Dieta Mediterránera y café: Prevención primaria de cáncer de mama

Cualquier medida dietética que fuera capaz de reducir la incidencia del cáncer de mama sería más que bienvenida, pues dicho tumor maligno es el de mayor prevalencia entre las mujeres de todas las latitudes.


Pues bien, tanto la Dieta Mediterránea (DM) como el consumo regular de café parecen reducir el riesgo de este cáncer, a tenor de los hallazgos científicos más recientes. En consecuencia, la combinación de ambos estilos dietéticos se convierte en un maridaje altamente saludable, por el que merece la pena brindar a los postres, pero con un buen café, preparado con adecuada técnica barista.


Primero referiremos lo que se sabe de la DM y, después, mencionaremos lo que dice la Comunidad Científica Internacional con respecto a la supuesta capacidad preventiva del riesgo de cáncer de mama ejercido por el café.


¿QUÉ CARACTERIZA A LA DIETA MEDITERRÁNEA?


Si nos centramos en los alimentos que la constituyen recordaré que lo más destacable es la abundancia de productos vegetales, como hortalizas, legumbres, pan, pasta, arroz, verduras, frutas y frutos secos; el empleo de aceite de oliva como  fuente fundamental de grasa; un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos y huevos; el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas (las procedentes del ganado porcino, bovino, caprino y ovino) así como cantidades bastante moderadas de vino tinto, habitualmente consumido en el curso de las comidas.


Su efecto saludable no se debe sólo a que sea una dieta equilibrada, variada y con una adecuada incorporación de macronutrientes sino también a los beneficios derivados de su alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico) y poliinsaturados, su bajo contenido en ácidos grasos saturados y, sobre todo, a su gran riqueza en antioxidantes, como el oleocantal, derivado del aceite de oliva virgen extra y descubierto en 2005 por Beauchamp y colegas, la oleuropeína, el hydroxytyrosol y lignanos.


Tanta es la bondad y calidad de esta dieta como para que el 16 de noviembre de 2010, el Comité Intergubernamental de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en la reunión celebrada en Nairobi (Kenia), acordó inscribir la Dieta Mediterránea en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.


Dieta Mediterránea. El pescado es un excelente integrante de esta saludable dieta. Cortesía de Carmen y Guillermo (Pescados y mariscos Primi. Burgos)


¿LA DIETA MEDITERRÁNEA ES CAPAZ DE REDUCIR EL RIESGO DE CÁNCER DE MAMA?


Para responder a esta cuestión tendremos que basarnos en los hallazgos obtenidos en uno de los estudios epidemiológicos de tipo experimental de mayor calidad científica, el ensayo PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea), realizado por investigadores y centros del estado español (dependientes de Hospitales Universitarios de Barcelona, Pamplona, Sevilla, Vitoria, Valencia, Reus, Instituto de Salud Carlos III de Madrid y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas).


Se trata de un estudio secundario del ensayo clínico PREDIMED.


Como referimos en los artículos que versaban sobre la Dieta Mediterránea (publicados en este blog en septiembre y octubre de 2015, en junio de 2016 y en julio de 2017), el estudio PREDIMED es una prueba clínica, multicéntrica, que, entre octubre de 2003 y diciembre de 2010, incluyóhombres y mujeres, de 55 a 80 años, con alto riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Los participantes fueron aleatoriamente asignados a una de tres intervenciones dietéticas: una DM con suplementos de aceite de oliva virgen extra (AOVE); una DM con suplementos de frutos secos; y una dieta baja en grasas, tanto de origen animal como vegetal, cuyos consumidores constituyeron el grupo control. La intervención no incluyó entre sus objetivos el incremento de la actividad física ni la pérdida de peso.


Pues bien, tras casi cinco años de seguimiento, los que se alimentaron con la DM se beneficiaron de una reducción del 30% del riesgo de enfermar y morir por enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio, ictus o accidente cerebral vascular y muerte de origen cardiovascular), frente al grupo control, el que se nutrió con la dieta baja en grasas (tanto de origen animal como vegetal).


