Enfermedad de Parkinson: Efectividad de la cafeína y genética

Aunque la ingesta de café y otras bebidas con cafeína (té) reducen significativamente el riesgo de enfermedad de Parkinson, no todo el mundo responde de igual manera, pues hay grandes consumidores de café que también sufren esta enfermedad. Esta realidad ha animado a algunos investigadores a estudiar profundamente los genes que pudieran aumentar o reducir la respuesta benefactora del café.

En agosto de 2011 se publicó en la revista PLoS Genetic un excelente artículo que refería la metodología y resultados de un estudio cuyo objetivo fundamental era identificar los genes que influyen en la asociación inversa del café con el riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson1. Los autores utilizaron una técnica que permite ver la interacción entre el genoma y el consumo de café (técnica GWAS). Para ello, analizaron los genomas de 1.458 personas afectos de esta enfermedad neurológica y de 931 personas que no la padecían.


De esta forma, descubrieron que variaciones en un gen implicado en el movimiento y la conducta, el denominado GRIN2A -que codifica una subunidad del receptor del glutamato-  influye sobre el efecto protector del café. Cuando comparan a los grandes consumidores de café con los ligeros consumidores de esta bebida, llegan a las siguientes conclusiones:


1)      Los grandes consumidores de café tenían un 27% menos de riesgo de desarrollar Parkinson.


2)      La probabilidad de desarrollar la enfermedad descendía aún más en los grandes consumidores de café con una particular variante del gen GRING2A (variante rs-4998386_TC): un 59% menos, con respecto a los pequeños consumidores.


3)      Si la variante genética de este gen GRING2A era otra (rs4998386_CC) la reducción del riesgo era menor: un 18%.


4)      Estos resultados pueden conducir a una prevención personalizada y a tratamientos específicos diseñados según la variante genética de este gen. Esto es, las personas con la variante más favorable del gen GRING 2 A responderían mejor al efecto de la cafeína (antagonista de los receptores de adenosina A2).


Otros investigadores han demostrado que algunos pacientes tienen un gen defectuoso que codifica un anómalo receptor de adenosina A 2 (gen ADORA A 2 A) que cuando resulta estimulado por la adenosina no conduce a la destrucción de las neuronas de la sustancia negra. Obviamente, estas personas tienen menos riesgo de Parkinson.


Los mismos autores también descubrieron que las personas que metabolizan en su hígado más lentamente la cafeína, permiten que ésta mantenga durante más tiempo su acción protectora del cerebro. Por lo tanto, estos afortunados bebedores de café tienen menos riesgo de Parkinson. Lo que sucede con ellos es que el sistema que metaboliza e inutiliza la cafeína en el hígado (citocromo P 40) está alterado genéticamente, por tener un gen anómalo (CYP 1 A 2), por lo que, como decíamos antes, el efecto cafeínico es más persistente. En fin, estos investigadores publicaron en mayo de 2011 sus conclusiones en una reconocida revista científica (Eur J Neurol) 2.


Ristretto de un café especial de Etiopía, finca Yirgacheffe: cremoso, avellanado y con notas atigradas


Hasta ahora hemos visto que el café y la cafeína reducen el riesgo de enfermedad de Parkinson, especialmente en algunas personas que tienen unos genes más favorables. Pero no hemos mencionado los posibles efectos de la cafeína en personas que ya sufren esta enfermedad.


En agosto de 2012 se publicó en Neurology, revista oficial de la Academia Americana de Neurología, un estudio que demostró que la cafeína puede aliviar los síntomas motores de la enfermedad de Parkinson3.


El doctor Ronald Postuma, autor principal del estudio, se propuso ver cómo la cafeína puede modificar la somnolencia y otros síntomas motores de esta enfermedad como el temblor, la rigidez, la lentitud al iniciar y mantener los movimientos (bradicinesia). 


Para ello, a 61 personas afectas de Parkinson se les dividió en dos grupos. A unos se les administró unos comprimidos con 100 mg de cafeína, dos veces al día, durante tres semanas, para luego, proseguir con 200 mg de cafeína, también dos veces al día, durante otras tres semanas. Los resultados se compararon con un grupo control que recibió un placebo por vía oral (comprimido). Pues bien, los que recibieron cafeína mejoraron sus síntomas motores (en cinco puntos de una escala de valoración), frente a los que sólo tomaron el placebo.  La mejoría se apreció en una reducción de la rigidez y en un aumento en el inicio del movimiento. Sin embargo, los efectos sobre la somnolencia sólo rozaron la significación estadística (bordeline), no mejorando otros síntomas de esta enfermedad como el insomnio y la depresión. En cualquier caso, el doctor Postuma concluye: “La cafeína debe explorarse como una opción terapéutica más de la enfermedad de Parkinson. Podría ser útil como un suplemento a la medicación convencional (levodopa, fundamentalmente), que permitiera reducir la dosis de los pacientes”.


