Linares de Riofrío: Parajes emblemáticos de la Sierra de las Quilamas

Linares de Riofrio, portal de la Sierra de las Quilamas, dispone de excepcionales parajes, ricos en flora y fauna singulares, cuya visita y contemplación puede enriquecer la salud de los afortunados que los visiten. 

El ascenso desde este pueblo hasta las Peñas del Agua, pasando por el bosque y fuente de la Honfría, para encumbrar, luego, la Sierra Chica y la Perdiguera, a fin de llegar al Hueco, nos permite introducirnos por antiguos territorios del lince y del lobo, emblemáticos mamíferos de nuestra fauna ibérica, que antaño eran los auténticos dueños de estos parajes.


Ascenso por el bosque de la Honfría hasta la fuente homónima: flora singular


Partiremos desde la fuente de la Marina, junto al cartel indicador de la ruta de las Quilamas. Tras recorrer mil quinientos metros, suelo dejar el camino principal para ascender por la cuesta de las Pollinas, a fin de contemplar una parte relevante del bosque de la Honfría. Creo que merece la pena describir un poco la variedad arbórea, arbustiva y herbácea de este excepcional paraje.


El árbol predominante es el castaño, aunque también hay muchos ejemplares de roble melojo, que tienden a rodear al castañar, además de bastantes acebos y avellanos, sin olvidarnos de sus cerezos silvestres, algunos de un porte excepcional.


Su orientación noreste, hace que se beneficie de una baja insolación durante el estío, lo que mantiene altas cotas de humedad. Por otra parte, durante el frío invierno su disposición hacia el este le proporciona una significativa insolación, que tenderá a moderar la temperatura.


Peonías (Peonía broteroi) en la La Honfría (mayo 2015)


El suelo calizo de este bosque contrasta tanto con el predominantemente ácido de las laderas y valles circundantes como para dar refugio a un notable conjunto de joyas florísticas, algunas de las cuales son endemismos ibéricos, como varios jaguarzos (Cistus multiflorus y Cistus poopulifolius), la aguileña (Aquilegia vulgaris, subsp. dichroa), la rosa albardera (Paeonía broteroi), la asperilla o reina de los bosques (Hispidella hispánica), los pajarillos o acicate real (Linaria triornithophora), la escasa y vulnerable verónica (verónica micrantha)...


Narcisos en Peña Tarrera. Camino a la Honfría. (12 de marzo 2016)


Narciso o tarro en la umbría del bosque de la Honfría (12 de marzo 2016)


Este bosque alberga muchos más emblemas florísticos: los tarros o narcisos (Narcissus psudonarcissus subsp. Confusus), la venenosa yerba de San Cristobal (Actaea spicata), la bellísima azucena silvestre (Lilium martagon), la medicinal melisa o toronjil (Mellitis melissophylium), el famoso Sello de Salomón o Lágrimas de la Virgen (Polygonatum odoratum), el orobo o guisante negro (Lathyrus niger), el venenosísimo acónito (Aconitum napellus), pues basta un solo miligramo para matar a una persona de 80 kilos, etc.


Toronjil silvestre. La Honfría (Linares de Riofrío, junio 2015)


Además de las mencionadas quiero resaltar que en este bosque se refugia una planta en claro peligro de extinción (Libro Rojo de la Flora Vascular de España): una “espuela de los caballeros” (Delphinium fissum subsp. Sordidum). Esta ranunculácea presenta, al principio del verano, una inflorescencia racimosa, con 30 a 40 flores moradas con cinco pétalos, el superior prolongado en espolón, de relevante belleza. Si todas estas plantas están protegidas, esta última lo está aún más, pues, como decía antes, está al borde de la extinción.


Bueno, tras esta breve descripción de este emblemático castañar continuaremos con la ruta. En un kilómetro y medio de recorrido se nos acaba la cuesta de las Pollinas y entramos en los merenderos de la fuente de la Honfría. Desde Linares llevamos tres kilómetros recorridos. 


Sendero de las peñas del Agua


Al llegar a la fuente de la Honfría, suelo ascender, ladera a través, entre varios cerezos centenarios y unos merenderos hasta llegar a un pequeño sendero, que está a menos de media centena de metros de este manantial. De esta suerte, nada más remontar la cuesta y acceder al camino veremos a nuestra izquierda un pequeño paso canadiense, que deberemos pasar, a fin de recorrer la centena de metros que nos quedan para llegar a una bifurcación.


