Reversión del Síndrome Metabólico por la Dieta Mediterránea

El síndrome metabólico (SM) engloba un conjunto de reconocidos factores de riesgo cardiovascular que incrementan mucho las posibilidades de desarrollar una diabetes tipo dos, un infarto agudo de miocardio, un accidente vascular cerebral e incluso morir por estos procesos cardiovasculares. Como está muy vinculado a la obesidad por dietas hipercalóricas, ricas en ácidos grasos saturados, así como a una vida sedentaria, disponemos de dos excelentes estilos de vida que pueden tanto evitar como  revertir este proceso: uno, la práctica regular de actividad física aeróbica; otro, la Dieta Mediterránea (DM). 

En enero y febrero de 2015 ya describimos en este blog los extraordinarios efectos saludables que comporta la actividad física aeróbica, por lo que en este artículo nos centraremos en la capacidad de la DM para revertir el síndrome metabólico. Antes valoraremos el concepto y la relevancia del SM.

 

                  CONCEPTO DE SÍNDROME METABÓLICO

  Después de cierta controversia e incoherencias, un comité internacional propuso en 2009 una definición armonizada1 de este síndrome que permite comparar válidamente los diferentes estudios efectuados sobre el tema. De esta forma, el diagnóstico del SM requiere la presencia en una misma persona de, al menos, tres de los cinco criterios siguientes: uno, circunferencia de cintura abdominal ≥ 102 cm en los varones y ≥ 88 cm en las mujeres; dos, glucemia en ayunas ≥100 mg/dl o recibir medicamentos antidiabéticos; tres, presión arterial sistólica ≥ 130 mmHg o diastólica ≥ 85 mm Hg o recibir medicación antihipertensiva; cuatro, aumento de la concentración sanguínea de triglicéridos (trigliceridemia) ≥150 mg/dl; y cinco, colesterol unido a lipoproteínas de alta densidad (HDL) en suero ≤ 40 mg/dl en los varones y ≤ 50 mg/dl en las mujeres.


Si nos fijamos bien observaremos que en este concepto han valorado la presencia de cuatro reconocidos factores de riesgo de cardiopatía isquémica e ictus como la obesidad abdominal o centrípeta; el incremento de las cifras de presión arterial, ya muy cerca de las que se consideran hipertensión, el aumento de las grasas en sangre (trigliceridemia); el aumento de la glucosa sanguínea, también en valores prediabéticos; así como la reducción de un reconocido factor protector, cual es la concentración sanguínea de colesterol unido a HDL. Por otra parte, es preciso advertir que la obesidad abdominal contribuye a incrementar la resistencia celular a la insulina, lo que acabará abocando a la diabetes mellitus o tipo 2.


IMPORTANCIA DE ESTE SM

  Según datos internacionales, la prevalencia de este síndrome en el mundo se aproxima al 25% y se incrementa con la edad, especialmente entre mujeres, lo que hace que sea un importante problema de salud pública mundial. No olvidemos que promueve el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2, que conllevan un gran sufrimiento y notable mortalidad. Además, también se ha demostrado que los que tienen este síndrome tienen un gran riesgo de morbilidad y mortalidad por todas las causas.

  En el Estado español tenemos datos fiables merced al estudio epidemiológico efectuado por responsables del estudio ENRICA (Estudio sobre Nutrición y Riesgo Cardiovascular en España), quienes publicaron su trabajo en mayo de 2014 en la Revista Española de Cardiología, con el título “Magnitud y manejo del síndrome metabólico en España en 2008-2010: Estudio ENRICA”.  Se trata de un estudio transversal realizado del 2008 al 2010 sobre una muestra de 11.140 personas representativas de la población española de 18 ó más años (de todas las Comunidades Autónomas), en el que se valoró la prevalencia de SM con o sin complicaciones.2 De esta manera, utilizaron el término de síndrome metabólico premórbido (SMP) para incluir a las personas con criterios de SM que aún no habían sufrido diabetes ni enfermedades cardiovasculares. Los resultados fueron bastante interesantes, a saber:

·         La prevalencia del SM fue del 22,7% y la del premórbido fue del 16,9%.

