Atardecer en el bulevar de Burgos

El último día del mes de marzo encaminé mis pasos por el antiguo trazado del ferrocarril a su paso por la ciudad de Burgos, ahora flamante bulevar de Herzog & De Meuron, con el propósito de recorrer el tramo que discurre entre el cruce de la calle Santa Dorotea y su abrupto final, inacabado, poco antes del Monasterio de las Huelgas. 

A los pocos metros de haber iniciado el trayecto, enfrente de unos almacenes destartalados de Renfe, me sorprendió la visión de un macho de verdecillo (serinus serinus), con su vientre de intenso y bello color amarillo, cantando en la rama de un pino, con un chirrido rápido y largo, pero agradable al oído. Poco después, tras rodear el sufrido edificio de la antigua estación del ferrocarril, me topé con cuatro acacias, desprovistas de follaje, en espera de mayo y junio cuando nos regalarán el aroma profundo y melifluo de sus flores.  Tras sobrepasarlas accedí al camino principal de entrada de la estación, en su cara norte. Aprecié a su derecha, sobre un mullido césped, dos castaños de indias, desnudos también de hojas; y dos monumentales árboles de hoja perenne: un cedro y una secuoya, medio seca, por haber sufrido la ira de un rayo hace años. A su izquierda se yerguen dos castaños de indias, dos secuoyas y un cedro. El sonido susurrante de los verderones (carduelis chloris) me acompañó hasta situarme enfrente de la fachada principal. Observé cierta incuria, con su tejado inestable, sus puertas tapiadas, una inscripción en piedra bajo la cornisa: CAMINOS DE HIERRO DEL NORTE, recordando tiempos mejores. En el alero, un colirrojo tizón (phoenicurus ochruros) hacía acrobacias mientras capturaba insectos. Me encaré hacia el oeste, en dirección al camino principal del bulevar, atravesando un bosquete de hayas, con algunos pinos. En uno, un carbonero común (parus major), entonaba su agradable trino de notas metálicas, sonoras y repetidas  “ti- ti–taa   ti-ti-taa”. Su mansedumbre me permitió hacerle varias fotos. Luego, un mirlo (turdus merula) sumó su potente y embaucador canto. 




Ya en el camino principal, cegado por el sol del ocaso vi varias parcelas, a derecha e izquierda de la carretera, vacías y desoladas por la actual crisis económica. Pocos constructores y contratistas se aventuran a edificar nuevas viviendas. Sin embargo, aprecié vida alrededor: niños jugando, mientras sus padres paseaban; gente corriendo (jogging); algunos ciclistas; parejas de jóvenes haciéndose arrumacos. Me fijé en el mobiliario del bulevar, que con sus modernas marquesinas y apeaderos del autobús, sus aéreas bombillas semejando antiguas luminarias ferroviarias, su piso pulido y sus bordes de granito gris; me complace y agrada en grado sumo. No me importa que no sean originales como creíamos al principio. En fin, en poco tiempo y espacio me hallé sin carretera y, por tanto, con el bulevar cortado. Esos días las autoridades municipales anunciaron que en breve se iniciarán las obras para conectarlo con Parralillos y el Hospital del Rey. Ya de regreso, aún seguían cantando el verderón y el mirlo.  Al final me encontré en el punto de partida.





La descripción de ese rincón de Burgos, me sirve para resaltar que andar al menos una hora casi todos los días de la semana, constituye uno de los consejos habituales en las consultas médicas. Se trata de practicar ejercicio físico regular con la intención de elevar el nivel de salud de la población, aplicable tanto a población sana como a personas afectas de enfermedades crónicas tan prevalentes como la diabetes tipo II, la cardiopatía isquémica (angina e infarto de miocardio), la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC),  el síndrome metabólico y la hipertensión arterial.


Algunos estudios científicos demuestran que algo tan sencillo y accesible para la mayoría de la gente como deambular a un ritmo vivo puede fortalecer el corazón y mejorar el funcionamiento de los pulmones. Además, el resultado es dosis dependiente, esto es, caminar tres horas al día produce más beneficios que hacerlo una hora. Por otra parte, a muchos pacientes no hay forma de convencerles para que practiquen actividad física más intensa como la natación prolongada, ciclismo, jogging o acudir a un gimnasio.


También hay estudios científicos que revelan que el ejercicio físico moderado a partir de la mitad de la vida previene el déficit cognitivo leve y, por tanto, la demencia. Hay que aclarar que las personas con déficit cognitivo leve constituyen un grupo de alto riesgo de demencia porque la desarrollan en una proporción del 10 al 15% por año, mientras que esta evolución sólo se observa en el 1 al 2% de la población anciana de la comunidad.





