Ascenso a los prados de los Linares y fuente de la Honfría: Antiguo territorio del lobo ibérico

Al atardecer del primer día del mes de agosto del presente año decidí honrar la memoria de mi querida madre, ascendiendo a parajes de su pueblo, Linares de Riofrío, referidos numerosas veces por ella, mientras me relataba asombrosas y emocionantes historias sobre el legendario lobo ibérico, antaño, abundante en Linares; hogaño, ausente. 

Desde entonces, el bosque de la Honfria, los prados de los Linares, la fuente el Cerezo, las Peñas del Agua, el Hueco... nunca han dejado de acompañarme.


Inicio el recorrido en la fuente de la Marina, sita a la izquierda del camino de la Honfría, junto a un cartel que recuerda que estamos en la ruta de las Quilamas. La fuente está enmarcada entre un saúco negro (Sambucus nigra) y un notable cerezo (Prunus avium) por debajo de los viejos cables del alumbrado, donde las golondrinas suelen posarse. Desde luego, en mi infancia, recuerdo que los que disponían de pequeñas escopetas de balines, cuando llegaban aquí y veían numerosas golondrinas posadas en estos cables, solían respetar a estos nobles pájaros, pues la tradición popular decía que unas golondrinas aliviaron el sufrimiento de Jesús de Nazaret durante su martirio en el monte Calvario, arrancando con sus picos las espinas de la corona, que perforaban y herían su frente. ¡Cuántas veces me contó mi abuela esta hermosa tradición!


En el prado situado encima de la fuente pastaban una docena de ovejas con varios corderos. A los 160 metros de iniciado el recorrido se observa a la izquierda un pequeño horno de cal, muy restaurado; las ruinas del más grande están 300 metros más allá, cuya techumbre natural está constituida por el ramaje y follaje de sendas parejas de robles y castaños.


A los 600 metros del trayecto me sorprendió ver un roble (Quercus pyrenaica) parasitado por poderosa hiedra (Hedera helix), desde la base del tronco hasta la copa. Enfrente, a la derecha, aprecié varios avellanos (Corylus avellana) y unos sauces (Salixregados por un arroyuelo. Cuando veo sauces no puedo por menos que acordarme de la famosa aspirina, cuyo principio activo, el ácido acetilsalicílico, lo obtuvo en 1897, un químico de Bayer, Félix Hoffmann, a partir del ácido salicílico (salicina) de la corteza del sauce blanco (Salix alba). Desde entonces, se ha convertido en el antitérmico y analgésico más popular. Aunque a mí me interesa más su efecto antitrombótico (antiagregante plaquetario), pues a dosis de 100 mg diarios llega a reducir hasta en un 40% el riesgo de infarto agudo de miocardio en gente de riesgo. A partir de sintetizar este producto, Bayer dejó de fabricar tintes para convertirse en la poderosa industria farmacéutica, que es ahora.


A los 900 metros nos topamos a la izquierda con el sendero que conduce a la Peña del Guarro. La primera finca del sendero, también a la izquierda, pertenece al señor Fermín, venerable peluquero de Linares, ya jubilado a sus noventa y un años. Siempre me pareció una bellísima persona, de fácil y alegre conversación, mientras ejercía su noble e higiénico oficio. Enfrente de su finca, a la derecha del camino, se muestra, rebosante de salud, un más que centenario nogal (Juglans regia) con un tronco corto del que salen tres poderosas ramas.


A partir de aquí se empina el sendero en todo el trayecto hasta el acceso a la fuente de la Honfría, tres kilómetros más arriba.


Al inicio de la cuesta vemos a la derecha un prado muy cuidado, donde pastan y abrevan una manada de caballos, empleados para efectuar rutas turísticas por la zona.


Hiedra parasitando un roble


A unos 300 metros más arriba sorprende ver un notable rebollo, plenamente parasitado de hiedra, dando entrada al camino que conduce (a la derecha) a la fértil vega irrigada por el arroyo de la Honfría. Veo que es una constante: la presencia de la hiedra trepando por el tronco y ramas de robles, castaños y algún nogal. Por la forma de entrelazarse al crecer, se la ha asociado a una imagen de fidelidad. También desde antiguo, por tratarse de un arbusto de hoja perenne se la ha asociado a la inmortalidad. Incluso llegó a asociarse a Dioniso, dios griego del vino, pues si se la llevaba como guirnalda era capaz de curar la embriaguez.


