Cáncer de próstata: Efectos preventivos del café

A la luz de los conocimientos científicos actuales, el consumo de café también comporta un efecto preventivo frente a las formas graves del tumor maligno más frecuentemente diagnosticado en el varón europeo: el cáncer de próstata.


Según la Asociación Española contra el Cáncer (aecc) en España fallecen aproximadamente unos 6.000 hombres al año por su causa, lo que representa el 10% de todos los óbitos por cáncer masculino y el 2,8% del total de muertes entre los varones. Pues bien, a partir de 2011 se están publicando un conjunto de estudios científicos internacionales que revelan que los grandes consumidores de café se benefician de una notable reducción del riesgo de desarrollar las formas más graves de este cáncer: la letal y la rápidamente progresiva.


En las siguientes líneas voy a referir los trabajos de más calidad científica que sustentan la anterior afirmación.


ESTUDIO PIONERO


El primer trabajo que reveló el efecto preventivo del café con respecto al cáncer de próstata letal y avanzado fue el llevado a cabo por responsables del Departamento de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (1). En junio de 2011 publicaron el correspondiente artículo en la revista oficial del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU (JNCL Journal of the National Cancer Institute). Tras estudiar durante 20 años (desde 1986 hasta el 2006) a una muestra de 47.911 profesionales y proveedores de salud (Health Professionals Follow-up Study) observaron que 5.035 desarrollaron cáncer de próstata, de los cuales 642 sufrieron formas letales, esto es, que murieron a causa del mismo o que desarrollaron metástasis fatales.


Pues bien, tras registrar el consumo de café mediante cuestionarios de frecuencia de alimentos (cada 4 años) y controlar exhaustivamente diversos factores o variables de confusión (tabaco, alcohol, grado de actividad física, obesidad, historia familiar de cáncer de próstata, evaluación de Antígeno Prostático Específico (PSA), ingesta de zumo de tomate, ácido linoleíco, calcio, suplemento vitamina E, carnes procesadas…), comprobaron que el riesgo de desarrollar un cáncer prostático letal era un 60% menor en los consumidores de seis o más tazas de café al día(ingeridas por el 6% de los miembros de la muestra) con respecto a los no consumidores de café (RR: 0,40). Este beneficio se apreció tanto en los bebedores de café normal o completo como en los consumidores de café descafeinado.


En consecuencia, el efecto protector no parece depender de la cafeína sino de otros compuestos químicos del café, muy rico en antioxidantes. Sin embargo, esta favorable asociación inversa entre el alto consumo de café y el cáncer de próstata no se observó en las formas no avanzadas y de bajo grado de malignidad.


Don Oscar de Toro Santos: maestro barista impartiendo docencia con cafeteras de infusión (Chemex, Sifón, francesa o de émbolo...)


“La asociación entre el consumo de café y el cáncer de próstata debe ser evaluada en otros estudios de cohortes, con un amplio rango de consumo de café, donde se controlen variables de riesgo independiente (de confusión) como el tabaco y se evalúen los cánceres letales y avanzados”,  sentencian los autores en las líneas finales de su artículo.


ESTUDIOS PROSPECTIVOS QUE RESPALDAN ESTAS CONCLUSIONES


En 2012, el grupo escocés de Shafique y colegas recogió el testigo mostrado por el grupo norteamericano, referido anteriormente. Para ello valoraron un trabajo prospectivo efectuado con una muestra de 6.017 varones, incluidos en el Estudio de Cohorte Colaborativo del Reino Unido (Collaborative cohort study in the UK) entre 1970 y 1973, que fueron controlados hasta el 31 de diciembre de 2007, esto es, observados durante una media de 28 años y un máximo de 37 años (2). 


Durante este largo seguimiento fueron 380 los hombres a los que se les diagnosticó un cáncer prostático, mediante el correspondiente estudio histopatológico (en material biópsico), que permitió evaluar el grado de malignidad del tumor (desde baja y moderada hasta alta malignidad, según grados de Gleason). Tras emplear el adecuado aparato estadístico (regresión de Cox) y controlar diversas variables de confusión se pudo constatar que los varones que consumían tres o más tazas de café al día se beneficiaron de una reducción del 55% del riesgo de cáncer agresivo o de alto grado de malignidad (Gleason ≥ 8) cuando se los comparaba con los no bebedores. Sin embargo, tampoco apreciaron una reducción del riesgo de cánceres de bajo e intermedio grado de malignidad así como del riesgo global de cáncer de próstata. 


