Ermita de San Pantaleón de Losa: La realidad supera a la leyenda

En el burgalés valle de Losa existe un enclave donde sólo el arte parece resistir el famélico poder de la leyenda, que intenta engullir la historia del lugar: la ermita románica de San Pantaleón encaramada en el lomo de la Peña Colorada, que simula la proa de un barco en el momento de elevarse por el azote del mar embravecido.

Los hallazgos científicos más recientes recogidos por estudiosos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han revelado cuatro hechos inesperados y un tanto revolucionarios: uno, la iconografía de la escultura de la portada, de parte del ábside exterior y de algún capitel del interior representa la vida y martirio de San Pantaleón; dos, la datación de la fábrica es más tardía, esto es, más moderna de lo que inicialmente se pensaba ya que se fecharía en la segunda mitad del siglo XIII;  tres, reutilización de material escultórico procedente de otro templo construido, casi un siglo antes, en el propio solar o muy próximo; y cuatro, el hombre ya había hollado y, probablemente, sacralizado este lugar casi un milenio antes, en época romana tardía o paleocristiana.  Antes, parece que hubo un castro celta, de los autrigones. Por otra parte, la toponimia del lugar y de su entorno nutre la leyenda del Santo Grial, lo que otorga un aura de misterio y de esoterismo a tan privilegiado paraje.


APROXIMACIÓN O ACCESO A LA ERMITA


Si partiéramos desde la capital de la provincia deberíamos recorrer unos 100 kilómetros, mayor distancia que la deben recorrer nuestros vecinos de Vizcaya (Bizkaia), pues con poco más de 60 kilómetros cubren la distancia entre Bilbao y nuestra ermita.


Cuando parto desde Burgos suelo ir hasta Briviesca por la autopista (A-1), para  acceder, luego, a Cornudilla por la CL- 632. A continuación es preciso rodar por el asfalto de la nacional de Logroño-Santander (N-232), a fin de llegar en corto trecho a Oña para recorrer, más tarde, el trayecto sinuoso del espectacular desfiladero del río Oca hasta donde éste entrega sus aguas al Ebro, coincidiendo con la bifurcación o cruce de Valdivielso y Trespaderne. Nosotros nos desviaremos hacia Trespaderne, ahora por la carretera nacional que va de Laredo a Santander (N-629), donde volveremos a disfrutar con una panorámica realmente hermosa: la del desfiladero de la Horadada, labrado por el curso milenario del río Ebro. De esta suerte, entre los dos desfiladeros, el del Oca y el del Ebro, recorreremos como una docena de kilómetros, donde la naturaleza se nos muestra tan exuberante e insinuante que es posible que no podamos vencer la tentación de estacionar en alguno de los pocos puntos donde es posible, con objeto de recrearnos con la panorámica y al tiempo enriquecer nuestra salud.


La Horadada



Ya en Trespaderne, nos desviaremos por la carretera autonómica BU-550, con el propósito de recorrer la veintena de kilómetros que nos quedan hasta el pueblo de San Pantaleón de Losa. Desde un pequeño aparcamiento que hay junto a la carretera tenemos que recorrer algo menos de un kilómetro para llegar hasta la ermita, de los que al menos 700 metros son de franca ascensión, los que hay desde las primeras casas de la calle Tejera hasta la cumbre de nuestro particular barco.


La ermita de San Pantaleón de Losa encaramada en el lomo de la Peña Colorada (22-10-2016)



Accediendo a la calle Tejera con la peña Colorada al fondo


       Caminando por la calle la Iglesia en pos de la ermita


¿QUIÉN ERA SAN PANTALEÓN?


Gran parte de lo que se conoce de este hombre procede de un manuscrito del siglo VI que se custodia en el Museo Británico. Al parecer, era natural de Nicomedia (el actual Izmit turco), que en aquella época pertenecía al imperio romano. Eustorgio, su padre, se preocupó de que adquiriera una gran cultura, primero de filosofía y retórica; después, de medicina, nutriéndose de la docencia de su maestro, Euphrosino, uno de los médicos de mayor prestigio del imperio. Debió de gozar de tal talento que acabó siendo médico personal del emperador Maximiano. Por otra parte, su madre, Eubula,  devota cristiana, influyó decisivamente para que Pantaleón se convirtiera al cristianismo, que profesó durante un tiempo para renunciar, luego, durante otro intervalo de tiempo y, más tarde, volver a la fe cristiana, merced al tesón de Hermolao, un santo varón. A partir de entonces ya no hubo forma de que apostatara de su recuperada fe, como comprobaremos luego. Parece que en su reconversión al cristianismo tuvo mucho que ver la curación milagrosa de un niño mordido por una serpiente que yacía muerto en el suelo junto a su vil asesino: bastó que Pantaleón invocara el nombre de Jesús para que el difunto volviera a respirar.


