Prevención primaria del cáncer de mama mediante la actividad física aeróbica regular

La investigación científica más reciente está revelando que el ejercicio físico regular se asocia a una reducción significativa del riesgo de desarrollar cáncer de mama, el tumor maligno más frecuente  entre las mujeres europeas: una de cada ocho lo padecerá a lo largo de su vida.


Como tal efecto preventivo se consigue tanto con la actividad física moderada, véase andar, cuanto con la más vigorosa, correr o nadar, es muy recomendable que la población femenina incremente su gasto energético habitual, siguiendo, cuando menos, las recomendaciones internacionales a tal efecto: 150 minutos semanales de ejercicio moderado ó 75 minutos de actividad física vigorosa durante la semana.


NECESIDAD DE POTENCIAR LA PREVENCIÓN PRIMARIA DEL CÁNCER DE MAMA


Coincidiendo con el reciente Día Mundial del Cáncer de Mama (19-10-2017), la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) reveló que, anualmente, se diagnostican en nuestro país 27.500 nuevos casos de este tumor maligno, que se suman a los 100.000 existentes. Aunque los avances terapéuticos han logrado elevar los índices de supervivencia hasta un 85%, son demasiadas las mujeres que siguen falleciendo por este cáncer: unas 6.000 al año.


Por otra parte, las medidas de prevención secundaria, basadas en el diagnóstico precoz mediante mamografías (entre otras medidas) y el subsiguiente tratamiento, no logran evitar que en torno al 30% de las pacientes diagnosticadas en fase temprana experimenten severas recaídas con metástasis a distancia, lo que ensombrece el pronóstico.


Por todo ello, se antoja crucial descubrir medidas efectivas de prevención primaria, que desciendan la tasa de incidencia, esto es, los casos nuevos. En definitiva, necesitamos conocer qué estrategias pueden reducir el riesgo de desarrollar este tumor maligno, pues siempre resultará más efectivo y seguro prevenir que curar.


Como era de esperar, los estudios epidemiológicos actuales están mostrando que tales medidas preventivas se identifican con estilos de vida saludables, ya referidos en diversos contenidos de este blog: actividad física aeróbica regular, contenido de este artículo; Dieta Mediterránea e ingesta regular de café, que se tratará en el artículo del mes próximo.


En las siguientes líneas intentaremos plasmar gran parte de lo que la investigación internacional ha revelado sobre la capacidad preventiva de cáncer de mama exhibida por el ejercicio físico aeróbico, cuando se practica con regularidad.


OPINIÓN FAVORABLE DEL INSTITUTO AMERICANO DE INVESTIGACIÓN EN CÁNCER-FUNDACIÓN MUNDIAL DE INVESTIGACIÓN EN CÁNCER


En los últimos 20 años se han multiplicado los estudios epidemiológicos que han estudiado la asociación entre la actividad física aeróbica y el riesgo de cáncer de mama, observando en la mayoría de los mismos relevantes descensos del citado riesgo entre las mujeres más activas físicamente cuando se las comparaba con las menos activas o con las plenamente sedentarias. Tanto es así que durante el año 2007 dos entidades de gran prestigio internacional (World Cancer Research Fund - American Institute for Cancer Research) concluyeron que existen suficientes estudios epidemiológicos que evidencian una probable asociación inversa entre la actividad física y el cáncer de mama tras la menopausia (postmenopáusico).(1) Aunque tal respaldo internacional fue un gran tanto a favor del papel protector o preventivo de cáncer de mama por parte de la actividad física aeróbica, quedaban todavía bastantes aspectos por dilucidar, cuando no francas dudas, que tenían que ver con el tipo, tiempo e intensidad de la actividad física necesaria para conseguir tales efectos, entre otros aspectos.


A continuación vamos a iniciar el resumen de los hitos epidemiológicosque en la última década han aclarado tales dudas y controversias y, por lo tanto, han fortalecido el papel preventivo de la citada actividad física.


