Sierra de Las Quilamas: Ruta desde San Miguel de Valero hasta San Esteban de la Sierra

En la Sierra de las Quilamas salmantina existe una insólita ruta entre San Miguel de Valero y San Esteban de la Sierra, que surca excepcionales miradores y atraviesa quebradas montañas, apartados valles, inexplorados regatos, donde prosperan almeces u hojaranzos, cornicabras y lentiscos, que dan fe de la pureza del lugar.

El excelente grado de conservación de sus ecosistemas enriquece y da lustre a la Reserva de la Biosfera de Béjar-Francia (UNESCO, 2006), a la que pertenece la Sierra de las Quilamas. Además, la presencia de buitres negros, cigüeña negra, buitres leonados, entre otras muchas aves, fue determinante para honrarla con la distinción de Zona de Especial Protección de las Aves (ZEPAs).


San Miguel de Valero: Cooperativa Reina Kilama (Miel y Polen)


Esta singular ruta la efectué, por primera vez, durante un cálido día de julio de 2017, acompañado y guiado por mi buen amigo Rafael Navarro, natural de Valero, desde hace décadas afincado en San Miguel, que conoce la Sierra de las Quilamas como la palma de su mano, merced a que la recorrió múltiples veces en su infancia y adolescencia, mientras ejercía precozmente su antiguo trabajo de cabrero. Actualmente, cuando su trabajo de apicultor se lo permite, le gusta emprender rutas por parajes tan queridos, a fin de mostrárselas a los que tenemos la suerte de acompañarlo.


La ruta la iniciamos en la Cooperativa Reina Kilama (miel y polen), ubicada en las afueras de San Miguel de Valero. Al poco de sobrepasarla, el duro pavimento asfaltado, por el que discurríamos, se tornó terroso y mullido, enmarcado por pinos que dejaban ver en lontananza las imágenes del Castillo de Valero y de la Peña de Francia. Un poco antes, dejamos, a nuestra derecha, una plantación de cerezos con algún manzano aislado.


El camino inmediatamente gira a la izquierda y tras progresar un pequeño trecho, Rafa empezó a narrarme lo que sabe y ve: “Cuando yo era un muchacho, esta ladera que ves a nuestra derecha era el cementerio de los animales. Desde Valero siempre veíamos buitres sobrevolar esta zona. A un señor se le moría un burro, a esta garganta lo llevaba, que era una cabra la que moría, aquí la tiraba.”


Sucesión de atalayas y miradores de la sierra


Al poco tiempo, empezamos a contemplar una sensacional panorámica del valle forjado por el río Quilamas. “Esto es divino, macho. Si quieres realizaruna buena foto de toda la Quilama, hazla desde aquí. No encontrarás un sitio mejor que éste”, me refería Rafa, pleno de entusiasmo.


Panorámica del valle de las Quilamas desde terrenos de San Miguel de Valero, donde se aprecia la carretera que comunica Valero con San Miguel.


                    


No le falta razón a Rafa, pues, mirando al noroeste, puede apreciarse una imagen nítida de los montes que circundan el curso del río Quilamas, donde destaca, a la izquierda, la mole del Castillo de Valero, en tanto que, prácticamente en el centro de la cabecera del valle, se observa el Pico de la Cueva. Además, se aprecia muy nítidamente la carretera de San Miguel a Valero, zigzagueando por la sierra.



Durante un buen tramo, caminando entre pinos y jaras, la panorámica de la sierra de las Quilamas seguía enseñoreándose del paisaje, especialmente, tras remontar una pequeña cuesta y llegar a una atalaya, desde donde Rafa seguía transmitiendo su conocimiento y pasión sobre las tierras que le vieron nacer: “Mira, desde aquí vemos, a la derecha, El Mojón del Marrano, el Pico Cervero, por encima de Castildecabras, y Pico Chico. A la izquierda, tenemos la hondonada de la Palla. Además, fíjate bien, se ven muchas rutas, como la ruta del Hueco, la de la Palla, la del pico Porrejón, la de la chorrera de Jigareo. Todas se ven desde aquí.”


