de San Olav en pos de las cumbres del Cerro del Penuquillo y del Asentado

El ancestral Camino de San Olav noruego tiene un joven hermano castellano, que recorre el legendario Alfoz de Lara para, en su tramo final, atravesar la dehesa de Mambrillas de Lara en pos de la ermita de San Olav, construida recientemente en un paraje de Covarrubias, el Valle de los Lobos, con el propósito de que la promesa dada por un infante castellano, don Felipe, a su esposa, la princesa Cristina de Noruega, pueda, por fin, cumplirse.

En este artículo, continuación del anterior, sólo describiremos la parte del Camino de San Olav que remonta la dehesa de Mambrillas de Lara hasta encumbrar la ladera norte de la Sierra de las Mamblas, dado que aún tenemos que completar el recorrido de este emblemático bosque caducifolio, dominado por el marcescente quejigo, así como subir a las cumbres de los montes entre los que se extiende esta singular dehesa.


Dehesa de Mambrillas de Lara: Hojas marcescentes del quejigo (10-02-2018)


Vamos a empezar este contenido explicando el emblema del Camino de San Olav y el motivo por el que recientemente se ha creado esta variante castellana del mismo.


Símbolo del Camino de San Olav


EMBLEMA DEL CAMINO DE SAN OLAV


Este emblema está constituido por una cruz roja o de gules con los cuatro lados de igual longitud, rematados en tres puntas como triángulos de cóncavos lados, englobados por símbolos del infinito enlazados, que nos hablan de la lealtad, de la familia y de la eternidad.


Estamos describiendo el emblema de un ancestral camino de peregrinaje, el que discurre entre Oslo y Trondheim en memoria de Olaf II de Noruega uOlaf Haraldson, el rey que consiguió cristianizar Noruega, cuyo culto empezó poco después de morir en 1030 en la batalla de Stiklestad. Este camino noruego (Pilegrimsleden) de 650 km que concluye en la catedral deNidaros, donde está la tumba de este santo, tiene en tierras burgalesas una cierta continuación. Veámoslo en las siguientes líneas.


¿Cómo y por qué surgió el Camino de San Olav en España?


Todo empezó con el descubrimiento en 1958 del cadáver momificado de la princesa Cristina de Noruega, dentro de un sarcófago de la Colegiata de San Cosme y San Damián, en Covarrubias, donde le dio cristiana sepultura, en 1262, su marido, el infante don Felipe de Castilla, hermano del rey Alfonso X. Veinte años más tarde, en abril de 1978, se le rindió un homenaje en la colegiata de Covarrubias, al que asistieron diversas personalidades noruegas y la banda municipal de la ciudad natal de la princesa, Tønsberg. Más tarde, los contactos entre el gobierno noruego y la villa de Covarrubias, fructificaron con la creación de la Fundación Princesa Kristina de Noruega, la cual contribuyó decisivamente, junto al Ayuntamiento de Covarrubias, para que se cumpliera la promesa del infante don Felipe a su esposa: la construcción de una ermita a San Olav en Covarrubias, como mencionamos anteriormente.


Al cabo de unos 750 años, por fin, pudo inaugurarse una ermita dedicada a San Olav, el 17 de septiembre de 2011, en el Valle de los Lobos del término municipal de Covarrubias.


A continuación, la Asociación para el Desarrollo de la Tierra de Lara tuvo la feliz idea de crear el Camino de San Olav, con objeto de contribuir a la difusión de la ermita citada. Se trata de una ruta de 60 kilómetros que se inicia en la plaza del rey San Fernando, enfrente de la Catedral de Burgos, y discurre por numerosos pueblos y parajes del legendario Alfoz de Lara, para concluir en la ermita de San Olav.


Considero crucial enfatizar la extraordinaria calidad de los valores artísticos, naturales y humanos de este Camino de San Olav, tanta como para animar a emprenderlo a todo ciudadano que desee incrementar su salud en su triple dimensión. 


Precisamente, la dehesa de Mambrillas de Lara es atravesada en parte por este Camino de peregrinaje, como ya apuntábamos en el artículo precedente, mientras describíamos el primer kilómetro de la ruta.


Ahora, prosigamos con el contenido del actual artículo, justamente en el mismo sitio en el que concluyó el precedente, no muy lejos del sitio en el que conversamos con Andrés, posiblemente uno de los últimos pastores castellanos, y tras ascender entre quejigos con rostro humano, merced a un proyecto de Enrique del Rivero, prestigioso naturalista y fotógrafo burgalés, que recibió el nombre de Bosque Enraizado.