Ascendiendo la dura cuesta del Gayubar (Valle Medio del Arlanza). Cortesía alumnas CFS Higiene Bucodental. Curso 2016-17. IES Enrique Flórez (Burgos).


REVISIÓN EXHAUSTIVA DE ESTUDIOS PREVIOS POR EXPERTOS CANADIENSES DE LA UNIVERSIDAD DE CALGARY   


Durante el año 2010, la doctora Christine M. Friedenreich y colegas publicaron las conclusiones de una profunda revisión de numerosos estudios epidemiológicos observacionales y de algunos experimentales, que versaron sobre el tema.(2) Tras analizar 73 trabajos (de 91 publicaciones mundiales), comprobaron que las mujeres físicamente activas se beneficiaban con la reducción de un 25% del riesgo de desarrollar cáncer de mama, con respecto a las menos activas. Tal efecto protector fue superior cuando el ejercicio, moderado o vigoroso, era sostenido y regular, esto es, cuando la mujer no dejaba de efectuarlo a lo largo de su vida, observando también grandes beneficios en las mujeres que empezaban a realizarlo tras la menopausia, especialmente para las actividades recreativas, en el tiempo libre.


Acababan su revisión abogando por la realización de estudios observacionales con grandes muestras de mujeres, evaluadas durante un tiempo prolongado, a fin de dar más consistencia y validez a las conclusiones obtenidas, recomendando igualmente la realización de estudios experimentales donde también se indagara en las posibles causas del efecto protector del ejercicio físico regular.


ESTUDIO PROSPECTIVO CON LA GRAN MUESTRA DE ENFERMERAS (NURSES' HEALTH STUDY) DE LA ESCUELA DE SALUD PÚBLICA DE LA UNIVERSIDAD DE HARVARD


En octubre de 2010, Eliassen y colegas publicaron en una revista de prestigio internacional (Arch. Intern. Med.) las conclusiones de un estudio prospectivo en el que estudiaron una gran muestra de mujeres trabajadoras (enfermeras) con objeto de averiguar una posible asociación entre la actividad física aeróbica y el riesgo de cáncer de mama.(3) Veámoslo en las siguientes líneas.


Estos autores estudiaron durante 20 años a 95.396 mujeres que habían alcanzado la menopausia, bien por ya estar en el climaterio al principio de la investigación o bien por alcanzar este estado de declive hormonal durante su amplio seguimiento. Desde el principio se propusieron evaluar la posible asociación inversa entre dos variables cualitativas: una, la incidencia de cáncer de mama; la otra, diversas modalidades de actividad física aeróbica (andar a paso ligero, correr con más o menos intensidad, como running o jogging, respectivamente, ciclismo, natación, tenis, ejercicios aeróbicos en gimnasio, entre otros).


Durante el citado seguimiento, 4.782 mujeres desarrollaron cáncer de mama.


Tras aplicar el correspondiente aparato estadístico, controlando todas las variables de confusión (tabaquismo, alcohol, índice de masa corporal, estado hormonal, receptores hormonales de las células tumorales…), comprobaron que las mujeres que paseaban a paso ligero (a un ritmo de 4,5 a 6 km a la hora) o muy ligero (más de 6 km a la hora) durante una hora la mayoría de los días de la semana (gasto energético igual o superior a 27 MET horas/semana) tenían un 15% menos de riesgo de desarrollar cáncer de mama (HR: 0,85, I.C del 95% de 0,78 a 0,93), con respecto a las que paseaban menos de una hora a la semana (gasto energético inferior a 3 MET hora/semana).


Estos investigadores afirmaron ser los primeros que evaluaron lo que acontecía en una gran muestra de mujeres que, aunque durante su vida se habían mostrado poco activas físicamente (paseaban menos de 30 minutos durante la mayor parte de los días de la semana, lo que corresponde a un gasto inferior a 9 MET horas/semana), a partir de la menopausia incrementaron sensiblemente su actividad física aeróbica(deambulando a ritmo vivo más de 30 minutos al día, casi todos los días de la semana). Lo que comprobaron fue una significativa reducción del riesgo de cáncer de mama, en torno al 10% (HR: 0,90, I.C. 95% de 0,82 a 0,98), entre las que decidieron incrementar su gasto energético durante el climaterio, con respecto a las que siguieron con su vida sedentaria o de bajo gasto energético.