·         La frecuencia de ambos síndromes aumentó con la edad, siendo mayor en varones que en mujeres hasta los 65 años, mientras que a partir de esa edad fue mayor en las damas.

·         Las comunidades del sur de España y las insulares fueron las que soportaron la mayor prevalencia de ambos síndromes.

·         Aproximadamente un tercio de las personas con SMP declararon que no se beneficiaron de un consejo sanitario para mejorar sus estilos de vida. En las que lo recibieron, el seguimiento fue bajo, sobre todo para perder peso (31,9%) y reducir la sal (38,3%).

·         El SMP se asoció con estilos de vida no saludables, como el tabaquismo activo, peor calidad de la dieta y bastante sedentarismo.

·         Los dos componentes más frecuentes de ambos síndromes fueron la obesidad centrípeta y la presión arterial elevada, lo que concuerda con la alta prevalencia en España de obesidad abdominal, pues la tienen el 36% de los ciudadanos3, así como de hipertensión arterial (≥ 140/90 mmHg o tratamiento antihipertensivo), que la sufren el 33% 4 de las personas de 18 ó más años (entre el 2008 y el 2010).

  Al final de este trabajo los autores (Pilar Guallar-Castillón y colegas) concluyen textualmente:

Este estudio pone de manifiesto una elevada proporción de adultos españoles con SM y SMP, que tienen un alto riesgo relativo de diabetes mellitus y enfermedad cardiovascular a corto y medio plazo. Si no se controla la epidemia de obesidad y se actúa sobre los estilos de vida no saludables mediante estrategias clínicas y de salud pública, la alta frecuencia de estos dos síndromes pueden perjudicar los logros alcanzados en las últimas décadas en el manejo de la enfermedad coronaria en España. Nuestros resultados también ilustran la necesidad de mejorar la intervención sobre los estilos de vida de los pacientes con SM y SMP en atención primaria.


               DIETA MEDITERRÁNEA Y SÍNDROME METABÓLICO

  Toda la comunidad científica internacional asume que la modificación de estilos de vida, tales como incrementar la actividad física aeróbica, seguir una dieta saludable y perder peso, se asocian con una reversión del síndrome metabólico y de sus componentes. Sin embargo, prácticamente se desconoce la efectividad de un modelo dietético saludable para revertir el SM, pero sin acompañarse de un incremento de la actividad física y de la pérdida de peso.


Hubo que esperar hasta octubre de 2014, para que los investigadroes españoles del estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) reveleran que la DM es capaz de revertir el síndrome metabólico.Publicaron el trabajo en la revista de la Asociación Médica Canadiense (Canadian Association Journal).


Se trata de un estudio secundario del ensayo clínico PREDIMED. Como referimos en los artículos que versaban sobre la Dieta Mediterránea (publicados en este blog en septiembre y en octubre de 2015), el estudio PREDIMED es una prueba clínica, multicéntrica, que, entre octubre de 2003 y diciembre de 2010, incluyó hombres y mujeres, de 55 a 80 años, con alto riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Los participantes fueron aleatoriamente asignados a una de tres intervenciones dietéticas: una DM con suplementos de aceite de oliva virgen extra; una DM con suplementos de frutos secos; y una dieta baja en grasas, tanto de origen animal como vegetal, cuyos consumidores constituyeron el grupo control. La intervención no incluyó entre sus objetivos el incremento de la actividad física ni la pérdida de peso.


Al cabo de un lustro de seguimiento empezaron a cosecharse extraordinarios resultados en los grupos de DM con respecto al grupo control: una reducción del 30% del riesgo de infarto, sobre todo, cerebral; reducción de un 38% del riesgo de fibrilación auricular, arritmia cardíaca más frecuente; reducción de un 52% del riesgo de diabetes mellitus tipo 2; reversión significativa del síndrome metabólico; gran reducción del riesgo de enfermar y de morir por procesos cardiovasculares entre las personas que consumen mucho aceite de oliva virgen extra (39% y 48% de reducción de infartos y de muerte por los mismos, respectivamente), etc.


