De Linares de Riofrío hasta el Pico del Mojón del Marrano: Caleros de la Sierra de las Quilamas

  A lo largo de la historia, los habitantes de Linares de Riofrío han contribuido al desarrollo sostenible del rico entorno natural que los vio nacer, pues disfrutaron y se beneficiaron de sus bosques, de sus caleros, de sus valles y fuentes, sin deteriorarlos ni esquilmarlos. Tal respeto a los ecosistemas circundantes favoreció su rica biodiversidad floral y faunística, hecho que fue compartido por los vecinos de los pueblos aledaños de la Sierra de las Quilamas, bastión septentrional de la Sierra de Francia, por lo que la UNESCO, en octubre de 2006, premió a estas tierras y a su laboriosa gente con el título de Reserva de la Biosfera de las Sierras de Béjar-Francia. Tal distinción amplía las ya existentes: Zona de Especial Protección de las Aves (ZEPAs) y Lugares de Interés Comunitario (LICs).




  En este contenido voy a describir la ruta desde Linares hasta la cumbre del pico de las Tres Rayas o del Mojón del Marrano, a fin de volver a recrearnos con la rica flora del bosque de la Honfría y de descubrir cómo los linarenses se aprovecharon durante siglos de las vetas de roca caliza que se desperdigaban por gran parte de estos montes, con objeto de obtener una excelente cal morena.


  En sintonía con este hecho, también describiremos una parte de una ruta inaugurada el dos de julio del presente año: La Ruta de la Sierra de la Calería, fruto de un proyecto de voluntariado llevado a cabo por los municipios de la comarca de la Calería (Linares de Riofrío, Escurial de la Sierra, La Rinconada de la Sierra y Navarredonda de la Rinconada), Diputación de Salamanca y Universidad de Salamanca (USAL), por medio de su Oficina Verde.


TRAYECTO DESDE LA FUENTE DE LA MARINA HASTA EL HUECO


Fuente de la Marina (agosto 2016)


Empezamos con los hornos y fábrica de cal: técnica de obtención


  El trayecto se inicia en la fuente de la Marina, situada a la izquierda del camino de la Honfría, junto a un cartel que recuerda que estamos en la ruta de las Quilamas. Esta fontana está enmarcada entre un saúco negro (Sambucus nigra) y un viejo cerezo (Prunus avium) por debajo de los cables del alumbrado, donde las golondrinas suelen posarse.


Horno de cal restaurado. Linares de Riofrío (Salamanca)


   Al poco tiempo de iniciado el recorrido nos damos cuenta de que estamos en la comarca de la Calería, pues, cuando aún no hemos hecho medio kilómetro, observaremos, a la izquierda, dos hornos de cal bastante próximos y, luego, una fábrica de cal. El primero de los caleros está muy restaurado; el segundo, bastante vetusto y arruinado, en parte cubierto por la vegetación. 


  Por si esto fuera poco, desde julio de este año, como decíamos antes, veremos en diversos puntos del camino, los emblemas indicativos de la Ruta de la Sierra de la Calería.


Emblema de la Ruta de la sierra de la Calería, ubicado a una centena de metros de la fuente de la Marina, poco antes del primer horno de cal (08-07-2017)

Fábrica de cal de Linares de Riofrío (Salamanca)


Antigua fábrica de cal de Linares de Riofrío. A la izquierda, la boca de los dos hornos de bóveda; a la derecha, la de los hornos de carbón. (08-07-2017)


Fábrica de cal de Linares de Riofrío (Salamanca)


   Junto a la fábrica de cal, el ayuntamiento de Linares ha renovado recientemente el cartel indicador de la misma, mejorando sensiblemente la información sobre la técnica tradicional de obtención de cal. Es muy recomendable entretenerse un rato para leer tan buena información.


La tradición calera de Linares se remonta, cuando menos, al siglo XVI, pues en 1572 eran once los caleros censados. Desde entonces, se mantuvo hasta mediados de los años sesenta del siglo pasado, cuando se prohibió la extracción de piedras calizas de la sierra. Un poco antes, en 1959, existían aún quince hornos en plena actividad.


  Nuestra fábrica de cal posee cuatro hornos, los dos primeros de leña o bóveda y los otros dos de carbón. Sus dimensiones son bastante apreciables: unos 4 metros de profundidad y de 2,5 a 3 metros de diámetro.


