Consumo regular de brécol: Prevención de enfermedades crónicas

Las investigaciones científicas más recientes están revelando que el consumo regular de brécol puede incrementar la esperanza de vida en buena salud, dado que parece reducir la tasa de muerte global así como la específica por las principales causas de morbilidad y mortalidad.

Todo ello merced a su riqueza en nutrientes de alto valor biológico como los compuestos azufrados (glusosinolatos), de los que el sulforafano es su mayor exponente, responsables de sus excepcionales efectos antiinflamatorios, antioxidantes y desintoxicantes. Estas tres funciones son las que explican gran parte de los efectos saludables del brécol: antitumorales, protección cardiovascular, digestivos y neumológicos, entre otros.


En el artículo anterior detallamos la composición química del brécol y valoramos el gran efecto anticancerígeno de las crucíferas o brasicáceas, especialmente de cáncer de pulmón, mientras que en el que ahora empiezanos centraremos en la capacidad de reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, las enfermedades crónicas más prevalentes en el mundo occidental.


REDUCCIÓN DEL RIESGO DE ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES


Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística español, las enfermedades cardiovasculares, como la cardiopatía isquémica (angina de pecho, infarto agudo de miocardio, miocardiopatía por enfermedad coronaria) y los accidentes cerebro vasculares (ictus) como el infarto cerebral por trombosis, representan la primera causa de muerte en mujeres y la segunda en hombres. Además, a partir de los 70 años son la principal causa de muerte en ambos sexos.


En las próximas líneas vamos a comprobar la capacidad de las verduras, en general, y de las crucíferas, en particular, con el brécol a la cabeza, para disminuir el riesgo de morir y enfermar por tales enfermedades.


Estudios norteamericanos


Asociación inversa entre infarto cerebral y consumo de frutas y verduras


Uno de los primeros trabajos que versaron sobre el tema corrió a cargo de miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, quienes publicaron sus conclusiones en JAMA (octubre 1999). (1) Fueron Joshipura y Alberto Ascherio los que coordinaron un estudio prospectivo (de cohortes), en el que emplearon dos excepcionales muestras: 75.596 mujeres de 34 a 59 años de edad, pertenecientes al Estudio de Salud en Enfermeras (Nurses’ Health Study), y 38.683 hombres de 40 a 75 años del Estudio de Seguimiento de Profesionales de Salud (médicos, veterinarios, osteópatas, ópticos, entre otros). El seguimiento de ambos colectivos también fue muy notable: 14 años, a las mujeres; 8 años, para los varones.


La principal medida o resultado a evaluar fue la asociación entre la incidencia de infarto cerebral isquémico (por trombosis) con la ingesta de frutas y vegetales (por quintiles de ingesta). Pues bien, durante el periodo de seguimiento aparecieron una serie de casos de infarto cerebral (366 mujeres y 204 hombres) que permitieron, tras controlar los factores de riesgo cardiovascular (variables de confusión), comprobar que las personas que ingerían más frutas y verduras (5,1 piezas por día entre los hombres y 5,8 entre las damas) se beneficiaban con la reducción de un 31% del riesgo de desarrollar infarto cerebral (RR: 0,69; 95% CI 0,52 a 0,92), cuando se las comparaba con los que consumían menos (quintiles menores). Además, vieron un efecto dosis- respuesta, pues por cada incremento en una pieza o ración al día se observaba una reducción del 6% del riesgo de sufrir ictus.


Cuando particularizaron el tipo de verdura y fruta consumidos, observaron que los mayores beneficios se apreciaban en el colectivo de consumidores de verduras de la familia de las brasicáceas o crucíferas,donde el brécol es la gran estrella, pues el riesgo de infarto cerebral se redujo un 32%. Las segundas en el escalafón fueron las verduras de hoja verde, con una reducción del 21% del riesgo del ictus citado, seguido por los cítricos, que disminuyeron un 19% el riesgo de infarto cerebral.


“Estos datos revelan  que el consumo regular de frutas y vegetales, sobre todo crucíferas, exhibe un efecto cardiovascular realmente protector pues su consumo regular reduce significativamente el riesgo de infarto cerebral”,concluyen los autores del estudio.


Verduras saludables, cultivadas artesanal y ecológicamente: Huerto de Rafael Navarro, San Miguel de Valero, Salamanca.