En las siguientes líneas vamos a centrarnos en el impacto favorable de la Dieta Mediterránea sobre el Síndrome Metabólico.


Los autores determinaron el efecto de la dieta sobre la incidencia y la reversión del SM, empleando la regresión de Cox para calcular los cocientes de riesgo (HR) con un intervalo de confianza del 95%.


Tras 4,8 años de seguimiento la reversión del SM sucedió en 958 (28,2%) de los 3.329 participantes que lo presentaban al inicio del estudio. Comparado con el grupo control, los asignados a los dos modelos de DM era mucho más probable que se beneficiaran de la reversión (control versus aceite de oliva HR 1.35, 95% CI 1.15–1.58, p < 0.001) control versus frutos secos HR 1.28, 95% CI 1.08–1.51, p < 0.001).


Fue reseñable comprobar que los participantes del grupo de DM con suplementos de aceite de oliva virgen extra mostraron significativa reducción tanto de la obesidad central como de la glucemia en ayunas, mientras que los integrantes del grupo de DM con suplementos de frutos secos mostraron sólo una significativa reducción de la obesidad abdominal.


Por todo ello los responsables del estudio concluyen el mismo con la siguiente afirmación: "Una Dieta Mediterránea no hipocalórica (no restrictiva) se asocia a una significativa reversión del síndrome metabólico. Además, puede ser útil para reducir el riesgo de obesidad central y de hiperglucemia en personas de alto riesgo de enfermedad cardiovascular”.


Lo que los investigadores de este ensayo no pudieron demostrar fue una reducción de la incidencia o nuevos casos de SM con los dos modelos de DM con respecto al grupo control.


Preparando rape con aceite de oliva virgen extra


HIPÓTESIS MÁS PLAUSIBLES SOBRE LA CAPACIDAD DE LA DM PARA REVERTIR EL SM

           1) Efectos de los ácidos grasos monoinsaturados

a)  Sobre la regresión de la obesidad abdominal o centrípeta

Los autores de este estudio opinan que la DM, sobre todo la que lleva suplementos de aceite de oliva virgen extra (con grandes propiedades antiinflamatorias), puede ejercer efectos favorables sobre la distribución de grasa. Para ello se fundamentan en el trabajo de Paniagua y colegas, un corto estudio experimental con una muestra de personas con obesidad y resistencia a la insulina, donde se observa que una DM normocalórica, esto es, sin restricción calórica, rica en aceite de oliva virgen extra, era capaz de prevenir el acúmulo central de grasa, comparado con una dieta baja en grasas, y todo ello sin que los sujetos perdieran peso.6 Por otra parte, en estudios efectuados con pacientes obesos y diabetes tipo 2, se ha comprobado que cuando están sometidos a programas de reducción y mantenimiento del peso corporal tienden a tener una desproporcionada pérdida de grasa en la mitad inferior del cuerpo con respecto a la superior, comparado con los pacientes que siguen una dieta rica en ácidos grasos monoinsaturados, como el ácido oleico del aceite de oliva.


b) Sobre la reducción del riesgo de diabetes

 Guillingham y colegas publicaron en el año 2011 un notable artículo en Lipids, donde revelaron que la ingesta diaria de ácidos grasos monoinsaturados logra reducir los factores de riesgo cardiovascular así como el síndrome metabólico.7 Además, investigadores del estudio PREDIMED publicaron en 2011 un artículo en una revista anglosajona de relieve (Nutr. Metab. Cardiovasc. Dis.) en el que mostraron que el ácido oleico es muy probable que contribuya a reducir la resistencia tisular a la insulina y, por ende, reducir el riesgo de diabetes.