Estos autores comprobaron, además, que cualquier cantidad de café consumida reducía significativamente el riesgo de cáncer agresivo de próstata con respecto a los no bebedores (HR: 0,51, CI: 0,29-0,87, p=0,01), tras ajustar o controlar variables como la edad, tabaquismo, clase social, consumo de té, ingesta de alcohol, Índice Masa Corporal (IMC), colesterol plasmático y presión sanguínea. 


Los autores concluyen el estudio afirmando lo siguiente: “Los hombres que consumen regularmente café experimentan una reducción del riesgo de cáncer agresivo de próstata. Nuestro hallazgo es importante, dada la ausencia de factores de riesgo modificables para este cáncer y, particularmente, para el de alto grado de malignidad. Se requieren más estudios que examinen esta asociación con diferentes tipos de café y con evaluación del riesgo específico según el grado de malignidad y el estadio del cáncer”.


Al año siguiente, en noviembre de 2013, Geybels, Janet L. Stanford y colegas publicaron en una revista de prestigio de EEUU (Cancer Causes & Control) un artículo3 cuyas conclusiones fortalecen las de los estudios mencionados anteriormente. Efectivamente, estos investigadores llegan a comprobar que los hombres que beben cuatro o más tazas de café al día ven reducido el riesgo de recidiva y/o progresión de cáncer de próstata en un porcentaje del 59%, con respecto a los que beben sólo una o menos tazas de café a la semana.


Vamos a analizar un poco este trabajo.


Standord y colegas estudiaron y siguieron durante una media de 6,4 años a 630 supervivientes de cáncer de próstata (diagnosticados entre el 2002 y el 2005 en Washington, USA), a fin de identificar recidivas o/y progresión del tumor inicial. Durante este tiempo de seguimiento se apreció que el cáncer evolucionó desfavorablemente en 140 pacientes, por tres posibles motivos: uno, porque les causara la muerte (25 casos); otro, porque sufrieran metástasis (comprobadas con gammagrafías óseas, biopsias, resonancias magnéticas); y el tercero, por la aplicación de tratamientos secundarios ante la extensión tumoral.


El consumo de café lo evaluaron con un cuestionario de frecuencia de alimentos, que permitió clasificarlo en cinco categorías, que oscilan desde un consumo mínimo, uno o menos cafés a la semana, hasta un consumo máximo, cuatro o más tazas de café al día.


Al igual que en los estudios previos, efectuaron un exhaustivo control de diversas variables de confusión (alcohol, tabaco, práctica de ejercicio físico, IMC, evaluación de PSA, toma regular de aspirina, consumo de té, etcétera). Pues bien, tras emplear el adecuado aparato estadístico (Modelo de múltiples variables con la regresión proporcional de Cox) observaron lo mencionado previamente: cuando se compara a los pacientes que consumen más café (el 12% consumieron cuatro o más tazas al día) con los que beben menos (una taza o menos a la semana), la reducción del riesgo de recidiva o/y progresión tumoral es un 59% menor en los primeros. Sin embargo, no observaron una reducción significativa de la mortalidad por cáncer prostático, que ellos atribuyen, en parte, a que el número de muertes fue muy escaso y, por tanto, de menor  validez estadística.


Finalmente, estos autores se jactan de ser los primeros que han estudiado la posible asociación entre el consumo de té y el riesgo de cáncer prostático agresivo. Aunque no encuentran una asociación estadísticamente significativa, aconsejan que tal asociación se investigue en otros trabajos que valoren grandes muestras de pacientes y con mayores consumos de té que los exhibidos por los pacientes de su estudio.


Explicando el manejo de la cafetera de Vacío o de Sifón japonés. Cortesía de Oscar de Toro. Cafetería Venecia. Santiago de Compostela, (A Coruña).


METAANÁLISIS


Voy a describir dos revisiones exhaustivas de trabajos científicos en dondese relacionan o asocian dos variables cualitativas: el consumo de café y el cáncer de próstata. La primera es de 2014, la segunda, de 2015. Ambas publicadas en revistas occidentales (USA) por investigadores asiáticos. Veámoslas.


En mayo de 2014 Lu Y, Qin X y colegas publicaron en Cancer Causes & Control los resultados de un metaanálisis (4) de doce estudios observacionales de casos y control, que incluían 7.909 casos de cáncer de próstata y 9461 controles, así como de nueve estudios de cohorte, que implicaban a 455.123 personas.


Cuando comparaban los sujetos de menor consumo de café con los de mayor consumo (USA ≥4 tazas/día, Europa≥5 tazas/día) comprobaron que estos últimos tenían un riesgo de cáncer prostático significativo menor que los primeros: un 9% inferior (OR: 0.91; CI 0,86-0.97).


