Enfermedad de Parkinson: Efectos beneficiosos del café

Desde hace décadas sabemos que el consumo de café, con cafeína, se asocia a una reducción significativa del riesgo de desarrollar las dos enfermedades neurodegenerativas más prevalentes en el mundo: la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson.  

Ambas comportan un gran deterioro no sólo de la esperanza de vida en buena salud de quien las sufre sino también de todo el entorno familiar, especialmente de los cuidadores directos del paciente. Por ello, está plenamente justificado estudiar cualquier estrategia de salud que comporte una probable reducción del riesgo de desarrollar estas crueles enfermedades.


En marzo del presente año describimos en este blog los efectos preventivos del café sobre la enfermedad de Alzheimer; en este artículo y en el siguiente analizaremos los estudios más relevantes que revelan la capacidad del café para reducir el riesgo de la enfermedad de Parkinson (EP).


IMPORTANCIA DE LA ENFERMEDAD DE PARKINSON


Esta enfermedad es muy importante por al menos tres hechos: primero, por su gran prevalencia; segundo, por su gravedad, dada su evolución progresiva y limitante de la calidad de vida; tercero, porque comporta un gasto excesivo.


El 2 de julio de 2013 se publicó un informe de la Fundación del Cerebro sobre el impacto social de la enfermedad de Parkinson en España. Esta entidad, depende de la Fundación Española de Enfermedades Neurológicas (FEEN). Los autores del estudio resumen al final del mismo las conclusiones obtenidas:


-          La enfermedad de Parkinson (EP) en España tiene una incidencia y prevalencia similar al resto de Europa. Según la Sociedad Española de Neurología (SEN) esta enfermedad afecta a 150.000 personas en España. Aunque usualmente la sufren personas mayores, el 15% de los afectados no superan los 45 años de edad.


-          Esta enfermedad deteriora la calidad de vida de los pacientes y aumenta a casi el doble la mortalidad de los mismos.


-          Supone un coste económico muy importante para el país, que puede llegar hasta más de 17.000 euros anuales por paciente. Importe que irá incrementándose a medida que aumente la supervivencia o longevidad de la gente así como el precio de las nuevas terapias.


-          A pesar del esfuerzo ímprobo de los profesionales de la salud y de la Administración, queda mucho camino por recorrer para que una asistencia de calidad, eficaz y multidisciplinar sea universal para todos los pacientes con Enfermedad de Parkinson.


EFECTOS BENEFACTORES DEL CAFÉ EN LA ENFERMEDAD DE PARKINSON


El primer estudio prospectivo sobre el tema se publicó en JAMA en mayo del año 2000. Ross y colegas estudiaron a 8.004 varones norteamericanos de origen japonés, cuya edad oscilaba de 45 a 68 años, durante 30 años (Honolulu Heart Program), a fin de evaluar una posible asociación entre la ingesta de café y el riesgo de enfermedad de Parkinson(EP) 1.


Durante este prolongado periodo de estudio se diagnosticaron 102 casos de Parkinson, lo que permitió calcular las tasas de incidencia de esta enfermedad en los no bebedores de café y en los consumidores del mismo.


Tras controlar otras variables de confusión, que pueden confundir y falsear los resultados como el tabaquismo (suele asociarse a un descenso de incidencia de EP) se pudo comprobar que la incidencia de la enfermedad de Parkinson se redujo notablemente con cantidades crecientes de café. Así, los no bebedores de café tenían una tasa de incidencia de 10,4 casos por 10.000 personas/año, mientras que los bebedores de 5 ó más tazas (28 onzas día) tenían una incidencia de 1,9 casos por 10.000 personas/ año. Resultados similares se observaron entre los bebedores de cafeína de otras fuentes. La reducción de riesgo también se observa con consumos pequeños de café (una a dos tazas). Además, son independientes del consumo de tabaco.


Los autores concluyen el estudio afirmando que “ hemos efectuado el primer estudio prospectivo que demuestra una asociación inversa entre el consumo de café y el riesgo de desarrollar Parkinson. La probabilidad de desarrollar la enfermedad es cinco veces menor entre quienes tomaban cinco tazas de café al día con respecto a los que no tomaban ninguna taza.”


Los autores del estudio sí que aconsejan que en el futuro se efectúen más estudios de iguales características que éste: prospectivo y de cohortes.


Antes de continuar con nuevos estudios, quiero hacer algunas precisiones sobre éste. El consumo de café lo evaluaron mediante métodos bastante fiables (registro de alimentos de 24 horas y cuestionario de frecuencia de alimentos) tanto al principio del estudio como en evaluaciones periódicas. Hay que señalar que  sólo evaluaron café normal y no el descafeinado. En cualquier caso, tanto en éste como en otros estudios no se especifica si el café se toma filtrado en infusión (cafeteras con filtro de papel: chemex, sifón, V 60, aeropress) o con cafeteras expreso (inventadas en 1901). Sí que es cierto que en Europa hay más tradición por el café filtrado, sobre todo en los países escandinavos.