Estos profesionales comprobaron que entre todas las modalidades de actividad física analizadas, la que rendía mejores resultados era andar a un ritmo vivo.


Por otra parte, el beneficio obtenido mediante la actividad física regular fue independiente de la presencia o no de receptores hormonales en las células malignas de mama, pues la reducción del riesgo fue similar tanto entre las que tenían positivos los receptores de estrógenos (RE+) y de progesterona (RP+) cuanto entre las que tenían ambos negativos (RE- y RP-).


También vieron que otros factores de riesgo de cáncer de mama como la obesidad y el tratamiento hormonal sustitutivo durante la menopausia no interfirieron el efecto protector de la actividad física aeróbica, que, por tanto, fue independiente de la presencia de los factores mencionados. Quiere esto decir que tanto las mujeres obesas como las delgadas se beneficiaron del ejercicio físico aeróbico, al igual que las mujeres que tomaron o no tratamiento estrogénico durante la menopausia.


Este efecto preventivo de cáncer de mama por parte de la actividad física aeróbica, independiente de los citados factores de riesgo, hizo pensar a Eliassen y colegas que pudiera deberse tanto a una disminución de los niveles circulantes de estrógenos (ya conocido por otros trabajos) cuanto a la operatividad de otras vías antitumorales exhibidas por el ejercicio físico, tales como el incremento de la sensibilidad a la insulina y el correspondiente descenso de la concentración sanguínea de la misma, el aumento de la función inmune o la reducción de la inflamación crónica, entre otros.


“Nuestras observaciones sugieren que la actividad física moderada, incluyendo paseos a buen ritmo, pueden reducir el riesgo de cáncer de mama en la postmenopausia y que el aumento de la actividad física tras el climaterio puede ser beneficioso”, concluyen los responsables del estudio.


Remontando la parte final de la abrupta ladera del Gayubar (Valle Medio del Arlanza).


ESTUDIO AUSPICIADO POR LA SOCIEDAD AMERICANA DE CÁNCER


En octubre de 2013 se publicó en un revista médica especializada en cáncer (Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention) los resultados de un notable estudio prospectivo promocionado por la Sociedad Americana de Cáncer (American Cancer Society). (4) Los autores, Janet S. Hildebrand y colegas, estudiaron a 73.615 mujeres sin producción hormonal ovárica (plena menopausia), pertenecientes a un estudio sobre factores preventivos de tumores malignos (Cancer Prevention Study II Nutrition Cohort), a fin de apreciar una posible asociación entre la actividad física aeróbica, en diversos grados y modalidades, y el riesgo de cáncer de mama. También valoraron la posibilidad de que la supuesta efectividad del ejercicio físico pudiera verse modificada, mermada o aumentada, en relación con el estado y tipo de los receptores hormonales de las células mamarias malignas, del índice de Masa Corporal, ganancia de peso y tratamiento hormonal sustitutivo durante la menopausia.


Fueron 4.760 mujeres las diagnosticadas de cáncer de mama durante los 12 años de seguimiento, lo que permitió calcular los riesgos relativos ajustados por múltiples variables, aplicar el modelo de riesgo proporcional de Cox y otros parámetros estadísticos, cruciales en la fase de análisis.


