Dieta anticancerígena: Código Europeo contra el Cáncer (2014)

Según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (International Agency for Research on Cancer), los ciudadanos europeos que sigan fielmente las recomendaciones del reciente Código Europeo contra el Cáncer (OMS 2014) verán reducido el riesgo de tumores malignos en un 18%, con respecto a las personas que no se adhieran a tales consejos.  

Por ello, insisten en la adopción de los denominados estilos de vida saludables que son, entre otros, los siguientes: mantener un peso corporal normal (Índice de Masa Corporal(IMC) entre 19,5 y 24,9 Kg/m2), para lo cual aconsejan evitar alimentos que promuevan la ganancia de peso, como bebidas azucaradas y alimentos grasos; mantenerse físicamente activos (al menos 30 minutos al día); promocionar la lactancia materna; comer predominantemente alimentos de origen vegetal; limitar la ingesta de carnes rojas; evitar las carnes procesadas; y reducir el consumo de bebidas alcohólicas.    


DIETA SALUDABLE


Se considera que una dieta es saludable cuando es capaz de aportar los nutrientes necesarios para cubrir las necesidades energéticas específicas de cada persona. Habrá que ajustar o equilibrar, por tanto, la cantidad y variedad de alimentos a las necesidades particulares de cada individuo; muy altas para deportistas y trabajadores manuales y bajas para trabajadores sedentarios.


Los firmantes de este código europeo contra el cáncer remarcan que una dieta es realmente saludable cuando es rica en productos vegetales, como verduras y frutas, algunas legumbres (garbanzos, lentejas, alubias, guisantes), pan integral (grano con corteza) y otras fuentes de almidón como la pasta y el arroz. También aconsejan incluir modestas cantidades de carne magra, sobre todo, de origen aviar (pollo y pavo) y pescado. Se prioriza el empleo de aceites vegetales, como el excelente aceite de oliva así como frutos secos del tipo de las nueces, avellanas o almendras. Si fuera preciso añadir sal, que sea en pequeñas cantidades. Para evitar el sobrepeso y la obesidad se recomienda reducir a la mínima expresión la ingesta de alimentos ricos en grasas de confitería, bollería y pasteles. Además, se insiste en no caer en la tentación de la denominada “comida rápida”. Convencido estoy de que el tiempo empleado en cocinar con productos naturales y de temporada sirve no sólo para elaborar exquisitos menús sino también para incrementar nuestro nivel de salud.


Con respecto al alcohol, aconsejan reducir su ingesta o evitarla absolutamente. También insisten en que los ciudadanos europeos huyan de los productos comerciales altamente procesados, ricos en grasas animales y en azúcares, como bebidas edulcoradas y “alimentos grasos”. 



¿EXISTE UNA DIETA ESPECÍFICA CONTRA EL CÁNCER?


Parece que no, pues la dieta que ayuda a prevenir el cáncer es similar a la aconsejada para reducir el riesgo de otras enfermedades crónicas como la diabetes y los procesos cardiovasculares. No obstante, los que han consensuado este conjunto de recomendaciones sí que precisan una característica específica de una dieta que pretenda reducir el riesgo del frecuentísimo cáncer de colon: evitar las carnes procesadas y reducir el consumo de carnes rojas.


Empiezan a publicarse artículos donde se constata que la ingesta de ácidos grasos poliinsaturados omega 3, como los procedentes del pescado azul, se asocia a un cierto efecto antitumoral. Aunque se requieren más estudios que confirmen estas buenas expectativas para poder recomendarlos como alimentos inequívocamente anticancerígenos.



¿CUÁLES SON LAS 'CARNES ROJAS' Y CUÁLES LAS 'CARNES PROCESADAS'?


Las carnes rojas son las procedentes del ganado bovino, porcino, caprino y ovino, de animales domesticados, incluyendo la contenida en alimentos procesados y en la mayoría de las hamburguesas. No se incluye en este término la carne de aves de corral, la de caza y las asaduras. No obstante, se desconoce el impacto de la carne de caza y de las populares asaduras en el riesgo de cáncer.


Aunque ingerir grandes cantidades de carnes rojas incrementa la probabilidad de desarrollar  cáncer de colon, este tipo de alimentos representan una buena fuente de diversos nutrientes. Al llegar a este punto, los investigadores de este documento se atreven a establecer una frontera que no debiera pasarse: evitar ingerir más de 500 gramos de carne roja a la semana. También especifican que medio kilo de carne cocinada equivale a unos 700-750 gramos de carne cruda, dependiendo del corte y de cómo sea cocinada.