Al llegar a la cual, nos encaminaremos por el sendero de la izquierda, que en poco más de tres kilómetros nos conducirá hasta las Peñas del Agua, abandonando, pues, el de la derecha, que nos llevaría al Hueco. Sin embargo, durante el regreso, tras crestear por la Sierra Chica y la Perdiguera, descenderemos a este emblemático paraje para desembocar, luego, en el camino que ahora dejamos a nuestra diestra, cerrando así un auténtico circuito.


Con el propósito de guiar los pasos de los excursionistas que deseen adentrarse por esta singular ruta, dividiré los tres kilómetros que distan hasta las citadas Peñas del Agua en tres sectores: el primero, coincidiendo con el primer kilómetro, que concluye con otra bifurcación, y que nos permitirá ver unos castaños centenarios; el segundo, corresponderá al segundo kilómetro, distancia que hay desde el punto anterior hasta un excelente mirador del bosque de la Honfría y del pico Cervero; el tercero; el kilómetro final, que concluye en las Peñas del Agua.


Aislados castaños centenarios en el extenso melojar


Durante los primeros quinientos metros discurriremos entre numerosas retamas, zarzamoras y helechos, así como bastantes espinos albares y algún escaramujo o rosal silvestre, siendo el árbol predominante, a ambos lados del camino, el melojo o rebollo (Quercus pyrenaica), un excelente creador de fértiles suelos, ricos en humus así como en potasio, fósforo y microelementos. La monotonía arbórea constituida por este tipo de roble se rompe un poco al cuarto de kilómetro, por la presencia, a nuestra derecha, en una pequeña ladera, de cuatro ejemplares de encina. Aunque lo que más me llama la atención es la existencia de un primer castaño centenario, tras recorrer poco más de medio kilómetro por este sendero. Cuando llego a su nivel, salgo del camino por mi diestra y, en poco trecho, me acerco y toco con respeto el musgo que cubre la corteza orientada al norte de su hueco tronco, en parte carbonizado por algún rayo. En realidad, de un corto tronco surgen, paralelos, dos fornidos siameses. A su sombra, en más de una ocasión, he tenido la suerte de oír la ladra del corzo, mientras contemplaba su longevo follaje.



Centenarios castaños (agosto 2015)


Seguimos por el camino durante una centena de metros más para ver otro vetusto castaño, también a nuestra derecha, justo un poco después de pasar por encima de un paso canadiense. A partir de ahora empezamos a ver abundante brezo (género Erika) bordeando el sendero. Los centenarios castaños no acaban aquí, pues, después de hollar otro pequeño tramo de sendero, veremos, a ambos lados del camino, sendos ejemplares de estos emblemáticos árboles, pero esta vez absolutamente secos, aunque rodeados de jóvenes retoños de la misma especie.


Cuando estamos concluyendo el último tercio de este primer kilómetro, observaremos a nuestra izquierda, un anticipo de la panorámica del bosque de la Honfría, que veremos mucho mejor más tarde. Enseguida el camino se bifurca. Nosotros seguiremos por el de la izquierda, continuación del principal, pues el de la derecha asciende hasta la Perdiguera, sirviendo de cortafuegos.  


En pos del mirador de la peña del Guarro, del castañar de la Honfría y del pico Cervero


Durante el siguiente kilómetro de recorrido, el suelo, relativamente mullido del primer sector, se torna realmente pedregoso, aunque no tanto como para limitar nuestro deambular por él. A partir de ahora el rebollar es sustituido por el pinar, que nos rodea por ambos lados. No obstante, rozando el camino, dispuestos en fina hilera, aparecen jóvenes ejemplares de robles, que parecen vigilar nuestros pasos, junto a un estrato arbustivo constituido por brezos y jaguarzo.


Durante todo este tramo, el camino discurre por la ladera septentrional de la Perdiguera. Cuando hemos recorrido unos seiscientos metros de este segundo kilómetro veremos, a nuestra izquierda, junto al camino, dos medianos ejemplares de castaño. Luego, proseguimos un tramo más (280 metros) en línea recta para ver, a nuestra derecha, un pequeño pedregal, aunque de grandes rocas. En este momento, el sendero se incurva a la izquierda, para abandonar la Perdiguera y seguir por la ladera norte de la Sierra Chica. En esta zona de transición podremos apreciar, también a nuestra izquierda, una notable panorámica, que aún será más amplia y hermosa si avanzamos unos trescientos metros más. Pero, ¿qué es lo que podemos contemplar?


