Depresión: Estilos de vida preventivos

La depresión es una de las enfermedades que más sufrimiento humano comporta, pues, cuando se torna severa, llega a deteriorar la salud en su triple dimensión: quiebra la salud mental, socava la salud física y menoscaba la salud social. 


Sin embargo, existen estrategias tanto de prevención primaria como de prevención secundaria capaces de reducir su tasa de incidencia y su proporción de prevalencia, respectivamente. Sí, actualmente disponemos de medios para prevenir y tratar esta temible enfermedad.


En este artículo voy a intentar documentar cómo dos estilos de vida pueden resultar efectivos para prevenir la depresión mental: uno, la actividad física aeróbica regular, que ya ha demostrado inequívocamente su capacidad preventiva; otro, la ingesta habitual de café, que empieza ahora a vislumbrarse.


IMPORTANCIA DE LA DEPRESIÓN


En octubre de 2012 responsables de la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmaban (nota descriptiva nº 369) que "la depresión es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial de morbilidad; afecta más a la mujer que al hombre; pudiendo, en el peor de los casos, llevar al suicidio”.


La Asociación Europea de la Depresión (European Depression Association: EDA) estimaba en el 2014 que un 11% de los ciudadanos europeos sufrirán depresión en algún momento de su vida, afectando a más de 30 millones de europeos. Se ha estimado que el coste socio-económico de esta enfermedad en la Unión Europea (2010) es de 92 billones de euros, siendo mayoritario el coste indirecto (54 billones de euros), debido a merma de la capacidad productiva, usualmente por bajas laborales y por jubilaciones anticipadas.


También en el 2012 la EDA publicó un estudio sobre el impacto de la depresión en el trabajo en Europaque ofrece datos fiables de siete países europeos: Francia, Alemania, Gran Bretaña, España, Italia, Turquía y Dinamarca. Tras entrevistar, por internet, a más de 7.000 trabajadores y directivos (de 16 a 64 años) el 20% de los encuestados afirmaron haber sufrido depresión en algún momento de su vida, de los cuales el 51% estuvieron de baja laboral por este problema. El promedio de días de baja resultó ser de 35,9, siendo 30,6 los días de baja utilizados por los españoles.


Llama la atención en este estudio el pequeño porcentaje de trabajadores con depresión que comunicarían este diagnóstico a sus superiores: un 34%; oscilando de un 20%, por parte de los franceses, hasta un 63% de los daneses. El 35% de los españoles se atreverían a referírselo a sus jefes. Las razones más frecuentemente esgrimidas para justificar este recato fueron: la convicción de que es un asunto estrictamente personal (49%), el temor a perder su trabajo (30%) y la creencia de que su problema no iba a ser bien entendido (30%).


También es sorprendente el escaso conocimiento que tienen los trabajadores de nuestro continente sobre esta prevalente enfermedad, pues pocos son los que reconocen síntomas como el olvido, la indecisión y la dificultad para concentrarse. Como se esperaba, los síntomas reconocidos por más personas son la tristeza y el bajo estado de ánimo.


Finalmente, este estudio ha puesto de relieve que sólo el 45% de los departamentos de recursos humanos de las grandes empresas dispone de programas de ayuda para los trabajadores afectos de depresión.


Todos estos datos confirman que la depresión es un gran problema de salud pública, que debe abordarse con buenos programas preventivos y terapéuticos. 


La OMS considera que buenas estrategias comunitarias para prevenir esta enfermedad son los programas escolares de prevención del maltrato infantil o los programas para mejorar las aptitudes cognitivas, sociales y de resolución de problemas de los niños y adolescentes; así como los programas de ejercicio para las personas mayores.


PREVENCIÓN DE DEPRESIÓN MEDIANTE EJERCICIO FÍSICO REGULAR: METAANÁLISIS MÁS VÁLIDOS 


Aunque muchos son los estudios científicos que han revelado que la actividad física aeróbica es una magnífica estrategia para reducir el riesgo y tasa de incidencia de depresión (prevención primaria) en este artículo voy a referir los más concluyentes y recientes.