En torno a los mil quinientos metros de la fuente de la Marina encontramos, a la izquierda, el sendero de la cuesta de las Pollinas, que en poco más de un kilómetro y medio permite atajar hasta la fuente de la Honfría. Eso sí, con fuerte pendiente: hasta un 20% en algunos tramos.


Sí continuamos por el camino principal veremos durante unos 200 metros de ascenso numerosos robles y castaños que se encaraman a ambos lados del mismo. Después se aprecia un neto predominio de castaños (Castanea sativa), con algún acebo (Ilex aquifolium) aislado.


A los 2.220 metros de iniciado el recorrido aparecen majestuosas, a la izquierda del camino, cuatro peñas verticales y enhiestas, que dan lugar al popular nombre de Peña Tarrera, por los numerosos tarros o narcisos (Narcissus) que aparecen en marzo en torno a las mismas. Me llamó la atención la presencia de líquenes y musgo colonizando la superficie pétrea, actuando de buenos indicadores del norte. Entre las peñas se arremolinan varios ejemplares de pequeños melojos o rebollos. Enfrente de las mismas, al otro lado del camino, aparecen como pequeños guardianes del mismo dos pequeños arces (Acer campestre), varios cerezos silvestres y numerosas vigas de castaño.


El medio kilómetro que dista hasta la fuente el Cerezo me encanta, pues se encuentran grandes ejemplares de castaño con soberbio follaje, que ofrecen a los turistas y visitantes de este entorno una magnífica techumbre, aliviadora del calor del estío. Además, al borde del camino es fácil encontrar numerosas plantas medicinales como dedalera, aguileña, hipérico, milenrama, agrimonia...


Tras una pequeña curva a la derecha figura el cartel indicador de la ubicación de la fuente el Cerezo, que aparece medio escondida, a la sombra de un avellano, en un pequeño paraje en ladera, muy umbrío y fresco. En esta pequeña superficie se encuentran tres merenderos de granito y una pequeña construcción en forma de cruz, para albergar la parrilla o barbacoa, rodeada por una inscripción que prohíbe su empleo por peligro de incendio. El paraje invita a la quietud y descanso, posiblemente después de una buena merienda.


Tras un breve recorrido de unos 300 metros, donde empiezan a verse diversos ejemplares de acebo, aparece a la izquierda del camino la pequeña loma que alberga a la fuente del Chapatal junto a cuatro merenderos y una barbacoa de campana metálica con gorro mata chispas. Confieso que el nombre de esta moderna barbacoa de seguridad me lo proporcionó Pedro, el noble y buen guarda forestal de la zona, con el que es un verdadero  placer conversar. También aprecio que el servicio municipal correspondiente del Ayuntamiento de Linares lo tiene todo muy bien cuidado, pues el terreno está segado y limpio. Además, han colocado un contenedor metálico al borde del camino, invitando a los turistas a que alojen en él los desperdicios de materia orgánica e inorgánica producidos en el curso de sus actividades lúdicas. Dada la actual limpieza del lugar puedo colegir dos cosas: una, que ha habido poco turismo durante estos días; la segunda, más amable, que los usuarios de estos excepcionales recursos naturales están más motivados por el cuidado y respeto de los mismos. ¡Ojalá sea esta segunda opción!


Fuente del Chapatal


También observo en este paraje, junto a la fuente, un cartel de la Junta de Castilla y León, donde pone en mayúsculas: "APROVECHAMIENTO DE SETAS", prohibiendo recolectar sin autorización. Además, especifican una dirección electrónica: www.myasrc.es El propósito me parece loable, siempre y cuando sirva para regular la recolección de este preciado fruto micológico, evitando desmanes y destrozos del terreno por avariciosos y despreocupados recolectores. Si, además, el dinero obtenido sirviera para incrementar el poco caudal público la ganancia sería más fructífera. Creo que es una medida razonable, que no supone un gasto relevante para los posibles recolectores. En mi caso particular, el otoño pasado gestioné en la web indicada en el cartel un permiso de fin de semana a un precio realmente modesto: 5 euros por dos días.