No quiero soslayar la gran calidad científica de este estudio, pues llega a superar la propia de los estudios observacionales de cohortes, dado que es un auténtico estudio experimental o ensayo clínico. Estos son los que permiten efectuar las mejores recomendaciones, las de mayor validez.


Barista preparando un ristretto de un café especial de Guatemala, finca La bella


HIPÓTESIS QUE INTENTAN EXPLICAR EL EFECTO NEUROPROTECTOR DEL CAFÉ


La muerte de las neuronas productoras de dopamina (dopaminérgicas) de la denominada sustancia negra del tronco del encéfalo es el hallazgo lesional (histopatológico) capital de esta enfermedad. La consecuencia funcional es la reducción de los niveles de dopamina, neurotransmisor que enlaza las partes del cerebro (ganglios basales, ciertos núcleos cerebrales), que gobiernan el tono muscular, el movimiento y el equilibrio. 


Por ello, estos pacientes tienen un conjunto de signos motores muy distintivos: temblor, rigidez, lentitud de movimientos (bradicinesia). Estos signos suelen mitigarse, cuando no  neutralizarse, durante un tiempo relevante, con el tratamiento convencional con fármacos que elevan los niveles neurológicos de dopamina (levodopa, agonistas dopaminérgicos…).


Estos pacientes también sufren un conjunto de síntomas y signos no motores, que usualmente son los que más reducen la calidad de vida: inversión del ritmo del sueño (insomnio con hipersomnolencia diurna), ansiedad, pérdida del control de esfínteres (micción o/y defecación involuntaria), pérdida de reflejos posturales (con caídas frecuentes), gran tendencia a la depresión, defectos cognitivos, etc.


Todavía se desconocen las causas íntimas que causan esta enfermedad. No obstante, sí sabemos que hay dos formas: una, esporádica, mayoritaria (casi el 90% de los casos); la otra, familiar, minoritaria. Esta segunda aparece precozmente (antes de los 50 años) y reconoce una fuerte carga hereditaria, con implicación de diversos genes, que hacen que los portadores de los mismos (gen de la Parkina, LRRK2, glucocerebrosidasa…) tengan un gran riesgo de desarrollarla.


Las formas esporádicas aparecen tardíamente, claramente por encima de los 60-65 años, reconociendo una causalidad (etiología) múltiple, pues parecen combinarse ciertos factores medioambientales o adquiridos con cierta susceptibilidad genética. Los primeros parecen ser decisivos en el desarrollo de estas formas. Sin embargo, poco conocemos de ellos. Pensamos que algunas neurotoxinas, presentes en insecticidas y pesticidas (MPTP), pudieran estar implicadas.


De los factores protectores o preventivos de esta enfermedad neurológica conocemos tres: la actividad física aeróbica, el consumo de café y el tabaquismo. Los dos primeros son dos de los estilos de vida más saludables que existen; el tabaquismo, en cambio, representa la primera causa de muerte evitable en Occidente. En consecuencia, que a nadie se le ocurra iniciarse en el hábito tabáquico para prevenir la enfermedad de Parkinson. ¡Disparate supremo!


Centrándonos ahora en la cafeína y en el café vamos a analizar, por fin, las hipótesis más plausibles que explican sus efectos beneficiosos en el cerebro, previniendo la enfermedad de Parkinson.


Según Cardoso y colegas 4 el estrés oxidativo es uno de los mecanismos causantes de esta enfermedad, por lo que la gran riqueza en antioxidantes del café podría ser la responsable de sus efectos beneficiosos y preventivos de Parkinson.


Otras hipótesis surgen por el efecto reconocido de la cafeína de bloquear o antagonizar los receptores de adenosina A 2. Así, sabemos que cuando la adenosina estimula a sus receptores (A 1 y A 2) se opone a las acciones de la dopamina (ejercidas tras unirse a sus receptores D 1 y D 2). Parece que este efecto antidopaminérgico de la adenosina también se asocia a cierta degeneración de las neuronas productoras de dopamina (sustancia negra). Pues bien, la cafeína tiene un efecto protector de las neuronas dopaminérgicas y, por ende, de la neurotransmisión dopaminérgica, merced a su capacidad de inhibir el efecto tóxico de la adenosina: es un gran antagonista de los receptores de adenosina A2.


