Enfermedad de Alzheimer: Efectos preventivos del café

La enfermedad de Alzheimer es una prioridad mundial de salud pública, por su gran frecuencia, gravedad y coste sanitario. Los investigadores estiman que hay un caso de demencia en el mundo cada 4 segundos. En España se calcula que la sufren actualmente entre 500.000 y 800.000 personas, usualmente ancianos.

Dado su carácter progresivo e irreversible, la supervivencia media desde el diagnóstico es de unos cinco años, durante los cuales la sufre tanto el paciente como todo el entorno familiar. La enfermedad repercute en la vida diaria de 3,5 millones de españoles, que ven tremendamente mermada su calidad de vida, pues los familiares responsables del cuidado de estos pacientes sufren un gran desgaste físico, mental y económico.


El coste por paciente oscila entre los 27.000 y los 37.000 euros anuales, aumentando a medida que progresa la enfermedad, llegándose a triplicar en fases más avanzadas. Las familias soportan casi todo el gasto (87% del total) así como los cuidados del paciente, al que dedican unas 70 horas semanales. Por todo esto es imprescindible que se establezca en España un verdadero Plan Nacional contra el Alzheimer (informe de junio 2013: PwC y Lilly).


¿QUÉ PAPEL REPRESENTA EL CAFÉ EN ESTE PROCESO NEURODEGENERATIVO?


Vamos a contestar a esta pregunta mediante el análisis de los estudios longitudinales y prospectivos más relevantes sobre el tema.


Empezamos con el Estudio Canadiense de Salud y Envejecimiento sobre los factores de riesgo de la enfermedad de Alzheimer, que fue publicado en el año 2002 en American Journal of Epidemiology. Los autores del estudio evaluaron prospectivamente (durante 5 años) a 6.434 personas, todos con una edad superior a los 65 años y con sus facultades mentales conservadas, con el propósito de analizar una amplia gama de factores de riesgo de esta enfermedad.1 Durante los 5 años de seguimiento aparecieron 194 casos de Alzheimer. Tras el correspondiente análisis de los factores asociados tanto a los sujetos que desarrollaron demencia como a los que se mantuvieron mentalmente sanos, comprobaron que cuatro factores reducían el riesgo de enfermedad de Alzheimer: consumo moderado de vino, toma de antiinflamatorios no esteroideos, la actividad física aeróbica y el consumo de café.


Los dos primeros, por ahora, tienen un carácter anecdótico. Los dos últimos, en cambio, reducían significativamente el riesgo de esta enfermedad: 31%. Los autores insisten en que sería deseable que se efectuaran más estudios prospectivos para confirmar la supuesta capacidad preventiva de demencia y Alzheimer tanto de la actividad física aeróbica  como del consumo de café.


Para encontrar otro estudio longitudinal, de diseño epidemiológico impecable, hubo que esperar hasta el 2007. El estudio FINE, un estudio colaborativo entre italianos, finlandeses y holandeses, cuyo objetivo era evaluar si el consumo de café alteraba las funciones mentales de un grupo de ancianos2. Los autores (Van Gelder y colegas) estudiaron durante 10 años una cohorte de 676 ancianos (todos varones), procedentes de Italia, Holanda y Finlandia. Tras controlar todas las variables de confusión, que pudieran alterar los resultados, comprobaron que el consumo moderado de café (tres tazas) reducía significativamente el deterioro cognitivo en ancianos. Aprecian una asociación inversa entre el número de tazas bebidas y el deterioro cognitivo, consiguiendo los mejores resultados con el consumo de tres tazas, pues el deterioro mental fue 4,3 veces menor que en los no consumidores de café. Al final del estudio afirman que los resultados alcanzados pueden tener importantes implicaciones de salud pública siempre y cuando fueran confirmados con estudios prospectivos similares. Resaltan que el consumo de café es un estilo de vida perfectamente modificable, por lo que si se confirmara un efecto preventivo de esta terrible enfermedad sería muy ventajoso y saludable aconsejar su consumo.


Pedro Luis Pérez Gonzalo: barista universal


Otro estudio prospectivo relevante fue el publicado en agosto de 2007 en Neurology, con el título “Los efectos neuroprotectores de la cafeína”. Los autores (Ritchie y colegas) establecieron como objetivo examinar la asociación entre la ingesta de cafeína, el deterioro cognitivo y la incidencia de demencia en una muestra comunitaria de personas cuya edad era de 65 ó más años. Para ello, evaluaron a 4.127 mujeres y 2.820 hombres de una cohorte de tres ciudades francesas (the Three City Study). El estado mental, el diagnóstico clínico de demencia, y el consumo de café fueron evaluados al principio del estudio, a los dos años y a los cuatro años del seguimiento. A la conclusión del estudio observan que las mujeres con altos consumos de café (superior a las tres tazas diarias) experimentaban menos deterioro del funcionamiento cognitivo verbal y menos alteraciones de la memoria visoespacial. Este efecto protector fue creciente a medida que aumentaba la edad de las mujeres. Curiosamente, no  observaron los mismos efectos beneficiosos en los varones ni tampoco apreciaron una reducción de la incidencia de demencia en los cuatro años del estudio.3


En los diversos estudios longitudinales la ingesta de té no se ha asociado a una reducción significativa del riesgo de demencia.


