Cáncer de colon: tumor maligno prevenible

El cáncer de colon es un tumor maligno de notable importancia, dada su alta prevalencia: el más frecuente en Europa, según datos contrastados de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Si manejamos datos españoles, publicados periódicamente por el Instituto Nacional de Estadística (INE), observaremos que este cáncer es el segundo más frecuente en la mujer, después del de mama; y el tercero en el hombre, después de los cánceres de pulmón y próstata. Si valoramos conjuntamente ambos sexos, veremos que ocupa también el primer lugar en nuestro país. 

Sólo el 20% de estos procesos reconocen una causa genética, no adquirida, por lo tanto, con una fuerte carga familiar o hereditaria. El 80% restante tiene un origen medioambiental, pues está relacionado con ciertos estilos de vida, que le hacen a uno ser más proclive a desarrollarlo. Si lográramos identificar estos factores de riesgo podríamos sentar las bases para prevenir la mayoría de estos procesos.


En el Portal de Salud de la Junta de Castilla y León, al alcance de cualquier interesado, se plasman en la guía del cáncer de colon un resumen de los marcadores y factores de riesgo más importantes de este prevalente tumor. Son los que la Comunidad Científica Internacional ha logrado establecer a medida que avanza el conocimiento sobre esta neoplasia:


La edad: Este tumor maligno es más probable que aparezca durante la edad adulta, pues más del 90% de los diagnósticos se efectúan en personas cuya edad es mayor de 50 años. Este es un marcador de riesgo, pues no lo podemos modificar epidemiológicamente, esto es, no podemos rejuvenecer a la gente. ¡Ojalá pudiéramos!


La dieta: Diversos estudios han revelado que la dieta rica en grasas, sobre todo, animales, y pobres en frutas, verdura, fibra y calcio pueden incrementar el riesgo de este cáncer. La ingesta frecuente de carnes rojas, cocinadas en contacto directo con el fuego, se asocia a un riesgo mayor de este proceso. Estos hábitos dietéticos podemos modificarlos, por consiguiente, son factores de riesgo. La educación para la salud de la población puede conseguir mejorar la dieta de la población y, en consecuencia, suprimir este factor de riesgo. ¡Ventaja notable!


 El consumo de alcohol y tabaco: sabemos que un aumento del consumo de estos dos grandes factores de riesgo puede incrementar sustancialmente el riesgo de este tumor. Sólo el tabaquismo activo es responsable de un 40% de los tumores malignos de Occidente, según datos de la prestigiosa Asociación Americana contra el Cáncer.


Presencia de pólipos: el desarrollo de cáncer de colon se inicia habitualmente con la aparición de un pólipo en la mucosa del intestino grueso. Existen datos fehacientes que muestran que según va creciendo el adenoma (pólipo), sobre todo si es de aspecto velloso, aumenta la probabilidad de producirse cambios premalignos, que acaban por desarrollar un carcinoma de colon. La probabilidad de encontrar un tumor maligno en el seno de un adenoma puede llegar hasta el 50% cuando éste alcanza un tamaño mayor de 2 cm.


Aunque nadie está libre de tener pólipos, hay una serie de personas que tienen más riesgo: las que tienen más de 50 años, las que han tenido pólipos previamente, las que tienen un familiar de primer grado (padres, hermanos e hijos) y las que han sufrido antes un cáncer de colon.


Como los pólipos podemos identificarlos en el curso de una colonoscopia preventiva, dentro de un programa de cribaje, también podemos extirparlos en el mismo acto endoscópico. En consecuencia, podemos evitar el desarrollo ulterior de cáncer de colon. Este hecho hace que se comporten como un factor de riesgo: son causas de la enfermedad que podemos modificar o eliminar por acciones médicas.


Los antecedentes familiares de cáncer de colon y recto: El riesgo se incrementa con el grado de parentesco y con el número de familiares afectados. Si lo ha padecido antes un familiar de primer grado, como padres, hermanos e hijos, el riesgo será mayor que si los afectados fueran de segundo grado.