La última hipótesis surge de los descubridores de la relevancia del gen GRING A 2 en la efectividad de la cafeína 5. Estos autores creen que en la enfermedad de Parkinson está alterada la neurotransmisión benefactora de este gen sobre el movimiento y la conducta, lo que determina un aumento tóxico de glutamato, responsable de la destrucción de las neuronas dopaminérgicas. Dado que otra función de la cafeína es reducir los citados niveles perniciosos de glutamato,  la preservación de las neuronas dopaminérgicas será una consecuencia lógica.


En fin, el café y la cafeína no sólo tienen una capacidad reconocida de prevenir esta enfermedad sino también un cierto efecto protector de la misma, una vez que ya se ha iniciado. Actualmente se está investigando con la cafeína y otros antagonistas de los receptores de la adenosina A 2, con el propósito de mejorar el tratamiento de este trastorno neurológico.


                                             Barista concentrada en Latte  Art


UN RUEGO


La  exquisitez  de un café preparado con una buena técnica barista es uno de los mayores placeres gastronómicos que, a mi juicio, un ser humano puede alcanzar. Pero, por favor, que sea con un café tostado delicadamente y sin añadir azúcar al tueste (torrefacto), pues en tal caso obtendremos no sólo sabores amargos (de quemado) sino también cafés menos saludables. Se me antoja muy difícil que los cafés de mezcla con torrefacto puedan conservar una mínima parte de los efectos saludables que atesoran los cafés naturales (arábica o robusta), bien tostados, molidos al instante, con buena técnica (limpieza con bayeta seca del portafiltro, purgar con unos 50 mililitros de agua -a fin de eliminar restos de moliendas previas quemadas y requemadas-, extracción de 20 a 30 segundos, caída como cola de ratón…).


UN SUEÑO


Desde que disfruto de la delicadeza gustativa de los cafés preparados por baristas, (blends y cafés especiales), sueño con cafetear con amigos y compañeros en varios de esos templos del café, sitos en un barrio o en un área de cualquier ciudad, brindando por la salud de todos, con simbólicos toques en las tazas de café. Por ahora es sólo un sueño, dada la escasez de baristas en España, pero tengo la ilusión y albergo la esperanza de que alguna vez se cumpla. Desde luego, ésta es una forma muy saludable de alternar, todo lo contrario que la convencional con bebidas alcohólicas.


Bibliografía


1 Genome-Wide Gene-Environment Study Identifies Glutamate Receptor GeneGRIN2A as a Parkinson's Disease Modifier Gene via Interaction with Coffee.  Taye H. Hamza, Honglei Chen, Erin M. Hill-Burns, Shannon L. Rhodes, Jennifer Montimurro, Denise M. Kay, Albert Tenesa, Victoria I. Kusel, Patricia Sheehan, Muthukrishnan Eaaswarkhanth, Dora Yearout, Ali Samii, John W. Roberts, Haydeh Payami

PLOS genetics  August 18, 2011 DOI: 10.1371/journal.pgen.1002237


2 Coffee, ADORA2A, and CYP1A2: the caffeine connection in Parkinson's disease. Popat RA1, Van Den Eeden SK, Tanner CM, Kamel F, Umbach DM, Marder K, Mayeux R, RitzB, Ross GW, Petrovitch H, Topol B, McGuire V, Costello S,Manthripragada AD, Southwick A, Myers RM, Nelson LM Eur J Neurol. 2011 May;18(5):756-65.


3 Caffeine may ease Parkinson´s symtoms. Neurology.  Aug 1 2012 Ronald B. Postuma, Silvia Rios Romenets, Robert Altman (Department of Neurology, McGill/MUHC); Amelie Pelletier; Kathia Charland; Antony E. Lang, Rosa Chuang; Renato P. Munhoz, Mariana Moscovich; Luciane Filla, Debora Zanatta.


4 Neurodegenerative pathways in Parkinson¨s disease: therapeutic strategies. Curr Drug Targets CNS Neurol Disord 4, 405-419 Cardoso SM, Moreira PI, Agostinho P, Pereira C, Oliveira CR (2005)

                                                                            


                                                 Dr. Félix Martín Santos

                                                         


 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.


2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.


3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706


4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.


5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.


6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.


7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.


8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.


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