Cuando llevábamos andado poco más de medio kilómetro desde la cooperativa apícola, apareció, a nuestra derecha, el repetidor de Valero, ubicado en terrenos de San Miguel, momento que aprovechó Rafa para referirme la causa de tal hecho, como sigue: “Cuando en el año 65 del pasado siglo, llegaron las televisiones a los pueblos de la sierra, todos podían verlas con las señales del repetidor de la Peña de Francia menos los de Valero, por estar en la profundidad del valle, por lo que se vieron en la necesidad de solicitar permiso al Ayuntamiento de San Miguel para construir un repetidor en sus terrenos, mucho más altos. Entonces, el alcalde de este último pueblo, íntimo amigo de mi padre, se lo concedió a cambio de un gran arco que formaba parte de una ermita de Valero, justo el que ves en la entrada de San Miguel.”


                                  Repetidor de Valero en tierras de San Miguel ( 09-07-2017).


Según me narraba Rafa éste y otros hechos, con su gracia y acento serrano, prosperaba mi conocimiento sobre la sierra de las Quilamas, tierra que también vio nacer a mis ancestros maternos y por la que siento verdadera devoción.


                                    Pinares de San Miguel, ubicados en antiguos terrenos de fresas


Tras andar, en torno a un kilómetro y medio, entre pinares plantados hace unos cuarenta años, a raíz del ocaso de las plantaciones de fresas, que entonces eran las dueñas de estos terrenos, llegamos a ver, a nuestra derecha, un pequeño acceso a otro excelente mirador de la sierra, al que decidimos acercarnos.  


 Panorámica de la sierra de las Quilamas, subcomarca de la Sierra de Francia y las Batuecas: Por detrás de Rafa se vislumbra, en lontananza, el caserío de Miranda del Castañar.


Entonces, abandonamos brevemente el camino principal para adentrarnos entre jaras y cantuesos hasta llegar a un terreno despejado, junto a unas colmenas, desde donde se vuelve a observar una excelente panorámica de la sierra de Quilamas así como de las Batuecas y Sierra de Francia. En lontananza, al suroeste se observaba bastante bien el caserío de Miranda del Castañar.


Después de gozar con la anterior panorámica, regresamos al camino por el que discurrimos durante un tramo más, hasta llegar a una bifurcación, donde dejamos el camino de la izquierda, que conduciría a San Miguel, y proseguimos por el de la derecha. A partir de ahora, ya no caminaremos a la sombra de los pinos, que nos habían protegido de las radiaciones solares durante los casi dos kilómetros de trayecto recorridos.


Rafael Navarro posa orgulloso desde una atalaya desde la que se divisa Valero, el pueblo que le vio nacer. (09-07-2017)


Rafa y Félix en el mirador desde el que se divisa Valero, en el centro del valle de las Quilamas. 09-07-2017


Tras andar un trecho más, en leve descenso, surge, a nuestra derecha, un pequeño sendero, por el que, entonces, nos introducimos, a fin de acceder a otra gran atalaya, el llamado Cuerno de Calamorros, según Rafa, y Cuerno de Catamoros, según el programa IBERPIX 4, del Instituto Geográfico Nacional (IGN), para lo cual tuvimos que progresar cerca de medio kilómetro, entre lanchas de pizarra y alguna colmena aislada. Cuando, por fin, llegamos, observamos una excelente panorámica de Valero, al oeste y relativamente cercano a nosotros, en tanto que más bajo y al suroeste se aprecia el Piélago, muy cerca del cual el río Quilamas desemboca en el Alagón. Más en lontananza y a buena altura se contempla Miranda del Castañar.


Ruta entre San Miguel y San Esteban de la Sierra: Panorámica del Piélago, abajo, junto a la carretera, y, más en lontananza, Miranda del Castañar.


Cuando, después de contemplar tan estimulante panorámica, regresamos al camino, ya habíamos recorrido tres kilómetros y medio.


Descenso hasta el pinar del tío Bernabé, bordeando el valle de Valdecabras


A continuación, anduvimos un breve trecho para, enseguida, proceder a descender rodeados por la omnipresente jara y vigilados por los buitres negros y leonados, que se enseñoreaban del cielo, mientras la cigarra nos acompañaba con su monótono canto.


Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: descendiendo por un estrecho sendero, entre jaras


Cuando la pendiente se torna más pronunciada, contemplamos, a nuestra derecha, el valle de Valdecabras, que bordearemos durante casi medio kilómetro.


Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: Bordeando el valle de Valdecabras mientras descendemos.