De esta suerte, los autores comprobaron una relación dosis-respuestaentre el nivel de actividad física y la reducción subsiguiente de la incidencia de cáncer de mama. Efectivamente, observaron el descenso de un 25% del riesgo citado entre las damas que practicaban ejercicio tan vigoroso como para quemar más de 42 MET horas/semana, equivalente grosso modo a correr más de 42 kilómetros semanales, cuando se las comparaba con las menos activas (0≤7 MET horas/semana). Sin embargo, casi la mitad de estas mujeres (47%, exactamente) sólo paseaban. Pues bien, las que andaban a un ritmo vivo durante siete o más horas a la semana se beneficiaban de una disminución de un 14% del riesgo de cáncer de mama con respecto a las que deambulaban tres o menos horas a la semana.


Estos investigadores también apreciaron que el efecto protector del ejercicio físico aeróbico era independiente de la presencia de otros factores de riesgo de cáncer de mama, como la ganancia de peso, el Índice de Masa Corporal, el tratamiento hormonal sustitutivo así como del estado de los receptores hormonales (positivos o negativos para estrógenos y progesterona).


Por ello también creen que el mecanismo antitumoral esgrimido por el ejercicio físico aeróbico pudiera ser doble: por una parte, reduciendo los niveles de hormonas sexuales circulantes; por otra, por vías diferentes a la hormonal, como las mencionadas anteriormente.


En este estudio no se apreció que la inactividad física o sedentarismo(por ejemplo, estar sentado más de seis horas diarias leyendo, viendo la televisión…) incremente el riesgo de cáncer de mama, como sí se ha visto en otros trabajos. (5,6)


Los responsables de este estudio concluyen el mismo como sigue: “Nuestros resultados contribuyen a aumentar las pruebas que revelan un potencial efecto preventivo del cáncer de mama por parte de la actividad física practicada por féminas en su época climatérica o menopáusica. Las mujeres que dedican al menos 7 horas semanales de su tiempo libre a pasear pueden conseguir un significativo beneficio, incluso en ausencia de ejercicio físico vigoroso. Dado que el cáncer de mama es el más frecuente entre las mujeres postmenopáusicas y que pasear es la actividad física más común entre ellas, el hallazgo de una posible reducción del riesgo de este tumor maligno (14%) por pasear una o más horas diarias puede considerarse como una medida de interés público sanitario.”



RESULTADOS OBTENIDOS EN LOS ESTUDIOS NACIONALES EN CORREDORES Y EN PASEADORES (EEUU)


Paul T. Williams y Paul D. Thompson, pertenecientes a la División de Ciencias Biológicas del Laboratorio Nacional de Berkeley y del departamento de Cardiología del Hospital de Hartford están publicando en los últimos años una serie de artículos que revelan el efecto preventivo de diversas enfermedades mediante las actividad física aeróbica. Para ello, se están valiendo de los resultados obtenidos en dos extraordinarias muestras de personas: las 33.060 personas del Segundo Estudio Nacional de Salud en Corredores (The National Runner´s Health Study II) y las 15.945 del Estudio Nacional de Salud en Andadores (National Walker´s Health Study), a las que están evaluando desde hace más de dos décadas. De esta forma, han demostrado los grandes beneficios cardiovasculares, antitumorales y neuroprotectores que se desprenden de la citada actividad física aeróbica, entre otros efectos saludables, lo que les ha permitido publicar numerosos trabajos científicos en revistas médicas de renombrado prestigio. (7-18)


Con respecto a la capacidad del ejercicio físico aeróbico para reducir el riesgo de cáncer de mama, estos autores también han revelado un relevante efecto preventivo del primero sobre el segundo, pero con reducciones del riesgo aún mayores a las descritas por los investigadores anteriores, como puede observarse en la publicación de su trabajo en la correspondiente revista médica (PLOS / one), en diciembre de 2013, firmada por Paul T. Williams (19). Aunque lo que realmente evaluaron no fue tanto la reducción del riesgo de desarrollar este tumor maligno cuanto la reducción del riesgo de morir por él.


