Ascensión al Hueco por el bosque de la Honfría: Sierra de las Quilamas

Linares de Riofrío, pueblo de mis ancestros maternos, está enclavado en la comarca de la Sierra de Francia-Quilamas, al sur de la provincia de Salamanca. Mucha gente lo llama "el Portal de la Sierra". 

Con sus 960 metros de altitud, se encarama en la falda norte de la Sierra Chica, por debajo de las Peñas del Agua. Dispone de una notable iglesia, parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, con un ábside románico, con su capilla mayor cubierta por un gran artesonado mudéjar y su sobresaliente retablo del Siglo XVI; y conserva una muestra de su patrimonio arquitectónico popular, con sus casas de piedra: mampostería y sillería, sus balconadas de madera de castaño… Sin embargo, lo que le hace único, motivo de admiración de propios y extraños, es su bellísimo entorno paisajístico, con el legendario  bosque de la Honfría. Lo considero tan singular y reconfortante como la hospitalidad y bonhomía de su gente. 


A lo largo de mi vida, desde mi más tierna infancia hasta mi adultez media actual, no he dejado de recorrer estos parajes. Recuerdo de niño subir con mi querido tío Marcial hasta la fuente de la Honfría, pasando antes por la fuente del Cerezo y, luego, por la del Chapatal, mientras me enseñaba a distinguir el plumaje y el canto de numerosos pájaros; de la ascensión con el bueno del señor Higinio hasta las inmediaciones de la Peña del Guarro, donde me contaba la estratagema de la que se valió para coger los huevos del nido de ese córvido; de cuando, yendo al trote en un burro del noble Juan, topé con mi culo sobre una mullida boñiga, y de mis cuitas para que mi tía no se enterara a pesar de llevar la huella del bóvido en la camisa y en el pantalón. En fin, de muchas subidas por el castañar con familiares y gente amiga de este querido pueblo.


Ya de adulto, recuerdo mis desvelos para que mi sagaz y perspicaz hija menor, Isabel, aprendiera a identificar plantas medicinales de sonoros nombres: milenrama, hipérico, dedalera, aguileña, etc. Así como las numerosas veces que subíamos corriendo en compañía de su hermana, María, hasta la fuente de la Honfría.


Cuando en momentos de flaqueza me pregunto qué me impulsa a subir tantas veces corriendo (jogging) al mítico Hueco, reflexiono y pronto encuentro la respuesta: tanto mientras corro como cuando concluyo el esfuerzo me siento estimulado, relajado y profundamente feliz. Efectivamente, son tantos los beneficios para la salud mental conseguidos con el esfuerzo físico aeróbico como los obtenidos por la contemplación de la belleza de estos parajes, con una variada fauna y un notable estrato arbustivo y herbáceo adornando a la gran masa arbórea.


Si partimos desde la fuente de la Marina, pronto encontraremos a la izquierda restos de los antiguos hornos de cal, que antaño sirvieron para suministrar cal morena  en la  construcción de la plaza mayor de Salamanca; a la derecha se aprecian las Vegas, tierras fertilizadas por el arroyo de la Honfría, ricas en hortalizas; como a un kilómetro después del inicio arranca, a la izquierda, el sendero que conduce al pago del Hoyo el Hocino y a la Peña del Guarro. Poco después el camino se empina, mostrando a la derecha unos prados donde se crían y cuidan caballos para actividades lúdicas; en pocos minutos surge a la izquierda del camino principal un sendero, que asciende en fuerte pendiente durante algo menos de dos kilómetros hasta la fuente de la Honfría: la cuesta de las Pollinas. ¡Me encanta subir por este sendero! 


Cuesta de las Pollinas en Primavera


Por este atajo de las Pollinas es más difícil que circulen coches, por lo que es más probable que evitemos molestas polvaredas y ruidos indeseables.


Durante el último kilómetro de ascenso al área recreativa de la fuente la Honfría el sendero se estrecha, lo que permite apreciar mejor la grandeza del bosque. En otoño, hay una gran explosión de color: los amarillos de las hojas de los robles y de los avellanos contrastan con los tonos rojos del follaje de los castaños y cerezos silvestres, mientras los acebos mantienen su lustre y verdor. Luego, a finales de noviembre el suelo se convierte en una alfombra de hojas secas de castaño y melojo, de las que antaño se aprovechaban los vecinos para hacer mullidas e higiénicas camas para el ganado porcino estabulado. A finales de la primavera y en verano la exuberancia del bosque impresiona: las ramas de los rebollos y castaños forman con sus grandes y planas hojas una especie de dosel, protector del sol y calor del estío. La flora también es de gran belleza y variedad: en febrero ya empiezan a aparecer las prímulas; en marzo, los narcisos o tarros; en mayo, las orquídeas silvestres y las peonías nos alegran con sus flores vistosas, estas últimas catalogadas como la flores autóctonas europeas de mayores dimensiones; en junio, en un área próxima a la fuente del Cerezo, nos sorprenden, con sus colores blanco rosáceos y su gran fragancia, numerosas azucenas silvestres.


