Ermita de San Pelayo: Joya olvidada del valle medio del Arlanza

El enclave de la ermita de San Pelayo, sito en el valle medio del Arlanza, es un insólito lugar donde uno puede enriquecer integralmente su salud, siempre y cuando sea capaz de encontrar la sustancia que le rodea: belleza paisajística, flora y fauna singulares, leyendas e historias humanas trascendentes, huellas de arte milenario.

Todo ello si uno se acerca ataviado con buenas dosis de sensibilidad y con ferviente deseo por descubrir estas maravillas. A veces tenemos cerca aquello que nos puede hacer felices, pero somos incapaces de hallarlo.


APROXIMACIÓN HASTA EL VALLE MEDIO DEL ARLANZA


Si partimos de Burgos, capital, es preciso salir por la Autovía del Norte ó A-1 (la antigua nacional de Madrid). Tras nueve kilómetros de recorrido habrá que abandonarla para coger, a la derecha, la Nacional 234 (Burgos-Sagunto). Dejamos Sarracín y nos dirigiremos hasta Hortigüela, a unos 42 kilómetros de la capital burgalesa. Tras pasar Olmosalbos (a 12 km del punto de origen), Hontoria de la Cantera (a 19 km) y Cuevas de San Clemente (a 27 km de Burgos) llegaremos al alto de Mazariegos (1.060 m), como a unos 32 kilómetros de la capital cidiana, donde me agrada contemplar, a la derecha, sin subir de 90 km/hora, la sierra de las Mamblas con sus cumbres más emblemáticas: la Muela (1.374 m.) y el Castillejo (1.347 m.).


A nuestra izquierda contemplaremos Peña Lara, que alberga restos de un castro celta y el famoso Picón de Lara, restos del castillo donde nació en el año 910  Fernán González, gran forjador de la Castilla medieval. Si avanzamos unos cinco kilómetros más llegaremos hasta Mambrillas de Lara, observando, a la diestra, en una especie de concavidad de estas montañas, su singular dehesa, que atesora uno de los bosques de quejigos (Quercus fagínea) más extensos y mejor conservados del planeta (sólo aparecen en la Península Ibérica y en el norte de África).


Además, se encuentran otros singulares árboles, como los mostajos (Sorbus aria) y arces (Hacer campestre), así como hayas (Fagus sylvática), melojos (Quercus pirenaica), avellanos (Corylus avellana), etcétera. Con el tiempo, es muy posible que la descripción de la flora y fauna de esta dehesa sea motivo de una entrada o artículo de este blog.  A la izquierda de Mambrillas, se divisan en lontananza, al norte, las montañas de la sierra de la Demanda, con la nítida imagen del pico Mencilla (1.932 m.).


Pronto, como a 5 km. de Mambrillas y a unos 42 kilómetros de la capital de provincia, abandonaremos esta carretera nacional, para entrar en Hortigüela. En este momento, debemos acceder a la carretera local BU-905, a fin de penetrar en el valle medio del río Arlanza. He de reconocer que el tramo de 13 kilómetros, entre Hortigüela y Covarrubias, me resulta profundamente entrañable y familiar, casi comparable a algunos parajes de la Sierra de las Quilamas de Salamanca.


ENTRADA AL VALLE 


Nada más entrar en este emblemático valle, vemos a nuestra izquierda el monte Gayubar, que nos acompañará, con sorprendentes vistas de sus cortados rocosos, durante unos cuatro kilómetros, con el río Arlanza a sus pies.


Tras progresar dos kilómetros hallamos, a la derecha, la zona recreativa del Torcón, que dispone de barbacoa, fuente y varios merenderos a la sombra de buenos ejemplares de sabina albar (Juniperus thurifera). ¡Ojo! Esta reliquia del terciario encuentra en este valle y aledaños su hábitat ideal, pues hay muchos ejemplares de un porte y longevidad excepcional, algunos de 1.000 años de antigüedad. Tanto es así que los sabinares del Arlanza están considerados entre los más vastos y mejor conservados del mundo. Aunque lo parece, no es chovinismo castellano.


Tras un kilómetro más nos topamos, a la izquierda, con el molino de Lere, y, unos metros más a la derecha, con el acceso al risco Estillín, paraje rocoso en el que durante años crió una pareja de la rara águila perdicera (Aquila fasciata). Si avanzamos un kilómetro más encontraremos, a la derecha, una ladera con numerosas sabinas quemadas en el curso de un incendio provocado hace unos años, justo en el mismo paraje donde, en 1966, Sergio Leone rodó escenas de la obra cumbre del denominado western spaghetti: El Bueno, el Feo y el Malo.


