Melanoma: Causas, prevención y efectos del café

En las últimas décadas se está observando un aumento preocupante de la incidencia de melanoma cutáneo, probablemente debido a un incremento de las horas de exposición solar por motivos estéticos y lúdicos. Parece que este deseo humano por broncear la piel en aras a conseguir un manipulado canon de belleza no parece complacerle a nuestra superficie cutánea, pues nos castiga dando asiento a tumores malignos, de los cuales los melanomas son los que más muertes ocasionan (80% del total), a pesar de ser los menos frecuentes (4% del total). 

Es fácil entender que las medidas de prevención primaria más efectivas para reducir la tasa de incidencia de estos tumores son las tendentes a protegernos de las temibles radiaciones ultravioletas por los métodos que han demostrado eficacia comprobada y que, luego, recordaremos. Además, este artículo servirá también para revelar la posible capacidad protectora de las radiaciones solares y, por tanto, preventiva de melanoma de un método un tanto insólito a tal efecto: el consumo regular de café. 


IMPORTANCIA DE LOS CÁNCERES DE PIEL


Los  tumores malignos de piel tienen la triste fama de ser los más frecuentes en el mundo: el carcinoma basocelular, el de mayor prevalencia, caracterizado por un desarrollo lento, no tendente a invadir en profundidad ni a propagarse a distancia (metastatizar); el carcinoma escamoso o epidermoide, menos frecuente y con mayor capacidad de invasión local. Sin embargo, la piel también puede experimentar mutaciones malignas en las células que producen la protectora melanina, los melanocitos, originando de esta forma el melanoma maligno o invasivo. Su nombre ya nos dice mucho: su capacidad de invadir tanto localmente, en profundidad, como a distancia, a los ganglios linfáticos y a otros órganos. Obviamente este temible tumor es el responsable de la inmensa mayoría de las muertes atribuibles a cánceres cutáneos. 


DATOS ESPAÑOLES


El año 2016 alumbró la más completa revisión sobre la incidencia y mortalidad del cáncer de piel en España 1. Los autores, dermatólogos y oncólogos de diversos servicios españoles (Lugo, Vigo, Córdoba, Madrid y Girona) y de Europa (Interdisciplinary Research Institute, Université libre de Bruxelles), seleccionaron 32 trabajos de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN) y de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (ARC). Tras emplear un riguroso aparato estadístico, comprobaron que la tasa de incidencia de melanoma fue de 8,7 casos por 100.000 personas año. Claramente menor que la de los otros tumores malignos de piel: la del carcinoma basocelular fue de 113/100.000 personas/año (cuando consideran un solo tumor por persona) hasta 253/100.000 personas (cuando se cuentan varios tumores por persona) mientras que la incidencia de carcinoma basocelular fue de 38 casos por 100.000 habitantes año.


En cuanto a la tasa de mortalidad, el melanoma se lleva la palma, pues fue más del doble que la de los otros tumores malignos de piel ( 2,17 por 100.000 personas año frente a 1/100.000 personas/año, casi toda ella dependiente de un subgrupo de alto riesgo de la variedad de carcinoma epidermoide).


COMPARACIÓN INTERNACIONAL


Estas cifras españolas son netamente inferiores a las observadas en los países del norte de Europa, pues su tasa de incidencia es de 19 casos nuevos de melanoma por 100.000 habitantes, el doble que las nuestras. La diferencia es aún mayor cuando comparamos nuestras cifras con las de EE.UU (más de 20 casos por 100.000 personas año) y, sobre todo, con Nueva Zelanda y Australia (más de 60 casos por 100. 000 personas año).


La tasa de incidencia más alta se observa, pues, en países con intensa irradiación solar y cuya población blanca no es nativa de los mismos, como así acontece en Nueva Zelanda, USA, Australia y Sudáfrica.


En los últimos veinte años se ha apreciado un notable aumento de la incidencia mundial de este tumor maligno (de un 3% a un 7%), como así se ha constatado en los registros de cáncer de Australia, Nueva Zelanda o Estados Unidos. En Europa se diagnostican unos 60.000 nuevos casos al año. 


REGISTRO NACIONAL DE MELANOMA CUTÁNEO


Dado que los registros de melanoma en nuestro país estaban englobados en el registro general de cánceres, los datos sobre los factores de riesgo, características de la enfermedad y tratamientos recibidos por los pacientes brillaban por su ausencia. Para solucionar esta carencia, en 1997 se creó el Registro Nacional de Melanoma Cutáneo (RNMC), impulsado por la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Efectivamente, este organismo  pretende dar a  conocer tanto la incidencia verdadera de este tumor cuanto sus características clínico-patológicas y pronósticas observadas en el momento de efectuar su diagnóstico.