EL CAMINO DE SAN OLAV NOS CONDUCE A FUENTE LOS CAÑOS


Cuando llevamos recorrido en torno a un kilómetro por esta dehesa de Mambrillas de Lara, nos toparemos con una nueva bifurcación, en donde una mata de heléboro (Helleborus foetidus) y una nueva señal con una cruz roja dentro de un símbolo del infinito nos señalan que debemos continuar por la derecha.


Dehesa de Mambrillas de Lara: Emblema del Camino de San Olav junto a una mata de heléboro, próxima a Fuente los Caños


De esta suerte, tras andar entre avellanos una cincuentena de metros, veremos un pequeño ramal, a nuestra derecha, que en diez pasos nos conduce a Fuente los Caños. Observaremos cómo el agua brota de la tierra, entre pequeñas rocas, fluyendo con parsimonia ladera abajo. Antaño, hace más de una década, un poderoso roble vigilaba este manantial; hogaño, son avellanos los que lo resguardan. En la quietud de esta umbría tenuemente rota por el murmullo del agua y el canto de mirlos y petirrojos, no es raro escuchar la ladra del corzo.


Fuente los Caños: Dehesa de Mambrillas.


La primera vez que oí el nombre de este venero fue hace más de veinte años, conversando con una paciente mía, Rosario, natural de Mambrillas, que con nostalgia solía decirme: “En la parte alta de la dehesa de mi pueblo hay un manantial, Fuente los Caños, de agua rica y pura. Un poco más arriba, enfrente de él, cogíamos hayucos y avellanas; en otras partes cogíamos serbas”.


Bien se acordaba Rosario de la existencia de dos grandes hayas (Fagus sylvatica) que se yerguen entre los quejigos, rodeadas de varas de avellano, unos metros más arriba de esta fontana. Un poco más a la derecha, ladera arriba, surge otra.


Hayas en la dehesa de Mambrillas de Lara, cerca de Fuente los Caños (18-05-2017)


Hayas en la dehesa de Mambrillas de Lara (02/11/2017)


En abril de 2017 me llamó la atención la presencia de un gran hormiguero a los pies de un gran tronco de quejigo, muy próximo a las citadas hayas, a la derecha del camino, que junto a la floración de múltiples barbaleñas aumentaban la belleza del paraje, que no se apaga meses más tarde (julio) cuando fructifican en forma de drupas, inicialmente de color verde, para luego tornarse rojas y finalmente negras. Incluso en pleno invierno, con la nieve como protagonista, este paraje sigue conservando su singularidad, su contagiosa quietud, que me estimulan tanto como me relajan.  


Dehesa de Mambrillas de Lara: Hormiguero junto al tronco de un quejigo. Al fondo, las hayas. (22-04-2017)


Dehesa de Mambrillas de Lara: Montaña de hormigas y leña descompuesta junto al tronco de un quejigo (10-02-2018)


Barbaleña en el área de las hayas. Dehesa Mambrillas de Lara. 22-04-2017


Dehesa de Mambrillas de Lara: Fructificación de la barbaleña (18-07-2017)


Todavía sigo disfrutando con la compañía de Rosario, cuando la veo en la consulta, que, aunque nonagenaria, sigue conservando una notable lucidez. Suscitar el tema de su pueblo y de su dehesa es motivo de placer para ambos. ¡Cuántas anécdotas y vivencias atesora!


“Cuando era niña, solíamos atravesar toda la dehesa, pasando junto a Fuente los Caños, para llegar a un alto de la sierra, desde donde descendíamos por veredas y senderos hasta la plaza de Covarrubias, con la idea de intercambiar nuestros productos, los días de mercado”, aún me refiere esta entrañable mujer, jamollera de pro, aunque lleva décadas sin pisar su terruño.


ASCENSO HASTA EL ALTO ENTRE EL SOMO Y EL ASENTADO, SIGUIENDO EL CAMINO DE SAN OLAV


Después de visitar las hayas, ascenderemos para remontar el kilómetro que queda hasta el paso de montaña, que antaño utilizaban los jamolleros para ir a Covarrubias a mercadear y que ahora forma parte del flamante Camino de San Olav. Para ello hay que subir por un camino de piso mullido en su mitad inicial y netamente pedregoso en su parte final, cuya pendiente va lentamente aumentando, también durante su primera parte, aliviada con leves descensos, para acentuarse relevantemente a medida que avanzamos, sobre todo, en el tercio final del mismo.


Mientras tanto, seguiremos disfrutando, durante los dos tercios iniciales, con la contemplación de centenarios quejigos, sobre todo a nuestra izquierda, junto a la ladera del Asentado, en tanto que, a nuestra derecha, observaremos de tramo en tramo la majestuosidad de esta Tierra de Lara.


