Código Europeo contra el Cáncer (OMS)

Cualquier estrategia nacional o internacional destinada a combatir el cáncer debe privilegiarse y priorizarse, pues los tumores malignos engloban un conjunto de procesos extremadamente frecuentes, graves y costosos tanto para los individuos como para la sociedad. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de su delegación especializada en esta temible enfermedad, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), publicó en octubre de 2014 la cuarta edición del Código Europeo contra el Cáncer.

Importancia del cáncer


La OMS ha revelado recientemente que en la Unión Europea hay 2,66 millones de nuevos casos de cáncer y 1,28 millones de muertes por año. Además, tanto la proporción de prevalencia (casos existentes) como la tasa de incidencia (casos nuevos) se incrementarán en los próximos años, a consecuencia del crecimiento de la población y, sobre todo, del envejecimiento de los ciudadanos europeos.


En España, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó en febrero de 2015 las defunciones según la causa de muerte del año 2013, donde se pudo comprobar que los tumores representaron la segunda causa de muerte (tasa de 283,3 fallecidos por cada 100.000 habitantes), sólo por detrás de las enfermedades cardiovasculares. Por sexo, los tumores fueron la primera causa de muerte en los hombres y la segunda en las mujeres.


Los responsables de una mayor mortalidad en España fueron el cáncer broncopulmonar y el cáncer de colon. Por sexo, estos dos tumores fueron también los dos más frecuentes en varones. En las mujeres, en cambio, el cáncer con mayor mortalidad fue el de mama, seguido del cáncer de bronquios y pulmón.


Según datos de la Asociación Española contra el Cáncer (aecc), uno de cada tres varones y una de cada cuatro mujeres serán diagnosticadas de cáncer a lo largo de su vida. Sin embargo, en torno a un 40% de estos cánceres podrían evitarse.


Estos datos son un tanto escalofriantes, pues comportan una gran frecuencia y una extremada gravedad. Es obvio que todo esfuerzo nacional y/o internacional para reducir su riesgo y tasa de incidencia (prevención primaria) así como su proporción de prevalencia, mediante un diagnóstico precoz y un efectivo tratamiento (prevención secundaria), son tan necesarios como esperanzadores.

                       

¿Qué es el Código Europeo contra el Cáncer?


Es una iniciativa de la OMS para mejorar el control del cáncer en la Unión Europea, por ello está cofinanciado por la Comisión Europea. Empezó a funcionar en 1987 y periódicamente se ha ido revisando y actualizando concordantemente con el conocimiento científico y médico. Durante los 11 años que han transcurrido desde la edición anterior, la de 2003, se han integrado en la Unión Europea 13 nuevos Estados miembros, por lo que esta nueva edición de 2014 ha incluido una diversidad mayor de personas y, por tanto, de estilos de vida y de riesgos de desarrollar cáncer.


Como iremos viendo en las sucesivas líneas, este código reúne un conjunto de 12 recomendaciones a la población europea, a fin de controlar efectivamente esta temible enfermedad. Se trata de estilos de vida capaces de reducir el riesgo de cáncer (prevención primaria), así como técnicas de diagnóstico precoz para tratar más efectivamente los cánceres iniciales, incluso in situ (prevención secundaria).


Primero vamos a referir sintéticamente las 12 recomendaciones, tal como las expresó la OMS en su comunicado y, después, haremos algunos breves comentarios aclaratorios con respecto a las mismas.


Los citados consejos son los siguientes:

1.       No fume. No sustituya los cigarros por ninguna forma de tabaco.

2.       Mantenga su hogar libre de humo. Adopte políticas de espacios libres de humo en su lugar de trabajo.

3.       Esfuércese para mantener un peso corporal sano, evitando el sobrepeso y la obesidad.

4.       Sea físicamente activo. Reduzca el tiempo que usted pasa sentado cada día o incorpore la actividad física a su rutina diaria.

5.       Adopte una dieta saludable:

·         Consuma mucha variedad y cantidad de cereales de granos enteros, legumbres, verduras y frutas.

·         Limite la ingesta de productos hipercalóricos, ricos en azúcares o grasas saturadas, y evite las bebidas azucaradas.