En noviembre de 2013 dos profesores de Kinesiología y Educación Física de la Universidad de Toronto, George Mammen y Guy Faulkner, publicaron en una revista de gran prestigio (American Journal of Preventive Medicine) una extraordinaria revisión de estudios prospectivos que versaban sobre este tema (Physical activity and the prevention of depression: a systematic review of prospective studies)4. Estos autores mencionaron que otros metaanálisis o revisiones sistemáticas de estudios previos ya habían demostrado que el ejercicio físico regular era muy efectivo para tratar la depresión establecida (prevención secundaria), como los efectuados por Rimer y colegas para la base de datos de Cochrane5.


Mammen y Faulkner se plantearon dos objetivos: uno, comprobar si la actividad física puede reducir el riesgo de depresión y, por tanto, prevenirla; otro, averiguar la cantidad mínima de ejercicio físico necesaria para prevenir dicha enfermedad. Para esta loable empresa investigaron todos los artículos publicados en las bases de datos más importantes del mundo (MEDLINE, embase, PubMed, SPORTDiscus, PsycINFO  and  Cochrane Database of Systematic Reviews).


Analizaron estudios prospectivos en cuyo diseño se examinara la relación entre la actividad física y la depresión en al menos dos momentos diferentes. De esta suerte, de las 6.363 citaciones iniciales se quedaron sólo con 30 artículos: los que exhibían una altísima calidad metodológica. Pues bien, de los treinta estudios, veinticinco revelaron que la actividad física aeróbica reducía significativamente el riesgo de depresión:


·         Los que desempeñaban altos niveles de ejercicio físico mostraban una significativa reducción del riesgo de depresión durante el seguimiento (rango: de 8% a 63%).


·         Contrariamente, los que efectuaban muy poco ejercicio físico tenían un significativo riesgo de desarrollar depresión a lo largo del seguimiento (rango: 6% a 34%).


¿CUÁL ES EL NIVEL MÍNIMO DE ACTIVIDAD FÍSICA CAPAZ DE REDUCIR EL RIESGO DE DEPRESIÓN?


En la revisión de Mammen y Faulkner se aprecia que ligeros niveles de actividad física, como pasear menos de 150 minutos a la semana es suficiente para reducir la tasa de incidencia de depresión.


Jonsdottir y colegas, publicaron en el año 2010 un estudio prospectivo en una revista de prestigio (Preventive Medicine), donde evaluaron las posibles relaciones entre actividad física lúdica y la salud mental en trabajadores suecos6. Entre sus hallazgos encontraron que frente a los que eran meramente sedentarios (nivel 1),  los que practicaban un nivel ligero de actividad física como la ejercida en labores de jardinería, pasear o ir al trabajo en bicicleta durante al menos dos horas a la semana (nivel 2), se beneficiaban de una relevante disminución del riesgo de desarrollar depresión en el futuro.


Otros autores también han encontrado que pequeños niveles de actividad física, tales como los efectuados durante menos de 20 minutos al día, puede proteger frente a la depresión (Brown, Ford, Burton, Marshall & Dobson, 2005; Lucus et al. 2011).


EFECTOS PREVENTIVOS DEL CAFÉ          


CAFÉ: REDUCTOR DEL RIESGO DE DEPRESIÓN


Uno de los primeros estudios epidemiológicos prospectivos (de cohortes) que llega a comprobar una asociación significativa entre la ingesta de café y el riesgo de depresión fue el efectuado por el grupo finlandés comandado por Ruusunen, quienes publicaron su trabajo en agosto de 2010 (Public Health Nutr)7. Estos autores, tras seguir a 2.232 varones finlandeses durante 16 años, observaron que los grandes consumidores de café (más de 813 ml/día, equivalente a beber más de seis tazas de café) veían reducido en un 72% el riesgo de depresión (RR: 0,28) con respecto a los no consumidores. Sin embargo, no apreciaban ninguna reducción del riesgo cuando se evaluaba la ingesta de té y el consumo de otras fuentes de cafeína .    