 Fábrica de cal de Linares de Riofrío: horno de leña o bóveda


Horno de leña o bóveda de la antigua fábrica de cal de Linares de Riofrío. (08-07-2017)


Horno de carbón de la fábrica de cal de Linares de Riofrío. Visión desde la boca del horno


Fábrica de cal de Linares de Riofrío: Horno de carbón. 08-07-2017


  En la preparación de cada hornada en el horno de leña era crucial la figura del “encañador”, verdadero especialista en la construcción de la bóveda, hilvanando con destreza las piedras desde la repisa hasta adoptar la citada forma abovedada. Luego, por encima, se colocaban las piedras calizas hasta llenar el horno, mientras que por debajo de la bóveda se quemaban escobas secas, a fin de mantener el fuego activo durante 24 horas, para lo cual era preciso reponerlas continuamente.


 El calor echaba el resto, esto es, facilitaba la reacción química en virtud de la cual la piedra caliza (carbonato cálcico) se transformaba en cal viva (óxido de calcio). El momento clave era cuando cedía la bóveda, coincidiendo con la cocción de toda la hornada, pues era cuando caía toda la cal. A continuación era preciso tener cierta paciencia, pues debía enfriarse la citada cal (unos dos días de espera) para extraerla por la boca del horno. En cada hornada se obtenían unas 1.000 arrobas de cal (11.500 kg), que luego sería utilizada para fabricar el mortero de construcción (como en la plaza mayor de Salamanca) así como para blanquear y desinfectar las paredes de las viviendas y casas.


  El negocio no era precario, pues en los años cincuenta esta fábrica vendía la cal a unas 25 pesetas la arroba (unos 0,15 €, lo que supone un total de 150 € por cada hornada), como bien se menciona en la información del cartel anunciador de esta fábrica, al igual que el nombre de los constructores y primeros dueños de la misma: Benigno Pérez y Antonio Regalado, que la construyeron a comienzo de los años sesenta del siglo pasado.


El trabajo solía tener un carácter ciertamente familiar, dado que se empleaban de 8 a 10 personas en sus diversas etapas: extraer la piedra caliza y acarrearla en carros (unos 10 por hornada), recoger escobas, encañar, atender el horno y recoger la cal.

Bifurcación Ruta de la Sierra de la Calería- Bosque y fuente de La Honfría


  A poco menos de un kilómetro (900 m.) de la Fuente de la Marina, en una superficie denominada Los Prados, veremos a nuestra derecha el emblema de la Ruta de la Sierra de la Calería, que nos indica que debemos abandonar el camino principal, el que conduce al bosque de la Honfría y a la fuente homónima, para desviarnos por el que aparece a nuestra izquierda, que  pasa por el pago del Cubo y la Peña del Guarro.


Emblema de la Ruta de la sierra de la Calería, señalándonos que debemos seguir por el sendero de la izquierda. 08-07-2017


  En este artículo procederemos a describir tanto el tramo de la Ruta de la Sierra de la Calería existente entre este punto y la bifurcación del Hueco-Peñas del Agua (2860 metros de longitud) cuanto el trayecto, por el camino principal o por el atajo de las Pollinas, que nos llevará hasta la fuente de la Honfría y, luego, a la bifurcación antes citada. De esta suerte, volveremos a disfrutar con la singular flora del bosque de la Honfría.


Prosiguiendo por la Ruta de la Sierra de la Calería de Linares de Riofrío


  Como antes decíamos, cuando llevamos recorrido poco menos de un kilómetro desde la fuente de la Marina y cerca de un kilómetro y medio desde la plaza mayor de Linares de Riofrío, veremos, a la izquierda del camino principal, el acceso a la ruta que empleaban los linarenses para transportar sus carros cargados de escobas y de piedras calizas en dirección a la fábrica de cal, con sus cuatro hornos, así como  a los hornos aledaños, más próximos a la fuente citada.


  Tras penetrar en el camino, andaremos, inicialmente, rodeados de espinos albares, robles y castaños colonizados por líquenes, viendo, a nuestra izquierda, antiguas tierras de labor, ahora convertidas en prados. De esta forma, pasaremos junto a otra señal indicadora de la ruta, a poco más de medio kilómetro de entrar en este camino (a los 640 metros), cortejada por jóvenes robles y sus inseparables líquenes.