La carne procesada es la carne conservada mediante el ahumado, curado o con sal, además de incorporar diversos productos conservantes. Gozan de tal distinción el jamón, embutidos, la panceta (bacon), el salami, y algunas salchichas como las de Frankfurt. Dado que el consumo de este tipo de carne se asocia positivamente con el riesgo de cáncer de colon, incluso en pequeñas cantidades, y no ofrece beneficios nutritivos adicionales con respecto a la carne roja, se recomienda evitar la carne procesada, tanto como sea posible, a fin de reducir el riesgo de cáncer. Así de contundentes se muestran estos investigadores de la OMS.


¿QUÉ SUCEDE CON EL JAMÓN IBÉRICO?


Me temo que los autores de este magnífico código, en su mayoría anglosajones, desconocen la existencia del jamón ibérico de bellota, el cual, además de ser una excepcional delicadeza gustativa es muy rico en ácido oleico, un ácido graso monoinsaturado, extremadamente cardiosaludable, pues reduce el vulgarmente denominado colesterol malo (LDL-colesterol) y aumenta el colesterol bueno (HDL-colesterol).


Por otra parte, están cobrando mucho auge los estudios que revelan que el ácido oleico tiene un efecto protector del cerebro, pues parece incrementar tanto el desarrollo de las neuronas como su supervivencia. Esto es lo que atestiguan las excelentes investigaciones llevadas a cabo por el doctor José María Medina Jiménez y colaboradores, del Departamento de Bioquímica y Biología  Molecular de la Universidad de Salamanca. Un miembro de este equipo, la doctora en Bioquímica doña María de la Vega Tello Hernández, elaboró una notable tesis doctoral sobre el tema: “Efectos del ácido oleico en la migración neuronal y en la formación de sinapsis”.



Pues bien, los verdaderos cerdos ibéricos (variedad bellota) adquieren la mayor parte de su peso durante el tiempo de fructificación de las encinas, cuando el suelo de las dehesas se cubre de bellotas. Por eso no es muy exagerado afirmar que un cerdo ibérico es como un olivo ambulante.


En cualquier caso, la grasa de la carne de cerdo es de bastante calidad, dado que el 38% de ella es ácido oleico y más del 17% son ácidos grasos poliinsaturados. Obviamente, la alimentación con bellotas contribuye a aumentar significativamente la proporción del citado ácido oleico, hasta un 59%.


Aprovecho este momento para puntualizar que en las denominaciones de origen de jamón peninsular está prohibida la curación mediante el ahumado, procedimiento de conservación que sí aumenta el citado riesgo de cáncer de colon.


¿A QUÉ LLAMAMOS ALIMENTO GRASO Y ALIMENTO EDULCORADO O AZUCARADO? 


Se considera que un alimento es graso cuando contiene más de 20 gramos de grasa por cada 100 gramos de peso. El azucarado o edulcorado es el alimento que tiene más de unos 15 gramos de azúcar por cada 100 gramos de su peso. Por suerte, la mayoría de los alimentos procesados y empaquetados tienen obligatoriamente impresa esta importante información, así como la referente al tipo de grasas de los mismos. En este momento debemos resaltar que las grasas peligrosas son las ricas en ácidos grasos saturados, esto es, las predominantes en los productos de origen animal así como en la leche, pues aumentan sensiblemente los niveles sanguíneos del pernicioso colesterol LDL. Se acepta que un alimento es rico en grasas saturadas cuando contiene más de 5 gramos de ácidos grasos saturados por cada 100 gramos de alimento.


Al llegar a estas líneas me permito la licencia de afirmar que las grasas más nocivas, más incluso que las saturadas, son las denominadas grasas vegetales hidrogenadas o grasas trans, pues incrementan los triglicéridos y el colesterol LDL y reducen el saludable colesterol HDL. Son numerosos los estudios científicos que han probado este hecho. Por ello, es muy importante que eludamos alimentos ricos en estas particulares grasas, fijándonos en la composición de un gran número de cereales procesados y tratados industrialmente, contenidos en atractivos paquetes de plástico. Por otra parte, gran parte de estas grasas vegetales proceden del coco y de la palma, muy ricas en ácidos grasos saturados.