La predisposición genética: además de los citados antecedentes familiares, es preciso puntualizar que existen alteraciones en los genes, poco frecuentes, que aumentan el riesgo de desarrollar este tumor maligno. Así sucede con el cáncer colorrectal hereditario no polipósico, que es responsable del 2% de estos tumores malignos. Más raro es la poliposis adenomatosa familiar, pues supone menos del 1% del total de casos de cáncer colorrectal.


La Junta de Castilla y León tiene habilitado un centro de referencia para los familiares de pacientes que sufren cáncer colon hereditario no polipósico o poliposis adenomatosa familiar, a fin de que puedan efectuarse las pertinentes pruebas genéticas.


La colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn: las personas que sufren estas enfermedades inflamatorias crónicas del colon tienen más riesgo de desarrollar este proceso maligno. No obstante, muchos de estos pacientes no acabarán sufriendo la citada transformación maligna.


                                       Prevención del cáncer de colon


Voy a intentar explicar las medidas de prevención tanto primaria como secundaria para combatir este grave proceso.


Se entienden por medidas de prevención primaria aquellas que tienden a reducir la tasa de incidencia de enfermedades, esto es de casos nuevos en relación a la población expuesta. Con respecto al cáncer de colon la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) aconseja adoptar estilos de vida saludables.


En realidad, son medidas que intentan evitar y contrarrestar los citados factores de riesgo medioambientales o adquiridos de este tumor, mencionados anteriormente. En consecuencia se trata de realizar una dieta pobre en grasas y rica en fruta, verduras, folato, calcio y vitamina D. Evitar el sobrepeso y la obesidad, no fumar, hacer ejercicio físico aeróbico y moderar el consumo de alcohol y la ingesta de carne roja, carne procesada y carne cocinada muy hecha o en contacto directo con el fuego.


La población de Castilla y León ingiere con demasiada frecuencia carne roja a la brasa, pues son bastantes los que la consumen diariamente. Sólo hace falta fijarse en el gran número de restaurantes especializados en carnes a la brasa existentes en nuestra  Comunidad. No obstante, quiero aclarar en estas líneas que no sugiero suprimir tal ingesta sino moderarla, espaciando sensiblemente su consumo, pues cuando es muy repetido aumenta significativamente el riesgo de cáncer de colon. Es obvio que la gente puede seguir comiendo deliciosas chuletas de vaca Morucha de las dehesas salmantinas o de la raza Avileña-Negra-Ibérica, así como de la exquisita ternera autóctona de Aliste; pero con más moderación.




En fin, quisiera referir las conclusiones de un estudio dirigido por miembros del Instituto Nacional del cáncer de EEUU, publicado en agosto del 2012 en la prestigiosa revista American Journal Clinical Nutrition, con el título “Caffeinated and decaffeinated coffe and tea intakes and risk of colorectal cáncer in a large prospective study”. Estos autores, tras seguir a una  muestra de 489.706 hombres y mujeres durante 10 años,  observan que la ingesta de café con o sin cafeína reduce sensiblemente el riesgo de cáncer de colon, especialmente de los cánceres proximales (ciego, colon ascendente). A mayor consumo menos riesgo. Así, los que consumían 6 ó más tazas veían reducido globalmente el riesgo de cáncer colon un 26%, elevándose al 38% de reducción, cuando se trataba de cánceres proximales. Es muy probable que tengamos que incluir el consumo de café como una medida de prevención primaria de este cáncer como de tantos otros procesos que iremos viendo en sucesivas entradas de este blog. 


                                                                     


Las medidas de prevención secundaria pretenden reducir la proporción de prevalencia, esto es, el número de casos o enfermos existentes en un momento dado con respecto a la población total. Se consigue aplicando métodos de diagnóstico precoz para que, posteriormente, el tratamiento sea más efectivo y exitoso. Son las famosas técnicas de cribado. Tanto la AECC como la SEPD han hecho propios los criterios plasmados en las guías de las sociedades americana y europea, a saber:


1)     Las personas que carecen de antecedentes personales y familiares de cáncer o pólipos (riesgo medio),  el cribado debe iniciarse a los 50 años. Consistirá en sangre oculta en heces anual o bienal, o sigmoidoscopia (sólo se exploran los últimos 60 cm del intestino grueso) cada 5 años, o colonoscopia cada 10 años. Antes de los 50 años, no está indicado este cribado si no hay antecedentes familiares.


