Tabaquismo: Causas de la dependencia tabáquica y medidas preventivas

A lo largo de la historia las personas se han iniciado en el hábito tabáquico influidos por la gente de su entorno más íntimo y próximo: la familia, el medio escolar, los amigos y compañeros.

Los amigos y compañeros fumadores suelen presionar al neófito para que empiece a fumar sus primeros cigarrillos. Para sentirse integrado en el grupo es muy frecuente que el joven principiante acepte la pérfida oferta.


La familia influye decisivamente en el conjunto de creencias, valores y conductas del ser humano. La actitud y conducta de los padres y hermanos mayores puede servir de modelo a seguir por el niño. Los niños que se desarrollan en hogares donde los padres no sólo no fuman sino que, además, no son permisivos con el consumo de tabaco tienen menos posibilidades de convertirse en fumadores. Obviamente, lo contrario sucede en caso de darse las premisas opuestas a las mencionadas.


El medio escolar no debe comportarse como un lugar iniciador del consumo tabáquico, como frecuentemente ha sucedido; también por la “presión de los compañeros”. Debe, en cambio, ser un medio protector donde los profesores impartan educación para la salud en estilos de vida saludables, explicando a los niños desde su más tierna infancia los riesgos del tabaquismo y de otros hábitos nocivos como el consumo de alcohol y otras drogas. Por otra parte, los profesores deben ejercer su papel de población ejemplar y modélica.


El joven se inicia en el tabaquismo no sólo por la influencia negativa del entorno más próximo sino también por factores ambientales como la publicidad y promoción del tabaco, habitualmente financiadas por la industria tabacalera internacional. Durante décadas los medios de comunicación se han empleado para efectuar una publicidad favorable a los intereses de esta lucrativa industria. Para engañar a la gente han utilizado imágenes espectaculares, que en todo momento han vinculado el tabaquismo con el éxito social, la libertad, el deporte, la emancipación y el lujo. 


A medida que en los diversos países de nuestra órbita europea se ha ido prohibiendo esta publicidad directa, la industria tabacalera ha utilizado la denominada publicidad indirecta, mediante la cual se promocionaban actos deportivos y culturales bajo el patrocinio de conocidas marcas de tabaco.


DEPENDENCIA TABÁQUICA


La dependencia al tabaco está considerada desde 1992 como un trastorno mental y del comportamiento en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS (ICD-10) y en el Manual de Diagnóstico y Estadísticas de la Asociación Americana de Psiquiatría de 1995 (DSM-IV-TR).


El tabaquismo se sustenta por la adquisición del fumador de una gran dependencia física a la nicotina, intensa dependencia psicológica, notable dependencia gestual, tolerancia y síndrome de abstinencia (al dejar el hábito).


La nicotina es la droga que más rápidamente actúa en los centros cerebrales relacionados con los mecanismos de refuerzo positivo: de 8 a 10 segundos. Tras ser inhalada por el fumador de cigarrillos o absorbida en la mucosa oral por el fumador de pipa o puros llega en menos de 10 segundos a los núcleos cerebrales del sistema dopaminérgico y noradrenérgico, donde se liberan respectivamente dopamina y noradrenalina, responsables de la engañosa y fraudulenta sensación de placer y estimulación. Como sus niveles sanguíneos prácticamente desaparecen en menos de 2 horas del último cigarrillo, el fumador cuando vuelve a fumar otro pitillo nota una sensación de relajación y tranquilidad, debido a que está paliando el síndrome de abstinencia que ya empieza a manifestarse. Por todo ello, la nicotina consigue el máximo efecto en el mínimo tiempo. Tiene mayor capacidad adictiva que otras drogas, como la heroína y la cocaína.


Los médicos empleamos el denominado test de Fagerström para identificar el grado de dependencia física del fumador.


La dependencia gestual y psicosocial la exploramos mediante el test de Glover Nilsson.


Cuando un fumador con dependencia física deja de fumar es muy probable que sufra un síndrome de abstinencia, de severidad variable, dependiendo del paciente y del grado de dependencia física del mismo. Es bastante común que manifieste diversos grados de ansiedad, irritabilidad, insomnio, cefalea, “craving” o deseo de fumar, así como una reducción de la frecuencia cardíaca y de la tensión arterial, previamente elevadas por la nicotina. Esta clínica empieza a surgir entre las 2 y 12 horas del cese, llegando al cénit a las 48 horas y manteniéndose durante una media de 4 semanas.


Actualmente disponemos de buena terapia farmacológica para neutralizar el síndrome de abstinencia: tratamiento sustitutivo con nicotina, bupropión y vareniclina. Estos fármacos están indicados en fumadores con intensa dependencia física, que desean dejar de fumar, pero necesitan ayuda por fracasos previos.


