Efectos saludables del brécol: Prevención de cáncer de pulmón

El brécol es uno de los alimentos más saludables que existen porque su consumo regular se asocia a una reducción del riesgo de enfermar y morir por las patologías más prevalentes en los países desarrollados, como los procesos cardiovasculares y los tumores malignos, como el cáncer de pulmón, entre otras enfermedades.

Sus sobresalientes propiedades antiinflamatorias, antitumorales y desintoxicantes hacen que esta verdura de la familia de las crucíferas se coloque en el escalón más alto del pódium del selecto grupo de alimentos funcionales, aquellos cuyos beneficios no se limitan a subvenir las meras necesidades energéticas.


Origen y características botánicas


El brécol o brócoli (Brassica oleracea itálica) es, como decíamos antes, un miembro de las brasicáceas (Brassicaceae) o crucíferas (Cruciferae), una familia de angiospermas dicotiledóneas, al que también pertenecen la coliflor, la lombarda, el repollo o col, la mostaza, la rúcula, el nabo, las coles de bruselas, la berza y el berro, entre otras.


Lombarda


Brécol


Lo primero que llama la atención de este vegetal son sus sumidades floridas carnosas de color verde, que penden de ramas que, a su vez, nacen de un robusto tallo. Tales cabezuelas florales están rodeadas de hojas. Prácticamente todo es comestible salvo el grueso tronco, un tanto correoso.


Parece que las primeras variedades de brécol proceden de la época en que Roma dominó gran parte del mundo. No obstante, esta verdura no rebasó su patria italiana hasta el siglo XIX, momento en que empezó a distribuirse al resto del mundo.


Recomendaciones alimenticias


Si queremos beneficiarnos de los fantásticos efectos saludables del brécol será necesario consumirlo regularmente. Así pues, considerando que una ración de brócoli puede pesar, por ejemplo, 156 gramos, que aportan unas 55 kilocalorías, se recomienda ingerir diariamente una cantidad mínima de tres cuartos de ración, que equivalen a cinco raciones por semana. Un consumo óptimo vendría a oscilar entre una y una ración y media al día, esto es, unas diez raciones por semana. Al menos así es lo aconsejado por la prestigiosa Fundación George Mateljan, organización norteamericana sin ánimo de lucro, especializada en el estudio de los alimentos más saludables del mundo (The world´s healthiest foods), en la revisión actualizada dedicada al brócoli en septiembre de 2016. (1)


Tortilla de brócoli


Para no perder ninguno de sus componentes se aconseja hervirlo brevemente al vapor, sin sobrepasar los cinco minutos, o, en su defecto, saltearlo rápidamente en una sartén con aceite de oliva virgen extra, sin que se quemen las cabezuelas floridas. También se puede comer crudo, en ensalada. Mi forma predilecta de consumirlo es en tortilla de dos huevos, a los que añado una generosa ración de brécol, previamente expuesto durante un minuto al calor del microondas. Espero que en el futuro no se demuestre efecto adverso alguno por el empleo de este último sistema de cocinar (o más bien de calentar los alimentos y bebidas).


Brécol en panaché de verduras con huevo escalfado: Cortesía Ricardo Temiño, restaurante La Fábrica (Burgos)


Composición química


Los efectos saludables del brócoli son atribuibles a su riqueza en glucosinolatos, una familia de compuestos azufrados, de los que se derivan los isotiocianatos y los índoles. Aunque las otras brasicáceas también poseen estos fitoquímicos, el brécol es donde alcanzan sus más altas concentraciones. Vamos a dedicar unas líneas a los principales productos que resultan de la hidrólisis de estos compuestos azufrados:


  • Isotiocianatos: El producto estrella, al que se le atribuyen gran parte de los beneficios del brócoli es el sulforafano, el cual se encuentra en la planta como glucosinolato de sulforafano, más conocido como glucorafanina. Pero ¿cómo se transforma la glucorafanina en sulforafano? Pues de dos formas: una, mediante la acción de una enzima, denominada mirosinasa, que se libera en el momento de masticar o machacar el brécol; la otra, por la acción de las bacterias intestinales.