Consumo de verduras y prevención de enfermedades cardiovasculares


Estos mismos investigadores publicaron dos años más tarde (junio de 2001) en otra revista de gran prestigio, Annals Interna Medicine, sus conclusiones sobre la relación entre la ingesta de verduras y frutas con el riesgo de cardiopatía isquémica (infarto de miocardio no fatal y enfermedad coronaria fatal). (2) Para ello, efectuaron un estudio prospectivo con los mismos colectivos de enfermeras y de proveedores de salud masculinos (ambas muestras ligeramente mayores en este estudio) y durante el mismo periodo de control, 14 años a las mujeres y 8 años de seguimiento a los varones. También emplearon el correspondiente aparato estadístico, con estricto control de variables de confusión, buen análisis de periódicas encuestas de frecuencia de alimentos, entre otros aspectos técnicos.


Sus conclusiones tampoco dejaron en mal lugar a los consumidores de frutas y verduras: 20% de reducción del riesgo de enfermedad coronaria(riesgo relativo de 0,80; intervalo de confianza al 95% entre 0,69 y 0,93). Además, el beneficio se incrementaba a medida que aumentaba el consumo de vegetales: un 4% de reducción del riesgo de coronariopatías con cada incremento de una pieza o ración diaria.


Lombardas, ejemplo de brasicáceas o crucíferas. Huerto de Rafael Navarro. San Miguel de Valero, Salamanca.


Consumo de crucíferas y reducción del riesgo de muerte global y específica por enfermedades cardiovasculares: estudio en Asia


Las poblaciones asiáticas consumen grandes cantidades de verduras de la familia de las brasicáceas. Sin embargo, pocos estudios epidemiológicos de calidad contrastada habían valorado los potenciales efectos saludables de las mismas. Por eso fue muy meritorio el estudio realizado por Xianglan Zhang y colegas, cuyas conclusiones (estudio de cohortes) publicaron en el año 2011 en una revista científica de USA, American Journal Clinical Nutrition 3. Estos investigadores también estudiaron dos grandes muestras de personas: 74.942 mujeres de 40 a 70 años, pertenecientes al Estudio de Salud de Mujeres de Shanghai, seguidas y evaluadas periódicamente durante 10 años; y 61.500 hombres de 40 a 70 años, controlados durante 4,6 años, del Estudio de Salud en Hombres de Shanghai. Las variables principales del estudio fueron la ingesta de vegetales, por una parte, y la mortalidad total y la específica por enfermedades cardiovasculares, por la otra.


Los resultados confirmaron que la ingesta de verduras y frutas reduce el riesgo global de muerte (tasa de mortalidad total) tanto para los hombres como para las mujeres, observando una reducción proporcional del riesgo a medida que se incrementa la ingesta, especialmente de crucíferas. Así pues, la reducción del riesgo alcanzó un porcentaje del 22% para los que consumían más verduras de la familia de las crucíferas (quintil mayor de consumo), con respecto a los que consumían menos (HR: 0,78;  95% CI, 0,71-0,85). La disminución del riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares fue muy significativa, no así la muerte global por cánceres. Aunque ya sabemos, por estudios recientes, que el consumo de brécol y otras crucíferas reducen notablemente el riesgo de cánceres particulares, como los de colon, mama, próstata, vejiga y pulmón.


Los autores concluyen el estudio afirmando: “Nuestros hallazgos sirven para recomendar un aumento en el consumo de verduras, particularmente crucíferas, así como frutas, a fin de promover la salud cardiovascular y la longevidad global”.


Fruta de calidad: Cerezas a punto de coger.


Estudio europeo: EPIC (Investigación Prospectiva Europea sobre Nutrición y Cáncer)


El EPIC es un gran estudio epidemiológico prospectivo europeo(participan casi todos los países de Europa, incluyendo España) en el que se valora la relación entre el tipo de dieta y la presencia de cáncer y enfermedades crónicas.


Cuando los investigadores evaluaron la asociación entre el consumo de vegetales, legumbres y frutas con la mortalidad total y la específica por causa de enfermar, observaron en una gran cohorte de diabéticos (10.449 ), seguidos durante 9 años, que un incremento de 80 gramos al día de tales alimentos se asociaba a una reducción de un 6% de la tasa de mortalidad total (RR: 0,94).


Con respecto a la mortalidad por enfermedades cardiovasculares la reducción del riesgo fue aún mayor: 12% (RR: 0,88 [95% CI 0,81-0,95]). Para el resto de enfermedades crónicas tampoco fue desdeñable: 10% de disminución del riesgo. Sin embargo, para la mortalidad por cáncer no vieron resultados similares. Su trabajo lo publicaron en abril de 2008 en la revista oficial de la Sociedad Americana de Nutrición. (4)


Reducción de la mortalidad por cánceres: ¡Cómo no!