En septiembre de 2011, Michel Lucas y colegas, del Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (Boston), publicaron un estudio prospectivo (Arch. Intern Med) en el que también valoraron la posible asociación entre la ingesta de café, tanto con cafeína como sin ella (descafeínado), y la presencia de depresión.8 


Para ello, estudiaron y siguieron evolutivamente a 50.739 mujeres, libres de depresión y de otras enfermedades crónicas al inicio del estudio, durante una media de 10 años. Al cabo de los cuales observaron que, con respecto a las que no bebían café, las que consumían dos o tres tazas de café al día veían reducido su riesgo de depresión en un 15% (RR: 0,85), aumentando hasta un 20% de reducción del riesgo en las que consumían cuatro o más tazas de café al día. Con respecto a la ingesta de cafeína, aprecian una reducción del 20% del riesgo de depresión (RR:0,80) en las mayores consumidoras (igual o más de 550 mg/d) frente a las de consumo más bajo (inferior a 100 mg/d). Sin embargo, el café descafeinado no reducía el riesgo de depresión.    


Barista lateando con un café especial de Honduras finca Las Marías


Huelga decir que tanto en estos estudios como en los que citaré a continuación, la metodología empleada es absolutamente impecable: muestras representativas, control de las principales variables de confusión (tabaco, alcohol, actividad física, índice masa corporal, presencia de enfermedades crónicas, estrato socioeconómico, empleo de tranquilizantes y antidepresivos…), solvente aparato estadístico, etcétera.


CAFÉ: REDUCTOR DEL RIESGO DE SUICIDO 


Otros estudios epidemiológicos han valorado la asociación entre la ingesta de café y el riesgo de suicidio, como los publicados en 1996 por Kawachi y Speizer, que muestran una significativa reducción del riesgo de suicidio en mujeres consumidoras de café cuando se las compara con las no consumidoras: 66% de reducción las que bebían dos o tres tazas al día9. También el grupo de Klatsky llega a análogas conclusiones (reducción de un 13% del riesgo con cada taza de café).10


Llegado a este punto es preciso referir una nota discordante y un tanto excepcional, la ofrecida por el grupo finlandés de Taskanen, que llegan a comprobar que la relación del café con la depresión tiene un efecto bifásico, esto es, reducen sensiblemente el riesgo hasta llegar a consumos altos, a partir de los cuales tiende a incrementarse. Sí, porque estos autores revelan que consumos de café de ocho o más tazas diarias incrementan el riesgo de suicidio11. En verdad, tales conclusiones no han sido por ahora reproducidas o respaldadas. Pero habrá que tenerlas en cuenta.


En julio de 2014 uno de los grupos de expertos que más han investigado sobre el consumo de café y la salud, el de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (Departamentos de Nutrición y de Psiquiatría), publicaron en una revista especializada en psiquiatría (The Wordl Journal of Biological Psyquiatry), posiblemente el más ambicioso y exhaustivo estudio prospectivo sobre el consumo de café y el riesgo de suicidio.12 Para ello, estudiaron durante más de 20 años a tres cohortes de profesionales de la salud: 43.599 médicos varones; 73.820 enfermeras (Nurses´ Health Study: NHS); y otras 91.005 enfermeras (NHS II).


Al cabo de los cuales llegan a comprobar que los consumidores de café se benefician de una significativa reducción del riesgo de suicidio cuando son comparados con los que no beben esta bebida universal: 45% de reducción los que consumían dos o tres tazas de café al día, aumentando hasta un 53% los que consumían diariamente cuatro o más tazas de café. Incluso aprecian una relación dosis-respuesta: una reducción del 25% de riesgo de suicidio por cada dos tazas de café más y un 23% de descenso por cada 300 mg/d de cafeína.