Si progresamos unos 300 metros más, encontraremos, a la izquierda, un viejo chopo, junto al Arlanza, en el que anidó durante unos cinco años seguidos una pareja de águila calzada (Hieraaetus pennatus). Mientras corría por esta carretera tuve el placer de disfrutar de la contemplación del águila incubando y, luego, dando de comer a su prole. Mis entrañables amigos, José Ángel y Alfonso, también fueron testigos del  mimo exhibido por la pareja de águilas en la crianza de sus polluelos. Lamenté mucho la desaparición del gran nido en lo alto del chopo. Al menos ahí, no volví a ver ese espectáculo de la naturaleza.


Ermita de San Pelayo o San Pedro el Viejo


Durante el kilómetro que queda hasta el monasterio de San Pedro de Arlanza, se divisan en su plenitud las ruinas de la ermita de San Pelayo, casi aéreas, en un promontorio rocoso, junto a un meandro del Arlanza. ¡Dios! ¡Me encanta esta panorámica! Estamos a cinco kilómetros de Hortigüela y a ocho de Covarrubias.


Enfrente de las ruinas de San Pedro de Arlanza, a la derecha de la carretera, hay una explanada donde la gente suele dejar los coches. Estamos a 925 metros de altura. Si desviamos nuestra vista al norte, a la derecha, veremos una restaurada cabaña de ovejas, que tuvo el honor, en 1966, de servir de pequeño hospital de campaña en alguna escena de la película de Sergio Leone. A través de un ventanuco, Clint Eastwood contemplaba tanto las ruinas de San Pedro de Arlanza como las de San Pelayo,  mientras se curaba de sus heridas.


Si ascendemos por la carretera en dirección a Covarrubias, enseguida vemos y hallamos una pronunciada curva, desde la que hay 330 metros hasta el acceso a la ermita de San Pelayo. Tras un pequeño repecho vemos la entrada al sendero, que, tras un breve ascenso de 200 metros, nos permitirá llegar hasta la ermita.


En este corto trayecto, entre encinas (Quercus ilex) podemos ver, durante los meses de julio y agosto, algunos ejemplares de árnica en el margen derecho del sendero. Es un tanto excepcional la presencia de árnica en este lugar y en otros del valle del Arlanza, pues estas especies de plantas huyen de los terrenos calcáreos. Es clásico el empleo popular de emplastes de hojas de árnica mezclados con aceite de oliva, para tratar heridas, hematomas y magulladuras, dadas sus propiedades analgésicas y antiinflamatorias.


Según acabamos la cuesta, empezamos a ver la fachada occidental de la ermita de San Pelayo, a 979 metros de altitud. Creo que ahora es el momento de mencionar que el verdadero y antiguo nombre de esta ermita es el de San Pedro el Viejo, pues el más primitivo monasterio de San Pedro de Arlanza estuvo en esta cumbre rocosa; posteriormente, en el siglo XI se construyó el de abajo.


En este momento es bueno recordar que el agustino Enrique Flórez así denominaba a esta ermita cuando la visitó a finales del siglo XVIII, con el propósito de elaborar su gran obra: la España Sagrada. En el tomo XXVII aparece todo lo referente a estos dos monasterios. La primera edición se publicó en 1.771, dos años antes de la muerte del autor.


A partir de ahora voy a referirme a la fundación de la ermita de San Pedro el Viejo y, luego, a describir las características artísticas de lo que aún se mantiene en pie.


FUNDACIÓN DE LA ERMITA DE SAN PEDRO EL VIEJO O DE SAN PELAYO


Parece ser que la primitiva ermita pudo fundarse en el año 912, pues éste es el año en que están fechados dos documentos conservados en el cartulario del Monasterio. Uno, el otorgado por Fernán González y su esposa Sancha y otro, el del conde Gonzalo Téllez, su mujer Flámula y la madre y hermano de Fernán González, Muniadona y Ramiro Fernández, respectivamente. Ambos documentos presentan muchas dudas sobre su autenticidad. Hay autores de prestigio como Manuel Zabalza Duque, quien tras revisar profundamente las dos escrituras de fundación concluye que son apócrifas.


Desde luego, la referente a Fernán González no tiene sentido histórico, pues en esa época ni era conde ni estaba casado con doña Sancha. Se sabe que murió en el año 970; su nacimiento es más dudoso, pero muchos autores lo fijan en el año 910. En consecuencia, el anacronismo es evidente. En cuanto a la posible fundación por Gonzalo Téllez, quizá pueda ser más verosímil, dado que por entonces él era el que gobernaba estos territorios con el título de conde.