Al poco de sobrepasar los primeros quinientos metros de este ascenso, apreciaremos un camino, a nuestra derecha, donde, justo a ese nivel, puede verse una nueva señal del Camino de San Olav, a fin de indicarnos que debemos seguir por el que llevamos un rato hollando y no desviarnos por el de nuestra diestra, dado que éste nos descendería hasta Mambrillas. En todo caso, podríamos pararnos unos momentos para gozar con la visión de Peñalara y el Picón de Lara, que se torna más nítida una centena de metros más arriba. Aunque no tanto como la que podemos contemplar al encumbrar este pequeño paso de montaña, entre el Pico Asentado, a nuestra derecha, y el Somo, a nuestra izquierda. Enfrente, mirando al sur, volveremos a ver el emblema del Camino de San Olav, indicándonos el camino que debemos seguir para llegar al Valle de los Lobos y, por tanto, a la ermita de este santo noruego.


Describamos brevemente la panorámica observada desde este alto, mirando al norte, hacia nuestra querida Tierra de Lara. Digo brevemente, porque, luego, volveremos a disfrutar de ella, con más grandiosidad, desde las cumbres del Asentado, primero; del Cerro de la Cueva, después.


De izquierda a derecha, de noroeste a noreste, veremos lo siguiente: Peñalara, encima de Quintanilla de las Viñas, con su iglesia visigótica; El Picón de Lara, cuna de Fernán González, próximo a Lara de los Infantes; Mambrillas de Lara; las cumbres de la Sierra de la Demanda, en lontananza, entre otros hitos.


Panorámica desde el alto entre el Asentado y el Somo: Peñalara, el Picón de Lara, las Cumbres de la Demanda en lontananza...  18-05-2017


Visíon de Mambrillas de Lara nada más remontar la dehesa homónima, con su gran sabinar a sus espaldas, al norte (18-05-2017).


Emblema del Camino de San Olav situado tras sobrepasar la dehesa de Mambrillas de Lara, indicándonos el camino a seguir hasta la ermita homónima, atravesando la Sierra de las Mamblas entre sabinas y encinas.


ASCENSO HASTA LAS CUMBRES DEL ASENTDO Y DEL CERRO DE LA CUEVA


Si en vez de continuar por el Camino de San Olav hasta el Valle de los Lobos rachel, decidimos ascender, por nuestra izquierda, a las cumbres del Asentado y del Cerro de la Cueva, que por su falda septentrional arropan la dehesa de Mambrillas, observaremos cómo, curiosamente, el trayecto se divide equitativamente en trechos de medio kilómetro, hasta completar el kilómetro y medio que hay hasta la cumbre del Cerro de la Cueva.


De esta guisa, ascenderemos medio kilómetro hasta encumbrar el Asentado; durante los siguientes quinientos metros deberemos mimar nuestras rodillas, mientras lo descendemos por su falda oriental; finalmente, serán nuestros cuádriceps los que deberán llevar la voz cantante mientras ascendemos la vertiente occidental del Cerro de la Cueva, en un tramo zigzagueante de relevante pendiente. En todo momento, nuestros  acompañantes habituales serán las sabinas, sobre todo, a nuestra derecha, y la panorámica de la Tierra de Lara, a nuestra izquierda.


Panorámica desde la cumbre del Asentado (1232 m.): Destacan, mirando al este, el Cerro de la Cueva, la dehesa de Mambrillas en la falda septentrional de ambos montes y el Guijarrón del Gayubar. (18-05-2017)


Cuando encumbro el Asentado (1232 metros), suelo disfrutar con una soberbia vista del cercano Cerro de la Cueva, con la frondosidad arbórea de la dehesa de Mambrillas, desplegándose por la ladera septentrional de ambos montes, así como con la curiosa forma del Guijarrón del Gayugar, que parece descolgarse sobre el vecino Cascajares.


A veces, desde estas cumbres, efectúo fotografías de Mambrillas,incrementando los aumentos de la cámara (Lumix Panasonic 20/50), con objeto de obtener una imagen de este pueblo, que goza de esta singular dehesa y de un notable sabinar, en dirección a Campolara. Además, por si fuera poco, dispone de notables yacimientos de la era Secundaria, con huellas de diversas especies de dinosaurios.


Caserío de Mambrillas de Lara, desde la cumbre del Asentado. 18-05-2017


Panorámica de la cumbre del Asentado, mirando al norte: en primer término, Mambrillas, por detrás y a su derecha, Lara de los Infantes.


PANORÁMICA DESDE LA CUMBRE DEL CERRO DE LA CUEVA


Al llegar a la cumbre del Cerro de la Cueva (1.278 metros), observaremos sobre su mole caliza la placa de homenaje a David García Alonso, alcalde de este pueblo que falleció prematuramente a los 31 años, cuando en su cabeza bullían proyectos para engrandecer su querido pueblo, aún más de los que ya había desarrollado. El lema es sencillo y emotivo: “David García Alonso (10-04-1978 / 06-08-2009). Un hombre, un pueblo. Los jamolleros no te olvidamos”.