A pesar de estas conclusiones estos últimos autores son extremadamente prudentes y cautelosos, pues consideran que las significativas asociaciones entre la ingesta de café y el riesgo de suicidio deben ser refrendadas por nuevos estudios. También consideran importante que futuras investigaciones descubran el mecanismo íntimo de este efecto protector del café con cafeína. Ellos no han llegado a ver un incremento de suicidio con consumos altos, como el del grupo de Taskanen, antes mencionado.


HIPÓTESIS SOBRE EL EFECTO PREVENTIVO DEL CAFÉ


El grupo de Harvard (Lucas , Ascherio y colegas), sí se atreven a establecer hipótesis sobre la posible efectividad del café para prevenir tanto el riesgo de depresión como el de suicidio. Creen que posiblemente esté en relación con el efecto de la cafeína, bloqueando a la adenosina A2, lo que indirectamente parece aumentar la concentración y la disponibilidad cerebral de una serie de neurotransmisores, reducidos en la depresión: la dopamina, la serotonina y la noradrenalina. La idea parece plausible, pues precisamente los antidepresivos consiguen su efecto elevando la concentración de estos neurotransmisores.


Hace poco menos de un mes, el 8 de junio de 2015, se ha publicado en una revista norteamericana de prestigio, Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America(PNAS), un trabajo internacional,13 que respalda y hace más verosímil la hipótesis anterior. Efectivamente, los investigadores del estudio, coordinados por Rodrigo Cunha, de la Universidad de Coimbra, revelan que ratones sometidos experimentalmente a estrés crónico sufren trastornos de conducta, del estado de ánimo y franca depresión, debido a una alteración de la plasticidad sináptica (conexiones entre neuronas), reducción de proteínas sinápticas y un aumento de la densidad de receptores de adenosina A 2 en el hipocampo (vinculado con el aprendizaje emocional). Pues bien, tales desórdenes  pueden prevenirse mediante tres estrategias: una, añadiendo cafeína al agua de bebida de los ratones (1g/L); dos, bloqueando los receptores de adenosina A 2 con un antagonista de los mismos (KW6002); tres, reduciendo selectivamente la concentración de receptores neuronales de adenosina A2.  Además, el bloqueo de los citados receptores no sólo resultó preventivo sino también terapéutico, pues, tras tres semanas de administrar a los pobres ratones otro antagonista de estos receptores de adenosina A2 (SCH58261), se consiguió revertir absolutamente la disfunción sináptica y el estado de ánimo de los mismos.


Los autores del estudio concluyen: “El consumo de cafeína, un antagonista de los receptores de adenosina A2, se correlaciona inversamente con la depresión y el deterioro de la memoria, y los citados antagonistas emergen como eficaces agentes terapéuticos porque controlan  la plasticidad sináptica aberrante y muestran neuroprotección”.


¿QUÉ ME HA IMPULSADO A EFECTUAR ESTE ARTÍCULO?


Cuando observo a alguno de mis pacientes manifestando y sufriendo los síntomas de una depresión severa, por no haber sido aún diagnosticada ni, por tanto, tratada o porque el diagnóstico no se ha acompañado de un efectivo tratamiento, me acongoja presenciar hasta qué nivel llega a descender su autoestima. Para muchos de ellos pensar en el tiempo se convierte en una verdadera pesadilla: el pasado está pleno de sentimientos negativos y de culpa; el presente está dominado por la angustia; el futuro no lo vislumbran, pues lo oculta la bruma y la niebla de la desesperanza.


Cuando trato a estos pacientes, muchos de ellos verdaderos amigos, tras años de seguimiento de sus procesos neumológicos, intento convencerlos para que se beneficien de la ayuda de buenos profesionales de la salud mental (psiquiatras y psicólogos) y, sobre todo, los escucho con empatía y profundo afecto; algo que siempre ayuda, especialmente en las fases iniciales. 


Además, les cuento lo que sé del ejercicio físico aeróbico y del consumo de café: dos excelentes medidas de reducción del riesgo de depresión mental  y, cuando ya sufren esta enfermedad, dos efectivas y accesibles estrategias  complementarias a los tratamientos convencionales. En consecuencia, les intento transmitir que siempre hay una antorcha encendida y una escala a su alcance para iluminarse y salir del pozo de su profunda melancolía, respectivamente. 