Precisemos que un alimento es muy graso cuando aporta más de 225-275 kilocalorías por cada 100 gramos del mismo.


¿A QUÉ DENOMINAMOS COMIDA RÁPIDA?


El término “comida rápida” está generalizándose en bastantes estudios científicos sobre alimentos. No se refiere tanto a la rapidez con la que se prepara el alimento cuanto a la disponibilidad inmediata del mismo, pues está altamente procesado, muy rico en calorías (de grasa y azúcar) y sal, siendo baja la concentración de la más que saludable fibra dietética. Además, tales alimentos se ingieren muy frecuentemente y en grandes cantidades.


Son muchas las pruebas que vinculan este grupo de alimentos con el sobrepeso y la obesidad. Entre ellos, destacan las hamburguesas, productos fritos como las patatas, así como bebidas grasas, como los batidos, y bebidas azucaradas del tipo de las bebidas con cola. Estos alimentos tienen un gran contenido en calorías por porción pequeña, por lo que aportan excesiva energía, tanta como para engordar fácilmente.


En castellano solemos emplear el término “comida basura” para denominar a las preparaciones culinarias integradas en el término de comida rápida. Frente a este tipo de alimentación, muy poco recomendable, tenemos la agraciada y saludable Dieta Mediterránea, rica, como todos sabemos, en frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pescado, etc. Tales alimentos se cocinan y condimentan con aceite de oliva.


Dieta mediterránea: Cogote de merluza con aceite de oliva, ajos, perejil… (Chef: Patxi Álvarez, Tábula Gastro & Bar, Burgos)


Durante los meses de septiembre y octubre de 2015 publicamos en este blog sendos artículos sobre las bondades de la Dieta Mediterránea cuando era comparada con una dieta prudente, esto es, pobre en grasas animales y vegetales: una reducción del 30% del riesgo de infarto, sobre todo, cerebral; reducción de un 38% del riesgo de fibrilación auricular, arritmia cardíaca más frecuente; reducción de un 52% del riesgo de diabetes mellitus tipo 2; reversión significativa del síndrome metabólico; gran reducción del riesgo de enfermar y de morir por procesos cardiovasculares entre las personas que consumen mucho aceite de oliva virgen extra (39% y 48% de reducción de infartos y de muerte por los mismos, respectivamente), etc.


¿CÓMO PODEMOS REDUCIR LA INGESTA DE SAL?


La mejor manera de reducir el consumo de sal es muy probable que sea mediante la elaboración personal de nuestros menús, esto es, comprando productos naturales en el mercado (verduras, legumbres, carne, pescado, etc.), para luego cocinarlos en casa. De esta suerte, podremos controlar la cantidad de sal que añadimos, que debe ser mínima. Posteriormente, cuando se sirve la comida en la mesa no es deseable echar más sal a la misma desde pequeños saleros. En este código se aconseja textualmente: “No exceder de los 5 a 6 gramos de sal por día, a fin de reducir el riesgo de cáncer gástrico así como de enfermedades cardiovasculares”.


Se aconseja evitar el consumo de alimentos muy salados como los contenidos en el pescado y en la carne ahumada y salada. También se advierte en este documento de consenso que algunos alimentos tienen una cantidad excesiva de sal, como los llamados alimentos manufacturados, altamente procesados: cereales preparados industrialmente para desayunar, alimentos enlatados y en conserva, sopas y salsas con diversas preparaciones culinarias conservadas en pequeños frascos, etcétera. No se olvidan del pan de mesa, al que frecuentemente se le añade mucha sal durante su preparación. También refieren que los denominados cubos bouillon o cubo de caldo, forma concentrada y deshidratada de almacenar un caldo de carne o pollo, contiene grandes cantidades de sal: 20 gramos por cada 100 gramos de alimento. Tienen incluso más concentración de sal que el bacon, el cual está sobrado en sal; 15 gramos por cada 100 gramos de panceta. 


REDUCIR LA INGESTA DE ALCOHOL


Vamos a enfocar esta recomendación contestando a una serie de preguntas, tal como figuran en estas recomendaciones.


¿El alcohol causa realmente cáncer?


Los responsables de este código afirman sin ambages que la ingesta de alcohol causa al menos siete cánceres: cáncer de boca, cáncer esofágico, de laringe y faringe, cáncer hepático, de colon y de recto, y cáncer de mama.