Homenaje a David García, desaparecido alcalde de Mambrillas de Lara, en la cumbre del Cerro de la Cueva.


Una sabina seca, todavía enhiesta, es testigo del recuerdo de este querido alcalde.


Cumbre del Cerro de la Cueva, mirando al norte.


Desde esta cumbre, por cualquiera de los puntos cardinales que miremos, la panorámica es esplendorosa. Veámoslo en las siguientes líneas.


Si miramos de frente, hacia el norte, de izquierda a derecha (de NO a NE), disfrutaremos con una nueva panorámica de la Tierra de Lara: Peñalara, Quintanilla de las Villas, a sus pies; el Picón de Lara, a la izquierda de Lara de los Infantes; Mambrillas de Lara, más próximo a nosotros; en lontananza, el telón de las cumbres de la Sierra de la Demanda.


Si miramos al oeste, a nuestra izquierda, veremos la cumbre del cercano pico del Asentado, el Somo, Peña Alta, Covatero y la Muela.


Sierra de las Mamblas: Panorámica desde la cumbre del Pico del Cerro, mirando al oeste, donde destaca la mole de la Muela, que amilana a las cimas del Asentado y de Covatero. (28-10-2017)


Panorámica desde la cumbre del Cerro de la Cueva, mirando al este: El cerro de San Cristobal (1244 m.) con la dehesa de Hortigüela surcando su ladera septentrional; las curiosas formas del sinclinal colgado del Gayubar; cumbres de la Sierra de la Demanda, en lontananza. 18-05-2017


Cuando desviamos nuestra vista al este, gozaremos con la contemplación del próximo pico de San Cristobal, a cuyos pies se encuentra Hortigüela, con su buena dehesa de fresnos (en la hondonada) y quejigos, así como con la mole del sinclinal colgado de la Sierra del Gayubar, formando parte todos ellos de la orla mesozoica previa a la Sierra de la Demanda, parte de cuyas cumbres se aprecian en lontananza.


Visión desde la cumbre del Cerro de la Cueva, mirando al sur: la Sierra del Gayubar, con su cortado rocoso formando parte del cañón del Arlanza; la Peña Carazo y el Alto San Carlos, más en lontananza. 18-05-2017


Si decidiéramos mirar al sur, veríamos de izquierda a derecha, la Peña Carazo (1458 m.) y el Alto San Carlos (1454 metros de altura), separados por el collado (SE); más próximos a nosotros, el cortado rocoso del Gayubar, en cuyas paredes crían numerosas parejas de buitre leonado, una o dos de alimoches, halcón peregrino, búhos reales, entre otras rapaces; los montes cubiertos de sabinas de Retuerta, por encima de los cuales sobresalen los picos de la Sierra de Tejeda y de Peña Cervera, con el pico Valdosa, sobresaliendo.


ALEGRE ENCUENTRO EN EL DESCENSO: CONVERSACIÓN CON ANDRÉS, EL PASTOR DEL REBAÑO DE MAMBRILLAS


Después de engrandecer nuestra salud con panorámicas tan singulares, es hora de regresar a la dehesa de Mambrillas para completar su descripción.


Para ello, deberemos efectuar el camino en sentido contrario. De esta forma, descenderemos por la ladera occidental del Cerro de la Cueva, para, luego, ascender la ladera oriental del pico del Asentado. Finalmente, sólo nos quedará descender la falda oeste del Asentado para llegar al punto de partida, el punto de la superficie existente entre el Asentado y el Somo por el que desembocamos al remontar la dehesa de Mambrillas, siguiendo el Camino de San Olav.


Llegado este momento, no puedo dejar de recordar la conversación que tuve a mediados de mayo del 2017 con Andrés, que por entonces aún seguía pastoreando el rebaño de Mambrillas.


Así, cuando estaba en la parte final del descenso del Asentado, observé el rebaño de este entrañable pastor y, sobre todo, a sus dos perros que sin ladrar se me aproximaron sigilosamente, tanto como para que sintiera cierto temor. En principio, dudé de si tal acercamiento era por reconocerme tras varias conversaciones con su dueño, o si simplemente intentaban defender su rebaño de intrusos y advenedizos. Me incliné por lo segundo, al acordarme de las enseñanzas de mi querido tío Marcial: “Hijo, cuando se te acerque un perro, ten más temor del que no ladra que del que te quiere atemorizar con ladridos, pues es más probable que sea el primero el que te muerda”.