Aunque este bosque alberga un verdadero tesoro micológico, no voy a entretenerme describiendo la ubicación y las características morfológicas de las setas de mayor interés culinario del mismo, pues no deseo fomentar actitudes y conductas desaprensivas e irresponsables hacia el ecosistema que sustenta a estos deliciosos carpóforos o partes reproductoras de los hongos.


Peonías Silvestres


Después del duro ascenso se accede a la planicie, donde los longevos castaños dan sombra a los afortunados que deciden pasar un día de asueto y paz. Aquí hay un área recreativa, para solaz de niños y adultos, con mesas y asientos de piedra, diversos juegos para infantes, esculturas de peces, elefantes y tortugas. A pocos metros se encuentra la fuente de la Honfría, a la sombra de un centenario cerezo silvestre, con dos refugios de piedra, contenedores para la basura... Todo perfectamente dispuesto para que la gente disfrute. Sin embargo, observo con demasiada frecuencia, cuando accedo corriendo a este saludable paraje, que algunos visitantes no mantienen las mínimas normas de higiene, respeto y protección de la naturaleza. ¡Pardiez! Ensucian, no tiran los desperdicios en los contenedores, arrancan ramas, contaminan el ambiente con un ruido ensordecedor procedente de las radios de sus coches y estropean el mobiliario. Les rogaría que no cometan tales tropelías, pues es una forma mezquina de deteriorar nuestro medio ambiente y de limitar una fuente de promoción de la salud física, mental y hasta social.   


 

Merenderos de la Honfría


Desde este paraje de la Honfría suelo coger el sendero que conduce al Hueco, al que llego, tras un kilómetro de ascenso, rodeado  de notables ejemplares de robles. Antes, hay que dejar el camino que aparece a la izquierda, que conduce a las Peñas del Agua. Al  llegar al Hueco, pasamos a la vertiente sur, dominada por el matorral mediterráneo, con un estrato arbustivo constituido por jaras abundantes, brezo, tomillos diversos, cantueso El bosque predominante es el encinar, aunque con algunas manchas de castaño. ¡Dios mio! La panorámica que se aprecia desde este paraje es de una gran belleza. Pasamos de la intimidad del bosque caducifolio de la Honfría a una atalaya desde la que se divisa al sur: la sierra de las Quilamas, con el abrupto y estrecho valle formado por el río Quilamas; más allá, diversos pueblos, entre los que destaca Miranda del Castañar y, en lontananza, la silueta de la Peña de Francia. Muy cerca, al suroeste, se aprecia el pequeño pico del Porrejón, en cuya base tiene mi buen amigo Rafa unas colmenas, cuyas abejas liban en numerosas plantas aromáticas (tomillo salsero, mejorana, cantueso…), brezos, jaras (dan un magnífico polen, que no miel), un poco de encina y un poco de castaño. Obviamente, la miel obtenida es de una calidad extraordinaria, solo comparable a la que obtiene su hermano, el gran Severo. Doy fe de ello.


Si dirigimos nuestra vista al sureste, nos encontramos en la línea del horizonte las montañas de la Sierra de Béjar, cuyos picos más altos: Canchal de la Ceja y el Calvitero, muestran sus cumbres nevadas, lo que incrementa la belleza de la panorámica.


Si desde una cancela metálica canadiense cogiéramos el camino de la derecha, orientado al oeste, desembocaríamos en el acceso a Castil de Cabras, tras menos de dos kilómetros de recorrido. Este último paraje es un verdadero corazón de las Quilamas, que será motivo de otro artículo o contenido de este blog, al igual que la ascensión al Pico Cervero (1463 m.).


Finalmente, no deseo olvidar las joyas faunísticas de esta vertiente sur: unas treinta parejas de buitre negro y varias parejas de cigüeña negra. Además, esta Sierra de las Quilamas ha sido considerada hasta no hace mucho como el límite septentrional del lince ibérico. Ahora, parece no quedar ningún vestigio del mismo, probablemente por la falta de alimento, pues su presa fundamental, el conejo, está siendo diezmado por la mixomatosis y la enfermedad hemorrágica vírica.


Bueno, llegamos al final de la excursión. Hoy parece que no hemos hablado de medicina. ¿Seguro? Creo que si hiciéramos muchas excursiones como la descrita en esta página, nuestro nivel de salud se incrementaría ostensiblemente. Como señalé antes, en su triple dimensión: salud física, mental y social.




 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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