Los que parecen estar seguros de este último origen son los entusiastas y activos miembros de la Asociación para el Desarrollo de la Tierra de Lara, como constataron el 12 de enero de 2012, a propósito de la celebración de los 1.100 años de la fundación del monasterio. Ese día se leyó el documento fundacional de Gonzalo Téllez en la misma ermita de San Pedro el Viejo, más conocida por el nombre de San Pelayo. El apoyo científico a su tesis se lo ofreció Julio Escalona, profesor miembro del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que impartió previamente una conferencia sobre la citada fundación. Además, ese mismo año 2012 se firmó el documento para digitalizar los documentos procedentes del Monasterio de San Pedro de Arlanza, conservados en el Archivo de los Duques de Alba, relativos al antiguo priorato de San Leonardo, escritos en letra carolina y gótica. Fue el 13 de febrero de 2012 cuando se llevó a cabo la rúbrica del convenio de colaboración entre la Agencia Estatal del CSIC, la Fundación Casa de Alba, la Universidad Carlos III de Madrid y el Ayuntamiento de la localidad soriana de San Leonardo de Yagüe.


POEMA DE FERNÁN GONZÁLEZ Y LEYENDA DE PELAYO


El poema de Fernán González se escribió en el siglo XIII probablemente, según Menéndez Pidal y Carroll Marden, hacia mediados de la centuria y por un monje de San Pedro de Arlanza. Su objetivo era ensalzar las virtudes y hazañas del héroe castellano. Popularmente  se le ha atribuido el papel de conde fundador de Castilla. Aunque es cierto que dependió del rey de León, sí consiguió que, en lo sucesivo, el condado fuera hereditario entre personas de su linaje.


En lo tocante a esta ermita y a la cueva subyacente es muy jugoso lo descrito entre las estrofas 236 y 250


Básicamente, refieren que mientras el conde estaba intentando cazar un jabalí, se alejó de su mesnada para adentrarse en este enclave boscoso. El suido en vez de refugiarse en su cueva, se introdujo en la ermita, situándose tras el altar. Cuando el conde vio tan sagrado lugar se olvidó del animal y pidió a la Virgen María que le diera fuerza y valor para vencer a los paganos en inminente batalla. Poco después entró Pelayo, el cual invitó a Fernán González a comer pan de cebada, pues no tenía de trigo. Durante su estancia el buen monje auguró un gran porvenir al conde, asegurándole que triunfaría sobre las huestes de Almanzor. Aprovechando los buenos designios, Pelayo le pidió que se acordara de su dañado convento, donde vivía con dos monjes más, Arsenio y Silvano. El agradecido conde le prometió, en caso de ganar la batalla, que construiría otra iglesia de más fuertes cimientos, donde vivirían más de cien monjes, una quinta parte de su botín y que esta nueva construcción fuera su lugar de enterramiento.


Son evidentes los anacronismos de esta leyenda, surgida del poema fernandino. Así, por ejemplo, sabemos que este gran conde no coincidió históricamente con Almanzor; el pobre de su hijo, Garci Fernández, sí tuvo que sufrir la ira del temible caudillo musulmán. No obstante, el autor pretendió realzar la importancia histórica tanto del conde como del monasterio arlantino.


Ábside prerrománico


DESCRIPCIÓN DE LAS RUINAS ACTUALES


Lo primero que vemos es la fachada occidental, con una ventana geminada, sobre la cual surge una especie de espadaña.


Si nos acercamos por la cara meridional, la orientada al Arlanza, veremos una pequeña portada románica, con arco de medio punto simple, (con chambrana de nacela), que apoya en jambas rematadas en las correspondientes impostas. Es cruel ver la pérdida de gran parte de la jamba izquierda.


Tras adentrarnos en la ermita vemos que está constituida por una sola nave rectangular (14 x 7,5 m), de planta de salón. Siempre me ha llamado la atención los buenos sillares de las dos paredes o muros, la meridional y la septentrional. En muchos se ven intactas las marcas de los canteros que los fabricaron. Más penoso es ver la falta de techumbre así como el suelo prácticamente desprovisto de enlosado, pleno de maleza, con restos de losas, algún sillar caído y unas cuantas tejas agrupadas en el interior del muro occidental. 


En la cabecera, orientada al este, tenemos los elementos más primitivos y de mayor valor de la iglesia, los auténticamente prerrománicos. De entrada vemos un testero con dos pequeños vanos asaeteados, orillados en la parte superior, enmarcando una puerta alta con arco de medio punto. Tras ella, tenemos el ábside de aspecto cuadrado, cuyos muros poseen sillares muy grandes, bien labrados. Es lamentable comprobar la ausencia de porciones de los muros septentrional y meridional de este ábside.


