Aumentemos nuestra esperanza de vida en buena salud: Actividad física aeróbica regular

La práctica regular de actividad física aeróbica es un estilo de vida extraordinariamente saludable. Los devotos practicantes de ciclismo, natación, paseos a un ritmo vivo, carrera libre (jogging y running) y otros deportes de resistencia (endurance) es muy probable que gocen de una larga vida, plena de salud y calidad de vida. 

En los últimos años se han multiplicado los estudios epidemiológicos, de gran rigor científico, que han demostrado que las personas físicamente activas ven notablemente incrementada su esperanza de vida en buena salud.


¿A QUÉ LLAMAMOS ACTIVIDAD FÍSICA AERÓBICA?


La actividad física aeróbica se caracteriza por el empleo de las grandes masas musculares, como las de los brazos y las piernas. Caminar, trotar, correr, nadar, pedalear y bailar son ejemplos de actividad aeróbica.


Este tipo de ejercicios hacen latir más rápido al corazón de lo usual; concomitantemente la respiración se hace más rápida en el curso de estos esfuerzos sostenidos. Es evidente que, con el tiempo, la actividad aeróbica efectuada con regularidad hará que el corazón y los pulmones sean más poderosos y funcionen mejor. De esta suerte se mejora ostensiblemente el suministro de oxígeno a los músculos, a fin de satisfacer las demandas de éstos, cuya estructura se ha modificado favorablemente para aprovechar más el oxígeno que les llega. Tras el entrenamiento consiguiente observaremos un gran incremento de nuestra resistencia al esfuerzo.


BENEFICIOS GLOBALES DE LA ACTIVIDAD FÍSICA SOBRE LA SALUD


Para describir este punto me voy a valer inicialmente de lo descrito en la excelente Guía sobre Actividad Física del Comité Consultivo del Departamento de Salud y Servicios Humanos del gobierno federal de EE.UU. La publicaron en el año 20081.


Los autores refieren los beneficios de la actividad física en las diversas edades del ser humano. Así, siguiendo a estos expertos, mencionaremos los beneficios obtenidos en niños y jóvenes, en adultos y en ancianos, en mujeres embarazadas y, finalmente, en personas con sobrepeso u obesidad.


Niños y jóvenes


Pruebas sólidas demuestran que el estado de salud de niños y jóvenes está sustancialmente relacionado con la actividad física regular. Con respecto a los jóvenes sedentarios, los niños y jóvenes activos se benefician de altos niveles de resistencia cardiorrespiratoria y potencia muscular, así como menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas, menor porcentaje de grasa corporal, notable salud ósea, y menor riesgo de depresión y de ansiedad.


Adultos y ancianos


Disponemos de fuertes pruebas científicas que han constatado que, a diferencia de las personas sedentarias o menos activas físicamente, los hombres y mujeres activos gozan de menores tasas de mortalidad por todas las causas, así como de enfermedad coronaria, hipertensión arterial, ictus o accidentes cerebro vasculares, diabetes tipo 2, síndrome metabólico, cáncer de colon, cáncer de mama y depresión. Además, tanto los adultos como los ancianos activos tienen un índice de masa corporal más saludable y disfrutan de mejores niveles de resistencia cardiorrespiratoria y muscular que los sedentarios.


Pruebas menos sólidas indican que tanto los adultos como los ancianos activos tienen un sueño más recuperador y una mayor calidad de vida. También parece apreciarse un descenso significativo en los riesgos de cáncer de pulmón y de endometrio.


Ancianos


Además de los beneficios mencionados más arriba, existen firmes pruebas que confirman que la actividad física aeróbica se asocia con altos niveles de salud funcional, un menor riesgo de caídas y mejor función cognitiva. El riesgo de enfermedad de Alzheimer parece ser netamente menor en los practicantes regulares de actividad física aeróbica. Algo similar apuntan los trabajos sobre la enfermedad de Parkinson, aunque no son tan evidentes.


Beneficios en mujeres embarazadas y en el periodo postparto


También hay pruebas científicas serias que indican que las mujeres sanas que practican actividad física moderada durante la gestación se benefician de relevantes incrementos de su resistencia cardiorrespiratoria y de su estado metabólico sin, que por otra parte, se incremente el riesgo de niños de bajo peso, partos prematuros y abortos. Además, el ejercicio moderado durante el puerperio no parece alterar ni el volumen ni la composición o calidad de la leche materna así como tampoco altera el desarrollo del niño. Si no se establecen dietas hipocalóricas, la actividad física no es responsable de pérdida de peso en la mujer durante el postparto.


Beneficios de la actividad física aeróbica en obesos y en gente con sobrepeso


Cuando las personas obesas o con sobrepeso efectúan ejercicio físico aeróbico con regularidad acaban disfrutando de los mismos beneficios que las personas con peso normal (Índice de Masa Corporal (IMC) entre 18,5 y 24,9 Kg / m2). Estos beneficios incluyen menores tasas de mortalidad por todas las causas, enfermedad coronaria, hipertensión arterial, ictus, diabetes tipo 2 y los consabidos cánceres de colon y de mama.