Anochece, se muestra la luna en cuarto creciente. A la derecha del camino principal arranca el estrecho sendero que conduce a los prados de los Linares. Hemos recorrido 3.240 metros desde el punto de origen.


Durante 670 metros subo el angosto sendero, en penumbra, por el inicio de la noche y por la densa cobertura vegetal, constituida por estrechos y altos ejemplares de castaños, que envuelven el camino y rodean al que asciende por su notable pendiente. Por fin, aprecio a  la izquierda la cancela metálica que guarda la entrada a los prados. En estos momentos se acelera el corazón, no tanto por el esfuerzo de la carrera en pendiente como por el recuerdo de las historias que mi madre me contaba de niño sobre el verdadero dueño de estos terrenos: el legendario lobo ibérico. Aunque me entusiasmaba escucharlas, me provocaban cierto asombro y bastante temor. Una de ellas tenía que ver con estos prados. Recuerdo de niño lo pesado e insistente que era para que me la contara.


- Mamá, cuéntame el cuento del lobo. El de esos prados del pueblo.                                                     

Mi buena madre siempre estaba dispuesta  a contármelo, bien para que no dejara la mitad de la comida en el plato, bien para que me callara y estuviera entretenido o simplemente porque le encantaba rememorar aquellas aventuras y peripecias de su adolescencia. Empezaba más o menos así:


- Felisín, hijo, hace bastantes años, cuando entonces había lobos en el pueblo, me tocó regar de noche los prados de los Linares. Eran de la tía Adela y allí pastaban nuestras vacas. Mientras subía montada a lo chico encima de una burra, ya oía los aullidos de los lobos: ¡auuu! ¡auuu! ¡auuu!                                                              


Llegado este momento ya había captado mi interés y empezaba a atemorizarme. Ella continuaba.


Al dejar el camino de la Honfría y entrar en la senda de los Linares aullaban más los lobos. Debían de tener hambre y olían la carne. Até la burra a un árbol y empecé a regar los prados. Después de un buen rato acabé por regar los dos prados. Eran grandes y solitarios, rodeados por bosque. El caso es que cuando quise montarme en la burra, esta no me dejaba, estaba muy nerviosa, saltando y rebuznando. Sentía los lobos cerca, esperando comerla. Después de varios intentos y a pesar del miedo de las dos pude, por fin, montarme encima de ella. Soltar la cuerda y salir la condenada en estampida; cuesta abajo y todo, yo seguí encima de ella pegada a su cuerpo. Cada vez oía más cerca los aullidos de los lobos. Creo que los teníamos encima. Pero la burra no paraba de correr. Al salir del camino de los Linares y entrar en el grande de la Honfría vi cierta luz, aunque duró poco porque la burra y los lobos seguían a lo suyo: corriendo y aullando.                                                                                                                      

En ese momento yo rompía mi silencio y le preguntaba con una mezcla de miedo y admiración:


- ¿Tanto corría la burra para que no os cazaran los lobos? ¿Qué hiciste para no caerte? Ella me respondía con presteza, a su manera; atribuyéndolo a la suerte y al destino.    


Hijo, parece que no era mi hora... Yo tenía más miedo que el animal, sobre todo a caerme. Pero no solté las riendas y con las piernas apreté bien su panza. Fue un milagro que llegáramos al pueblo. Al llegar la burra chorreaba de sudor, tanto que tuvimos que secarla con unas mantas. Ya no volví a subir sola por la noche a los Linares.                                


Entiendo que no pueda transmitir con estas torpes letras ni una mínima parte de la emoción, asombro y verosimilitud que mi madre fácilmente lograba cuando contaba esta y otras vivencias de su infancia y adolescencia en un medio tan natural como el de Linares de Riofrío.  


