Castilldecabras: Corazón de la Sierra de las Quilamas

En la Sierra de las Quilamas, porción septentrional de la Sierra de Francia, existe un paraje arriscado y poco accesible que engrandece y hace honor a esta reserva de la biosfera: Castilldecabras. 

Desde su plataforma rocosa se pueden observar las huellas en las montañas opuestas de los torrentes que originan y nutren el río Quilamas. El planeo alegre de la cigüeña negra y el vuelo majestuoso del buitre negro aumentan la singularidad y el carácter emblemático  del valle homónimo y de toda esta sierra.


Linares de Riofrío se encuentra a unos siete kilómetros de Castilldecabras. Una bellísima ruta de montaña permite conectar ambos lugares, pasando por lugares profundamente entrañables para mí: cuesta de las Pollinas, bosque de la Honfría y el Hueco.


Son tres los kilómetros que hay que recorrer desde la fuente de la Marina de Linares de Riofrío hasta la fuente de la Honfría, siempre y cuando atajemos por el sendero de las Pollinas; si decidiéramos subir por el camino principal habría que añadir como un kilómetro más.  


Por encima de la fuente de la Honfría hay una pequeña superficie, que en el mes de mayo se engalana con la presencia de peonías y de orquídeas silvestres. Si la remontamos, entre un cerezo centenario y varios merenderos, llegaremos hasta el camino que nos conducirá, a la izquierda, en un trayecto de unos 700 metros, entre melojos, hasta el mítico Hueco. Antes habrá que abandonar, también a la izquierda, el camino que se dirige a las Peñas del Agua. Ya en los pastizales del Hueco, habrá que sobrepasar un paso canadiense para llegar al camino que conduce, a la izquierda, a San Miguel de Valero y, a la derecha, al acceso a Castilldecabras.


Obviamente, ascenderemos por la derecha, hacia el oeste, para que, tras recorrer 450 metros veamos a la izquierda la vereda que lleva hasta el Pico Porrejón. Durante este corto trayecto, de casi medio kilómetro, podemos disfrutar con la contemplación de una panorámica de excepcional belleza. Si desde esta atalaya (de 1.160  a 1.172 metros) miramos al sur, podremos contemplar una parte importante del valle de las Quilamas; al suroeste veremos Miranda del Castañar y la parte correspondiente de las Batuecas; al sureste, observaremos las poderosas cumbres de los montes y picos de la Sierra de Béjar…                                                               


También quiero resaltar que en este corto tramo me topo en mayo, entre muchas otras plantas, con numerosos ejemplares de cantueso florecido (Lavanda pedunculata, variedad stoechas) así como con la omnipresente jara pringosa (Cistus ladanifer), cuyo intenso aroma domina el ambiente. Además, el ruiseñor (Luscinia megarynchos) se impone al resto de aves, durante los días y noches del mes de mayo, con su bellísimo y variado canto. La sobriedad de colores de su plumaje la compensa con las hermosas melodías que ofrece a los que tenemos la fortuna de escucharlo en este insólito y extraordinario paraje.


Al final de la primavera y principio del verano florecen el tomillo blanco o mejorana española (Thymus mastichina), así como el tomillo salsero (Thymus zygis). También en verano se oye y se ve al abejaruco (Merops apiaster), haciendo acrobacias para capturar las abejas de las colmenas próximas, gran parte de las cuales son de mi buen amigo Rafa. En fin, seguiría relatando durante mucho tiempo las bellezas que adornan este queridísimo paraje: el Hueco. Sin embargo, tenemos que continuar hasta Castilldecabras.


Dejamos a la izquierda la vereda del Pico Porrejón, para descender en pos del acceso al paraje que da título a este artículo. Nada más iniciar el descenso nos encontramos a la derecha (noreste) un pequeño castañal, que en junio nos regala el aroma de sus candelas y en octubre derrama su nutritivo fruto sobre este camino. Durante los primeros 600 metros de recorrido por este sendero, me encuentro rodeado por numerosos ejemplares de retama, jara, helechos y bastantes castaños. A la izquierda, al suroeste, se pueden apreciar las montañas que delimitan el valle del río Quilamas, con el emblemático monte “Castillo Viejo de Valero”, más en lontananza se observa la mole de la Peña de Francia (1.727 m). 