Se entiende que la información obtenida ayudará en el control epidemiológico, además de suministrar una valiosa orientación a la AEDV, a la hora de establecer sus periódicas campañas preventivas. La comunicación anual de casos a este registro se ha mantenido muy estable durante los 14 años transcurridos desde 1997 hasta el 2011, situándose en torno a los 900 pacientes. En total, el RNMC alberga información de 14.039 pacientes. El éxito conseguido ha sido tan boyante que no sólo ha permitido publicar sus resultados en noviembre de 2013 en la correspondiente publicación científica (ACTAS Dermo-Sifiliográficas) 2 sino también desarrollar una segunda fase del proyecto, con el propósito de evaluar la efectividad de los tratamientos disponibles y, por ende, la supervivencia global de los pacientes españoles. Esta segunda fase ha durado dos años; desde junio de 2012 hasta el 15 de junio de 2014, durante los cuales el número de casos incluidos ha llegado hasta los 17.330. No tardando mucho se publicarán los resultados en un artículo que ya tiene nombre: “Registro Nacional de Melanoma Cutáneo: Evaluación de la supervivencia global en pacientes españoles”. Hasta entonces, nos conformaremos con los resultados de la primera parte del proyecto, que tienen que ver con las características de los tumores registrados durante este periodo (1997 - 2012), así como con la evolución de los principales factores pronósticos asociados al mismo. En las siguientes líneas vamos, pues, a referir las conclusiones más relevantes obtenidas por los responsables del estudio, como sigue:


·         Se apreció una mayor prevalencia de melanoma en las damas que en los varones, pues fue un 13% más frecuente en ellas. Dato coincidente con la mayoría de los registros españoles e internacionales.


·         La edad media de los pacientes en el momento del diagnóstico fue de 57 años.


·         La localización más frecuente fue en el tronco (37,1%), siendo la extremidad inferior la segunda localización más prevalente (27,3%). Este dato coincide con lo publicado hasta ahora tanto a nivel internacional como nacional. Las mujeres lo sufrieron más en la extremidad inferior, mientras que los hombres lo padecieron más en el tronco. La causa de esta diferente predilección debería ser objeto de la correspondiente investigación. Quizá se deba al diferente modo de exponerse al sol elegido por unos y por otras.


·         El tipo clínico-patológico más frecuente fue el melanoma de extensión superficial (62,6%), tanto en varones como en mujeres, seguido del melanoma nodular (16,8% de los casos).


·         El 86,2% de los casos tenían enfermedad localizada; el 9,9% tenía metástasis regionales (1.188 pacientes); el 3,9% tenían metástasis a distancia (479 pacientes).


·         En los hombres se apreció, independientemente de la edad, un mayor espesor del tumor y una proporción mayor de tumores ulcerados, con enfermedad metastásica y niveles elevados de lácticodeshidrogenasa (p<0,0001), que indican una mayor carga tumoral.


·         Los melanomas nodulares también fueron más frecuentes en los hombres a partir de los 41 años. Este tipo clínico muestra un carácter más agresivo, dado que su velocidad de crecimiento es mayor que la de los otros tipos de melanoma y, por ende, su mortalidad también es más alta.


·         Por todo lo mencionado anteriormente, las campañas preventivas deben orientarse a la población, en general; y a los hombres, en particular, porque el colectivo varonil mayor de 50 años es el que sufre los tumores de mayor espesor y de más agresividad. Es posible que tal hecho se deba a que los varones sean menos proclives a seguir las medidas de prevención secundaria de este tumor maligno (diagnóstico precoz mediante revisiones cutáneas periódicas y tratamiento inmediato).


·         Los firmantes de esta primera parte del proyecto aconsejan que el melanoma se convierta en una Enfermedad de Declaración Nacional Obligatoria, como ya lo es en EEUU (desde el 2010) y en Australia.



CAUSAS


Tanto la Sociedad Española de Oncología (SEOM) como la Asociación Española contra el Cáncer (aecc) coinciden con otras sociedades científicas internacionales, como la prestigiosa Sociedad Americana contra el Cáncer (ACS), en su apreciación sobre los principales factores de riesgo de desarrollar melanoma. Pues bien, a lo largo de las siguientes líneas vamos a intentar describirlos:


1.       Exposición a la luz ultravioleta


En el momento actual la comunidad científica internacional no duda de que el principal factor de riesgo de melanoma se identifica con la exposición a los rayos ultravioleta (UV), especialmente con la exposición excesiva al sol y a otras fuentes artificiales, como las lámparas solares y las camas bronceadoras. Efectivamente, los rayos UV deterioran tanto el ADN de las células de la piel como para promover el crecimiento descontrolado y maligno de las mismas.