Dos años más tarde se publicó en Journal of Alzheimer´s Disease un estudio prospectivo finlandés de gran calidad científica4, en el que emplearon una muestra de personas (1.409) procedentes del denominado estudio CAIDE (Cardiovascular Risk Factors, Aging, and Dementia), que se encontraban entonces en la edad media de su vida (de 41 a 56 años).


El objetivo era comprobar una posible asociación entre el consumo de café y té en la edad media de su vida y el riesgo de demencia en la senectud. Al cabo de 21 años de seguimiento se diagnosticaron 61 casos de demencia, 48 de los cuales tenían Alzheimer. Pues bien, los resultados fueron muy favorables al café, pues comprobaron que los bebedores moderados de café (de 3 a 5 tazas al día) veían reducido el riesgo de demencia en un porcentaje que oscilaba del 65 a 67%, mientras que el riesgo de enfermedad de Alzheimer era de un 62 a un 64% menor, con respecto a los de bajo consumo de café (de 0 a 2 tazas).


Estos autores concluyen que “el consumo moderado de café desde la edad media de la vida puede reducir el riesgo de demencia y Alzheimer en la senectud. Advierten que estos hallazgos deben confirmarse con otros estudios, pero abren la posibilidad de que intervenciones dietéticas puedan reducir el riesgo de demencia/Alzheimer”.


En este estudio tampoco observaron asociación alguna entre el té y el riesgo de demencia. Esto podría deberse al menor contenido de cafeína del té o a que haya otros componentes, todavía no identificados, que al asociarse con la cafeína obtengan el efecto protector del café.


Pedro: preparando una infusión con la cafetera de Sifón


Por fin, en marzo de 2012 se publicó en una revista de gran prestigio (Journal of Alzheime´s Disease), el primer estudio donde se evidencia experimentalmente la importancia de la cafeína como factor neuroprotector y preventivo de demencia5.


Se trata del estudio efectuado por investigadores de la Universidad de Florida del Sur, los cuales estudiaron a 124 personas – de 65 a 88 años- con deterioro cognitivo leve (DCL) durante 4 años. Inicialmente evaluaron el estado mental (cognitivo) de todos los pacientes a los que también extrajeron muestras de sangre para evaluar las concentraciones iniciales de cafeína plasmática. Después se les controló su estado cognitivo durante un periodo de dos a cuatro años, a fin de comprobar si tanto las concentraciones de cafeína plasmática como los biomarcadores plasmáticos pudieran predecir la evolución posterior a demencia.


Los resultados fueron los siguientes:


-          La concentración de cafeína plasmática al comienzo del estudio fue sustancialmente menor (un 51% menor) en los pacientes con deterioro cognitivo leve que posteriormente progresaron a demencia (DCL-D), comparado con los pacientes con DCL que se mantuvieron estables (DCL-DCL).


-          Entre los pacientes que evolucionaron a demencia (DCL-D) no hubo ninguno que tuviera una concentración inicial de cafeína superior al nivel crítico de 1200 ng/ml, mientras que la mitad de los que no progresaron a demencia tuvieron valores superiores al citado nivel crítico.


-          Niveles de cafeína plasmática superiores a 1200ng/ml en personas con deterioro cognitivo leve no se asociaban con evolución a demencia durante un seguimiento de dos a cuatro años.


-          Entre las once sustancias químicas (citoquinas) medidas en sangre, tres de ellas (GCFS, IL-10 e IL-6) estaban reducidas en las personas que  progresaron de deterioro cognitivo leve a demencia (DCL-D), pero en ninguna de las que se mantuvieron estables (DCL-DCL), que poseían altos niveles plasmáticos de cafeína.


Los autores concluyen que su estudio “representa la primera prueba directa (experimental) de que el consumo de café con cafeína se asocia con un riesgo reducido de demencia o al menos retraso de su comienzo, particularmente en los sujetos que ya tienen un defecto cognitivo leve”.


HIPÓTESIS QUE INTENTAN EXPLICAR EL MECANISMO DE ACCIÓN DEL CAFÉ


Como aún se desconoce el mecanismo íntimo del efecto preventivo del café sobre las demencias, en general, y la enfermedad de Alzheimer, en particular, son varias las hipótesis etiológicas planteadas. Desde luego, unas más verosímiles que otras.