En otro análisis evaluaron el consumo de café con el grado de malignidad de cáncer prostático a la luz del estudio anatomopatológico (grados de Gleason), observando una asociación inversa en todas las categorías de cáncer excepto en los grados más benévolos o de menor malignidad (Gleason <7 ).


“Nuestro metaanálisis sugiere que el alto consumo de café (igual o superior a 4 ó 5 tazas café al día) puede no sólo asociarse con una reducción global del riesgo de cáncer de próstata sino también con una asociación inversa del cáncer fatal y el de alto grado de malignidad”, concluyen los autores del estudio.


El segundo metaanálisis elegido es el publicado en febrero de 2015 por Liu H y colegas en otra revista de prestigio (Nutr Cancer). (5)


Estos autores evaluaron treinta estudios de cohorte, que incluían 539.577 participantes y 34.105 casos de cáncer prostático. Calcularon los riesgos relativos (RR) para diferentes niveles de consumo de café, observando una reducción de un 2,5% del riesgo de cáncer por cada incremento de dos tazas en la ingesta habitual (RR: 0,975, 95%, CI: 0,957-0,995). Globalmente el riesgo relativo era de 0,90, cuando se comparaban los grandes consumidores de café con los no bebedores o pequeños consumidores, lo que comporta una reducción de un 10% del riesgo de desarrollar este tumor maligno por parte de los amantes del café.


Cuando estratificaron por región geográfica, observaron que los mayores beneficios se apreciaron en poblaciones europeas.


Cuando analizaron el consumo de café con el grado de avance o agresividad de este tumor maligno, comprobaron una reducción de un 11%(RR: 0,89) para los cánceres no avanzados, un 18% para los cánceres avanzados (RR: 0,82; 95% CI: 0,61-1,10) y de un 24% para los casos fatales (RR: 0,76, 95% CI: 0,55-1.06).


“Nuestros hallazgos sugieren que el consumo de café puede asociarse con una reducción del riesgo de cáncer de próstata así como también revela una asociación inversa con el cáncer no avanzado”, concluyen los autores del estudio. Es interesante comprobar que estos autores refieren una reducción del riesgo de cáncer más leve o no avanzado, algo que no han observado otros autores.


Estos últimos investigadores también refieren en sus conclusiones que se precisan más estudios prospectivos con grandes muestras de personas para confirmar esta asociación.


Preparación doméstica de café especial (Santa Rosa. Big Mr. Sunshine. El salvador) con la Chemex


HIPÓTESIS MÁS PLAUSIBLES QUE JUSTIFICAN ESTOS EFECTOS


Entre las diversas hipótesis esgrimidas para explicar la reducción del riesgo de cáncer prostático ejercido por el café, especialmente, del más agresivo, recidivante o/y fatal, mencionaré las siguientes:


  • La cafeína parece exhibir propiedades antitumorales, merced a su capacidad para reducir la proliferación celular maligna y provocar la apoptosis o suicidio celular (6,7). Además, estudios previos han revelado que la cafeína se asocia a una reducción del riesgo de ciertos cánceres, como los de ovario (8), el basocelular de piel (9) y el del glioma cerebral (10). No obstante, el trabajo de Wilson y colegas, esto es, el de la Escuela de Salud de la Universidad de Harvard 1 reveló que la reducción del riesgo de cánceres prostáticos fatales lo exhibe tanto el café normal como el descafeinado. Por ello, estos autores creen que el efecto protector del café debe depender de otros compuestos químicos.


  • El cafestol y el kawheol, dos diterpenos del café, pueden inhibir la proliferación celular maligna (11).


  • El café es una gran fuente de ácido clorogénico, el cual es un compuesto fenólico con reconocidas propiedades anti-inflamatorias, anti-oxidantes y de modulación del metabolismo de la glucosa (12,13) Existen pruebas de que el ácido clorogénico y el ácido cafeíco del café pueden inhibir la metilación del DNA, un proceso bioquímico implicado en el desarrollo y progresión de muchos tipos de cáncer (14). De ahí su probable potencia anticancerígena.


  • Por reducir los niveles de insulina en sangre. Dado que se ha visto que la hiperinsulinemia (aumento de concentración de insulina en sangre) se asocia a un incremento de la progresión tumoral y de la mortalidad, probablemente debido a la existencia de receptores de insulina en las células de este cáncer (también en las de endometrio y de cerebro) que cuando son estimulados por esta hormona incrementan notablemente su capacidad proliferativa, es muy probable que la reconocida actividad antidiabética del café (usualmente por el ácido clorogénico) participe de su efecto anticancerígeno.