Se conserva una bóveda apoyada sobre pechinas, que son las que permiten pasar del cuadrado inferior al círculo de la cúpula. Durante una de mis visitas, la del 24 de agosto de 2014, me sorprendió ver que ya no había un vano en la cúpula, pues el sillar que faltaba desde hacía años había sido sustituido por la correspondiente piedra de sillería


Mientras estaba visitando la ermita, percibí gente que se aproximaba. Una dama, que llevaba la voz cantante, parecía entendida, pues decía a sus acompañantes, dos mujeres y un varón, que había una cúpula mozárabe. Al entrar, tras los saludos de rigor, me confirmó que el vano había sido reparado por el actual dueño de la ermita. Es una lástima que el buen señor no fuera asesorado técnicamente, a la luz de los restos de cemento visibles en torno a la cúpula y pechinas. ¡Demontre! ¡Este emblema de Castilla no pertenece a ningún organismo público!



La parte externa del ábside es rectangular, dejando ver en el centro una ventana, rematada en arco de medio punto, labrada en dos grandes sillares.


Envolviendo al ábside hay una construcción muy posterior, con una superficie de unos 50 metros cuadrados. También carece de techumbre, el suelo también está dominado por la maleza y por grandes piedras caídas. Las paredes tienen vigas de sabina (dispuestas en paralelo y diagonalmente) sobre el cascote de mampostería.


En el muro meridional se encuentra la puerta de acceso a esta dependencia. En el septentrional se ven dos ventanas, una pequeña, abocinada; otra, más grande, a la derecha de la primera, enmarcada con buenos sillares. Tras ella tenemos una espléndida vista de las ruinas del monasterio de San Pedro de Arlanza. Según mi criterio, es un verdadero lujo efectuar fotos del monasterio a través de esta ventana enmarcada.


                           Vista de San Pedro de Arlanza desde San Pelayo


Los expertos investigadores del Centro de Estudios del Románico de la Fundación Santa María la Real, aseveran -en el volumen cuarto de Burgos de su Enciclopedia del Románico en Castilla y León- que esta ermita ha atravesado cuatro etapas constructivas: prerrománica, románica, gótica y barroca.


La más relevante y de mayor calidad artística es la prerrománica, que corresponde al ábside, cuyas formas y conceptos de cubrición son semejantes a otros templos de la misma época, como los de los ábsides de San Vicente del Valle, San Félix de Oca y Santa Cecilia. Parece que todos ellos fueron construidos en las últimas décadas del siglo IX.


La parte románica se circunscribe a los muros de la nave y a la portada meridional. La ventana geminada de la fachada occidental la catalogan como gótica. La vivienda posterior, que envuelve y rodea la cabecera la describen como de construcción popular, muy posterior.


VISITA A LA CUEVA


Si volvemos al exterior de su fachada occidental y seguimos unos 20 metros en el mismo sentido (oeste), cogeremos, a nuestra izquierda, una pequeña y semioculta senda. Hay que descender por ella con mucha precaución, por piso irregular y fuerte pendiente. Tras recorrer unos 200 metros llegamos a las cuevas.


Unos metros antes, nos sorprenderá la presencia de dos robustas encinas que dejan visibles sus raíces, como meras serpientes, entre las grietas de las peñas. Las citadas cuevas están en la porción meridional del gran promontorio rocoso que alberga la ermita. A la izquierda se aprecia la entrada enrejada de una gran cueva, donde se han encontrado restos del paleolítico. También es probable que sirviera de cobijo a ermitaños. La otra, a unos 6 metros a la derecha de la primera, desemboca en la cara sureste del peñasco. Si andamos con tiento podremos efectuar unas buenas fotos del río, del sotobosque y de las montañas aledañas.


REFERENCIAS A ESTOS HITOS MONÁSTICOS DE ENRIQUE FLOREZ (SIGLO XVIII)


Hace casi 250 años, Enrique Flórez describió en su gran obra, España Sagrada (páginas 41 y 42 del tomo XVII) las impresiones que obtuvo mientras visitaba esta ermita, como sigue: “En una de las montañas que tiene el monasterio a la vista, hay una ermita que corona la cuesta, bien encumbrada, y como dice Sandoval (en la pág. 308 de los Cinco Obispos) pone miedo mirar abajo, y así lo experimenté yo por mí mismo, pues necesité poner al lado quien me impidiese el desvanecimiento de la vista al entrar dentro de ella. Llámase San Pedro el Viejo. Debajo de esta ermita hay una gran cueva de larga concavidad, a la cual se baja por una boca a modo de silo desde dentro de la ermita, y en la misma cuesta hay otra puerta o ventana exterior hacia el río, pero de entrada muy difícil y peligrosa en el tiempo presente”.