Es preciso advertir que también existen estudios epidemiológicos que revelan una reducción del riesgo de muerte por cánceres entre las personas que consumen regularmente verduras, especialmente de la familia del brécol (crucíferas), como el llevado a cabo por miembros del Departamento de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, de Baltimore (EEUU). Estos investigadores comprobaron significativas disminuciones del riesgo de mortalidad total (37%), de muerte por enfermedades cardiovasculares (24%) así como de muerte por cáncer (35% de reducción del riesgo, con un HR de 0,65, cuyo intervalo de confianza al 95% osciló de 0,45 a 0,93). Aunque el estudio fue prospectivo (13 años de seguimiento de sujetos previamente sanos), la muestra fue relativamente pequeña (apenas 1000 personas). Publicaron su trabajo en American Journal of Epidemiology (marzo de 2004). (5)


Hipótesis más plausibles


El meollo patogénico de las enfermedades cardiovasculares como el de otras enfermedades crónicas y cánceres tiene que ver tanto confenómenos inflamatorios crónicos como con el estrés oxidativo, en ocasiones, orquestado por una deficiente desintoxicación.


Resulta que estas enfermedades se inician y desarrollan por la inflamación prolongada de la íntima arterial que hace que paulatinamente se vaya acumulando y oxidando el colesterol y, por ende, engrosando la pared y reduciendo la luz por donde circula la sangre oxigenada. Cuando la estrechez de la luz supera el 80% surgirá la clínica del angor pectoris,mientras que cuando la placa ateromatosa se ulcera y, luego, se trombosa, se pasará de la estenosis a la obstrucción, de la isquemia (reducción del flujo sanguíneo arterial) e hipoxia a la anoxia (falta de oxígeno a las células), lo que originará la muerte o necrosis isquémica del órgano en cuestión, esto es, el infarto, bien de miocardio, de cerebro, intestino, etc.


El periodo de inducción no es precisamente corto, sino de varias décadas de vida, aunque depende de la intensidad y suma de factores de riesgo a los que se someta el individuo. Obviamente, un gran fumador, bebedor, amante del sedentarismo y de las comidas copiosas, ricas en ácidos grasos saturados, es más probable que debute precozmente con un infarto agudo de miocardio, por ejemplo, sobre la cuarta o quinta década de la vida. Con demasiada frecuencia es causa de muerte súbita. Aunque paradójicamente la obstrucción coronaria se desarrolle tras toda una vida de estilos de vida deplorables (periodo de inducción muy largo).


Si queremos prevenir este cruel panorama sólo existe una estrategia, la de adoptar estilos de vida saludables: no fumar, no beber alcohol o hacerlo en mínimas cantidades, practicar actividad física aeróbica regular, beneficiarse de la Dieta Mediterránea, donde el aceite de oliva virgen extra es un gran protagonista al igual que la ingesta diaria de frutas y verduras, sobre todo crucíferas, entre las cuales el brécol o brócoli es la más beneficiosa. No desdeñar unos buenos cafés especiales (3 a 4 al día), pues también contribuyen a reducir el riesgo de procesos cardiovasculares.


Todo este cóctel de estrategias de salud tiende a converger en un doble efecto: antiinflamatorio y antioxidante, que actuando sobre la íntima arterial, logran evitar el descalabro propio de la arteriosclerosis o, en su defecto, a retrasarlo hasta edades más longevas.


En este momento podemos preguntarnos cuáles son los mecanismos utilizados por el consumo regular de brécol. Pues los mismos que los exhibidos para reducir el riesgo de tumores malignos, referido en el artículo anterior: antiinflamatorio, antioxidante y desintoxicante. Recordémoslos brevemente.


Efecto antiinflamatorio


Se debe principalmente a la inhibición que ejerce el sulforafano sobre el gran promotor de todos los fenómenos inflamatorios, el factor nuclear kappa B (NF-kappa B), que de esta suerte ya no podrá inducir la síntesis de múltiples sustancias inflamatorias, de complejos nombres (IL-6, IL-beta, TNF-alfa, INOS, COX-2…). (6,7)


Efecto antioxidante del brécol


Se debe a su riqueza en antioxidantes de primer orden como la vitamina C, la vitamina E, el beta caroteno (provitamina A), flavonoides como la quercitina y el kaemferol, carotenoides, como la luteína y la zeaxantina, minerales como el manganeso y el zinc. Aunque el mayor efecto antioxidante inherente al consumo regular de brécol es indirecto, esto es, se deriva de su efecto desintoxicante, que a continuación resumiremos.