Pues colocados en este pequeño mirador (1120 metros de altitud), contemplaremos, al oeste, próximos a nosotros, la silueta de la Peña del Guarro, enclavada en el paraje del Hoyo el Hocino; al noroeste disfrutaremos con la visión de la gran mancha verde del bosque de la Honfría, dominado por el castaño, que, en otoño, nos ofrece una bellísima mezcla de ocres, rojizos y marrones, resultado de la mutación cromática diferente de avellanos, castaños y robles, junto a los siempre verdes acebos. Más en lontananza apreciaremos la mole del Pico del Mojón del Marrano (1385 m.), que la gente de la zona suele reconocerlo más como el Pico de las Tres Rayas o Lindes (Linares, San Miguel de Valero y Navarredonda) y más al noroeste la del Pico Cervero (1465 m). Finalmente, al norte vislumbraremos la enorme mancha de encinas del Campo Charro.


Por la ladera septentrional de la Sierra Chica en pos de las Peñas del Agua


Durante este tercer kilómetro el camino nos conducirá, como dijimos antes, por la ladera norte de la Sierra Chica, teniendo a nuestra izquierda un gran pinar, aunque la denominación de la zona, según los mapas topográficos del Instituto Geográfico Nacional, es la de El Carrasquito. Cuando llevamos recorridos poco más de setecientos metros (770 m.) unas grandes rocas, a la derecha, nos anuncian las próximas Peñas del Agua. Casi durante el medio kilómetro previo, mirando al noreste, hacia Linares de Riofrío, los melojos se constituyen en los árboles dominantes del borde izquierdo del camino. De esta guisa, llegamos, por fin, a las citadas Peñas del Agua, que están, a la izquierda, a cuarenta metros del camino.


Linares de Riofrío, desde las Peñas del Agua (agosto 2015)


Es rara la vez que no llegue hasta aquí y no me encarame sobre estos peñascos, dado que la contemplación de Linares, enfrente y al norte, es muy completa y nítida. A nuestra izquierda, al oeste observaremos el bosque de la Honfría, el pico de las Tres Rayas y el emblemático pico Cervero. A nuestra derecha, al noreste, sobresalen las montañas de la Sierra de Béjar, que prácticamente duplican la altura de estas montañas de la Sierra de las Quilamas así como las del resto de la Sierra de Francia.


A lo largo de la historia, la buena gente de Linares ha ido atesorando una serie de observaciones sobre este emblemático lugar, destacando, sobre todas ellas, una, con la que casi nunca yerran: “Cuando se pone la niebla sobre las Peñas del Agua seguro que llueve en el pueblo”. Un servidor da fe de la calidad y certeza de esta observación meteorológica.


Ascenso desde las Peñas del Agua hasta la cima de la Sierra Chica


Cuando llego hasta aquí desde Linares, tras correr seis kilómetros, suelo regresar por el mismo camino. Sin embargo, cuando algunas veces contemplo la intensa pendiente del cortafuegos que surge a la derecha del camino, justo enfrente (al sur) de estas peñas, en vez de amohinarme, me envalentono y empiezo a subir por el mismo. Poco a poco voy pasando de escalón en escalón, por un pedregoso terreno, mientras me observan los pinos y, sobre todo, algún ejemplar de buitre negro, que con su majestuoso planeo parece darme ánimo para superar el medio kilómetro de duro ascenso.


Tercio final del cortafuegos con Linares al fondo (24-3-2016)


Cuando mi altímetro me marca los 1.242 metros ya he dominado la pendiente, paso entre una joven encina y un retoño de pino, me coloco en otro cortafuegos, que de este a oeste recorre estas cumbres, y empiezo a recrearme con mi suerte. Sí, porque el esfuerzo por ascender ha merecido la pena. La panorámica es de extremada belleza, especialmente si miramos hacia el sureste: abajo, relativamente cerca, tenemos San Miguel de Valero; en lontananza divisaremos la Sierra de Béjar, en todo su esplendor. De izquierda a derecha contemplaremos sus nevadas cumbres: Peña Negra (2098 m.), La Covatilla (pista de esquí), Canchal Negro (2364 m.), El Calvitero (2397 m.), Canchal de la Ceja (punto más alto de la provincia de Salamanca: (2428 m.), Hoya Moros (nacimiento del río Cuerpo de Hombre); Peña de la Cruz (1635 m.), El Torreón (2398 m.), Los Dos Hermanitos (2329 m.) y el Pinajarro (2099 m.)    


