• 28/06/2022 - Félix Martín Santos 0 Comentarios
    Sierra de las Quilamas: Remontando el curso del río Quilamas desde Valero hasta la desembocadura del arroyo de Jigareo

    A principio del verano del 2020, entre la primera y la segunda ola de la pandemia de la COVID-19, me acerqué desde Linares de Riofrío, mi pueblo, hasta Valero, con objeto de remontar el curso del río Quilamas y observar parte de los arroyos, regatos y torrentes que vierten sus aguas al cauce de este afluente del río Alagón. Para ello, conté con la valiosa ayuda de Rafael Navarro, profundo conocedor de la Sierra de las Quilamas, junto a otros dos buenos amigos, Primi y Manolo.

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  • 27/06/2022 - Dr. Félix Martín Santos 0 Comentarios
    Dieta Mediterránea: Efecto protector de la COVID-19

         Un creciente número de estudios científicos están revelando que una buena adherencia a la Dieta Mediterránea exhibe un efecto protector frente a la COVID-19, reforzando la inmunidad del huésped, merced a que los alimentos que la integran ( fruta, verdura, aceite de oliva virgen extra, frutos secos, pescado, entre otros) son ricos en micronutrientes de notables efectos antioxidantes, antiinflamatorios y reparadores de anomalías del ADN, ejerciendo una especie de sinergismo por potenciación.

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  • 27/06/2022 - Dr. Félix Martín Santos 0 Comentarios
    ACTIVIDAD FÍSICA REGULAR: EFECTO PREVENTIVO Y PROTECTOR DE LA COVID-19

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, la práctica regular de actividad física exhibe un efecto protector frente a la COVID-19 (Coronavirus Disease 2019), pues parece reducir tanto el riesgo de contagio cuanto la gravedad y la mortalidad por complicaciones provocadas por el SARS CoV-2, virus responsable de esta pandemia.

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  • Dieta Mediterránea: Efecto preventivo/protector de asma
    27/06/2022 - Dr. Félix Martín Santos 0 Comentarios
    Efecto preventivo de asma exhibido por la Dieta Mediterránea

    Diversos estudios científicos están revelando que una buena adherencia a un patrón dietético saludable como la Dieta Mediterránea, se asocia con un efecto preventivo de asma bronquial, merced a la acción combinada de los nutrientes aportados por los alimentos que la integran, usualmente frescos y de temporada, que hace que se amplifiquen sus efectos antioxidantes, antiinflamatorios y reparadores de anomalías del ADN (sinergismo por potenciación), contribuyendo, así, a evitar o mitigar los fenómenos oxidativos e inflamatorios involucrados en la génesis y desarrollo de las enfermedades crónicas no comunicables, primeras causas de enfermar en el mundo, de las que el asma, enfermedad crónica más frecuente en la infancia,  es un inequívoco representante.

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  • 27/06/2022 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    ACTIVIDAD FÍSICA: ESTRATEGIA COMPLEMENTARIA DEL TRATAMIENTO

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, la práctica regular de actividad física contribuye a mejorar  los parámetros clínicos, funcionales y la esperanza de vida en buena salud de una enfermedad tan letal como prevenible y tratable: la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).

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  • 27/06/2022 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    1 EPOC ACTIVIDAD FÍSICA

    Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC): Efectos protectores de la actividad física

      Diversos estudios científicos están revelando que la práctica regular de actividad física ejerce un relevante efecto protector sobre una de las enfermedades respiratorias más prevalentes, graves y costosas: la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), contrarrestando parte del daño provocado por el tabaco, su principal factor de riesgo.

     

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  • 24/06/2022 - Dr. FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    ENFERMEDAD PULMONAR OBSTRUCTIVA CRÓNICA (EPOC): EFECTO PREVENTIVO DE LA ACTIVIDAD FÍSICA

      Diversos estudios científicos están revelando que la práctica regular de actividad física ejerce un relevante efecto protector sobre una de las enfermedades respiratorias más prevalentes, graves y costosas: la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), contrarrestando parte del daño provocado por el tabaco, su principal factor de riesgo.

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  • 01/06/2022 - Dr. Félix Martín Santos 0 Comentarios
    ACTIVIDAD FÍSICA REGULAR: EFECTO PREVENTIVO DE CÁNCER DE PRÓSTATA

    Hallazgos científicos recientes están revelando una asociación causal entre la actividad física regular y una reducción del riesgo de cáncer de próstata, el tumor maligno más frecuente en los varones, verdadera prioridad de salud pública, por lo que se antoja crucial implementar efectivas y seguras estrategias que reduzcan su tasa de incidencia como la citada actividad física y una dieta saludable, a base de productos frescos y de temporada, como la Dieta Mediterránea.

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  • Ejercicio físico: efecto preventivo de asma
    07/05/2020 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Asma: Efecto protector del ejercicio físico

    La práctica regular de actividad física aeróbica es una estrategia efectiva y segura para conseguir un buen control del asma, complementaria al tratamiento farmacológico, pues contribuye a incrementar la calidad de vida, así como a reducir la sintomatología, exacerbaciones y la mortalidad total y específica.

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  • Jaime Alejos, campeón de Espña 2019, preparando café de especialidad con la V60
    02/04/2020 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Consumo regular de café: Reducción riesgo de depresión mental

    Rigurosos estudios científicos están revelando que el consumo regular de café se asocia con una reducción del riesgo de desarrollar depresión mental, una verdadera prioridad de salud pública por su alto coste económico y por deteriorar la salud en su triple dimensión: física, mental y social.

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  • 07/11/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Aumento del rendimiento físico-deportivo por el café/cafeína

    Múltiples revisiones de estudios científicos están revelando un verdadero efecto ergogénico de la cafeína, pues aumenta significativamente el rendimiento físico y deportivo de los que la ingieren aislada o formando parte del café,  antes de efectuar pruebas de naturaleza aeróbica, como el ciclismo y el running, así como ejercicios de fuerza estática y dinámica.

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  • 01/08/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Actividad Física: estrategia complementaria del tratamiento de la EPOC

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, la práctica regular de actividad física contribuye a mejorar  los parámetros clínicos, funcionales y la esperanza de vida en buena salud de una enfermedad tan letal como prevenible y tratable: la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).

     

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  • 04/07/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    ENFERMEDAD PULMONAR OBSTRUCTIVA CRÓNICA(EPOC): EFECTOS PROTECTORES DE LA ACTIVIDAD FÍSICA

    Diversos estudios científicos están revelando que la práctica regular de actividad física ejerce un relevante efecto protector sobre una de las enfermedades respiratorias más prevalentes, graves y costosas: la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), contrarrestando parte del daño provocado por el tabaco, su principal factor de riesgo.

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  • 06/06/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Consumo regular de café e hipertensión arterial: Rompamos un dogma

    Hallazgos científicos recientes están revelando que el consumo regular de café no se asocia con un aumento del riesgo de hipertensión arterial, sino al contrario, tiende a reducirlo, lo que unido a un manifiesto efecto cardiovascular protector, con disminución tanto de la tasa de muerte  específica por procesos cardiovasculares, cuanto del riesgo de desarrollarlos (prevención primaria), hacen muy aconsejable su ingesta regular, unas 4 a 5 tazas diarias

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  • 07/03/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Prevención de Degeneración Macular Asociada a la Edad mediante actividad física aeróbica regula

    Es un consuelo pensar que podría reducirse el riesgo de sufrir la primera causa de ceguera a partir de los 55 años, la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), mediante la práctica de ejercicio físico regular, lo que, además, aumentaría la numerosa lista de efectos saludables inherentes a este estilo de vida modificable y accesible para el que quiera elevar su esperanza de vida en buena salud.


    Efectivamente, en los últimos años se han publicado una serie de estudios observacionales, transversales y prospectivos, que están revelando que la práctica regular de actividad física aeróbica ejerce una cierta capacidad preventiva de esta importante causa de ceguera, tanto de las formas precoces como de las más avanzadas (atrófica y exudativa o neovascular). Incluso algunos estudios epidemiológicos han mostrado que los que tienen formas precoces de DMAE, asintomáticas, tienden a progresar menos a las formas avanzadas cuando practican ejercicio físico.
     

    En el artículo del mes previo se conceptuó esta enfermedad y se analizaron los factores de riesgo y medidas preventivas de la misma, como el consumo de los variados alimentos que constituyen nuestra Dieta Mediterránea. Ahora, pues, veremos cómo huir del sedentarismo, moviendo nuestro esqueleto con primor puede contribuir a reducir este incapacitante proceso.

     

    El ciclismo como ejemplo de ejercicio aeróbico contribuye a reducir la tasa de muerte total y específica, además de reducir el riesgo de ceguera (DMAE)

     

     

    Estudios científicos que revelan un efecto protector y preventivo de DMAE mediante la practica regular de ejercicio físico

     

    En las siguientes líneas vamos a analizar los estudios epidemiológicos de mayor relieve que han mostrado una asociación entre la actividad física regular y una reducción del riesgo de desarrollar las formas precoces y avanzadas de DMAE, así como los que han evidenciado una reducción del riesgo de progresar de las primeras a las segundas.

     


    A. Ejemplo de estudios que revelan un efecto protector o preventivo de DMAE avanzada (exudativa)  por parte de la actividad física

     


    En diciembre del 2006 se publicó en una prestigiosa revista científica (British Journal of Optthalmology)  un artículo, firmado por miembros del Departamento de Oftalmología de la Universidad de Wisconsin (USA), en el que se apreció que la práctica regular de actividad física podría ejercer un efecto preventivo de DMAE exudativa. (1)

     


    Los autores del estudio, MD. Knudtson y colegas, establecieron como objetivo evaluar una posible asociación entre el ejercicio físico aeróbico y la incidencia acumulada de DMAE a lo largo de 15 años de seguimiento. Para ello, estudiaron una notable muestra de personas, 3874 hombres y mujeres, de 43 a 86 años de edad, perteneciente a un conocido estudio observacional de base poblacional (The Beaver Dam Eye Study).

     


    El estudio oftalmológico lo efectuaron al principio del estudio y, luego, cada cinco años. De esta forma pudieron diagnosticar fiablemente los diversos estadios de DMAE.

     


    La medición de la actividad física aeróbica se basó en las respuestas que dieron los participantes a un cuestionario específico, en el que valoraron tres tipos de ejercicio físico: paseos por la ciudad, bloques de casas recorridos diariamente (ninguno; de uno a cuatro bloques; de cinco a doce; y más de 12 bloques por día); pisos de escaleras ascendidos diariamente (ninguno, tres, de cuatro a seis, y más de seis); y sesiones semanales de ejercicio físico capaces de causar franca sudoración (una o más veces a la semana).

     


    De esta forma, consideraron que una persona era físicamente activa cuando practicaba semanalmente tres o más de estos modelos de ejercicio físico (con o sin sudoración). En cambio, se la calificaba como sedentaria cuando efectuaba menos de tres sesiones semanales de las citadas.

     


    Pues bien, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión logística con control de variables de confusión), comprobaron que los que practicaban ejercicio regular se beneficiaban con una reducción significativa del riesgo de desarrollar la forma más grave de DMAE, la exudativa: una disminución del 30% por parte de los que pasearon más (bloques de casas) y de un 70% de los que sudaron  tres o más veces por semana, por esforzarse más intensamente (RR: 0,7, IC 95% de 0,6 a 0,97).

     


    Sin embargo, en este estudio no se observó una disminución del riesgo de desarrollar los otros tipos de esta gran causa de ceguera (evaluaron la DMAE precoz y la atrófica).

      

    En mayo del 2015 se publicó un estudio transversal en la correspondiente revista científica (PLoS One) que también reveló una asociación entre las formas severas y avanzadas de DMAE con una escasa actividad física tanto ligera como moderada y vigorosa. (3)

     


    Los autores del estudio (Loprinzi y colegas) contaron con la participación de 1656 adultos de 40 a 85 años, pertenecientes a un conocido estudio norteamericano (National Health and Nutrition Examination Survey), a los que se les sometió a un exhaustivo estudio oftalmológico con objeto de identificar y clasificar la DMAE en diversos grados: inexistente, precoz y severa o avanzada. Por otra parte, el grado de actividad física fue evaluado mediante el empleo de un acelerómetro durante siete días.

     


    Tras aplicar el adecuado aparato estadístico, comprobaron que los participantes que sufrían formas avanzadas de DMAE efectuaban un 50% menos de ejercicio físico moderado y vigoroso no sólo con respecto a los que no padecían esta enfermedad, sino también cuando se los comparaba con los que padecían formas precoces.

     


    B. Ejercicio físico regular capaz de frenar la progresión de formas precoces de DMAE hasta las temibles formas avanzadas

     


    En junio del 2003 se publicó en una revista científica de mérito (Arch Ophthalmol) un estudio prospectivo  que mostró que si las personas que tenían formas más leves de DMAE, como las precoces e intermedias, practicaran actividad física aeróbica podrían frenar su progresión hasta las formas avanzadas.

     


    En realidad, lo que inicialmente se propusieron los responsables del estudio (Seddon y colegas) fue conocer tanto los factores que incrementan el riesgo de progresión a las formas más severas de DMAE (la geográfica y la exudativa) cuanto los que frenan y evitan tal progresión.

     


    Para ello, estudiaron a 261 pacientes diagnosticados de formas iniciales de DMAE (precoz e intermedia), de 60 o más años de edad, durante una media de 4,6 años de seguimiento.

     


    De esta manera, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión proporcional de Cox) observaron que los participantes que practicaban  actividad física vigorosa (tres sesiones semanales) se beneficiaban con una reducción del 25% del riesgo  de progresión a las formas atrófica y neovascular o exudativa.

     


    Por otra parte, los factores que más contribuyeron a acelerar la evolución a las formas graves de DMAE fueron el sobrepeso (Índice de Masa Corporal-IMC- entre 25 y 29  kg/m2), la obesidad global (IMC superior a 30 kg/ m2) y la obesidad centrípeta (cuando la cintura abdominal es superior a 102 cm, en los varones, y  a 88 cm, en las mujeres). En todos estos casos el riesgo de progresión era más del doble que el de las personas con un peso y cintura abdominal normales.

     


    “Nuestros resultados aportan nueva información con respecto a  factores de riesgo, modificables epidemiológicamente, de progresión desde  formas iniciales de DMAE, precoz e intermedia, hasta las más avanzadas. Así, la obesidad global y la centrípeta incrementan el riesgo de progresión a las formas severas de esta enfermedad, en tanto que la actividad física tiende a reducir el riesgo. Estas medidas preventivas deben privilegiarse y servir de estímulo para potenciar la investigación sobre el tema”, concluyeron los responsables del estudio.
     

     

     

    Pasear por el margen izquierdo del río Arlanza, con la ermita de San Pelayo como testigo, eleva poderosamente el nivel de salud.

     

     

     

    C. La actividad física aerobica reduce el riesgo de desarrollar formas precoces de DMAE

     


    En abril del 2011 se publicó en una revista médica de gran rigor científico (Arch. Ophthalmol.) un estudio transversal que reveló que un modelo dietético saludable, del estilo de la DM, y la práctica regular de actividad física aeróbica se asociaban con una menor proporción de prevalencia de DMAE incipiente (la precoz e intermedia actuales). (4)

     


    Los responsables del trabajo (Mare y colegas, pertenecientes a las Universidades de Wisconsin (Madison) e Iowa y  al Centro Kaiser de Investigación en Salud (Portland), evaluaron a 1.313 mujeres, de 55 a 74 años de edad, incluidas en el Estudio de Carotenoides y Enfermedad Ocular en Relación con la Edad (CAREDS: Carotenoids in Age-Related Eye Disease Study), subsidiario de otro gran estudio norteamericano (Women's Health Initiative Observational Study).

     


    Evaluaron el modelo dietético mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos estandarizado en tanto que para evaluar la severidad de la DMAE utilizaron fotografías estereoscópicas del fondo del ojo, efectuadas desde seis años antes.

     


    El grado y tipo de actividad física (total y recreativa) realizada por las mujeres de esta muestra se obtuvo valorando las respuestas que dieron a las preguntas de un cuestionario, previamente validado. Así, pues, se recabó información sobre el ejercicio físico efectuado en labores domésticas, en el medio laboral, y en actividades lúdicas como pasear o ejercicio de más enjundia como el efectuado en actividades moderadas, intensas y agotadoras. Luego, se procedió a calcular el gasto energético ( METs) consumido durante tales esfuerzos físicos, estimando la intensidad de la actividad física efectuada, como sigue: durante una hora de actividad física agotadora se consumen 7 METs; una hora de actividad moderada o pasear a un ritmo muy vivo conlleva un gasto de 4 a 4,5 METs; y una hora de intensidad ligera o caminar a paso lento comporta un consumo de 3 METs.

     


    De esta forma, comprobaron que las mujeres que practicaban más actividad física aeróbica (quintil más alto) tenían un 54% menos de riesgo de DMAE precoz, con respecto a las que hacían menos ejercicio.

     


    Además, estos investigadores mostraron que las mujeres que seguían más fielmente la dieta saludable (quintil más alto) se beneficiaban con una reducción del 46% del riesgo de desarrollar la DMAE precoz (OR: 0,54; IC 95%: 0,33 a 0,88), con respecto a las que la consumían menos (quintil más bajo).

     


    La actividad física aeróbica podría reducir el riesgo de la primera causa de ceguera a partir de los 55 años: La Degeneración Macular Asociada a la Edad

     


    D. Resultados obtenidos en los Estudios Nacionales en Corredores y en Paseadores (EEUU)

     


    Paul T. Williams y Paul D. Thompson, pertenecientes a la División de Ciencias Biológicas del Laboratorio Nacional de Berkeley y del departamento de Cardiología del Hospital de Hartford  están publicando en los últimos años una serie de artículos que revelan el efecto preventivo de diversas enfermedades mediante las actividad física aeróbica. Para ello, se están valiendo de los resultados obtenidos en dos extraordinarias muestras de personas: las 33.060 personas del Segundo Estudio Nacional de Salud en Corredores (The National Runner´s Health Study II) y las 15.945 del Estudio Nacional de Salud en Andadores (National Walker´s Health Study), a las que están evaluando desde hace más de dos décadas. De esta forma, han demostrado los grandes beneficios cardiovasculares, antitumorales y neuroprotectores  que se desprenden de la citada actividad física aeróbica, entre otros efectos saludables, lo que les ha permitido publicar numerosos trabajos científicos en revistas médicas de renombrado prestigio. (5-16)

     


    Con respecto a la  DMAE, Williams fue el responsable de un trabajo publicado en enero del 2009 en una revista especializada en el tema (Invest Ophtalmol Vis Sci). Se trata de un estudio prospectivo cuyo objetivo principal fue evaluar si la actividad física vigorosa era realmente capaz de reducir el riesgo de desarrollar esta gran causa de ceguera. (17)

     


    Para ello, contó con la participación de un gran número de  corredores (runners): 29.532 varones y 12.176 mujeres. Tras  7,7 años de seguimiento, 110 hombres y 42 mujeres refirieron que habían sido diagnosticadas de DMAE, aunque no especificaron el grado de afección, esto es, no mencionaron si padecían formas precoces, intermedias o avanzadas. Tras aplicar el correspondiente aparato estadístico comprobaron  que una actividad física realmente vigorosa se asociaba con una notable reducción del riesgo de DMAE (controlando las variables de confusión más importantes en este proceso: edad, sexo, tabaquismo y dieta).

     


    Concretamente, comprobaron que a medida que los participantes incrementaban el número de kilómetros que corrían diariamente, descendía proporcionalmente el riesgo de DMAE, con respecto a los que corrían menos de dos kilómetros al día: un 19% de reducción del riesgo para los que corrían diariamente de dos a cuatro kilómetros; una disminución del 42% para los que corrían más de cuatro kilómetros diarios; un 54% para los que corrían más de ocho kilómetros al día.

     


    Al final del trabajo, Williams puntualiza que los corredores menos activos de esta muestra, los que corrían menos de dos kilómetros al día, consumían prácticamente la misma energía que  los que paseaban a ritmo vivo durante treinta minutos, cinco días a la semana, lo que corresponde al nivel de actividad física recomendada en las guías internacionales (Sociedad Americana de Cardiología, Colegio Americano de Medicina Deportiva, OMS, Centro de Control de Enfermedades de Atlanta). (18-19)

     


    Esta puntualización no es baladí, dado que la reducción del riesgo de desarrollar DMAE es de un 19% para los que semanalmente se ejercitan el doble de lo recomendado en las guías, y de un 42% para los que  efectúan tres veces más de ejercicio que el aconsejado en las citadas guías.

     


    Aunque el mínimo de ejercicio recomendado en las guías (150 minutos de actividad moderada como pasear rápido o 75 minutos de actividad vigorosa como correr o nadar), comporta relevantes efectos saludables con respecto a las conductas sedentarias, el trabajo de Williams revela que para conseguir reducciones significativas del riesgo de DMAE es preciso practicar más ejercicio que el aconsejado. Ya antes, demostró que este mayor nivel de actividad física aeróbica conseguía reducir el riesgo de cataratas ,11 diabetes e hipertension,12 hipertrofia prostática, 20 ictus,15 entre otros procesos.

     


    E. Revisión exhaustiva y metaanálisis
     
    En agosto del 2017 se publicó en una revista médica de EEUU (Am. J. Ophthalmol.) una revision de la literatura y metaanálisis de los estudios epidemiológicos, publicados hasta mayo del 2015. que analizaron una posible   asociación entre la actividad física aeróbica y la Degeneración Macular Asociada a la Edad, Para ello, investigaron en fuentes de datos electrónicas (Medline, EMBASE, Google Scholar), además de contactar con los autores responsables de tales estudios, a fin de obtener información adicional. (21)

     


    Los que practicaron menos actividad física se compararon con el resto de participantes con objeto de evaluar la asociación entre los estadios precoz y avanzado de DMAE y el citado ejercicio físico.

     


    Tras aplicar unos rigurosos criterios de selección, incluyeron 9 estudios en el metaanálisis (la edad de los pacientes osciló de 30 a 97 años). Posteriormente, la aplicación del correspondiente aparato matemático permitió comprobar, en ocho estudios  (38.112 pacientes), una asociación protectora entre la actividad física aeróbica y la DMAE precoz, pues la práctica regular de la primera conllevaba una reducción de un 8% de la segunda (OR: 0,92; IC:0,86-0,98). Además, en siete estudios (28.854 participantes) se observó que la citada actividad física aeróbica se asociaba con una notable reducción del riesgo de desarrollar las formas avanzadas de DMAE: 41% de disminución (OR: 0,59; IC: 0,49-0,72). 