Ante este pésimo panorama los bebedores moderados y sociales se preguntarán cuál es el límite a partir del cual se incrementa el riesgo. Pues bien, los citados investigadores responden también con contundencia: “El consumo de cualquier cantidad de alcohol incrementa el riesgo de cáncer. Cuanto más se bebe, mayor será el riesgo de cáncer. Por lo tanto, reducir el consumo de alcohol o, incluso, evitarlo absolutamente reducirá sensiblemente el riesgo de cáncer.”


Las guías internacionales establecen unos límites máximos de ingesta de alcohol: una bebida estándar por día para las mujeres y dos bebidas para los hombres.


¿Qué otras enfermedades causa el alcohol?


Además del cáncer, consumir bebidas alcohólicas se asocia con otras enfermedades, tales como la cirrosis hepática y la pancreatitis. El alcohol es peligroso porque puede causar cáncer a cualquier nivel de ingesta. Cuando las mujeres beben más de una bebida alcohólica al día (un vaso de vino, una copa de cerveza, media copa de bebida destilada…) y los varones ingieren más de dos de las bebidas mencionadas se incrementa el riesgo de desarrollar, entre otras, las siguientes enfermedades: infarto de cerebro (ictus) e insuficiencia cardíaca; desórdenes mentales y de conducta, incluyendo depresión mental, violencia y pérdida de memoria; enfermedad mental; leucemia en niños de madres bebedoras durante la gestación; enfermedad hepática alcohólica y pancreatitis, tanto aguda como crónica.


De todos es conocido que el consumo de alcohol es extremadamente peligroso cuando se conduce un vehículo o durante actividades ocupacionales e incluso en el curso de las efectuadas en el tiempo libre, que requieran altos niveles de atención.


También debe evitarse el alcohol durante la gestación y en el curso de la lactancia. Además, puede ser peligroso cuando se están tomando ciertos medicamentos.


Por otra parte, las bebidas alcohólicas aportan bastantes calorías (7 kilocalorías por cada gramo de alcohol) por lo que reducir su consumo o, mejor aún, evitarlo completamente puede facilitar la pérdida de peso o, al menos, ayudar a mantener un peso saludable.


¿Cualquier bebida alcohólica incrementa el riesgo de cáncer?


Sí. El alcohol en cualquier forma aumenta el riesgo de cáncer porque es el propio alcohol el que ocasiona el daño. Aunque las principales bebidas alcohólicas son el vino, la cerveza, las bebidas espirituosas, cualquier bebida que contenga alcohol puede causar cáncer. ¡Ojo!  las llamadas bebidas espirituosas pueden contener altos porcentajes de alcohol.


¿Qué es una bebida espirituosa?


Según mi criterio, mezclar el alcohol con el espíritu no resulta ser un buen maridaje. A pesar de que algunas personas, bajo los influjos etílicos, sean capaces de emular tanto a Kant como a Schopenhauer.


Volviendo al meollo de esta cuestión diré que la Federación Española de Bebidas Espirituosas considera que estas bebidas son las que proceden de la destilación de materias primas agrícolas (uva, cereales, frutos secos, remolacha, caña, fruta, etc.). Su graduación mínima es de 15% vol. El brandy, el whisky, el ron, la ginebra, el vodka, o los licores, entre otros, son ejemplos de este grupo de bebidas. Muchas con una graduación de 40 grados, esto es, 400 ml de etanol por litro y algunas incluso con cantidades superiores de alcohol, de 74 grados a 80 grados (Chinchón Seco Especial, ciertos tequilas, algún ron, absenta negra…). Sus características técnicas y legales figuran en el Reglamento CE 110/ 2008 (art. 1).


¿POR QUÉ EL ALCOHOL CAUSA CÁNCER?


Se esgrimen varias razones para explicar la vinculación del alcohol con el cáncer. Es probable que diferentes cánceres sean causados por diversos mecanismos, por ejemplo:


-          Etanol y acetaldehído: el alcohol (etanol) se convierte en nuestro organismo en un compuesto químico denominado acetaldehído. Pues bien, ambos productos son carcinógenos reconocidos.


-          Cirrosis hepática: el alcohol es una causa reconocida de esta enfermedad crónica y degenerativa del hígado, la cual, suele transformarse con demasiada frecuencia en cáncer de hígado.


-          Hormonas: el alcohol aumenta los niveles de algunas hormonas, como los estrógenos. Ya es conocido por la comunidad científica que cuando ascienden los niveles de estrógenos se incrementa mucho el riesgo de cáncer de mama.