Algunos autores creen que el antagonismo de los receptores de adenosina A 2 exhibido por la cafeína pudiera ser el responsable del citado efecto protector, pues incrementa la neurotransmisión colinérgica, la cual parece reducir los depósitos cerebrales de la tóxica proteína beta amiloide.


Otros autores creen que el beneficio neuroprotector del café se debe a su gran riqueza en antioxidantes que pudiera frenar el estrés oxidativo de las neuronas implicadas.


Otros plantean que en la capacidad constatada del café para reducir sensiblemente el riesgo de diabetes tipo II pudiera estar la clave, pues ésta incrementa mucho el riesgo de demencia. Creen que la resistencia a la insulina propia de la diabetes impide o reduce la limpieza cerebral de proteína beta amiloide. Como el café aumenta netamente la sensibilidad de la insulina, pudiera facilitar por esta vía una mayor degradación y limpieza de proteína beta amiloide y, en consecuencia, un menor depósito neuronal de la misma.


Los autores de la Universidad de Florida del Sur tienen también una buena hipótesis, derivada de sus experimentos con animales de laboratorio. Apuntan que la cafeína más otra sustancia del café, aún no identificada, tienen un efecto sinérgico o potenciador para incrementar la concentración plasmática de una sustancia clave contra el proceso neurodegenerativo del Alzheimer: GCFS (Granulocyte Colony Stimulating Factor), la cual está muy reducida en pacientes que sufren de enfermedad de Alzheimer. Por otra parte, estos investigadores han demostrado que este factor (GCFS) incrementa la memoria de ratones que sufren esta enfermedad (por vía experimental). 


Plantean que la elevación de los niveles plasmáticos de GCFS por acción del café con cafeína es responsable de una mejor función memorística por tres mecanismos: 


-          Recluta células madre de la médula ósea para llevarlas al cerebro, donde se transformarían en células limpiadoras y eliminadoras (microglia) de las dañinas proteínas beta amiloides.


-          Crea nuevas conexiones entre las neuronas.


-          Provoca el nacimiento de nuevas neuronas.



En fin, parece que ya empiezan a repetirse estudios científicos que confirman  los efectos neuroprotectores del café. Tenemos tanto temor a desarrollar una enfermedad tan devastadora como el Alzheimer, que cualquier medida dietética o de estilo de vida que pueda prevenirla será siempre muy bien aceptada.


Mucho más, si puede llegar a ser tan exquisita como un café especial preparado por un barista, como los que me preparaba y servía mi querido amigo Pedro Luis Pérez Gonzalo, fallecido a los 40 años un desdichado 30 de diciembre de 2014.


Aunque tanto su destreza como su profundo conocimiento sobre el café eran admirables, a mí lo que más me enriquecía era disfrutar de su compañía y amistad. Él era y seguirá siendo el verdadero promotor e inspirador de todos estos artículos sobre el café. ¡No dejes de iluminarme, amigo!

   



Bibliografía



1 Risk factors for Alzheimer's disease: a prospective analysis from the Canadian Study of Health and Aging. Lindsay J, Laurin D, Verreault R, Hébert R, Helliwell B, Hill GB, McDowell I.

Am J Epidemiol. 2002 Sep 1;156(5):445-53.


2 Coffee consumption is inversely associated with cognitive decline in elderly European men: the FINE Study  B M van Gelder, B Buijsse, M Tijhuis, S Kalmijn, S Giampaoli, A Nissinen and D Kromhout

European Journal of Clinical Nutrition (2007) 61, 226–232. doi:10.1038/sj.ejcn.1602495; published online 16 August 2006


3 The neuroprotective effects of caffeine: A prospective population study (the Three City Study)

K. Ritchie, PhD, I. Carrière, PhD, A. de Mendonça, MD, PhD, F. Portet, MD, PhD, J. F. Dartigues, MD, PhD, O. Rouaud, MD,

P. Barberger-Gateau, MD, PhD and M. L. Ancelin, PhD

Neurology August 7, 2007 vol. 69 no. 6 536-545


4 Midlife coffee and tea drinking and the risk of late-life dementia: a population-based CAIDE study. Eskelinen MH, Ngandu T, Tuomilehto J, Soininen H, Kivipelto M.

J Alzheimers Dis. 2009;16(1):85-91. doi: 10.3233/JAD-2009-0920.


5 High Blood Caffeine Levels in MCI Linked to Lack of Progression to Dementia. Chuanhai Caoa, David A. Loewensteine, Xiaoyang Linc, Chi Zhangc, Li Wangc, Ranjan Duarae, f,g, Yougui Wuh, Alessandra Gianninid, Ge Baii, Jianfeng Caii, Maria Greige, Elizabeth Schofielde, Raj Ashokc, Brent Smallj, Huntington Potterc,k and Gary W. Arendash. Journal of Alzheimer’s Disease 30 (2012) 559–5

                                                                            


                                               Dr. Félix Martín Santos