     


    Los autores de esta exhaustiva revisión concluyen afirmando: “La actividad física se asocia con un menor riesgo de desarrollar  las formas precoces y avanzadas de DMAE. Estos hallazgos tienen importantes implicaciones,  pues refuerzan los mensajes de salud pública a favor de mantener un estilo de vida plenamente activo. Sin embargo, son necesarios más estudios longitudinales que confirmen y caractericen el efecto protector de DMAE, tanto en su comienzo como en su progresión, ejercido por la actividad física aeróbica.”

     

     

     

    Apunte final

     

    En fin, en este corto contenido hemos analizado otro efecto saludable del ejercicio físico regular, la reducción del riesgo de desarrollar la primera causa de ceguera a partir de los 55 años.  Aunque la biología es perecedera, bien cierto es que un deseo muy humano es prolongar nuestra existencia con buena calidad de vida, esto es, elevar nuestra esperanza de vida en buena salud. Pues bien, para conseguir tan deseable objetivo más vale que practiquemos regularmente actividad física, aeróbica y de fuerza, además de nutrirnos con una dieta saludable, como nuestra Dieta Mediterránea, y de beber buen café. Todos y cada uno de estos tres estilos de vida se asocian con una reducción de la tasa de muerte total y de la específica por las principales causas de morir y enfermedad en el mundo: cardiovasculares, respiratorias, tumorales, digestivas, diabetes, entre otras.

     

    Dr. Félix Martín Santos

     

     

    Bibliografía.

     

    1. Knudtson MD, Klein R, Klein BEK. Physical activity and the 15-year cumulative incidence of age-related macular degeneration: the Beaver Dam Eye Study. Br J Ophthalmol. 2006;90:1461–1463.

     


    2. Seddon JM, Cote J, Davis N, Rosner B. Progression of age-related macular degeneration: association with body mass index, waist circumference, and waist-hip ratio. Arch Ophthalmol. 2003;121:785–792.

     


    3. Loprinzi PD, Swenor BK,  Ramulu PY.  Age-Related Macular Degeneration Is Associated with Less Physical Activity among US Adults: Cross-Sectional Study PLoS One. 2015 May 1;10(5):e0125394. doi: 10.1371/journal.pone.0125394. eCollection 2015.

     


    4. Mares JA, Voland RP, Sondel SA, Millen AE, Larowe T, Moeller SM, Klein ML, Blodi BA, Chappell RJ, Tinker L, et al. Healthy lifestyles related to subsequent prevalence of age-related macular degeneration. Arch Ophthalmol 2011;129:470–80.

     


    5. Walking Versus Running for Hypertension, Cholesterol, and Diabetes Mellitus Risk Reduction  Paul T. Williams,  Paul D. Thompson Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology.  2013; 33: 1085-1091

     


    6. Reduced Incidence of Cardiac Arrhythmias in Walkers and Runners. Paul T. Williams, Barry A. Franklin PLOS one: June 07, 2013  DOI: 10.1371/journal.pone.006530

     


    7. Increased Cardiovascular Disease Mortality Associated With Excessive Exercise in Heart Attack Survivors   Paul T. Williams,  Paul D. Thompson. Mayo Clinic Proceedings  Volume 89, Issue 9, Pages 1187–1194, September 2014

     


    8. Reduced Risk of Brain Cancer Mortality From Walking and Running. Paul T. Williams Med Sci Sports Exerc. 2014, 46 (5): 927-932

     


    9. Reduced risk of incident kidney cancer from walking and running. Williams PT Med Sci Sports Exerc  2014 Feb, 46 (2): 312-7

     


    10. Breast cáncer Mortality vs Exercice and Breast Size in Runners and Walkers. Paul T. Williams. Plos/One  december 09 2013  DOI: 10.1371

     


    11. Walking and Running Are Associated with Similar Reductions in Cataract Risk Medicine and science in sports and exercise. 12/2012; DOI: 10.1249  Paul T. Williams

     


    12. Lower Risk of Alzheimer´s Disease Mortality with Exercice, Statin, and Fruit Intake. Paul T. Williams. Journal of Alzheimer´s Disease. October 2014. DOI: 10.3233

     


    13. Williams PT, Dose-response relationship of physical activity to premature and total all-cause and cardiovascular disease mortality in walkers. PLoS One. 2013;8:e78777

     


    14. Williams PT. Reductions in incident coronary heart disease risk above guideline physical activity levels in men. Atherosclerosis. 2010;209:524-7

    15. Williams PT. Reduction in incident stroke risk with vigorous physical activity: evidence from 7.7-year follow-up of the national runners' health study. Stroke. 2009;40:1921-3

     


    16. J Alzheimers Dis. 2015;44(4):1121-9. doi: 10.3233/JAD-141929. Lower risk of Alzheimer's disease mortality with exercise, statin, and fruit intake.  Williams PT

     


    17. Williams PT. Prospective Study of Incident Age-Related Macular Degeneration in Relation to Vigorous Physical Activity during a 7-Year Follow-up. Invest. Ophthalmol. Vis. Sci. 2009 Jan 50 (1). 101-106.

     


    18. Haskell WL, Lee IM, Pate RR, et al. Physical activity and public health: updated recommendation for adults from the American College of Sports Medicine and the American Heart Association. Med Sci Sports Exerc. 2007;39:1423–1434.

     


    19. U.S. Department of Health and Human Services . Physical Activity and Health: a report of the Surgeon General. U.S. Department of Health and Human Services, Centers for Disease Control and Prevention, National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion; Atlanta, GA: 1996.

     


    20. Williams PT. Effects of running distance and performance on incident benign prostatic hyperplasia. Med Sci Sports Exer. 2008;40:1733–1739.

     


    21. Am J Ophthalmol. 2017 Aug;180:29-38. doi: 10.1016/j.ajo.2017.05.016. Epub 2017 May 24. Physical Activity and Age-related Macular Degeneration: A Systematic Literature Review and Meta-analysis. McGuinness MB, Le J, Mitchell P, Gopinath B, Cerin E, Saksens NTM, Schick T, Hoyng CB, Guymer RH, Finger RP.

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    -Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     

     

    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     

     

    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     

     

    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     

     

    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     

     

    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     

    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     


    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

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  • 07/02/2019 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE): Prevención con Dieta Mediterránea

    Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE): Prevención con Dieta Mediterránea


    Hallazgos científicos recientes están revelando que la Dieta Mediterránea une a sus grandes virtudes la de reducir el riesgo de desarrollar la primera causa de ceguera en adultos: la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE).

     

     

    Concepto

     

    La DMAE es una enfermedad degenerativa de carácter progresivo que afecta a la zona de máxima agudeza visual de la retina, la mácula lútea, responsable de la visión central y especializada en la captación  de finos detalles, como los necesarios para la lectura y para reconocer la fisonomía de una persona.

     

     

    Al conservar sólo la visión periférica, el grado de invalidez alcanzado por el paciente, en las formas avanzadas, es de tal intensidad como para representar la primera causa de ceguera en el mundo occidental a partir de los 55 años de edad. (1,3)  En tales circunstancias se llega a observar un franco deterioro de la calidad de vida que afecta desfavorablemente a la salud en su triple dimensión: física, mental y social. (4)   

     

    Actualmente, desde el 2013,  se clasifica la DMAE en tres estadios de severidad: precoz, intermedia y avanzada. Usualmente, se observa una progresión de la enfermedad, desde estadios asintomáticos, como los dos primeros, hasta el estadio avanzado, que puede conducir a ceguera irreversible. En este último estadio, el de máximo  deterioro, se incluyen las antiguas formas atrófica (o seca) y hemorrágica (exudativa o húmeda). (5)

     

    La frecuencia de esta enfermedad es realmente preocupante, como reflejaron investigadores de Singapur (Wong Wl y colegas) en su publicación de febrero del 2014 (Lancet Glob Health), tras revisar exhaustivamente 39 estudios de base poblacional  procedentes de todas las regiones del mundo: proporción de prevalencia del 8,7%, en personas de 45 a 85 años. (6)

     

    Además, es muy probable que  la tasa de incidencia y la citada proporción de prevalencia se incrementen sustancialmente en los próximos años, a tenor del envejecimiento progresivo de la población, que ha llevado a algunos investigadores a predecir que para el 2020 aumentará en un 50% el porcentaje de gente mayor de 65 años. (1)

     

     

    Marcadores y factores de riesgo
     

    En la DMAE se reconocen dos marcadores de riesgo, la edad y la predisposición genética, no modificables epidemiológicamente por la acción humana, y una serie de factores de riesgo, modificables favorablemente mediante estrategias de educación para la salud, entre los que destaca el tabaquismo activo, seguido a distancia por otros factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad, la hipertensión arterial, dietas ricas en grasas saturadas y la diabetes tipo dos. Además, en los últimos años está cobrando una gran relevancia otro factor de riesgo: dietas pobres en antioxidantes y cinc, con el subsiguiente descenso de su concentración en sangre.

     

    a. El envejecimiento

     

    A medida que envejecemos  aumenta la probabilidad de que en ciertas capas de nuestra retina (epitelio pigmentario y la membrana de Bruch) empiecen a depositarse una serie de detritus acelulares, que aparecen como puntos amarillentos en la mácula y en áreas periféricas de la retina, a los que denominamos drusas, identificables por el oftalmólogo con la visión del fondo del ojo (con microscopios oculares como lámpara de hendidura junto a lentes de aumento específicas).

     

    Cuando tales depósitos son pequeños ( ≤ 63 micras) reciben la denominación de drupas y no se consideran patológicos, sino cambios propios del envejecimiento, visibles en algunas personas. Sin embargo, cuando estos residuos retinianos alcanzan un tamaño mayor entran en el terreno de lo patológico. Efectivamente, la nueva clasificación de la DMAE considera patológicas las drusas medianas (>63 y ≤125 µm) y las grandes (>125 µm), a las que se suman  alteraciones del epitelio pigmentario (hipo o hipergpigmentación), 3 como puede verse en la tabla anexa.

     

     

    Cuando el pronóstico realmente se ensombrece es en la  DMAE avanzada, pues la mayor parte de los pacientes que llegan a esta temible fase experimentan una severa pérdida de la agudeza visual en el primer año, sobre todo, en los primeros tres a seis meses. Tanto es así que en nuestro país, España, es responsable del 55% de los casos de ceguera, según datos fiables de la Sociedad Española de Retina y Vítreo. (7)  Además, cuando un ojo resulta afectado de DMAE neovascular (exudativa) se incrementa mucho el riesgo de extenderse al otro ojo, más de un 40%. (8)

     

    Pero ¿existe algún sistema que permita predecir el riesgo de progresión a formas avanzadas de DMAE?

     

    En una de las publicaciones de los responsables de uno de los estudios experimentales de mayor calidad y rigor científico sobre este tema, el AREDS (Age-Related Eye Disease Study), se estableció el riesgo de progresión a formas avanzadas de esta enfermedad, merced a la observación de las lesiones apreciadas en las fotografías estereoscópicas retinianas de más de 3.000 participantes. De esta forma, las alteraciones que podrían predecir el riesgo de avance, según su criterio, fueron dos: drusas grandes (>125 µm y como mínimo presencia de una) y presencia de alteraciones pigmentarias. Pues bien, cuando con estas premisas procedieron a valorar cada ojo, comprobaron que el riesgo de progresión, durante cinco años, desde formas precoces e intermedias hasta las formas avanzadas de DMAE fue como sigue: 0,5% cuando no se observa ninguna de estas lesiones en ambos ojos; del 3% cuando aparece una de estas lesiones en un ojo; del 12% cuando aparecen dos de tales lesiones (en un ojo o repartidas en los dos); 25% cuando se aprecian tres de las citadas lesiones; y del 50% cuando aparecen las cuatro lesiones, esto es, las dos en cada ojo. (9)

     

    Por todo ello se considera prioritario efectuar un diagnóstico precoz de esta enfermedad, a fin de intentar un tratamiento que pueda prevenir la aparición de las formas avanzadas (prevención secundaria). Para ello es crucial analizar bien la agudeza visual de los pacientes junto a una rigurosa exploración del fondo de ojo, tarea que corresponde a los oftalmólogos. Bien cierto es que lo que resulta más rentable es la instauración de medidas de prevención primaria, esto es, las que intentan evitar que aparezca el primer signo de esta enfermedad, o sea, sus formas más precoces (drusas con un tamaño superior a 63 micras); en definitiva, las que reducen la tasa de incidencia, los casos nuevos.

     

    b. Predisposición genética

     

    Son varias las líneas de investigación que han revelado la vinculación entre ciertas anomalías o polimorfismos genéticos y el desarrollo de DMAE.(10-13)  Entre los más influyentes están los siguientes: FB, ARMS2, CFH, C3, C2, CFHR4, CFHR5 y F13B. Aunque de todos ellos, el que parece establecer una mayor relación causa efecto es el polimorfismo CFH Y402H. (12)

     

    Me estoy refiriendo a una alteración del gen del factor H del Complemento (CFH), consistente en el cambio de una base nitrogenada por otra: timina (T) por citosina (CC). Así, los portadores de la variante anómala, la C, tanto en homocigotos (CC) como en heterocigotos (CT) presentan un riesgo elevado de sufrir DMAE. Sin embargo, los homocigotos de la variante normal (TT), cuyos dos alelos del gen Y402H codifican la misma información genética, la de sintetizar la timina, no tienen ningún riesgo de desarrollar esta enfermedad.

     

    La proporción de portadores de este polimorfismo no es baladí: el 39% de sujetos de raza blanca, 31% de raza negra y 7% de asiáticos. Tal predisposición genética hace más proclive a desarrollar la enfermedad a las personas que reúnen varios de los factores de riesgo, antes mencionados y que luego analizaremos más detenidamente.

     

    Actualmente existen pruebas que evalúan la presencia de los polimorfismos genéticos, antes mencionados, que unido a otros factores de riesgo nos permiten aventurarnos en la resbaladiza senda de la predicción del riesgo de desarrollar esta importante causa de ceguera.

     

    Llegado a este punto, bueno es que digamos que cuando el Complemento se activa fisiológicamente nos protege de múltiples agresiones orgánicas, en tanto, que si su activación es desmesurada y prolongada nos perjudica seriamente, al causar inflamación y destrucción mantenida de los tejidos en los que opera patológicamente, en este caso, la mácula lútea de la retina.

     

    c. Tabaquismo activo

     

    El tabaquismo activo representa el factor medioambiental y adquirido más importante vinculado con esta enfermedad, siendo diversos los estudios epidemiológicos que han mostrado cómo los fumadores experimentan un gran riesgo tanto de desarrollar esta patología cuanto de incrementar su avance o progresión. (14-16)   

     

    Si ya de por sí los fumadores activos tienen un notable riesgo de desarrollar esta enfermedad con respecto a los no fumadores (riesgo relativo 2,4 veces mayor), cuando, además, son homocigotos para el polimorfismo CFH Y402H, aumenta su riesgo hasta ser 34 veces mayor. (14)

     

    Es evidente que la primera causa de muerte evitable en el mundo desarrollado, el tabaquismo activo, se comporta como un asesino capaz de matar y hacer sufrir al ser humano por múltiples y variados mecanismos, incluso causando ceguera al propiciar el desarrollo de la enfermedad protagonista de este contenido.

     

    d. Dieta pobre en antioxidantes y cinc

     

    De entre los otros factores de riesgo, muchos de los cuales incrementan también el riesgo de enfermedades cardiovasculares, el que últimamente está cobrando un gran protagonismo es el derivado de una dieta pobre en antioxidantes y cinc. De lo cual puede colegirse la necesidad de frenar los fenómenos oxidativos e inflamatorios de la mácula lútea mediante la aportación de antioxidantes, especialmente los incorporados con dietas ricas en los mismos como la Dieta Mediterránea.

     

     

    Prevención  de la DMAE
     

    Los estilos de vida recomendables para prevenir el riesgo de desarrollar esta enfermedad son los mismos que se recomiendan en las formas precoces e intermedias, con objeto de prevenir la progresión a las formas graves avanzadas, como la forma atrófica, donde se pierde lenta pero inexorablemente la agudeza visual, y la forma neovascular, en donde la pérdida de la agudeza visual es más rápida, casi súbita.

     

    De entrada, lo recomendable es dejar de fumar, mejorar la dieta y practicar actividad física aeróbica. De ello hablaremos en las siguientes líneas.

     

    1. Reducir la tasa de incidencia y la proporción de prevalencia de tabaquismo activo

     

    Se trata de que el no fumador mantenga su saludable posición y que el fumador activo se despida cuanto antes del tabaco. Cualquier estrategia efectiva y segura que logre cumplir tales objetivos es más que deseable, desde buenas técnicas de educación para la salud hasta ciertas pautas medicamentosas (bupropion, vareniclina…), entre otras posibles estrategias.

     

    Es indudable que para un fumador activo la mejor inversión en salud es dejar de fumar, incluso para prevenir la DMAE o, en su defecto, contribuir a evitar su progresión a las formas graves de la misma.

     

    2. Practicar actividad física aeróbica regular.

     

    En los últimos años se están publicando  diversos  estudios epidemiológicos que están comprobando que la práctica regular de ejercicio físico aeróbico se asocia a una reducción del riesgo de DMAE.(17-20) Su análisis será motivo de otro artículo de este blog.

     

     

    Panaché de verduras con huevo, ricos en luteina y zeaxantina. Cortesía restaurante la Fábrica (Burgos)

     


    3 Mejorar la dieta mediante el consumo regular de Dieta Mediterránea

         

    Existen estudios epidemiológicos que han demostrado que una dieta rica en carnes rojas (21) y en ácidos grasos trans (22) se asocia con un significativo incremento del riesgo de desarrollar DMAE. Sin embargo, múltiples estudios epidemiológicos están revelando que un alto consumo de pescado, (22-26) frutos secos, (22) luteína y zeaxantina, carotenoides abundantes en verduras (de hoja o inflorescencias verdes como el brócoli) y en la yema del huevo, (26-32)  y ácidos grasos Omega-3 (poliinsaturados de cadena larga como el ácido docoxahexanoico y eicosapentanoico), abundantes en el pescado azul, se asocia con una notable reducción del riesgo de desarrollar DMAE. (22-26, 33-38)

     


    Es fácil entender que cualquier modelo dietético engloba y combina una serie de alimentos de naturaleza diferente, cuyos efectos saludables o perjudiciales pueden potenciarse, neutralizarse o mitigarse. En el caso que nos ocupa, el de la prevención de la DMAE, acabamos de referir un grupo de alimentos y nutrientes que reducen el riesgo de la misma (verduras, pescado, frutos secos, luteína, zeaxantina y ácidos grasos Omega 3) o, al contrario, lo aumentan (carnes rojas y ácidos grasos trans). Pues bien, la Dieta Mediterránea (DM) es un modelo dietético que incluye alimentos del primer grupo, el que realmente reduce el riesgo de desarrollar esta gran causa de ceguera.

     


    En las siguientes líneas vamos a analizar los estudios epidemiológicos que han valorado la relación entre la DM y la enfermedad protagonista de este contenido. Aunque antes recordaremos el concepto de DM.

     

     

    ¿Qué caracteriza a la Dieta Mediterránea?

     

    Si nos centramos en los alimentos que la constituyen recordaré que lo más destacable es la abundancia de productos vegetales, como hortalizas, legumbres, pan, pasta, arroz, verduras, frutas y frutos secos; el empleo de aceite de oliva como  fuente fundamental de grasa; un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos y huevos; el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas (las procedentes del ganado porcino, bovino, caprino y ovino) así como cantidades muy moderadas de vino tinto, habitualmente consumido en el curso de las comidas.

     


    Su efecto saludable no se debe sólo a que sea una dieta equilibrada, variada y con una adecuada incorporación de macronutrientes sino también a los beneficios derivados de su alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico) y poliinsaturados, su bajo contenido en ácidos grasos saturados y, sobre todo, a su gran riqueza en antioxidantes, como el  oleocantal, derivado del aceite de oliva virgen extra y descubierto en 2005 por Beauchamp y colegas, la oleuropeína, el hydroxytyrosol y lignanos.

     


    Tanta es la bondad y calidad de esta dieta como para que el 16 de noviembre de 2010, el Comité Intergubernamental de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en la reunión celebrada en Nairobi (Kenia), acordó inscribir la Dieta Mediterránea en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

     

     

    Vegetales, grandes protagonistas de la Dieta mediterránea. Cortesía Rafael Navarro

     

     

    Estudios que valoran el efecto preventivo de DMAE ejercido por la Dieta Mediterránea

     

    a. Estudio transversal que evalúa la asociación entre estilos de vida saludables (DM y ejercicio físico) y la DMAE

     


    En abril del 2011 se publicó en una revista médica de gran rigor científico ( Arch. Ophthalmol.) un estudio transversal que reveló que un modelo dietético saludable, del estilo de la DM, y la práctica regular de actividad física aeróbica se asociaban con una menor proporción de prevalencia de DMAE incipiente (la precoz e intermedia actuales). (20)

     


    Los responsables del trabajo (Mare y colegas) pertenecientes a las Universidades de Wisconsin (Madison) e Iowa y  al Centro Kaiser de Investigación en Salud (Portland), evaluaron a 1.313 mujeres, de 55 a 74 años de edad, incluidas en el Estudio de Carotenoides y Enfermedad Ocular en Relación con la Edad (CAREDS: Carotenoids in Age-Related Eye Disease Study), subsidiario de otro gran estudio norteamericano (Women's Health Initiative Observational Study).

     


    El modelo dietético lo evaluaron mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos estandarizado en tanto que para evaluar la severidad de la DMAE utilizaron fotografías estereoscópicas del fondo del ojo, efectuadas desde seis años antes.

     


    En esencia, estos investigadores mostraron que las mujeres que seguían más fielmente la dieta saludable (quintil más alto) parecían beneficiarse con una reducción del 46% del riesgo de desarrollar la DMAE precoz (OR: 0,54; IC 95%: 0,33 a 0,88), con respecto a las que la consumían menos (quintil más bajo).

     


    Además, comprobaron que las que practicaban más actividad física aeróbica (quintil más alto) tenían un 54% menos de riesgo de DMAE precoz, con respecto a las que hacían menos ejercicio.

     


    b. La DM, susceptibilidad genética y freno de la progresión de DMAE: Estudio AREDS  del Instituto Nacional del Ojo  (Instituto Nacional de Salud de EEUU)

     


    En octubre del 2015 se publicó en otra revista estadounidense de prestigio ( The American Journal of Clinical Nutrition) un estudio observacional prospectivo que tuvo como objetivo principal evaluar la asociación entre la adherencia a la Dieta Mediterránea (DM) y la susceptibilidad genética con la progresión a DMAED avanzada. (39)

     


    Los responsables del trabajo, evaluaron y siguieron durante 13 años a una muestra de .2525 personas de ambos sexos, pertenecientes a un gran estudio experimental norteamericano, el AREDS (Age-Related Eye Disease Study). 