Si recorremos unos 900 metros más, hasta donde acaba el camino, nos encontraremos a la izquierda un cartel con el título “Ruta de los Caminos Históricos de Entresierras”. Luego, figura en mayúsculas el nombre de CASTILLDECABRAS. Por debajo del cual el autor efectúa una pequeña evocación histórica del lugar, una descripción de la flora y fauna, también nos recuerda que estamos en una Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA)  y nos advierte que a partir de aquí hay restricciones de acceso en la época de nidificación (de febrero a agosto) de la cigüeña negra y del buitre negro, aves en claro peligro de extinción.


Si nos adentramos en dirección a Castilldecabras tendremos que recorrer durante unos 400 metros una estrecha vereda, semioculta por numerosa retama de notable altura, pues en algunos tramos sobrepasa los dos metros. Tras salir de esta espesura nos topamos con un encinar, que atravesaremos por una pequeña vereda, zigzagueando durante 650 metros, para toparnos con una tenada, medio derruida, de cabreros. En este descenso hay que tener cuidado de no desorientarse, para lo cual tenemos que fijarnos bien en el piso, donde los buenos y respetuosos excursionistas de estos parajes suelen colocar pequeños montoncitos de piedras a modo de señales indicadoras.


A los 100 metros de descenso por este encinar -llevamos recorridos poco más de seis kilómetros (6.100 m) desde el punto de partida- el camino gira bruscamente a la izquierda. En ese punto y momento veremos a la derecha un gran derrubio de piedras de la ladera opuesta, la pedrera de Cancho Gordo. Tras recorrer unos 160 metros más de vereda, observaremos, mirando al oeste y abajo, el paraje de Castilldecabras; más arriba y a distancia, la mole montañosa de la famosa cueva de las Quilamas.


Por fin, accedemos a una tenada de cabrero, sin techumbre, en cuyo interior se puede ver un buen ejemplar de encina (son muchos los años de abandono) y una especie de pollo de piedra adherido a una de sus paredes. Tras bordearla por estrecha vereda, nos topamos con un suelo de piedras dispuestas con cierto orden, semejando un sendero pétreo, por el que se puede caminar durante unos 100 metros, para que a continuación volvamos a pisar suelo con tierra y piedras. De esta guisa llegamos, tras 700 metros de deambular, hasta el ombligo de Castilldecabras, donde destaca un regato, que desciende de algún manantial o torrente del Pico Cervero, situado a la derecha, al norte, como una gran cima ciclópea (1.465 m.). Unos pocos metros más abajo el regato se convierte en una notable cascada: la chorrera el Vieico.


Peña del diablo


En una de las casi inaccesibles paredes que bordean la cascada han criado durante décadas sucesivas generaciones de águilas reales. En su nido incubaban uno o varios huevos, para luego dar de comer a sus pequeñas crías.


Refiero este último hecho para transmitir a los lectores de este blog una pequeña historia que me han referido varios cabreros de Valero y de San Miguel de Valero, entre ellos mi buen amigo Rafa. 


Se la escuché por primera vez a un cabrero septuagenario de San Miguel de Valero. Lo hizo con cierta precaución, hablando casi en susurros, pues aunque antaño tales vivencias eran permitidas para los más audaces; hogaño, serían motivo de castigo y multa. Aunque este buen hombre había sido protagonista de muchos de estos lances, a mí me agrada más referir este relato como me lo contó mi querido amigo Rafa, mientras tomábamos unas consumiciones en un bar de San Miguel de Valero.


-- Mira, Félix, cuando aún había linces en las Quilamas, algunos cabreros, muy astutos ellos, eran capaces de robar la comida que el águila real dejaba para alimentar a sus crías. Para ello, iban  al nido que las águilas mantenían y reparaban, año tras año, en los canchales de Castilldecabras,  justo encima de la chorrera del Vieico y enfrente de la Peña el Diablo. Aprovechando los momentos en que los padres abandonaban el nido para cazar, se acercaban para colocar un betijo en la boca de los pequeños aguiluchos para impedirles comer.


En este momento lo interrumpía para que me explicara el significado de betijo, palabra que nunca había oído.


-- ¿Qué es un betijo? ¿Para qué sirve?


Rafa, se recreó con la respuesta, mostrando gran conocimiento y experiencia.


