Valle Medio del Arlanza: Planeo del buitre leonado sobre sabinas milenarias en la Sierra del Gayubar

El curso medio del río Arlanza forja un cañón y un conjunto de meandros auténticamente excepcionales no sólo por su belleza singular sino también por su riqueza biológica: variada avifauna, con la categoría de Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), con una de las más notables colonias de buitres leonados de la península ibérica (218 parejas); los sabinares más extensos y mejor conservados del planeta, algunos de más de 2000 años de antigüedad, que forman parte del Parque Natural de los Sabinares del Arlanza; interesantes fenómenos geológicos, propios de la orla mesozoica previa a la sierra de la Demanda, con su conjunto de sinclinales colgados y sus huellas paleontológicas. 

Por si esto fuera poco, lamiendo sus meandros se hallan las ruinas del otrora poderoso monasterio de San Pedro de Arlanza y, más arriba, las de la primitiva ermita de San Pelayo.


En el artículo precedente iniciamos la descripción de una ruta senderista que recorre uno de los tramos más emblemáticos de este valle: el que transcurre desde el puente más próximo a San Pedro de Arlanza, el puente de la Viña, y la cumbre del monte Gayubar. Aprovechamos para referir una serie de hitos: la riqueza biológica del ecotono del inicio del trayecto; el acceso a una primera atalaya sobre el Arlanza, donde se aprecia, además de una bellísima panorámica, la erosión del río en su orilla derecha, forjando el promontorio rocoso de la ermita de San Pelayo, y la colmatación de materiales en la orilla opuesta; el trayecto hasta un mirador desde donde se divisa el cañón del Arlanza; y el descenso hasta la base de una peña buitrera. Pero nos quedamos en la mitad de la excursión. Continuemos, pues, con el resto.


Caminando entre sabinas en pos del arroyo de la Estacada


Tras descender por tercera vez a la orilla izquierda del río y rebasar la mole rocosa, donde cría una pareja de buitres leonados, senderearemos entre el río Arlanza, a nuestra izquierda, y los más próximos roquedos de una crestería caliza, a nuestra derecha, contemplando notables y longevas sabinas, algunas milenarias, de hasta veinte metros de altura.


Cuando llevamos recorrido un poco más de medio kilómetro (570 m) por este majestuoso sabinar, el camino se bifurca. Avanzaremos por el de la derecha, y en un plis-plas veremos un cartel de la Junta de Castilla y León, arrancado y caído sobre una roca, a nuestra izquierda, cuyas letras desgastadas y poco visibles nos ofrecen una doble información: la primera, que respetemos a las aves; la segunda, que está prohibido acampar.


Después de una centena de metros nos topamos con el arroyo de la Estacada, que enseguida se estrecha tanto como para saltarlo cuando lleva algo de agua en primavera; en verano suele estar seco, por lo que pasaremos sin problemas. Tras vadearlo y, luego, recorrer setenta metros más, el estrecho sendero vuelve a bifurcarse. Nosotros volveremos a ir por el de la derecha, el cual nos conducirá hasta una ladera de pendiente muy pronunciada, aunque corta (110metros). Después de remontarla con esfuerzo observaremos con nitidez el cortado rocoso de Peñaísa. ¡Demontre! Ahora nos queda el tramo más duro de esta ruta: ascender el medio kilómetro (470 m) de intensa pendiente, que nos permitirá encumbrar esta parte del sinclinal colgado. 


Vista al inicio del ascenso al Gayubar


La dureza de la subida es tanto menor cuanto mayor sea nuestra forma física, esto es, nuestra resistencia cardiorrespiratoria. Sí, porque si mimamos ésta, practicando ejercicio físico regularmente, podremos gozar con la espectacular panorámica del cañón del Arlanza, a nuestra izquierda, al este, creciente según ascendemos; en caso contrario, es muy posible que la fatiga nos embote los sentidos y sólo veamos guijarros, la huella de nuestros pasos y una pendiente inalcanzable. En tal caso, paciencia y persistencia en el empeño, parándonos las veces que haga falta, pues la recompensa final bien merece la pena.