En los sucesivos años se cosecharon extraordinarios resultados en los grupos de DM con respecto al grupo control: reducción de un 38% del riesgo de fibrilación auricular, arritmia cardíaca más frecuente (publicado en abril de 2014); reducción de un 52% del riesgo de diabetes mellitus tipo 2 (publicado en mayo de 2014); reversión significativa del síndrome metabólico; gran reducción del riesgo de enfermar y de morir por procesos cardiovasculares entre las personas que consumen mucho aceite de oliva virgen extra (39% y 48% de reducción de infartos y de muerte por los mismos, respectivamente); prevención de deterioro mental y de demencia (julio 2015), entre otros. (1-8)


Frutos secos (nueces y castañas) y frutas diversas son dos buenos ingredientes de la Dieta Mediterránea. Cortesía de Fernando (Casa Venancio. Espolón 2, Burgos).


En las siguientes líneas vamos a centrarnos en el impacto favorable de la Dieta Mediterránea sobre el riesgo de cáncer de mama.


El estudio contó con 4.288 mujeres de 60 a 80 años, de alto riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, entre las que, tras 4,8 años de seguimiento, se diagnosticaron 35 casos de cáncer de mama invasivo. Cuando se analizaron los resultados en las tres muestras, se comprobó que las mujeres asignadas aleatoriamente al grupo de DM con suplemento de aceite de oliva virgen extra (con un incremento energético igual o superior al 15%) se beneficiaron de una reducción de un 62% del riesgo de desarrollar cáncer de mama (HR: 0,38; IC del 95%, 0,16-0,87), comparadas con las mujeres del grupo control. Sin embargo, las que cayeron en el grupo de DM con suplementos de frutos secos (30 gramos: 15 de nueces, 7,5 de avellanas y 7,5 de almendras) no experimentaron tal beneficio, esto es, la diferencia no fue estadísticamente significativa cuando se las comparaba con el grupo control. (9)


Los autores del estudio creen que esta notable diferencia de resultados entre las mujeres de las dos muestras con DM pudiera ser debida a ladistinta proporción de grasas atribuibles al aceite de oliva virgen extra, puesto que en las que recibieron suplemento de frutos secos sólo el 10% del total de la ingesta calórica procedía del citado aceite de oliva virgen extra, siendo del 22% entre las que recibieron suplementos de este oro líquido. También lo atribuyen a que estas últimas reciben un mayor contenido en polifenoles, el aportado por el mencionado aceite.


Los investigadores de este trabajo, con la doctora Estefanía Toledo a la cabeza, se jactan de que nadie anteriormente había evaluado el efecto específico de la DM sobre el riesgo de cáncer de mama, mediante un diseño experimental de tal calibre.


Sí que anteriormente se publicaron diversos trabajos que revelaban el efecto antitumoral de la DM. Uno de los primeros fue un trabajo de 1998, el Estudio Cardiológico Dietético de Lyon, también aleatorizado, el cual mostró que un modelo de DM, se asociaba a una reducción global de la incidencia de cánceres, lo que sustentó la hipótesis del efecto antitumoral de una DM, aunque no discriminaba entre unos y otros cánceres. (10)


Un extraordinario estudio, que luego explicaremos con más detalle, el EPIC(European Prospective Investigation into cáncer and Nutrition), ofreció en 2011 buenas noticias al respecto. Efectivamente, la doctora Elisabeth Couto y colegas, en un análisis del mismo, avanzó que los varones que se alimentan con el patrón de la DM pueden evitar el 4,7% de los cánceres, mientras que las mujeres evitarían el 2,4% de los tumores malignos. (11)