                    

Tipos de rayos UV


Según la Asociación Americana contra el Cáncer, de los tres tipos de rayos ultravioletas, dos son los que realmente llegan a afectarnos, los UVA y los UVB, pues los UVC no penetran en nuestra atmósfera. De los realmente dañinos, los UVB tienen más energía que los UVA, pues son capaces de dañar directamente el ADN (Ácido Desoxirribonucleico), por lo que son los máximos responsables de las quemaduras solares y de la mayoría de los cánceres de piel.


Los rayos UVA tampoco son inocentes, dado que envejecen a las células de la piel e incluso pueden también dañar su ADN. Por ello, son responsables tanto de las arrugas como de la génesis de algunos tipos de cáncer. Tengamos, pues, cuidado con las camas bronceadoras, puesto que emiten grandes cantidades de estos rayos UVA que, como estamos diciendo, incrementan el riesgo de cáncer de piel.

                  

Investigaciones recientes están vislumbrando la seria posibilidad de que la exposición a la citada radiación ultravioleta pueda originar melanomas de perfil diferente. Así, en algunos casos estarían asociados a exposiciones desmedidas durante la infancia y la adolescencia, causantes en muchos casos de quemaduras solares, lo que empezaría a dañar el ADN de los melanocitos desde tan temprana edad. De esta forma se iniciaría una especie de lenta ruta hacia la aparición de melanomas muchos años después. De ahí viene un término que empieza a popularizarse: “La piel tiene memoria”. Algo de esto debe de suceder para que estos tumores malignos aparezcan frecuentemente en el tronco y en las piernas de adultos que usualmente tienen cubiertas tales superficies cutáneas. Sin embargo, en otros casos los melanomas aparecen en el cuello, rostro y brazos, zonas habitualmente expuestas a la radiación ultravioleta, pues no están cubiertas por ropa.


Además de los citados perfiles de desarrollo de melanomas hay que mencionar otros un tanto diferentes, pues aparecen en superficies donde la exposición solar ha sido mínima o inexistente, como los originados en las palmas de las manos, las plantas de los pies, en superficies mucosas internas como la boca y la vagina, e incluso los que aparecen debajo de las uñas.

    

2.       Lunares


Un lunar o nevus es un tumor pigmentado de carácter benigno. La mayoría de ellos no se transformarán nunca en un melanoma, aunque una persona con muchos lunares (50 o más) tiene más riesgo de que alguno pueda experimentar tal transformación maligna. Usualmente los nevus  no aparecen en los bebés en el momento de su nacimiento sino que tienden a aparecer en la infancia y al inicio de la vida adulta.  Son, pues, menos frecuentes los nevus de carácter congénito, bien grandes, de mayor riesgo, o pequeños. En ambos casos es bueno que los ciudadanos sepan los signos de atipia, es decir, los cambios que experimenta un lunar cuando empieza a malignizarse. Pero eso lo dejaremos para después, cuando hablemos de las medidas de prevención secundaria. 



En cualquier caso, las tres cuartas partes de los melanomas aparecen de novo, esto es, sin asentar sobre lunares preexistentes.


3.       Características personales que predisponen a desarrollar melanomas


A nadie se le escapa que el color de la piel ayuda a establecer el riesgo de melanoma. Es evidente que la aparición de este tumor es mucho más frecuente en personas de raza blanca, con menos cobertura de melanocitos productores de la protectora melanina, que en los de raza negra. Entre los de tez blanca el riesgo varía según sea su fototipo, el cual depende de la capacidad de broncearse, del color de la piel, de los cabellos, así como del de los ojos. Cuando una persona tiende a sufrir fácilmente quemaduras solares es porque tiene un fototipo bajo y, por consiguiente, más riesgo de melanoma. Pero, ¿cuáles son los fototipos característicos en nuestra latitud? Pues son cuatro. Veámoslos:


-          Las personas del fototipo I son de ojos azules, cabello pelirrojo y piel pecosa. Con estos ingredientes es fácil entender que tiendan a quemarse siempre, pues su capacidad para broncearse es nula.


-          Los del fototipo II tienen el cabello rubio, la piel blanca en invierno y los ojos azules o verdes. En consecuencia, su capacidad para broncearse es poca, aunque mayor que los del grupo anterior, por lo que suelen sufrir quemaduras solares más esporádicamente.