Ya muy cerca de la cumbre, pasamos junto a una gran sabina, que lame el camino, continuamos unos pocos metros más para situarnos sobre un rico estrato herbáceo en el que surgen especies de orquídeas del género Ophris.


En mayo de 2015,  cuando subía con mi amigo José Mari, tuve la ocasión de contemplarlas. Paramos aquí, contemplamos la panorámica, pero no encumbramos, con objeto de no molestar más a los numerosos buitres leonados, cuyas crías no salen del nido hasta julio. Por lo tanto, regresamos, volviendo  a disfrutar de las vistas durante el descenso.


Si decidimos encumbrar (no de diciembre a julio) habrá que girar primero a la derecha y, luego, a la izquierda para así pasar por un estrecho pasillo, entre dos retoños de sabina, que nos dejará en el alto de Los Alares.


En este momento quiero reconocer que la denominación de este sector del monte-sierra del Gayubar la he visto recientemente (septiembre 2015) en el Mapa Topográfico Nacional de España 277-III, perteneciente al Instituto Geográfico Nacional (Ministerio de Fomento), al que también se puede acceder por internet: programa IBERPIX2. Antes desconocía su verdadero nombre, simplemente decía que subía al Gayubar.


Al llegar a este punto, quiero agradecer a los montañeros y excursionistas que se han preocupado por señalar el trayecto correcto, mediante la colocación de hileras de piedras indicativas, sobre todo, en los tramos más comprometidos, como en la ascensión por las dos laderas citadas y en el trecho inmediatamente previo a la primera. Al menos, en la excursión que efectué en agosto de 2015 eran claramente apreciables. Este esfuerzo por ayudar a la gente, a fin de no desorientarse, es digno de encomio. Me parecen conductas muy plausibles y notablemente solidarias.                                              


Panorámica desde la cumbre y efectos saludables


Desde el arroyo de la Estacada hasta aquí hemos ganado una altura de 112 metros, pues en los pastizales de este arroyuelo he medido una altura de 918 metros y en esta plana cima de Los Alares la altitud que me marca el altímetro es de 1030 metros.


Nada más llegar a la cumbre el sendero discurre paralelo a una tapia, a nuestra derecha. Sin embargo, me complace más transitar paralelo al precipicio, a la izquierda, pisando un suelo constituido por rocas calizas que dejan pequeñas oquedades entre sus paredes, donde crece cierta vegetación (lapiaz). De esta guisa camino durante doscientos sesenta metros para llegar a una sabina milenaria, con el tronco inclinado al norte, hacia el cortado rocoso. Me siento junto a ella, protegido por su sombra y, desde hace dos décadas, me recreo con mi suerte, por seguir ascendiendo año tras año a esta familiar atalaya. 


Panorámica desde la cumbre (los Alares): mirando al este


Se trata de otro de los hitos de este recorrido, donde siento incrementar mi nivel de salud en su triple dimensión: somática, por los efectos cardiosaludables y antitumorales de la actividad física aeróbica; mental, porque la cantidad de endorfinas producidas tanto durante el ejercicio físico como con la contemplación de la bellísima panorámica tienen, sin duda, un relevante efecto antidepresivo y neuroprotector; social, porque con cierta frecuencia suelo ascender acompañado de amigos y compañeros con los que mantengo amables y enriquecedoras conversaciones. Tanto es así que ya empiezan a publicarse artículos que revelan que el grado de comunicación social ejerce un cierto efecto preventivo frente, al menos, dos procesos: depresión mental y cardiopatía isquémica (infarto y angina).


Aún recuerdo los felices momentos vividos en la reciente excursión (27 de agosto de 2015) que efectué con mis grandes amigos, José Ángel, Alfonso y su encantadora hija, Isabel, geóloga en ciernes. Confraternizamos mientras, sentados a la sombra de esta señorial sabina, degustábamos unas viandas propias de nuestra Dieta Mediterránea y una infusión de café especial de Etiopía Yirga Cheffe. La singular panorámica, la relajante conversación, el planeo de los buitres y las lecciones de geología de Isabel, echaron el resto.