Ruta de la Sierra de la Calería (a los 640 metros de entrar por estrecho camino): Robles colonizados por líquenes


  A partir de ahora el camino empieza a estrecharse y a empinarse más, al tiempo que múltiples robles y algún castaño parecen cobijarlo y arroparlo.


Ruta de la Sierra de la Calería: Ascendiendo entre robles y castaños


  Tras avanzar un trecho más, observaremos cómo el camino es atravesado por un pequeño regato, justo cuando tenemos a tiro de piedra la peña del Guarro, a nuestra izquierda, y el sendero describe una curva, a nuestra derecha, para dirigirnos hacia el oeste.


  Ascendemos por un lecho pedregoso, rozando una tapia barnizada por musgo, a nuestra izquierda, mientras que, a la derecha, vemos prados y tierras de un terreno de Linares, denominado la Pollina, que, enseguida, nos lleva hasta una nueva señal con el emblema de esta ruta calera, justo en el punto en el que nuestro sendero desemboca en un camino más amplio.


Ruta de la Sierra de la Calería: Desembocando en un camino más amplio (1190 metros recorridos)


   A continuación, avanzaremos contemplando un notable robledal, con su estrato arbustivo de helechos, a nuestra izquierda, en tanto que, por nuestra derecha, veremos bastantes ejemplares de castaños, alternando con robles, así como una serie de mojones, que tienen grabados números (desde el 395 hasta el 388) y letras mayúsculas (M.P.) .


Ruta Sierra de la Calería: Caminando entre robles y castaños. Sector de Linares (08-07-2017)


  Tras andar en torno a medio kilómetro a la sombra de los melojos, hallaremos una nueva señal de esta ruta, indicándonos que debemos introducirnos por un pequeño sendero, abierto a nuestra izquierda, que nos permitirá disfrutar, durante un tramo de unos doscientos metros, de un soberbio castañar. Nada más entrar, observaremos, a nuestra izquierda, dos castaños con señales rojas en su tronco, una cruz y una flecha, que también parecen indicarnos por dónde debemos pasar.


Ruta de la Sierra de la Calería: Atravesando un castañar, con marcas rojas de cruz y flecha. Linares de Riofrío (08-07-2017)


  A mi entender, este tramo es uno de los más bellos de esta ruta de la calería, pues hasta hace muy poco los castaños invadían este ancestral sendero, siendo los dueños y señores del paraje, como aún puede verse mirando a derecha e izquierda así como en el lecho que pisamos, con la tierra recientemente removida, por la corta de maleza y de algunos ejemplares de castaño, algunos de los cuales exhiben un porte verdaderamente notable, con sus poderosas ramas saliendo de la palma del tronco o, a veces, desde su misma base, con enhiestas vigas que ascienden buscando el sol, a fin de beneficiarse de la fotosíntesis.


Ruta de la sierra de la Calería: Poderosos castaños nos saludan en este sector de Linares.


Ruta de la sierra de la Calería en el área de Linares de Riofrío: alambrada y cerca de madera


   Tras andar una centena de metros, veremos, a nuestra izquierda, un portillo de madera, que da acceso a una pequeña finca, ahora perdida. A continuación, seguiremos avanzando un trecho más, mientras admiramos el exuberante castañar, hasta ver, a nuestra derecha, una nueva señal de la ruta, a partir de la cual los robles vuelven a enseñorearse del paisaje. En este momento hemos andado en torno a dos kilómetros desde que accedimos a esta ruta, tras dejar el camino de la fuente de la Honfría, en el pago de los Prados.


Ruta de la sierra de la calería: Un exuberante castañar deja paso al robledal


  La siguiente señal con el emblema de esta ruta aparece junto a un paso canadiense (como a un cuarto de kilómetro más adelante) para indicarnos dos cosas: una, que el camino continúa de frente, ascendiendo y recurvándose, entre melojos, para llegar al camino de Las Peñas del Agua; dos, que si avanzamos una cincuentena de metros, a nuestra derecha, tendremos la oportunidad y fortuna de ver uno de los castaños más longevos, corpulentos y saludables de esta ruta. Las tres fotos que aporto muestran una pequeña parte de su grandeza. ¿Cuántos siglos tendrá?


Ruta de la Sierra de la Calería en el sector de Linares de Riofrío: Poderoso y longevo castaño


Ruta de la sierra de la Calería: Parte alta de corpulento castaño en el sector de Linares de Riofrío (Salamanca).