-          Los sujetos del fototipo III son de cabello castaño, de ojos marrones o grises y de piel morena en invierno.  Por todo ello, tienen buena capacidad para broncearse y raramente se queman por el sol.


-          Los ciudadanos del fototipo IV son de cabello negro, de ojos marrones o negros, y de piel morena racial. Con esta combinación de rasgos es fácil comprender que se trata del colectivo con más resistencia a las radiaciones ultravioletas, dado que su capacidad para broncearse es muy buena y prácticamente nunca sufren quemaduras solares.


4.       Antecedentes familiares o personales de melanoma


Hasta el 10% de las personas que sufren melanomas tienen antecedentes familiares con el mismo problema. Es complejo discernir entre un proceso adquirido o medioambiental, como lo es el compartir la misma afición por broncearse, o un proceso hereditario, esto es, por una mutación genética.


Las personas que ya han sufrido un melanoma tienen más riesgo de sufrir otro que los que nunca lo han padecido.


5.       Xeroderma pigmentoso


Los individuos que tienen esta enfermedad genética disponen de unas células cutáneas absolutamente incapaces de reparar los daños ocasionados por la radiación ultravioleta. Por desgracia para ellos el riesgo de desarrollar un melanoma en edades precoces de la vida es muchísimo mayor que en la población general: 2000 veces superior.


MEDIDAS PREVENTIVAS


Primero vamos a analizar las medidas que pueden contribuir a reducir la tasa de incidencia, esto es, de nuevos casos de melanoma (prevención primaria). Después describiremos las medidas tendentes a diagnosticar precozmente este tumor maligno, como cuando, por ejemplo, acaba de surgir y aún no ha rebasado la membrana basal de la epidermis (carcinoma in situ), con el propósito de extirparlo absolutamente y conseguir una curación total (prevención secundaria).


Medidas de prevención primaria


Dado que el factor de riesgo más reconocido de desarrollar este proceso maligno tiene que ver con un hábito que, a todas luces, resulta nocivo, cual es la exposición a los rayos ultravioleta, será preciso ejercer una buena labor de educación para la salud para convencer a la población de que debe protegerse de tal exposición. Precisamente, éste es uno de los doce consejos del reciente Código Europeo Contra el Cáncer (octubre 2014) para prevenir los tumores malignos en Europa.3  Un año más tarde, en diciembre de 2015, se publicó en una revista científica de prestigio (Cancer Epidemiology) una exhaustiva revisión sobre el tema (Ultraviolet Radiation and Cancer), elaborada por investigadores participantes en el desarrollo de este código.4


En realidad, todo se reduce a limitar la exposición solar natural durante las horas de más insolación, manteniéndose a la sombra; emplear ropa protectora y cremas anti solares; evitar absolutamente broncearse por medios artificiales como las camas bronceadoras y lámparas solares. Además, habrá que proteger especialmente a los niños, pues está comprobado que las exposiciones solares durante la infancia elevan mucho el riesgo ulterior de melanoma en la vida adulta.


En este sentido, me complace mucho la sencillez y la fuerte carga pedagógica empleada por la Asociación Americana contra el Cáncer cuando aconseja a los ciudadanos en los siguientes términos:


·         Limite su exposición a los rayos ultravioleta

    La forma más efectiva de reducir el riesgo de melanoma es protegerse de la exposición a los rayos UVB, por lo tanto, cumpla con las medidas de protección contra el sol al estar al aire libre.


·         Busque la sombra

   Mantenerse a la sombra es una de las mejores medidas para limitar la exposición a la radiación ultravioleta.


·         ¡Póngase, úntese, colóquese…y use!

    Si va a gozar un tiempo al aire libre, esta popular frase le ayudará a recordar algunos de los pasos clave para protegerse efectivamente contra los rayos ultravioleta:

o   ¡Póngase una camisa!

o   ¡Úntese con crema protectora contra el sol!

o   ¡Colóquese un sombrero!

o   ¡Use lentes de sol para proteger los ojos y la piel sensible en torno a éstos!


·         Evite las camas bronceadoras y las lámparas de sol

    En contra de lo que creen bastantes personas, las camas bronceadoras y solarios son muy perjudiciales, dado que los rayos UVA que emiten pueden causar daños cutáneos a largo plazo y, en consecuencia, contribuir al desarrollo de cáncer de piel. El riesgo de melanoma es especialmente relevante cuando la gente se expone, antes de cumplir los 30 años de edad, a tales sistemas artificiales de bronceado.