 Prado de Linares


Hay que reconocer que en aquella época los lobos hacían estragos y verdaderas carnicerías con el ganado doméstico. En consecuencia, había un acendrado miedo a este emblemático animal. Se le perseguía inicialmente en plan defensivo, después, con la promulgación de la famosa Ley de Alimañas de 1953, por puro interés crematístico. De suerte que consiguieron que desapareciera de la Sierra de las Quilamas y aún no ha regresado. En la provincia de Salamanca sabemos que campean libremente por los Arribes del Duero, donde incluso han llegado a provocar verdaderas carnicerías en los rebaños de ovejas, mermando la producción de leche, utilizada para elaborar su magnífico queso. En junio de 2010 los ganaderos de varios pueblos de los Arribes contabilizaron 144 ovejas muertas en numerosos ataques al ganado.            


El tema es controvertido y polémico en exceso. En mi humilde opinión considero fundamental que se concilien los intereses de los ganaderos y los inherentes a la conservación de nuestro patrimonio zoológico. Me parece fundamental recuperar animales tan emblemáticos de la fauna ibérica como el lince (Lynx pardinus) y el lobo (Canis lupus signatus). El primero no genera polémica, pues su fuente fundamental de alimento es el conejo. El segundo, ya la conocemos y la sufrimos. Supongo que habrá que controlar bien a los perros asilvestrados y dar relevantes indemnizaciones a los ganaderos que sufran el ataque del lobo. Si no es así será complejo que se extienda este singular animal. No olvidemos que es una subespecie de lobo (Canis lupus) endémica de la Península Ibérica.


Volvamos a la excursión que da título a este artículo del blog. Tras bajar corriendo el sendero de los Linares, iluminado con la linterna frontal, me embargaba cierto temor, acrecentado por el ulular del cárabo (Atricapilla aluco), que en otras circunstancias me encanta. Pero es que esta rapaz nocturna emite unas notas un tanto misteriosas:  "hooo"  "hu"  "huhuhuhooo". En fin, ya en el camino principal entramos en un sector de unos 400 metros, donde los acebos se enseñorean, mostrándose elegantes y fornidos a ambos lados del mismo. Por cierto, hace décadas llegaron a denunciar a unos bellacos, que se dedicaban a descortezar estos lustrosos y ecológicos árboles, con el propósito de fermentar y cocer la corteza desprendida, a fin de elaborar liga, usada para capturar pajarillos. ¡Deleznable!


Acebos en el camino de Honfría


El valor ecológico de estos árboles se debe a que fructifican en invierno, cuando la escasez de recursos alimenticios para la ornitofauna es muy manifiesta, por lo que suministran el preciado alimento a numerosos pájaros: curruca capirotada (Silvia atricapilla), petirrojo (Erithacus rubecula), arrendajo (Garrulus glandarius), mirlo común (Turdus mérula), zorzal charlo (Turdus viscivorus), zorzal común (Turdus philomelos)...


A los pocos metros de dejar a la izquierda el tronco ruinoso de un castaño milenario, del que aún salen algunas ramas, llegamos al acceso a la fuente de la Honfría (5.120 metros desde el punto de partida). Tras descender poco más de 300 metros llegamos a la citada fuente. He de confesar que en este momento apagué el móvil, pues prácticamente estaba sin batería, y descendí corriendo por la cuesta de las Pollinas los tres kilómetros que distaban hasta nuestro chalet familiar, próximo a la fuente de la Marina. En el descenso me acordé de las palabras de mi amigo Joaquín y de su bondadosa mujer, Antonia, cuando me decían: "No corras de noche al bosque. Es peligroso. Te puedes caer o peor aún; te puede atacar un jabalí herido". Me apena en exceso no volver a disfrutar de la mirada noble y de la franca sonrisa de este buen hombre: acaba de fallecer, víctima de un desdichado accidente. Intenté abstraerme contemplando los destellos en el suelo de las lucecillas de numerosas luciérnagas y arañas así como con la visión en el cielo estrellado de la vía láctea y, sobre ella, casi en el cénit, el triángulo del verano: Deneb, Altair y Vega. La estrella de Joaquín y el ulular del cárabo  acompañaron mis pasos hasta casa.


Dr. Félix Martín Santos



 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


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