Se trata de un estudio prospectivo en el que valoraron a 79.124 mujeres, 32.872 andadoras (walkers)  y 46.252 corredoras (runners) durante 12 años de seguimiento, durante los cuales 111 murieron de cáncer de mama (57 andadoras, 54 corredoras). Tras aplicar el adecuado aparato estadísticoapreciaron un descenso de un 41,5% de la mortalidad por cáncer de mama entre las damas que siguieron las recomendaciones internacionales de ejercicio físico aeróbico (20) (un consumo igual o superior a 7,5 MET horas/semana), esto es, entre las que como mínimo efectuaron 150 minutos semanales de ejercicio moderado ó 75 minutos de ejercicio vigoroso, cuando eran comparadas con las que gastaron menos energía (inferior a 7,5 MET horas/semana). Además, comprobaron que el beneficio fue tan similar entre las que efectuaron ejercicio moderado (andar) como entre las que lo realizaron más vigorosamente (correr).


Williams cree que el notable descenso de muerte por este cáncer puede reflejar, en parte, la mayor precisión a la hora de valorar el gasto energético por parte de su grupo, dado que lo calculan (MET horas/semana) por la distancia recorrida y no por el tiempo empleado para recorrerla, habitual en otros grupos de trabajo.


Cuando intentan interpretar la citada reducción de la mortalidad entre su cohorte especial de mujeres activas físicamente, paseadoras y corredoras, se plantean dos posibilidades: una, por reducción de la incidencia de cáncer de mama (casos nuevos), o sea, por reducción del riesgo de desarrollarlo, como lo observado en los estudios previos; la otra, por aumento de la supervivencia de las mujeres previamente diagnosticadas de cáncer de mama, por efecto de su actividad física. Bueno, para no quedarse cortos y no dejar ningún cabo suelto, esgrimen otra posible causa: la combinación de las dos primeras, esto es, la reducción de nuevos casos de cáncer mamario y la mayor supervivencia de las que tuvieron la mala fortuna de desarrollar este tumor maligno.


Como devoto seguidor y admirador de las investigaciones de Williams, me llama la atención en este particular estudio que la notable reducción del riesgo de morir por cáncer de mama (41,5%) se observa igualmente en las mujeres que efectúan un esfuerzo moderado (andadoras o paseadoras con ritmo vivo) y en las que realizan ejercicio vigoroso (corredoras). Tal relativa sorpresa se debe a que Williams y colegas, en gran parte de sus investigaciones, han revelado que, en el binomio deporte y salud, el esfuerzo umbral a partir del cual se empieza a disfrutar de las bondades del deporte supera con creces a lo recomendado internacionalmente (20). Así sucede, por ejemplo, en su estudio sobre la prevención de enfermedad de Alzheimer y de deterioro cognitivo asociado a la edad, donde sólo aprecian una disminución de hasta un 40% del riesgo de desarrollar tales procesos entre las personas que efectúan el doble de esfuerzo que el aconsejado en las guías (de los 7 a 12 km de carrera a la semana, según el consejo internacional, hasta los más de 24 kilómetros semanales de running o jogging, observados por ellos).(18)


Gran esfuerzo senderista. Alumnas del CFS de Higiene ascendiendo a la cumbre del Gayubar (Valle Medio del Arlanza).


Por otra parte, cuando Williams valoró en otro estudio una muestra de mujeres que ya sufrían cáncer de mama, sólo las que practicaban ejercicios vigorosos, como correr, se beneficiaron de una mayor reducción de la tasa de muerte y, por ende, de una superior supervivencia. No tuvieron tanta suerte las que sólo pasearon. (21) Aquí se podría aplicar bastante bien el concepto siguiente: es mejor mucho que poco, muy esgrimido por una gran parte de los autores que evalúan los efectos beneficiosos de la actividad física aeróbica. Aunque también podemos consolarnos con lo que han demostrado otros: es mejor poco que nada.