Desde luego, él se comportó como un gran hombre, generoso y noble como pocos, dado que donó a los más humildes parte de la riqueza heredada de su padre y, sobre todo, atendió gratuitamente a todos los enfermos que acudieron a su consulta en situación de necesidad.


No hubo de esperar mucho para demostrar su entereza, pues, tras ser denunciado por sus propios colegas (cochina envidia), fue sometido a juicio por el nuevo emperador, Diocleciano, gran perseguidor de cristianos y auténtica fábrica de mártires. Dado que nuestro joven médico confesó sin ambages su fe, de la que ya no quiso apostatar, fue condenado a morir martirizado, a pesar de curar a un paralítico a ojos del emperador, el cual pensó que no era un milagro sino magia y hechicería.


Según la leyenda y la literatura posterior, primero fue cruelmente azotado, para luego quemarle las heridas con hierros y tizones encendidos, que, por influjo divino, poca mella le hicieron. A continuación Diocleciano lo condenó a morir dentro de un tonel o barril con plomo derretido. Sin embargo, en lugar de conseguir el efecto deseado, el fuego se extinguió y el plomo se enfrió. El tercer intento de ejecución consistió en ahogarlo en el mar, para lo cual le colgaron una pesada piedra al cuello con la que fue arrojado al agua con los pies y manos atados. Para sorpresa de todos, Pantaleón apareció en la otra orilla, como si la piedra fuera un flotador, donde sus amigos le desataron.


Tras ser de nuevo apresado, decidieron introducirlo en el anfiteatro para que las fieras lo devoraran, pero, para desesperación del emperador, los leones se amansaron, lamiéndole las manos. Posteriormente, se decidió que muriera atado a una gran rueda, que debería resquebrajarlo mientras rodaba por un barranco, pero se quebró la soga y la rueda se rompió, quedando libre el gran sanador.


El emperador a punto de echar lava ardiente de su particular volcán lo condenó a morir decapitado, pero también con resultado baldío, pues la espada se reblandeció en el primer intento. No obstante, la bondad de Pantaleón fue tanta como para implorar el perdón de sus verdugos, por lo que recibió el nombre griego de Panteleemon, que significa “el que se compadece de todos”. Finalmente, nuestro proveedor de salud decidió voluntariamente perder la suya para conservar la del emperador, dejándose decapitar. En este momento, parte de su sangre se convirtió en leche, que al caer sobre una higuera seca logró reverdecerla. Otros dicen que fue un olivo en lugar de una higuera. Se conoce la fecha del óbito de este ejemplo de virtudes: el 27 de julio del año 305.


La leyenda y la tradición se confabularon para creer que su sangre fue recogida del suelo por una mujer, mezclada con tierra, acabando posteriormente en el monasterio de Ravello (Italia). Parece que una parte de la misma fue enviada por el entonces virrey de Nápoles y conde de Miranda, Juan de Zúñiga, al real monasterio de la Encarnación de Madrid, coincidiendo con el ingreso en el mismo de su hija, Aldonza de Zúñiga, primera priora del convento. Desde entonces se guarda celosamente en una ampolla relicario en estado sólido o coagulado durante todo el año, excepto cuando se festeja el aniversario de la muerte del santo mártir, el citado 27 de julio, momento en que se licúa, tras agitar la ampolla el sacerdote de turno. Aunque los que realmente se agitan son los numerosos peregrinos que acuden todos los años al citado monasterio para ver el misterio de la licuefacción de la sangre de San Pantaleón. No obstante, la iglesia no lo reconoce como auténtico milagro, mas tampoco ha autorizado ningún estudio científico independiente.


No deseo acabar este punto sin mencionar que San Pantaleón es patrono de los médicos, de las víctimas de tortura y es invocado por los que padecen tuberculosis así como por los que sufren cefaleas. Se le suele representar con una pequeña cruz y un escalpelo.

Visita de una original obra de arte


Después de dedicar un tiempo a referir lo que se sabe de San Pantaleón será momento de describir la joya artística construida bajo su advocación, gran protagonista de este artículo. Aunque antes, será bueno referir que el interior del templo es visitable durante todo el verano, en horario de mañana y tarde, mientras que el resto del año sólo se podrá visitar los sábados. También aprovecho este momento para mostrar mi más profundo respeto y sentida admiración a los miembros que constituyen la asociación Amigos de San Pantaleón de Losa, por su magnífica labor de revitalización y divulgación de esta singular obra de arte. Gracias a la abnegación y esmero de sus guías podemos apreciarla en todo su esplendor.


DESCRIPCIÓN ARTÍSTICA


Nuestra pequeña ermita es de planta sencilla, pues está constituida por un ábside casi semicircular al que sigue un corto presbiterio y una nave de un único tramo, dispuestos en un eje de oeste a este. Su portada, ubicada en la fachada occidental, está adornada por un rico repertorio de imágenes, que luego describiremos más prolijamente.


