Enfermedad de Alzheimer: Efectos preventivos del café

La enfermedad de Alzheimer es una prioridad mundial de salud pública, por su gran frecuencia, gravedad y coste sanitario. Los investigadores estiman que hay un caso de demencia en el mundo cada 4 segundos. En España se calcula que la sufren actualmente entre 500.000 y 800.000 personas, usualmente ancianos.

Dado su carácter progresivo e irreversible, la supervivencia media desde el diagnóstico es de unos cinco años, durante los cuales la sufre tanto el paciente como todo el entorno familiar. La enfermedad repercute en la vida diaria de 3,5 millones de españoles, que ven tremendamente mermada su calidad de vida, pues los familiares responsables del cuidado de estos pacientes sufren un gran desgaste físico, mental y económico.


El coste por paciente oscila entre los 27.000 y los 37.000 euros anuales, aumentando a medida que progresa la enfermedad, llegándose a triplicar en fases más avanzadas. Las familias soportan casi todo el gasto (87% del total) así como los cuidados del paciente, al que dedican unas 70 horas semanales. Por todo esto es imprescindible que se establezca en España un verdadero Plan Nacional contra el Alzheimer (informe de junio 2013: PwC y Lilly).


¿QUÉ PAPEL REPRESENTA EL CAFÉ EN ESTE PROCESO NEURODEGENERATIVO?


Vamos a contestar a esta pregunta mediante el análisis de los estudios longitudinales y prospectivos más relevantes sobre el tema.


Empezamos con el Estudio Canadiense de Salud y Envejecimiento sobre los factores de riesgo de la enfermedad de Alzheimer, que fue publicado en el año 2002 en American Journal of Epidemiology. Los autores del estudio evaluaron prospectivamente (durante 5 años) a 6.434 personas, todos con una edad superior a los 65 años y con sus facultades mentales conservadas, con el propósito de analizar una amplia gama de factores de riesgo de esta enfermedad.1 Durante los 5 años de seguimiento aparecieron 194 casos de Alzheimer. Tras el correspondiente análisis de los factores asociados tanto a los sujetos que desarrollaron demencia como a los que se mantuvieron mentalmente sanos, comprobaron que cuatro factores reducían el riesgo de enfermedad de Alzheimer: consumo moderado de vino, toma de antiinflamatorios no esteroideos, la actividad física aeróbica y el consumo de café.


Los dos primeros, por ahora, tienen un carácter anecdótico. Los dos últimos, en cambio, reducían significativamente el riesgo de esta enfermedad: 31%. Los autores insisten en que sería deseable que se efectuaran más estudios prospectivos para confirmar la supuesta capacidad preventiva de demencia y Alzheimer tanto de la actividad física aeróbica  como del consumo de café.


Para encontrar otro estudio longitudinal, de diseño epidemiológico impecable, hubo que esperar hasta el 2007. El estudio FINE, un estudio colaborativo entre italianos, finlandeses y holandeses, cuyo objetivo era evaluar si el consumo de café alteraba las funciones mentales de un grupo de ancianos2. Los autores (Van Gelder y colegas) estudiaron durante 10 años una cohorte de 676 ancianos (todos varones), procedentes de Italia, Holanda y Finlandia. Tras controlar todas las variables de confusión, que pudieran alterar los resultados, comprobaron que el consumo moderado de café (tres tazas) reducía significativamente el deterioro cognitivo en ancianos. Aprecian una asociación inversa entre el número de tazas bebidas y el deterioro cognitivo, consiguiendo los mejores resultados con el consumo de tres tazas, pues el deterioro mental fue 4,3 veces menor que en los no consumidores de café. Al final del estudio afirman que los resultados alcanzados pueden tener importantes implicaciones de salud pública siempre y cuando fueran confirmados con estudios prospectivos similares. Resaltan que el consumo de café es un estilo de vida perfectamente modificable, por lo que si se confirmara un efecto preventivo de esta terrible enfermedad sería muy ventajoso y saludable aconsejar su consumo.


Pedro Luis Pérez Gonzalo: barista universal


Otro estudio prospectivo relevante fue el publicado en agosto de 2007 en Neurology, con el título “Los efectos neuroprotectores de la cafeína”. Los autores (Ritchie y colegas) establecieron como objetivo examinar la asociación entre la ingesta de cafeína, el deterioro cognitivo y la incidencia de demencia en una muestra comunitaria de personas cuya edad era de 65 ó más años. Para ello, evaluaron a 4.127 mujeres y 2.820 hombres de una cohorte de tres ciudades francesas (the Three City Study). El estado mental, el diagnóstico clínico de demencia, y el consumo de café fueron evaluados al principio del estudio, a los dos años y a los cuatro años del seguimiento. A la conclusión del estudio observan que las mujeres con altos consumos de café (superior a las tres tazas diarias) experimentaban menos deterioro del funcionamiento cognitivo verbal y menos alteraciones de la memoria visoespacial. Este efecto protector fue creciente a medida que aumentaba la edad de las mujeres. Curiosamente, no  observaron los mismos efectos beneficiosos en los varones ni tampoco apreciaron una reducción de la incidencia de demencia en los cuatro años del estudio.3


En los diversos estudios longitudinales la ingesta de té no se ha asociado a una reducción significativa del riesgo de demencia.