·         No ingiera carnes procesadas; reduzca el consumo de carnes rojas y las comidas con mucha sal.

6.       Si bebe alcohol, limite la ingesta. No beber es lo mejor para evitar el cáncer.

7.       Evite tomar mucho el sol, especialmente en los niños. Emplee protecciones solares. No se tumbe a broncearse en tumbonas.

8.       En su lugar de trabajo, protéjase contra las sustancias y productos cancerígenos, siguiendo fielmente las recomendaciones específicas de seguridad y prevención de riesgos laborales.

9.       Asegúrese de que no está expuesto en exceso a fuentes naturales de gas radón en su domicilio. Si fuera así, emprendería acciones para reducir esta radiación.

10.   Para las mujeres:

·         La lactancia materna reduce el riesgo de cáncer de mama. Si tú puedes, da de mamar a tu bebé.

·         La terapia de sustitución o reemplazo hormonal incrementa el riesgo de algunos tipos de cáncer. Limite su uso.

11.   Asegúrese de que sus hijos se beneficien de campañas de vacunación específicas contra el cáncer:

·         Hepatitis B en recién nacidos.

·         Virus del papiloma humano (VPH) en chicas.

12.   Participe en las campañas de detección precoz de cáncer:

·         Cáncer de colon y recto en ambos sexos.

·         Cáncer de mama en mujeres.

·         Cáncer de cuello uterino en mujeres.


Si nos fijamos bien comprobaremos que de las doce recomendaciones, once son claramente de prevención  primaria, pues pretenden reducir el riesgo de cáncer, para que no acontezca, esto es, su objetivo es reducir la tasa de incidencia. Sólo la última es una clara medida de prevención secundaria: si el cáncer ya ha surgido vamos a emplear los medios adecuados para detectarlo muy precozmente, antes de que se desarrolle localmente y, por tanto, evitaremos también su propagación por vía linfática o/y sanguínea (metástasis). De esta forma podríamos erradicarlo y, por ende, curarlo.


En las siguientes líneas de este artículo y de otros venideros voy a intentar analizar una gran parte de estas recomendaciones antitumorales.


Lucha contra el tabaquismo activo y pasivo.


Es lo que advierten los dos primeros consejos. Sabemos que el tabaquismo activo es la primera causa de muerte evitable en los países occidentales, siendo responsable de más del 30% de los tumores malignos en Occidente. Es indudable que para un fumador la mejor inversión en salud es dejar de fumar.




También el tabaquismo pasivo es causa de enfermedad y sufrimiento, al menos tres procesos están inequívocamente asociados al mismo: cáncer de pulmón, cardiopatía isquémica (angina e infarto agudo de miocardio) y Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).


Durante los meses de julio y agosto de 2014 publicamos en este blog tres artículos sobre tabaquismo. En ellos traté los aspectos fundamentales de esta gran dependencia física, psicosocial y gestual. El que tenga interés en el tema  le invito a leerlos.

                               

Evitar la obesidad y el sobrepeso


Los autores de este código europeo contra el cáncer  aconsejan que las personas mantengan un peso corporal adecuado (Índice de Masa Corporal entre 18,5 y 25 kg / m2) porque el incremento de la grasa corporal aumenta la probabilidad de desarrollar varios tipos de cáncer: colon y recto, riñón, esófago, páncreas y vejiga. Además, en las damas se ha observado un aumento del riesgo de cáncer de mama concomitantemente con el aumento de grasa, sobre todo en el climaterio, así como de cánceres de endometrio y de ovario.


Precisaremos que el Índice de Masa Corporal (IMC) resulta de dividir el peso entre la talla al cuadrado. Cuando una persona tiene este índice entre 25 y 30 kg/m2 diremos que tiene sobrepeso, mientras que la catalogaremos como obesa cuando el IMC es superior a 30 kg / m2


Considero importante valorar en su justa medida la grasa corporal. No hay que demonizarla, pues es un elemento constituyente de nuestro organismo, ya que, por ejemplo, provee aislamiento y protege algunos órganos internos, así como contribuye a la síntesis de ciertas hormonas. Se acepta que de una cuarta parte a una sexta parte del cuerpo de una persona saludable corresponde a grasa. Las mujeres tienen proporcionalmente más grasa que los hombres. Pues bien, por encima de estos valores de IMC y de grasa corporal empieza a resquebrajarse nuestra salud.