Sierra de las Mamblas: Andrés con su rebaño de churras en la ladera del Asentado


Mientras runruneaban esas palabras en mi mollera, escudriñaba el ambiente en pos de mi salvador, pues los cánidos seguían acechándome, sin dejar de mostrarme el colmillo, a pesar de mi cortesía: “Tranquilo, majo”, “quieta, bonita”, les decía al negro y a la blanca, respectivamente. Menos mal, que nada más saludar a Andrés, que salió entre las sabinas, los  perros se calmaron y fueron a su regazo.


Durante este encuentro con Andrés me llamó la atención la destreza de los perros para mantener unido el rebaño, evitando alejamientos de algunas ovejas. Así, en un momento en que varias churras se alejaban del conjunto, aproximándose al precipicio, escuché las convincentes palabras de este entrañable pastor: “Moro, Zagala, traédmelas ya”. Nada más oírlas, los dos perros salieron disparados en pos de las descarriadas, para inmediatamente llevarlas junto al resto. Honestamente, tal pericia me pareció sorprendente y un tanto espectacular. Digno de presenciar.


Cuando le felicité por la calidad de sus perros, él me contestó con un lema particular que debía de tener muy asumido: “El buen pastor hace al buen perro y el buen perro hace al buen pastor”.


Después de contarme que sus padres también fueron pastores y otras simpáticas anécdotas como que tenía tanto miedo a las pulgas como el que suscribe, dado que a pesar de estar rodeado de ellas aún no se había inmunizado, observé que se alarmaba al ver cómo nos sobrevolaban varios buitres leonados.


Andrés, señalando hacia el norte, hacia la dehesa de Mambrillas, donde una oveja de su rebaño acaba de parir un cordero (18-05-2017).


--¡Rediós, tengo ahí abajo una oveja parida, a ver si me han comido el corderito!


--¡Vaya, qué cosa más rara! Si los buitres sólo comen carroña —le respondo, un tanto sorprendido por su temor, que yo creía infundado.


--¡Qué! Hace cinco años, los buitres me mataron dos corderos recién nacidos. Cuando llegué ya los tenían medio comidos.


-- Pero, ¿llegó usted a verlos en plena faena?


--¡Claro! Pero si les vi encima de ellos y, aunque empecé a echarlos, ya era tarde. Y no se los comieron del todo, porque la Zagalita, la hija de ésta —me señala a su perra- fue y los asustó. Qué pena, que un tiempo más tarde, me la mató un coche, porque era tremenda de buena —recuerda con nostalgia a la hija de Zagala.


     No dando crédito a sus palabras, seguí insistiendo en la bondad de los buitres.


--Pues parece difícil, Andrés, que los buitres puedan matar, pues carecen de garras adecuadas y de la destreza de otras rapaces como las águilas o halcones. Lo suyo es la carroña, para lo que están especializados.


--Ya, lo que usted diga, pero como tengan hambre se comen fácilmente a los recién nacidos, porque, luego, cuando el cordero ha mamado y anda, no hay cuidado. Pero, ahora, que acaban de nacer, yo tengo miedo.


Parece que Andrés no es el único pastor que tiene experiencias negativas con los buitres leonados. Supongo que tales desatinos de la naturaleza proceden de la época en la que se prohibió a los ganaderos echar animales muertos en muladares, a consecuencia del problema del “mal de las vacas locas”, o encefalopatía espongiforme bovina, lo que redujo notablemente las fuentes nutritivas de nuestras carroñeras. Muchas pasaron tanta hambre como para atreverse alguna a ir en contra de su propia naturaleza.


Lamentablemente, casi siempre es el hombre el que altera y deteriora los ecosistemas, dado su  despiadado afán por producir y aumentar sus ganancias sin importarle agredir al entorno que lo rodea. En aquella época, querían convertir a los rumiantes bovinos en auténticos carnívoros, pues les daban piensos elaborados con proteínas animales, las procedentes del tejido cerebral de ganado ovino.     


REGRESO A FUENTE LOS CAÑOS PARA CONTINUAR POR LA DEHESA EN POS DEL MUÉRDAGO, DE MOSTAJOS Y DE UN BOSQUETE DE HAYAS


Después de gozar conversando con Andrés, bueno será regresar a Fuente los Caños y, luego, hasta la bifurcación donde está la señal con el emblema del Camino de San Olav, para desde aquí ascender por nuestra derecha y, así, seguir recorriendo esta emblemática dehesa.


Nada más escuchar el rumor de Fuente los Caños, veremos el emblema citado para deambular por el camino opuesto. De este modo, enseguida, parece saludarnos una planta medicinal y mágica: el muérdago (Viscum album), parasitando un arce, a nuestra derecha (grandes matojos aéreos), y un manzano bravío, a nuestra izquierda.