Si sobrepasáramos el umbral de su pórtico veríamos su techumbre pétrea: bóveda de horno para el ábside; de cañón para el presbiterio; una cúpula sobre pechinas cubriendo el tramo de la única nave. Esto último es excepcional. Bien cierto es que en la misma provincia de Burgos existen iglesias con naves cubiertas en parte por cúpula de pechinas, como las de Monasterio de Rodilla y Aguilar de Bureba. Sin embargo, ninguna de ellas cubre toda la nave como en la ermita de San Pantaleón.



Por fuera se aprecia el gran desnivel que debe soportar esta construcción, que hace que el ábside no tenga más de dos metros de altura y la fachada occidental sobrepase los 10 metros. Tal desnivel entre los diferentes espacios es salvado en su interior por una serie de escalones que permiten pasar de la nave al presbiterio y de éste al ábside.


Sobre el arco triunfal, el que separa presbiterio de la nave, surge una espadaña de un solo cuerpo, con dos troneras, desprovistas de campanas desde hace años, pues fueron robadas por unos facinerosos, según nos dijo la guía en la visita que efectuamos el 6 de diciembre de 2016.


Al norte tiene adheridas dos naves de trazas góticas, la oriental tiene dos tramos cubiertos por bóvedas de crucería, la occidental alberga un sepulcro de trazas románicas dentro de un baldaquino. También se conservan dos deteriorados retablos dedicados a San Pantaleón y a San Pedro.


                                   Sepulcro en su baldaquino gótico


Para seguir un cierto orden en la descripción de este templo, empezaremos con la portada, luego, seguiremos con el resto de la fábrica exterior, para acabar describiendo el interior de la misma.


Visión sureste: exterior presbiterio, nave y ábside románicos, la ampliación gótica añadida y “sin campanas”


Ermita de San Pantaleón de Losa: Fachada occidental  y lado meridional de la nave y del presbiterio


PORTADA ROMÁNICA: ATLANTE, ETERNO VIGILANTE DE LA ERMITA


Cuando nos acercamos a esta ermita, lo primero que nos llama la atención es su singular portada, la cual parece ejercer un cierto magnetismo, pues nos invita a contemplarla con suma atención y cierta sorpresa.  


                                                           Portada de San Pantaleón de Losa        


 Pronto veremos que está enmarcada por dos lisos contrafuertes y por encima de ella, a buena altura, se dispone una ventana. Son tres las columnas que aparecen a cada lado de esta puerta, con basas, fustes y capiteles, salvo en el lado derecho, donde falta el fuste de la más externa. Sobre ellas se disponen las correspondientes arquivoltas de traza románica, con arcos de medio punto.


Bien, correcto, pero, ¿qué hace singular a esta portada? Pues, a mi modesto entender, la imponente imagen de la columna más externa del lado izquierdo, según la apreciamos, cuyo fuste es sustituido por una estatua que parece representar a un varón con barba y pelo largo que le cae por delante de su desnudo torso. De su hombro izquierdo pende una especie de saco, capa o manto, que agarra con ambas manos a la altura de la cintura y que le cubre parte de su pecho y de su oculta espalda. Por vestimenta sólo tiene un faldellín ceñido por lo que parece ser un cinturón.



Tal figura da pábulo a diversas interpretaciones. La más añeja es la del atlante, muy seductora y un tanto misteriosa en una obra religiosa. La primera vez que oí esta versión se remonta a mi infancia, cuando un señor bastante entendido se atrevió a interpretar su críptica iconografía. Buen docente debía de ser porque desde entonces esta ermita me ha cautivado.


Otros consideran que tal figura robusta sólo puede corresponder con la de Sansón. Así lo refieren, por ejemplo, los responsables de la Enciclopedia del Románico de Castilla y León (página 1971 del tercer tomo de Burgos). Para ello se apoyan en el largo pelo del gigante, ondulado en sus puntas, como el famoso Sansón, junto a la presencia, encima de su cabeza, a la altura de la línea de los cimacios, de un grupo escultórico que, aunque muy mutilado, también representa a un personaje con faldellín y torso desnudo, luchando contra un león. Junto a esta imagen aparece la de un animal muy deteriorado, al que han identificado con la loba capitolina amamantando a Rómulo y a Remo.



También hay quienes creen que este atlante no es un personaje misterioso sino Adán, el primer hombre creado por Dios, según la tradición judeo - cristiana. Como suele estar acompañado de su intrigante pareja, que no aparece en esta portada, algunos creen que el fuste que falta en el lado simétrico al del supuesto Adán, pudiera corresponder al de Eva, el cual no soportó la incuria del tiempo, pues sólo queda su capitel con forma animal, suspendido en el aire. Además, el fuste siguiente de ese lado tiene forma de zigzag, por lo que pudiera corresponder con la serpiente que tentó a Eva.