Mirando al oeste: San Pedro de Arlanza y San Pelayo, en lontananza


Bueno, ya es momento de describir los elementos y parajes que se divisan desde esta ubicación, que convierten a este mirador, según mi criterio, en una fuente de salud. Tanto sentados, a la sombra de la sabina mencionada, como de pie, al borde del cortado rocoso, gozaremos con la siguiente panorámica: de frente, al norte, el cañón del río Arlanza, cuyas aguas fluyen de este a oeste, y que en otoño se tiñe de ocres por el bosque galería de sauces, alisos y los chopos de repoblación vecinos al río, mientras que en invierno adquiere los tonos rojizos de los amentos masculinos de los alisos; también al norte, enfrente nuestro, veremos las pequeñas cumbres de la Sierra de las Mamblas, con el cercano risco Estillín; al este, en lontananza se observa la silueta sinuosa de las cumbres de la Demanda, donde destaca el Mencilla; al oeste, la evocadora visión de las ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza y de la Ermita de San Pelayo; a nuestra espalda, al sur, se extiende el sabinar durante un cuarto de kilómetro hasta llegar a la vertiente meridional de este sector del Gayubar.


También desde esta atalaya podremos apreciar bien el sublime vuelo a vela del buitre leonado (Gyps fulvus), cuya destreza para aprovechar las corrientes ascendentes de aire caliente, lo convierten en el emperador de las térmicas. Además, su habilidad para el planeo también se debe a su sorprendente capacidad para valerse de las corrientes de aire convergente y de ladera. En este momento me parece justo recordar a mi buen amigo Roberto, practicante de vuelo sin motor o vuelo a vela, pues fue el que verdaderamente me explicó los fundamentos de la prodigiosa técnica de planeo del buitre leonado. Estábamos aquí, al borde del precipicio, hace más de una década, contemplando absortos el planeo de estas aves. Él, emocionado con lo que veía, entendía y fácilmente transmitía; yo, ojo avizor, intentando comprender su docencia cuasi práctica, que, además, me sirvió de acicate para que recabara más información sobre el tema. Gracias a él puedo gozar más de lo convencional con la contemplación del elegante vuelo de estas beneficiosas carroñeras.


Sector meridional del Gayubar


Bueno, prosigamos con la ruta. Usualmente, tras acceder hasta este punto estratégico y disfrutar de sus bondades, procedo a regresar al punto de partida, utilizando el mismo trayecto. Sin embargo, en ocasiones, fuera de la época crítica de crianza de los buitres (de diciembre a julio), prosigo hacia al este, paralelo al cortado rocoso, sin molestar a la rica avifauna, con el propósito de gozar con su contemplación y observación. Otras veces, en cambio, camino hacia el sur, a fin de disfrutar con la visión de longevas sabinas, de excepcional porte, así como del correspondiente estrato arbustivo en el que sobresale el omnipresente espliego, cuya floración óptima la alcanza en esta agreste cumbre durante el mes de septiembre.


De esta suerte logro llegar al otro extremo, el meridional, situándome sobre una pequeña plataforma, junto al cortado rocoso de este sector, en donde crecen diversas especies de siempreviva sobre el calizo piso, con el objeto de disfrutar con sus excelentes vistas: al sur, enfrente nuestro, tenemos  el arroyo de la Estacada y, más arriba, en lontananza, el mar de sabinares de Contreras y de Retuerta; a nuestra izquierda, al sureste, contemplaremos el pueblo de Contreras, con abundantes choperas de producción y, más a distancia, las moles de la Peña Carazo y del alto de San Carlos; a nuestra derecha, al oeste, veremos el inicio del desfiladero del arroyo de la Estacada o también llamado de El Cordillón. Finalmente, en el propio monte Gayubar, si miramos a nuestra izquierda veremos, a corta distancia, las oquedades y plataformas utilizadas por la avifauna; a más distancia, observaremos las Tenadas de Valdelacasa, con su ocre tejado. Además, en agosto de 2015 me sorprendió, en este mismo punto y paraje, la reiterada y bulliciosa ladra del corzo, acentuada durante el celo.