     


    Llegado a este punto del tema, es preciso que  puntualicemos que el AREDS demostró, en su momento (2001), que el suplemento de antioxidantes (vitamina E, vitamina C y B-caroteno, cinc  y cobre) se asociaba a una reducción del 25% en el riesgo de progresión de la DMAE entre los participantes con mayor riesgo de avance de esta enfermedad. (40) La investigación fue meritoria porque fue el primer ensayo clínico efectuado en esta materia, aleatorizado y controlado con placebo, que siguió durante 6 años a 3.460 pacientes con DMAE distribuidos en cuatro grupos de severidad.

     


    Años más tarde, en el 2013, publicaron un segundo estudio que reveló que la luteína y zeaxantina podían perfectamente sustituir al beta-caroteno, aunque no apreciaron igual eficacia con los ácidos omega-3. (41)

     


    Volviendo al estudio actual, diremos que  los 2.525 participantes fueron objeto de una profunda evaluación de la susceptibilidad genética a la DMAE así como del grado de adherencia a la DM, además de controlar otras variables de confusión.

     


    Pues bien, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión proporcional de Cox con análisis de múltiples variables, entre otros) y después de 13 años de seguimiento, observaron que una alta adherencia a la DM se asoció con un 25% de reducción del riesgo de progresión a DMAE avanzada, con respecto a una baja adherencia (RH: 0,75; IC 95%: 061-091), tanto en hombres como en mujeres.  Sin embargo, no todos respondieron igual de bien a la citada DM. Así sucedió con los sujetos que tenían mayor riesgo genético de desarrollar esta enfermedad, por ser homocigotos de la variante anómala del gen CFH Y402H, la que los dos alelos portan citosina en vez de timina (variante CC), dado que la progresión de la DMAE no se interrumpió a pesar de un buen consumo de alimentos propios de la DM. En cambio, los portadores del resto de variantes genéticas sí que respondieron favorablemente a esta saludable dieta.

     


    Entre los alimentos analizados para puntuar el grado de adherencia a la DM, el consumo de pescado y de verduras fue el que se asoció con las mayores reducciones del riesgo. Quizá por ser los que poseían las mayores cantidades de ácidos omega-3 y de luteína y zeaxantina, los dos carotenoides que en la mácula lútea, donde se acumulan fisiológicamente, ejercen un gran efecto antioxidante.

     


    Por otra parte, el beneficio derivado del alto consumo de alimentos de la DM se observó tanto en los pacientes que tomaban suplementos adicionales de antioxidantes y cinc como entre los que no los recibían.

     


    Otros resultados de este estudio fueron concordantes con lo que ya se conocía, pues los que progresaron a formas avanzadas de DMAE tendían a tener más edad, mayor Índice de Masa Corporal (IMC) y antecedentes de tabaquismo activo.

     


    Cuando analizaron los nutrientes y micronutrientes ingeridos, comprobaron que una alta adherencia a la DM  se asoció con una reducción significativa del consumo de  ácidos grasos saturados y con una ingesta mayor de ácidos omega-3, de luteína y zeaxantina, alfa y beta-caroteno, vitaminas B1 (tiamina), B-3 (niacina) B6 (pyridoxina), C y E.

     


    “Nuestros resultados sugieren que una alta adherencia a la Dieta Mediterránea se asocia con una reducción del riesgo de progresión a un estadio avanzado de Degeneración Macular Asociada a la Edad. Aunque esta asociación puede ser modificada por la variante genética CFH Y402H.  Así,  los sujetos con uno o dos alelos sin riesgo de DMAE ( CT, TT, respectivamente) que exhiban una alta adherencia a la Dieta Mediterránea tienen aproximadamente un tercio menos de riesgo de progresión que los que muestran una escasa adherencia a la citada dieta. No obstante, estas asociaciones entre la dieta y la genética requieren ser confirmadas por otros estudios. Un factor modificable y adquirible como una dieta saludable es crucial para prevenir esta enfermedad”, concluyen los responsables del estudio.

     

     

    Moras de moral (Morus nigra). Agosto 2018. Linares de Riofrío (Salamanca)

     

     

    c. Academia Americana de Oftalmología:  Una DM rica en fruta con antioxidantes podría reducir más de un tercio el riesgo de desarrollar la DMAE

      

    En octubre del 2016, en el curso de la centésima vigésima reunión de la Academia Americana de Oftalmología (AAO) se presentó un estudio portugués que reveló que una alta adherencia a la DM se asociaba con una reducción del 35 del riesgo de progresión al estadio avanzado de DMAE. (42) Veámoslo un poco.

     


    Los investigadores pertenecientes a la Universidad de Coimbra  estudiaron una muestra de 883 personas de una edad igual o superior a 50 años, de las cuales 449 tenían DMAE en estadios precoces (asintomáticos)  mientras que 434 no tenían ningún signo de esta enfermedad, según mostró una exhaustiva exploración del fondo de ojo.

     


    La dieta la evaluaron mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos, diseñado específicamente para puntuar los 9 grupos de alimentos claves de la DM, que le permitió otorgar una puntuación alta cuando se superaban los 6 puntos (6 a 9). Por otra parte, la evaluación ocular se efectuó midiendo la agudeza visual y explorando exhaustivamente el fondo de ojo, a fin de detectar cualquier signo de DMAE.

     


    Los autores de este estudio transversal (Rufino Silva y colegas) comprobaron que el 50% de los participantes que no consumían una DM (puntuación inferior a 6) tenían signos de DMAE (precoz o intermedia), mientras que los que eran afines a este modelo dietético (6 a 9) sólo el 39% tenían signos de esta enfermedad, lo que indica que tenían un 35% menos de riesgo de desarrollar esta gran causa de ceguera,  desde sus estadios iniciales.

     


    Estos investigadores también observaron que del conjunto de alimentos que constituyen la DM el que parecía reducir más el riesgo de DMAE correspondió a la fruta (cinco raciones diarias).

     

     

    El café. además de cafeína, tiene potentes antioxidantes  como el ácido clorogénico, la quercetina, los fenilindanos y melanoidinas, que se obtienen durante el tueste

     


           Efecto protector de la cafeína y antioxidantes

          

    Rufino Silva y colegas también utilizaron un programa informático para analizar  el consumo de micronutrientes de los participantes, basándose en lo contestado en el cuestionario. De esta forma, observaron que un mayor consumo de antioxidantes resultó protector frente a la DMAE, pues parecía prevenirla. En su cómputo de antioxidantes incluyeron la cafeína, junto al beta-caroteno y las vitaminas C y E.

     


    Según ellos, este es el primer estudio epidemiológico que apunta un efecto preventivo de DMAE ejercido por la cafeína. Indudablemente, esto debe confirmarse con más estudios, preferentemente prospectivos y de cohortes o, mejor aún, experimentales.

     


    A mi entender, lo interesante de este estudio portugués es que revela la capacidad de la DM para prevenir el riesgo de DMAE (prevención primaria). No obstante, el tipo de diseño, transversal, no resulta ser el mejor para confirmar estas buenas expectativas. Por ello es muy importante abundar más en los estudios prospectivos y, sobre todo, los experimentales.

     


    d. Estudio Europeo sobre Patología Ocular (THe European Eye Study): La DM reduce el riesgo de las formas avanzadas de DMAE

      

    En enero del 2017 se publicó en una revista médica de relieve (Optthalmology) un estudio europeo que reveló que una buena adherencia a la DM se asocia con una significativa reducción del riesgo de desarrollar la forma neovascular de la DMAE, la más temible de esta enfermedad pues ocasiona ceguera muy rápidamente. (43) Vamos a analizarlo en las siguientes líneas.

       

    Objetivo

     


    El objetivo fue evaluar la asociación entre la adherencia a la Dieta Mediterránea y la prevalencia de DMAE en Europa.

     


    Diseño

     


    Se trata de un estudio epidemiológico transversal de base comunitaria.

     


    Muestra

     


    La muestra inicial estaba constituida por 5060 personas, de 65 o más años de edad, elegidas aleatoriamente  de siete países de Europa (Noruega, Estonia, Reino Unido, Francia, Italia, Grecia y España). Tras el correspondiente estudio dietético la muestra se redujo a 4753 personas, cuya edad media fue de 72,3 años, siendo mujeres el 55% del total.

     


    Metodología

     


    A todos los participantes se les efectuó una exploración ocular que incluyó fotografías digitales en color de la retina, que fueron posteriormente analizadas en un centro especializado.  Así, las imágenes obtenidas fueron graduadas en cinco estadios de severidad DMAE 0-4), de acuerdo con  sistemas consensuados de clasificación y estadiaje (el de Rotterdam). En el estadio cuatro se incluyen las formas más graves, las que realmente cursan con pérdida visual: la atrófica geográfica y la neovascular.

     


    El tipo de dieta fue evaluado mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos (CFA), desde 12 meses antes.  Además, se utilizó un sistema de puntuación para cuantificar y clasificar el grado de adherencia a la DM, de acuerdo con las respuestas del CFA.

     


    Para los cálculos estadísticos se empleó la conocida regresión logística multivariable, sin dejar de controlar  todas las variables de confusión conocidas.

     


    Resultados

     


    Estos investigadores comprobaron que las personas con mayor adherencia a la DM (> 6 puntos) se beneficiaron con una significativa reducción del riesgo de desarrollar la forma neovascular de la DMAE, cuando fueron comparados con los menos proclives (< 4) a esta saludable dieta ( OR: 0,53; 0,27-104; P =0,01). Además, observaron que esta boyante asociación no se veía reducida por la presencia de alelos de riesgo del gen Y204 H.

     


    Sin embargo, en este estudio no se observó igual beneficio de la DM con respecto a los estadios precoces de DMAE, a diferencia de otros trabajos.

     


    También apreciaron que los más adictos a la DM tenían altas concentraciones séricas de vitamina C, luteína, zeaxantina y beta-crytoxantina, auténticos biomarcadores de un buen consumo de fruta y vegetales.

     


    Conclusión

     


    “Nuestros resultados son concordantes con los estudios que revelan un efecto protector de la Dieta Mediterránea frente a las formas avanzadas de la DMAE, aunque no soportan la información aportada por otros, con respecto a la influencia de la susceptibilidad genética en el efecto de tal dieta. Deben recomendarse acciones para que se adopte un modelo de DM, investigando y aplicando buenos métodos que consigan tal cambio de conducta”, concluyen los responsables del estudio.

     

     

    Cerezas a punto de recoger. San Miguel de Valero (Salamanca)

     

     

    Hipótesis plausibles


     
    Los hallazgos científicos actuales sugieren que el efecto preventivo de DMAE ejercido por la DM se debe a su gran riqueza en micronutrientes de reconocidas propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, como diversas vitaminas (A, C, E y del grupo B), carotenoides (beta-caroteno y, sobre todo, luteína y zeaxantina), polifenoles y ácidos grasos omega-3.

     


    Esto parece ser así porque en la degeneración de la mácula intervienen fenómenos de oxidación e inflamación, muchas veces dependientes del impacto de las radiaciones ultravioleta y de la luz azul, sobre esta singular área, donde se concentran los fotorreceptores especializados en la visión diurna (conos) y en la percepción fina de los colores, formas y detalles. Para evitar este deterioro, la mácula dispone de una buena dotación de luteína y zeaxantina, que ejerce de escudo a las citadas radiaciones ultravioleta y neutraliza los letales radicales libres producidos en su seno. Además, el consumo de alimentos ricos en tales carotenoides facilita su depósito en esta superficie retiniana y, por ende, potencia su efecto antioxidante, como se han demostrado en numerosos estudios.

     


    El resto de sustancias antioxidantes contenidas en la DM deben de ejercer su efecto protector de la mácula lútea y, por ello, preventivo de DMAE, por su propia naturaleza antioxidante junto a su efecto antiinflamatorio.

     


    Precisamente, cuando en el estudio experimental (ensayo clínico) AREDS se administraron a los pacientes altas cantidades de vitaminas, cinc y cobre, se actuó en concordancia con la hipótesis promotora del ensayo: un efecto antioxidante puede proteger  a la mácula  para evitar tanto  las primeras lesiones degenerativas cuanto para frenar la progresión de las lesiones inicialmente establecidas. Como ya hemos visto anteriormente, el estudio fue realmente exitoso.

     


    En fin, este contenido invita a no descuidar la Dieta Mediterránea, dado que, entre sus múltiples beneficios, parece emerger su más que posible capacidad para prevenir la primera causa de ceguera a partir de los 55 años, la Degeneración Macular asociada a la Edad. En el artículo del próximo mes analizaremos el posible efecto preventivo  de este proceso exhibido por el ejercicio físico regular.

     


    Dr. Félix Martín Santos

     

     

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    41. Age-Related Eye Disease Study 2 Research Group. Lutein + zeaxanthin and omega-3 fatty acids for age-related macular degeneration: the Age-Related Eye Disease Study 2 (AREDS2) randomized clinical trial. JAMA. 2013;309:2005-15.

     


    42. Fruit-rich Mediterranean diet with antioxidants may cuta ge-related macular degeneration risk by more tan a third. October, 17, 2016. 120th anual meeting of the American Academy of Ophthalmology (AOO).

     


    43. Ophthalmology. 2017 Jan;124(1):82-89.  Mediterranean Diet Score and Its Association with Age-Related Macular Degeneration: The European Eye Study. Hogg RE, Woodside JV, McGrath A, Young IS, Vioque JL, Chakravarthy U, de Jong PT, Rahu M, Seland J, Soubrane G, Tomazzoli L, Topouzis F, Fletcher AE.

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    -Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

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    Consumo regular de café: Reducción de las tasas de mortalidad total y específica


    La asociación entre el consumo regular de café y las tasas de mortalidad total y específica por las principales causas de enfermar y morir es de tipo inverso, esto es, cuanto mayor es la ingesta de esta bebida universal menores son las tasas de mortalidad citadas.


    Esta rotunda afirmación está avalada por una reciente serie de estudios epidemiológicos observacionales de tipo prospectivo (cohortes), efectuados en gran parte del mundo: EEUU, Europa y Asia. Además, tales investigaciones están mostrando que los mayores beneficios se obtienen

     
    con un consumo diario de cuatro a cinco tazas de café.

     

    Lucía, barista, preparando una infusión de café con la V 60, cafetera de filtro. Cortesía de Bihotz Café. Bilbao

     

    Estudio pionero de gran rigor científico

     

    A pesar de que el café es una de las bebidas más consumidas en el mundo, hasta hace muy poco desconocíamos que el consumo regular de esta bebida universal se asocia a una reducción tanto de la tasa global de muerte cuanto de la específica por las principales causas de enfermar y morir en los países desarrollados.

     


    Aunque ya se disponía de algún estudio epidemiológico que había valorado tal asociación, fue un extraordinario estudio norteamericano el que reveló los datos más concluyentes, el Estudio de Dieta y Salud (AARP Diet and Health Study), llevado a cabo por miembros del Instituto Nacional de Estados Unidos (NHS), publicado en mayo de 2012 en New England Journal of Medicine, la revista médica de mayor impacto en el mundo. (1)

     


    Se trata de un estudio observacional prospectivo en el que evaluaron, en una gran muestra de personas (229.119 hombres y 173.141 mujeres), la posible asociación entre el consumo de café y la mortalidad, con resultados francamente esperanzadores para los consumidores habituales de esta popular bebida.

     


    Efectivamente, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión de Cox con control de los principales factores de confusión), observaron, a la conclusión de los 13 años de seguimiento (entre 1995 y 2008), una significativa asociación inversa entre el consumo de café y la mortalidad, esto es, a mayor consumo de café apreciaron reducciones mayores del riesgo de muerte.

     


    Así, en varones se apreció que la reducción del riesgo de muerte osciló desde un 6% para los bebedores de una taza diaria hasta un 12% para los que consumieron cuatro a cinco tazas al día (HR: 0,88; IC 95% de 0,84 a 0,93), pasando por el 10% de reducción en los bebedores de dos a tres tazas. Los que bebieron diariamente seis o más tazas de café también se beneficiaron de un 10% de reducción del riesgo de muerte, cuando eran comparados con los nunca bebedores.

     


    Las mujeres que consumían diariamente café experimentaron similares reducciones del riesgo de muerte cuando se las comparaba con las que no lo bebían, que oscilaron entre un 5% de disminución para las que sólo bebían una taza diaria hasta un 16% de descenso de muerte entre las que consumían 4 ó 5 tazas al día (HR:  0,84; IC entre 0,79 y 0,90), bajando a un 15% entre las que bebían seis o más tazas diarias.

     


    En definitiva, la reducción del riesgo de muerte global entre los bebedores de cuatro a cinco tazas de café al día fue de un 12% en varones y un 16% en mujeres.

     


    Además, este estudio permitió observar, que los que bebían más café también fumaban más, bebían más alcohol practicaban menos actividad física aeróbica, comían más carnes rojas y menos frutas y verduras. Es decir, se comprobó una asociación entre la ingesta de café y estilos de vida poco saludables, Pues bien, a pesar de ello, la reducción de la tasa total de muerte exhibida por el café se observó en prácticamente todas las personas que seguían esos nefandos estilos de vida menos en las expuestas a uno: el tabaquismo, la primera causa de muerte evitable. Por ello, la mejor inversión en salud para un fumador activo es dejar de fumar.

     


    En este estudio epidemiológico también se observó una reducción de la tasa específica de muerte por una serie de enfermedades: cardiovasculares, respiratorias, infartos cerebrales, diabetes, infecciones, lesiones y accidentes. Sin embargo, no se apreció una disminución de la tasa de muerte por tumores malignos.

     


    Finalmente, este trabajo prospectivo mostró similares reducciones del riesgo de muerte entre los bebedores de café descafeinado.

     

     

    El mágico momento del Latte Art. Cortesía de Jairo García. Primero Café. Gijón

     

     

    Revisión sistemática y metaanálisis de estudios previos

     

    Dos años más tarde, en abril de 2014, se publicó en una revista de prestigio (British Journal of Nutrition) una revisión exhaustiva y un metaanalisis de todos los estudios epidemiológicos de cohorte (prospectivos), 2 publicados hasta junio de 2013, que valoraron el consumo regular de café y la mortalidad total, en el que también incluyeron el estudio anteriormente descrito.

     


    Los autores del trabajo, Youjin Je, (Universidad de Kyung Hee, de Seul) y Edward Giovannucci, (Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, Boston), evaluaron un gran número de casos de muerte (129.538 ) acaecidos en un colectivo de casi un millón de personas (973.904),  pertenecientes a los veinte estudios prospectivos que fueron elegidos, tras superar los rigurosos criterios de selección.

     


    Sus resultados también fueron favorables para los consumidores de café, dado que observaron una reducción del 14% del riesgo de muerte total (RR: 0,86; IC entre 0,80 y 0,92) entre las personas que bebían más café (5 a 6 tazas diarias) con respecto a los que no consumían nada o muy poco (menos de una taza al día).

     


    En este metaanálisis llamó la atención que la reducción del riesgo de muerte fue similar entre los que consumieron de dos a cuatro tazas diarias que entre los consumidores de cinco a nueve tazas al día.

     


    La reducción del citado riesgo de muerte fue similar en hombres y mujeres: 19% y 16%, respectivamente.

     


    Por regiones geográficas, la reducción del riesgo de muerte resultó ser mayor para los ocho estudios europeos y para los tres estudios japoneses (22%  y 18%, respectivamente), que para los nueve estudios de USA  (12% de reducción).

     


    En esta exhaustiva revisión de estudios epidemiológicos previos sólo se valoró la asociación entre el consumo regular de café y la mortalidad total. En consecuencia, no se consideró la posible asociación entre el consumo de café y la mortalidad específica por enfermedades cardiovasculares, respiratorias, ictus, cánceres u otras enfermedades.

     

     

    Estudio prospectivo de cohorte en población japonesa: Valoración de la asociación entre el consumo de café y la mortalidad total y por enfermedad específica


     
    En mayo de 2015 se publicó en The American Journal of Clinical Nutrition, revista oficial de la Asociación Americana de Nutrición, un gran estudio prospectivo japonés, cuyo principal objetivo fue estudiar la asociación entre el consumo habitual de café y la mortalidad tanto la total (por todas las causas) cuanto la específica por enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, respiratorias, cáncer, lesiones y otras causas de muerte. (4)

     


    Los autores del estudio, pertenecientes a centros dependientes de las Universidades de Tokio y de Osaka, estudiaron una muestra de 90.917 japoneses, inicialmente sanos, de 40 a 69 años, durante un periodo de seguimiento de 17,8 años, al cabo de los cuales fallecieron 12.874 personas.

     


    Tras aplicar el correspondiente método estadístico (regresión proporcional de Cox y estricto control de variables de confusión), comprobaron una asociación inversa entre el consumo regular de café y la mortalidad total, tanto en hombres como en mujeres, dado que la reducción del riesgo era mayor a medida que aumentaba el consumo hasta conseguir el beneficio máximo con 3-4 tazas de café al día: 24% de disminución del riesgo de muerte por todas las causas ( 0,76; IC 95% entre 0,70 y 0,83), cuando se los comparaba con los nunca bebedores de café.

     


    Un consumo superior a 5 tazas de café al día también se acompañó de una reducción del riesgo de mortalidad total, aunque en menor proporción, 15%, similar a la observada con los bebedores de 1 a 2 tazas diarias.

     


    En cuanto a la posible asociación del café con enfermedades específicas, este estudio japonés reveló una significativa reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias  y cerebrovasculares, que también alcanzó el máximo con ingestas diarias de 3-4 tazas de café: 36% , 40% y 43%, respectivamente.

     


    ¿Por qué se observa tan notable reducción del riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, respiratorias e ictus?

     


    Los investigadores de este gran estudio epidemiológico establecen hipótesis para intentar explicar la gran reducción del riesgo de muerte específico por enfermedades cardiovasculares (Infarto agudo de miocardio, angina inestable, muerte súbita por arritmias…), respiratorias y cerebrovasculares (ictus), en relación con el consumo regular de café.