En fin, en la excursión que efectué con mi mujer e hija mayor en agosto de 2016, me sorprendió la valiente interpretación de la guía de la ermita, pues nos relató que tal personaje ni era atlante ni era Sansón sino el bueno de San Pantaleón, que llevaba a la espalda un saco cargado con ungüentos y medicamentos para atender a los enfermos que visitaba.


DESCRIPCIÓN E INTERPRETACIÓN DE LOS CAPITELES DE LA PORTADA


Son cinco capitales a analizar, dos en el lado izquierdo y tres en el derecho. Veámoslos.


Capiteles del lado izquierdo de la portada


Apoyándose en el fuste de la segunda columna del lado izquierdo, junto al atlante, aparece un capitel que representa tres hojas lisas enmarcadas por una especie de serpiente de larga cola que muerde a un personaje tumbado en la parte inferior. Este capitel es de iguales características a dos de los observados en el interior.


El siguiente capitel, ubicado sobre el fuste más interno, muestra la cabeza de un personaje, de pelo largo, que surge de un objeto circular surcado por una especie de aros paralelos, semejando una especie de tonel o barrica. Está flanqueado por dos ángeles, uno, fuera del tonel, con las alas y cabeza bien visibles; el otro, parece estar dentro de la barrica.


Capiteles del lado derecho de la portada


En el lado derecho, el capitel más interno representa a tres personajes sentados con trajes que llegan hasta los talones (talares), semejando una especie de escena litúrgica o, tal vez, la de un juicio: el del centro, con la cara muy deteriorada, parece tener un libro entre las manos; el de la izquierda eleva una cruz; el de la derecha aparece alzando otro libro.


El capitel contiguo, situado sobre el fuste cubierto por el curioso zigzag, representa a una barca con dos personajes en su interior y un tercero fuera. Desde tiempo ha, se ha pensado que este personaje caído al mar es Jonás a punto de ser devorado por la ballena, la cual no aparece por ningún sitio.


El capitel más externo del lado derecho corresponde con una cabeza de animal, bastante mutilada. Su fuste, como dijimos, desapareció en algún momento.


INTERPRETACIÓN INNOVADORA DEL SIGNIFICADO DE LOS CAPITELES DE LA PORTADA


Los investigadores del CSIC, liderados por Caballero Zoreda, mientras estudiaban los paramentos, estratigrafía y toda la fábrica de esta ermita, idearon una interpretación un tanto revolucionaria de la iconografía de la misma. Efectivamente, creen que las imágenes de los capiteles de la portada están relacionadas con el milagro y martirio de San Pantaleón. Recordemos que el milagro más famoso de nuestro joven médico (murió torturado a los 29 años en tiempos de Diocleciano) fue el que le animó definitivamente a convertirse al cristianismo.  Sucedió poco después de escuchar la predicación de Hermolao, sacerdote cristiano, de la que quedó tan subyugado que, cuando regresando a su casa, encontró a un niño muerto por la mordedura de una serpiente, decidió invocar el nombre de Jesús sobre el muerto, con un resultado inesperado: el finado resucita y el reptil fenece.


Pues bien, los autores del CSIC creen ver representado este milagro en la escena de tres capiteles de esta ermita: el del segundo capitel del lado izquierdo de la portada, antes comentado; y en dos más del interior del templo.


En cuanto a los seis martirios de este santo (en plomo fundido, ahogándole en el mar, en el potro, en la rueda, arrojándolo a los leones y con una espada que finalmente lo decapita), según estos autores, al menos dos aparecen en esta portada: el de la barrica con plomo fundido, representado en el capitel interior del lado izquierdo de la portada; y el del intento de ahogamiento, representado en el segundo capitel del lado derecho de la citada portada, el que se apoya sobre el curioso zigzag, el cual también podría representar la serpiente muerta por el santo y no la que tentó a Eva.


El significado del capitel interno del lado derecho de la portada se lo oí a la guía que nos mostró esta ermita un día de agosto de 2016: el juicio en el que condenan a Pantaleón a morir torturado. No parece mala idea. Como antes comentamos, nuestro santo fue denunciado al emperador Diocleciano por algunos colegas, podridos por la envidia, pues no aguantaron las muestras de cariño y adhesión que recibía Pantaleón por parte de sus numerosos pacientes, a los que atendía con efectividad y generosidad, dado que a los más pobres los atendía gratuitamente.


Si la teoría exhibida por Caballero Zoreda y colegas fuera cierta zozobraría parte de la historiografía del románico burgalés de esta zona, puesto que las iglesias construidas a partir de esta época se fijaron en la decoración de esta ermita, por lo que emplearon imágenes similares, hecho que hasta ahora se había relacionado con peculiaridades de las órdenes militares de entonces, con los templarios a la cabeza.