2)     En personas menores de 50 años con antecedentes familiares de pólipos o de cáncer colorrectal, el cribado se efectuará de la siguiente manera:

·       Si el paciente tiene dos o más familiares de primer grado (padres, hermano, hijo) con cáncer o pólipos o bien uno solo, pero que lo padeció antes de los 60 años, se efectuará una colonoscopia cada 5 años desde los 40 años de edad o desde una edad 10 años menor que la del familiar con cáncer cuando éste se diagnosticó.     

·       Si el sujeto tiene dos o más familiares de  segundo grado (abuelos, tíos y sobrinos) con cáncer o pólipos o uno solo de primer grado pero que lo padeció después de los 60 años, se efectuará el cribado como en las personas de riesgo medio (sin antecedentes familiares), pero empezando a los 40 años.


                  Justificación de estas técnicas de cribado en nuestro país


Responsables de la AECC recuerdan que este tipo de cáncer se puede curar en un 90% de los casos si se detecta precozmente. Su presidenta, doña Isabel Oriol, insistía a finales del 2012 que las técnicas de cribado se incluyeran en la Cartera de Servicios Comunes del Sistema Nacional de Salud, pues la detección precoz disminuye la mortalidad a corto plazo entre un 30% y un 35%, lo que “en España equivale a salvar hoy 3.600 vidas”.


También insistieron en la efectividad del test de la sangre oculta en heces, una prueba barata (cuesta menos de dos euros), sencilla y capaz de identificar lesiones precancerosas ocho años antes de que éstas se transformen en un tumor maligno. Su uso, según la presidenta de la AECC, "no sólo salvaría vidas, sino que supondría un ahorro evidente a las arcas del Estado".


"El coste medio del tratamiento de un cáncer colorrectal en España supera los 27.000 euros, que aumenta mucho más si contabilizamos las nuevas terapias biológicas y los tratamientos neoadyuvantes y quirúrgicos para la enfermedad metastásica. Más aún si contamos los años de vida perdidos y el sufrimiento de pacientes y familiares".


En julio de 2013 el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud aprobó incluir el cribado de cáncer de colon en la cartera básica de servicios. En consecuencia, todas las autonomías deberán incluirlo, cumpliéndose así la reiterada petición de Organismos como la AECC, que ahora, por fin, abandera el Ministerio de Sanidad y Consumo español.


                                           Actuaciones en Castilla y León


Sanidad de Castilla y León (Sacyl) inició en noviembre de 2013 el programa de detección precoz del cáncer de colon para la población de 65 a 69 años, para extenderse de manera progresiva a personas de 50 años. De esta manera 606.520 ciudadanos de la Comunidad entre 50 y 69 años tendrán acceso a este cribado universal en la cartera de prestaciones de la sanidad pública.


El consejero de Sanidad, Antonio Sáez, ya refería en septiembre de 2013, que se efectuará cada dos años una prueba de sangre oculta en heces, cuyo coste es de 3,96 euros. En caso de ser positiva se efectuaría una colonoscopia, para confirmar el proceso mediante visión directa del supuesto tumor y posterior estudio histológico de la biopsia obtenida. Esta técnica encarecía el coste hasta los 402 euros. También señalaba que el porcentaje de positividad estimado es del 7% en el intervalo de edad de 65 a 69 años, reduciéndose en edades inferiores. Según mi criterio, con esta argumentación el consejero intentaba justificar el retraso en la implantación del cribado a las personas de 50 años.  

                    

La Alianza para la Prevención del Cáncer de Colon señaló el día 31 de marzo de 2014, que la concienciación social es fundamental para la implantación y eficacia de los cribados de este tumor. El test de sangre oculto en heces se ha efectuado a dos millones y medio de personas de entre los doce que son susceptibles de beneficiarse de esta prueba.


También se ha constatado que la proporción media de participación es del 50%, que aumenta cuando los médicos de familia y enfermeras de los centros de salud sensibilizan a la población y cuando se repite la invitación a los que aún no han contestado.


Espero que en los próximos años se consoliden estas medidas de prevención, tanto primaria como secundaria, de este tumor maligno.




 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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