Bastantes de estos beneficios son exclusivos de la actividad física, esto es, no dependen de la consiguiente pérdida de peso. No obstante, cuando se suma la pérdida de peso (con normalización del IMC) a la actividad física, los beneficios alcanzados serán aún mayores.


Beneficios observados en los Estudios Nacionales de Salud en Corredores y Andadores de Estados Unidos


Paul T. Williams, responsable del Departamento de Ciencias de la Salud del Laboratorio Nacional de Berkeley, es el director del equipo responsable de un conjunto de estudios epidemiológicos diseñados específicamente para evaluar los efectos sobre la salud del ejercicio físico.


Para ello reclutaron entre 1991 y el 2000 a más de 150.000 personas físicamente activas (corredores y andadores) a fin de constituir los Estudios Nacionales de Salud en Corredores y en Andadores (National Runners´ and Walker´s Health Study). Pues bien, tras un profundo análisis y seguimiento, estos investigadores están publicando sus trabajos a lo largo de los últimos años, muchos de los cuales durante el año 2014. De esta forma han llegado a demostrar que el ejercicio físico se asocia con:


-          Una reducción del 40% del riesgo de cáncer de cerebro. 2

-          Un 76% de reducción del riesgo de cáncer de riñón. 3

-          Una disminución del 41% del riesgo de muerte por cáncer de mama.4

-          Una reducción del 42% del riesgo de cataratas. 5

-          Hasta un 40% de reducción del riesgo de muerte por Enfermedad de Alzheimer.6


Obviamente estos autores también han confirmado los grandes efectos cardiosaludables del ejercicio físico aeróbico7,8,9 así como otros efectos saludables en diversos ámbitos de la salud.


Como el análisis y seguimiento de sus grandes cohortes de personas siguen actualmente vigentes es muy probable que, cada poco tiempo, nos sorprendan con nuevos y fructíferos  resultados. Es indudable que representan excelentes fuentes de satisfacción, dado que es complejo encontrar estilos de vida que rindan tantos beneficios al ser humano como los dependientes de la actividad física aeróbica.


¿CUÁL ES EL NIVEL MÍNIMO DE ACTIVIDAD FISICA PARA CONSEGUIR ESTOS BENEFICIOS?


En el año 2007 los norteamericanos se mojaron al tratar este tema tan delicado y desconocido, estableciendo unos niveles mínimos, tanto de intensidad  como de frecuencia de ejercicio físico, capaces de conseguir los efectos saludables citados anteriormente. 


Para ello consensuaron unas recomendaciones dos asociaciones de gran prestigio en el mundo: el Colegio Americano de Medicina Deportiva (American College of Sports Medicine) y la Asociación Americana de Cardiología (American Heart Association)


Básicamente lo que aconsejan es practicar ejercicio moderado (pasear rápidamente) durante un mínimo de 30 minutos, cinco días a la semana, o ejercicio vigoroso (correr), un mínimo de 20 minutos, en tres días a la semana. También afirman que un incremento de la intensidad física se asocia a beneficios mayores.10


Los autores de la guía americana de actividad física1, dependiente del Departamento de Salud y Servicios Humanos, ya afirmaban en el año de su publicación (2008) que la gente sedentaria tiene más riesgo de morbilidad y de mortalidad que la población activa. Indicaban que, aunque se desconoce la cantidad mínima de actividad física necesaria para reducir el riesgo de enfermar y de morir prematuramente, bastantes pruebas científicas sugieren que practicar actividad física moderada durante un tiempo no superior a una hora a la semana reduce significativamente la tasa de mortalidad por todas las causas así como la secundaria a cardiopatía isquémica o enfermedad coronaria.


Los excelentes trabajos dirigidos por Paul T. Williams del Laboratorio Nacional de Berkeley muestran una clara relación dosis-respuesta, esto es, los beneficios se incrementan a medida que aumenta el nivel de esfuerzo físico (gasto energético).


Analizando trabajos de relieve que versen sobre este tema concreto, me pareció refrescante y un tanto revolucionario un trabajo publicado en agosto de 2014 en la revista del Colegio Americano de Cardiología (Journal of the American College of Cardiology)11.  


Sus autores se plantearon un loable objetivo: examinar las asociaciones entre correr (running) y los riesgos de mortalidad por todas las causas así como por enfermedades cardiovasculares en una muestra de 55.137 adultos, de 18 a 100 años de edad (con una edad media de 44 años).


Durante un seguimiento de 15 años murieron 3.413 personas por todas las causas, siendo 1.217 sujetos los que fallecieron por enfermedades cardiovasculares. Aproximadamente el 24% de los participantes en este estudio (Aerobics Center Longitudinal Study) practicaban carrera libre (running). Pues bien, con respecto a los sedentarios, los corredores se beneficiaron de una reducción del 30% de muerte por todas las causas y de un 45%  por enfermedades cardiovasculares.  Además, los corredores vivían tres años más que los que no corrían.