·         Protega a los niños del sol

    Los niños requieren un cuidado especial, pues tienden a pasar más tiempo al aire libre y, por consiguiente, pueden quemarse más fácilmente. Los padres y los cuidadores deben protegerlos de la excesiva exposición solar, siguiendo los pasos descritos previamente. Además, es de especial trascendencia informar a nuestros infantes sobre los daños ocasionados por la exposición excesiva al sol,con objeto de que se motiven para adoptar conductas protectoras de tal irradiación. 


Fotoprotectores


Llegado este punto me parece adecuado resaltar que las cremas protectoras del sol, tanto las de naturaleza química como las pantallas físicas, deben ser realmente efectivas, con protección alta, de 50 (filtra el 50% de la radiación, pero no más), que protejan realmente contra las radiaciones ultravioleta A y B, fotoestables, renovándose, al menos, cada dos horas. No valen ridículas protecciones, por un ingenuo temor a no conseguir el grado de bronceado deseado. ¡Porca miseria! Esa creencia es una causa frecuente de mala y escasa protección contra las radiaciones ultravioletas. 


Medidas de prevención secundaria


Durante la Campaña Euromelanoma 2016, auspiciada por la Fundación Piel Sana , encuadrada dentro de la AEDV, se ha insistido en un mensaje: “ Una mancha que cambia, puede cambiar tu vida. Consulta al dermatólogo”.


Efectivamente, una medida efectiva de prevención secundaria consiste en la revisión de los lunares. Bueno, antes considero crucial no alarmar al personal. Por ello, enfatizaré que los lunares son inicialmente tumores benignos y, en gran parte de las personas, permanecerán como tales durante toda su vida. No obstante, es conveniente consultar al dermatólogo cuando se observa un lunar nuevo, inusual, o cuando apreciamos cambios en un lunar conocido. Pero, ¿en qué tenemos que fijarnos?, ¿qué signos son preocupantes?, ¿qué nos ayudará a distinguir un lunar normal de un melanoma? Para contestar a estas preguntas me basaré en la regla del ABCDE descrita por la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Describámosla:


- Asimetría: cuando la mitad de un lunar no es igual que la otra mitad.


- Bordes irregulares: cuando los bordes son desiguales, borrosos o dentados.


- Colores: es un signo de alarma la aparición de colores rojizos, azulados y blanquecinos  sobre las lesiones de color negro.


- Diámetro: cuando el lunar es mayor de 6 mm o apreciamos que aumenta de tamaño.


- Evolución: cuando el lunar experimenta cambios evolutivos en color, tamaño, sangrado…


Es preciso saber que el aspecto de todos nuestros lunares debe ser muy parecido, o sea con la misma forma y los mismos colores. Si apareciera una nueva lesión, diferente del resto, podría ser sospechosa. Es lo que se conoce como el signo del “Patito Feo”.


En principio, es aconsejable efectuar una autoexploración mensual de los lunares distribuidos por nuestro cuerpo, especialmente cuando son múltiples. En el caso de observar alguno de los signos de alarma anteriormente mencionados habrá que solicitar una consulta al dermatólogo, a fin de que proceda a efectuar la correspondiente evaluación.


En cualquier caso, es muy recomendable que las personas efectúen visitas periódicas al dermatólogo, aunque no se observe ningún signo de alarma, sobre todo si se trata de varones en la quinta década de la vida,  pues, al menos en España, son los que presentan los melanomas de peor pronóstico, por su mayor grosor y por su predilección por las peligrosas formas de melanoma nodular.


¿EL CONSUMO DE CAFÉ PUEDE TENER UN CIERTO EFECTO PREVENTIVO DE DESARROLLAR MELANOMAS?


Desde hace décadas se sabe que la cafeína y otros compuestos del café, como el ácido clorogénico, potente antioxidante, y los diterpenos, cafestol y kawheol, así como la trigonelina exhiben in vitro, en experimentos con animales, un notable efecto protector de la piel frente a las radiaciones ultravioleta. En las siguientes líneas intentaré resumir varios estudios epidemiológicos y revisiones efectuadas en humanos, cuyos resultados parecen apuntar un significativo efecto preventivo del café sobre el desarrollo de este tumor maligno.


Cortesía Adrián Rodríguez: cafetería Nuberu. Valladolid


Estudio prospectivo (cohortes)


Empezaremos con el estudio prospectivo sobre Dieta y Salud desarrollado por miembros de los Institutos Nacionales de Salud de USA (NIH-AARP Diet and Health Study), cuya evaluación de los efectos del café, entre otros múltiples alimentos, sobre un amplio abanico de enfermedades está cosechando unos frutos muy jugosos. Con respecto a la posible asociación entre el consumo de café y el riesgo de melanoma cutáneo hubo que esperar hasta enero de 2015 para leer la correspondiente publicación en una revista de gran relieve (Journal of the National Cancer Institute) 5. Intentemos analizarla.