ARQUIVOLTAS DE LA PORTADA Y VENTANA SUPERIOR DE LA FACHADA OCCIDENTAL


Las arquivoltas exhiben una decoración constituida por boceles y medias cañas, con la excepción de la moldura que circunda el último arco de la portada (chambrana), que muestra bolas con caperuza. La arquivolta que revela las imágenes más enigmáticas es la que encierra en sus boceles a personas, de las que sólo se aprecian la cabeza y los pies, como si fueran unos prisioneros encarcelados. Otra arquivolta está adornada por una serie de cilindros o tacos alineados, como el ajedrezado jaqués.



Caras de las personas encerradas en los boceles de una arquivolta de la portada


Ventana de la fachada occidental


Con respecto a la ventana situada en la parte alta de esta fachada occidental, en la que se abre la portada del templo, diremos que posee tres columnas a cada lado en las que se apoyan los correspondientes capiteles. Los tres de la izquierda muestran motivos vegetales, mientras que los del lado derecho ofrecen un mayor repertorio: el más interno representa una cara humana con barba y abundante pelo (mascarón); el del centro, también exhibe motivos vegetales; el más externo, representa inequívocamente el pecado original, donde se aprecia al ingenuo de  Adán, con su mano derecha en el cuello, como arrepintiéndose por morder del fruto prohibido, y a su querida esposa, Eva, con su mano derecha sobre la vulva. Además, a la izquierda de Adán aparece un rostro con ojos saltones, nariz recta y mostrando una desproporcionada lengua. ¿Qué significa este rostro? Si diéramos rienda suelta a nuestra imaginación podríamos aventurar que el escultor decidió sustituir a la serpiente por este grotesco personaje, mostrando así una imagen más humana del diablo.


Capitel de la ventana de la fachada occidental con Adán, Eva y un enigmático rostro.


ANÁLISIS DEL RESTO DE ELEMENTOS EXTERIORES: ABSIDE Y MUROS MERIDIONALES DEL PRESBITERIO Y DE LA NAVE


Detalles del ábside


Empezaremos con el ábside, el cual se divide en tres tramos verticales -uno medio oculto por el añadido gótico- por dos columnas que acaban en el alero con un capitel de hojas lisas. El tramo más ancho es el central, cuyo alero está adornado por cuatro metopas o canecillos: dos de proa de nave, uno de barril y otro liso. Los dos tramos laterales también se engalanan con canecillos, pero todos de proa de nave.


Si nos fijamos en su eje horizontal observaremos que también está compartimentado en tres tramos mediante dos molduras (de nacela), una a la altura de los cimacios sobre la que surgen las arquivoltas de las ventanas y la otra sirve de apoyo a estas últimas.


Vayamos con las ventanas, que atesoran una notable ornamentación. La central es mayor que las laterales, tiene tres pares de columnas a cada lado y es bastante abocinada. Cuando la contemplamos, enseguida salta a la vista la ausencia de dos capitales y de cuatro fustes. Los capiteles que se conservan en el lado izquierdo son de hojas lisas con espiral en su porción superior, el interno; y una cabeza humana con la boca tapada por una especie de paño o pañuelo, flanqueada por dos manos, el del medio; faltando por completo el más externo. Es una pena comprobar que tales capiteles se sostienen sin ayuda de sus fustes, pues se han perdido irremediablemente.


Ventana central del ábside


En el lado derecho falta el capitel más interno, al igual que su fuste. El del centro muestra dos leones que se afrontan y cruzan sus cuerpos. El capitel contiguo, el más externo, exhibe un entrelazo.


Las arquivoltas se conservan bastante bien, siendo especialmente llamativas las dos exteriores porque los boceles que las constituyen encierran cuerpos humanos, dejando sólo visibles las cabezas y las piernas. Es, por lo tanto, similar a una de las arquivoltas de la portada.


Ventana central del ábside: arquivoltas que parecen encarcelar a personas entre sus boceles


La arquivolta interior está constituida por un bocel que por abajo parece ocultar hojas, mientras que sobre su superficie muestra frutos; por debajo muestra un bocel más pequeño, cerrándose con un arco lobulado.


Según los expertos que han estudiado exhaustivamente esta ermita, tanto el tipo de capiteles como la presencia de ventanas abocinadas con tres pares de columnas están reflejando un arte románico bastante tardío, esto es, ya avanzado el siglo XIII.


Ventana del lado meridional del ábside


Ahora vamos a describir la ventana situada en la porción meridional del ábside. Es más sencilla, pues sólo tiene una columna a cada lado, la de la izquierda tiene un fuste liso, mientras que la de la derecha exhibe un fuste adornado con flores de cuatro pétalos que se entrelazan formando una red, sobre el que se apoya un capitel que parece representar a un águila con las alas desplegadas, aunque su cabeza está muy erosionada, casi mutilada. El capitel del lado izquierdo permite ver a un personaje sentado, cubierto por un vestido talar.