  • Índoles: De la hidrólisis de otro glucosinolato, la glucobrasicina, se obtienen el indol3-carbinol (I3c), el diindolilmetano (DIM) y el ascorbigeno (I3C unido a ácido ascórbico). Como veremos luego, estos índoles, al igual que los isotiocianatos se comportan como poderosos antioxidantes indirectos, dado que actúan sobre los sistemas enzimáticos de fase I y de fase II, bloqueando la producción de peligrosos tóxicos y carcinogénos (inhibición de los de fase I) y estimulando la síntesis de enzimas hepáticas de gran acción desintoxicante (inducción de los de fase II), que contribuyen a la eliminación de radicales libres netamente dañinos para nuestros intereses. Aunque gran parte de las investigaciones científicas sobre los índoles tienen que ver con su capacidad para intervenir en el metabolismo de los estrógenos y, en consecuencia, en el efecto preventivo de cánceres hormono dependientes, como los de próstata y mama. (2, 3)


El brécol es la crucífera con mayor riqueza en sustancias fitoquímicas de reconocidas propiedades preventivas y terapéuticas. Veamos algunas de las más relevantes:


  • Carotenoides con gran efecto antioxidante y protector de la mácula lútea, área retiniana de mayor agudeza visual, como la luteína y zeaxantina.


  • Gran riqueza en vitamina C, vitamina B6 y ácido fólico, así como en las vitaminas liposolubles E y K.


  • Abundancia de beta-caroteno (provitamina A).


  • Cabagina (S-metilmetionina), también denominada vitamina U, dotada de un gran efecto antiinflamatorio en la mucosas gástrica e intestinal.


  • Flavonoides, sobre todo el kaemferol y la quercitina.


  • Minerales como el manganeso, el zinc, gran riqueza de hierro.


  • El brécol contiene selenio metilado (Se-metilseleno cisteína), que se transforma en un buen anticancerígeno, el metil selenolato. (4)


  • Ácido clorogénico, reconocido antioxidante, muy abundante en el café.


  • Notables cantidades de fibra: un gramo de fibra por cada 30 gramos de brécol (10 kilocalorías).


  • D-glucarato, compuesto clave para la glucuronidación, proceso crucial de la desintoxicación fase II.


  • Potasio y magnesio, minerales de acción desacidificante.



EFECTOS SALUDABLES DEL BRÉCOL


Efectos anticarcinógenos o antitumorales


Son más de 300 los estudios científicos que han valorado el poder antitumoral del brécol, basado en su capacidad para desmontar los tres pilares del desarrollo tumoral en cualquier órgano humano o animal: uno, la inflamación crónica; dos, el estrés oxidativo; tres y último, deficiente desintoxicación. En el último lustro se han multiplicado los trabajos científicos que han revelado que la patogenia del cáncer se sustenta en esos tres pilares. Pues bien, el consumo regular de brócoli es capaz de modificar favorablemente tales bastiones tumorales.


En las siguientes líneas vamos a ver la vinculación entre el cáncer y sus tres pilares patogénicos.


Cáncer: convergencia de inflamación crónica, estrés oxidativo y deficiente desintoxicación


Es preciso mencionar en este momento que los mecanismos inflamatorios son necesarios para el buen funcionamiento de nuestros órganos y sistemas y, en definitiva, para mantener un buen estado de salud. De forma que cuando sufrimos agresiones químicas, físicas, microbiológicas, alérgicas o de cualquier otra índole, nuestros sistemas de vigilancia inmune tienden a detectarlas con cierta prontitud para inmediatamente responder con la cascada de la inflamación. Existe una molécula o compuesto clave en todo este proceso, es el denominado factor nuclear Kappa B (NF-kappa B), el cual se activa en el momento de detectar las citadas agresiones, para, luego, inducir la transcripción de genes implicados en la codificación y posterior síntesis de proteínas de neto carácter inflamatorio (IL-6, IL-beta, Factor de necrosis tumoral alfa, óxido nítrico, COX-2), que tenderán a neutralizar e incluso erradicar tales agentes agresores.