A mí siempre me ha intrigado la referencia al silo del piso de la ermita, que permitía comunicar con la cueva subyacente. Actualmente, no hay ningún vestigio de tal acceso. Quizá sea debido al fuerte deterioro experimentado por la dejadez y abandono del lugar.  Si el buen agustino lo refirió en su gran libro, será porque realmente existió. Eso quiero creer yo.


En cuanto a la dificultad para acceder a la ermita, aún sigue siendo patente. Casi no hay espacio para entrar por la portada principal, la meridional, románica. Si te descuidas un poco, puedes tropezar y caer entre rocas. Por otra parte, Enrique Flórez ya era un hombre de avanzada edad, en torno a los setenta años.


Supongo que “la puerta exterior al río, pero de entrada muy difícil y peligrosa” corresponde con el descenso actual, sinuoso durante los 200 metros de recorrido. La cueva de la derecha es una especie de corredor horadado en la piedra, que desemboca directamente al exterior, pero no al nivel del río, sino a un auténtico precipicio. Unas decenas de metros más abajo fluye el cauce del Arlanza.


BUENA PANORÁMICA


Si volvemos a subir a la ermita es aconsejable situarse detrás de la fachada oriental, la de la dependencia que rodea a la cabecera primitiva, dar unos pasos en dirección sureste y gozar de la excepcional panorámica.


De frente, tenemos, muy abajo, al río Arlanza en pleno meandro, lamiendo este promontorio, más arriba, la ladera cubierta de encinas y sabinas. Más en lontananza, las montañas de Retuerta, cubiertas por un enorme sabinar. Si giramos la vista hacia la derecha, al suroeste, veremos como el río erosiona su margen derecha, dejando los sedimentos en la izquierda.


El soto o bosque en galería está constituido por chopos (Género populus), sauces (Salix alba) y un gran predominio de alisos (Alnus glutinosa). Estos últimos florecen en enero, antes de aparecer las hojas, mostrándose con sus amentos masculinos, de 5 a 10 cm, de coloración rojiza y sus pequeños amentos femeninos (2 cm) de color marrón oscuro.


Estas características hacen muy hermoso este valle, incluso en pleno invierno, de suerte que durante el mes de enero podemos gozar con, al menos, dos hechos: uno, contemplando toda la ribera del Arlanza de llamativos rojos y marrones; otro, la visión de las parejas de buitre leonado (Gyps Fulvus) en pleno vuelo nupcial. ¡Majestuoso! Estas grandes aves, con más de 2,5 metros de envergadura y de 6 a 9 kilos de peso, durante su cortejo, previo a la cópula, planean armónicamente, tan perfectamente dispuestas, superpuestas y conjuntadas, que parecen fusionadas en un solo ejemplar. Personalmente, su contemplación me permite abstraerme y relajarme de forma muy efectiva. Mucho más, si, además, los observo mientras corro por el valle.


PANORÁMICA DESDE SAN PEDRO EL VIEJO


Si miramos al este, a nuestra izquierda, veremos el tramo del río donde los monjes tuvieron su pesquera y su molino. Más al fondo, veremos el cortado rocoso del monte Gayubar, al que los autóctonos del lugar denominan Guijarrón. En sus paredes crían bastantes parejas de buitre leonado, una de alimoche (Neophron percnopterus), algunas de halcón peregrino (Falco peregrinus) y de búho real (Bubo bubo)… A mi espalda, al norte, veremos las ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza, con su claustro herreriano, su pinsapo en el centro del claustro pequeño, la torre románica del siglo XII, restos de la cabecera de la iglesia donde se conservan unos capiteles del siglo XI, un tanto primitivos, el refectorio y demás elementos estructurales.


En fin, recorrer y contemplar estos parajes me resulta muy placentero y saludable, tanto como para organizar, con cierta frecuencia, pequeñas excursiones con amigos, compañeros y familiares, a fin de que descubran sus sobresalientes valores y, quizá, con un poco de suerte,  puedan alcanzar momentáneamente altas cotas de felicidad, esto es, de plenitud del ser o eudaimonia, como diría el gran Aristóteles. Sí, porque hasta es posible que salgan fortalecidos para ser más virtuosos. Ruego a toda la gente que los visite que muestre profundo respeto por conservar y salvaguardar su excepcional patrimonio. Estamos en el valle del río Arlanza, el río del romancero castellano, cuna cultural de Castilla.


Dr. Félix Martín Santos


 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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