Otras intervenciones controladas también han constatado que las dietas ricas en ácidos grasos monoinsaturados aumentan la sensibilidad tisular a la insulina comparadas con las dietas ricas en ácidos grasos saturados.6,8



EFECTOS DE LOS ANTIOXIDANTES Y OTROS FITOQUÍMICOS

  Diversos investigadores han demostrado que muchas frutas, verduras y frutos secos contienen polifenoles y otros fitoquímicos que combaten y neutralizan el estrés oxidativo, la inflamación y la resistencia a la insulina.9,10

 También diversas líneas de investigación han señalado que el aceite de oliva virgen extra y los frutos secos exhiben una gran potencia antiinflamatoria y una alta acción antioxidante,11 lo que se ha comprobado con los dos modelos de DM del ensayo PREDIMED.12, 13

 Tampoco quiero soslayar la importancia del oleocantal, polifenol propio del aceite de oliva virgen extra, que ha revelado sorprendentes efectos antiinflamatorios, antioxidantes, antitumorales y neuroprotectores.14

 Sin ánimo de cansar a los lectores de este blog (a los que estoy profundamente agradecido), creo que no debo finalizar este tema sin mencionar el esfuerzo de los investigadores del PREDIMED I por superarse, esto es, por aportar más al ensayo original. Pero, ¿cómo?, ¿de qué manera? Pues, mediante el diseño de un nuevo ensayo, el PREDIMED PLUS. Veámoslo.


PREDIMED PLUS: Dieta Mediterránea más restricción de energía, incremento de actividad física y terapia conductual

 Este nuevo ensayo16 surge como reacción a la epidemia de obesidad que estamos soportando y que parece aumentar. Con él se pretende demostrar un efecto sinérgico o potenciador entre una intervención intensiva sobre la pérdida de peso, con restricción calórica, actividad física y terapia conductual, y la adherencia y mantenimiento de una dieta de alta calidad como la Dieta Mediterránea, sobre la incidencia de enfermedades cardiovasculares. Es obvio que se quiere ir más allá de lo conseguido con una DM sin restricción calórica.

 Para este nuevo ensayo multicéntrico español, con participación de 20 nodos o centros, se plantea reclutar a 6.000 voluntarios, 3.000 asignados a intervención intensiva y 3.000 al grupo control o de comparación (DM pero sin restricción calórica ni actividad física). El reclutamiento de los participantes se inició en septiembre de 2013 y finalizará en julio de 2016. Los resultados finales estarán disponibles a partir de 2020.

 Los investigadores esperan conseguir boyantes resultados, tales como un incremento de la calidad de vida, una reducción mantenida del peso corporal (masa grasa, principalmente) y una notable reducción de las enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio no mortal, ictus no mortal o muerte cardiovascular) asociadas con la obesidad, que tengan una elevada aplicabilidad para la salud pública por mejorar el pronóstico de los adultos obesos o con sobrepeso. ¡Ojo! en España más de una tercera parte de los ciudadanos tienen obesidad abdominal (36%) y casi una cuarta parte (22,7%) tiene síndrome metabólico.

   En fin, esperemos que este nuevo estudio nos depare resultados muy positivos. Con poco que mejoren los obtenidos con el PREDIMED I podríamos darnos por satisfechos. Un servidor se siente muy complacido por los excelentes resultados sobre las bondades de la DM que están cosechando coordinada y armónicamente diversos grupos de profesionales sanitarios de esta querida piel de toro. No tengo ninguna duda de que la calidad científica  exhibida es semejante a la de los estudios internacionales de mayor valía mundial.


Fuentes bibliográficas


1 Alberti KG, Eckel RH, Grundy SM, Zimmet PZ, Cleeman JI, Donato KA, et al. Harmonizing the metabolic syndrome: a joint interim statement of the International Diabetes Federation Task Force on Epidemiology and Prevention; National Heart, Lung, and Blood Institute; American Heart Association; World Heart Federation; International Atherosclerosis Society; and International Association for the Study of Obesity. Circulation. 2009; 120:1640-5


2 Magnitud y manejo del síndrome metabólico en España en 2008-2010: Estudio ENRICA.     Rev Esp Cardiol. 2014;67:367-73. - Vol. 67 Núm.05 Pilar Guallar-Castillóna, Raúl Francisco Péreza, Esther López Garcíaa, Luz M. León-Muñoza, M. Teresa Aguilerab, Auxiliadora Graciania, Juan Luis Gutiérrez-Fisaca, José R. Banegasa, Fernando Rodríguez-Artalejo


3 Prevalence of general and abdominal obesity in the adult population of Spain, 2008-2010: the ENRICA study. Obes Rev. 2012; 13:388-92. Gutiérrez-Fisac JL, Guallar-Castillón P, León-Muñoz LM, Graciani A, Banegas JR, Rodríguez-Artalejo F.