En el valle de Valdecabras, aún subsiste, poderoso, un longevo castaño, regado por un arroyo, que nace de cercana fuente. Según me cuenta Rafa, en la parte baja del valle, sus paisanos de Valero, plantaban olivos, mientras que las cotas más altas las reservaban para viñedos, de los que se obtenía un vino de mucha graduación, por beneficiarse de muchas horas de sol.


Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Atravesando el pinar del tío Bernabé


Tras progresar un trecho más por este sendero pedregoso, nos topamos con el pinar del tío Bernabé, que será preciso atravesar durante cuatrocientos metros, al cabo de los cuales se nos ofrece una buena panorámica de San Esteban de la Sierra, que ya empezaba a vislumbrarse al poco de entrar al pinar.


Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: Al poco de salir del pinar del tío Bernabé se divisa San Esteban. (09-07-2017)


Descenso desde el pinar del tío Bernabé hasta el camino de Valero a San Esteban, atravesando el paraje y el regato de La Berringa o La Barriega


A continuación del pinar y a nuestra derecha, se halla el olivar del tío Manuel, que también pertenece a Valero. Al llegar a su nivel, es penoso contemplar bastantes olivos secos, invadidos por carrascas y altas escobas.


Ruta de San Miguel a San Esteban: El pinar del tío Manuel, invadido por la jara, escobas, carrascas y pinos.


Sin embargo, en la ladera de la izquierda, se observa un olivar muy bien cuidado, el del tío Amador, que pertenece a San Miguel, según me refiere Rafa.


Ruta de San Miguel a San Esteban: En la ladera de la izquierda se ve el cuidado olivar del tío Amador


Cuando hace un año efectuamos esta ruta por terrenos y parajes tan poco hollados, observamos tras descender como una centena de metros desde el punto anterior, que el sendero parecía perderse, por lo que tuvimos que descender abriéndonos paso entre jaras, escobas y carrascas. En cierto momento, pisamos los restos de una antigua tapia derrumbada, que entonces nos sirvió de improvisada calzada. Sin embargo, al poco tiempo de realizar este singular recorrido, operarios del Ayuntamiento de San Miguel de Valero, labraron un verdadero camino que permitía acceder sin mucho esfuerzo hasta el antiguo camino de Valero a San Esteban de la Sierra. No obstante, lo describiré como antaño lo hicimos, para transmitir parte de la emoción, verdadera aventura, que Rafa y yo experimentamos mientras descendíamos por terreno tan quebrado. Prosigamos, pues.


Mientras bajábamos, Rafa me refirió que estábamos en el paraje o pago de la Berringa, dos laderas montañosas separadas por el regato homónimo, cuyo cauce buscábamos (regato de la Barriega, según el ING).


Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Paraje y regato de la Berringa (La Barrienga, según el ING)


Cuando, tras descender unos cuantos metros más por abrupto y difícil terreno, llegamos al citado regato nos dejamos arrullar por la cantarina agua del mismo al tiempo que nos refrescamos  con líquido tan virginal.


Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: Rafa refrescándose en el regato de la Berringa (La Barriega).


A continuación, al no ver sendero alguno por el que pasar, decidimos descender siguiendo el curso del regato, pues su escasa agua nos dejaba pisar, en bastantes tramos, su lecho pizarroso. Mientras tanto, Rafa me seguía ilustrando sobre las tierras y parajes circundantes. Así, me refirió que los olivares que se empeñan por sobrevivir a ambos lados de este caprichoso curso de agua pertenecen a San Miguel en tanto que los huertos de la cuenca del mismo, la mayor parte perdidos actualmente, tienen como dueños a los habitantes de Valero. ¡Dios! Rafa se acuerda de los nombres de todos sus antiguos dueños.


Antiguos cercados pétreos junto al regato de la Berringa en la ruta de San Miguel a San Esteban (09-07-2017)


Ruta de San Miguel a San Esteban: Lecho pizarroso del regato de la Berringa (Barriega)


Tras breve descenso, llega un momento en que la maleza no permite progresar por el regato, por lo que salimos de su lecho, ascendiendo, por la derecha, entre peñascales de pizarra y, luego, remontando tapias de olivares, ya perdidos, rozando matas de rusco, para, enseguida, volver al cauce del regato, por el que no proseguimos sino que lo atravesamos, a fin de ascender, ahora, por la ladera izquierda. De esta suerte, faldeando entre estepas y carrascas, hallamos, por fin, el camino que comunica Valero con San Esteban de la Sierra.  