MEDIDAS DE PREVENCIÓN PRIMARIA

                                        

Pretenden conseguir reducir la tasa de incidencia de tabaquismo, esto es, evitar que nuevos adeptos se incorporen a este devastador hábito. Pretendemos que nuestros niños y adolescentes no empiecen a fumar. Para ello nos valemos de la rentabilísima educación para la salud en la escuela y en el seno familiar, educando a nuestros escolares e hijos, respectivamente, en estilos de vida saludables. Además, es de gran trascendencia que tanto los padres como los profesores ejerzan un papel ejemplar. Si deseamos que nuestros hijos y escolares no fumen ni beban alcohol, deberemos mostrarnos en todo momento libre de esos malsanos estilos de vida.


Además, es muy importante que la sociedad, en general, no vea con buenos ojos el tabaquismo, sino que sea considerado como una conducta insana y estigmática. Las recientes leyes aprobadas en España, prohibiendo la publicidad, uso y consumo de tabaco en lugares públicos van en esta dirección. Ya a los pocos años de su aprobación (diciembre de 2005, la primera, diciembre 2010, la segunda) se han conseguido excelentes resultados;  con reducción significativa de las proporciones de infarto y, sobre todo, de las consecuencias del tabaquismo pasivo en niños, con menos partos prematuros y exacerbaciones asmáticas.


MEDIDAS DE PREVENCIÓN SECUNDARIA

                              

Tanto las medidas legislativas en contra del tabaquismo como las medidas dependientes de la labor de los profesionales de la salud ejercen un gran impacto sobre el consumo tabáquico: reducción notable de la proporción de prevalencia de tabaquismo.


Una medida muy rentable para reducir la prevalencia de tabaquismo es aumentar sensiblemente los impuestos del mismo. La investigación al respecto ha demostrado que un incremento del 10% del precio del tabaco conlleva una reducción del 4% del consumo tabáquico en los países más ricos y de un 8% en los países de menor poder adquisitivo. Siguiendo estas directrices, durante el Día Mundial sin Tabaco de 2014, celebrado el 31 de mayo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido como objetivos los dos siguientes:


1)      Potenciar que los gobiernos aumenten los impuestos del tabaco hasta niveles que permitan reducir su consumo.


2)      Impulsar que las personas y las organizaciones de la sociedad civil motiven a sus gobiernos para incrementar los impuestos sobre el tabaco hasta cotas que reduzcan significativamente el consumo del mismo.


Como respuesta a esta solicitud de la OMS, el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) ha emprendido acciones dirigidas a estimular a la ciudadanía sobre las ventajas de aumentar la fiscalidad del tabaco. También ha solicitado públicamente al gobierno español que incremente los impuestos específicos del tabaco, así como que equipare la cuantía de los mismos a todas las labores del tabaco, a fin de evitar desvíos del consumo desde el cigarrillo a otras opciones más baratas.


El 27 de mayo de este año, el CNPT publicó el informe “La fiscalidad del tabaco y la Salud”,  en el que recoge las recomendaciones de la OMS. En él se insiste en que el incremento de impuestos del tabaco es la medida aislada más eficaz para reducir su consumo, pues cada 10% de aumento del precio comporta una reducción del 3,7% del consumo en adultos y del 9,3% en jóvenes. Estiman que si se incrementara un 5% el precio del tabaco se podría conseguir más de 93.000 abandonos y una reducción de más de 3.000 muertes a lo largo de los próximos 20 años en nuestro país. También recomiendan que la fiscalidad de los cigarrillos electrónicos se equipare a la del tabaco convencional.


Como decíamos antes, la famosa ley antitabaco española, esto es, la Ley 24/2010 de medidas sanitarias frente al tabaquismo, reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco, puesta en marcha en 2011, ha comportado excelentes resultados; con gran reducción de las muertes de causa cardiovascular y de exacerbaciones asmáticas. Resultados lógicos, si nos atenemos a la reducción de la prevalencia de tabaquismo desde el 26,4% en 2009 hasta el 24% de 2011, ya con plena vigencia de la última ley, que prohíbe fumar, por fin, en bares y restaurantes.


Además de estas necesarias medidas de porte legislativo es imprescindible contar con el factor humano: el proveedor de salud.


¿CUÁL ES EL PAPEL DEL PROFESIONAL DE LA SALUD EN LA LUCHA ANTITABÁQUICA?

         

Los profesionales de la salud pueden y deben intervenir activamente tanto en la prevención primaria como, sobre todo, en la prevención secundaria del tabaquismo. La intervención clínica-terapéutica sobre el tabaquismo, que incluye el consejo médico y el tratamiento farmacológico, es una estrategia a privilegiar por los médicos, pues con ella consiguen que una gran proporción de fumadores abandonen definitivamente su hábito. En fin, este contenido será abordado en la próxima entrada de este blog.


Dr. Félix Martín Santos

Neumólogo


 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS


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