Efecto desintoxicante


El efecto depurativo y desintoxicante de las crucíferas, multiplicado en el brécol, se debe a la capacidad de su producto estrella, el sulforafano, de activar el denominado factor nuclear eritroide dos (Nrf2), el cual estimula a los genes responsables de optimizar la función celular. Siendo los más importantes  os que codifican la síntesis de las enzimas principales de fase II: la glutatión -S-transferasa (GST), la uridinadilfosfato-glucuroniltransferasa (UGT) y, sobre todo, la quinona reductosa (QR). Su capacidad para neutralizar radicales libres derivados del oxígeno, como el superóxido (O2-) y el hidroxilo (OH) es realmente intensa.


También la capacidad del sulforafano para inhibir enzimas de fase I tiende a evitar la proliferación de metabolitos tóxicos de efectos oxidantes y proinflamatorios.


Reducción o neutralización de factores de riesgo cardiovascular por parte de las crucíferas


Efecto hipocolesterolemiante


El consumo regular de brécol se asocia a una significativa reducción de la concentración sanguínea de colesterol, merced a una acción de las fibras que aporta (1 gramo de fibra por cada 30 gramos de brécol): la de secuestrar en la luz intestinal a las sales biliares, promoviendo su expulsión por las heces, una vez que han cumplido su función digestiva (emulsionante de grasas). Esto fuerza al hígado a atrapar más colesterol para contribuir a la síntesis de ácidos biliares. En consecuencia, los niveles sanguíneos de colesterol descienden significativamente, sobre todo del dañino LDL.


Efecto protector de las lesiones vasculares de la diabetes


Las complicaciones más temibles de la diabetes son las que se derivan de la inflamación de los pequeños vasos sanguíneos (vasculitis),responsables de la retinopatía, de la neuropatía y de la nefropatía diabéticas. Pues bien, parece que parte de estos fenómenos inflamatorios de las pequeñas arterias tienden a ser reducidos por los compuestos químicos del brécol, especialmente del sulforafano.


Posible efecto protector neumológico


Las enfermedades crónicas más prevalentes en la esfera neumológica son el asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), las cuales provocan insuficiencia ventilatoria obstructiva de diverso grado (detectada en la espirometría), en la primera de carácter reversible; en la segunda, en cambio, la obstrucción bronquial es de carácter irreversible.


La causa fundamental de la EPOC es el tabaquismo, que hace que el fumador inhale continuamente tóxicos generadores de radicales libres que contribuyen a inflamar y dañar a los bronquios y al parénquima pulmonar, lo que tiende a destruirlos progresivamente. De ahí que la obstrucción bronquial detectada en la espirometría sea irreversible y, mientras se siga inhalando tabaco, progrese aceleradamente hasta acabar matando a ese 20-25% de fumadores que desarrollan EPOC, salvo que, en sus fases iniciales, les convenzamos para que dejen de fumar. Tal cese tabáquico también beneficia al fumador con EPOC avanzado, al menos prolonga su vida.


En el asma la etiología es más variopinta, pues se combinan causas alérgicas con otras de etiología no alérgica. Con demasiada frecuencia vemos sinusitis maxilares con bronquitis descendentes que llegan a complicarse con obstrucciones bronquiales variables y reversibles, esto es, con asma puro y duro. A estas situaciones la gente solía y aún suele denominarlas “catarros mal curados”.  En cualquier caso, en ambas situaciones lo que subyace son procesos inflamatorios crónicos que afectan a la pared bronquial.


También en ambos procesos se pueden desencadenar exacerbaciones por aumento de la contaminación atmosférica y por infecciones de las vías aéreas, que incrementan la inflamación preexistente.


Pues bien, con tanta inflamación crónica es fácil sospechar que el consumo regular de brécol pueda ofrecer una cierta protección broncopulmonar, que a lo mejor tienda a reducir el riesgo de asma y EPOC. Algo de esto debieron de pensar investigadores de la UCLA (Universidad de California-Los Angeles) para convencer a responsables de la EPA (Agencia de Protección Medioambiental de USA), Institutos Nacionales de Salud de EEUU y del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Medioambiental, también de USA, para que financiaran un estudio experimental con el que pretendían valorar la capacidad del brécol necesaria para reducir la inflamación de las vías aéreas que pudiera conducir a una reducción del riesgo de rinitis crónica, asma y EPOC. Su trabajo lo publicaron en marzo de 2009 en Clinical Inmunology. 8 Resumámoslo en las siguientes líneas.