Volviendo al trabajo anterior, que da título a este epígrafe, también se aprecia que el efecto protector del ejercicio físico aeróbico es independiente de otros factores de riesgo, verdaderas variables de confusión, como la obesidad medida por el Índice de Masa Corporal (IMC), edad, raza, menopausia, empleo de anticonceptivos, tratamiento hormonal sustitutivo en la menopausia. En definitiva, que la reducción del 41,5 % del riesgo de muerte por este cáncer se aprecia tanto en las féminas que andan regularmente (ejercicio moderado) cuanto en las que corren (ejercicio vigoroso), siempre y cuando que el gasto sea el recomendado internacionalmente (entre 7,5 a 12,5 MET horas/semana), independientemente de su estado de fertilidad (iguales resultados en pre y en postmenopáusicas), tomen o hayan tomado contraceptivos, tratamiento hormonal durante la menopausia, entre otros.


Otro hallazgo interesante de esta investigación es que el factor de riesgo que más contribuye a incrementar la mortalidad por cáncer de mama, además de la edad y de la menopausia, es el tamaño de la mama (que ellos valoran según la talla del sujetador de las damas en cuestión). Así, las mujeres con busto más abundante, es decir, con mamas más densas, mamográficamente hablando, por poseer más tejido noble (epitelio y estroma) tienen más riesgo de muerte por este condenado cáncer que las que gastan tallas menores de sostén. Ellos atribuyen este hecho a una mayor concentración de estrógenos protumorales en un tejido mamario grande y denso que en uno escaso y poco denso (graso).


Por otra parte, cuando las mujeres de esta singular muestra, aficionadas al deporte, poseen un gran tejido mamario suelen ubicarlo en un cuerpo relativamente esbelto, raramente con sobrepeso (con un IMC medio de 23,78 kg/m2). Estamos, pues, refiriendo una neta diferencia con el resto de muestras femeninas, un cierto sesgo, dado que la proporción de obesas es bastante superior a la observada en la cohorte de Williams.


En cualquier caso, el beneficio atribuible al ejercicio físico lo aprecian independientemente del tamaño de las mamas, dado que es igual para las que lucen tallas grandes como para las que necesitan tallas menores. Este hallazgo me parece muy esperanzador y fortalece mis convicciones con respecto a las bondades de la actividad física aeróbica.    


ESTUDIO ESPAÑOL DEL GRUPO GEICAM DE INVESTIGACIÓN EN CÁNCER DE MAMA


En enero de 2017 se publicó en Gynecologic Oncology los resultados de un estudio epidemiológico español, liderado por Marina Pollán, investigadora del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, cuyos objetivos fueron evaluar la influencia de la actividad física en el riesgo decáncer de mama y analizar si la adherencia a las recomendaciones internacionales se asocia a una reducción del citado riesgo.


El método empleado consistió en un estudio observacional, de casos y control, constituido por 698 parejas, cada una formada por una mujer afecta de cáncer de mama y otra sana, de la misma edad, que residiera en la misma área y sin vínculo familiar, que completaron un cuestionario de actividad física.


El ejercicio físico fue cuantificado por el gasto energético consumido,expresado en equivalentes metabólicos, horas por semana (MET horas/semana), lo que permitió graduar el nivel de actividad física en moderada (3 a 5,9 MET) y en vigorosa (superior a 6 MET). También fue evaluado el grado de adherencia a las recomendaciones internacionales, tan repetidas en este tema. Por otra parte, la asociación del citado ejercicio físico con el riesgo de cáncer de mama, global y por subtipo histológico, fue evaluada empleando modelos de regresión logística.


Los resultados reflejaron una reducción del riesgo de cáncer entre las mujeres premenopáusicas del orden del 5% por cada incremento en 6 MET hora/semana en el gasto energético, mientras que las que estaban en la menopausia necesitaron ejercitarse más intensamente  para observar beneficio parecido.


También apreciaron mejores resultados en damas nulíparas (que no han dado a luz ningún hijo) así como en las que tenían positivos los receptores hormonales conocidos (estrógenos y progesterona) y otro menos conocido: el receptor 2 del factor de crecimiento epidérmico humano (HER 2).