Responsables de los citados NIH estudiaron y siguieron a 447.357 blancos no hispanos de Estados Unidos, de 50 a 71 años de edad, libres de cáncer al inicio del estudio, durante una media de 10,5 años. Al cabo de los cuales se diagnosticaron 2.904 nuevos casos de melanoma. Tras emplear el correspondiente aparato estadístico (regresión proporcional de Cox, entre otras técnicas), comprobaron que las personas que habían referido beber más café (cuestionarios de frecuencia de alimentos) mostraban una asociación inversa con el melanoma maligno. De esta suerte, los bebedores de 4 ó más tazas de café al día veían reducido en un 20% el riesgo de desarrollar melanoma, cuando se los comparaba con los no bebedores (HR: 0,80; 95% CI: 0,68 a 0,93). Además, se pudo precisar que tales beneficios sólo se observaban en los que consumían café con cafeína (HR:0,75,  95% CI: 0,64 a 0,89), pero no en los que lo tomaban descafeinado.


Estos autores, capitaneados por Erikka Loftifield, revelaron que la reducción del riesgo de melanoma se aprecia en sus formas invasivas, no en los carcinomas in situ. Quizá como consecuencia de una supuesta capacidad del café para frenar la progresión de estos tumores malignos.


También recalcan que su estudio es el que ha gozado de la mayor cohorte de personas (casi medio millón) y, por ende, del de mayor incidencia de melanoma (2904 casos nuevos), seguidos y evaluados durante una década (4.329.044 personas-año de seguimiento). Ambas características (muestra muy representativa durante un largo tiempo de observación) hacen que las conclusiones obtenidas puedan ser proyectadas a la población general. Además, controlaron exhaustivamente todas las variables de confusión (tabaco, alcohol, actividad física, ingesta de carnes rojas, verduras, pescado…) que pudieran falsificar los resultados.


Siguiendo con sus reflexiones, Erikka y colegas llegan a criticar las conclusiones de otro gran estudio prospectivo sobre la relación entre la ingesta de cafeína y el cáncer de piel, cual es el desarrollado por miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard en su gran muestra de profesionales de la salud (51.529 varones médicos, dentistas…) y enfermeras (121.700), pues al cabo de 20 años de seguimiento observaron una significativa reducción del riesgo del cáncer más frecuente de piel, el carcinoma basocelular, entre la cohortes de mujeres y de hombres que bebían más de tres tazas de café al día (21% y 10% de reducción, respectivamente), cuando eran comparados con las personas que no bebían café o lo hacían mínimamente (menos de una taza al mes), sin embargo, no aprecian ninguna reducción del riesgo de melanoma.6 Pues bien, los del Instituto Nacional del Cáncer cuestionan a los de Harvard porque en los resultados de éstos sólo aparecieron 737 melanomas, cuatro veces menos que los suyos (2904 casos), lo que hace que el poder estadístico sea sensiblemente menor y, por lo tanto, insuficiente para demostrar una verdadera asociación (en este caso, inversa).


Los citados investigadores del NIH (Erikka y colegas) concluyen diciendo: “Un mayor consumo de café se asocia con una moderada reducción del riesgo de melanoma maligno en esta gran cohorte de ciudadanos de USA. En consecuencia, está justificado efectuar nuevos estudios que valoren la ingesta de café y sus principios activos, especialmente la cafeína, con el riesgo de desarrollar melanoma.”


Adrián Rodríguez preparando un café: premio al mejor latte art en campeonato baristas Castilla y León 2016 (Fórum Café) y subcampeón del mismo




META-ANÁLISIS SOBRE EL TEMA


Un año más tarde, se publican los resultados de una revisión exhaustiva de estudios previos (meta-análisis) que versan sobre el tema, que son concordantes con los resultados anteriores: el consumo de café con cafeína reduce significativamente (19%) el riesgo de desarrollar melanoma. Veámoslo.