El equipo de investigadores, liderado por Marc Riedl, trabajó con 65 voluntarios que fueron repartidos en un grupo que ingirió brotes de brécol, la mayor fuente de sulforafano, durante tres días,  y un grupo placebo, que tomaron brotes de alfalfa, carentes de sulforafano.


Al principio y al final del estudio, se hicieron enjuagues nasales con objeto de recoger muestras celulares en las que se pudiera evaluar el gen o genes de enzimas antioxidantes (de fase II) como el de la glutatión-S-transferasa (GSTP1) y el de la quinona oxidorreductasa (NQO1).


Los resultados del estudio fueron realmente esperanzadores, pues se apreció un incremento significativo de enzimas antioxidantes entre los que recibieron cantidades de brócoli de 100 gramos o más, cuando eran comparados con los del grupo placebo. Además, la intensidad de la respuesta era mayor a medida que el consumo de brécol se incrementaba, dado que los que consumieron 200 gramos al día respondieron con un aumento del 101% de la enzima GSTP1 y un incremento del 199% de NQO1, la mayor enzima antioxidante que existe.


Según los citados investigadores, el tratamiento con brotes de brócoli no se acompañó de efectos secundarios a resaltar, por lo que parecía seguro y efectivo para reducir la oxidación producida por los temibles radicales libres.


“Este es uno de los primeros estudios que revelan que el brécol ejerce potentes efectos antioxidantes, por lo que podría servir para paliar los procesos inflamatorios y, por lo tanto, para establecer potenciales tratamientos para varias enfermedades respiratorias”, sentencia Marc Riedl.


A mi entender, todo parece estar en mantillas, aunque estos resultados son muy prometedores y quizá sirvan para elaborar nuevas terapéuticas para tratar las enfermedades respiratorias más prevalentes. El tiempo lo dirá.


Brécol: crucífera por excelencia.


Otros efectos saludables del brócoli


Reducción del riesgo de ceguera asociada a la edad


La ceguera asociada a la edad se produce por la degeneración de las células de la mácula lútea, área de mayor agudeza visual de la retina. Usualmente la exposición solar y de la luz azul va oxidando las células de esta superficie retiniana. Sin embargo, existen unos carotenoides capaces de resistir la oxidación, por su fuerte carácter antioxidante: la luteína, ubicada en la periferia de la mácula; la zeaxantina, localizada en el centro de esta área. También se sabe que la ingesta regular de alimentos ricos en estos carotenoides logra incrementar la concentración en la mácula de los mismos, lo que se asocia a una notable reducción del riesgo de degeneración de esta superficie retiniana y, en consecuencia, una relevante disminución del riesgo de ceguera. Pues bien, el brécol al igual que otras crucíferas es una excelente fuente de luteína y zeaxantina.


Protección cutánea


Últimamente la investigación científica sobre las propiedades del brécol está revelando la gran protección de la piel que ejerce el sulforafano, liberado por la acción de la mirosinasa sobre la glucorafina, tras masticar el brécol. Los potentes efectos antioxidantes de este producto azufrado, por su intervención sobre los enzimas de fase II (estimulándolos) y de fase I (inhibiéndolos) incrementan la capacidad metabólica y desintoxicante de la propia piel, lo que la permite resistir más efectivamente el potencial daño en el DNA cutáneo ejercido por las radiaciones ultravioletas A y B9.


Estabilización del metabolismo de la vitamina D


La osteoporosis es una enfermedad ósea que acaba surgiendo a medida que el ser humano envejece, siendo especialmente susceptibles las mujeres, pues ya desde la menopausia, con la pérdida estrogénica, empiezan a sufrir procesos de desmineralización ósea. Sus consecuencias son una causa de sufrimiento humano: las fracturas vertebrales y las fracturas del cuello del fémur. Las primeras suelen afectar a los cuerpos vertebrales lumbares, con pérdida de la estabilidad de la columna y, a veces, provocando dolores por compresión radicular. Cuando las que se fracturan son las vértebras dorsales existe un significativo riesgo de sufrir una insuficiencia ventilatoria restrictiva (detectada por espirometría) por reducción del área de la jaula torácica, al demolerse parte del bastión posterior (el eje vertebral dorsal), lo que puede desembocar en insuficiencia respiratoria (reducción de la presión parcial de oxígeno arterial), que obligue a oxigenoterapia domiciliaria y a ventilación mecánica no invasiva.