Ruta de la Sierra de la Calería: Soberbio castaño en el área de Linares de Riofrío. (08-07-2017)


  Después de admirar esta obra de arte de la Naturaleza, basta con ascender una centena de metros más para desembocar al camino que va desde las inmediaciones de la fuente de la Honfría hasta las Peñas del Agua, un singular paraje de Linares de Riofrío, que ya describimos en este mismo blog, en el artículo de mayo de 2016, titulado: “Linares de Riofrío: Parajes emblemáticos de la Sierra de las Quilamas”.


Ruta de la sierra de la Calería: De frente, sigue la ruta; a la izquierda, ascensión al Hueco.


  Pues bien, al llegar al citado camino, deberemos dirigir nuestros pasos hacia la derecha durante poco más de medio kilómetro (600 metros), a fin de llegar hasta el nuevo cartel del camino, el cual sirve tanto para indicarnos que debemos seguir todo recto, pasando por encima de la fuente de la Honfría, como para invitarnos a desviarnos por la izquierda, a fin de llegar en corto trayecto al Hueco.


  Si nos fijamos bien, nos daremos cuenta de que este último emblema del camino está ubicado justamente en el cruce o bifurcación del camino que conduce a las Peñas del Agua y el del sendero al Hueco, antes citado.


  En las siguientes líneas procederemos a describir la ruta desde la Fuente de la Marina hasta la fuente de la Honfría y el bosque homónimo, para lo cual, al llegar al pago de los Prados, no deberemos desviarnos por la izquierda (acceso a la Ruta de la Sierra de la Calería) sino que continuaremos en línea recta por el ancho camino que parte desde el pueblo.


Ascenso hasta el bosque de la Honfría: flora singular


Son cuatro los kilómetros que tenemos que recorrer desde la fuente de la Marina hasta llegar a la fuente de la Honfría, en caso de ascender por el camino principal. Si subiéramos por la cuesta de las Pollinas, con tres kilómetros de duro pero hermoso ascenso, cubriríamos la distancia entre los dos manantiales. Obviamente, desde el paraje de los Prados, donde aparece la desviación, a la izquierda, para acceder a la ruta de la calería, habrá que descontar un kilómetro, el que prácticamente hay desde la Fuente de la Marina. 


Bifurcación: a la izquierda, cuesta de las Pollinas; a la derecha, camino principal a la Honfría


Cuesta de las Pollinas. (29-10-2016). Linares de Riofrío


Pasear por el bosque de la Honfría es un privilegio, un verdadero regalo de la naturaleza, dado que alberga una rica biodiversidad, con una excepcional flora, constituida por bastantes endemismos ibéricos así como por una serie de plantas eurosiberianas que tienen en estos lares su frontera meridional. Como ya hemos comentado en todos los artículos publicados en este blog sobre estos familiares parajes, este bosque, orientado al noreste, tiene como árboles predominantes al castaño y al rebollo o melojo, un roble que requiere más humedad que el quejigo, pero menos que el carballo. Además, en las zonas más umbrías prosperan los avellanos y numerosos acebos. Los cerezos silvestres proliferan en ciertos sectores, alcanzando, algunos, notables dimensiones.


Narcisos. Bosque de La Honfría. Linares de Riofrío. (09-03-2017)


Paeonia broteri, completando su ciclo. La Honfría. 20-05-2016


Neottia nidus-avis. La Honfría. (10-06-2016)


Reconozco que cada nuevo año espero con fervor la floración de las diversas plantas, empezando por el mes de marzo, cuando proliferan por doquier los tarros o narcisos, así como diversas prímulas. Luego, en mayo y parte de junio, la floración de múltiples plantas alcanza su apogeo, momento que aprovecho para gozar con la contemplación de pulmonarias, melisa o toronjil, aguileñas, el acicate real o pajaritos (Linaria triornitophora ), diversos tipos de orquídeas (Anacamptis mascula, Cephalantera longifolia, Neottia-nidus avis), las Lágrimas de David o Sello de Salomón (polygonatum odoratum), la abundante Hierba de San Cristobal (Actea spicata), la rosa albardera (Paeonia broteri), entre otras muchas.