Sus arquivoltas dejan ver una rica decoración vegetal a base de entrelazos, hojas con sus vértices vueltos, ovas entre lazos y hojas con tallos. Del tímpano parece surgir una cabeza muy deteriorada, prácticamente un puro destrozo.


Ventana de la parte norte del ábside


La otra ventana, la de la porción septentrional, está prácticamente cubierta por la nave gótica. En principio, sólo parece apreciarse una cabeza animal, quizá un carnero. También se ve el arranque de una arquivolta con entrelazo, concéntrica a otras dos más sencillas, que delimitan un pequeño espacio (tímpano), poco accesible y, por tanto, escasamente visible, donde hallaremos un animal fantástico, digno de ocupar un papel destacado en un bestiario medieval. Se trata de un animal con cabeza de equino, cuerpo de león, con la pata delantera derecha elevada, y alas de ave, quizá de águila. Es una auténtica sorpresa.


Animal fantástico en tímpano ventana norte del ábside


Exterior del presbiterio: Muro meridional


Lo que primero llama la atención del visitante, al contemplar este tramo, es la presencia de una ventana de trazas similares a la central del ábside, dado que también posee tres columnas a cada lado y tiene una forma abocinada. Los tres capiteles de la derecha son de tipo vegetal con diferentes imágenes (piñas, tallos con punta de taladro, hojas lisas con los vértices vueltos, entre otros dibujos).


Ventana del muro meridional del presbiterio


De los capiteles del lado izquierdo enseguida nos impresiona el más externo, dado que muestra una cabeza con dientes afilados que parece engullir el fuste. Se trata del glouton, típico del suroeste francés, que se prodiga mucho en la escultura del románico tardío del área de Aguilar de Campoo, incluyendo Burgos (Rebolledo de la Torre) y Cantabria (Piasca). Prosigamos con el capitel del medio, que representa a una cabeza de hombre que deja ver su lengua a través de su abierta boca. Parece como si estuviera atemorizado por la presencia del monstruo del capitel contiguo. El capitel más interno es de motivos vegetales.


 Capiteles del lado izquierdo de la ventana del presbiterio: glouton, hombre atormentado y motivo vegetal


Las arquivoltas de esta ventana también están muy adornadas: la exterior tiene una media caña y un bocel; la del medio posee un entrelazo en su ángulo inferior e interno, mientras que su parte superior está decorada con flores; la arquivolta interior tiene cinco cabezas humanas con cierto relieve.


Exterior de la corta nave: Muro meridional


En esta superficie llama la atención una ventana en el centro del muro, dos sólidos contrafuertes y una especie de entrante próximo al contrafuerte de la espadaña que muestra un canecillo en el centro de su corto lado superior. Según Caballero Zoreda, parece un “recosido”, como si al llegar aquí se decidiera cambiar de planes en el diseño programado.


Paramento meridional de la nave


Ventana exterior de la nave


La ventana también es abocinada, con dos columnas bilaterales sobre las que se apoyan los correspondientes capiteles. En el capitel más interno del lado izquierdo (siempre según lo miramos) se vuelve a ver la imagen del glouton, siendo el contiguo de tipo vegetal (dos filas de bolas con caperuza). Los del lado derecho también exhiben motivos vegetales, el más interno, y dos caras con el gesto un tanto compungido, el más externo. También parecen como si tuvieran miedo al monstruo que tienen enfrente, que a lo mejor no resulta saciado con la ingesta del fuste. Finalmente de sus arquivoltas, la central tiene un entrelazo con frutos en su interior, mientras que la interior tiene en su clave una cabeza de felino.


DESCRIPCIÓN DEL INTERIOR DE LA ERMITA


Después de gozar con la contemplación de la portada y del resto de elementos exteriores, procederemos a penetrar en el templo. Nada más entrar observaremos la fábrica románica (de oeste a este) constituida por una única nave seguida del presbiterio y del ábside. Vamos a describir en las siguientes líneas estos tres tramos longitudinales.


Ábside


El  ábside es semicircular y está cubierto por una bóveda de horno, dejando ver en algunas áreas la roca en la que descansa. También se ve en su parte inferior una especie de banco que recorre todo el semicírculo. Dos líneas de imposta dividen este ábside en tres tramos horizontales.


                                              Interior del ábside y del presbiterio


Capitel del lado derecho o meridional de la columna que separa ábside del presbiterio: milagro de San Pantaleón



La transición del ábside al presbiterio se consigue mediante un arco doblado que descarga su peso en sendas columnas, cuyos capiteles tienen unas curiosas imágenes: el de la izquierda representa a dos grifos que cruzan sus picos en el centro y apoyan una pata sobre algo parecido a un fruto; el de la derecha o meridional muestra a una serpiente mordiendo por el torso a un hombre, que tiene en la cabeza un gorro alto de forma cónica con su punta retorcida (gorro frigio) y extiende sus brazos, a su lado, a la izquierda aparece un personaje con barba y traje talar. Este último capitel aparece en la portada y en un capitel de la ventana interna de la nave, pero sin el personaje barbado. Ya comentamos antes que pudieran representar un milagro de San Pantaleón: cuando resucita a un niño mordido  por una serpiente.