Muérdago parasitando un arce en la dehesa de Mambrillas de Lara. 02-05-2017


Desde la más remota antigüedad se creía que besarse debajo de un árbol con muérdago hacía avivar el fuego del amor. Por ello forma parte de nuestras tradiciones besar a la pareja bajo un ramo de muérdago, suspendido del dintel de una puerta, sobre todo en Navidad, a fin de nunca separarse de ser tan querido. Además, se le atribuyen propiedades medicinales, como la de fortalecer el sistema inmune, por lo que se ha utilizado en terapia alternativa o complementaria a pacientes oncológicos, con objeto de paliar los efectos secundarios de la quimioterapia.


Muérdago parasitando un arce en la dehesa de Mambrillas de Lara. 02-05-2017


Dehesa de Mambrillas de Lara: Fruto del muérdago (28-10-2017).


En nuestra dehesa aparece, a partir de este punto del camino, parasitando a unos cuantos árboles, sobre todo, arces, donde podremos ver su tronco corto, del que salen múltiples ramas de color verde amarillento, con hojas lanceoladas y coriáceas, también verdes, flores masculinas y femeninas, que dan una pequeña baya blanca y translúcida.


Después de estas líneas dedicadas al muérdago, proseguiremos nuestro recorrido por esta singular dehesa. Lo que nos permitirá disfrutar, durante un tramo levemente ascendente de algo menos de medio kilómetro (440 metros), con la contemplación de numerosos avellanos, a la sombra de los quejigos, con bastantes ejemplares de mostajos (Sorbus aria) y, sobre todo, con un pequeño hayedo, en la zona más umbría, a nuestra derecha, que nos invitan a acercarnos para apreciar sus detalles, para lo cual sólo hay que subir unos metros, entre avellanos y quejigos. Primero describiremos los mostajos para, luego, dedicar un tiempo a las hayas.


Quejigos junto a avellanos (a la derecha): Dehesa de Mambrillas. (02-05-2017)


 Dehesa de Mambrillas de Lara: Floración invernal del avellano con sus amentos masculinos. (10-02-2018)


Mostajo destacando por delante de centenarios quejigos: Dehesa de Mambrillas. 02-05-2017


De esta forma, podremos ver que los mostajos son unos árboles (de 8 a 20 m.), con un tronco de corteza lisa y grisácea, de cuyas ramas surgen unas hojas ovaladas, aserradas, con un haz sin pelos (glabro), en tanto que el envés exhibe numerosos pelos que se doblan como una maraña (tomento), que le da un aspecto blanco algodonoso. Si los visitamos en mayo podremos ver su floración, constituida por unas flores reunidas en corimbo (aunque salen a distintos niveles, llegan todas a la misma altura), con una corola de 5 pétalos blancos, que acogen a numerosos estambres. Los frutos, de forma globosa ovoide (pomo de 6 a 15 mm de diámetro), maduran al principio del otoño, adquiriendo un color naranja-rojizo. Por aquí y por otros lugares se les conoce con el nombre de serbas, las cuales poseen una pulpa dulce, algo ácida y harinosa. Rosario, mi querida paciente, recolectó con frecuencia serbas de esta dehesa, en su remota infancia, según me ha referido alguna vez.


Dehesa de Mambrillas: Floración del mostajo (02-05-2017)


La presencia de mostajos en esta dehesa aumenta la singularidad de la misma, pues es un árbol raro de ver.


ÁRBOL SINGULAR SECO: EL QUEJIGO-MOSTAJO DE LA DEHESA DE MAMBRILLAS DE LARA


Aunque para mí, el árbol más emblemático de esta dehesa era un colosal quejigo, cuyo gran perímetro indicaba una edad superior a los 500 años, de cuya palma, esto es, de la parte superior del tronco, desde donde salían sus grandes ramas, emergían vigorosas ramas de mostajo. ¡Dios! Doy fe de que era una especie de injerto de mostajo sobre un viejo quejigo. Empleo un tiempo verbal en pasado, el pretérito imperfecto, porque cuando, después de varios años sin visitarlo, volví a hacerlo durante la primavera de 2017, me disgusté ostensiblemente al comprobar cómo ambos se habían secado. Sin embargo, lo que aún permanecía adherido al tronco del quejigo era la efigie de un venerable autóctono de esta tierra.


Árbol singular: El quejigo-mostajo de la dehesa de Mambrillas de Lara (16-05-2017)


Árbol singular: El  mostajo-quejigo de la dehesa de Mambrillas de Lara (10-02-2018)


Árbol singular de la dehesa de Mambrillas de Lara: el quejigo-mostajo (18-05-2017)


Dehesa de Mambrillas de Lara: Ramas de mostajo saliendo del centenario quejigo (18-05-2017)


SORPRENDENTE HAYEDO EN LA UMBRÍA, RODEADO DE QUEJIGOS


Las hayas que vimos cerca de fuente los Caños no son las únicas de este dehesa, pues, al poco de sobrepasar los arces parasitados por muérdago, basta con introducirse una cincuentena de metros entre quejigos, avellanos y algún mostajo para sorprendernos con la visión del tronco liso, gris ceniciento, de unas dos docenas de hayas, con predominio de los ejemplares jóvenes sobre los viejos y de buen porte.