Acicate real o pajaritos (Linaria triornitophora). La Honfría. (08-06.2017)


Azucena silvestre (Lilium martagon) en el sendero de la fuente la Morana. La Honfría. Linares de Riofrío. (22-06-2017) 


En julio, espero con celo la aparición de la azucena silvestre (Lilium martagon) y, finalmente, en agosto, disfruto con la floración del acónito común (Aconitum napellus), con sus cinco sépalos petaloideos, de color azul violáceo, el superior con forma de casco, y sus numerosos estambres.


Acónito común (Aconitum napellus): Bosque de la Honfría. Linares de Riofrío. Salamanca. (12-08-2017)


 Hay dos plantas que parecen desarrollarse en este bosque, pero que aún no he visto: la rara verónica (Veronica micrantha) y una que está en claro peligro de extinción (Libro Rojo de la Flora Vascular de España): una “espuela de los caballeros” (Delphinium fissum subsp. Sordidum). Esta ranunculácea presenta, al principio del verano, una inflorescencia racimosa, con 30 a 40 flores moradas con cinco pétalos, el superior prolongado en espolón, de relevante belleza. Es tan escasa que sólo se da en tres partes del mundo: el castañar de Hervás, Sierra Mágina y nuestro bosque de la Honfría. Un servidor tiene la esperanza de verla en alguna ocasión. Mientras tanto no cejaré en mi empeño, año tras año…


Fuente de la Honfría (29-10-2016). Linares de Riofrío


De la fuente de la Honfría hasta el acceso al sendero del Mojón del Marrano


Ya en la fuente de la Honfría tendremos que dirigir nuestros pasos hasta el Hueco. El sendero que conduce al mismo está a unas decenas de metros de este venero, a golpe de vista, tras pasar entre centenarios cerezos y gozar en primavera de orquídeas, peonías y botones de oro.


Una vez en el sendero, giraremos a la izquierda, pasaremos por un vecino paso canadiense y en una centena de metros accederemos a una bifurcación. Abandonaremos el sendero de la izquierda, que nos conduciría a las Peñas del Agua, para coger el de la derecha, en dirección al Hueco.     


Acordémonos, ahora, que antes habíamos descrito el acceso hasta este cruce por la Ruta de la Sierra de la Calería que corresponde a Linares de Riofrío.   


Desde el Hueco hasta la cumbre del pico de las Tres Rayas o del Mojón del Marrano


Cuando estamos casi en la parte final de este sendero sombreado por melojos se nos presentan dos opciones: una, remontar la cuesta para descender, luego, poco más de una centena de metros, a fin de llegar a un paso canadiense, antesala del Hueco, desde donde se divisa una magnífica panorámica, ya referida en varios artículos de este blog, donde gloso las bondades de estos parajes; la otra, dirigirnos por una vereda, a nuestra derecha, para, en breve trecho entre robles, aproximarnos a una alambrada que separa terrenos municipales de San Miguel de Valero, al sur, y de Linares de Riofrío, al norte.


Nosotros ascenderemos por el lado de Linares, dejando, por tanto, la alambrada a nuestra izquierda, que, en todo momento, nos servirá de guía en el ascenso, pues deberemos caminar paralelos a la misma los dos kilómetros y medio (2300 metros) que distan hasta la cumbre del pico del Mojón del Marrano, como así se le denomina en el programa IBERPIX 2, del Instituto Geográfico Nacional, que no por los autóctonos de estas tierras, pues la gente de Linares, de San Miguel y demás pueblos circundantes, lo conocen como pico de las Tres Rayas, dado que, casi en su cima, hay un poste de cemento en el que se anclan alambradas que sirven para delimitar los terrenos de tres pueblos: Linares de Riofrío, San Miguel de Valero y Navarredonda. Pues bien, nosotros subiremos por la ladera oriental de este monte, por terrenos de la denominada Sierra de los Caballeros.


Ascenso animado por antiguas canteras de cal


Si tomamos como referencia el paso canadiense del Hueco, observaremos durante el primer kilómetro de recorrido (en realidad, 1.220 metros) pequeñas canteras de piedra caliza, que desde hace siglos era extraída a golpe de pico, para acarrearla, luego, en carros de vacas o de mulos por la senda de los carreteros hasta los hornos de cal, antes descritos, a un ritmo de dos por día, uno por la mañana y otro por la tarde.