     


    Dado que tanto las enfermedades cardiovasculares como las cerebrovasculares se deben al desarrollo acentuado y progresivo de inflamación en la íntima de las arterias (endotelio), responsable, a su vez, de la arteriosclerosis que acaba con la obstrucción de arterias coronarias y cerebrales, respectivamente, todo aquello que reduzca la inflamación del lecho arterial y que mejore la función y reparación del endotelio arterial tiene grandes posibilidades de frenar o, incluso, revertir la tan temida arteriosclerosis. Pues bien, el ácido clorogénico contenido en el café es un compuesto fenólico con gran potencia antioxidante y antiinflamatoria, además de reducir el riesgo de hipertensión arterial 5 y de hiperglucemia (reduce la absorción de la glucosa) (6,7), dos reconocidos factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares.

     


    Por otra parte, hay estudios que han revelado que la cafeína del café mejora la función endotelial, activando la síntesis del beneficioso óxido nítrico, (8) y promoviendo la reparación endotelial (9).

     


    Con respecto a la reducción del riesgo de muerte por enfermedades neumológicas, también abogan a favor del efecto antiinflamatorio del ácído clorogénico (10), dado que la inflamación es el hecho patogénico fundamental de estos procesos.

     

     

    Elaborando infusión de café con la V60: Cortesía Honorio García. Cafetaza. Vitoria - Gasteiz

     

     

    Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard: Asociación del consumo de café con la mortalidad total y la específica por causas en tres grandes estudios de cohorte prospectivos


    En diciembre de 2015 se publicó en una revista médica de gran prestigio (Circulation) un nuevo estudio epidemiológico de carácter prospectivo que valoró la asociación entre el consumo de café (total, con cafeína y descafeinado) y la mortalidad total y por causa específica en tres grandes muestras de personas: 74.890 enfermeras del famoso Estudio de Salud de Enfermeras (NHS: Nurses’ Health Study), 93.054 enfermeras del segundo Estudio de Salud de Enfermeras (NHS II), y los 40.557 varones del Estudio de Seguimiento de Profesionales de Salud (HPFS: Health Professionals Follow-up). (11)

     


    El intervalo de seguimiento de estas tres grandes muestras fue muy notable, pues la primera cohorte de enfermeras se reclutó en 1976 (mujeres de 30 a 55 años procedentes de 11 estados de USA); la segunda cohorte de estas profesionales (NHS II) empezó a andar en 1989 (enfermeras de 25 a 42 años), en tanto que la cohorte de varones, proveedores de salud, empezó a funcionar en 1986.   

     


    El consumo de café fue evaluado mediante cuestionario de frecuencia de alimentos, una vez, al inicio del estudio y, luego, periódicamente a lo largo del seguimiento (cada cuatro años).

     


    Los investigadores, miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, comprobaron, tras emplear un impecable aparato estadístico (regresión proporcional de Cox, control de variables de confusión, análisis de sensibilidad, entre otros), que los resultados eran diferentes según se controlara o no el tabaquismo. Así, cuando esta variable se incluía, esto es, cuando se hacía el cálculo sin excluir a los fumadores, se observaba una asociación no lineal entre el consumo de café (con cafeína, descafeinado y total) y la mortalidad, dado que el consumo de 1 a 5 tazas de café al día se asociaba con una reducción similar del riesgo de muerte, mientras que, en cambio, el consumo superior a 5 tazas diarias no se asociaba con el riesgo de muerte.

     


    Sin embargo, cuando se excluían a los fumadores, se observaba que los nunca fumadores que bebían café con respecto a los no bebedores del mismo se beneficiaban con una reducción lineal (dosis-respuesta) del riesgo de muerte, o sea, a mayor consumo de café menor mortalidad. Así, los que bebían una taza al día se beneficiaban con una reducción del 6% en la tasa de muerte, los que ingerían de 1,1 a 3 tazas diarias experimentaban una reducción del 8%, los que consumían de 3,1 a 5 tazas de café al día eran los que más se beneficiaban, pues la reducción del riesgo de muerte total alcanzaba un porcentaje del 15% (HR: 0,85; IC  0,79-0,92).

     


    Además, los que bebían más de 5 tazas diarias de café también veían reducido el riesgo de muerte global, un 12%.

     


    Este hecho diferenciador, lo atribuyen a que usualmente los que beben más café, por ejemplo más de 5 tazas diarias, también fuman más. De esta forma, el tabaco tiende a aminorar el efecto protector del café. Por el mismo motivo, estos investigadores observaron un aumento del riesgo de muerte por cáncer de pulmón y por enfermedades respiratorias en el colectivo global, en el que se incluye a fumadores.

     


    Sin embargo, cuando sólo se estudia a los nunca fumadores, el consumo de café no se asocia a un aumento del riesgo de muerte por estas enfermedades neumológicas, cuando se les compara con los no bebedores de café.

     


    Con respecto a la asociación entre el citado consumo de café y la mortalidad específica por causa, en este estudio se observó una significativa reducción de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, neurológicas, diabetes tipo II, ictus y por suicidio, con respecto a las enfermeras y profesionales de salud (varones) que no bebían café.

     


    Finalmente, los beneficios se obtienen igualmente con el consumo de café con cafeína o sin ella (descafeinado).

     

     

    Instituto Nacional del Cáncer de EEUU: Asociación entre el consumo de café y la mortalidad total y especifica ​​​​​​​
     


    El 15 de diciembre de 2015 se publicó en una revista de epidemiología de calidad contrastada (American Journal of Epidemiology) un gran estudio prospectivo liderado por Erikka Loftfield, (12) perteneciente al departamento de Epidemiología Oncológica y Genética (sección de Epidemiología Nutricional) del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU, cuyo objetivo fundamental fue, de nuevo, evaluar una posible asociación entre el consumo regular de café con cafeína, descafeinado e, incluso, aditivos con café  y la mortalidad total y específica por causas. Para ello, controlaron durante 9 años a  90.317 adultos norteamericanos (screening de cáncer de ovario, colon y recto, pulmón y próstata), inicialmente sanos, falleciendo, durante el periodo de seguimiento, 8178 individuos.

     


    Tras aplicar, como siempre en estos estudios, un riguroso método estadístico (regresión proporcional de Cox, con estricto control de múltiples variables de confusión), observaron que los bebedores habituales de café, comparados con los no lo bebían, se beneficiaban de una significativa reducción de la mortalidad, que también resultó lineal y dosis dependiente, pues osciló desde un 6%, en los bebedores de sólo una taza al día, hasta un 21%, en los que bebían de cuatro a cinco tazas diarias, pasando por un 18% de reducción, en los que consumían de dos a tres tazas al día. Además, los que bebían 6 ó más tazas al día también experimentaban una sensible disminución del riesgo de muerte: un 16% (HR: 0,84, IC 95% 0,75 a 0,95).

     


    En este estudio vuelven a apreciarse resultados favorables para los amantes del café, incluso en los que lo beben sin cafeína o en ciertos aditivos que lo contienen (productos lácteos, ciertas cremas sin leche, preparados con miel, azúcar o edulcorantes).

     


    En cuanto a la asociación con enfermedades específicas, este estudio revela una asociación inversa del café con muertes por enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas, diabetes, neumonías y gripe y autolesiones (suicidio o no). Sin embargo, como en otros estudios, no se observa una reducción de la mortalidad global por cánceres, que ellos atribuyen, en parte, al escaso seguimiento (9 años), porque, aseguran, el café reduce inequívocamente el riesgo de algunos tumores malignos prevalentes, como los cánceres de hígado y de endometrio.

     


    En su meditada discusión, al final del artículo, arguyen que el consumo regular de café puede reducir el riesgo de muerte porque se asocia a una reducción de la inflamación, mejora la función pulmonar, aumenta la sensibilidad de la insulina y reduce la depresión mental.

     

     

    Asociación entre el consumo de café y la mortalidad total y específica por causa entre poblaciones no blancas del estudio de cohorte multiétnico (EEUU)


    Como el anterior estudio se había efectuado casi exclusivamente en población blanca (de origen predominantemente anglosajón) de colectivos de cierto nivel educativo como el constituido por las enfermeras y por los profesionales de salud del sexo masculino (veterinarios, odontólogos, podólogos, fisioterapeutas, etc), surgen lícitas dudas a la hora de generalizar los resultados a poblaciones de otras etnias y nivel cultural.

     


    El posible sesgo del anterior estudio, intentó subsanarse mediante la investigación publicada el 11 de julio de 2017 en Annals of Internal Medicine, (13) efectuada con una Cohorte Multiétnica, constituida por 185.855 personas de orígenes distintos: afroamericanos, nativos de Hawai, americanos de origen japonés, latinos (iberoamericanos) y blancos, que se reclutaron entre 1993 y 1996.

     


    Obviamente, el objetivo fue examinar la asociación entre el consumo de café y el riesgo de muerte total y específico por causa en la citada población.

     


    Pues bien, tras un periodo de seguimiento de 19 años (de 1993 al 2012) se observó, tras aplicar el correspondiente método estadístico (regresión proporcional de Cox y estricto control de todas las variables de confusión, con el tabaquismo a la cabeza), que los consumidores habituales de café, con respecto a los que nunca lo consumen, se beneficiaban con una significativa reducción del riesgo de muerte total, de carácter lineal, que osciló entre un 12% entre los que bebían una taza al día, hasta el 18% de los que bebían diariamente de dos a tres tazas (HR: 0,82; IC  0,79 a 0,86). Los que bebían más de cuatro tazas al día también experimentaron una reducción del 18% de la tasa de muerte total.

     


    En cuanto a la mortalidad específica por causa, se comprobó que los bebedores de café, con respecto a los no bebedores, tenían menores tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares, respiratorias, ictus, diabetes, enfermedad renal y cáncer.

     


    Estos resultados boyantes se observaron en todas las etnias participantes menos en una: los nativos de Hawai.

     


    Finalmente, los resultados fueron similares entre los que consumían café con cafeína o sin ella.

     

     

    Alfonso Aguado, maestro barista, cogiendo la drupa del café en la finca Los Castaños, Valle de Agaete (Gran Canaria)

     

     

    Consumo de café y mortalidad en 10 países europeos: Un estudio de cohorte multinacional

     

    Este es el título del artículo publicado el mismo día, 11 de julio de 2017, y en la misma revista que el estudio precedente, Annals of Internal Medicine. Se trata de un estudio prospectivo europeo (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition: EPIC), efectuado con una muestra de algo más de medio millón de personas (521.330), pertenecientes a 10 países europeos, incluyendo España. Durante el seguimiento de los participantes, que no fue precisamente corto, 16 años, dio tiempo a contabilizar 41.693 fallecimientos. (14)

     


    En este trabajo no sólo examinaron la posible asociación entre el consumo de café y la mortalidad total y por causa específica sino también, en un subgrupo de pacientes, analizaron una serie de marcadores biológicos en el suero, a fin de evaluar la función hepática, la inflamación y el metabolismo.

     


    El volumen de café consumido por los ciudadanos de estas diez naciones europeas fue variable, siendo Italia el país donde consumen menos café (media: 91 ml/día, los hombres; 93 ml /día, las mujeres) en tanto que Dinamarca registra los mayores consumos (media: 900 ml/día, tanto hombres como mujeres).

     


    También en este estudio se ha comprobado que los bebedores de café, a diferencia de los que no lo beben, suelen ser más jóvenes, fuman más, consumen más carnes rojas y procesadas, beben más alcohol, y comen menos frutas y verduras.

     


    Tras el correspondiente análisis estadístico (modelos multivariables de la regresión de cox y estricto control de variables de confusión), se apreció un hecho muy repetido en este contenido: una sensible reducción del riesgo de mortalidad total entre los consumidores regulares de café, cuando eran comparados con los que nunca lo bebían.

     


    Concretando, diremos que los varones que bebían tres o más tazas de café al día (cuartil más alto), con respecto a los no bebedores, experimentaban reducciones de un 18% del riesgo de muerte por todas las causas (HR: 0,82; IC 95%; 0,76 a 0,89), mientras que las mujeres que bebían similares cantidades experimentaban una reducción del 8% de la mortalidad total (HR: 0,92; IC 95%, 0,87 a 0,98), con respecto a las no consumidoras.

     


    Estos investigadores también observaron que los bebedores de café descafeinado se beneficiaban de similares reducciones de la mortalidad que los bebedores de café sin eliminar la cafeína.

     

     

    Preparando una infusión de café con la Chemex. Cortesía de Oscar de Toro. Cafetería Venecia. Santiago de Compostela, A Coruña

     

     

    ¿Cómo fue la asociación entre el café y la mortalidad por causa específica de este estudio europeo?  ​​​​​​​


     
    Se observó una intensa asociación inversa entre el consumo regular de café y la mortalidad por enfermedades digestivas (a más consumo menos mortalidad), sobre todo, en hombres, dado que los mayores consumidores (tres o más tazas al día), con respecto a los que no lo ingerían, veían reducido el riesgo de muerte en un porcentaje del 59%. Aunque las mujeres que consumían más café también se beneficiaron de notables reducciones del riesgo de muerte por enfermedades digestivas: 40%.

     


    En este estudio se observó que algo más de una tercera parte de las muertes por procesos digestivos correspondieron a enfermedades del hígado, sobre todo, cirrosis. Pues bien, el consumo regular de café se asocia a una intensa reducción del riesgo de muerte por enfermedades hepáticas (80%), lo que no se aprecia con el resto de enfermedades digestivas.

     


    La enfermedad más agraciada por el café es la  cirrosis, tanto la etílica como la de otro origen, incluyendo hígado graso: 79% de reducción del riesgo de muerte (HR: 0,21; IC 95%, 013 a 0,34).

     


    El consumo habitual de café también se asoció inversamente con la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, especialmente en las mujeres, que se beneficiaron de una significativa reducción del riesgo de muerte por ictus: 30 % (HR: 0,70; IC 95% 0,55 a 0,90).

     


    En cuanto a la mortalidad global por cánceres, el café no reveló reducciones significativas. Aunque sí observaron una sensible reducción del riesgo de cáncer de hígado, tanto en hombres como en mujeres.

     


    En este estudio llamó la atención una reducción del riesgo de muerte por cáncer de pulmón por parte de los mayores consumidores de café, cuando se los comparaba con los no bebedores.

     

     

    ¿Qué observaron en el subgrupo de participantes nunca fumadores?

     

    Como era de esperar, los nunca fumadores que bebían más volúmenes de café experimentaban mayores reducciones de la mortalidad total.

     


    Cuando lo que se analizaba era la mortalidad específica, los grandes bebedores de café que nunca habían fumado también experimentaron significativas reducciones del riesgo de muerte global por cáncer, además de relevantes reducciones del riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, digestivas y respiratorias.

     

     

    ¿Cómo afectó el consumo regular de café a los marcadores biológicos?

     

    Pues, comparados con los no bebedores de café o con muy bajo consumo, los que lo consumían en mayores cantidades (tres o más tazas diarias), tenían menos concentraciones plasmáticas de enzimas indicativas de daño hepático (GOT, GPT, GGT, fosfatasa alcalina) y mayores niveles de albúmina (proteína sintetizada en el hígado).

     


    Además, en las mujeres, a diferencia de los varones, el mayor consumo de café se asoció con una mayor reducción de la Proteína C Reactiva (PCR), un marcador inespecífico de inflamación, y de altos niveles del vulgarmente llamado colesterol bueno, esto es, el HDL-colesterol, que se asocia a una reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares.

     


    En hombres, en cambio, la ingesta habitual de café se asoció con una sensible reducción del riesgo de muerte por suicidio.

     


    Los autores concluyen el estudio diciendo lo siguiente: “Nuestros resultados sugieren que el mayor consumo de café se asocia a un menor riesgo de muerte por varias causas, especialmente por enfermedades digestivas y cardiovasculares. La consistencia y similitud de los resultados de este estudio europeo con los obtenidos en otros estudios de cohorte, efectuados en diversas partes del mundo, así como los favorables datos observados en los biomarcadores biológicos, indicando que los bebedores de café tienen una mejor función hepática y menor carga de inflamación que los que nunca lo consumen o lo beben esporádicamente, soportan la hipótesis de que el café puede conferir saludables beneficios. Dado que su consumo es un estilo de vida modificable, sus potenciales beneficios clínicos deben ser encarecidamente considerados.”

     

     

    Asociación entre el consumo de café y la mortalidad en una gran cohorte británica (UK Biobank)

     

    Este estudio prospectivo, publicado en agosto de este año en JAMA Internal Medicine, ha tenido el gran mérito de ser el primero en tener en cuenta las variantes genéticas (polimorfismos genéticos) responsables de una mayor o menor metabolización hepática de la cafeína.

     


    La muestra de personas evaluada fue muy notable, casi medio millón (498 134), seguidas durante 10 años, al cabo de los cuales se llegó a conclusiones similares: una asociación entre el consumo regular de café y una reducción de la tasa de muerte por todas las causa, que osciló desde un 8% en los bebedores de una taza diaria hasta un 16% en los que bebían 6 a 7 tazas diarias. Además, los grandes consumidores de café, 8 ó más tazas diarias, también se beneficiaron con una reducción significativa de la tasa de muerte: un 14%. Por otra parte, estos boyantes resultados no se alteraron en las personas que metabolizaban la cafeína más lenta o más rápidamente. Finalmente, los bebedores de café descafeinado se beneficiaron de igual forma. (15)

     


    “Nuestros hallazgos sugieren que otros compuestos del café, diferentes a la cafeína, representan un papel capital en la reducción de la tasa de muerte observada con su consumo habitual, pues se obtienen resultados similares con café descafeinado. Además, permiten afirmar con cierta seguridad que el café debe formar parte de cualquier dieta saludable”, concluyen los autores.

     

     

    Consumo de café y mortalidad total en una cohorte mediterránea

     

    El 23 de noviembre de 2018 se publicó en una revista especializada en el tema (The American Journal of Clinical Nutrition ) un excelente estudio prospectivo de autoría española, "El Seguimiento Universidad de Navarra (SUN)".

     


    Los responsables del mismo, Adela M. Navarro y colegas, investigadores del CIBEROBN, adscritos al grupo de medicina Preventiva de la Universidad de Navarra, también observaron una mayor longevidad entre los bebedores regulares de café, tras estudiar a 20.000 voluntarios, graduados universitarios de toda España, durante 10 años.

     

    En esencia, apreciaron una reducción del 22% en la tasa de muerte por todas las causas entre los consumidores de 2 tazas diarias de café. Aunque los más gratificados fueron los que tenían 55 ó más años: 34% de disminución (HR: 0.67; 95% CI: 0.52, 0.86). (16)

     


    Estos favorables resultados se obtuvieron tanto bebiendo café con cafeína como con descafeinado, incluso con el soluble.

     

     

    Brindando con café especial de Etiopía, Yirgacheffe, infusionado con la Chemex, cafetera de filtro.

     

     

    Impresiones finales

     

    En este contenido del blog vuelvo a glosar las bondades del café, basándome en los principales estudios internacionales que han revelado una reducción de la tasa de muerte total y específica por su consumo habitual. Como veremos en otro futuro artículo, gran parte del efecto saludable del café probablemente se deba a su capacidad de reducir el acortamiento acelerado de los extremos de los cromosomas (telómeros) y, por ello, hacer que nuestra edad biológica sea menor que la que figura en nuestro carné de identidad (edad cronológica). (17,18) Incluso un reciente estudio experimental (los de mayor calidad científica) ha mostrado cómo el consumo habitual de café (500 ml. diarios) mantiene la integridad del ADN, versus grupo control. (18)

     


    En fin, concluyamos el tema brindando a la salud de todos con una copa de café de especialidad infusionado con la Chemex. Sí, deseo que, durante este año 2019, tanto la salud como la escurridiza felicidad os acompañen fielmente. Un fuerte abrazo.

     


                                                                         

                                                               Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     

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    12. Association of Coffee Consumption With Overall and Cause-Specific Mortality in a Large US Prospective Cohort Study. Loftfield E, Freedman ND, Graubard BI, Guertin KA, Black A, Huang WY, Shebl FM, Mayne ST, Sinha R. Am J Epidemiol. 2015 Dec 15;182(12):1010-22. doi: 10.1093/aje/kwv146. Epub 2015 Nov 27

     


    13.  Association of coffee consumption with total and cause-specific mortality among nonwhite populations. Annals of Internal Medicine. 11 July 2017.

     


    14. Ann Intern Med. 2017 Jul 11. doi: 10.7326/M16-2945. Coffee Drinking and Mortality in 10 European Countries: A Multinational Cohort Study. Gunter MJ, Murphy N, Cross AJ, Dossus L, Dartois L, Fagherazzi G, Kaaks R, Kühn T, Boeing H, Aleksandrova K, Tjønneland A, Olsen A, Overvad K, Larsen SC, Redondo Cornejo ML, Agudo A, Sánchez Pérez MJ, Altzibar JM, Navarro C, Ardanaz E, Khaw KT, Butterworth A, Bradbury KE, Trichopoulou A, Lagiou P, Trichopoulos D, Palli D, Grioni S, Vineis P, Panico S, Tumino R, Bueno-de-Mesquita B, Siersema P, Leenders M, Beulens JWJ, Uiterwaal CU, Wallström P, Nilsson LM, Landberg R, Weiderpass E, Skeie G, Braaten T, Brennan P, Licaj I, Muller DC, Sinha R, Wareham N, Riboli E

     


    15. Association of Coffee Drinking With Mortality by Genetic Variation in Caffeine Metabolism Findings From the UK Biobank Erikka Loftfield, PhD; Marilyn C. Cornelis, PhD; Neil Caporaso, MD; et alKai Yu, PhD; Rashmi Sinha, PhD; Neal Freedman, PhD. JAMA Intern Med. 2018;178(8):1086-1097. doi:10.1001/jamainternmed.2018.2425

     


    16. Coffee consumption and total mortality in a Mediterranean prospective cohort Adela M Navarro Miguel Á Martinez-Gonzalez Alfredo Gea Giuseppe Grosso José M Martín-Moreno Esther Lopez-Garcia Nerea Martin-Calvo Estefanía Toledo The American Journal of Clinical Nutrition, Volume 108, Issue 5, 1 November 2018, Pages 1113–1120. 23 November 2018

     


    17. Coffe Consumption is positively associated with longer leukocyte telomere length in the Nurses´ Health Study.(NHS). The Journal of Nutrition. 2016. Jul. Jason J.Liu, Marta Crous Bou; Edward Giovannucci and Inmaculata de Vivo

     


    18. Caffeine consumption and telomere length in men and women of the National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES). Larry A. Tucker. Nutrition & Metabolism201714:10

     


    19. Consumption of a dark roast coffee blend reduces DNA damage in humans: results from a 4-week randomised controlled study. 17 november 2018. European Journal of Nutrition.

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?
     