Además de medir el citado IMC y la proporción de grasa corporal (por ejemplo con pequeños aparatos que emplean técnicas de bioimpedancia) se considera importante valorar otro parámetro: el perímetro abdominal, a fin de detectar la denominada obesidad centrípeta. Si con una cinta métrica medimos en un varón una cintura igual o superior a 102 cm y en una mujer igual o mayor de 88 cm,  podremos afirmar que tienen auténtica obesidad centrípeta. Si fuéramos más vulgares y quizá más llanos diríamos que tienen barriga o tripa en exceso. Pues bien, ésta se asocia no sólo al llamado síndrome metabólico (hipercolesterolemia, hipertensión arterial, diabetes tipo 2 y cardiopatía isquémica) sino también a un riesgo incrementado de los cánceres referidos anteriormente.



Huyamos del sedentarismo                       


De lo anterior se deduce que evitar la obesidad centrípeta, manteniendo un peso corporal normal, es una manera efectiva de reducir el riesgo de cáncer. Para conseguir tan loable objetivo es preciso evitar el sedentarismo, mediante la práctica de actividad física aeróbica, y disfrutar de una dieta saludable y equilibrada como nuestra saludable Dieta Mediterránea. Precisamente éstas son las dos recomendaciones siguientes que los expertos de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) aconsejan seguir a los ciudadanos de nuestro continente.


Práctica de actividad física aeróbica


Los autores de este código remarcan que la actividad física regular reduce directamente el riesgo de cáncer de colon así como de cánceres de mama y de endometrio. Además, como permite mantener el peso corporal normal, también reduce indirectamente el riesgo de los cánceres citados más los de páncreas, riñón, esófago y vejiga. 




Durante los meses de enero y febrero de 2015 publicamos en este blog dos artículos sobre las bondades de la actividad física aeróbica. En ellos intenté mostrar que las pruebas científicas actuales revelan que el ejercicio físico regular, predominantemente aeróbico, es uno de los estilos de vida que más puede incrementar la esperanza de vida en buena salud, pues reduce la tasa global de muerte así como la tasa específica de muerte por las enfermedades más prevalentes, como los procesos cardiovasculares, tumorales y enfermedades neurodegenerativas. También enfaticé dos hechos inequívocos: uno, es mejor poco que nada; otro, es mejor mucho que poco. Sí, porque, por una parte, pequeños niveles de actividad física proporcionan significativos beneficios con respecto al sedentarismo; y, por otra, el riesgo de procesos cardiovasculares, tumorales, diabetes tipo dos, enfermedades neurodegenerativas y otros procesos se reduce a medida que aumenta el nivel de esfuerzo físico.


En el siguiente artículo analizaremos las características fundamentales de una dieta saludable y preventiva de tumores malignos, según las recomendaciones plasmadas en este Código Europeo contra el Cáncer.

                                                                               


                                                    Dr. Félix Martín Santos



Fuentes bibliográficas:


European Code Against Cancer: 12 ways to reduce your cancer risk.  International Agency for Research on Cancer. World Health Organization. October 2014.


http://www.tribunaburgos.com/blogs/feliz-con-poco/post/tabaquismo-problema-de-salud-publica 


http://www.tribunaburgos.com/blogs/feliz-con-poco/post/tabaquismo-causas-de-la-dependencia-tabaquica-y-medidas-preventivas


http://www.tribunaburgos.com/blogs/feliz-con-poco/post/intervencion-clinica-en-tabaquismo


http://www.tribunasalamanca.com/blogs/feliz-con-poco-/post/aumentemos-nuestra-esperanza-de-vida-en-buena-salud-actividad-fisica-aerobica-regular


http://www.tribunasalamanca.com/blogs/feliz-con-poco-/post/salud-y-ejercicio-fisico--regular-amistad-inquebrantable


 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.


2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.


3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706


4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.


5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.


6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.


7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.


8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.


9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.


10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).


11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337


12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.


13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.


14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.


15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.


16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.


17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.


18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775


19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.


20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.


21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531