Ahora podemos proseguir refiriendo sucesivos estudios longitudinales y prospectivos. El siguiente que merece la pena referir fue el publicado en marzo de 2003 por Ascherio y colegas en una gran revista americana de neurología (Neurology). 2  


En los antecedentes del estudio los autores recuerdan que los varones que beben café (con cafeína) tienen menos riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson; en mujeres, en cambio, todavía no se había podido demostrar nada parecido. 


Por ello, decidieron emprender un estudio con 77.713 mujeres libres de esta enfermedad al inicio del estudio, quienes estaban en pleno climaterio o alcanzaron la menopausia antes de concluir el mismo. Durante 18 años de seguimiento los autores documentaron 154 casos de Parkinson. Tras el correspondiente análisis, concluyen que “estos resultados sugieren que la cafeína reduce el riesgo de EP entre las mujeres no sometidas a tratamiento hormonal sustitutivo con estrógenos, pero lo incrementa entre las mujeres que sí toman estrógenos durante su menopausia”.


Hasta ahora hemos mencionado estudios efectuados exclusivamente con hombres o con mujeres. Hubo que esperar hasta mayo de 2007 para leer un estudio prospectivo, de gran rigurosidad científica, donde la muestra estaba constituida conjuntamente por hombres y mujeres.


Se trata del estudio finlandés efectuado por K. Sääksjärvi y colegas,3 en el que estudian una muestra constituida por 6.710 mujeres y hombres de 50 a 79 años, libres de enfermedad de Parkinson al inicio del estudio, durante 22 años de seguimiento, al cabo de los cuales se registran 101 casos nuevos de esta enfermedad. Tras controlar una serie de factores o variables de confusión (edad, sexo, consumo de alcohol, tabaquismo, actividad física aeróbica, hipertensión arterial, niveles de colesterol en sangre…) comprueban una asociación inversa dosis-dependiente entre el consumo de café y el riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson, tanto en hombres como en mujeres, esto es, a más ingesta de café menos riesgo de Parkinson. De forma que el riesgo relativo (RR) de las personas que beben diez o más tazas de café al día comparado con el de los no bebedores fue de 0,26, lo que indica una reducción del riesgo del 74%. Los bebedores de una a tres tazas tenían un RR de 0,85 mientras que en los de cuatro a nueve tazas descendió hasta 0,65 (reducción de un 35% del riesgo de EP). Además, observan que la asociación fue mucho más manifiesta entre las personas con sobrepeso y bajo nivel de colesterol en sangre.


En este estudio finlandés las mujeres que recibieron estrógenos durante el climaterio experimentaron prácticamente el mismo descenso de riesgo de EP. Sin embargo, la muestra era muy pequeña, pues sólo el 1,9% de estas mujeres tomaron hormonas durante su menopausia.


En septiembre de 2012, de nuevo Ascherio y su grupo vuelven a publicar un trabajo prospectivo sobre la cafeína y el riesgo de enfermedad de Parkinson4, pero esta vez en una muestra mixta, de hombres y mujeres, la que corresponde a un gran estudio prospectivo norteamericano (Cancer Prevention Study II Nutrition Cohort).  


Trabajaron conjuntamente miembros de la Escuela de Salud Pública de Harvard y miembros del Programa de Investigación Epidemiológica de la Sociedad Americana de Cáncer. Estudiaron una muestra de 112.222 personas (48.532 hombres y 63.590 mujeres) durante 10 años, observando al cabo de los cuales 197 hombres y 120 mujeres con enfermedad de Parkinson


Los resultados del estudio se caracterizaron por constatar una asociación inversa entre la ingesta de café y el riesgo de esta enfermedad. De suerte que el riesgo relativo (RR) entre hombres bebedores de tres tazas (5º quintil) con respecto a los bebedores de una taza al día (primer quintil) fue de 0,43 mientras que entre las mujeres fue de 0,61, lo que indica una reducción del riesgo de Parkinson del 57% y del 39%, respectivamente. Además, entre las damas esta asociación era mayor entre las que nunca tomaron tratamiento hormonal sustitutivo con estrógenos (RR: 0,32) que entre las que lo tomaron habitualmente (RR: 0,81).


Los autores concluyen: “La ingesta de cafeína reduce netamente la incidencia de enfermedad de Parkinson, con una atenuación de resultados en mujeres sometidas a tratamiento con estrógenos durante la menopausia”.