Dos años más tarde se publicó en Journal of Alzheimer´s Disease un estudio prospectivo finlandés de gran calidad científica4, en el que emplearon una muestra de personas (1.409) procedentes del denominado estudio CAIDE (Cardiovascular Risk Factors, Aging, and Dementia), que se encontraban entonces en la edad media de su vida (de 41 a 56 años).


El objetivo era comprobar una posible asociación entre el consumo de café y té en la edad media de su vida y el riesgo de demencia en la senectud. Al cabo de 21 años de seguimiento se diagnosticaron 61 casos de demencia, 48 de los cuales tenían Alzheimer. Pues bien, los resultados fueron muy favorables al café, pues comprobaron que los bebedores moderados de café (de 3 a 5 tazas al día) veían reducido el riesgo de demencia en un porcentaje que oscilaba del 65 a 67%, mientras que el riesgo de enfermedad de Alzheimer era de un 62 a un 64% menor, con respecto a los de bajo consumo de café (de 0 a 2 tazas).


Estos autores concluyen que “el consumo moderado de café desde la edad media de la vida puede reducir el riesgo de demencia y Alzheimer en la senectud. Advierten que estos hallazgos deben confirmarse con otros estudios, pero abren la posibilidad de que intervenciones dietéticas puedan reducir el riesgo de demencia/Alzheimer”.


En este estudio tampoco observaron asociación alguna entre el té y el riesgo de demencia. Esto podría deberse al menor contenido de cafeína del té o a que haya otros componentes, todavía no identificados, que al asociarse con la cafeína obtengan el efecto protector del café.


Pedro: preparando una infusión con la cafetera de Sifón


Por fin, en marzo de 2012 se publicó en una revista de gran prestigio (Journal of Alzheime´s Disease), el primer estudio donde se evidencia experimentalmente la importancia de la cafeína como factor neuroprotector y preventivo de demencia5.


Se trata del estudio efectuado por investigadores de la Universidad de Florida del Sur, los cuales estudiaron a 124 personas – de 65 a 88 años- con deterioro cognitivo leve (DCL) durante 4 años. Inicialmente evaluaron el estado mental (cognitivo) de todos los pacientes a los que también extrajeron muestras de sangre para evaluar las concentraciones iniciales de cafeína plasmática. Después se les controló su estado cognitivo durante un periodo de dos a cuatro años, a fin de comprobar si tanto las concentraciones de cafeína plasmática como los biomarcadores plasmáticos pudieran predecir la evolución posterior a demencia.


Los resultados fueron los siguientes:


-          La concentración de cafeína plasmática al comienzo del estudio fue sustancialmente menor (un 51% menor) en los pacientes con deterioro cognitivo leve que posteriormente progresaron a demencia (DCL-D), comparado con los pacientes con DCL que se mantuvieron estables (DCL-DCL).


-          Entre los pacientes que evolucionaron a demencia (DCL-D) no hubo ninguno que tuviera una concentración inicial de cafeína superior al nivel crítico de 1200 ng/ml, mientras que la mitad de los que no progresaron a demencia tuvieron valores superiores al citado nivel crítico.


-          Niveles de cafeína plasmática superiores a 1200ng/ml en personas con deterioro cognitivo leve no se asociaban con evolución a demencia durante un seguimiento de dos a cuatro años.


-          Entre las once sustancias químicas (citoquinas) medidas en sangre, tres de ellas (GCFS, IL-10 e IL-6) estaban reducidas en las personas que  progresaron de deterioro cognitivo leve a demencia (DCL-D), pero en ninguna de las que se mantuvieron estables (DCL-DCL), que poseían altos niveles plasmáticos de cafeína.


Los autores concluyen que su estudio “representa la primera prueba directa (experimental) de que el consumo de café con cafeína se asocia con un riesgo reducido de demencia o al menos retraso de su comienzo, particularmente en los sujetos que ya tienen un defecto cognitivo leve”.


HIPÓTESIS QUE INTENTAN EXPLICAR EL MECANISMO DE ACCIÓN DEL CAFÉ


Como aún se desconoce el mecanismo íntimo del efecto preventivo del café sobre las demencias, en general, y la enfermedad de Alzheimer, en particular, son varias las hipótesis etiológicas planteadas. Desde luego, unas más verosímiles que otras.


Algunos autores creen que el antagonismo de los receptores de adenosina A 2 exhibido por la cafeína pudiera ser el responsable del citado efecto protector, pues incrementa la neurotransmisión colinérgica, la cual parece reducir los depósitos cerebrales de la tóxica proteína beta amiloide.