Panorámica desde la cima Sierra Chica: mirando hacia Sierra de Béjar (24 de marzo de 2016)


La contemplación de la panorámica citada sirve tanto para descansar físicamente cuanto para estimular nuestra mente. Luego, proseguiremos por la derecha (oeste) un corto tramo de leve ascenso (120 metros de distancia) para llegar al nivel del vértice geodésico del Instituto Geográfico Nacional, en donde llama la atención un óvalo verde con letras mayúsculas blancas, que nos advierte : “LA DESTRUCCIÓN DE ESTA SEÑAL ESTÁ PENADA POR LA LEY”. La altura a este nivel es de 1259 metros.


Vértice geodésico de la Sierra Chica (24 de marzo de 2016)


A continuación llanearemos un poco para enseguida empezar a descender la Sierra Chica; todo ello, sin dejar de gozar con la panorámica, pues a nuestra izquierda (suroeste) se divisa el monte del Castillo de Valero, más en lontananza la imagen vertical de la Peña de Francia; mirando ligeramente a la diestra (NO) apreciamos la imagen del omnipresente Pico Cervero. En el descenso hacia la Perdiguera se observa, a unos trescientos metros de iniciado el mismo, un pequeño montículo de tierra y pequeñas piedras, al que me suelo subir para ver, a la derecha, la majestuosidad del bosque de la Honfría; a la izquierda (SO) se empieza a ver el valle de las Quilamas.


A partir de ahora bajaremos rodeados por pinos, a nuestra derecha; y por altos brezales, a nuestra izquierda. De esta forma completamos los ochocientos metros que hay desde el vértice geodésico hasta el punto más bajo de la ladera occidental de este monte, donde el altímetro marca una altura de 1171 metros. Estamos en una intersección de senderos o, mejor dicho, de cortafuegos, pues nos cruzamos con el que desciende, a nuestra derecha (NE), por un denso pinar hasta el camino por el que accedimos a las Peñas del Agua, justo donde surgía la bifurcación que indicaba el inicio del segundo kilómetro. Si nos dirigiéramos a nuestra izquierda, nos conducirá en pocos metros a una plataforma desde la que divisaremos, inmediatamente abajo, El Lancharejo; más en lontananza, el pueblo de San Miguel de Valero (SE).


Sin apenas espacio para llanear seguimos hacia el oeste, con el propósito de acometer el breve ascenso hasta la cumbre de la Perdiguera (1243 m.). En realidad, sólo tenemos que forzar nuestros cuádriceps durante trescientos sesenta metros de subida por la ladera oriental de este monte, cuya pendiente es netamente menor que la de la Sierra Chica.


Panorámica de la Perdiguera: mirando al sur, hacia San Miguel de Valero y, más en lontananza, la Sierra de Béjar,  (24-3-2016)


Cuando era adolescente y recorría estas cumbres, también disfrutaba mucho con su bella panorámica, aunque lo que más me complacía era verme sobresaltado por los vuelos breves e impetuosos de la perdiz roja así como con la rápida y corta carrera de los múltiples conejos que amenizaban la ruta. Ambos eran el alimento básico del lince ibérico, del águila perdicera y del águila real. ¡Porca miseria! ¡Ahora escasean alarmantemente! La consecuencia es que ya no tenemos ni águila perdicera ni lince ibérico. Ya no podemos decir con orgullo que “estamos en el límite septentrional del lince ibérico”.


No obstante, siempre tengo la esperanza de que se descubra alguna vacuna o/y terapia para solucionar el problema de la mixomatosis y de la neumonía hemorrágica vírica. De esta suerte aumentaríamos las posibilidades de supervivencia tanto de nuestro simpático lagomorfo como de nuestro gran felino ibérico, pues volveríamos a tener un mínimo de un conejo por hectárea y, por consiguiente, el lince podría reproducirse con cierta solvencia.