METAANÁLISIS O REVISIONES EXHAUSTIVAS DE MÚLTIPLES ESTUDIOS SOBRE EL TEMA


En abril de 2014 se publicó en una prestigiosa revista de geriatría internacional (Geriatrics & Gerontology International) los resultados de una revisión sistemática de 13 artículos que trataban sobre la relación entre el café y la enfermedad de Parkinson6. El número de personas implicadas fue realmente notable: 901.764 participantes.


Pues bien, los autores de este estudio chino (Hui Qi y Shixue Li) demostraron que a medida que se incrementaba el consumo de café se reducía el riesgo de Parkinson, observando los mejores resultados con la ingesta diaria de tan sólo tres tazas de café. Estos investigadores también comprobaron que la ingesta de té también reducía sensiblemente el riesgo de este proceso neurodegenerativo.


¿ES IMPRESCINDIBLE LA PRESENCIA DE CAFEÍNA PARA QUE EL CAFÉ MUESTRE EFECTOS SALUDABLES? 


La lectura y análisis (casi constante) de múltiples artículos sobre los efectos saludables del café me permite colegir que esta bebida universal necesita imprescindiblemente la presencia de cafeína para conseguir sus efectos neuroprotectores: reducción significativa del riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson y depresión mental. Aunque también es preciso decir que otras sustancias contenidas en el café (antioxidantes, entre otras) cooperan con la cafeína en una especie de sinergismo por potenciación.


Pero el consumo de café también se ha asociado a una reducción significativa del riesgo de desarrollar otras enfermedades crónicas, verbigracia, la diabetes tipo dos, la cirrosis etílica, la cardiopatía isquémica y una serie de tumores malignos (hígado, próstata, mama, endometrio, colon, de cavidad oral y de cerebro, entre otros). 


Pues bien, todos estos beneficios se observan tanto con la ingesta de  café descafeinado como con la de café entero (con cafeína). En consecuencia, no ha de ser la cafeína la responsable de tales efectos saludables, sino muy probablemente otras sustancias contenidas en el café (ácido clorogénico, cafestol, kawheol…) de reconocido poder antioxidante así como antiinflamatorio y antitumoral.


En el próximo artículo describiré cómo la efectividad de la cafeína parece depender de ciertos genes así como las hipótesis que intentan explicar los efectos beneficiosos del café sobre esta enfermedad.


Bibliografía


1  Association of Coffee and Caffeine Intake With the Risk of Parkinson Disease FREE

G. Webster Ross, MD; Robert D. Abbott, PhD; Helen Petrovitch, MD; David M. Morens, MD; Andrew Grandinetti, PhD; Ko-Hui Tung, MS; Caroline M. Tanner, MD, PhD; Kamal H. Masaki, MD; Patricia L. Blanchette, MD, MPH; J. David Curb, MD, MPH; Jordan S. Popper, MD; Lon R. White, MD, MPH JAMA. 2000;283(20):2674-2679. doi:10.1001/jama.283.20.2674


2 Caffeine, postmenopausal estrogen, and risk of Parkinson’s disease

Ascherio A,  H. Chen, M.A. Schwarzschild, , S.M. Zhang,  G.A. Colditz, F.E. Speizer, MD  

Neurology, March 11, 2003 vol. 60 no. 5 790-795


3 Prospective study of coffee consumption and risk of Parkinson's disease. K Sääksjärvi, P Knekt, H Rissanen, M A Laaksonen,  A Reunanen and S Männistö . European Journal of Clinical Nutrition (2008) 62, 908–915; doi:10.1038/sj.ejcn.1602788; published online 16 May 2007


4 Caffeine and risk of Parkinson's disease in a large cohort of men and women. Natalia Palacios ScD,  Xiang Gao MD, PhD, Marjorie L. McCullough ScD, Michael A. Schwarzschild MD, PhD3, Roma Shah MS, Susan Gapstur PhD and Alberto Ascherio MD, DrPH


5  Caffeine for treatment of Parkinson disease.  A randomized controlled trial. Neurology. August 1, 2012. Doi  1212/WNL.   Ronald D. Postuma;  Anthony E. Lang, MD, Renato P. Munhoz, MD, Katia Charland, PhD, Amelie Pelletier, PhD, Mariana Moscovich, MD, Luciane Filla, MD, Debora Zanatta, RPh, Silvia Rios Romenets, MD, Robert Altman, MD, Rosa Chuang, MD, and Binit Shah, MD


6  Dose-response meta-analysis on coffe, tea and caffeine consumption with risk of Parkinson´s disease.  Hu Qi, Shixue Li.  Geriatrics & Gerontology International . Volume 14, Issue 2. Pages 430-439. April 2014.

                                                           

                                                              

                                                   Dr. Félix Martín Santos



 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.


2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.


3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706


4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.


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