Otros autores creen que el beneficio neuroprotector del café se debe a su gran riqueza en antioxidantes que pudiera frenar el estrés oxidativo de las neuronas implicadas.


Otros plantean que en la capacidad constatada del café para reducir sensiblemente el riesgo de diabetes tipo II pudiera estar la clave, pues ésta incrementa mucho el riesgo de demencia. Creen que la resistencia a la insulina propia de la diabetes impide o reduce la limpieza cerebral de proteína beta amiloide. Como el café aumenta netamente la sensibilidad de la insulina, pudiera facilitar por esta vía una mayor degradación y limpieza de proteína beta amiloide y, en consecuencia, un menor depósito neuronal de la misma.


Los autores de la Universidad de Florida del Sur tienen también una buena hipótesis, derivada de sus experimentos con animales de laboratorio. Apuntan que la cafeína más otra sustancia del café, aún no identificada, tienen un efecto sinérgico o potenciador para incrementar la concentración plasmática de una sustancia clave contra el proceso neurodegenerativo del Alzheimer: GCFS (Granulocyte Colony Stimulating Factor), la cual está muy reducida en pacientes que sufren de enfermedad de Alzheimer. Por otra parte, estos investigadores han demostrado que este factor (GCFS) incrementa la memoria de ratones que sufren esta enfermedad (por vía experimental). 


Plantean que la elevación de los niveles plasmáticos de GCFS por acción del café con cafeína es responsable de una mejor función memorística por tres mecanismos: 


-          Recluta células madre de la médula ósea para llevarlas al cerebro, donde se transformarían en células limpiadoras y eliminadoras (microglia) de las dañinas proteínas beta amiloides.


-          Crea nuevas conexiones entre las neuronas.


-          Provoca el nacimiento de nuevas neuronas.



En fin, parece que ya empiezan a repetirse estudios científicos que confirman  los efectos neuroprotectores del café. Tenemos tanto temor a desarrollar una enfermedad tan devastadora como el Alzheimer, que cualquier medida dietética o de estilo de vida que pueda prevenirla será siempre muy bien aceptada.


Mucho más, si puede llegar a ser tan exquisita como un café especial preparado por un barista, como los que me preparaba y servía mi querido amigo Pedro Luis Pérez Gonzalo, fallecido a los 40 años un desdichado 30 de diciembre de 2014.


Aunque tanto su destreza como su profundo conocimiento sobre el café eran admirables, a mí lo que más me enriquecía era disfrutar de su compañía y amistad. Él era y seguirá siendo el verdadero promotor e inspirador de todos estos artículos sobre el café. ¡No dejes de iluminarme, amigo!

   



Bibliografía



1 Risk factors for Alzheimer's disease: a prospective analysis from the Canadian Study of Health and Aging. Lindsay J, Laurin D, Verreault R, Hébert R, Helliwell B, Hill GB, McDowell I.

Am J Epidemiol. 2002 Sep 1;156(5):445-53.


2 Coffee consumption is inversely associated with cognitive decline in elderly European men: the FINE Study  B M van Gelder, B Buijsse, M Tijhuis, S Kalmijn, S Giampaoli, A Nissinen and D Kromhout

European Journal of Clinical Nutrition (2007) 61, 226–232. doi:10.1038/sj.ejcn.1602495; published online 16 August 2006


3 The neuroprotective effects of caffeine: A prospective population study (the Three City Study)

K. Ritchie, PhD, I. Carrière, PhD, A. de Mendonça, MD, PhD, F. Portet, MD, PhD, J. F. Dartigues, MD, PhD, O. Rouaud, MD,

P. Barberger-Gateau, MD, PhD and M. L. Ancelin, PhD

Neurology August 7, 2007 vol. 69 no. 6 536-545


4 Midlife coffee and tea drinking and the risk of late-life dementia: a population-based CAIDE study. Eskelinen MH, Ngandu T, Tuomilehto J, Soininen H, Kivipelto M.

J Alzheimers Dis. 2009;16(1):85-91. doi: 10.3233/JAD-2009-0920.


5 High Blood Caffeine Levels in MCI Linked to Lack of Progression to Dementia. Chuanhai Caoa, David A. Loewensteine, Xiaoyang Linc, Chi Zhangc, Li Wangc, Ranjan Duarae, f,g, Yougui Wuh, Alessandra Gianninid, Ge Baii, Jianfeng Caii, Maria Greige, Elizabeth Schofielde, Raj Ashokc, Brent Smallj, Huntington Potterc,k and Gary W. Arendash. Journal of Alzheimer’s Disease 30 (2012) 559–5

                                                                            


                                               Dr. Félix Martín Santos



 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.


2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.


3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706


4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.


5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.


6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.


7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.


8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.


9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.


10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).


11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337


12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.


13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.


14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.


15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.


16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.


17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.


18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775


19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.


20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.


21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531