Tales canteras se disponen a ambos lados de la alambrada, en terrenos de San Miguel y en tierras de mi pueblo, Linares. Un servidor, sólo en el lado de este último, ha llegado a contar 14 de estas pequeñas y vetustas canteras: la primera aparece al poco de iniciar el ascenso; la última, a los 1220 metros (siempre según las indicaciones que me marca la aplicación de mi móvil). Cuando observo la irregularidad del terreno, confieso mi admiración por el esfuerzo y sacrificio de los linarenses que se veían obligados a acarrear unas 13 carretas de piedra caliza por cada hornada de cal. Además, también tenían que recoger el combustible, esto es, las escobas: un carro al día, necesitando diez para abastecer una hornada.


Vestigios de añejas canteras calizas (18-06-2016)



Ladera oriental del pico de las Tres Rayas o del Mojón del marrano: restos de canteras calizas. (22-07-2017)


Bueno, relatemos el trayecto tal y como está ahora. Durante el citado primer kilómetro de recorrido ascenderemos en muchos tramos casi pegados a la alambrada, abriéndonos camino entre las espinosas ramas de espinos albares y de zarzamoras, sin necesidad de adentrarnos en el melojar, salvo en un par de ocasiones en donde nos será más cómodo caminar entre jóvenes rebollos (en torno al cuarto de kilómetro, una; sobre el medio kilómetro de recorrido, la otra), pero sin perder de vista la mencionada alambrada.


Panorámica desde el tercio inferior de la ladera oriental del Pico de las Tres Rayas (18-06-2016)


Mientras ascendemos es fácil caer en la tentación de pararnos para contemplar la panorámica que dejamos a nuestra espalda, especialmente hermosa cuando hemos remontado tres cuartas partes de este primer kilómetro de ascenso, pues desde una pequeña atalaya (el altímetro me marca 1230 metros de altura) veremos lo siguiente: al sureste, la ladera occidental de la Perdiguera, con su nítido cortafuegos, y más en lontananza, el paredón montañoso de la Sierra de Béjar; al sur, se nos ofrece majestuoso el estrecho y sinuoso valle forjado por el río Quilamas; al suroeste, el pico Porrejón, a tiro de arco, mientras que el Castillo de Valero se nos ofrece más distante, aunque menos que la pirámide truncada de la Peña de Francia.


A pocos metros de la citada atalaya me llamó la atención en la excursión de agosto del año pasado (2016) la presencia de un rollo de alambre viejo y oxidado enclavado en uno de los postes de cemento de la alambrada, que lucía limpia y nueva, por lo que pude colegir que se trataba de una parte de la vieja, recientemente sustituida por la actual.


En pocos metros se nos acaba la cuesta y, entonces, divisamos un pequeño descenso, que, en menos de doscientos metros, nos conducirá a un llano, el denominado collado del Trigo. Antes, en plena bajada, me tropecé (cinco de agosto de 2016) con un rollo de alambre dejado descuidadamente en el sendero. Lo recogí, tras separarlo de la carquesia a la que estaba adherido, y lo encajé en un poste de la alambrada.


Ladera oriental del pico de las Tres Rayas o del Mojón del Marrano (Linares de Riofrío) Rollo de alambre oxidado arrancado del suelo donde parecía un lazo de un trampero. (06-08-2016)


Durante el descenso observé boñigas, viejas y recientes, algún excremento de zorro, y varias zarzamoras que invadían el sendero. Procuré retirarlas con cuidado, a poder ser, sin cortarlas, pues en agosto nos regalan con su saludable fruto: entre los cincuenta alimentos más ricos en antioxidantes las moras ocupan el primer puesto (Halvorsen y colegas, julio de 2006; Am J Clin Nutr).


Cuando ya estamos en la parte declive, en el falso llano del collado mencionado antes, observaremos dos nuevas excavaciones de caliza azul (todas ellas proceden de sedimentos de la era primaria): la primera, rodeada y, en parte cubierta, por zarzamoras y espinos albares, así como por pequeñas matas de mejorana (Thymus mastichina) y hortelana (Menta suaveolens); la segunda, adornada por bastantes ejemplares de la hierba de Santiago o hierba cana (Senecio jacobaea) y por diversos cardos. Al final del verano y principio del otoño es la quitameriendas (Colchicum montanum) la que domina el ambiente.