Los autores revisaron bases de datos internacionales (PubMed y MEDLINE) sobre estudios observacionales que valoraron la citada relación entre el consumo de café y melanoma. De esta forma seleccionaron dos estudios de casos y controles (846 melanomas y 843 controles) y cinco estudios de cohorte (de 844.246 personas seguidas durante un tiempo prolongado se diagnostican 5737 nuevos casos de melanoma). Tras el correspondiente análisis llegaron a observar que los que bebían más café tenían un riesgo relativo del 0,81 (CI: 0,68-0,97), esto es, veían reducido en un 19% el riesgo de desarrollar melanoma, cuando se los comparaba con los no bebedores de café. Además, la relación dosis-respuesta permitía precisar que con cada taza de café con cafeína se reducía el riesgo un 4,5 %. 7


También comprobaron que el café descafeinado no ofrecía tales ventajas. Aunque lo más curioso de su estudio fue observar que las únicas que se beneficiaban del consumo de café eran las damas, puesto que en los varones no apreciaron reducciones significativas del citado riesgo. Como tal hecho no les pareció muy lógico, se atrevieron a atribuirlo al mayor consumo de alcohol y tabaco por parte de los varones que consumían más café. Creen, en consecuencia, que el efecto protector del café sobre la piel sometida a las radiaciones ultravioletas pudiera diluirse en los hombres por asociarse a estos dos potentes carcinógenos: alcohol y tabaco.


Los autores de esta revisión concluyen afirmando: “Nuestro meta-análisis revela que el consumo de café con cafeína puede tener efectores quimio-preventivos de melanoma maligno, pero no el café descafeinado. Sin embargo, se requieren más estudios prospectivos y experimentales para confirmar estos hallazgos".


  Juan José Rodríguez preparando una especialidad de café con zumo de naranja


HIPÓTESIS MÁS PLAUSIBLES 


Existen múltiples estudios en animales de experimentación que prueban que la cafeína tiene un efecto preventivo de desarrollar melanoma. Veamos algunos:


-          La cafeína reduce los daños por quemaduras solares en la epidermis de ratones de laboratorio. 8, 9


-          Aplicaciones tópicas o locales de cafeína aumenta la apoptosis o suicidio de las células de ratones dañadas por radiaciones ultravioleta (UVB), pero no afecta a las células sanas, no dañadas por las citadas radiaciones. Quiere esto decir que la cafeína favorece la destrucción de las células dañadas, para que así no sufran transformaciones malignas. 10


-          La administración de cafeína incrementa la eliminación de células cuyo ADN ha resultado dañado por las radiaciones UVB, también de ratones. 11


-          La cafeína reduce las metástasis pulmonares y reduce el desarrollo tumoral de células de melanomas. 12  


-          Administraciones orales y tópicas de cafeína inhiben el desarrollo cancerígeno inducido por las radiaciones UVB mediante la absorción de las mismas, como si fuera una efectiva crema anti solar. 13


Además de la cafeína, el café posee otros compuestos químicos de reconocido efecto antitumoral. Citemos algunos:


-          El ácido clorogénico (ácido 5-0 cafeoilquínico) y su metabolito activo, el ácido cafeíco son capaces de suprimir el desarrollo cancerígeno inducido por radiaciones UVB sobre células epidérmicas de ratones, merced a que inhibe a una enzima (ciclooxigenasa 2), que suele activarse en respuesta a la exposición a la citada radiación ultravioleta (UVB).14


-          Estudios in vitro han demostrado que los diterpenos, cafestol y kawheol, inducen apoptosis (suicidio celular) y protegen del estrés oxidativo y daño del ADN.15


-          Estudios in vivo han revelado que la aplicación tópica de diterpenos inhibe la inflamación en células epidérmicas. 16


-          Durante el tueste del café la trigonelina (alcaloide) se transforma en ácido nicotínico (vitamina B 3) y nicotinamida. Pues bien, un reciente estudio ha mostrado que la nicotínamida ejerce un efecto protector contra la carcinogénesis cutánea inducida por las radiaciones UVB sobre ratones así como también evita la supresión del sistema inmune causada por las citadas radiaciones ultravioletas tanto en ratones como en humanos.17


Adrián Rodríguez y Juan José Rodríguez: primero y segundo del campeonato de baristas de Castilla y León 2015 


En fin, para no abrumar más con tantas hipótesis, concluiremos diciendo que rigurosos estudios epidemiológicos parecen mostrar una asociación inversa entre el consumo de café y el riesgo  de melanoma maligno, que puede traducirse en una reducción de hasta un 20% del riesgo de desarrollar el citado cáncer.


En lo que a mí respecta, cada vez estoy más convencido de que los estilos de vida que más pueden contribuir a incrementar la esperanza de vida en buena salud se identifican con la práctica de ejercicio físico regular, con una alimentación a base de nuestra Dieta Mediterránea y con el consumo regular y prolongado de café natural, a poder ser especial de cafeto arábica, preparado y servido con buena técnica barista. Si, además, somos capaces de tejer una saludable red social  es más probable que la esquiva felicidad nos acompañe durante gran parte de nuestra existencia.  