Posteriormente, en junio de 2013, investigadores de este mismo diseño prospectivo europeo (EPIC), publicaron en una revista de gran prestigio internacional (International Journal of Cancer), los resultados de una evaluación del mismo en el que pretendían valorar la asociación entre la adherencia a un modelo de DM y el cáncer de mama. Para ello estudiaron a 335.062 mujeres durante 11 años, al cabo de los cuales se diagnosticaron 9.009 cánceres de mama invasivos en mujeres postmenopáusicas y 1.216 en mujeres premenopáusicas. Pues bien, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico, comprobaron que las damas que seguían un modelo de DM tenían una reducción del 6% del riesgo de cáncer de mama, cuando se las comparaba con las de baja adherencia a la DM. Además, el descenso del citado riesgo era aún mayor, hasta un 7%, cuando se trataba de mujeres que ya habían pasado la menopausia (HR: 0.93; IC 95%: 0,87-0,93). Aunque donde fue mayor la asociación inversa, esto es, la de reducción del riesgo del citado tumor maligno a medida que aumenta la adherencia a la DM, fue en los cánceres con receptores estrogénicos y de progesterona negativos, o sea, los que carecían de cerraduras específicas para las llaves de estrógenos y de progesterona, respectivamente: 20% de reducción del riesgo (HR: 0,80; IC 95%: 0,65-099). Sin embargo, en las mujeres premenopáusicas no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre la DM y el cáncer de mama. ”Nuestros resultados justifican modificaciones dietéticas para prevenir el cáncer de mama”, concluyen los firmantes del estudio. (12)


Fruta y verdura, otros dos buenos ingredientes de la Dieta Mediterránea. Cortesía de Fernando (casa Venancio). Espolón 2. Burgos


Cuando dos años más tarde, en noviembre de 2015, se publicaron los frutos del estudio PREDIMED, antes comentado, se superaron las expectativas más halagüeñas. Aunque en este caso siempre tendremos la rémora del escaso número de mujeres que desarrollaron cáncer de mama (35), lo que reduce un tanto la generalización de resultados. No obstante, la solvencia de este estudio español hizo que los autores del mismo lo concluyeran afirmando: “Los resultados del estudio PREDIMED sugieren un efecto beneficioso de la Dieta Mediterránea con suplemento de aceite de oliva virgen extra en la prevención primaria del cáncer de mama que se sumaría a otros efectos saludables de este modelo dietético. Sin embargo, estos resultados  deben confirmarse necesariamente mediante la realización de estudios prospectivos en donde se observe un número sustancialmente mayor de casos incidentes.”


Elemento fundamental de la Dieta Mediterránea: Aceite de oliva virgen extra.


HIPÓTESIS MÁS PLAUSIBLES


En las siguientes líneas vamos a intentar explicar las hipótesis más comúnmente esgrimidas para intentar explicar este hecho, como sigue:


  • Si bien todos los tipos de aceite de oliva nos proveen de una buena cantidad de ácidos grasos monoinsaturados, como el ácido oleico, así como de un hidrocarburo y terpeno, el escualeno; el aceite de oliva virgen extra contiene, además, cantidades muy apreciables de compuestos biológicamente activos, tales como los polifenoles: oleocantal, oleuropeína, hydroxytyrosol y lignanos.


  • Estudios in vitro han mostrado que el ácido oleico ejerce un relevante efecto antiproliferativo tumoral, bloqueando la expresión de los genes tumorales (oncogenes). (13)


  • El hidrocarburo escualeno ha exhibido en estudios con animales de experimentación un efecto neutralizador del estrés oxidativo y, por tanto, del daño al ADN de células del epitelio mamario. (14)


  • Los polifenoles del aceite de oliva virgen extra pueden tener un ciertoefecto antitumoral, a saber:


- El oleocantal ha exhibido tanto in vivo como in vitro una inhibición del desarrollo tumoral así como de la proliferación, migración y capacidad de invasión de las células de cáncer de mama en modelos animales. (15)


La oleuropeína parece valerse de varios mecanismos para conseguir laapoptosis (suicidio celular) de las células de cáncer de mama (cultivadas en laboratorio). (16,17)


- El hydroxytyrosol también ha mostrado un efecto reductor de los radicales libres de oxígeno en las células del epitelio mamario y, por ende,preventivo de la oxidación del daño oxidativo del DNA, tanto en células de epitelio normal cuanto en células plenamente tumorales. (18)


El consumo de lignanos, fitoestrógenos reconocidos, se ha asociado a una reducción del riesgo de cáncer de mama entre mujeres postmenopáusicas. (19)


Barista preparando una infusión con la V60. Cortesía de Jairo García. Primero Café. Celestino Junquera 15. Gijón


¿EL CAFÉ PUEDE REDUCIR REALMENTE EL RIESGO DE DESARROLLAR UN CÁNCER DE MAMA? 