              Capitel izquierdo de la columna separadora de ábside y presbiterio


En el centro del ábside se dispone una ventana abocinada con una columna a cada lado y con los fustes ornamentados -entorchado a la izquierda y entrelazos con punta de diamante a la derecha- sobre los que se apoyan sendos capiteles: el de la izquierda corresponde a una cabeza humana con barba, pelo en punta y una dentadura afilada, de aspecto monstruoso; el de la derecha es una cabeza de varón con barba, cabello con ondas, quizá rizado, que nos saca la lengua. Estas cabezas o mascarones son muy propias de finales del siglo XII y principios del XIII, repitiéndose en más obras románicas del norte de Burgos.


                                                Ventana interior del ábside


                    Capitel izquierdo de la ventana del ábside, con rostro monstruoso


            Capitel derecho ventana del ábside, con rostro barbado sacando la lengua


Interior del presbiterio


El presbiterio, cubierto por una bóveda de cañón, muestra en su muro meridional una ventana cuya arquivolta se sostiene por cimacios decorados (el de la derecha de doble nacela y el de la izquierda con palmetas con tallos), fustes lisos y columnas con capiteles figurados; el de la derecha de hojas lisas que se vuelven en su vértice y el de la izquierda con una cabeza varonil con bigote.


Ventanas de ábside y de muro sur del presbiterio separadas por la columna con capitel de la serpiente



El muro norte del presbiterio no existe pues seguramente se derribaría al añadir la obra gótica, comunicando ambos espacios por unos arcos fasciculados. Sin embargo, llama la atención la representación de un gato con una cadena en el cuello en el espacio triangular existente entre el citado arco que da acceso a la obra gótica, la imposta sobre la que arranca la bóveda de cañón y el pilar-columna sobre el que descarga el arco que separa el presbiterio del ábside. ¿Qué significa este gato? Según la guía que nos atendió el día de la Constitución, hace casi un mes, representaría algo maligno, quizá el pecado, maniatado y controlado dentro de la iglesia, pero desbocado fuera de la misma.


                                        Vista del muro sur del presbiterio desde la fábrica gótica


INTERIOR DE LA NAVE ROMÁNICA


Lo excepcional de esta nave es su cubierta: una cúpula sobre pechinas que cubre toda la nave. Hecho que ya comentamos en otro apartado de este contenido. Los arcos que separan el presbiterio de la nave son los denominados arcos triunfales, sobre los que apoya la espadaña exterior, antes también comentado. Tales arcos descansan sobre respectivas columnas que tienen capiteles decorados sobre sus fustes: el del lado izquierdo es muy parecido al de los grifos que contactan sus picos en el centro de la escena y bajo cuyas patas parece haber algún fruto (o quizá bolas); el del lado derecho es de naturaleza vegetal.


                                       Cúpula sobre pechinas cubriendo toda la nave


En el muro meridional se abre una ventana con dos arquivoltas lisas y con una cabeza de reptil en la clave de la arquivolta central. De sus capiteles destacaría el interno del lado derecho ya que vuelve a exhibir la imagen de la serpiente mordiendo a una persona por su tronco. El contiguo es otro mascarón.


                                                   Ventana del muro meridional de la nave

             Ventana muro meridional del ábside: capitel con el niño mordido por un reptil cuya boca está mutilada.



En la parte inferior de este paramento meridional hay una inscripción que dice: “El obispo de Burgos García consagró esta basílica en el primer año de su pontificado, a tres días de las calendas de marzo de la era 1245” (27 de febrero del año 1207)”. Esta información parece cierta, dado que se sabe que el obispo de Burgos García Martínez Contreras ocupó la silla episcopal el 7 de junio de 1206.


En el lado norte de la nave se aprecia un poderoso arco formero que da paso a la construcción gótica (nave occidental).