En enero del 2010 los miembros del equipo de Yonas E. Geda, de la Clínica Mayo, en Rochester, publicaron en la prestigiosa revista “Archives of Neurology”  las conclusiones de un estudio de casos y control sobre envejecimiento. Para ello compararon los hábitos deportivos de 198 personas con deterioro cognitivo leve con 1.126 controles sanos, comprobando que las personas que referían practicar ejercicio moderado -caminar, yoga, estiramientos o natación breve- desde la mitad de su existencia eran menos proclives a desarrollar deterioro mental. La citada actividad física aeróbica se asociaba a una reducción del 39% en el riesgo de déficit cognitivo, mientras que cuando empezaron a efectuarla a edades más tardías de la vida el riesgo se redujo al 32%.


Cuando abordo el tema de la demencia y de la Enfermedad de Alzheimer no puedo resistir la tentación de hablar de los efectos preventivos ejercidos por el consumo de café sobre estas terribles enfermedades. Voy a ser comedido. Entre varios artículos de interés que versan sobre el tema, sólo me voy a referir al estudio finlandés dirigido por Mario H. Eskelenin y Miia Kivipelto, que publicaron en el año 2009 en la prestigiosa revista Journal of Alzheimer’s Disease con el título en inglés “Midlife coffee and tea drinking and the risk of late life dementia: a population-based CAIDE”. Se trata de un estudio prospectivo donde se controlan durante 21 años a 1.409 personas (875 mujeres y 534 hombres), mentalmente sanos al inicio del estudio. Tras comparar la incidencia de defectos mentales en la cohorte de consumidores de café con el grupo o cohorte de personas cuyo consumo era bajo (0 a 2 tazas), llegan a la conclusión de que el consumo moderado de café(3 a 5 tazas) en la edad media de la vida reducía de un 65 a 70% el riesgo de demencia en la senectud y de un 62 a 64% el riesgo de Enfermedad de Alzheimer.


En cualquier consulta de neumología es muy común que el neumólogo responsable indique largos paseos a un ritmo aceptable y sostenible a los pacientes afectos de EPOC, cuarta causa de muerte en el mundo, según datos de la OMS, aún estando en estadios avanzados. A la luz de los conocimientos científicos actuales, esta medida se asocia a una mayor calidad de vida y a una menor morbimortalidad de los pacientes. Además diversos estudios efectuados dentro de programas de rehabilitación respiratoria han demostrado que los pacientes más activos físicamente se benefician de un enlentecimiento en la pérdida de función pulmonar y una reducción del número de exacerbaciones. Llegado a este punto quiero remarcar que la causa fundamental de la EPOC es el tabaquismo, el cual es también responsable de un deterioro acelerado de la función respiratoria. Por ello es crucial que estos pacientes dejen de fumar, pues sino en pocos años acabarán con obstrucción bronquial muy severa, insuficiencia respiratoria y oxígeno domiciliario durante un mínimo de 18 horas seguidas.


Desde luego, una gran parte de la educación para la salud que ofrezco a mis pacientes neumológicos tiene que ver con estos aspectos, pues estoy seguro de que el cese tabáquico y la práctica de actividad física aeróbica incrementarán la salud física y mental de los mismos. Además, si dejan de fumar los que aún no han desarrollado enfisema, bronquitis crónica obstructiva o EPOC, prácticamente nunca lo desarrollarán.


Hay una frase que me encanta decir: para un fumador activo la mejor inversión en salud es dejar de fumar. Esta contundente afirmación se justifica por una realidad inequívoca: el tabaquismo activo es la primera causa de muerte evitable en los países desarrollados.



Con  la descripción del paisaje burgalés inicial también intento transmitir que un simple paseo por cualquiera de nuestros entornos urbanos, con espacios ajardinados y verdes como este bulevar burgalés, puede servirnos para reducir el nivel de ansiedad, sobre todo, si somos observadores pacientes y perspicaces del entorno. En mi caso particular el placer cuando ando o corro por estos parajes es doble, pues al  beneficio obtenido con la actividad física, se suma el conseguido con la observación gozosa de la flora y fauna. Así, la visión de las diversas especies arbóreas, del estrato arbustivo acompañante, con diversas plantas aromáticas, y de los diversos pájaros, con sus plumajes y trinos identificativos de especie; me resulta sumamente reconfortante y relajante.  Si, además, tuviéramos patrimonio artístico próximo el goce sería mayor.


Antes de concluir quiero recordar que el 31 de marzo, día del paseo que encabeza el título de este contenido, corresponde con el Día Mundial Contra el Cáncer de Colon. En consecuencia, me gustaría que el próximo contenido de este blog versara sobre este prevalente tumor: el más frecuente en ambos sexos.


 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).


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