                                                                  


                                                       Dr. Félix Martín Santos



Bibliografía:


1 Incidencia y mortalidad del cáncer cutáneo en España: revisión sistemática y metaanálisis. Actas Dermo-Sifiliográficas. 2016. Tejera Vaquerizo et al. Http://dx.doi.org/10.1016/j.ad.2015. 12.008.


2 Registro nacional de melanoma cutáneo. Características del tumor en el momento del diagnóstico: 15 años de experiencia. The Spanish National Cutaneous Melanoma Registry. Tumour characteristics at Diagnosis: 15 Years of Experience L. Ríosa, E. Nagoreb, J.L. Lópezc, P. Redondod, R.M. Martíe, R. Fernández-de-Misaf, B. Soler   Actas Dermosifiliogr.2013;104:789-99 DOI: 10.1016/j.ad.2013.02.003


3 European Code Against Cancer: 12 ways to reduce your cancer risk.  International Agency for Research on Cancer. World Health Organization. October 2014


4 Greinert, R., de Vries, E., Erdmann, F., Espina, C., Auvinen, A., Kesminiene, A. et al.European Code against Cancer 4th Edition: ultraviolet radiation and cancer. Cancer Epidemiol. 2015;  39: S75–S83


5 Coffee Drinking and Cutaneous Melanoma Risk in the NIH-AARP Diet and Health Study

Erikka Loftfield, Neal D. Freedman, Barry I. Graubard, Albert R. Hollenbeck, Fatma M. Shebl,Susan T. Mayne and Rashmi Sinha. JNCI J Natl Cancer Inst (2015) 107(2)


6 Increased caffeine intake is associated with reduced risk of basal cell carcinoma of the skin. Cancer Res. 2012;72(13):3282–3289. Song F, Qureshi AA, Han J


7 Higher Caffeinated Coffee Intake Is Associated with Reduced Malignant Melanoma Risk: A Meta-Analysis Study Jibin Liu, Biao Shen, Minxin Shi, Jing Cai  PloS One 2016; 11; January 27


8 Zajdela F, Latarjet R (1978) Inhibition of skin carcinogenesis in vivo by caffeine and other agents. Natl Cancer Inst Monogr: 133–140.


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10 Lu YP, Lou YR, Li XH, Xie JG, Brash D, Huang MT, et al. (2000) Stimulatory effect of oral administration of green tea or caffeine on ultraviolet light-induced increases in epidermal wild-type p53, p21(WAF1/CIP1), and apoptotic sunburn cells in SKH-1 mice. Cancer Res 60: 4785–4791. pmid:10987287


11 Lu YP, Lou YR, Peng QY, Xie JG, Nghiem P, Conney AH. (2008) Effect of caffeine on the ATR/Chk1 pathway in the epidermis of UVB-irradiated mice. Cancer Res 68: 2523–2529. doi: 10.1158/0008-5472.CAN-07-5955. pmid:18381462


12 Lentini A, Kleinman HK, Mattioli P, Autuori-Pezzoli V, Nicolini L, Pietrini A, et al. (1998) Inhibition of melanoma pulmonary metastasis by methylxanthines due to decreased invasion and proliferation. Melanoma Res 8: 131–137. pmid:9610865 doi:


13 Mechanisms of Caffeine-Induced Inhibition of UVB Carcinogenesis. Front Oncol. 2013;3:144. Conney AH,  Lu YP, Lou YR, et al.


14 Caffeic acid, a phenolic phytochemical in coffee, directly inhibits Fyn kinase activity and UVB induced COX-2 expression. Carcinogenesis. 2009;30(2):321–330. Kang NJ, Lee KW, Shin BJ.


15 Protective effects of kahweol and cafestol against hydrogen peroxide-induced oxidative stress and DNA damage. Toxicol Lett. 2007;173(2):80–87.Lee KJ, Jeong. HG


16 Topical application of marine briarane-type diterpenes effectively inhibits 12-O-tradecanoylphorbol-13-acetate-induced inflammation and dermatitis in murine skin. J Biomed Sci. 2011;18:94. Wei WC, Lin SY, Chen YJ, et al.


 17 Nicotinamide enhances repair of ultraviolet radiation-induced DNA damage in human keratinocytes and ex vivo skin. Carcinogenesis. 2013;34(5):1144–1149.  Surjana D, Halliday GM, Damian DL.




 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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