Siempre que visito un hayedo o, como aquí, una buena agrupación de hayas me suele impresionar la poca vegetación que hay a su sombra. Entiendo que es por la gran frondosidad de sus hojas ovaladas que característicamente se disponen casi horizontalmente con objeto de captar la mayor cantidad de radiación solar, en detrimento del sistema herbáceo y arbustivo subyacente, que a duras penas logra aparecer.


Dehesa de Mambrillas de Lara: pequeño hayedo. 18-05-2017


Dehesa de Mambrillas de Lara: Hayas con su fina corteza lisa gris ceniciento.


Debe de tratarse de un área donde la humedad y la lluvia son más intensas, dada la gran transpiración a la que se ven sometidas las hayas, facilitada por su corteza lisa que deja pasar fácilmente el vapor de agua. Sin embargo, otras fagáceas, como los robles y encinas, tienen cortezas más gruesas, con objeto de retener la escasa agua que reciben en los ecosistemas más secos o xerófilos en los que suelen desarrollarse. 


Esta diversidad arbórea, con árboles netamente caducifolios que requieren mucha humedad como las hayas, arces, mostajos y avellanos, alternando con centenarios quejigos, los robles que aguantan más la sequía, ayudan a entender la singularidad y excepcionalidad de la dehesa de Mambrillas de Lara. 


REMANSO DE PAZ Y DE BUENA PANORÁMICA, SENTADO ENTRE QUEJIGOS


Después de visitar este hayedo y regresar al camino principal, suelo recorrer poco más de una centena de metros para volver a salir del mismo, por la izquierda, a fin de adentrarme un corto tramo en el quejigar y, luego, sentarme a la sombra de uno de estos notables robles, donde, rodeado de jaras y algún avellano, tengo una nítida panorámica de Peñalara, Mambrillas de Lara, el Picón de Lara y de la vecina Lara de los Infantes.De esta suerte, desde hace dos décadas dejo que me invada la quietud del paraje al tiempo que mi mente evoca las proezas de Fernán González, mientras contemplo los restos del castillo en el que doña Muniadona de Lara alumbró a este héroe castellano.


Dehesa de Mambrillas de Lara: A la sombra de quejigos contemplo la parte más legendaria de la Tierra de Lara, con el Picón de Lara incluido.


Dehesa de Mambrillas de Lara: Mambrillas de Lara, el Picón de Lara y Lara de los Infantes, observados entre avellanos y quejigos. 18-05-2017


Remontando la cuesta aparece un árbol singular: haya centenaria mostrando sus raíces


Después de enriquecer la salud en tan bucólico paraje, proseguiremos la marcha por este camino para encontrarnos con otra verdadera maravilla, poco después de haber sobrepasado el singular árbol, que he dado por llamar quejigo-mostajo.


Efectivamente, cuando estamos a punto de remontar este tramo de algo menos de medio kilómetro, en el que hemos visto arces parasitados por muérdago, un pequeño hayedo, mostajos y múltiples avellanos, conviene salir del camino, por nuestra derecha, a fin de contemplar un haya de gran porte que deja ver sus raíces desnudas por la ladera. Espero que las fotos que aporto sirvan para reflejar parte de la belleza que atesora.


Dehesa de Mambrillas de Lara: Haya con sus raíces desnudas. 18-05-2017


Dehesa de Mambrillas de Lara: Haya de gran porte mostrando sus serpeantes raíces sobre la ladera.18-05-2017


Durante este tramo ascendente no dejan de aparecer buenos ejemplares de barbaleña, así como aulagas con sus primaverales flores amarillas y bastantes ejemplares de heléboro.


Dos grandes quejigos, orlando el camino al final de la cuesta. Dehesa de Mambrillas (02-05-2017)


Cuando estamos remontando la cuesta, observaremos dos notables quejigos, uno a cada lado del camino, que parecen saludarnos al llegar a su nivel. Ahora, el camino vuelve a descender.


SALIENDO DE LA DEHESA MIENTRAS CONTEMPLAMOS LA CUMBRE DEL CERRO DE LA CUEVA


Efectivamente, el corto tramo que nos queda (330 metros) hasta salir de la dehesa es netamente descendente por un lecho predominantemente pedregoso, enmarcado por los omnipresentes quejigos y algunas áreas de avellano. Como ahora estamos caminando paralelos a la falda norte del Cerro de la Cueva, podremos ver, al poco de descender, su cumbre, donde sobresale la vieja y seca sabina, frecuentemente sobrevolada por los buitres leonados.