                                                             

                                                         Dr. Félix Martín Santos


Bibliografía:

1 IDEA: Impact of Depression at Work in Europe Audi. Final report. September 2012- Source Ipsos Mori


2  Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disoorders DSM-5. American Psychiatric Association, APA


3 CIE-10. Clasificación internacional de enfermedades, décima versión correspondiente a la versión en español de la  ICD, siglas de International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems).


4 Physical activity and the prevention of depression: a systematic review of prospective studies. Mammen G. Faulkner G.  American Journal of Preventive Medicine. 2013 Nov; 45 (5): 649-57


5 Cooney, G.M. Dwan, K., Greig. C.A., Lawlor, D.A. Rimer, J.,… Mead, G.E (2012). Exercice for depression. Cochrane Database Systematic Rewiew. 2012:11: CD004366,doi:10.1002/14651858. CD004366.pub6.


6 Jonsdottir, I.H, Rödjerc,L; Hadzlbajramovica, E. Börjessonc, M,. Ahlborga, e. (2010). A prospective study of leisure-time physical activity and mental health in Swedish health care workers and social insurance officers. Preventive Medicine, 51, 373-7.


7 Coffee, tea and caffeine intake and the risk of severe depression in middle-aged Finnish men: the Kuopio Ischaemic Heart Disease Risk Factor Study.

Ruusunen A1, Lehto SM, Tolmunen T, Mursu J, Kaplan GA, Voutilainen S.                                Public Health Nutr. 2010 Aug;13(8):1215-20. doi: 10.1017/S1368980010000509. Epub 2010 Apr 1.


8 Coffee, Caffeine, and Risk of Depression Among Women. Michel Lucas, PhD, RD; Fariba Mirzaei, MD, MPH, ScD; An Pan, PhD; Olivia I. Okereke, MD, SM; Walter C. Willett, MD, DrPH; Éilis J. O’Reilly, ScD; Karestan Koenen, PhD; Alberto Ascherio, MD,

Arch Intern Med. 2011;171(17):1571-1578. doi:10.1001/archinternmed.2011.393


9A Prospective Study of Coffee Drinking and Suicide in Women. Kawachi I, Willett WC, Colditz GA, Stampfer MJ, Speizer FE Channing Laboratory,  Department of Medicine,  Harvard Medical School,  Boston, Mass., USA.  Arch Intern Med 1996 Mar 11; 156(5):521-5


10 Coffee, tea, and mortality. Arthur L. Klatsky, MD, , Mary Anne Armstrong, MA, Gary D. Friedman, MD. Annals of Epidemiology. Volume 3, Issue 4, July 1993, Pages 375–381


11 Heavy coffee drinking and the risk of suicide.    Tanskanen A, Tuomilehto J, Viinamäki H, Vartiainen ELehtonen JPuska P    Eur J Epidemiol. 2000;16(9):789-91.


12 Coffee, caffeine, and risk of completed suicide: Results from three prospective cohorts of American adults. The Wordl Journal of Biological Psychiatry. July 2014, Vol. 15, No. 5 , Pages 377-386 (doi:10.3109/15622975.2013.795243)

Michel Lucas, Eilis J. O’Reilly, An Pan, Fariba Mirzaei, Walter C. Willett, Olivia I. Okereke, and Alberto Ascherio


13 Caffeine acts through neuronal adenosine A2A receptors to prevent mood and memory dysfunction triggered by chronic stress Manuella P Kaster, Nuno J Machado, Henrique B Silva, Ana Nunes, Ana Paula Ardais, Magda Santana, Younis Baqi, Christa E Müller, Ana Lúcia S Rodrigues, Lisiane O Porciúncula, Jiang Fan Chen, Ângelo R Tomé, Paula Agostinho, Paula M Canas, Rodrigo A Cunha Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America 2015 June 8





 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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