Resultó impactante comprobar que las mujeres sedentarias tenían un 71% más de riesgo de desarrollar este tumor maligno con respecto a las que seguían las recomendaciones internacionales. Finalmente, las que se mantuvieron inactivas durante el año previo al diagnóstico, independientemente del nivel de actividad física realizado en periodos previos, mostraron un aumento del riesgo cuando se las comparaba con las que se mantuvieron activas.


En este estudio multicéntrico español, en el que participaron 23 hospitales, fue llamativo comprobar que prácticamente la mitad de las mujeres analizadas por cáncer de mama aún no habían llegado a la menopausia, por lo que ha podido estudiarse con más validez el efecto del ejercicio físico en ambos grupos de damas: las fértiles y las que estaban en plena menopausia.


Estos investigadores españoles concluyen su trabajo afirmando: “Las mujeres que refieren seguir las recomendaciones internacionales de actividad física se benefician de una sustancial reducción del riesgo de todos los subtipos de cáncer de mama. Este hallazgo reviste un particular interés en España, donde se está viendo cómo se incrementa la proporción de mujeres con sobrepeso y obesidad en las últimas décadas.”


Rostros alegres en plena ascensión al Gayubar (Valle Medio del Arlanza). Alumnas CFS Higiene Bucodental. IES Enrique Flórez. Curso 2016-17


HIPÓTESIS PLAUSIBLES


A lo largo de este contenido hemos visto que el ejercicio físico aeróbico practicado de forma regular es capaz de reducir per se el riesgo de cáncer de mama, independientemente de la presencia o ausencia de otros factores de riesgo conocidos, incluyendo la presencia o no de receptores de hormonas sexuales en las células mamarias malignas. De esto puede colegirse que el citado efecto preventivo de la actividad física se debe a diversos mecanismos, que podríamos resumir en dos: hormonales y extrahormonales.


En las siguientes líneas vamos a ver, primero, cómo los estrógenos pueden incrementar el riesgo de cáncer de mama y, luego, la capacidad de la actividad física para reducir tanto la concentración sanguínea como la tisular (en los tejidos) de las hormonas sexuales femeninas. Veámoslo, pues.


Mecanismos hormonales

                 

a)  Efecto cancerígeno de las hormonas sexuales femeninas


Desde hace tiempo de sabe que en la génesis de este cáncer ocupa un lugar destacado el influjo y persistencia de estrógenos sobre el tejido glandular mamario, dado que, por ejemplo, los estrógenos pueden tanto estimular la multiplicación de las células mamarias cuanto reducir su muerte natural (apoptosis), 23, 24. Además, ciertos metabolitos de los estrógenos tienen potenciales efectos tóxicos sobre los genes así como gran capacidad para inducir mutaciones en los mismos, algunas de las cuales pudieran ser de plena malignidad. 24,25.


Esto quizá ayude a entender por qué la prolongación del tiempo de exposición a las hormonas sexuales incremente sensiblemente el riesgo de desarrollar este tumor maligno, como acontece en las mujeres que tienen precozmente su primera regla (menarquía) y las que tienen muy tardíamente su menopausia así como las que tardan en tener su primer hijo. Incluso la asociación positiva entre la obesidad y el consumo de alcohol con el cáncer de mama también puede deberse a un mayor influjo de los estrógenos. Efectivamente, cuando una mujer engorda durante la menopausia, su tejido adiposo es capaz de sintetizar estrógenos. Algoparecido sucede con el  alcohol, pues su consumo regular se asocia a un incremento de la concentración plasmática de estrógenos.


Por el mismo motivo resulta peligroso el tratamiento hormonal sustitutivo con estrógenos durante la menopausia, por lo que la propia OMS lo desaconsejó encarecidamente en su Código Europeo contra el Cáncer (octubre 2014).