Descansando a la sombra de almeces u hojaranzos


Ya, en pleno camino, nos sosegamos un poco, y comprobamos que desde donde estamos hasta el olivar del tío Manuel, por donde empezó nuestro abrupto descenso, no hay más de medio kilómetro.  Además, mi aplicación del móvil me permite saber que desde la cooperativa apícola de San Miguel, donde iniciamos la ruta, hasta aquí hay poco menos de cinco kilómetros y medio (5310 metros).


También comprobamos que el nivel en el que desembocamos corresponde con una raya divisoria de tres pueblos: Valero, a nuestra derecha, al oeste; San Miguel, al norte, a nuestra espalda; y San Esteban de la Sierra, a nuestra izquierda, al este-sureste.


Ruta de San Miguel a San Esteban: Nos sentamos a la sombra de varios almeces, tras descender por el regato de la Barriega (09-07-2017)


Ruta de San Miguel a San Esteban: Almeces u hojaranzos en el camino que comunica Valero con San Esteban


Mientras comíamos unas viandas a la sombra de varios fresnos y hojaranzos o almeces, Rafa volvió a mostrar su gran conocimiento. Así, por ejemplo, me refirió que las hojas del hojaranzo son muy nutritivas para el ganado porcino, por lo que era costumbre recoger unos buenos haces de sus ramas para, luego, en casa, desprender las hojas, con objeto de introducirlas en grandes calderos de agua con salvado y, posteriormente, añadirlas a la ración diaria. De esta forma, los cerdos engordaban rápido y efectivamente.


Camino de Valero a San Esteban de la Sierra: Cornicabras y lentiscos se hibridan frecuentemente


En tanto seguíamos sentados, comiendo frugalmente y bebiendo agua con placer, Rafa escudriñaba toda la vegetación que nos rodeaba, con el propósito de recordar y, luego, referirme sus antiguas y naturales aplicaciones. De esta guisa, después de contar las propiedades de las hojas del almez, me dijo que las hojas del fresno eran muy apreciadas por las cabras, que ramoneaban con deleite. Luego, viendo varios lentiscos y cornicabras (que se hibridan frecuentemente) junto a nosotros, refirió que con tales plantas elaboraban excelentes escobas.


Antes de levantarnos y proseguir la ruta, Rafa, recordando lo que nos había costado llegar hasta aquí, hizo una nueva reflexión: “Una vez sobrepasado el pinar del tío Bernabé, no teníamos que haber buscado tan rápido el regato de la Berringa, sino haber continuado por arriba, siguiendo la línea del olivar de Manuel, para llegar más cómodamente a este camino de Valero y San Esteban”.


Como ya dijimos antes, el sendero por el que hubiéramos descendido más cómodamente fue incluso ensanchado y adecentado poco tiempo después.


En cualquier caso, el medio kilómetro de descenso por un inexplorado camino, vadeando y cruzando el río, encaramándonos por las laderas que lo arropan y abriéndonos camino entre carrascas, jaras y escobas, nos hizo vivir una estimulante y saludable aventura, con buen final: hallamos el camino y agradecimos más el sosiego subsiguiente.


Un poco antes de proseguir por el nuevo y ancho camino, nos dio tiempo a contemplar, abajo y a nuestra derecha, el curso del regato de la Berringa,con un bosque galería constituido por numerosos fresnos y bastantes hojaranzos, que lo acompañan hasta su desembocadura en el vecino río Alagón.


Prosiguiendo por el camino de Valero a San Esteban: Bosquete de almeces, olivares y encinas.


Ya en el camino de Valero a San Esteban, avanzamos a la sombra de múltiples encinas, bastantes ejemplares de cornicabra y algunos bancales de olivos y, tras andar poco más de medio kilómetro (unos 700 metros), un bosquete de almeces, a nuestra derecha, cuyos ejemplares pugnan por sobrevivir a un fuerte estrato arbustivo, que los ahoga sin piedad, por no beneficiarse de la correspondiente limpieza. A pesar de ello, dejan ver su rectilíneo tronco con su lisa y grisácea corteza así como sus hojas, aovado-lanceoladas, finamente aserradas


Camino de Valero a San Esteban: Bosquete de almeces u hojaranzos


Un poco más de camino y llegaremos a un claro, a nuestra derecha, desde donde se divisa el curso del río Alagón y el valle correspondiente, en cuya ladera izquierda, la ubicada enfrente de nosotros, se aprecia el castañar del Torozo, al fondo y al suroeste, rodeado por canchales de pizarra, y se halla la fuente del Avellano, un poco más abajo, junto al río.