  

Vista desde la Perdiguera: abajo, el Hueco; en lontananza, la cabecera del valle Quilamas (12 marzo 2016)


Bueno, hay que proseguir hasta El Hueco y aún nos queda algo menos de un kilómetro de distancia (869 metros). Aprovecharemos para volver a disfrutar con la panorámica. Sí, puesto que al poco de iniciar el descenso por la ladera septentrional de La Perdiguera empezaremos a gozar con una de las vistas más completas y hermosas de la cabecera del valle de las Quilamas: enfrente, al oeste, el Pico Porrejón; un poco a la derecha, al noroeste, la oronda cumbre del pico de las Tres Rayas o del Mojón del Marrano, seguido de la forma piramidal del pico Cervero y más en lontananza, casi en línea recta, divisaremos la pirámide truncada del pico de la Cueva Quilama. En el centro, el estrecho valle formado por el encajonamiento del río Quilamas.


Crepúsculo en el Hueco: Mirando hacia el este; Sierra de Béjar (29-5-2015)


Casi sin darnos cuenta, ensimismados con el paisaje, llegamos hasta el paso canadiense del Hueco (1151 metros de altitud). Desde el vértice geodésico de la Sierra Chica hasta este emblemático paraje hemos recorrido unos dos kilómetros (exactamente 1979 metros).


Del Hueco hasta el camino de las Peñas del Agua: cerramos el circuito


Ya sólo nos queda atravesar el paso canadiense en dirección a la fuente de la Honfría. Nada más pasarlo nos encontramos con un buen campo de gramíneas en donde es fácil ver vacas pastando. Subimos un pequeño repecho para descender, luego, rodeado de melojos hasta llegar en corto tramo hasta una bifurcación. Abandonaremos el sendero que sale a nuestra derecha, pues fue el que utilizamos al principio de esta ruta para acceder a las Peñas del Agua. Cogeremos, pues, el de la izquierda, que nos conducirá enseguida a la fuente de la Honfría. Después, sólo nos queda recorrer los tres kilómetros que distan hasta Linares, si optáramos bajar por la cuesta de las Pollinas. Si decidiéramos descender por el camino principal, que pasa por las fuentes del Chapatal y del Cerezo, habría que añadir un kilómetro más. En total, habremos recorrido de doce a trece kilómetros.


Romance de Catalina: elogio a Linares


Para aportar un componente humano a este contenido, relataré  en las siguientes líneas lo acaecido hace seis semanas, el día 24 de marzo, Jueves Santo, cuando me disponía a emprender una visita a estos parajes. Al poco de salir de casa me encontré con Catalina, una octogenaria linarense, a la que inicialmente no había identificado bien, a pesar de que su rostro y andares me resultaban familiares.


—Buenas tardes, señora. Parece que este sol anima a caminar— empiezo a calentar la posible charla.


— ¿Señora? ¿No me conoces? Soy Catalina, amiga de tu madre en nuestros años mozos. —me suelta a bocajarro, tras un alarde de reconocimiento y filiación genealógica.


— Perdóneme, Catalina. Ahora ya caigo. Mi madre guarda muy buen recuerdo de usted— le respondo, intentando disculparme por mi tardanza identificativa.


—Ya lo creo, éramos buenas amigas. —contesta con tono melancólico—. Oye, por lo que veo vas para la Honfría. Ahora la tienes llena de tarros…


   Con sutileza me invita a decirle dónde voy:


— Pues sí, hace dos semanas fotografié a numerosos tarros en Peña Tarrera y, más tarde, en la umbría del bosque de la Honfría, cerca de la fuente del Cerezo - doy respuesta a su invitación- . Ahora, en cambio, voy a correr hasta la fuente de la Honfría, atajando por las Pollinas, para, luego, ascender hasta el Hueco, desde donde pretendo subir por el cortafuegos para acceder a las cumbres de la Perdiguera y de la Sierra Chica, sucesivamente. — acabo atropellándola con la descripción de la ruta del día.


—Pues sí que tienes correa para tanto meneo. ¿Por qué tanto esfuerzo?


—Querida mujer, no sólo voy a disfrutar con el ejercicio físico sino también con la contemplación de unos parajes singulares, que, además, quiero fotografiar para plasmarlos en un artículo que pronto se publicará. —  contesto con aire petulante.