¿QUÉ ES PEOR, UN EPISODIO ETÍLICO AGUDO O LA INGESTA MODERADA Y DIARIA DE ALCOHOL?


En este documento de consenso se considera una ingesta intensa y rápida de alcohol (atracón) cuando un varón bebe más de cinco a seis bebidas alcohólicas y una mujer más de cuatro a cinco bebidas estándares en un plazo inferior a dos horas. Según estos autores este tipo de ingesta es muy habitual en Irlanda, República Checa y Ucrania, especialmente entre  hombres jóvenes. También afirman que el efecto deletéreo sobre la salud es más acusado. No obstante, enfatizan que el riesgo de cáncer se incrementa claramente con la cantidad y duración del consumo de alcohol.


En nuestro país se ha extendido una perniciosa costumbre de fin de semana, cual es la ingesta de grandes cantidades de alcohol por jóvenes de ambos sexos, fuera de los bares y restaurantes. Parques públicos, jardines, calles, portales, entre otros lugares, son utilizados por nuestros adolescentes para emborracharse, ingiriendo mezclas dispares de bebidas alcohólicas, en una especie de bacanal moderna: el famoso Botellón.


En este sentido, la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas ha publicado recientemente (11 de febrero de 2016) los datos de la Encuesta sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES 2014/2015), que me resultan preocupantes en exceso: el 33,4% de nuestros varones de 14 a 18 años y el 31% de nuestras jóvenes del mismo intervalo de edad han bebido en forma de atracón (binge drinking) en los últimos treinta días. Por otra parte, han sucumbido al famoso botellón, en los últimos doce meses, el 55,9% de los hombres y el 59,3% de las mujeres de 14 a 18 años de edad. Además, en el último mes se han emborrachado el 22,3% de hombres y el 22,1% de mujeres en edad escolar.


¡Demontre! Los estados de embriaguez alcanzados por nuestros muchachos/as pueden llegar a deteriorar profundamente su salud física y mental. Además, estos episodios de atracón incrementan tanto los episodios de muerte súbita cuanto el riesgo de desarrollar posteriormente el Trastorno por Consumo de Alcohol (denominación adoptada recientemente en la Quinta Clasificación de Enfermedades Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría). Es obvio que tenemos que mejorar nuestra educación para la salud desde la más tierna infancia, pues las medidas coercitivas no parecen funcionar mucho.


¿QUÉ ES UNA BEBIDA ESTÁNDAR?


Como guía, una bebida se considera estándar cuando contiene de 10 a 12 gramos de alcohol puro. Sin embargo, algunos restaurantes y bares sirven bebidas con un volumen superior al estándar. También existen diferencias entre lo que se considera bebida estándar en diversos países europeos.


En este código, se concreta que 10 a 12 gramos de alcohol puro son los contenidos en 280 a 330 ml de cerveza; en los 150 a 180 ml de champagne; los 30 a 40 ml de whisky u otras bebidas espirituosas; en 60 a 80 ml de licor; y en 100 a 120 ml de vino tinto.


¿CUÁNTO PUEDO REDUCIR MI RIESGO DE CÁNCER LIMITANDO EL CONSUMO DE ALCOHOL?


El riesgo de cáncer se reduce a medida que disminuimos el consumo de alcohol. De esta suerte, el riesgo de cáncer en hombres que consumen menos de dos bebidas alcohólicas (menos de 20 gramos de alcohol puro) por día y de mujeres que beben menos de una bebida alcohólica (menos de 10 gramos de alcohol puro) diaria es un 6% menor que el de la gente que bebe cantidades mayores. En particular, si reducimos el consumo etílico de 4 ó más bebidas hasta una o menos al día, podremos reducir un 21% el riesgo de cáncer hepático; un 31% el riesgo de cáncer de colon; y nuestras mujeres verán reducido en un 30% el riesgo de cáncer de mama cuando procedan a tales reducciones de ingesta alcohólica. Aunque en estos casos es muy probable que se trate de personas preocupadas por su salud, que, por tanto, también gozan de una dieta saludable, mantienen su peso normal y practican actividad física. En consecuencia, en estos casos concretos será muy difícil separar los efectos independientes de cada uno de estos estilos de vida saludable. 