En fin, en este artículo hemos visto otro efecto saludable del café que, unido a otros muchos, ya explicados en diferentes artículos de este blog, lo convierten en una bebida bastante recomendable. Aunque su consumo universal no parece que necesite de estos elogios. No olvidemos que el café es el segundo producto que más cotiza en bolsa después del petróleo. Sin embargo, yo me congratulo con todas estas bondades, pues estoy bastante convencido de que puede incrementar la esperanza de vida en buena salud, sobre todo si se trata de cafés especiales preparados y servidos por baristas, plenos de exquisitez. ¡Cómo no!

            

Dr. Félix Martín Santos


BIBLIOGRAFÍA


1 Coffee consumption and prostate cancer risk and progression in the Health Professionals Follow-up Study. Kathryn M. Wilson, Julie L. Kasperzyk, Jennifer R. Rider, Stacey Kenfield, Rob M. van Dam,Meir J. Stampfer, Edward Giovannucci and Lorelei A. Mucci J Natl Cancer Inst 2011 103(11):876––884


2 Coffee consumption and prostate cancer risk: further evidence for inverse relationship Kashif Shafique, Philip McLoone, Khaver Qureshi, Hing Leung, Carole Hart and David S Morrison. Nutrition Journal 2012, 11:42  doi:10.1186/1475-2891-11-42


3 Coffee and tea consumption in relation to prostate cancer prognosis. Cancer Causes Control. 2013 Nov;24(11):1947-54. doi: 10.1007/s10552-013-0270-5. Epub 2013 Aug 2. Geybels MS, Neuhouser ML, Wright JL, Stott-Miller M, Stanford JL


4 Coffee consumption and prostate cancer risk: an updated meta-analysis Cancer Causes & Control. May 2014, Volume 25, Issue 5, pp 591-604 Yu Lu, Limin Zhai, Jie Zeng, Qiliu Peng, Jian Wang, Yan Deng, Li Xie, Cuiju Mo, Shi Yang, Shan Li, Xue Qin


5 Coffee consumption and prostate cancer risk: a meta-analysis of cohort studies. Nutr Cancer. 2015;67(3):392-400. doi: 10.1080/01635581.2015.1004727. Epub 2015 Feb 23. Liu H, Hu GH, Wang XC, Huang TB, Xu L, Lai P, Guo ZF, Xu YF.


6 Caffeine inhibits cell proliferation by G0/G1 phase arrest in JB6 cells. Cancer Res. 2004 May 1;64(9):3344-9 Hashimoto T, He Z, Ma WY, Schmid PC, Bode AM, Yang CS, Dong Z


7 Induction of apoptosis by caffeine is mediated by the p53, Bax, and caspase 3 pathways. He Z1, Ma WY, Hashimoto T, Bode AM, Yang CS, Dong Z. Cancer Res. 2003 Aug 1;63(15):4396-401


8 Caffeine, alcohol, smoking, and the risk of incident epithelial ovarian cancer. Tworoger SS, Gertig DM, Gates MA, Hecht JL, Hankinson SE. Cancer. 2008 Mar 1;112(5):1169-77. doi: 10.1002/cncr.23275.


9 Increased Caffeine Intake Is Associated with Reduced Risk of Basal Cell Carcinoma of the Skin Fengju Song1,4, Abrar A. Qureshi1,2, and Jiali Han. Cancer Research 2012; 72; 3282-9


10 Holick CN, Smith SG, Giovannucci E, Michaud DS. Coffee, tea, caffeine intake, and risk of adult glioma in three prospective cohort studies. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2010;19:39–47.


11 Huber WW, Rossmanith W, Grusch M, et al. Effects of coffee and its chemopreventive components kahweol and cafestol on cytochrome P450 and sulfotransferase in rat liver. Food Chem Toxicol.2008;46:1230–8. 


12 Farah A, Monteiro M, Donangelo CM, Lafay S. Chlorogenic acids from green coffee extract are highly bioavailable in humans. J Nutr. 2008;138:2309–15. 


13 Tunnicliffe JM, Shearer J. Coffee, glucose homeostasis, and insulin resistance: physiological mechanisms and mediators. Appl Physiol Nutr Metab. 2008;33:1290–300. 


14 Lee WJ, Zhu BT. Inhibition of DNA methylation by caffeic acid and chlorogenic acid, two common catechol-containing coffee polyphenols. Carcinogenesis. 2006;27:269–77. 


 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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