Mientras tales respuestas inflamatorias sean breves y no sobrepasen el tiempo justo para recuperar la estructura y función dañadas, podremos mantener nuestra salud. Sin embargo, cuando las amenazas citadas no ceden sino que se mantienen en el tiempo, a veces por un defecto o debilidad de nuestros sistemas de desintoxicación, el NF-Kappa B no dejará de funcionar y, por tanto, seguirá activando indefinidamente los procesos inflamatorios, pasando así a un pernicioso estado de inflamación crónica.


Cuando se perpetúa la inflamación se dispara la producción de radicales oxidantes y de las moléculas ricas en oxígeno (estrés oxidativo), que son extraordinariamente dañinas no sólo para la integridad de nuestras estructuras celulares y tisulares sino también para el buen estado del material genético contenido en nuestro ADN (ácido desoxirribonucleico). En consecuencia, se abre la espita de la cuba o tonel por el que se derramarán las temibles enfermedades crónicas, como la arteriosclerosis y sus nefandas complicaciones (ictus y cardiopatía isquémica), enfermedades neurodegenerativas, gastritis y úlceras asociadas a Helicobacter pylori, esclerosis múltiple, entre otras muchas enfermedades. Pero el cúmulo de desgracias no acaba con estas enfermedades, pues la combinación de inflamación crónica, estrés oxidativo y deficiente desintoxicación también abona el terreno para el desarrollo de los tumores malignos.


En las siguientes líneas vamos a ver la capacidad del brécol para combatir tales amenazas, merced a su particular composición química.

       

Para entender mejor este contenido vamos a analizar por separado los efectos antiinflamatorios, antioxidantes y desintoxicantes vinculados al consumo regular de brécol.


Efecto antiinflamatorio del brócoli


Recientes investigaciones (2009) han probado la capacidad de isotiocianatos sintéticos para suprimir la actividad del factor nuclear kappa B (NF-kappa B), bloqueando los genes que codifican su síntesis y, en consecuencia, evitando la producción de las sustancias implicadas en la inflamación y en el daño del ADN.5


Más recientemente, en febrero de 2015, se pudo probar que el sulforafano era capaz de inhibir al NF-kappa B de monocitos obtenidos de donantes humanos y, por ende, la producción de todas las sustancias proinflamatorias anteriormente citadas (IL-6, IL-beta, TNF-alfa, INOS, COX-2…). (6)


Otro efecto antiinflamatorio asociado al consumo de brécol se debe al pequeño, pero significativo aporte de ácidos omega-3 (unos 100 miligramos por cada 300 gramos de brécol, equivalente a 100 kilocalorías). De esta forma contribuiría a reducir el déficit de estos ácidos grasos poliinsaturados y, por ello, sería más difícil que se activara el sistema inflamatorio, algo que sí acontecería en caso de plasmarse tal déficit. Cosa lógica, si tenemos en cuenta que una parte relevante de las moléculas antiinflamatorias se constituyen con ácidos omega-3.


El tercer efecto antiinflamatorio del brécol se debe a su riqueza en kaemferol, un flavonoide de reconocidas propiedades antialérgicas, disminuyendo la producción de los anticuerpos involucrados en las reacciones alérgicas, las inmunoglobulinas de tipo IgE. De esta forma aumentarían las posibilidades de reducir el daño derivado de la excesiva exposición a alérgenos, promovida por la inflamación crónica.

     

Efecto antioxidante del brécol


El brécol es la verdura crucífera que posee la mayor concentración de vitamina C, un antioxidante de primer orden, cuya efectividad se incrementa cuando está acompañada de flavonoides. Pues bien, el brécol también aporta notables cantidades de estas últimas sustancias, como la quercitina y el kaemferol.