— ¡Ah!, ¿sí? Y se puede saber dónde vas a publicar eso. — me suelta, un tanto sorprendida.


— Pues en un periódico digital de la capital: Tribuna de Salamanca. Ahora ya no informan en papel sino por las redes digitales, por internet, a fin de ser accesible a cualquier ciudadano del planeta. —le respondo y paro presto, pues creo que con tanto pavoneo acabará aturdida.

—O sea que, además de médico, te las tienes de escritor, ¡eh! —me responde con un proyectil en la línea de flotación y en absoluto aturdida—. Pues mira, si quieres yo te puedo contar un romance sobre estas tierras nuestras que a más de uno le gustaría conocer— prosigue, envalentonada.


 — ¿De verdad, Catalina? ¡Me encantaría escucharlo! Y, si no le importara quizá lo añadiría en el artículo.


— Pues, apunta, majo. Que te lo voy a medio cantar. Luego, tú verás si te gusta y merece la pena pasarlo por "internete" o por donde Dios te dé a entender.


De esta suerte, Catalina procedió a declamarme el citado romance, con tal donaire que más que octogenaria parecía una agraciada joven, plena de sagacidad y desparpajo. Veámoslo, pues:

   

"Allá en los años cuarenta

un romancero cantaba

y el pueblo de Linares

con atención escuchaba.

El romancero era un sabio

y se sentía engañado

porque Cervero y la Sierra

se habían enamorado.

¿Cuánto tiempo lleváis juntos

como dos enamorados,

compartiendo en este mundo

todo lo bueno y lo malo?

Con el amor de una madre

la sierra nos ha premiado

con aguas muy cristalinas,

con acebos y castaños.

Los avellanos y tarros,

el orégano muy fresco,

le dan sabor y aroma

a la fuente del Cerezo.

En la fuente de la Honfría

hay castañas y avellanas,

la poza del Culebrón y

el castaño la Morana.

Allá va la despedida

de este humilde romancero

que se siente muy feliz

por vivir en este pueblo.

Nosotras nos despedimos

con mucha sal y salero,

este grupo pensionista

y el señor tamborilero."

  

Mientras observaba el  vigor y la lucidez mental de Catalina, albergaba la esperanza de encontrar “el manantial de la edad”, para distribuir su rejuvenecedora agua a más de un menesteroso. Quizá alguna de las fontanas de estos parajes linarenses sea la verdadera portadora de la juventud, que con tanto ahínco buscaron los protagonistas de la “Fuente de la Edad”, de Luis Mateo Díez (galardonada con el Premio Nacional de Literatura de 1986 y el de la Crítica del mismo año). Empezaría con la fuente de la Marina, seguiría con la del Cerezo, continuaría con la del Chapatal, y, si no hubiera suerte probaría fortuna con el venero de la Honfría. ¿Qué aún seguimos sin notar sus saludables efectos? Pues, por fuentes no será: la del Cántaro, la del Roble, la de la Mata… Aunque también es posible que la pretendida pócima resulte de combinar agua y aire, como me recordaba mi abuelo Félix: “Felisín, hijo, aire tan puro y aguas tan sanas como las de Linares no encontrarás en ninguna parte del mundo”. Convencido estoy de que bastante razón tenía, aunque no más que la de tantos abuelos de nuestra piel de toro peninsular que han dicho, dicen y dirán palabras similares a sus nietos cuando evocan la tierra que los vio nacer, crecer y vivir. 


En fin, llevo toda una vida recorriendo estos benditos parajes, cuna de mis ancestros maternos, sin dejar de emocionarme en ningún momento con la contemplación de sus excepcionales valores: flora singular, con múltiples endemismos ibéricos en la Honfría, algunos en peligro de extinción; una fauna notable, pues, aunque ya no quedan linces ni lobos, todavía hay 45 parejas de buitre negro y tres de águila real en las Quilamas (según censos de la Sociedad Española de Ornitología en el 2006 y en el 2008, respectivamente), además de otras muchas aves y mamíferos; valles y montañas de singular belleza; un relevante patrimonio artístico y cultural; y, sobre todo, la hospitalidad y generosidad de su buena gente.

                                                                      


Dr. Félix Martín Santos


 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.


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6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.


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