    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


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  • 01/11/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Arco Conjuradero de Villegas

    Arco Conjuradero de Villegas


    La singularidad del Arco Conjuradero de Villegas y la calidad artística de su templo parroquial, la Iglesia de Santa Eugenia, deberían convertir a este pueblo burgalés en un destino cultural preeminente, capaz de enriquecer la salud no sólo de los amantes del arte sino también la de los que disfrutan con lo singular y lo bello. De esta suerte, tales obras humanas merecen elevarse a la categoría de arte y patrimonio universal, que debe cuidarse, rehabilitarse y promocionarse para beneficio de todo ciudadano del planeta que tenga la fortuna de descubrirlas y conocerlas.

     

     

    A fin de seguir un cierto orden expositivo, en este artículo procederemos, primero, a referir brevemente cómo se accede a Villegas, para, más tarde, centrarnos en el Arco Conjuradero. Posteriormente, un segundo artículo, el del próximo mes, lo dedicaremos a valorar y describir artísticamente la iglesia de Santa Eugenia, a la luz de los últimos descubrimientos, tras la restauración de sus cubiertas y vidrieras.

     

     

    Acceso a Villegas

     

    Desde Burgos capital a Villegas hay menos de una cincuentena de kilómetros (45 km), por lo que en coche tardaremos poco más de media hora. Tras recorrer unos pocos kilómetros por una de las rondas que circunvalan la capital, la BU-30, veremos a nuestra izquierda Villagonzalo Pedernales, momento en el que, a nuestra derecha, aparece el acceso a la autovía del Camino de Santiago, la A-231, que deberemos coger y no abandonar durante poco más de treinta kilómetros (33 km) hasta llegar al acceso a Sasamón y a Olmillos de Sasamón, donde saldremos de la citada autovía. Ahora nos dirigiremos al primer pueblo (por la BU-P-4041) al que llegaremos en corto trayecto.

     


    Una vez en Sasamón dejaremos, a nuestra izquierda, el trozo de muralla conservada y, más arriba, la imponente imagen de su iglesia de Santa María la Real, para acceder a la carretera de Villadiego (BU-640), a nuestra derecha, a fin de recorrer los siete kilómetros que distan hasta Villegas.

     

     

    ¿Qué es un Arco conjuradero?

     

    En las siguientes líneas vamos a desgranar este concepto, valiéndonos, inicialmente, de lo aceptado por la Real Academia Española de la Lengua o, mejor dicho, por la Asociación de Academias de la Lengua Española, que incluye otras veintitrés Academias de la Lengua de Cervantes. Procedamos, pues.

     


    La primera palabra, arco, poco tiene de críptico o confuso, en cambio, la segunda, conjuradero, puede entrañar alguna dificultad.

     


    De entrada, observamos que la palabra conjuradero todavía no está registrada en el diccionario de la Real Academia Española (R.A.E.), aunque menos mal que sí lo está conjuro, sustantivo masculino, que significa acción y efecto de conjurar. Pero, ¿qué es, exactamente, conjurar? Pues, entre los diversos significados del verbo transitivo conjurar, que acepta y respalda la R.A.E, hay dos que compatibilizan bastante bien con el título de este apartado. Veámoslos:

     


    1. Rogar encarecidamente, pedir con instancia y con alguna fórmula de autoridad algo.

    2. Impedir, evitar o alejar un daño o peligro.

     


    La fusión de estas dos respuestas nos permite colegir que alguien ruega con fervor y, probablemente, empleando una fórmula de autoridad, para prevenir algún daño o peligro.

     


    Sigamos con más sarta de preguntas: ¿qué daños se pretenden evitar?, ¿qué persona revestida de cierta autoridad procede a tales peticiones?, ¿qué tipo de fórmula rogatoria emplea?, ¿desde qué pedestal o lugar destacado ejerce esta función?

     

    Arco Conjuradero de Villegas, por delante de la Iglesia de Santa Eugenia. (30-06-2017)

     

     

    Bueno, llegado a este punto más vale que atine y concrete las respuestas, no siendo que más de uno empiece a irritarse por tanta tardanza y busque directamente el significado en la Real Academia Internacional de Internautas, menos escrupulosa y más versátil que la R.A.E. 

     


    Lo que se pretende evitar, impedir o alejar son las inclemencias meteorológicas que puedan dañar los frutales y las cosechas tanto de secano como de regadío, esto es, las tormentas de granizo, o sea, granos esféricos de hielo, de 2 a 5 mm de diámetro, que cuando caen al suelo rebotan y no se rompen. Aunque más temible que el granizo es el pedrisco, pues la precipitación está constituida por granos de hielo de mayores dimensiones, que oscilan desde diámetros de uno o dos centímetros, lo habitual, hasta los cinco centímetros, menos comunes, por fortuna.

     


    Es fácil comprender que tales precipitaciones se comportan como armas arrojadizas sobre las frágiles cosechas cerealistas, productos de huerta (legumbres, tomates, pimientos, etc.) y frutales, por lo que el campesinado no sólo español sino de cualquier parte del planeta las teme cervalmente, dado que la pérdidas sufridas pueden arruinar o aminorar la economía familiar.

     


    Aunque actualmente existen sindicatos agrarios que velan por los intereses de los agricultores al igual que seguros que pueden subvenir una parte de las pérdidas, antaño, al campesinado, sólo le quedaba implorar al cielo, a Dios o a ciertos santos/as como Santa Bárbara. Mas, ¿quién conjuraba a las tormentas con granizo?

     


    Obviamente, en Castilla y en el resto de España, los que conjuraban estas temibles tormentas eran los sacerdotes, por lo menos desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Pero, ¿sólo los sacerdotes? Pues, según lo descrito por Jesús Callejo en su libro Gnomos, se necesitaban dos personas para que un conjuro tuviera cierto efecto: una, el sacerdote, ya citado; la otra, el campanero. “El primero representaba el ritual cristiano, la sabiduría y la élite. El otro representaba al pueblo, la superstición y los ritos paganos. El sacerdote se valía de estola, agua bendita, oraciones, cruces y todo objeto religioso que cayera en sus manos. El campanero sólo tenía sus campanas y sus “toques”, persiguiendo con su acción un determinado fin: utilizar el desorden (los ruidos) contra el desorden (el fenómeno atmosférico)”,sentencia Jesús Callejo.

     


    Para ello, se colocaban en los pórticos de las iglesias, en ciertos templetes o construcciones efectuadas para tal efecto, del tipo de arcos próximos a la iglesia, como acontece en Villegas, donde el Arco Conjuradero está muy cerca de la iglesia de Santa Eugenia, o en Poza de la Sal, en la comarca burgalesa de la Bureba, donde el sacerdote conjuraba las tormentas desde un balcón construido sobre una de las puertas o arcos de la muralla, también cercanos a una iglesia, la de San Cosme y San Damián.

     

     

    Arco Conjuradero de Poza de la Sal, desde la Plaza Vieja

     

     

    Arco Conjuradero de Poza de la Sal

     

     

    Aprovecho este momento para decir que en Castilla y León sólo quedan cuatro Arcos Conjuraderos: los burgaleses, ya citados, de Villegas y de Poza de la Sal, el vallisoletano de Cuenca de Campos, y el palentino de Cojuelos de Ojeda.

     


    En el pirineo aragonés se construyeron, desde el siglo XVI hasta el XVIII, los denominados esconjuraderos, desde donde el sacerdote y los vecinos se reunían para conjurar las tormentas o tronadas, a fin de que no sucedieran en su término municipal. Incluso existen actualmente rutas de esconjuraderos, con obligada visita a los de Guaso, Almazorre, San Vicente de Labuerda, entre otros.

     


    En Aragón, donde más proliferan los esconjuraderos es en la comarca de Sobrarbe. Aunque, es una costumbre muy común en toda la franja pirenaica, incluyendo Lérida, Gerona, donde se les denomina comunidor, así como en el vecino territorio francés.

     

     

    ¿Qué tipo de fórmulas empleaban en tales conjuros?

     

    En tales conjuros empleaban un lenguaje particular, que, no obstante, es muy parecido en las diversas regiones españolas. Así, por ejemplo, en Grandas de Salime (Asturias), emplean, según Jesús Callejo, un conjuro para alejar el nuberu, que debe acompañarse de un vigoroso tañido de campanas:

     


                          Detente, nube y nublado,

                        que Dios puede más que el diablo.

                        Detente, nube,

                        etente, tú,

                        que Dios puede más que tú.

     


    En Cuenca de Campos, desde hace unos años, están revitalizando esta antigua tradición, mediante actuaciones teatralizadas, a fin de concitar más visitas turísticas, para lo cual emplean un clásico conjuro de tormentas, a saber:

     


                            Tente, nublo, tente,

                           si eres agua, ven acá,

                           si eres piedra, vete allá.

                           Detente nube maldita

                           que Dios puede más que tú.

     

     

    No quiero soslayar el hecho de que no siempre era el cura el que se atrevía con tales conjuros sino también gente llana, vecinos o vecinas de esos pueblos castigados por tales granizadas, probablemente impelidos por la escasa efectividad del sacerdote de turno.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas


    Al poco de entrar en la plaza mayor de Villegas, nos llama la atención la presencia del Arco Conjuradero y de la iglesia fortaleza de Santa Eugenia.

     


    Si nos situamos enfrente de su fachada principal, o sea, la meridional, podremos observar un gran arco de medio punto, con dovelas bien trazadas, sobre el que se alza una única planta, en cuya parte superior destaca una hornacina central, que contiene una imagen exenta de Santa Bárbara, flanqueada por dos ventanas rectangulares, casi inmediatamente por debajo del alero. La piedra caliza es la predominante, combinando mampuesto con sillería.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas

     

     

    En nuestro arco, Santa Bárbara parece coger una rama de palma con su mano izquierda, como símbolo de su martirio, en tanto que apoya su mano derecha sobre una columna, que bien podría ser el símbolo de la torre del castillo en donde su padre la encarceló para evitar su conversión al cristianismo.

     


    Dado que su padre, Dióscuro, un sátrapa de Nicomedia, fue fulminado por un rayo inmediatamente después de decapitar a su propia hija (siglo III de nuestra era), la Iglesia, hace muchos siglos, la nominó Santa Protectora de las personas y de sus bienes frente a las tormentas. Por este motivo figura en un lugar destacado de nuestro Arco Conjuradero.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Santa Bárbara en una hornacina superior

     

     

    Otra frase muy popular en la que se invoca a esta mártir es la de “acordarse de Santa Bárbara cuando truena”. Aunque, con el tiempo, su sentido “meteorológico” ha sido reemplazado por el relacionado con la pereza y la falta de previsión, que, a veces, nos domina tanto como para dejar para mañana lo que podemos hacer hoy.

     

     

    Jaculatorias a Santa Bárbara

     

    Cuando se invoca a Santa Bárbara mediante una oración breve, cargada de fe, para ahuyentar las tormentas, es muy común empezar con los siguientes tres versos:

     


                              “Santa Bárbara bendita,

                                que en el cielo estás escrita

                                con papel y agua bendita.”

     


    La continuación de la oración se efectuaba con un variable conjunto de versos, dependiendo del origen geográfico. Así, en el pirineo aragonés, solían hacerlo así:

     


                             “ Jesucristo está enclavado

                             en el árbol de la cruz,

                             Páternoste amén Jesús”.

     


    En el Concejo de Somiedo (Asturias) una singular jaculatoria a Santa Bárbara es la que sigue:

     


                           “Santa Bárbara bendita,

                            que en el cielo estás escrita

                            con papel y agua bendita.

                            Santa Bárbara doncella,

                            líbranos de la centella

                            y del rayo mal parado.

                           Jesucristo está enclavado

                           en el ara de la Cruz.

                           Paternoste, Amén Jesús.”

     


    Carmen Gonzalo de Andrés, licenciada en Historia, refirió en un artículo (“Acordarse de Santa Bárbara cuando suena”) diversas jaculatorias para Santa Bárbara, así como ciertas creencias, ritos, conjuros y toques de campanas, publicado en la Revista del Aficionado a la Meteorología (N 9-Marzo de 2003). El que tenga interés le aconsejo leerlo, pues es bastante ilustrativo.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Visión posterior, con la escalera de acceso.

     

     

    Siguiendo con la descripción de nuestro arco, si penetramos por su vano y nos colocamos enfrente de su fachada posterior o septentrional, observaremos la escalera que asciende hasta su planta, la cual exhibe un paramento de ladrillo, dividido en tres cuerpos por dos vigas de madera. Tanto por la fachada sur como por la norte, apreciaremos que está adherido a una dependencia del Ayuntamiento.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Interior

     

     

    Descripción del interior

     

    En este momento es obligado mencionar a Javier Rodríguez, el presidente de la Asociación Cultural Puentipiedra de Villegas, quien muy amablemente me mostró el interior de la habitación o capilla de nuestro arco (30-06-2017).

     


    Tras subir las escaleras, abrió la puerta y descubrió una pequeña habitación, iluminada por la ventana desde donde el sacerdote solía conjurar las tormentas, donde destacaban, en su pared derecha (la norte), dos objetos: más cerca de la entrada, una vela contenida en una especie de urna de cristal, de forma hexagonal; más allá, en el centro de la pared, un armario de madera, apoyado sobre una mesa, a modo de tabernáculo, con sus caras talladas con diversas imágenes.

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Vela en urna de cristal

     

    Arco Conjuradero de Villegas: objetos del interior del armario-tabernáculo

     

    Arco conjuradero de Villegas: viril de lo que parece una custodia, empleada en los conjuros de tempestades

     

     

    Cuando Javier procedió a abrir este singular tabernáculo, aparecieron varios objetos, un tanto singulares: dos cruces; una especie de custodia u ostensorio, cuyo torneado soporte de madera sostiene un óvalo con marco de madera, cubierto por un cristal, parecido al viril que contiene la hostia sagrada o las reliquias de un relicario, que deja ver una imagen en la que parece haber una figura central, en torno a la cual aparecen bilateralmente más personajes (seis en el lado derecho, cinco en el izquierdo, aunque también pudieran ser seis, completando así los doce apóstoles, que escuchan absortos a Jesús) dispuestos en una especie de templo con columnas a ambos lados; y un libro de conjuros del siglo XVIII, que nada más verlo me cautivó, pues me pareció una verdadera joya bibliográfica, que debe conservarse y restaurarse con primor.

     

     

    Libro de Conjuros de Ximénez, existente dentro del Arco Conjuradero de Villegas, que abre Javier Rodríguez, a fin de fotografiarlo

     

     

    Estamos hablando de un libro de conjuros contra tempestades, truenos, granizo, rayos y langostas, escrito por el doctor Pedro Ximenez,beneficiado de las iglesias de Navarrete y Fuen-Mayor (Zaragoza, 1738).

     


    Mientras Javier mostraba varias páginas del libro, aproveché para efectuarle sendas fotos. Nos resultó llamativo observar que, en la que figura el título en castellano, también se especifica la librería en la que los contemporáneos (siglo XVIII) podrían obtener el citado libro: “Se hallará en Burgos, en la Librería de Felipe Zuazo, Plazuela del Arzobispo”.

     


    Posteriormente, confirmamos que se trata de un libro plenamente digitalizado por la Biblioteca de Castilla y León, que incluye la portada, las guardas y setenta y ocho páginas en latín, plenas de plegarias y exorcismos contra las tormentas, granizadas, plagas de langosta y demás desmanes de la naturaleza.

     

     

     Arco conjuradero de Villegas: Libro de conjuros de Pedro Ximenez, donde se distingue nítidamente, en el encabezamiento de las dos páginas, que tenemos un manual de exorcismos contra inminentes tempestades.

     

     

    Es fácil colegir que todos estos elementos, cruces, custodia y el libro de Ximénez, fueron empleados por diversos sacerdotes de Villegas, hasta bien entrado el siglo XIX, con el propósito de prevenir las temibles tormentas capaces de arrasar toda la cosecha.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Objetos empleados en los conjuros de las granizadas.

     

     

    ¿Por qué hay una vela encendida a modo de luminaria junto al armario con los útiles para conjurar las tempestades?

     

    Desde que entré con Javier en la habitación del Arco Conjuradero de Villegas no dejó de intrigarme la presencia de una vela encendida dentro de la urna de cristal, que, en parte, recordaba la luminaria que debe arder continuamente junto al sagrario, con objeto de recordar que Jesucristo está sacramentalmente allí y significa el amor vigilante de Dios.

     


    Pero tenía la impresión de que su origen y permanencia debería de tener otro sentido. Por eso no dudé en preguntárselo a Javier:

     

     

    -- ¿Por qué está encendida esa vela?

     


    -- Pues porque la gente cree que, ahora, a falta de conjuros, mantenerla encendida bien podría ayudar a que los campos de Villegas se libren de tempestades y pedriscos— me responde Javier.

     


    -- Ya, entonces, supongo que para que no se apague será preciso que alguien se responsabilice de mantener constantemente vivo su fuego.

     


    -- Sí, una mujer sube todos los días a avivar su fuego, desde que se inicia la siembra del trigo y  cebada hasta que se recoge la cosecha, o sea, desde la Cruz de mayo hasta la Cruz de septiembre me contesta.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Javier Rodríguez, presidente de la Asociación Cultural Puentipiedra (30-06-2017).

     

     

    Sin caer en la jocosidad se me ocurre plantearle lo siguiente:

     


    -- Javier, al igual que la efectividad de las vacunas para prevenir las enfermedades transmisibles para las que se diseñan no suele ser del 100%, la capacidad preventiva de tormentas con pedrisco de esta luminaria tampoco lo será. ¿Tienes referencia de alguna tempestad que asolara la cosecha de cereales de este pueblo?

     


    -- Pues mira sí, un día de junio de 1983, sufrimos un terrible pedrisco, que arrasó toda la cosecha de los campos de Villegas. Absolutamente toda,- recuerda con cierta tristeza-. Aunque esa desgracia no hizo perder la fe en esta costumbre nuestra, dado que una mujer se sigue asegurando diariamente de que la llama mantenga alumbrada la estancia, al menos, hasta que toda la cosecha sea recogida, afirma con convicción.

     

     

    Arco Conjuradero de Villegas: Ventana desde donde el sacerdote conjuraba las tormentas, tras la reciente restauración de Patrimonio de Castilla y León.

     

     

    Posteriormente, señaló la ventana ubicada en la otra pared, por donde entra la luz, para referirme: “Desde esta ventana se efectuaban todos los conjuros. Desde aquí, el sacerdote, tras subir con sus monaguillos, vestido con su capa pluvial, procedía a exorcizar contra tormentas, pedriscos, rayos y todo mal que pudiera echar a perder las cosechas, según me cuentan, pues yo nunca he llegado a verlo”.

     

     

    Mientras salíamos del arco de los conjuros y procedíamos a descender las escaleras, pensé que lo mostrado y vivido junto a Javier bien merece la pena divulgarlo y, sobre todo, sacarle provecho culturalmente. Esto es, en absoluto me parece descabellado organizar actuaciones teatralizadas sobre tema tan singular, como hacen, desde el año 2006, en Cuenca de Campos, con gran repercusión periodística y relevante afluencia de público. De esta suerte, se promocionaría un turismo cultural.

     


    Además, en Villegas, como acabamos de mencionar, aún se mantiene viva la tradición, al menos, la que depende de las villeguinas que se responsabilizan de que nunca se apague la vela durante el tiempo transcurrido desde la siembra hasta la cosecha.

     


    Por cierto, la suegra de Javier se encargó, durante mucho tiempo, de mantener encendida la vela del arco, como ella me refirió poco después con estas palabras: “Todos los días, desde la Cruz de mayo hasta la Cruz de septiembre, subía al arco para asegurarme de que la vela seguía encendida.”

     


    Tanto Javier como su suegra me hablaron de mantener encendida la vela de una cruz a otra, a fin de proteger el periodo de desarrollo de los cereales, desde poco después de sembrarlos hasta su cosecha, a lo que había que sumar el tiempo dedicado a la trilla y la posterior recogida del cereal, fundamentalmente trigo y cebada, así como de la paja resultante, que servía para alimentar al ganado.

     


    Poco más tarde, comprendí que las citadas cruces corresponden con dos fechas: el día tres de mayo, el de la Invención de la Santa Cruz (cruz primaveral o verde), en relación con el descubrimiento de la Santa Cruz por Elena, la madre del Emperador Constantino, un 3 de septiembre del 326; y el 14 de septiembre, cuando la Iglesia eligió ese día para celebrar la Exaltación de la Santa Cruz (o cruz seca). 

     


    En fin, el Arco Conjuradero de Villegas es una emblemática obra patrimonial, construida con el propósito de servir de púlpito desde el cual un sacerdote procedía a conjurar las tormentas y demás desatinos de la naturaleza, mediante un estudiado y variado ritual, con el propósito de prevenir la destrucción de las cosechas. El hecho de que aún se conserve en pie, merced al tesón de los miembros de la Asociación Cultural Puentipiedra de Villegas, es una fortuna para toda persona que lo visite y se impregne de su halo cultural, espiritual y antropológico, pues, sin duda, servirá para enriquecer su salud y para prevenir la enfermedad, verdadera tempestad humana, en su triple dimensión: física, mental y social.

     

     

     

                                                   Dr. Félix Martín Santos

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     

    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

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  • 04/10/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Prevención de fracturas osteoporóticas por el consumo de aceite de oliva virgen extra

    Prevención de fracturas osteoporóticas por el consumo de aceite de oliva virgen extra

     

    Rigurosos estudios epidemiológicos están revelando que el consumo regular de aceite de oliva virgen extra, un ingrediente clave de la Dieta Mediterránea (DM), se asocia a una reducción significativa del riesgo de fracturas osteoporóticas.

     

    Tales hallazgos científicos nos hacen concebir ciertas esperanzas, dado que las fracturas de cadera, vertebrales y no vertebrales por osteoporosis representan el segundo problema de salud en el mundo, después de las enfermedades cardiovasculares, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Efectivamente, la fragilidad esquelética, secundaria tanto a una reducción de la cantidad de hueso (densidad mineral ósea) cuanto a un deterioro de su calidad (microarquitectura ósea), es responsable de tantas fracturas óseas en mujeres (a partir de la menopausia) y en hombres (con el envejecimiento) como para disparar las tasas de mortalidad, morbilidad e incapacidad, así como del consiguiente coste socioeconómico. Por ello, se antoja crucial descubrir medidas de prevención primaria de este gran problema de salud pública mundial, que tengan que ver con estilos de vida adquiribles por la población, como pudiera ser la adhesión a la Dieta Mediterránea y, en este caso particular, al aceite de oliva virgen extra.