Otros antioxidantes del brócoli son los carotenoides, luteína y zeaxantina, así como el beta-caroteno. Junto a ellos también exhiben una gran acción antioxidante la vitamina E y minerales como el manganeso y el zinc.


Estos compuestos antioxidantes hacen que el consumo regular de brécol se asocie a una reducción del riesgo de inflamación crónica y de cáncer.


Efecto desintoxicante del brécol

  

El sulforafano es la molécula responsable de la gran capacidad depurativa o desintoxicante del brécol, pues, como dijimos antes, es capaz de inhibir el sistema enzimático de fase I, no tanto como para perturbar el buen funcionamiento del organismo cuanto para evitar la proliferación de una serie de metabolitos intermedios, resultantes de su acción neutralizadora de tóxicos, medicamentos y otras moléculas, que si se acumularan nos ocasionarían graves problemas. Uno de ellos sería el de incidir en nuestro ADN, con el mal propósito de inducir mutaciones malignas. Pues bien, el sulforafano contribuye decisivamente a evitar tal disturbio.


Por otra parte, el sulforafano es capaz de activar a una sustancia implicada en la estimulación de genes protectores de nuestras células(citoprotectores), como los que codifican la síntesis de antioxidantes, proteínas que depuran metales pesados, enzimas que metabolizan drogas y tóxicos, enzimas regeneradoras (NADPH). Me estoy refiriendo al denominado factor nuclear eritroide 2 (Nrf2), el cual estimula a los genes responsables de optimizar la función celular. Siendo los más importantes los que codifican la síntesis de las enzimas principales de fase II: la glutatión-S-transferasa(GST), la uridinadilfosfato-glucuroniltransferasa(UGT) y, sobre todo, la quinona reductosa (QR). Una de las acciones de estas enzimas es la de reducir las toxinas implicadas en el inicio y en la progresión de un cáncer.


La investigación científica actual ha revelado la gran capacidad de activar al Nrf2 por parte del sulforafano, bastante superior a la exhibida por una serie de polifenoles, como la curcumina, la silymarina y el resveratrol


Recientemente se ha publicado una excelente revisión sobre el sulforafano y otros activadores del Nrf2, (7) firmada por Christine A. Houghton y colegas, en una revista de gran prestigio, Oxidative Medicine and Cellular Longevity. El que tenga interés en profundizar más en el tema, aconsejo su lectura.

    

Neutralización de los tres pilares cancerígenos


En los anteriores apartados hemos visto la gran capacidad del brécol para derruir los tres pilares en los que se asienta el desarrollo del cáncer:inflamación crónica, estrés oxidativo y escasa desintoxicación.


Quizá por todo ello se están multiplicando los trabajos científicos que demuestran las propiedades anticancerígenas del brécol, reduciendo el riesgo de desarrollar una serie de tumores malignos: colon, (8,9) próstata, (10,11) mama, (12,13) vejiga, (14,15,16), pulmón, (17,18) ovario, (19) leucemia linfática crónica, entre otros.

                    

Cáncer de pulmón: Efecto preventivo del brécol

   

Como neumólogo no he podido resistir la tentación de resumir algunos artículos científicos que revelan la capacidad del brécol para reducir el riesgo de cáncer de pulmón.