Si manejamos el programa IBERPIX2 podremos comprobar que esta Sierra del Gayubar dispone de una serie de altos o pequeñas cumbres, como el Alto de la Encinilla (1143 m.), el Guijarrón (1200 m.), que está junto al Espolón de Cascajares, Cabra (1255 m.), Cerro Contrera (1028 m.), Cabeza  la Fuente (1148 m.), y el más alto, La Peñota o Gayubar (1312 metros), casi enfrente de Barbadillo del Mercado. Son las caprichosas formas que adopta este sinclinal colgado, netamente visibles cuando nos aproximamos desde Castrillo de la Reina hasta Salas de los Infantes.

     

¿Por qué el Parque Natural de los Sabinares del Arlanza alberga los más extensos sabinares del planeta?


Es muy probable que se deba a que la sabina es un árbol capaz de resistir extremas condiciones meteorológicas así como edafológicas, soportando tanto temperaturas extremas como una gran pobreza del suelo. Ambas circunstancias hacen casi incompatible el desarrollo de la inmensa mayoría de los árboles, que no de la sabina.


En este momento me parece oportuno mencionar algunas características de este árbol, perteneciente a la familia de las cupresáceas. La sabina albar (Juniperus thurifera) es un árbol resinoso, siempre verde; de lento crecimiento; con hojas adultas escuamiformes, esto es, como pequeñas escamas imbricadas; de carácter dioico, dado que existen pies con flores masculinas, productores de polen, y pies con flores femeninas, que al ser fertilizadas constituirán el fruto, el cual está constituido por gálbulos de siete a ocho milímetros, pardo azulados de jóvenes, tornándose purpúreos en la madurez, la cual alcanzan en otoño o invierno del año siguiente.


La madera es imputrescible y muy aromática, de olor similar al incienso, por su carácter resinoso. La resistencia exhibida por la sabina es realmente sorprendente, pues es capaz de aguantar temperaturas extremas, que oscilan desde las gélidas invernales de – 25oC  hasta las tórridas veraniegas de 40 o C. Además, es capaz de desarrollarse en suelos muy pobres en materia orgánica y nutrientes, incluso sobre auténticos pavimentos de caliza o lapiaces, donde ningún otro árbol llega a hacerlo.



Cuando el suelo es algo más rico es fácil verla junto a encinas y, a veces, junto a quejigos. Sin embargo, en algunos sectores de la cumbre del monte Gayubar se observa un fino lapiaz, donde pueden verse pequeños surcos de vegetación, separados por tabiques de roca, formados por la disolución superficial de la caliza por el agua de lluvia almacenada. Por este motivo, la sabina puede crecer lentamente y sin competidores arbóreos, constituyendo un bosque adehesado con bastantes ejemplares milenarios, al igual que en la cercana cumbre de la peña de Carazo. Por otra parte, el profundo y extenso sistema radicular de estos árboles también ayuda lo suyo, haciendo más posible la obtención del líquido elemento, un tanto escaso en este terreno kárstico.


Quizá por estas características las sabinas constituyen en estas agrestes superficies auténticos bosques relictos, pues se remontan al terciario, hace unos 80 millones de años, época que permitió el desarrollo de especies propias de ambientes áridos.


Rapaces emblemáticas de este parque natural


Es tan rica y variada la avifauna de estos parajes como para adquirir en el año 2000 la clasificación de ZEPA. No obstante, en este punto sólo mencionaré algunas de las rapaces que crían en los cortados rocosos del cañón del Arlanza y del desfiladero de la Estacada, aquellas que podremos contemplar mientras recorremos sus senderos: buitre leonado, alimoche y halcón peregrino, de las que tenemos datos fiables de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), obtenidos por censos sistemáticos durante el 2008. Conforme a ellos, la población de parejas reproductoras en la ZEPA de los Sabinares del Arlanza es la siguiente:


-          Siete parejas seguras de águila real.


-          Doscientas dieciocho de buitre leonado.


-          Trece parejas seguras y tres probables de alimoche (en este caso, también incluye los avistamientos en las hoces del Riaza).


-          Once parejas seguras de halcón peregrino y existen cuatro territorios desaparecidos.