4 Achievement of cardiometabolic goals in aware hypertensive patients in Spain: a nationwide population-based study. Hypertension. 2012; 60:898-905  Banegas JR, Graciani A, De la Cruz-Troca JJ, León-Muñoz LM, Guallar-Castillón P, Coca A, et al


5 Mediterranean diets and metabolic syndrome status in the PREDIMED randomized trial

Nancy Babio, Estefanía Toledo, Ramón Estruch, Emilio Ros, Miguel A. Martínez-González, Olga Castañer, Mónica Bulló, Dolores Corella, Fernando Arós, Enrique Gómez-Gracia, Valentina Ruiz-Gutiérrez, Miquel Fiol, José Lapetra, Rosa M. Lamuela-Raventos, Lluís Serra-Majem, Xavier Pintó, Josep Basora, José V. Sorlí, Jordi Salas-Salvadó, for the PREDIMED Study Investigators CMAJ October 14, 2014 First published October 14, 2014, doi:10.1503/cmaj.140764


6 Paniagua JA, Gallego de la Sacristana A, Romero I, et al. Monounsaturated fat-rich diet prevents central body fat distribution and decreases postprandial adiponectin expression induced by a carbohydrate-rich diet in insulin-resistant subjects. Diabetes Care 2007;30:1717-23.


7 Dietary monounsaturated fatty acids are protective against metabolic syndrome and cardiovascular disease risk factors. Lipids 2011;46:209-28 Gillingham LG, Harris-Janz S, Jones PJH.


8 Substituting dietary saturated for monounsaturated fat impairs insulin sensitivity in healthy men and women: The KANWU Study. Diabetologia 2001;44:312-9. Vessby B, Uusitupa M, Hermansen K, et al.


9 Dietary factors and low-grade inflammation in relation to overweight and obesity. Br J Nutr 2011;106(Suppl3):S5-78. 48. Calder PC, Ahluwalia N, Brouns F, et al.


10 Esfahani A, Wong JMW, Truan J, et al. Health effects of mixed fruit and vegetable concentrates: a systematic review of the clinical interventions. J Am Coll Nutr 2011;30:285-94.


11 Virgin olive oil and nuts as key foods of the Mediterranean diet effects on inflammatory biomakers related to atherosclerosis. Pharmacol Res 2012;65:577-83. 50. Urpi-Sarda M, Casas R, Chiva-Blanch G, et al.


12 Effect of a traditional Mediterranean diet on lipoprotein oxidation: a randomized controlled trial. Arch Intern Med 2007;167:1195-203. 5  Fitó M, Guxens M, Corella D, et al.


13 Inhibition of circulating immune cell activation: a molecular antiinflammatory effect of the Mediterranean diet. Am J Clin Nutr 2009;89: 248-56. Mena M-P, Sacanella E, Vazquez-Agell M, et al.


14 Oleocanthal, a Phenolic Derived from Virgin Olive Oil: A Review of the Beneficial Effects on Inflamatory disease. Lisa Parkinson and Russel Keast. Int. J. Mol. Sci. 2014, 15(7), 12323-12334;


15 Phytochemistry: ibuprofen-like activity in extra-virgin olive oil. Beauchamp GK1, Keast RS, Morel D, Lin J, Pika J, Han Q, Lee CH, Smith AB, Breslin PA. Nature. 2005 Sep 1;437(7055):45-6.


16 www.predimedplus.com



                                                                             Dr. Félix Martín Santos




 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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