EFECTO ANTITUMORAL DEL CAFÉ: OLVIDO INJUSTIFICABLE


Dado que los investigadores de este documento han soslayado el efecto antitumoral del consumo regular de café, me atrevo a mencionar que la investigación científica internacional ha aportado numerosos estudios epidemiológicos reveladores de una sólida asociación entre el consumo regular de esta bebida universal y la reducción del riesgo de una serie de tumores malignos: cáncer de colon, cáncer de hígado, cáncer de próstata, adenocarcinoma de endometrio, de mama, carcinoma epidermoide de cavidad oral, carcinoma basocelular de piel y gliomas cerebrales. La mayor parte de estos estudios se han publicado en los últimos cinco años, como consecuencia de un exhaustivo y prolongado período de seguimiento de los pacientes, pues en muchos de ellos se ha evaluado a los participantes durante un mínimo de veinte años.


Para que esta afirmación no caiga en saco roto, varios de los efectos antitumorales del café serán objeto de análisis y publicación en este blog. Concretando y atajando, ya en el próximo artículo analizaremos un variado conjunto de estudios científicos que muestran la gran reducción del riesgo de cáncer de hígado ejercida por el café.


                                       

                                                        Dr. Félix Martín Santos



Fuente bibliográfica fundamental:


European Code Against Cancer: 12 ways to reduce your cancer risk. International Agency for Research on Cancer. World Health Organization. October 2014.


Otras fuentes relevantes:

Primary Prevention of Cardiovascular Disease with a Mediterranean Diet Ramón Estruch, M.D., Ph.D., Emilio Ros, M.D., Ph.D., Jordi Salas-Salvadó, M.D., Ph.D., Maria-Isabel Covas, D.Pharm., Ph.D., Dolores Corella, D.Pharm., Ph.D., Fernando Arós, M.D., Ph.D., Enrique Gómez-Gracia, M.D., Ph.D., Valentina Ruiz-Gutiérrez, Ph.D., Miquel Fiol, M.D., Ph.D., José Lapetra, M.D., Ph.D., Rosa Maria Lamuela-Raventos, D.Pharm., Ph.D., Lluís Serra-Majem, M.D., Ph.D., Xavier Pintó, M.D., Ph.D., Josep Basora, M.D., Ph.D., Miguel Angel Muñoz, M.D., Ph.D., José V. Sorlí, M.D., Ph.D., José Alfredo Martínez, D.Pharm, M.D., Ph.D., and Miguel Angel Martínez-González, M.D., Ph.D. for the PREDIMED Study Investigators N Engl J Med 2013; 368:1279-1290April 4, 2013DOI: 10.1056/NEJMoa120030


Extravirgin olive oil consumption reduces risk of atrial fibrillation: the PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) trial.


Martínez-González MÁ, Toledo E, Arós F, Fiol M, Corella D, Salas-Salvadó J, Ros E, Covas MI, Fernández-Crehuet J, Lapetra J, Muñoz MA, Fitó M, Serra-Majem L, Pintó X, Lamuela-Raventós RM, Sorlí JV, Babio N, Buil-Cosiales P, Ruiz-Gutierrez V, Estruch R, Alonso A; PREDIMED Investigators.  Circulation. 2014 Jul 1;130(1):18-26. doi: 10.1161/CIRCULATIONAHA.113.006921. Epub 2014 Apr 30


Reduction in the incidence of type 2 diabetes with the Mediterranean diet: results of the PREDIMED-Reus nutrition intervention randomized trial.


Salas-Salvadó J, Bulló M, Babio N, Martínez-González MÁ, Ibarrola-Jurado N, Basora J, Estruch, Corella D, Arós F, Ruiz-Gutiérrez V, Ros E;PREDIMED Study Investigators.

Diabetes Care. 2011 Jan;34(1):14-9. doi: 10.2337/dc10-1288. Epub 2010 Oct 7.


BMC Med. 2014 May 13;12:77. doi: 10.1186/1741-7015-12-77.


Olive oil intake and risk of cardiovascular disease and mortality in the PREDIMED Study.

BMC Med 2014 13;12:78. Epub 2014 May 13.


Marta Guasch-Ferré, Frank B Hu, Miguel A Martínez-González, Montserrat Fitó, Mònica Bulló, Ramon Estruch… Jordi Salas-Salvadó


ESTUDES 2014-2015. Encuesta sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias de 14 a 18 años de toda España. Plan Nacional sobre Drogas. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.



 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.


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6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.


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