En julio de este año, disfruté contemplando a numerosos ejemplares de dos especies de mariposas, libando el néctar de la flor del cardo: una, parece la Medioluto (Melanargia lachesis); la otra, me ofrece más dudas, quizá la Pandora, o tal vez la Nacarada. Incluso me pareció ver un macho con su zona androconial en las alas anteriores (en las venas 2 y 3), esto es, escamas especializadas que segregan feromonas, con objeto de atraer a las hembras de su misma especie. Es obvio, que un buen aficionado a la entomología las identificaría con solvencia, mas ese no es mi caso. Por ello, se lo consulté a un par de amigos: Diego y, sobre todo, a Elisa, su pareja, gran amante y conocedora de la entomología. Así, tras contemplar las fotos que les mostré, se inclinaron por la primera, la Pandora (Argynnis pandora). El anverso o cara superior de las alas exhibe un tono amarillo oliváceo con múltiples puntos y sombras negras, en tanto que el reverso deja ver un área francamente verde, que se atisba en la foto de perfil.


Ascensión a la cumbre del Mojón del Marrano: Pandora libando


Por la ladera oriental del Pico del Mojón del Marrano o de las Tres Rayas: Pandora (Argynnis pandora) Linares de Riofrío (Salamanca). 22-07-2017


Medioluto (Melanargia lachesis): Ladera oriental del Pico de las Tres Rayas o del Mojón del Marrano. (22-07-2017)


Remontando un sector del robledal de la sierra de los Caballeros


 A los pocos metros de volver a ascender nos encontraremos con nuevas canteras de caliza, de las cuales llama la atención una, por su notable dimensión (unos 40 metros de longitud por cinco de ancho). Al poco de sobrepasar a ésta y a otras dos más pequeñas y circulares, deberemos adentrarnos en el robledal, pues la profusa vegetación adherida a la alambrada lo impide (zarzamoras, espinos albares, carrascas…).


  Deberemos, pues, ascender como medio kilómetro entre jóvenes melojos, sorteando numerosos ejemplares de espino albar, que con sus espinosas ramas se interponen en las múltiples veredas labradas por el ganado bovino. Tras recorrer poco más de una centena de metros por la umbría arbórea, aparece una pequeña atalaya, en un claro del bosque, desde la que se divisa una buena panorámica: Linares y San Domingo, al este; al sureste, la mole de la Perdiguera; Escurial, al norte; y una espléndida vista del campo charro, de noroeste a sureste. A continuación, volveremos a adentrarnos en el rebollar, a fin de recorrer, todo lo paralelos de la alambrada que podamos, los casi cuatrocientos metros de espesura que nos quedan hasta salir del bosque. Al poco de hacerlo, nos veremos forzados a descender durante un corto trecho para llegar a un pequeño hito del camino: una curiosa formación pétrea (parecen cuarcitas armoricanas, que no calizas), constituida por tres rocas, que simulan un sillón o, para ser más fantasioso, un trono, con respaldo incluido. Casi hemos andado dos kilómetros desde el paso canadiense del Hueco.


Sillón pétreo (agosto 2016)


Último medio kilómetro de ascenso: las plantas aromáticas y el orobanche suavizan el pedregal


  Nada más iniciar el último tramo ascendente, en agosto del año pasado, volví a ver en el suelo otro rollo de alambre, que arranqué con dificultad, dado que estaba íntimamente adherido a los jaguarzos y carquesias, para alojarlo en un poste de la alambrada. Maniobra que repetí en cuatro ocasiones más, mientras ascendía por este tramo final.


  ¡Demontre! Ruego a la gente que sea más respetuosa y educada con el entorno, puesto que tales rollos de alambre parecían estar agazapados en el suelo esperando que algún incauto, hombre o animal, cayera en su vil lazo de trampero involuntario. Según mi criterio, deberían haberse recogido en el momento de renovar la alambrada, a fin de reciclarlos posteriormente y evitar que alguien pudiera resultar lastimado. Menos mal que, en la excursión que efectué en julio de este año, pude comprobar que permanecían enrollados en los postes.