La fractura de cadera por osteoporosis tampoco es moco de pavo, pues en torno al 50% de las personas que la sufren se quedan inválidas, a veces, en silla de ruedas. Por otra parte, cerca del 30% suele morir durante el primer año, bien por neumonías (al principio) o por embolias pulmonares.


Conociendo este triste panorama, la estrategia médica consiste en prevenir tal osteoporosis mediante el aporte diario de vitamina D y de calcio, así como ciertos medicamentos reforzadores de la estructura ósea (difosfonatos).


El brécol no es una fuente relevante de vitamina D, pero sí de vitamina K y de vitamina A (en realidad de beta-caroteno, precursor de la vitamina A), los cuales son fundamentales para equilibrar y estabilizar el metabolismo de la vitamina D, evitando las perjudiciales situaciones de hipervitaminosis D, secundarias a su administración diaria, a veces excesiva (o mal metabolizada).


En fin, espero y deseo que tanto este artículo como el del mes precedente sirvan para animar a la gente a consumir más vegetales, en general, y más crucíferas, en particular, con su producto estrella, el brécol. La inversión en salud derivada de tal conducta se aproxima a la que experimenta un fumador cuando abandona su pernicioso hábito.



Bibliografía:


1. Joshipura KJ, Ascherio A, Manson JE, et al. Fruit and vegetable intake in relation to risk of ischemic stroke. JAMA 1999;282:1233–9.


2. Joshipura KJ, Hu FB, Manson JE, et al The effect of fruit and vegetable intake on risk for coronary heart disease. Ann Intern Med 2001;134:1106–14.


3. Cruciferous vegetable consumption is associated with a reduced risk of total and cardiovascular disease mortality.  Xianglan Zhang, Xiao-Ou Shu, Yong-Bing Xiang, Gong Yang, Honglan Li,Jing Gao, Hui Cai, Yu-Tang Gao, and Wei Zheng. 2011 American Society for Nutrition.


4. Nothlings U, Schulze MB, Weikert C, et al. Intake of vegetables, legumes, and fruit, and risk for all-cause, cardiovascular, and cancer mortality in a European diabetic population.J. Nutr 2008;138:775–81.


5. Genkinger JM, Platz EA, Hoffman SC, Comstock GW, Helzlsouer KJ Fruit, vegetable, and antioxidant intake and all-cause, cancer, and cardiovascular disease mortality in a community-dwelling population in Washington County, Maryland. Am J Epidemiol 2004;160:1223–33.


6. Prawan A, Saw CL, Khor TO, et al. Anti-NF-kappaB and anti-inflammatory activities of synthetic isothiocyanates: effect of chemical structures and cellular signaling. Chem Biol Interact. 2009 May 15;179(2-3):202-11. 2009.


7. Sulforaphane and its methylcarbonyl analogs inhibit the LPS-stimulated inflammatory response in human monocytes through modulating cytokine production, suppressing chemotactic migration and phagocytosis in a NF-κB- and MAPK-dependent manner. Reddy SA, Shelar SB, Dang TM, Lee BN, Yang H, Ong SM, Ng HL, Chui WK, Wong SC, Chew EH. Int Immunopharmacol. 2015 Feb;24(2):440-50. doi: 10.1016/j.intimp.2014.12.037. Epub 2015 Jan 10.


8. Clinical Inmunology: March 2009, volumen 130.  Issue 3. Pages 244-251. “Oral sulforaphane increases phase II antioxydant enzymes in the human upper airway”. M. A. Riedl, A Saxon, D. Díaz Sánchez.


9. Nrf2 Activation Protects against Solar-Simulated Ultraviolet Radiation in Mice and Humans Elena V. Knatko, Sally H. Ibbotson, Ying Zhang, Maureen Higgins, Jed W. Fahey, Paul Talalay, Robert S. Dawe, James Ferguson, Jeffrey T.-J. Huang, Rosemary Clarke, Suqing Zheng, Akira Saito, Sukirti Kalra, Andrea L. Benedict, Tadashi Honda, Charlotte M. Proby and Albena T. Dinkova-Kostova Cancer Prev Res (Phila) June 1 2015 8 (6) 475-486; DOI:10.1158/1940-6207.CAPR-14-036. 



 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.


2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.


3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706


4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.


5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.


6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.


7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.


8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.


9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.


10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).


11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337


12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.


13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.


14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.


15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.


16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.


17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.


18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775


19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.


20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.


21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531