Empezaremos con el meta-análisis dirigido por Tram Kim Lam, miembro del Departamento de Prevención Oncológica del Instituto Nacional del Cáncer de USA, publicado en enero de 2009 en una revista de gran prestigio, Cancer Epidemiology Biomarkers & Prevention.20 Estos autores efectuaron una revisión sistemática de los artículos que valoraron la relación entre el cáncer de pulmón y consumo de crucíferas, como el brécol. Sólo treinta artículos superaron los exigentes criterios de selección: dieciocho valoraron la asociación entre el consumo de vegetales totales, incluyendo las brasicáceas, y el cáncer de pulmón (6 de cohorte y 11 de casos y controles); once se centraron en el consumo específico de crucíferas y el citado cáncer. Pues bien, sus resultados fueron muy elocuentes: en los estudios de casos y controles se observó una reducción del 22 % del riesgo de cáncer de pulmón entre las personas que consumieron más verduras crucíferas con respecto a los que consumieron menos, mientras que en los estudios de cohorte la disminución del riesgo fue del 17%, independientemente del hábito tabáquico. Además, comprobaron que la reducción del riesgo era sensiblemente mayor entre el colectivo de personas que tienen variantes genéticas anómalas de glutatión-S- transferasa (como GSTM1 y GSTT1), una enzima de fase II, antes mencionada. Parece lógico este último resultado, dada la gran capacidad de las crucíferas, sobre todo del brécol, de estimular los procesos de desintoxicación dependientes de enzimas de fase II, merced a su riqueza en sulforafano.


El año siguiente alumbró otra publicación de este mismo grupo (Tram Kim Lam y colegas), en la que valoraron la relación entre el consumo de crucíferas y el riesgo de cáncer de pulmón, mediante un estudio de casos y controles, con un control exhaustivo del tabaquismo como gran variable de confusión. En síntesis, compararon a 274 casos de cáncer broncopulmonar (incidentes entre 1990 y el 2005) con 1089 sujetos libres del citado cáncer. Sus resultados sobrepasaron las expectativas previas, pues la reducción del riesgo de cáncer pulmonar entre fumadores y exfumadores que consumieron más verduras de la familia de las brasicáceas o crucíferas fue de un 43%, cuando eran comparados con los que ingirieron menos. En cambio, entre los nunca fumadores no observaron tal reducción. (21)


El tercer trabajo que deseo comentar es el dirigido por Q. J. Wu y B. Xiang (primer y último firmante del artículo), quienes comprobaron la asociación entre el consumo de verduras crucíferas y el riesgo de cáncer de pulmón entre mujeres chinas de Shangai, mediante un estudio prospectivo y un meta-análisis. Sus conclusiones las publicaron en una revista norteamericana de prestigio, Annals of Oncology (abril de 2013). 22 En esencia, lo que hicieron fue estudiar a 74.914 mujeres de 40 a 70 años,participantes del Estudio de Salud en Mujeres de Shangai, a las que siguieron durante una media de 11 años, al cabo de los cuales 417 desarrollaron cáncer de pulmón. Cuando compararon a las que consumieron más crucíferas con las que ingirieron menos, observaron que las primeras se beneficiaban de una reducción del 27% del riesgo de cáncer de pulmón. Además, la disminución del riesgo era sensiblemente mayor entre las mujeres que nunca fumaron tabaco: 41% de reducción (HR 0,59; 95% CI 0,40-0,87). 22 Estas conclusiones fueron refrendadas por el meta-análisis efectuado por este mismo grupo. La prevalencia de tabaquismo en China parece ser bastante menor que en Occidente.


Finalmente, existe un estudio que sugirió que el consumo regular de crucíferas es capaz de reducir significativamente el riesgo de cáncer de pulmón entre fumadores. Se trata del publicado en abril de 2010 en otra revista de prestigio de EEUU (Bio Med Central), que fue dirigido por Li Tang y Kirsten B Moysich. Estos autores compararon a 948 casos de cáncer de pulmón con 1.743 sanos (casos y controles), con el objeto de comprobar una supuesta asociación entre la ingesta regular de frutas, verduras, en general, y crucíferas, en particular, con el riesgo de cáncer de pulmón. Estratificaron escrupulosamente el hábito tabáquico de los participantes, clasificándolos en nunca fumadores, fumadores actuales o activos y exfumadores. Pues bien, observaron que la ingesta regular de frutas y verduras, en general, se asociaba a una significativa reducción del riesgo de cáncer de pulmón entre nunca fumadores. Sin embargo, la ingesta específica de crucíferas (el brécol como gran estrella por su riqueza en sulforafano) se acompañaba de una significativa disminución del riesgo de desarrollar cáncer broncopulmonar entre el colectivo de fumadores, sobre todo de exfumadores.