Ascensión a la cumbre del Pico del Mojón del Marrano: Alambre enrollado y recogido en el poste. (22-07-2017)


  Cuando quedan poco más de trescientos metros para la cumbre, el lecho pedregoso no impide el desarrollo de bastantes matas de cantueso (Lavandula stoechas), carquesia (Genista tridentata), jara (Cistus ladanifer) y mejorana (Thymus mastichina), que parecen competir con numerosísimas gramíneas y, sobre todo, con una planta poco frecuente: el orobanche o rabo de lobo. Se trata de un género con unas 120 especies de plantas parásitas, que al carecer de clorofila deben forzosamente hurtar los nutrientes a las plantas próximas. La que aparece aquí pudiera corresponder con el orobanche minor, que tiende a parasitar a diversas plantas, especialmente a tréboles y a leguminosas, entre otras. Sobre los tallos escamosos surgen inflorescencias (de tipo espiga o racimo terminal) de cáliz tubular o campanulado y corola bilabiada- con dos lóbulos superiores y varios inferiores- de coloración variada, aunque con predominio de colores pardos y amarillentos.



Orobanche, cerca de la cumbre del pico de las Tres Rayas o del Mojón del Marrano


  De esta guisa llegamos hasta el poste donde se fijan las alambradas que dividen tres lindes o rayas municipales: tierras de Linares de Riofrío con la Sierra Chica, al este; el término de Navarredonda, al oeste y noroeste; San Miguel de Valero, al sur y suroeste. En este punto mi altímetro marca 1374 metros.


Mojón de las Tres Rayas (22-07-2017)


  Si atravesáramos la alambrada hacia el sur para entrar en terrenos de San Miguel, podríamos contemplar, tras andar un breve trecho, una espléndida vista del Castillo Viejo de Valero, que parece cobijar a Cortina Alta, gran vigilante del camino hacia la chorrera de Jigareo. Más en lontananza, al sureste, las omnipresentes cumbres de la sierra de Béjar; al suroeste, próximos a nosotros, la cabecera del valle labrado por el río Quilamas, y más a distancia, la estilizada imagen de la Peña de Francia, gran cumbre de este parque natural de las Batuecas-Sierra de Francia. Los buitres leonados, numerosos, los buitres negros, unas 45 parejas, y hasta algún ejemplar de águila real de las tres parejas censadas en las Quilamas (censos de la Sociedad Española de Ornitología de 2006 y 2008), son los verdaderos dueños de este pedazo de cielo serrano.


  Me resulta complejo describir las sensaciones, el bienestar y el placer que obtengo cuando visito parajes como éste. Por momentos, tengo la impresión de fundirme con el entorno, de ser un integrante más del mismo, mi mente parece emular el planeo majestuoso del buitre negro, que asciende sin esfuerzo, dejándose llevar por las corrientes térmicas de remonte. La felicidad deja de ser esquiva, abrazándome con su cálido aliento.


Vista desde la vertiente meridional del pico del Mojón del Marrano (junio 2016)


Panorámica desde la cumbre del Pico de las Tres Rayas: mirando al sur (junio 2016)


   Tras gozar con la panorámica que nos ofrece la vertiente meridional de la cumbre del Mojón del Marrano, retrocederemos para volver a sobrepasar la alambrada y llegar a terrenos de Navarredonda, donde nos espera otra singular vista: de frente, al norte, la inmensidad del Campo Charro; a nuestra izquierda, al oeste, la montaña más alta de la Sierra de las Quilamas: el Pico Cervero (1.465 metros); al noreste, tierras de Linares con sus vecinas cumbres: la sierra Chica y la Perdiguera.


Vista del pico Cervero desde la cumbre del pico del Mojón del Marrano, con el campo charro, a la derecha, al norte. (22-07-2017)


  Si la panorámica desde la vertiente meridional del pico de las Tres Rayas está dominada por cumbres montañosas, la que ahora nos ocupa, la septentrional, se deja gobernar por la vasta llanura del Campo Charro, que en días claros sólo es interrumpida por la lejana y vertical silueta de las torres de la catedral de Salamanca.  


  Si queremos volver a disfrutar de una excepcional panorámica, sólo tenemos que transitar de cumbre a cumbre: de la del Pico del Mojón del Marrano (1383 m.) a la del Pico Cervero (1465 metros). Para ello descenderemos, atravesando un joven melojar, a fin de acceder al Campo Escurial y ascender, luego, hasta la cumbre del Pico Cervero, antiguo territorio del oso ibérico. Desde esta última cima veremos más nítidamente la transición de la llanura a la montaña y volveremos a fundirnos con la Naturaleza. ¡Cómo no! Pero esto lo dejaremos para un próximo artículo, el del mes que viene.

                                                                  

Dr. Félix Martín Santos