Arco triunfal (separa presbiterio de la nave) y formero (separa la nave de la obra gótica). Bóveda de cañón del presbiterio


Concepción innovadora y revolucionaria de la ermita de San Pantaleón de Losa: Arqueología de la arquitectura        


El profundo estudio de Caballero Zoreda y colegas (CSIC) a principios de este siglo XXI ha cambiado la clásica concepción de esta iglesia, tanto en su datación como en sus etapas de construcción. Sus conclusiones en absoluto fueron espurias y poco fundamentadas, dado que se basaron en un profundo estudio estratigráfico, de epigrafía y escultura decorativa así como en un exhaustivo análisis arqueológico con 19 sondeos y cien metros cuadrados intervenidos. Así, lograron identificar un área de necrópolis de inhumación muy reutilizada a lo largo del tiempo (desde el siglo XIII hasta época contemporánea). Pero los hallazgos más sorprendentes e inesperados de tales excavaciones tuvieron que ver con la existencia  de estructuras muy arrasadas pertenecientes a construcciones anteriores a las diversas obras medievales, que parecen corresponder a una época romana tardía o paleocristiana. Evidencias que permiten tal datación hay varias, siendo muy destacada la que se basa en la presencia de fragmentos de cerámicas romanas (Terra Sigillata Hispánica tardía) y de tégulas (tejas romanas) asociados a dos muros de disposición curva que pertenecen a una edificación de cabecera lobulada.


De esta suerte se puede afirmar actualmente que el solar de la ermita de San Pantaleón fue hollado muchos siglos antes, cuando menos, en la época en que los romanos eran los dueños de la Península Ibérica. Este tipo de descubrimientos hace posible que nuestra ermita pudiera construirse en un área ya sacralizada desde la antigüedad más remota. De ahí a generar hipótesis esotéricas y un tanto mistéricas no hay mucho trecho. Además, existen datos de archivo que documentan que entre los siglos XIV y XV se levantó, junto a la ermita, la Casa Priorazgo de la Encomienda de Vallejo de la Orden de San Juan de Jerusalén, que se mantuvo hasta 1535, cuando fue destruida.


Bueno… que los hallazgos de este magnífico equipo de investigación no concluyen aquí, pues también  llegaron a demostrar que esta ermita se construyó más tardíamente de lo previsto. “Hemos conseguido un nuevo enfoque cronológico del templo, para lo cual ha sido imprescindible la demostración de que gran parte de los materiales de estilo románico con los que se construye la primera obra (sillares, escultura decorativa y la inscripción de consagración del año 1207) son producto de la reutilización de una edificación anterior. Por lo tanto, el actual edificio original fue construido a partir del primer tercio del siglo XIII”, afirman los autores en su Dossier titulado “Un ejemplo de arqueología de la arquitectura: La iglesia románica de San Pantaleón de Losa”.


En esencia, estos autores creen que los elementos decorativos de la portada así como algunos del ábside y los de la serpiente del interior (dos) corresponden a un edificio anterior, donde se plasma un programa iconográfico que narra la vida y martirio de San Pantaleón. Por ello, creen que perteneció a un templo construido en el mismo solar o muy próximo y con la misma advocación. El resto de materiales en capiteles de ventanas con motivos variados como los correspondientes a máscaras expresivas, el glouton (monstruo estilófago que deglute una columna) y temas vegetales fueron realizados para el nuevo templo.


Pero, ¿cuáles fueron los datos y evidencias que sustentaron tales afirmaciones?


Estos investigadores creen que gran parte del material empleado es fruto de una reutilización porque aprecian muchos sillares escantillados (con erosión en sus aristas o cantos) y acuñados, así como por la disposición descentrada de pequeñas claves en los arcos al igual que por la inclusión de elementos decorativos pertenecientes a diferentes tipologías (más antiguos, los de la portada), entre otras evidencias.


En cuanto a considerar a la inscripción de la datación del templo, ubicada en el interior del muro sur de la nave, como material reutilizado la fundamentan en varios hechos. Veamos cómo lo narran: “su superficie presenta una erosión muy diferente a la de los sillares que le rodean y su extremo derecho está tallado fuera de su sillar original, lo que nos permite argumentar su reutilización y considerarla proveniente de un edificio anterior. Así, la fecha que porta supone un dato post quem para la etapa original de la ermita de Losa, que se ha de fechar como posterior al año 1207”.

  En fin, en un segundo artículo veremos los elementos que sustentan la leyenda del Santo Grial en este enclave singular.

             Dr. Félix Martin Santos

ENLACES DE INTERÉS


Iñigo Almech, F. A. 1941. La ermita de San Pantaleón de Losa (Burgos). Revista Nacional de Arquitectura. 3,63-67.


Arquitectura y Escultura Románicas en la Provincia de Burgos. José Pérez Carmona. 1974


Pérez Carmona, J. Ábsides románicos en la provincia de Burgos


Lojendio L.M y Rodríguez A. 1978. Castilla/1 (Burgos, Logroño, Palencia y Santander), vol I. “La España Románica”, Madrid. 2004. San Pantaleón de Losa. Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Burgos. Tomo III, páginas: 1962-1974.


Caballero Zoreda (coordinandor): Memoria Ermita de San Pantaleón de Losa (Burgos). Lectura de paramentos 2003, Madrid (manuscrito). Depositada en la Junta de Castilla y León.


Revista Patrimonio. Año VI. Número 21. San Pantaleón de Losa. Nuevos hallazgos. Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León. 2005


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