Los estudios epidemiológicos más recientes parecen apuntar un cierto efecto protector del café, pues su consumo regular se asocia aporcentajes significativos de reducción de la incidencia de este tumor maligno, sobre todo, en mujeres postmenopáusicas y en las que las células tumorales carecen de receptores estrogénicos. Veámoslo.


El 31 de enero de 2015 se publicó en una revista de prestigio anglosajona (Breast Cancer Research) las conclusiones de uno de los estudios epidemiológicos de mayor calidad científica, el denominado Estudio Europeo Prospectivo de Investigación sobre Cáncer y Nutrición (EPIC), que ya mencionamos anteriormente. En un intento de abundar más sobre el mismo, diremos que se trata de un estudio analítico (de cohorte prospectiva) que pretende investigar las asociaciones entre diversos marcadores y factores de riesgo y sus posibles efectos: cáncer y otras enfermedades crónicas. Los factores de riesgo objeto de análisis se extienden en un amplio abanico: dieta, estilos de vida, factores genéticos y medioambientales.


Estamos refiriéndonos a un estudio multicéntrico, dado que cuenta con la participación de 23 centros procedentes de 10 países europeos, incluyendo España, que reclutaron a los voluntarios durante 8 años, desde 1992 hasta el año 2000. La información sobre hábitos dietéticos se obtuvo  mediante cuestionarios de frecuencia de alimentos. También se emplearoncuestionarios para recoger los datos referentes al nivel educativo, historia reproductiva, empleo de anticonceptivos y de terapia hormonal sustitutiva (menopausia), antecedentes familiares y personales, nivel de actividad física e historia de consumo de tabaco y de alcohol.


Buen barista concentrado en la extracción (auténtica cola de ratón). Cortesía de Jairo García Suárez. Primero Café. Celestino Junqueras 15. Gijón (Asturias)


Centrándonos en la relación entre el café y el cáncer de mama, señalaré que en este estudio se evaluaron a un total de 335.060 mujeres, durante 11 años de seguimiento, al cabo de los cuales se habían diagnosticado10.198 casos de cáncer de mama invasivo, de los que el 10% (1.064 casos) fueron mujeres que aún no habían llegado a la menopausia (premenopáusicas). Cuando se procedió a analizar la presencia o no dereceptores hormonales en las células tumorales (de estrógenos o/y de progesterona) se comprobó que el 50% tenían ambos receptores (RE+ RP+), el 33% tenían sólo un receptor (RE+ o RP+), y el 17% restante carecían de ambos receptores (RE- RP-).


El mágico momento del Latte Art. Cortesía de Jairo García. Primero Café. Celestino Junqueras, 15. Gijón


Pero, ¿qué influencia tuvo el café? ¿Positiva o negativa? Positiva, desde luego, puesto que se comprobó que el consumo de café con cafeína se asoció con un menor riesgo de cáncer de mama en mujeres postmenopáusicas. Si nos preguntamos de qué proporción se trata, diremos que las que consumieron más café (cuartiles mayores) se beneficiaron de una reducción de un 10% del riesgo de desarrollar este tumor maligno (HR: 0,90; IC 95%: 0,82 a 0,98), con respecto a las que consumen poco café. Además, se comprobó un efecto dosis-respuesta entre el colectivo de damas cuyas células tumorales están desprovistas de receptores hormonales (RE- y RP-): un 4% de disminución del riesgo por cada aumento de 100 ml en la ingesta de café con cafeína. Sin embargo, el café descafeinado no mostró ninguna asociación estadísticamente significativa con el desarrollo del citado cáncer de mama.              