En cuanto al águila perdicera, el censo de 2005 de la SEO, ya lo situaba al borde de la extinción en Burgos, pues sólo había una pareja reproductora en el norte de la provincia y otros dos individuos solitarios en otros dos terrenos. En nuestros sabinares se vigiló durante unos años a un ejemplar, que años más tarde apareció muerto en el sur de la península.


En Castilla y León el censo del águila perdicera de 2005 también fue calamitoso, ya que sólo existían catorce parejas en dos núcleos: uno, constituido por los Arribes del Duero y sus afluentes, en las provincias de Salamanca y Zamora, donde hay trece ejemplares; otro, el ya citado de Burgos.


Por ello, el 29 de noviembre de 2006, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León publicó un decreto (83/2006, de 23 de noviembre), por el que se aprueba el Plan de Conservación del Águila Perdicera en Castilla y León, en virtud del cual se consideraron los Sabinares del Arlanza como una zona crítica para el desarrollo de esta rapaz, pues se considera vital para la supervivencia y recuperación de la especie, abarcando parte de los municipios de Barbadillo del Mercado, Cascajares de la Sierra, Contreras, Hortigüela, Mambrillas de Lara, Retuerta y La Revilla. En definitiva, se pretende que vuelva a criar por estos parajes, para lo cual adoptaron una serie de medidas de protección. Sin embargo, por ahora los resultados son muy pobres.



En fin, son muchas las veces que he recorrido estos lares acompañado de familiares (mujer e hijas) y de amigos. En todas ellas he disfrutado mucho y he alcanzado buenas dosis de felicidad, por lo que una de mis aficiones favoritas es la de organizar excursiones con gran parte de la buena gente con la que tramo amistad, a fin de que puedan gozar con las singularidades de estos parajes del Valle Medio del Arlanza, en los que la grandeza y la accesibilidad están imbricadas. Convencido estoy de que con poco se puede ser muy feliz.


Dr. Félix Martín Santos


 

 

INTERMITENTE

PERSISTENTE LEVE

PERSISTENTE MODERADA

PERSISTENTE SEVERA

Síntomas diurnos

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces a la semana

Síntomas diariamente

Síntomas continuos (varias veces diarias)

Medicación de alivio (Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

No (2 veces o menos a la semana)

Más de 2 veces semanales, pero no diariamente

Todos los días

Varias veces al día

Síntomas nocturnos

No más de 2 veces al mes

Más de 2 veces al mes

Más de una vez a la semana

Frecuentes

Limitación de la actividad

Ninguna

Algo

Bastante

Mucha

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

> 80%

> 80%

> 60% - <80%

<60%

Exacerbaciones

Ninguna

Una o ninguna al año

Dos o más al año

Dos o más anuales

 

La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

 

Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

 

¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?

 

Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

 

Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

 

 

Bien controlada (deben cumplirse todos los siguientes)

Parcialmente controlada (Cualquier valor de los siguientes en cualquier semana)

Mal controlada (si ≥3 características de asma parcialmente controlada)

Síntomas diurnos

Ninguno (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Medicación de alivio(Broncodilatador de rescate: Beta2 adrenérgico)

Ninguna (≤2 veces a la semana)

>2 veces a la semana

 

Síntomas nocturnos/despertares

Ninguno

Cualquiera

 

Limitación de la actividad

Ninguna

Cualquiera

 

Función respiratoria (FEV1 o PEF) % teórico

FEV 1>80% del valor teórico

PEF > 80% mejor valor personal

FEV 1<80% del valor teórico

PEF < 80% mejor valor personal

 

Exacerbaciones

Ninguna

≥1 al año

≥1 en cualquier semana

 

Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

 

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?

 

El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

 

- Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

 

- Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

 

- Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

 

- Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

 

- Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

 

- Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

 

- Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

 

Actividad física y asma

 

Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

 

Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

 

Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

 

Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

 

En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chestun estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

 


Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)


Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.


Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)


Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)


Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).


Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).


Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.


También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)


Ejercicio físico en obesos con asma


Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 


Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)


Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.


Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?


Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.


Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)


Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.


Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatricslos resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)


No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.


Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.


Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)


Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)


Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.


Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).


“Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.


Apuntes finales


A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.


Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.


En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                    Dr. Félix Martín Santos


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