-- El betijo es un fino palo de jara o de torvisco que atravesábamos en la boca de los chivos, fijándolo con un cordel a los cuernos. Así no podían mamar, pero sí pacer. De esta forma, las cabras, debilitadas por la lactancia, podían recuperarse y luego quedar de nuevo preñadas. Yo he colocado muchos betijos a los chivos, pero nunca a las crías del águila real. Sin embargo, un hermano mío, seis años mayor que yo, embetijó a muchos aguiluchos, mientras vigilaba en las Quilamas a las machorras o cabras aún no preñadas.


Como no estaba del todo convencido volvía a insistir para que me resolviera mis dudas.


-- ¡Pero, Rafa!, los aguiluchos con el betijo no podrían comer y, por tanto, acabarían muriendo.


-- ¡Qué va, hombre! Tanto mi hermano como nuestros paisanos de Valero y de San Miguel, quitaban el betijo a las pequeñas águilas para que pudieran alimentarse con parte de la comida, pero quedándose ellos con la parte más suculenta. De esta forma, los aguiluchos podían alimentarse lo suficiente para crecer y para que sus padres no dejaran de acarrear comida al nido.


El ingenio y la sagacidad de estos cabreros eran dignos de encomio, pues procuraban obtener una notable fuente de proteínas, en épocas de escasez, sin que se diera cuenta el  águila real. La realidad era que comían tanto las crías de águila como la familia del pastor,  merced al denuedo y esfuerzo de la pareja de águilas reales y a la perspicacia y talento del cabrero. Es indudable que eran otros tiempos y otras épocas.


 Chorrera el Vieico


Esta pequeña historia me sirve para mostrar mi más sentida admiración por la gente autóctona de estos pueblos y valles. ¡Cuánto conocimiento y experiencia atesoran! ¡Cuánto han tenido que luchar! ¡Me encanta escuchar sus historias y vivencias!


Aconsejo andar con mucho tiento y precaución si queremos aproximarnos a la chorrera del Vieico. No es difícil caerse. Yo la he visitado en varias ocasiones. En una me resbalé y me quedé en la plataforma superior, desde donde cae el agua a chorro. Un poco más y me precipito al vacío. Por otra parte las fotos efectuadas desde arriba tienen poca perspectiva. En consecuencia, no recomiendo aventurarse mucho en torno a la cascada.


Sí que podemos acceder fácilmente a la gran plataforma pétrea del que podemos llamar pico de Castilldecabras. Para ello atravesaremos el regato inicial y seguiremos una vereda medio oculta por altas retamas, siguiendo paralelos al gran risco que tenemos orillado a la izquierda.


Así, en pocos metros subiremos esta pequeña cima (1.104 metros), desde donde contemplaremos una bellísima panorámica. Si miramos al oeste veremos las montañas que circundan el valle en su inicio: al noroeste la mole de la buitrera donde se encuentra la legendaria cueva de las Quilamas; al suroeste, en la ladera opuesta las montañas de La Bastida, donde se hallan los manantiales del río Quilamas. Al norte, casi por encima de nosotros podremos ver el pico Cervero. Al sureste, el monte del Castillo Viejo de Valero. Al este, podremos ver la continuación del valle del río Quilamas, en dirección a Valero. Unos kilómetros más abajo desemboca en la margen derecha del río Alagón. Desde aquí es bastante fácil ver a numerosos ejemplares de buitre leonado, mezclado con algún buitre negro, aprovechando las cálidas corrientes de aire para ascender en círculos, mediante elegantes planeos.


Valle río Quilamas: montañas que circundan su inicio


El río Quilamas no se seca en ninguna época del año, aunque su caudal desciende significativamente en verano. Son muchos los arroyos y regatos que confluyen en el mismo, siendo el más importante el llamado río Chico o arroyo de San Juan, que desemboca en el Quilamas por su margen izquierda.


Valle río Quilamas: hacia Valero


En fin, este es uno de los recorridos más hermosos que uno puede efectuar. Si somos capaces de integrarnos en esta feraz naturaleza, entendiendo un poco de flora, fauna y geología podremos relajarnos y abstraernos de una forma muy efectiva y saludable.


Además, es una buena manera de ejercitar nuestros sentidos: la vista, contemplando las bellísimas panorámicas del entorno; el oído, escuchando los trinos de las diversas aves de la zona; el olfato, gozando del olor de sus numerosas plantas aromáticas (cantueso, jara, abrótano, tomillos, etcétera)…




                                                      Dr. Félix Martín Santos


 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.


2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.


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4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.


5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.


6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.


7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.


8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.


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