Dehesa de Mambrillas de Lara: Vista de la cumbre del Cerro del Pico y de un buitre leonado sobrevolándola, según recorremos el camino por la parte inferior de su falda norte.


Cuando nos quedan escasos metros para salir de la dehesa, dos colosales quejigos parecen despedirnos, no antes sin enmarcar un fondo en el que se aprecia la silueta del Guijarrón, parte prominente del Gayubar.


Dehesa de Mambrillas de Lara: Dos centenarios quejigos nos despiden por el sector oriental de la misma.


Durante este tramo (770 metros de camino), no compartido con el Camino de San Olav, hemos recorrido la dehesa de oeste a este hasta salir de la misma en un punto en el que vuelve a bifurcarse el camino.


Si optáramos por el ramal de la derecha llegaríamos, tras atravesar una parte más seca, donde la sabina es la dueña del paisaje, a la dehesa de lavecina Hortigüela, donde también pueden verse centenarios quejigos y buenos ejemplares de fresnos en su parte más declive, aunque su variedad arbórea es netamente menor. Sin embargo,  en este caso, nosotros descenderemos por el camino de la izquierda, como a continuación describiremos.


BORDEANDO LA DEHESA POR UN CAMINO DESCENDENTE Y CIRCULAR HASTA LLEGAR AL CAMINO DE SAN OLAV


Como acabamos de decir, proseguiremos nuestro recorrido por el camino de izquierda, a fin de descender durante un tramo de un kilómetro, inicialmente, mirando al norte, entre sabinas, a la derecha, y el quejigar de la dehesa, a nuestra izquierda, para luego ir hacia el oeste en un tramo circular, que de trecho en trecho nos permite ver la falda norte del Cerro de la cueva.


Cuando hemos completado este primer kilómetro bordeando la dehesa, veremos un pequeño arroyo, surcado por múltiples carrizos y procedente del quejigar, atravesando el camino por debajo del mismo (puente oculto a nivel del camino) en dirección a Mambrillas. Luego, tras avanzar escasos metros, veremos, a nuestra izquierda, un camino que asciende por la dehesa para conectar, tras algo menos de medio kilómetro de recorrido, con el camino de San Olav, poco después de dejar a nuestra derecha una campa en la que se enseñorea un gran quejigo con su tronco desgajado, pero pleno de vitalidad. Menciono este paraje y este entrañable quejigo porque fueron muchas las veces que me senté a la sombra del mismo, para abstraerme mientras contemplaba la frondosidad de esta dehesa, desplegada entre el Cerro de la Cueva, muy nítida su cumbre desde aquí, y el Asentado. Con frecuencia, acompañado de mi querido padre; otras veces, con mis hijas y mujer; en ocasiones, con la única compañía de los petirrojos, pinzones y currucas que con sus trinos alegraban el ambiente. Además, en primavera no es raro ver al macho de la bellísima oropéndola, con su cuerpo amarillo dorado contrastando con sus negras alas, que no deja de marcar su territorio con su distintivo trino: “tiri-oliuuu, tiri-oliuuu.”


Dehesa de Mambrillas: Quejigo con tronco desgajado, mas con plena vitalidad.


Dehesa de Mambrillas de Lara: Quejigo desgajado, en cuyo tronco me apoyaba, sentado, junto a mi padre. (10-02-2018)



ÚLTIMO MEDIO KILÓMETRO DE RECORRIDO HASTA LLEGAR AL PUNTO DE PARTIDA


Después de disfrutar en el paraje anterior, volveremos a descender al camino principal, a fin de recorrer el último tramo, llaneando durante medio kilómetro, rodeados de estepas, bastantes ejemplares de rebollo o melojo (Quercus pyrenaica) y algunos fresnos de buen porte, hasta llegar al punto de partida: el marcado por una señal del Camino de San Olav, que nos anuncia el camino que debemos seguir durante los siguientes dos kilómetros, atravesando la dehesa, hasta llegar al alto entre el Cerro de la Cueva y el Asentado, ampliamente descrito en este artículo y en el precedente.


En otro futuro artículo describiremos la ruta entre esta dehesa y la ermita de San Olav, que  sigue el antiguo camino que utilizaban los habitantes de Mambrillas de Lara (Jamolleros) para llegar a Covarrubias, tras atravesar la Sierra de las Mamblas, cuando se celebraba Mercado en esta última villa. De esta suerte, podían intercambiar sus productos con los naturales de Covarrubias (racheles) y con los de otros pueblos limítrofes.



Dr. Félix Martín Santos




 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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