     

     

    Importancia de la osteoporosis

     

    Cuando a efectos de planificación sanitaria se quiere seleccionar un problema como prioritario por su importancia es preciso utilizar una serie de criterios, a saber: frecuencia de la enfermedad, según la tasa de incidencia y la proporción de prevalencia; gravedad, medida por la tasa de mortalidad; grado de incapacidad, según las secuelas e invalideces que comporta; coste económico; carga social y familiar, entre otros.

     


    El 23 de febrero de 2017, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), aportó una serie de datos epidemiológicos sobre la osteoporosis, en parte basados en informaciones de la OMS, que abundaron en la frecuencia, gravedad, y coste económico de la osteoporosis y de sus temibles complicaciones, las fracturas óseas. (1)

     


    Así, según la OMS, la osteoporosis la padecen en España 3,5 millones de personas. Si extendiéramos el cómputo al conjunto de Europa, las cifras serían muy notables. Así, una estimación del año 2010 reveló que 22 millones de mujeres y 5,5 millones de hombres, pertenecientes a la Unión Europea, fueron diagnosticados de osteoporosis mediante densitometría, prueba capaz de predecir el riesgo de fracturas por fragilidad ósea.

     


    La gravedad depende fundamentalmente de las fracturas óseas, especialmente de la fractura de cadera o, mejor dicho, de la extremidad proximal del fémur, pues en torno al 30% de las personas que la sufren fallecen durante los doce meses subsiguientes a la fractura, 2 en tanto que casi el 50% de los supervivientes quedan con relevantes grados de incapacidad, bastantes, postrados en sillas de ruedas. Pues bien, según la SEGG, en España, en personas mayores de 70 años se diagnostican anualmente entre 63.000 y 65.000 fracturas de cadera, a las que hay que sumar las fracturas vertebrales, cuya incidencia es sensiblemente mayor, unas tres veces superior a las fracturas de extremidad proximal del fémur. Además, otro tipo de fracturas por fragilidad también alcanzan cifras muy apreciables: las 275 fracturas de húmero y las 250 fracturas de radio que se producen anualmente por cada 1000 personas (tasa de incidencia).

     


    En nuestro país, las camas ocupadas en los Servicios de Traumatología por fracturas osteoporóticas reflejan bien su alta frecuencia: entre el 20 y el 25% acogen a pacientes que están sufriendo las citadas fracturas.

     


    Un gran criterio de gravedad corresponde a la mortalidad por fracturas osteoporóticas, que en el año 2010 alcanzó cifras muy alarmantes: 42.809 fallecimientos en la Unión Europea, de los cuales, 2.550 correspondieron a España. Estos datos permiten calcular una tasa de mortalidad de 8,72 por cada 1.000 habitantes durante el año 2010, por lo que las muertes directamente atribuibles a fractura de cadera correspondieron al 0,64% del total.

     


    Por otra parte, dado el creciente envejecimiento de la población estas cifras no tienden a atemperarse sino, al contrario, a incrementarse.

     


    Otro criterio selectivo, muy ponderador de la importancia de un problema, a fin de priorizarlo para elaborar sensatos programas de salud que tiendan a atajarlo, corresponde a las cargas social y económica que comporta. En el caso de la osteoporosis, el coste económico es muy alto y no deja de crecer. Así, en el año 2010, los costes directos debidos a fracturas por fragilidad ascendieron a veintinueve mil millones de euros en el conjunto de los cinco países de mayor superficie de la Unión Europea (Francia, España, Alemania, Italia y Gran Bretaña).

     

     

    Concepto de Osteoporosis

     

    Hace casi 30 años, en 1991, en una conferencia de consenso auspiciada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se definió a la osteoporosis como sigue: “Enfermedad caracterizada por la baja masa ósea y el deterioro microestructural del tejido óseo, que lleva a una mayor fragilidad ósea y al consiguiente aumento del riesgo de fractura”. (3)  Unos años antes, en 1984, el Instituto Nacional de Salud de EEUU (NIH), publicó una definición en la que la fragilidad ósea la atribuyó exclusivamente a la pérdida de masa ósea: “Proceso en que la masa ósea se reduce tanto como para incrementar la susceptibilidad de los huesos a sufrir fracturas”. (4) Posteriormente, en el 2001, el NIH incluyó también el deterioro de la calidad del hueso, esto es, la alteración de la microarquitectura del tejido óseo, (5) en plena sintonía con la definición de la OMS.

     


    A efectos prácticos, el diagnóstico de osteoporosis no tiene en cuenta el deterioro de la calidad del hueso, el daño en su microarquitectura, pues se basa en medir la densidad mineral ósea (DMO) mediante las populares densitometrías (absorciometría radiográfica de doble energía). (6)

     


    Para ello, se siguen las recomendaciones que la OMS estableció en 1994, basadas en mediciones de masa ósea en columna vertebral lumbar, cadera o antebrazo de mujeres postmenopáusicas de raza blanca. De esta forma, se considera que una persona tiene una masa ósea normal cuando su DMO alcanza valores superiores a -1 desviación estándar (DE) en relación a la media de adultos jóvenes, al poco de alcanzar el pico de masa ósea (T-score>-1). Si perdemos masa ósea entraremos en el terreno de la osteopenia, cuando la DMO oscila entre -1 y -2,5 DE (T score entre -1 y -2,5). Finalmente, decimos que una persona tiene osteoporosis, cuando la DMO es inferior a -2,5 DE (T-score inferior a 2,5) y osteoporosis plena o establecida cuando, además, ha sufrido una o más fracturas por fragilidad (tabla 1).

     

    Pero ¿qué sucede en el hueso para que se desmorone?, ¿cuál es la verdadera fisiopatología de la osteoporosis?

     


    En la Revista de Osteoporosis y Metabolismo Mineral se publicó en al año 2010 un excelente suplemento, firmado por González Macías, en el que narra y explica clarividentemente la fisiopatología de la osteoporosis. En las siguientes líneas intentaremos resumirlo. (7)

     


    El tejido óseo está continuamente remodelándose, dado que está formándose y destruyéndose a lo largo de toda la vida. Todo ello, merced a la existencia de las denominadas unidades de remodelado óseo, constituidas por unas células, osteoclastos, que destruyen pequeñas porciones de hueso, que serán posteriormente reemplazadas por hueso nuevo, sintetizado por otras células, los osteoblastos.

     


    El remodelado óseo es crucial para fortalecer el hueso y hacerlo más resistente a las fracturas, gracias a su capacidad de sustituir el tejido óseo viejo por hueso joven. Además, cuando otros tejidos de nuestro organismo reclamen ciertos minerales, cruciales para determinadas funciones vitales, como el calcio, fósforo y magnesio, el hueso, gran almacén de los mismos, los cederá o transportará al líquido extracelular y al torrente sanguíneo. De igual forma, cuando el hueso necesite estos minerales, podrán acceder utilizando las mismas vías, pero en sentido opuesto. Función en la que intervienen ciertas hormonas (calcitonina, parathormona) y la vitamina D.

     


    Ya, pero ¿qué acontece exactamente en la osteoporosis? Pues que las unidades de remodelado óseo sufren dos tipos de defectos: uno, el desarrollo de un “balance negativo”; el otro, un incremento del número de unidades de remodelado, responsables de un “aumento del recambio óseo”.

     


    En las siguientes líneas vamos a intentar explicar bien estos dos nuevos conceptos.

     

     

    1. Balance negativo

     

    Cuando uno es joven tiene huesos más resistentes porque el balance óseo es igual a cero, dado que la cantidad de hueso destruida por los osteoclastos es inmediatamente repuesta por los osteoblastos. Sin embargo, la edad no perdona, ya que en torno a los 40 años, los osteoblastos empiezan a perder su capacidad de equilibrar la más ósea destruida por los osteoclastos. De esta forma, entramos en el peligroso terreno del balance negativo, caracterizado por una reducción de la cantidad de hueso, que tarde o temprano, como no pongamos remedio, llegará al umbral de la osteopenia, primero, y de la osteoporosis, después.

     


    El balance negativo, que progresa con la edad del ser humano, se debe principalmente a una reducción de la formación de hueso, secundaria tanto a una disminución del número de osteoblastos cuanto de su función. Parece ser que esta debacle se produce por la disminución de factores estimuladores de los osteoblastos en el seno del tejido óseo, en parte atribuible al aumento de radicales libres de oxígeno (oxidantes) que tienden a acumularse durante el envejecimiento. ¡Ojo, que estamos vislumbrando una relación causal entre la oxidación y la osteoporosis!

     


    A veces, este balance negativo se acentúa por un exceso de función de los osteoclastos, no compensada por los menguados osteoblastos, a lo que se añade un aumento de las unidades de remodelado, o sea del recambio óseo, que a continuación veremos.

     

     

    2. Aumento del recambio óseo

     

    Aunque el balance negativo es imprescindible para que surja la osteoporosis, el incremento concomitante de las unidades de remodelado hace que se acelere la pérdida de hueso, pues se suman nuevas áreas del esqueleto en que se pierde masa ósea, por lo que, al final, lo que más contribuye a perder hueso es el aumento del recambio óseo.

     


    El paradigma de osteoporosis de recambio alto es la que acontece durante la menopausia, pues el descenso pronunciado de los estrógenos impide frenar la acción destructora de los osteoclastos y, en consecuencia, se acelera y potencia la pérdida de hueso, que no puede ser neutralizada por los osteoblastos, dada su pérdida de vigor en relación con la edad. Por otra parte, el déficit de los estrógenos es muy probable que también reduzca la formación de hueso por favorecer la apoptosis o muerte de los osteoblastos.

     


    Obviamente, durante la menopausia la destrucción de hueso supera con creces a la formación o síntesis del mismo, siendo especialmente rápida en los primeros diez a quince años tras el climaterio, perdiendo hasta un 50% del calcio total del esqueleto.

     

     

    Factores de riesgo

     

    En el caso de la osteoporosis es fundamental identificar a los pacientes que tienen un elevado riesgo de fractura por fragilidad (vértebra, cadera, muñeca y tercio proximal del húmero) con objeto de reducirlo, pues lo que realmente ensombrece el pronóstico es la presencia de tales fracturas, sobre todo, las de cadera, por su relevante mortalidad y por la gran incapacidad a la que se ven abocados muchos de los supervivientes.

     


    De entrada, las personas que tienen más riesgo de fractura son las que ya han sufrido una fractura previa por fragilidad, dado que con mucha frecuencia vuelven a sufrir nuevas fracturas, 8,9. Así, diversos estudios epidemiológicos han revelado que después de padecer una fractura vertebral (a veces, casi asintomática) el riesgo de sufrir una nueva fractura vertebral es de siete a diez veces mayor. Además, la presencia de una deformidad vertebral por fractura previa incrementa sensiblemente el riesgo de fractura de cadera (riesgo relativo: 2,8-4,5). (10-12) 

     


    Ahora ya podemos clasificar a los factores de riesgo en mayores y menores, según su mayor o menor capacidad para causar osteoporosis en el futuro, más o menos próximo, respectivamente.

     

     

    a) Factores de riesgo mayores

     

    1) Edad igual o superior a 65 años

     


    Como hemos explicado en el apartado de fisiopatología, el ser humano empieza a sufrir un balance negativo de masa ósea a partir de los 40 años, pues a partir de entonces parte del hueso destruido fisiológicamente no es repuesto por la acción sintetizadora de los osteoblastos. Tal pérdida de hueso comienza a ser más patente a partir de los 65 años.

     


    2) Tratamiento con corticoides, como prednisona a dosis iguales o superiores a 7,5 mg/día durante más de tres meses.

     


    Aunque se desconoce el mecanismo íntimo por el que los corticoides incrementan la pérdida de masa ósea, se cree que pueda deberse a un efecto doble: directo, por una acción deletérea sobre el hueso; e indirecto, por alterar el metabolismo y depósito de calcio en el hueso, pues interfiere con la acción de la vitamina D, lo que conlleva una menor absorción intestinal de calcio, además de potenciar la excreción urinaria de este mineral. Como consecuencia se produce una reducción de la DMO y una alteración del diseño arquitectónico del tejido óseo, que aumentan la fragilidad ósea y el subsiguiente riesgo de fracturas.

     


    Aun cuando todas las personas que reciben corticoides se exponen a perder masa ósea, las más vulnerables son las mujeres postmenopaúsicas, los niños y las personas que ya han cumplido 50 años, así como los que ya tienen osteopenia al iniciar el tratamiento corticoideo y, sobre todo, los que presentan otros factores de riesgo para sufrir osteoporosis.

     


    3) Antecedente familiar de fractura de cadera

     


    Es muy posible que en estos casos pueda heredarse una baja masa ósea, un escaso pico de formación de hueso en el momento de mayor plenitud (sobre los 20 años), capaz de transmitirse de padres a hijos.

     


    4) Índice de Masa Corporal (IMC) inferior a 20 kg/ m2

     


    La delgadez se comporta como un reconocido factor de riesgo de osteoporosis, dado que habitualmente se asocia a una relevante reducción de la DMS. Es evidente que a medida que se reduce el IMC se incrementa el desgaste óseo.

     


    5) Menopausia precoz

     


    Obviamente, cuanto más tiempo esté una mujer sin la protección estrogénica mayor será la pérdida de hueso, dado que la irrefrenable acción de los osteoclastos empieza a operar más pronto y, por ende, a prolongarse más en el tiempo. Como vimos antes, durante la menopausia el excesivo recambio óseo no puede ser bien compensado por la acción formadora de los osteoblastos, los cuales parece que también pierden vigor por falta de estimulación estrogénica.

     


    6) Caídas frecuentes (más de dos en el último mes)

     


    Evidentemente, cuando una persona, por el motivo que sea, tiende a caerse en exceso está incrementando la probabilidad de fracturarse el extremo proximal del fémur (cadera), una vértebra o el extremo distal del radio (fractura de Colles), sobre todo, si ya tiene una osteopenia.

     

     

    b) Factores de riesgo menores

     

    1) Tabaquismo activo

     


    El tabaquismo activo, primera causa de muerte, es un asesino capaz de hacer sufrir y matar al ser humano de múltiples modos. Uno de ellos se debe a su capacidad de incrementar precoz e intensamente la pérdida de hueso. Un motivo más para dejar de fumar. No olvidemos este aserto: "Para un fumador activo la mejor inversión en salud es dejar de fumar".

     


    2) Consumo de alcohol

     


    Cuando un hombre bebe más de veinte unidades etílicas (una copa de vino, una cerveza...) a la semana y una mujer más de trece, experimenta una acelerada pérdida de hueso, que indefectiblemente le aboca a osteopenia y osteoporosis y a sus temibles consecuencias.

     


    3) Enfermedades crónicas osteopenizantes

     


    Existen una serie de enfermedades, que por diversos motivos, conocidos o no, tienden a reducir la DMO y, por tanto, causar osteopenia y osteoporosis. Algunas de ellas son las siguientes: artritis reumatoide, enfermedades digestivas que cursen con malabsorción y diabetes mellitus tipo 1.

     


    4) Tratamiento con fármacos osteopenizantes

     


    Existen una serie de fármacos que tienden a "comerse hueso", además de los corticoides, como los antiepilépticos, citostáticos, heparina, antirretrovirales, etc.

     

     

    Factores de riesgo e indicación de la densitometría 


     
    Las diferentes guías nacionales e internacionales recomiendan la realización de una densitometría ósea en personas que tienen factores de riesgo de osteoporosis y de sus indeseables consecuencias, las citadas fracturas. Sin embargo, no parecen ponerse de acuerdo en el número y en el tipo de factores a valorar. (13-19)

     


    A mi entender, uno de los mejores consensos sobre este tema fue el que elaboró un grupo de expertos de Osakidetza (en 1995), Servicio de Salud de la Comunidad Autónoma del País Vasco, impulsado por la dirección de farmacia del Departamento de Salud del Gobierno Vasco. Digo expertos porque lo consensuaron miembros destacados de las Sociedades Científicas más implicadas en el tema (reumatología, traumatología, ginecología, medicina interna, medicina de familia, farmacia hospitalaria y farmacia de atención primaria). (20)

     


    Según este panel de expertos, los criterios para solicitar una densitometría, crucial para el diagnóstico de osteoporosis y fundamental para predecir el riesgo de fractura, son los siguientes:

     

    1. Pacientes con fractura previa por fragilidad (cadera, vértebra, tercio proximal del húmero y muñeca). En el caso de haber sufrido fracturas de cadera o de vértebras, no es necesaria la densitometría para iniciar el tratamiento (está más que justificado), pero sí para valorar la efectividad del mismo.
    2. Presencia de dos factores de riesgo mayores de los anteriormente citados.
    3. Presencia de un factor de riesgo mayor más dos factores de riesgo menores, también de los anteriormente mencionados.

     

     

    Prevención y tratamiento de la osteoporosis

     

    Como es fácil de entender a estas alturas del tema, el objetivo principal de tratar la osteoporosis es evitar sus nefandas complicaciones, las fracturas por fragilidad, especialmente las de cadera, pues sólo una tercera parte de los que las sufren logran recuperar el estado de salud previo. (5)

     


    Además de una serie de medicamentos que han probado su efectividad en la reducción del riesgo de fractura, como los bifosfonatos (primera elección), el denosumab (segunda elección), moduladores selectivos del receptor de estrógenos (raloxifeno y el bazedoxifeno), entre otros, junto a suplementos de calcio y vitamina D, existen una serie de medidas no farmacológicas, que tienen que ver con estilos de vida deseables, fácilmente adquiribles por el común de los mortales, de obligado cumplimiento para reducir el riesgo de osteoporosis y de las subsiguientes fracturas. Veámoslas a continuación.

     

     

      a)  Ingesta adecuada de calcio y vitamina D

     

    La ingesta adecuada de calcio y de vitamina D25 es una medida recomendada en todas las guías, pues el primero es el mineral clave del tejido óseo y la segunda aumenta la absorción intestinal del calcio,facilitando el ulterior depósito en el hueso. 

     


    Las cantidades diarias aconsejadas en mujeres en pleno climaterio o menopausia con osteoporosis son de 1000-1200 mg/día de calcio y 800 UI de vitamina D. (14,21, 22,23)

     


    Lo ideal es incorporarlos con la dieta, pues actualmente se ha generado cierta controversia con respecto a un posible incremento de riesgo cardiovascular por la administración continuada de suplementos de calcio. Por ello, hasta que esto no se aclare bien, resulta más adecuado y prudente que el calcio se aporte con la dieta. Y en caso de suministrar suplementos de calcio habrá que evitar dosis superiores a 500 mg en cada administración. (22,23,24,25)

     


    A este respecto, recordemos que los alimentos más ricos en calcio son la leche y derivados lácteos así como el pescado azul y los frutos secos.

     


    En cuanto a las necesidades de vitamina D, el cualificado Instituto de Medicina Americano (IMA) recientemente (2011) consideró que una concentración en el suero de 20 ng/ml /50 nmol/l) de vitamina D parece suficiente y francamente alcanzable para la mayoría de la gente incluso en condiciones de mínima exposición solar. Estas recomendaciones del prestigioso IMA hace pensar que posiblemente se haya sobreestimado la prevalencia de hipovitaminosis D (descenso de las cifras de vitamina D) en la población mundial, comunicada en los últimos años. (25)

     


    Las fuentes naturales más ricas en vitamina D, además del sol, se hallan en el pescado azul y, a distancia, la leche y derivados lácteos. Además, cierta exposición solar es necesaria para que se forme en la piel la vitamina D3 o colecalciferol, pues resulta de la absorción de radiación ultravioleta por parte del 7-dehidrocolesterol (provitamina D3) existente en la piel. Posteriormente, el colecalciferol es transportado al hígado para constituir la 25-hidroxivitamina D3, también denominado calcitriol, la forma circulante en sangre mayoritaria. Finalmente, en el riñón se produce otra activación (hidroxilación) para generar la forma más activa, la 1,25 hidroxivitamina D3.

     


       b) Ejercicio físico

     


    Existen datos fiables que revelan que la práctica regular de ejercicio físico reduce el riesgo de fracturas en personas de edad avanzada y de fracturas de cadera en ancianas. (27)

     


    Hay que precisar que el ejercicio físico no sólo mejora la salud del hueso, sino que también fortalece el músculo, el equilibrio y la coordinación, reduciendo así el riesgo de caídas.

     


       c) Abandono del hábito tabáquico

     


    Como dijimos antes, el tabaquismo activo acelera la pérdida de hueso, lo que se suma a las múltiples enfermedades que provoca: Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), cardiopatía isquémica (angina e infartos de miocardio), ictus, hasta un 40% de los tumores malignos de Occidente, entre otros. No hay factor de riesgo que cause tantas enfermedades como el tabaquismo activo, por ello representa la primera causa de muerte evitable.

     


      d) Reducir el consumo de alcohol

     


    Se ha demostrado que el consumo de más de tres unidades de alcohol al día resulta muy perjudicial para el mantenimiento de la salud ósea y aumenta notablemente el riesgo de caídas. (22)

     


    De todas formas, en el reciente Código Europeo contra el Cáncer de la OMS (2014) se aconsejó que las mujeres no bebieran más de 10 gramos de alcohol al día y los varones no más de 20 gramos diarios, porque a partir de tales cifras se incrementa el riesgo de desarrollar, entre otras, las siguientes enfermedades: infarto de cerebro (ictus) e insuficiencia cardíaca; desórdenes mentales y de conducta, incluyendo depresión mental, violencia y pérdida de memoria; enfermedad mental; leucemia en niños de madres bebedoras durante la gestación; enfermedad hepática alcohólica y pancreatitis, tanto aguda como crónica; y hasta siete cánceres: boca, faringe, laringe, esófago, mama, colon, hígado. (28)

     


        e) Prevención de caídas

     


    Es imprescindible prevenir las caídas porque representan el factor de riesgo más importante de fracturas, por lo que su prevención es prioritaria para las personas con alto riesgo de fracturas. Se ha comprobado que hasta el 90% de las fracturas de la extremidad proximal del fémur se deben a caídas.

     


    Son diversos los estudios que han demostrado que las estrategias preventivas de caídas son netamente efectivas en personas ancianas. Algunas de las más destacadas son las siguientes: ejercicio físico regular, nutrición adecuada, mejorar visión y equilibrio, suspender medicamentos que seden al paciente, retirar alfombras, adecuar los baños, mejorar la iluminación, etc. (29,30)

     

     

    Dieta Mediterránea y salud ósea


     
    Ahora que vamos a entrar en la parte más interesante de este contenido será bueno que recordemos qué es la Dieta Mediterránea.

     


    ¿Qué caracteriza a la Dieta Mediterránea?