Actualmente se acepta ampliamente la responsabilidad de los estrógenos en el desarrollo de cáncer de mama en el climaterio femenino, o sea, durante la época de la menopausia. (26,27) Sin embargo, existen menos trabajos que estudien el influjo hormonal en el cáncer que afecta a una mujer fértil, probablemente porque es más complejo estudiar el nivel de hormonas circulantes entre los ciclos ováricos y endometriales. Por eso es destacable un gran estudio prospectivo efectuado por Eliassen y colegas, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, que, estudiando a su famosa muestra de enfermeras (Nurses’ Health Study II), revelaron que la concentración de estradiol recogida en la fase folicular del ciclo menstrual (pero no en la fase lútea) se asociaba con un aumento significativo del riesgo de cáncer de mama, tanto globalmente como el de los tumores con receptores positivos de estrógenos y de progesterona. (28)

       

b) Efecto tumoral de los andrógenos


Diversos estudios epidemiológicos han evidenciado cierta responsabilidad de los andrógenos en el desarrollo de cáncer de mama en la mujer climatérica (26,29) y, menos, en la mujer fértil. (30)


Aunque nos puede parecer raro que las hormonas sexuales masculinas puedan aumentar el riesgo de cáncer de mama, los andrógenos, en verdad, son capaces de actuar directamente sobre receptores de andrógenos de las células malignas mamarias, (31) incrementando sus mitosis y, por tanto, su multiplicación. Además, también pueden utilizar una vía indirecta para incrementar tal riesgo, cual es la de transformarse en estrógenos, merced a la enzima aromatasa, que cataliza la conversión de la testosterona en estradiol y la de androstenodiona en estrona, dentro de las células adiposas y las de otros tejidos de la mujer postmenopáusica y, sobre todo, en los ovarios de la mujer fértil (premenopáusica). (32)


c) Capacidad de la actividad física regular para reducir el nivel de hormonas sexuales


Son diversos los estudios epidemiológicos observacionales que han revelado que el ejercicio físico aeróbico es capaz de reducir la concentración de estrógenos y, por ende, de cáncer de mama. Unos lo asocian al descenso de la producción hormonal por el tejido adiposo, que tiende a reducirse por efecto del gasto energético derivado de la citada actividad física. (23,32). Otros autores creen que se debe a una reducción de la biodisponibilidad de los estrógenos, merced a la capacidad de la actividad física de aumentar los niveles de la denominada proteína (globulina) de unión a las hormonas sexuales circulantes (GUHS), la cual se une reversiblemente a los estrógenos, reduciendo, por tanto, su disponibilidad biológica. (33,34).


También algún estudio experimental ha reflejado la capacidad reductora de estradiol por parte del ejercicio físico aeróbico, en parte por incrementar el nivel de la GUHS, que, como hemos comentado antes, reduce la biodisponiblidad de los estrógenos. (35)

47. Neilson HK, Friedenreich CM, Brockton NT et al (2009) Physical activity and postmenopausal breast cancer: Proposed biologic mechanisms and areas for future research. Cancer Epidemiol Biomark Prev 18:11–27


48. Balducci S, Zanuso S, Nicolucci A et al (2009) Antiinflammatory effect of exercise training in subjects with type 2 diabetes and the metabolic syndrome is dependent on exercise modalities and independent of weight loss. Nutr Metab Cardiovasc Dis


49. You T, Berman DM, Ryan AS et al (2004) Effects of hypocaloric diet and exercise training on inflammation and adipocyte lipolysis in obese postmenopausal women. J Clin Endocrinol Metab 89:1739–1746


50. Frank LL, Sorensen BE, Yasui Y et al (2005) Effects of exercise on metabolic risk variables in overweight postmenopausal women: A randomized clinical trial. Obes Res 13:615–625


51. Campbell PT, Campbell KL, Wener MH et al (2009) A yearlong exercise intervention decreases CRP among obese postmenopausal women. Med Sci Sports Exerc 41:1533–1539


52. Thompson HJ, Jiang W, Zhu Z (2009) Candidate mechanisms accounting for effects of physical activity on breast carcinogenesis. IUBMB Life 61:895–901