Estos mismos autores, cuando evaluaron la intensidad y la duración del hábito tabáquico observaron que los fumadores intensos (más de 20 cigarrillos al día) fueron los que más se beneficiaron del consumo de vegetales totales y de crucíferas: de un 32% a un 48% de reducción del riesgo de cáncer de pulmón por parte de los mayores consumidores de estas verduras con respecto a los que las consumían menos. Con respecto a la duración del hábito tabáquico, los que más se beneficiaron del consumo de crucíferas fueron los que fumaron no más de 30 años.


También comprobaron que los que ingerían estas verduras crudas obtenían los mejores resultados. Además, sus resultados se incrementaban con la dosis consumida, pues los que consumían 4,5 raciones mensuales de crucíferas sin cocinar experimentaban una reducción del 55% del riesgo de desarrollar este cáncer, con respecto a los que sólo consumían 2,5 raciones de crucíferas crudas.


Por otra parte, cuando evaluaron los cuatro tipos histopatológicos de cáncer de pulmón, comprobaron que la reducción del riesgo de sufrir este cáncer era sensiblemente mayor entre los que sufrieron carcinomas epidermoides y carcinomas de células pequeñas, que son los dos tipos que se asocian íntimamente al consumo tabáquico.


Bueno, no quiero concluir este apartado sin dejar de recordar que la primera causa de cáncer de pulmón es el tabaquismo, por lo que la mejor medida de prevención primaria siempre será reducir la incidencia del hábito tabáquico. Para los fumadores, no hay otra opción que dejar de fumar inmediatamente, antes de que se cumpla el periodo de inducción de este temible cáncer. Luego no valdrá lamentarse. Como siempre digo, la mejor inversión en salud para un fumador activo es dejar de fumar. Sin duda.



¿Qué cantidad de brécol hay que consumir para reducir el riesgo de cáncer?


Aunque al principio de este artículo ya tratamos este punto, me voy a centrar en este apartado en el consumo aconsejado de brécol para reducir el riesgo de cáncer. No parece haber muchas diferencias, como veremos a continuación.


Parece que las investigaciones más recientes están revelando que podría bastar con ingerir una media ración por día de brécol, esto es, unos 80 gramos, equivalentes a tan solo 22 kilocalorías, para reducir significativamente el riesgo de cáncer. Si no deseamos consumir diariamente esta verdura, podríamos hacerlo en dos días de la semana,pero comiendo dos raciones (150 gramos por ración)


Parece que el efecto es mayor a medida que incrementamos el consumo de esta brasicácea, pues con la ingesta diaria de unos 250 gramos por día (1,6 raciones) se ha observado una significativa eliminación urinaria de potenciales carcinógenos. Otros estudios abogan por ingerir cantidades más generosas, como unas tres raciones diarias.


Sin ánimo de liar mucho al personal, en España hay expertos que creen que con 200 gramos diarios de brécol sería suficiente para prevenir el cáncer de mama, próstata, colon y pulmón. Así lo atestiguaron, en septiembre de 2016, investigadores del Laboratorio de Fitoquímica del Departamento de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de CEBAS-CSIC (Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura-Centro Superior de Investigaciones Científicas), que colaboran con + Brócoli, asociación sin ánimo de lucro que tiene como objetivos incrementar el consumo de esta verdura y dar a conocer los efectos saludables inherentes a su consumo. Estos investigadores aconsejan ingerir al menos tres raciones semanales de brécol.