     

    Si nos centramos en los alimentos que la constituyen recordaré que lo más destacable es la abundancia de productos vegetales, como hortalizas, legumbres, pan, pasta, arroz, verduras, frutas y frutos secos; el empleo de aceite de oliva como fuente fundamental de grasa; un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos y huevos; el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas (las procedentes del ganado porcino, bovino, caprino y ovino) así como cantidades bastante moderadas de vino tinto, habitualmente consumido en el curso de las comidas.

     


    Su efecto saludable no se debe sólo a que sea una dieta equilibrada, variada y con una adecuada incorporación de macronutrientes sino también a los beneficios derivados de su alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico) y poliinsaturados, su bajo contenido en ácidos grasos saturados y, sobre todo, a su gran riqueza en antioxidantes, como el oleocantal, derivado del aceite de oliva virgen extra y descubierto en 2005 por Beauchamp y colegas, la oleuropeína, el hydroxytyrosol, tyrosol, flavonoides como la luteolina, entre otros.

     


    Tanta es la bondad y calidad de esta dieta como para que el 16 de noviembre de 2010, el Comité Intergubernamental de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en la reunión celebrada en Nairobi (Kenia), acordó inscribir la Dieta Mediterránea en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

     

     

    Efecto preventivo de osteoporosis y de fracturas por fragilidad ejercido por la Dieta Mediterránea (DM) y el aceite de oliva virgen extra

     

    Desde poco más de un lustro se están publicando una serie de artículos científicos de calidad contrastada que nos están descubriendo el potencial de la DM para fortalecer la salud ósea y reducir el riesgo de osteoporosis y de las fracturas por fragilidad. 

     


    1. Estudios que revelan que la DM incrementa la resistencia y fortaleza del hueso 

     

    Me voy a centrar en algunos estudios epidemiológicos efectuados con muestras representativas de personas, a fin de ver la concordancia de resultados con los efectuados con animales de laboratorio, netamente favorables a la DM y, sobre todo, al aceite de oliva virgen extra.

     


    Empezaré por un estudio griego, el liderado por Kontogianni, de la Universidad Harokopio de Atenas, cuyos hallazgos se publicaron, en febrero de 2009, en una revista especializada en nutrición de EEUU (Nutrition). (31)

     


    Estos autores lo que revelaron, en principio, fue que una DM global no se asociaba con la densidad mineral ósea total y de columna lumbar de las 221 mujeres griegas que evaluaron con densitometría (absorciometría radiográfica de doble energía). Sin embargo, cuando seleccionaron ciertos componentes de la DM obtuvieron resultados más boyantes. Concretamente, un alto consumo de pescado y de aceite de oliva y bajo de carnes rojas se asoció positivamente con la densidad mineral total y en columna lumbar.

     


    Posteriormente, en el año 2013, un estudio español (transversal) de Rivas y colegas, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada, mostró cómo un modelo de DM rico en fruta, verduras, frutos secos y aceite de oliva, se asociaba positivamente a la densidad mineral ósea, medida por densitometría en el calcáneo, tanto de mujeres en edad fértil como en postmenopáusicas. “Nuestros resultados indican que una dieta variada basada en un modelo de DM puede ser beneficioso para prevenir la osteoporosis”, concluyeron los autores su artículo, publicado en otra revista científica de prestigio de USA (International Journal of Food Sciences and Nutrition). (32)

     


    Un año más tarde, en diciembre de 2014, se publicó en una revista médica de reconocido prestigio (Clin Interv Agingun trabajo asiático (Liu H y cols.) que tuvo como objetivo investigar el efecto antiosteoporótico del aceite de oliva virgen extra, in vivo, y explorar sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias en animales de laboratorio (ratas ovariectomizadas) así como en una pequeña muestra de mujeres que habían sufrido una histerectomía total (extirpación de útero y ovarios).

     


    El estudio con las ratas de laboratorio permitió comprobar que las que recibieron suplementos de aceite de oliva durante tres meses aumentaron su densidad mineral ósea a diferencia de las que no los recibieron.

     


    El estudio efectuado con mujeres de 30 a 50 años, sin producción estrogénica, por haber sufrido una histerectomía por diversos motivos, se dividió en dos grupos de 10 féminas: las de uno, recibieron un suplemento diario de 50 ml de aceite de oliva virgen extra; las del otro, no recibieron ningún tipo de suplemento, ni siquiera un placebo.

     


    Pues bien, tras un año de seguimiento, se pudo comprobar que la densidad mineral ósea de la tercera y cuarta vértebras lumbares así como del fémur izquierdo se redujo significativamente en el grupo control, lo que no aconteció en el grupo de mujeres que recibieron los suplementos de aceite de oliva virgen extra. (33)

     


    Aunque los resultados de este estudio asiático ensalzan al aceite de oliva virgen extra, están un tanto limitados por la escasez de la muestra (20 mujeres) y porque a las que constituyeron el grupo de control no se les suministró un placebo.

     


    Más tarde, en abril de 2017, se publicó en una revista médica norteamericana (Journal of Translational Medicine) un estudio italiano, también transversal, dirigido por María Cristina Savanelli, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nápoles, en el que plasmaron cómo una alta adherencia a la DM, con buenas puntuaciones según  el cuestionario de un prestigioso estudio experimental español, el de PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea), se asociaba a un alto nivel de densidad mineral ósea, medida en el hueso calcáneo mediante ultrasonido cuantitativo. Las asociaciones positivas más altas se observaron en las personas de la muestra (105 varones y 313 mujeres, de 50 ± 14 años) que consumían más aceite de oliva virgen extra, frutas, verduras, legumbres y pescado, mientras que fueron netamente negativas en las que consumían más carnes rojas. (34) Precisaremos que el 46% tenían osteopenia y el 7,7% sufrían osteoporosis.

     


    Estos investigadores italianos concluyeron su estudio afirmando que “Nuestros resultados demuestran una correlación positiva entre el estado de salud ósea y la Dieta Mediterránea, sugiriendo que una alta adherencia a este modelo dietético promueve la salud ósea. Estas observaciones confirman que una estrategia específicamente dietética, como la de la DM, puede representar un factor medioambiental modificable para prevenir la osteoporosis.”

     


    Estos autores también recalcaron que sus estudios son preliminares y que, por tanto, se necesitan que más estudios obtengan resultados concordantes. A ello añado, que tales estudios sean observacionales prospectivos o, mejor aún, experimentales.

     

     

    2. Estudios que muestran la capacidad de la DM para reducir el riesgo de fracturas por fragilidad (osteoporóticas)

     

    Voy a resumir los hallazgos más relevantes de tres excelentes estudios prospectivos que han valorado la asociación entre la DM y la incidencia de fracturas osteoporóticas: dos europeos, el EPIC (Investigación Prospectiva Europea sobre Cáncer y Nutrición) y el PREDIMED español; uno multicéntrico de EEUU, el de Iniciativa de Salud en Mujeres (WHI), en el que participaron 40 centros clínicos de EEUU.

     


    a. Dieta Mediterránea e incidencia de fracturas de cadera en una cohorte europea (EPIC)

     


    Los autores de este estudio (Benetou y cols.) exploraron la asociación entre la adherencia a la DM  y la incidencia de fracturas de cadera en una cohorte de personas pertenecientes a ocho países de Europa. Sus hallazgos los publicaron en mayo de 2013 en una revista norteamericana especializada en osteoporosis (Osteoporos Int.). (35)

     


    Las 188.795 personas (48 años de edad media, más menos 11 años) que constituyeron esta muestra (48.814 hombres y 139.981 mujeres) fueron seguidas durante 9 años, durante los cuales se diagnosticaron 802 fracturas de cadera.

     


    Tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión de Cox con buen control de factores de confusión) se pudo comprobar que una mayor adherencia o consumo de DM se asoció con una reducción de un 7% del riesgo de fracturas por cadera (HR por cada incremento en una unidad en la puntuación de DM: 0,93; IC 95%, 0,89-0,97).

     


    Esta favorable asociación fue más intensa en los varones y en los participantes de más edad. Además, también se observó que los que más se beneficiaron fueron los que consumieron más verduras (un 14% de reducción) y más frutas (11% de reducción del riesgo de fracturas de cadera). Sin embargo, los que consumieron más carnes rojas tuvieron más riesgo de sufrir una fractura (HR: 1,18; IC 95%; 1,06-1,31). También apreciaron que el alto consumo de alcohol frente al moderado comportaba un riesgo de fractura sensiblemente mayor (HR: 1,74; IC 95%; 1,32-2,31).

     

    En este estudio prospectivo de adultos, una mayor adhesión a la Dieta mediterránea parece proteger contra la incidencia de fracturas de cadera, especialmente en hombres”, concluyeron los investigadores su estudio.

     


    b. Modelos dietéticos y fracturas en mujeres postmenopáusicas: Resultados de la Iniciativa de Salud en Mujeres (WHI)

     


    En mayo de 2016 se publicó en otra gran revista científica de EEUU (JAMA Intern Med) un estudio epidemiológico norteamericano cuyo objetivo principal fue valorar la posible asociación entre diversos modelos dietéticos calificados como saludables y la incidencia de fracturas en mujeres postmenopáusicas. (36) Curiosamente, el primero de los 12 firmantes del estudio es el único que no pertenece a un centro clínico u hospital norteamericano, sino alemán, Haring B, de la Universidad de Würzburg, de Baviera.

     


    Se reclutaron 93.676 mujeres de 50 a 79 años del WHI, a las que se les valoró el grado de adhesión a cuatro tipos de dietas saludables: la conocida Dieta Mediterránea; el Índice de Comiendo Saludable de 2010 (HEI-2010); El Índice de Comiendo Saludable Alternativo (AHEI-2010); la Estrategia Dietética para Parar la Hipertensión (DASH).

     


    De esta forma, midieron la asociación entre la incidencia de fracturas totales (vertebrales y no vertebrales) y las de cadera con la puntuación alcanzada en los diversos modelos dietéticos antes mencionados (en quintiles), mediante la razón de riesgos (HR) del análisis de regresión de Cox.

     


    Las 90.014 mujeres que participaron plenamente en el estudio, de una edad media de 63,6 años (+- 7,4 años), fueron seguidas y evaluadas periódicamente durante 16 años, durante los cuales se diagnosticaron 2121 casos de fracturas totales y 28.718 casos de fracturas de cadera. Tras realizar el correspondiente cálculo estadístico pudo comprobarse que las únicas que se beneficiaron de una reducción significativa del riesgo de fracturas de cadera fueron las que alcanzaron la mayor puntuación de adherencia a la DM: 29% de reducción del riesgo absoluto. Sin embargo, no se apreció ninguna asociación positiva entre las fracturas totales y la citada DM. Los otros modelos dietéticos no llegaron a alcanzar una asociación significativa con las fracturas osteoporóticas.

     


    Los investigadores del estudio concluyeron el mismo afirmando lo siguiente: “Una superior adherencia a la Dieta Mediterránea se asocia con un menor riesgo de fracturas de cadera. Estos resultados refuerzan la idea de que un modelo dietético saludable puede desempeñar un papel favorable en el mantenimiento de la salud ósea en mujeres postmenopáusicas”.

     


    c. El consumo de aceite de oliva virgen extra reduce el riesgo de fracturas osteoporóticas en el estudio PREDIMED

     


    Llegado a este punto bueno es recordar  en qué consiste y cuáles son los frutos del estudio PREDIMED.

     

     


     
    El ensayo PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) es un estudio epidemiológico de tipo experimental de gran calidad científica, realizado por investigadores y centros del estado español (dependientes de Hospitales Universitarios de Barcelona, Pamplona, Sevilla, Vitoria, Valencia, Reus, Instituto de Salud Carlos III de Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas).

     

    Como referimos en los artículos que versaban sobre la Dieta Mediterránea (publicados en este blog en septiembre y octubre de 2015, en junio de 2016, en julio de 2017, en diciembre 2017), el estudio PREDIMED es una prueba clínica, multicéntrica, que, entre octubre de 2003 y diciembre de 2010, incluyó hombres y mujeres, de 55 a 80 años, con alto riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Los participantes fueron aleatoriamente asignados a una de tres intervenciones dietéticas: una DM con suplementos de aceite de oliva virgen extra (AOVE); una DM con suplementos de frutos secos; y una dieta baja en grasas, tanto de origen animal como vegetal, cuyos consumidores constituyeron el grupo control. La intervención no incluyó entre sus objetivos el incremento de la actividad física ni la pérdida de peso.

     


    Pues bien, tras casi cinco años de seguimiento, los que se alimentaron con la DM se beneficiaron de una reducción del 30% del riesgo de enfermar y morir por enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio, ictus o accidente cerebral vascular y muerte de origen cardiovascular), frente al grupo control, el que se nutrió con la dieta baja en grasas (tanto de origen animal como vegetal).

     


    En los sucesivos años se cosecharon extraordinarios resultados en los grupos de DM con respecto al grupo control: reducción de un 38% del riesgo de fibrilación auricular, arritmia cardíaca más frecuente (publicado en abril 2014); reducción de un 52% del riesgo de diabetes mellitus tipo 2 (publicado en mayo 2014); reversión significativa del síndrome metabólico; gran reducción del riesgo de enfermar y de morir por procesos cardiovasculares entre las personas que consumen mucho aceite de oliva virgen extra (39% y 48% de reducción de infartos y de muerte por los mismos, respectivamente); prevención de deterioro mental y de demencia (julio 2015), prevención de cáncer de mama, entre otros. (37-45)

     


    Después de esta introducción ya estamos en condiciones de conocer lo que aporta el estudio PREDIMED al tema actual, el de la prevención de la osteoporosis y de las fracturas por fragilidad.

     


    Fue en enero de 2017 cuando se publicó en Clinical Nutrition los hallazgos de un estudio secundario, observacional prospectivo, “extraído” del ensayo experimental PREDIMED, que básicamente nos reveló que el consumo regular de aceite de oliva virgen extra, en una cantidad equivalente a 4 ó 5 cucharadas soperas, logra reducir en un 51% el riesgo de fracturas osteoporóticas. (46)

     


    Si el estudio es observacional y no experimental, como reflejaría la muestra seleccionada aleatoriamente, es porque el objetivo fundamental del estudio fue la reducción del riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, mientras que el de este estudio tiene como objetivo la reducción del riesgo de fracturas osteoporóticas, un objetivo secundario, aunque también interesante.

     


    En las siguientes líneas explicaremos un poco el proceso seguido para obtener tan boyantes conclusiones.

     


    En el estudio participaron miembros del Centro de investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN), del instituto de Salud Carlos III de Madrid, y de la Universidad Rovira i Virgili (URV), de Tarragona.

     


    Estudiaron una muestra de 870 personas, de 55 a 80 años, de elevado riesgo de enfermedad cardiovascular, perteneciente a la gran muestra del PREDIMED, reclutada por miembros del Instituto Catalán de la Salud de las comarcas de Tarragona. Como dijimos antes, los participantes fueron aleatoriamente asignados a una de tres intervenciones dietéticas: una DM con suplementos de aceite de oliva virgen extra (AOVE); una DM con suplementos de frutos secos; y una dieta baja en grasas, tanto de origen animal como vegetal, cuyos consumidores constituyeron el grupo control.

     


    La asociación entre las mediciones del consumo de aceite de oliva virgen extra, anualmente repetidas, y el riesgo de fractura lo evaluaron mediante la regresión de Cox (con control de múltiples variables). De esta forma, tras los 9 años de seguimiento, durante los que se diagnosticaron 114 casos de fracturas osteoporóticas, se pudo comprobar que las personas que consumieron más aceite de oliva virgen extra (tercil superior) se beneficiaron con una reducción del riesgo de fracturas osteoporóticas del 51% ( HR: 0,49; IC 95%: 0,29-0,81), cuando fueron comparadas con las que consumieron menos (tercil más bajo).

     


    También comprobaron que estos resultados no se apreciaron con otras modalidades de aceite de oliva, como la extrafina o la virgen a secas. La única que ofrecía tan excelentes resultados fue el aceite de oliva virgen extra. 

     


    Un alto consumo de aceite de oliva virgen extra se asocia con una reducción del riesgo de fracturas por fragilidad ósea, secundaria a osteoporosis, en personas de edad media y ancianos pertenecientes a una población mediterránea de alto riesgo cardiovascular”, concluyeron los autores del estudio.

     


    También precisaron que este es el primer estudio prospectivo que demuestra que el citado consumo regular de aceite de oliva virgen extra se asocia a una notable disminución del riesgo de fracturas osteoporóticas.

     

     

    ¿Por qué la Dieta Mediterránea y, especialmente, el aceite de oliva virgen extra reducen el riesgo de fracturas osteoporóticas?

     

    Este punto del tema, el de las hipótesis plausibles, lo vamos a desarrollar dividiéndolo en varios apartados.

     


    1. Papel de la oxidación e inflamación en el desarrollo de osteoporosis

     

    Como apuntábamos en el apartado de fisiopatología, la osteoporosis empieza a desarrollarse cuando se altera el equilibrio del remodelado óseo porque el tejido óseo destruido por los osteoclastos no es repuesto por los osteoblastos. Aunque el déficit de hormonas sexuales femeninas (estrógenos) durante la menopausia es el hecho más frecuentemente involucrado en la génesis de la osteoporosis, el papel de la inflamación y del estrés oxidativo del tejido óseo empieza a cobrar protagonismo en la patogenia de la osteoporosis. (47-49) (5,6,7 de Olives and Bone: A Green Osteoporosis Prevention).

     


    Así, ya disponemos de estudios que han revelado que ciertos compuestos inflamatorios (interleucina-1 beta, interleucina-6 y factor de necrosis tumoral alfa) estimulan la formación de los osteoclastos y, por lo tanto, potencian la destrucción del hueso. (50) Incluso algunos autores han llegado a decir que los pacientes que sufren ciertas enfermedades inflamatorias crónicas, como las intestinales (colitis ulcerosa, ileítis regional o enfermedad de Chron), son más proclives a perder masa ósea y fracturas por fragilidad. (51,52) 9,10).

     


    En cuanto a los fenómenos oxidativos, se sabe que los radicales libres de oxígeno emiten señales moleculares a los osteoclastos para inducir y potenciar su maduración. (53)  Por otra parte, el estrés oxidativo también daña a los osteoblastos, células formadoras de hueso, suprimiendo su maduración. (54) Además, se han publicado estudios que han mostrado que la densidad mineral ósea se correlaciona con el estatus oxidativo de los seres humanos. (55,56)

     

     

    2. Efecto antioxidante y antiinflamatorio de los ingredientes de la Dieta Mediterránea, especialmente del aceite de oliva virgen extra

     

    Si la oxidación y la inflamación parecen estar muy involucradas en el desarrollo de osteoporosis es coherente pensar que una dieta rica en sustancias con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, como la Dieta Mediterránea, podría reducir el deterioro del tejido óseo (desmineralización y alteración de su microarquitectura) y, por ende, disminuir el riesgo de fracturas osteoporóticas.

     


    Obviamente, esta es la hipótesis habitualmente esgrimida para intentar explicar cómo y por qué las personas que se adhieren y siguen este modelo dietético mediterráneo se benefician de un menor riesgo de osteoporosis y de fracturas por fragilidad, como hemos visto en los apartados anteriores.

     

     

    3. ¿Qué compuestos del aceite de oliva virgen extra tienen capacidad antioxidante?      

     

    Si bien es cierto que gran parte de los alimentos de la dieta mediterránea poseen compuestos con efectos antioxidantes y antiinflamatorios, es el aceite de oliva virgen extra el que ha concitado más estudios e interés, incluso auténticos meta-análisis, como el publicado en junio de 2014 por miembros de la Universidad de Granada en una revista norteamericana especializada en nutrición (Internacional Journal of Food Sciences and Nutrition), que titularon “El efecto preventivo de osteoporosis ejercido por el aceite de oliva”. (57) Años más tarde, en julio de 2016, se publicó una excelente revisión asiática sobre el tema, en otra revista médica estadounidense de calidad contrastada (Int. J. Environ. Res. Public. Health), con el título de “Aceitunas y hueso: Una opción verde para prevenir la osteoporosis”. (58)

     


    Tanto unos autores como otros, atribuyen los saludables efectos del aceite de oliva virgen extra, además de a su riqueza en ácido oleico, a su abundancia de antioxidantes, como las vitaminas y, sobre todo, los polifenoles.

     


    Los compuestos fenólicos del aceite de oliva virgen extra, que incluyen al tyrosol, hydroxytyrosol y la oleuropeína, ejercen potentes efectos antiinflamatorios y antioxidantes, por lo que se les considera candidatos potenciales en la prevención de la osteoporosis. (59,60)

     


    Con respecto al impacto favorable que ejercen sobre el tejido óseo, diversos estudios experimentales con animales de laboratorio y algunos en humanos han revelado que los polifenoles citados estimulan la proliferación y maduración de las células formadoras de hueso, o sea, los osteoblastos, y reducen la formación y acción de las células destructoras del tejido óseo, esto es, los osteoclastos, en aras a conseguir un cierto balance positivo en el remodelado óseo, que hace que predomine la formación de hueso sobre la destrucción o, en su defecto, que el tejido óseo destruido puede ser rápidamente repuesto.

     


    Vamos a mencionar algunas propiedades de los más notables polifenolesdel aceite de oliva virgen extra.

     


    La oleuropeína, principal compuesto fenólico del aceite de oliva, parece mejorar la salud ósea mediante el aumento de la formación de osteoblastos a partir de las células madre de la médula ósea y la reducción de las células grasas (adipocitos) del tejido óseo, lo que sugiere que la oleuropeína pudiera ejercer un efecto preventivo de la pérdida ósea asociada a la osteoporosis y al envejecimiento. (61)

     


    Otros autores han revelado que la oleuropeína administrada a ratas ovariectomizadas (sin producción de estrógenos) es capaz de incrementar su masa ósea mediante un neto efecto antiinflamatorio. (62,63)

     


    El hidroxytyrosol es considerado como uno de los más potentes antioxidantes del aceite de oliva. (64).  Así, es capaz de impedir la pérdida de hueso trabecular del fémur de roedores ovariectomizados (ratones hembra), merced a que inhibe la formación de osteoclastos. (65)

     


    Otros autores han demostrado que el tyrosol y el hydroxytyrosol previenen la pérdida ósea inducida por la inflamación en un modelo de osteoporosis senil inducido en ratas ovariectomizadas, al tiempo que aumentan la actividad de sus osteoblastos. Además, comprobaron que este favorable efecto óseo no depende tanto de sus propiedades antiinflamatorias cuanto de las antioxidantes. (66)

     


    Estos experimentos han revelado que el hidroxytyrosol puede mejorar la salud ósea aumentando la formación de hueso, por su efecto osteoblástico positivo, y reduciendo la destrucción del tejido óseo, por su efecto inhibidor sobre los osteoclastos.