Pero, ¡ojo! lo más trascendente del estudio es que estos excelentes resultados se consiguieron con un nivel de actividad física semanal relativamente modesto: correr menos de 51 minutos a la semana; menos de 9,6 km (6 millas); de una a dos veces; a un ritmo inferior a 9,6 km a la hora.  Además, los que corrían persistentemente durante un periodo de 6 años gozaban de los mayores beneficios, con una reducción del 29% de riesgo de muerte global y de un 50% de reducción por causas cardiovasculares. Por todo ello, los autores concluyen: “Correr, incluso solo cinco a diez minutos al día y a un ritmo lento, inferior a 9,6 kilómetros a la hora, se asocia a una marcada reducción del riesgo de muerte por todas las causas y por enfermedades cardiovasculares.


Este estudio puede servir para motivar a las personas sedentarias a correr, aunque no sea mucho, para beneficiarse de una reducción ostensible de las tasas de muerte”.


Estas conclusiones me permiten afirmar con respecto al nivel de actividad física y los efectos saludables subsiguientes que “es mejor poco que nada”. 


Pero este mismo trabajo ha llegado a revelar un sorprendente descubrimiento: los corredores que corrían menos de una hora a la semana presentaban los mismos beneficios que aquellos que corrían más de tres horas. En consecuencia, la reducción del 30% en la tasa bruta de mortalidad y la disminución del 45% en la tasa específica de muerte por enfermedades cardiovasculares, se conseguía  tanto corriendo poco como corriendo mucho. 


¡Provocador! Sí, porque la inmensa mayoría de los trabajos publicados sobre actividad física aeróbica y salud están demostrando una auténtica relación dosis respuesta, pues a mayor nivel de esfuerzo y, por lo tanto, mayor gasto energético se observa una superior reducción del riesgo de enfermar y de morir prematuramente por las principales causas de muerte. Por todo ello, es necesario que las conclusiones del trabajo anteriormente analizado se vean respaldadas por otros investigadores.


En un próximo artículo analizaré los artículos más relevantes y recientes, la mayoría del 2013 y del 2014, que justifican la citada relación dosis-respuesta. También aprovecharé para describir la posible controversia entre los investigadores que creen que a partir de un alto y cierto nivel de actividad física pueden empezar a surgir ciertos riesgos para la salud, frente a los que creen que tal posibilidad es extremadamente remota.


En fin, mientras tanto aconsejo a las personas sedentarias que empiecen a considerar la posibilidad de activar su anatomía, a fin de incrementar su esperanza de vida en buena salud. A las personas físicamente activas las felicito por tan saludable elección. Es indudable que cuando uno abandona el sedentarismo tiene muchas posibilidades de gozar no sólo con los efectos saludables a medio y largo plazo (expuestos durante este artículo introductor) sino también con las recompensas inmediatas del esfuerzo físico: estimulación, relajación y felicidad.



Dr. Félix Martín Santos



Bibliografía:


1 Phisical Activity Guidelines Advisory Committee Report, 2008. June. Department of Health and Human Services. U.S. Public Health Service.  http://www.health.gov/paguideliness.


2 Reduced Risk of Brain Cancer Mortality From Walking and Running. Paul T. Williams Med Sci Sports Exerc. 2014, 46 (5): 927-932


3 Reduced risk of incident kidney cancer from walking and running. Williams PT Med Sci Sports Exerc  2014 Feb, 46 (2): 312-7


4 Breast cáncer Mortality vs Exercice and Breast Size in Runners and Walkers. Paul T. Williams. Plos/One  december 09 2013  DOI: 10.1371


5 Walking and Running Are Associated with Similar Reductions in Cataract Risk                Medicine and science in sports and exercise. 12/2012; DOI: 10.1249  Paul T. Williams


6 Lower Risk of Alzheimer´s Disease Mortality with Exercice, Statin, and Fruit Intake. Paul T. Williams. Journal of Alzheimer´s Disease. October 2014. DOI: 10.3233


7 Williams PT, Dose-response relationship of physical activity to premature and total all-cause and cardiovascular disease mortality in walkers. PLoS One. 2013;8:e78777


8 Williams PT. Reductions in incident coronary heart disease risk above guideline physical activity levels in men. Atherosclerosis. 2010;209:524-7


9 Williams PT. Reduction in incident stroke risk with vigorous physical activity: evidence from 7.7-year follow-up of the national runners' health study. Stroke. 2009;40:1921-3


10 Haskell, WL, Lee IM, Pate RR, Powell KE,  Blair SN, Franklin BA, Macera CA, Heath CW, Thompson PD, Bauman A.  Physical activity and public health; updated recommendation for adults from the American College of Sports Medicine and the American Heart Association. Med. Sci. Sports. Exerc. 2007 Aug: 39(8): 1423-34.


11 Leisure-Time Running Reduces All-Cause and Cardiovascular Mortality Risk. Duck-Chul Lee, Russell R Pate; Carl J Lavie; Xuernei  Sui; Thimoty S. Church; Steven N Blair. J Am Coll Cardiol 2014, 64(5), 472-481; 2014


 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.


2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.


3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706


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