Por otra parte, tanto el café con cafeína como el descafeinado no ejercieron ningún efecto sobre el riesgo de cáncer de mama en mujeres premenopáusicas. (20)


Estos resultados parecen concordantes con los de un estudio de casos y controles canadiense, pues los investigadores del mismo también constataron una reducción significativa del riesgo de cáncer de mama por parte de las mujeres postmenopáusicas que consumieron mayores cantidades de café (5 ó más tazas al día), cuando fueron comparadas con las no consumidoras. La única diferencia es que en este último trabajo se observó una reducción mayor del riesgo: un 37% (HR: 0,63; IC 95%: 0,43 a 0,94). (21)


En lo que hace referencia a la reducción del riesgo en las portadoras de cánceres mamarios con receptores hormonales negativos (RE- o/y RP-), también existen más trabajos con similares resultados, como los de un estudio de casos y controles con participación sueca y alemana, que reveló tal reducción sólo en las mujeres cuyos tumores carecen de receptores estrogénicos (RE -), pero no en las que los poseen. (22)


Los diversos estudios epidemiológicos revelan un significativo efecto antitumoral del café, que atribuyen a sus compuestos bioactivos, entre los que destacan la cafeína, los diterpenos, cafestol y kawheol, y los polifenoles, con su máximo representante, el ácido clorogénico.


TOMAR CAFÉ ES BEBER SALUD


A mi entender, si todos estos resultados siguieran respaldándose tendríamos un motivo más para brindar con una copa de café al concluir una exquisita comida de nuestra Dieta Mediterránea.


Tomar café es beber salud, pues reduce la mortalidad total y la específica por las enfermedades más prevalentes. Cortesía de Jairo García.


Tengamos en cuenta que desde mayo de 2012 hasta julio de 2017 se han publicado una serie de estudios epidemiológicos prospectivos, de gran rigor científico, efectuados por diversos grupos de investigación internacionales (norteamericanos, europeos y asiáticos), que están revelando que laingesta regular de café reduce tanto la tasa global de muerte (por todas las causas) cuanto la mortalidad específica por las principales causas de enfermar y morir en el planeta, como las enfermedades cardiovasculares (infartos de miocardio e ictus), cirrosis hepática, ciertos tumores malignos, diabetes tipo 2, respiratorias, neurológicas (Parkinson y Alzheimer, principalmente), entre otras. (23-35).

¿QUÉ CANTIDAD DE CAFÉ ES LA MÁS SALUDABLE?


El consumo de café que parece reducir más el riesgo de muerte, corresponde a la ingesta diaria de unas cuatro a cinco tazas: de un 12% a un 18% de disminución de la tasa global de muerte.


Brindando con café especial de Etiopía, Biftu Gudina, infusionado con la Chemex, cafetera de filtro.


BRINDEMOS CON CAFÉ


Por todo ello, el café es mi bebida preferida para brindar en buena compañía, sobre todo si es un café de especialidad preparado y servido con buena técnica barista. En ese momento, mis sentidos  llevan al cerebro sensaciones realmente placenteras, que me hacen feliz.


Así, después de contemplar el color dorado de una infusión de café en copa de vidrio y de percibir su fragancia, llega el momento de recrearnos con su gusto. Entonces, dejaremos que nuestras papilas gustativas se empapen del líquido tan preciado, con objeto de notar, inicialmente, leves toques cítricos y, al deglutirlo, sentir un cuerpo sedoso, así como el sabor particular de cada café, a canela, chocolate, frutos secos, frutos del bosque, entre otros. Todo ello, dependiendo de la latitud en la que se cultive (África, Centroamérica, Indonesia…), de la calidad de la cosecha, del amable y atinado tueste, así como de la acertada molienda y adecuada preparación en cafeteras convencionales o en las de infusión en filtro de papel (Chemex, V 60, aeroprés, sifón), que tan sabiamente manejan los buenos baristas.


En fin, convencido estoy de que tomar café es beber salud.                                                                         

                                               

                                                       Dr. Félix Martín Santos


BIBLIOGRAFÍA


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INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


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