Lo que sí parece evidente es que el brécol es el alimento más rico en glucosinolatos, como la glucorafanina, el gluconastartium y la glucobrasacina, muy superior al resto. Por ello, su consumo regular servirá, sin duda, para prevenir situaciones de deficiente desintoxicación de sustancias peligrosas para la supervivencia y buen funcionamiento de nuestras células.


El resto de efectos saludables del brécol (cardiovasculares, digestivos, respiratorios, metabólicos…) los analizaremos en el artículo del próximo mes.

                                        

Dr. Félix Martín Santos


Bibliografía:


1. The world´s healthiest foods. htpp://www.whfoods.org/


2. Minich DM, Bland JS. A review of the clinical efficacy and safety of cruciferous vegetable phytochemicals. Nutr Rev. 2007; 65 (6 Pt 1): 259-67


3. Weng JR, Tsai CH, Kulp SK, et al. Indole-3-carbinol as a chemoppreventive and anticancer agent. Cancer Lett. 2008; 262 (2): 153-63


4. Keck AS, Finley JW. Cruciferous vegetables: cáncer protective mechanisms of glucosinolate hydrolysis products and selenium. Integr Cancer Ther. 2004; 3 (1): 5-12.


5. Prawan A, Saw CL, Khor TO, et al. Anti-NF-kappaB and anti-inflammatory activities of synthetic isothiocyanates: effect of chemical structures and cellular signaling. Chem Biol Interact. 2009 May 15;179(2-3):202-11. 2009.


6. Sulforaphane and its methylcarbonyl analogs inhibit the LPS-stimulated inflammatory response in human monocytes through modulating cytokine production, suppressing chemotactic migration and phagocytosis in a NF-κB- and MAPK-dependent manner. Reddy SA, Shelar SB, Dang TM, Lee BN, Yang H, Ong SM, Ng HL, Chui WK, Wong SC, Chew EH. Int Immunopharmacol. 2015 Feb;24(2):440-50. doi: 10.1016/j.intimp.2014.12.037. Epub 2015 Jan 10.


7. Oxidative Medicine and Cellular Longevity. Volume 2016 (2016), Article ID 7857186, 17 http://dx.doi.org/10.1155/2016/7857186. Review Article. Sulforaphane and Other Nutrigenomic Nrf2 Activators: Can the Clinician’s Expectation Be Matched by the Reality? Christine A. Houghton, Robert G. Fassett, and Jeff S. Coombes


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10. Traka M, Gasper AV, Melchini A et al. Broccoli consumption interacts with GSTM1 to perturb oncogenic signalling pathways in the prostate. PLoS One. 2008 Jul 2;3(7):e2568. 2008


11. Prospective Study of Fruit and Vegetable Intake and Risk of Prostate Cancer. Victoria A. Kirsh, Ulrike Peters, Susan T. Mayne, Amy F. Subar, Nilanjan Chatterjee, Christine C. Johnson, Richard B. Hayes and on behalf of the Prostate, Lung, Colorectal and ovarian cancer screening trial. JNCI. 2007. 1200-1209


12. Breast Cancer Risk in Premenopausal Women Is Inversely Associated with Consumption of Broccoli, a Source of Isothiocyanates, but Is Not Modified by GST Genotype . 2004 The American Society for Nutritional Sciences. Christine B. Ambrosone, Susan E. McCann, Jo L. Freudenheim, James R. Marshall, Yueshang Zhang, and Peter G. Shields


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21. Cruciferous Vegetable Intake and Lung Cancer Risk: A Nested Case-Control Study Matched on Cigarette Smoking. Tram Kim Lam , Ingo Ruczinski, Kathy J. Helzlsouer, Yin Yao Shugart,Laura E. Caulfield and Anthony J. Alberg. Cancer Epidemiology Biomarkers & Prevention. October 2010., 19, 2534.


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23. Cruciferous vegetable intake is inversely associated with lung cáncer risk among smokers: a case-control study. Li Tang, Gari R Zirpoli…Kirsten B Moysich. Bio Med Central.27 april 2010.



 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).


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