Valle del Alagón, en el camino de Valero a San Esteban.


                               Camino de Valero a San Esteban: Olivar del tío Julio.


Cuando llevábamos recorrido como un kilómetro por este ancestral camino vecinal, descubrimos, también a nuestra derecha, un olivar muy bien cuidado, el del tío Julio, natural y residente en Valero. Nos llamó la atención, la presencia de plásticos colgados de las ramas de los olivos, colocados con el propósito de ahuyentar al jabalí, mediante el ruido producido al ser agitados por el viento. Aunque, según Rafa, la eficacia de tal estrategia es más bien pobre, pues el suido no se atemoriza y, por ende, come todas las aceitunas caídas en el suelo.


Si continuamos un pequeño tramo más, nos toparemos con un improvisado mirador, a nuestra derecha, desde el que se divisa en plenitud el caserío de San Esteban de la Sierra.


Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Panorámica de San Esteban en el camino procedente de Valero.


Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Panorámica de San Esteban en el camino procedente de Valero


El camino nos conduce a San Esteban entre escobas, jaras y lentiscos, observando, un poco más adelante, un pequeño almez, marchitándose por el sol y la sequía.


Avanzamos un trecho más y nos vemos obligados a atravesar un pequeño puente bajo el que discurre un arroyo que, enseguida, entrega sus aguas al Alagón. Luego, pasamos junto a unas derruidas almazaras.


Puente medieval sobre el río Alagón, a la entrada de San Esteban de la Sierra


A punto de entrar en el puente medieval sobre el río Alagón en San Esteban de la Sierra.


Después de progresar un corto tramo más, observamos unos buenos ejemplares de olivo, que nos anuncian la presencia del puente medieval de tres arcos sobre el río Alagón, que sobrepasamos para entrar, entre viñedos, a San Esteban de la sierra.


Entrando en San Esteban de la Sierra, tras efectuar la ruta que lo comunica con San Miguel de Valero, a través de las Quilamas.


Ya en el pueblo, ascendemos por sus empinadas calles, dejando, a nuestra derecha, dos fuentes de tipología romana, con cubierta a dos aguas y con buena bóveda pétrea.


Mapa del IGN (IBERPIX 4), con parte de la ruta seguida por nosotros para llegar de San Miguel a San Esteban de la Sierra.



Una vez cumplido nuestro objetivo, ir desde San Miguel de Valero hasta San Esteban de la Sierra por una ruta un tanto insólita y poco convencional, pues atraviesa una parte de las Quilamas por caminos y senderos poco frecuentados, e incluso, algunos, sin explorar como el descenso de medio kilómetro entre el pinar del tío Bernabé hasta el camino de Valero a San Esteban, a través del valle y regato de la Berringa o la Barriega, será preciso regresar al punto de partida, esto es, a San Miguel. Para ello, existen varias posibilidades, que oscilan desde desandar lo andado por el mismo trayecto,hasta esperar tranquilamente en San Esteban a algún buen amigo para que nos lleve en coche hasta San Miguel, pasando por regresar por el camino de San Esteban a Valero y, a continuación, ascender por el ancestral camino que permitía comunicar Valero con San Miguel.


Nosotros, dado que habíamos quedado a comer con nuestras respectivas cónyuges y temíamos desairarlas, decidimos llamar a Pepe, un buen amigo de Rafa, para que amablemente nos subiera en su coche hasta San Miguel. 


En fin, excursiones como la referida sirven de magnífico bálsamo para aliviar el desbordante estrés que, a veces, nos acongoja y atenaza. No dudemos, por tanto, en aventurarnos en rutas similares, sobre todo, si vamos tan bien acompañados como lo fui yo, aquel 9 de julio de 2017, cuando la efectué felizmente, merced al esmero, tesón y profundo conocimiento de mi querido amigo Rafa.



Dr. Félix Martín Santos



 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.


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