     


    Estos tres polifenoles del aceite de oliva virgen extra exhiben una buena disponibilidad, dado que su ingesta se sigue de una buena absorción, correcta metabolización y adecuada metabolización, lo que permite ver sus metabolitos en la orina.

     


    La luteolína, flavonoide contenido en el aceite de oliva, previene la destrucción del tejido óseo merced a su capacidad para reducir tanto la formación cuanto la función de los osteoclastos, como se ha podido observar en experimentos de osteoporosis postmenopáusica, inducida en roedores de laboratorio (ratas ovariectomizadas). (67, 68)

     


    A pesar de los boyantes efectos individuales ejercidos por estos polifenoles, parece mucho más efectiva la acción conjunta de todos ellos, de todos los ingredientes del aceite de oliva, que pudieran ejercer un sinergismo por potenciación.

     

     

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    68- Lee JW, Ahn JY, Hasegawa S, Cha BY, Yonezawa T, Nagai K, Seo HJ, et al. 2009. Inhibitory effect of luteolin on osteoclast differentiation and function. Cytotechnology 61:125–134

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


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    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

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  • 06/09/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Consumo regular de brécol: Prevención de enfermedades crónicas

    Consumo regular de brécol: Prevención de enfermedades crónicas

     


    Las investigaciones científicas más recientes están revelando que el consumo regular de brécol puede incrementar la esperanza de vida en buena salud, dado que parece reducir la tasa de muerte global así como la específica por las principales causas de morbilidad y mortalidad.


    Todo ello merced a su riqueza en nutrientes de alto valor biológico como los compuestos azufrados (glusosinolatos), de los que el sulforafano es su mayor exponente, responsables de sus excepcionales efectos antiinflamatorios, antioxidantes y desintoxicantes. Estas tres funciones son las que explican gran parte de los efectos saludables del brécol: antitumorales, protección cardiovascular, digestivos y neumológicos, entre otros.

     


    En el artículo anterior detallamos la composición química del brécol y valoramos el gran efecto anticancerígeno de las crucíferas o brasicáceas, especialmente de cáncer de pulmón, mientras que en el que ahora empiezanos centraremos en la capacidad de reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, las enfermedades crónicas más prevalentes en el mundo occidental.

     

     

    REDUCCIÓN DEL RIESGO DE ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

     

    Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística español, las enfermedades cardiovasculares, como la cardiopatía isquémica (angina de pecho, infarto agudo de miocardio, miocardiopatía por enfermedad coronaria) y los accidentes cerebro vasculares (ictus) como el infarto cerebral por trombosis, representan la primera causa de muerte en mujeres y la segunda en hombres. Además, a partir de los 70 años son la principal causa de muerte en ambos sexos.

     


    En las próximas líneas vamos a comprobar la capacidad de las verduras, en general, y de las crucíferas, en particular, con el brécol a la cabeza, para disminuir el riesgo de morir y enfermar por tales enfermedades.

     

     

    Estudios norteamericanos

     

    Asociación inversa entre infarto cerebral y consumo de frutas y verduras


    Uno de los primeros trabajos que versaron sobre el tema corrió a cargo de miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, quienes publicaron sus conclusiones en JAMA (octubre 1999). (1) Fueron Joshipura y Alberto Ascherio los que coordinaron un estudio prospectivo (de cohortes), en el que emplearon dos excepcionales muestras: 75.596 mujeres de 34 a 59 años de edad, pertenecientes al Estudio de Salud en Enfermeras (Nurses’ Health Study), y 38.683 hombres de 40 a 75 años del Estudio de Seguimiento de Profesionales de Salud (médicos, veterinarios, osteópatas, ópticos, entre otros). El seguimiento de ambos colectivos también fue muy notable: 14 años, a las mujeres; 8 años, para los varones.

     


    La principal medida o resultado a evaluar fue la asociación entre la incidencia de infarto cerebral isquémico (por trombosis) con la ingesta de frutas y vegetales (por quintiles de ingesta). Pues bien, durante el periodo de seguimiento aparecieron una serie de casos de infarto cerebral (366 mujeres y 204 hombres) que permitieron, tras controlar los factores de riesgo cardiovascular (variables de confusión), comprobar que las personas que ingerían más frutas y verduras (5,1 piezas por día entre los hombres y 5,8 entre las damas) se beneficiaban con la reducción de un 31% del riesgo de desarrollar infarto cerebral (RR: 0,69; 95% CI 0,52 a 0,92), cuando se las comparaba con los que consumían menos (quintiles menores). Además, vieron un efecto dosis- respuesta, pues por cada incremento en una pieza o ración al día se observaba una reducción del 6% del riesgo de sufrir ictus.

     


    Cuando particularizaron el tipo de verdura y fruta consumidos, observaron que los mayores beneficios se apreciaban en el colectivo de consumidores de verduras de la familia de las brasicáceas o crucíferas, donde el brécol es la gran estrella, pues el riesgo de infarto cerebral se redujo un 32%. Las segundas en el escalafón fueron las verduras de hoja verde, con una reducción del 21% del riesgo del ictus citado, seguido por los cítricos, que disminuyeron un 19% el riesgo de infarto cerebral.

     


    Estos datos revelan  que el consumo regular de frutas y vegetales, sobre todo crucíferas, exhibe un efecto cardiovascular realmente protector pues su consumo regular reduce significativamente el riesgo de infarto cerebral”,concluyen los autores del estudio.

     

    Verduras saludables, cultivadas artesanal y ecológicamente: Huerto de Rafael Navarro, San Miguel de Valero, Salamanca.

     

     

    Consumo de verduras y prevención de enfermedades cardiovasculares

     

    Estos mismos investigadores publicaron dos años más tarde (junio de 2001) en otra revista de gran prestigio, Annals Interna Medicine, sus conclusiones sobre la relación entre la ingesta de verduras y frutas con el riesgo de cardiopatía isquémica (infarto de miocardio no fatal y enfermedad coronaria fatal). (2) Para ello, efectuaron un estudio prospectivo con los mismos colectivos de enfermeras y de proveedores de salud masculinos (ambas muestras ligeramente mayores en este estudio) y durante el mismo periodo de control, 14 años a las mujeres y 8 años de seguimiento a los varones. También emplearon el correspondiente aparato estadístico, con estricto control de variables de confusión, buen análisis de periódicas encuestas de frecuencia de alimentos, entre otros aspectos técnicos.

     


    Sus conclusiones tampoco dejaron en mal lugar a los consumidores de frutas y verduras: 20% de reducción del riesgo de enfermedad coronaria(riesgo relativo de 0,80; intervalo de confianza al 95% entre 0,69 y 0,93). Además, el beneficio se incrementaba a medida que aumentaba el consumo de vegetales: un 4% de reducción del riesgo de coronariopatías con cada incremento de una pieza o ración diaria.

     

    Lombardas, ejemplo de brasicáceas o crucíferas. Huerto de Rafael Navarro. San Miguel de Valero, Salamanca.

     

     

    Consumo de crucíferas y reducción del riesgo de muerte global y específica por enfermedades cardiovasculares: estudio en Asia

     

    Las poblaciones asiáticas consumen grandes cantidades de verduras de la familia de las brasicáceas. Sin embargo, pocos estudios epidemiológicos de calidad contrastada habían valorado los potenciales efectos saludables de las mismas. Por eso fue muy meritorio el estudio realizado por Xianglan Zhang y colegas, cuyas conclusiones (estudio de cohortes) publicaron en el año 2011 en una revista científica de USA, American Journal Clinical Nutrition 3. Estos investigadores también estudiaron dos grandes muestras de personas: 74.942 mujeres de 40 a 70 años, pertenecientes al Estudio de Salud de Mujeres de Shanghai, seguidas y evaluadas periódicamente durante 10 años; y 61.500 hombres de 40 a 70 años, controlados durante 4,6 años, del Estudio de Salud en Hombres de Shanghai. Las variables principales del estudio fueron la ingesta de vegetales, por una parte, y la mortalidad total y la específica por enfermedades cardiovasculares, por la otra.

     


    Los resultados confirmaron que la ingesta de verduras y frutas reduce el riesgo global de muerte (tasa de mortalidad total) tanto para los hombres como para las mujeres, observando una reducción proporcional del riesgo a medida que se incrementa la ingesta, especialmente de crucíferas. Así pues, la reducción del riesgo alcanzó un porcentaje del 22% para los que consumían más verduras de la familia de las crucíferas (quintil mayor de consumo), con respecto a los que consumían menos (HR: 0,78;  95% CI, 0,71-0,85). La disminución del riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares fue muy significativa, no así la muerte global por cánceres. Aunque ya sabemos, por estudios recientes, que el consumo de brécol y otras crucíferas reducen notablemente el riesgo de cánceres particulares, como los de colon, mama, próstata, vejiga y pulmón.

     


    Los autores concluyen el estudio afirmando: “Nuestros hallazgos sirven para recomendar un aumento en el consumo de verduras, particularmente crucíferas, así como frutas, a fin de promover la salud cardiovascular y la longevidad global”.

     

    Fruta de calidad: Cerezas a punto de coger.

     

     

    Estudio europeo: EPIC (Investigación Prospectiva Europea sobre Nutrición y Cáncer)

     

    El EPIC es un gran estudio epidemiológico prospectivo europeo (participan casi todos los países de Europa, incluyendo España) en el que se valora la relación entre el tipo de dieta y la presencia de cáncer y enfermedades crónicas.

     


    Cuando los investigadores evaluaron la asociación entre el consumo de vegetales, legumbres y frutas con la mortalidad total y la específica por causa de enfermar, observaron en una gran cohorte de diabéticos (10.449 ), seguidos durante 9 años, que un incremento de 80 gramos al día de tales alimentos se asociaba a una reducción de un 6% de la tasa de mortalidad total (RR: 0,94).

     


    Con respecto a la mortalidad por enfermedades cardiovasculares la reducción del riesgo fue aún mayor: 12% (RR: 0,88 [95% CI 0,81-0,95]). Para el resto de enfermedades crónicas tampoco fue desdeñable: 10% de disminución del riesgo. Sin embargo, para la mortalidad por cáncer no vieron resultados similares. Su trabajo lo publicaron en abril de 2008 en la revista oficial de la Sociedad Americana de Nutrición. (4)

     

     

    Reducción de la mortalidad por cánceres: ¡Cómo no!

     

    Es preciso advertir que también existen estudios epidemiológicos que revelan una reducción del riesgo de muerte por cánceres entre las personas que consumen regularmente verduras, especialmente de la familia del brécol (crucíferas), como el llevado a cabo por miembros del Departamento de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, de Baltimore (EEUU). Estos investigadores comprobaron significativas disminuciones del riesgo de mortalidad total (37%), de muerte por enfermedades cardiovasculares (24%) así como de muerte por cáncer (35% de reducción del riesgo, con un HR de 0,65, cuyo intervalo de confianza al 95% osciló de 0,45 a 0,93). Aunque el estudio fue prospectivo (13 años de seguimiento de sujetos previamente sanos), la muestra fue relativamente pequeña (apenas 1000 personas). Publicaron su trabajo en American Journal of Epidemiology (marzo de 2004). (5)

     

     

    Hipótesis más plausibles

     

    El meollo patogénico de las enfermedades cardiovasculares como el de otras enfermedades crónicas y cánceres tiene que ver tanto con fenómenos inflamatorios crónicos como con el estrés oxidativo, en ocasiones, orquestado por una deficiente desintoxicación.

     


    Resulta que estas enfermedades se inician y desarrollan por la inflamación prolongada de la íntima arterial que hace que paulatinamente se vaya acumulando y oxidando el colesterol y, por ende, engrosando la pared y reduciendo la luz por donde circula la sangre oxigenada. Cuando la estrechez de la luz supera el 80% surgirá la clínica del angor pectoris,mientras que cuando la placa ateromatosa se ulcera y, luego, se trombosa, se pasará de la estenosis a la obstrucción, de la isquemia (reducción del flujo sanguíneo arterial) e hipoxia a la anoxia (falta de oxígeno a las células), lo que originará la muerte o necrosis isquémica del órgano en cuestión, esto es, el infarto, bien de miocardio, de cerebro, intestino, etc.

     


    El periodo de inducción no es precisamente corto, sino de varias décadas de vida, aunque depende de la intensidad y suma de factores de riesgo a los que se someta el individuo. Obviamente, un gran fumador, bebedor, amante del sedentarismo y de las comidas copiosas, ricas en ácidos grasos saturados, es más probable que debute precozmente con un infarto agudo de miocardio, por ejemplo, sobre la cuarta o quinta década de la vida. Con demasiada frecuencia es causa de muerte súbita. Aunque paradójicamente la obstrucción coronaria se desarrolle tras toda una vida de estilos de vida deplorables (periodo de inducción muy largo).

     


    Si queremos prevenir este cruel panorama sólo existe una estrategia, la de adoptar estilos de vida saludables: no fumar, no beber alcohol o hacerlo en mínimas cantidades, practicar actividad física aeróbica regular, beneficiarse de la Dieta Mediterránea, donde el aceite de oliva virgen extra es un gran protagonista al igual que la ingesta diaria de frutas y verduras, sobre todo crucíferas, entre las cuales el brécol o brócoli es la más beneficiosa. No desdeñar unos buenos cafés especiales (3 a 4 al día), pues también contribuyen a reducir el riesgo de procesos cardiovasculares.

     


    Todo este cóctel de estrategias de salud tiende a converger en un doble efecto: antiinflamatorio y antioxidante, que actuando sobre la íntima arterial, logran evitar el descalabro propio de la arteriosclerosis o, en su defecto, a retrasarlo hasta edades más longevas.

     


    En este momento podemos preguntarnos cuáles son los mecanismos utilizados por el consumo regular de brécol. Pues los mismos que los exhibidos para reducir el riesgo de tumores malignos, referido en el artículo anterior: antiinflamatorio, antioxidante y desintoxicante. Recordémoslos brevemente.

     

     

    Efecto antiinflamatorio

     

    Se debe principalmente a la inhibición que ejerce el sulforafano sobre el gran promotor de todos los fenómenos inflamatorios, el factor nuclear kappa B (NF-kappa B), que de esta suerte ya no podrá inducir la síntesis de múltiples sustancias inflamatorias, de complejos nombres (IL-6, IL-beta, TNF-alfa, INOS, COX-2…). (6,7)

     

     

    Efecto antioxidante del brécol

     

    Se debe a su riqueza en antioxidantes de primer orden como la vitamina C, la vitamina E, el beta caroteno (provitamina A), flavonoides como la quercitina y el kaemferol, carotenoides, como la luteína y la zeaxantina, minerales como el manganeso y el zinc. Aunque el mayor efecto antioxidante inherente al consumo regular de brécol es indirecto, esto es, se deriva de su efecto desintoxicante, que a continuación resumiremos.

     

     

    Efecto desintoxicante

     

    El efecto depurativo y desintoxicante de las crucíferas, multiplicado en el brécol, se debe a la capacidad de su producto estrella, el sulforafano, de activar el denominado factor nuclear eritroide dos (Nrf2), el cual estimula a los genes responsables de optimizar la función celular. Siendo los más importantes  os que codifican la síntesis de las enzimas principales de fase II: la glutatión -S-transferasa (GST), la uridinadilfosfato-glucuroniltransferasa (UGT) y, sobre todo, la quinona reductosa (QR). Su capacidad para neutralizar radicales libres derivados del oxígeno, como el superóxido (O2-) y el hidroxilo (OH) es realmente intensa.

     


    También la capacidad del sulforafano para inhibir enzimas de fase I tiende a evitar la proliferación de metabolitos tóxicos de efectos oxidantes y proinflamatorios.

     

     

    Reducción o neutralización de factores de riesgo cardiovascular por parte de las crucíferas


    Efecto hipocolesterolemiante

     

    El consumo regular de brécol se asocia a una significativa reducción de la concentración sanguínea de colesterol, merced a una acción de las fibras que aporta (1 gramo de fibra por cada 30 gramos de brécol): la de secuestrar en la luz intestinal a las sales biliares, promoviendo su expulsión por las heces, una vez que han cumplido su función digestiva (emulsionante de grasas). Esto fuerza al hígado a atrapar más colesterol para contribuir a la síntesis de ácidos biliares. En consecuencia, los niveles sanguíneos de colesterol descienden significativamente, sobre todo del dañino LDL.

     

     

    Efecto protector de las lesiones vasculares de la diabetes

     

    Las complicaciones más temibles de la diabetes son las que se derivan de la inflamación de los pequeños vasos sanguíneos (vasculitis),responsables de la retinopatía, de la neuropatía y de la nefropatía diabéticas. Pues bien, parece que parte de estos fenómenos inflamatorios de las pequeñas arterias tienden a ser reducidos por los compuestos químicos del brécol, especialmente del sulforafano.

     


    Posible efecto protector neumológico


    Las enfermedades crónicas más prevalentes en la esfera neumológica son el asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), las cuales provocan insuficiencia ventilatoria obstructiva de diverso grado (detectada en la espirometría), en la primera de carácter reversible; en la segunda, en cambio, la obstrucción bronquial es de carácter irreversible.

     


    La causa fundamental de la EPOC es el tabaquismo, que hace que el fumador inhale continuamente tóxicos generadores de radicales libres que contribuyen a inflamar y dañar a los bronquios y al parénquima pulmonar, lo que tiende a destruirlos progresivamente. De ahí que la obstrucción bronquial detectada en la espirometría sea irreversible y, mientras se siga inhalando tabaco, progrese aceleradamente hasta acabar matando a ese 20-25% de fumadores que desarrollan EPOC, salvo que, en sus fases iniciales, les convenzamos para que dejen de fumar. Tal cese tabáquico también beneficia al fumador con EPOC avanzado, al menos prolonga su vida.

     


    En el asma la etiología es más variopinta, pues se combinan causas alérgicas con otras de etiología no alérgica. Con demasiada frecuencia vemos sinusitis maxilares con bronquitis descendentes que llegan a complicarse con obstrucciones bronquiales variables y reversibles, esto es, con asma puro y duro. A estas situaciones la gente solía y aún suele denominarlas “catarros mal curados”.  En cualquier caso, en ambas situaciones lo que subyace son procesos inflamatorios crónicos que afectan a la pared bronquial.

     


    También en ambos procesos se pueden desencadenar exacerbaciones por aumento de la contaminación atmosférica y por infecciones de las vías aéreas, que incrementan la inflamación preexistente.

     


    Pues bien, con tanta inflamación crónica es fácil sospechar que el consumo regular de brécol pueda ofrecer una cierta protección broncopulmonar, que a lo mejor tienda a reducir el riesgo de asma y EPOC. Algo de esto debieron de pensar investigadores de la UCLA (Universidad de California-Los Angeles) para convencer a responsables de la EPA (Agencia de Protección Medioambiental de USA), Institutos Nacionales de Salud de EEUU y del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Medioambiental, también de USA, para que financiaran un estudio experimental con el que pretendían valorar la capacidad del brécol necesaria para reducir la inflamación de las vías aéreas que pudiera conducir a una reducción del riesgo de rinitis crónica, asma y EPOC. Su trabajo lo publicaron en marzo de 2009 en Clinical Inmunology. 8 Resumámoslo en las siguientes líneas.

     


    El equipo de investigadores, liderado por Marc Riedl, trabajó con 65 voluntarios que fueron repartidos en un grupo que ingirió brotes de brécol, la mayor fuente de sulforafano, durante tres días,  y un grupo placebo, que tomaron brotes de alfalfa, carentes de sulforafano.

     


    Al principio y al final del estudio, se hicieron enjuagues nasales con objeto de recoger muestras celulares en las que se pudiera evaluar el gen o genes de enzimas antioxidantes (de fase II) como el de la glutatión-S-transferasa (GSTP1) y el de la quinona oxidorreductasa (NQO1).

     


    Los resultados del estudio fueron realmente esperanzadores, pues se apreció un incremento significativo de enzimas antioxidantes entre los que recibieron cantidades de brócoli de 100 gramos o más, cuando eran comparados con los del grupo placebo. Además, la intensidad de la respuesta era mayor a medida que el consumo de brécol se incrementaba, dado que los que consumieron 200 gramos al día respondieron con un aumento del 101% de la enzima GSTP1 y un incremento del 199% de NQO1, la mayor enzima antioxidante que existe.

     


    Según los citados investigadores, el tratamiento con brotes de brócoli no se acompañó de efectos secundarios a resaltar, por lo que parecía seguro y efectivo para reducir la oxidación producida por los temibles radicales libres.

     


    Este es uno de los primeros estudios que revelan que el brécol ejerce potentes efectos antioxidantes, por lo que podría servir para paliar los procesos inflamatorios y, por lo tanto, para establecer potenciales tratamientos para varias enfermedades respiratorias”, sentencia Marc Riedl.

     


    A mi entender, todo parece estar en mantillas, aunque estos resultados son muy prometedores y quizá sirvan para elaborar nuevas terapéuticas para tratar las enfermedades respiratorias más prevalentes. El tiempo lo dirá.

     

    Brécol: crucífera por excelencia.

     

     

    Otros efectos saludables del brócoli

     

    Reducción del riesgo de ceguera asociada a la edad

     

    La ceguera asociada a la edad se produce por la degeneración de las células de la mácula lútea, área de mayor agudeza visual de la retina. Usualmente la exposición solar y de la luz azul va oxidando las células de esta superficie retiniana. Sin embargo, existen unos carotenoides capaces de resistir la oxidación, por su fuerte carácter antioxidante: la luteína, ubicada en la periferia de la mácula; la zeaxantina, localizada en el centro de esta área. También se sabe que la ingesta regular de alimentos ricos en estos carotenoides logra incrementar la concentración en la mácula de los mismos, lo que se asocia a una notable reducción del riesgo de degeneración de esta superficie retiniana y, en consecuencia, una relevante disminución del riesgo de ceguera. Pues bien, el brécol al igual que otras crucíferas es una excelente fuente de luteína y zeaxantina.

     


    Protección cutánea

     

    Últimamente la investigación científica sobre las propiedades del brécol está revelando la gran protección de la piel que ejerce el sulforafano, liberado por la acción de la mirosinasa sobre la glucorafina, tras masticar el brécol. Los potentes efectos antioxidantes de este producto azufrado, por su intervención sobre los enzimas de fase II (estimulándolos) y de fase I (inhibiéndolos) incrementan la capacidad metabólica y desintoxicante de la propia piel, lo que la permite resistir más efectivamente el potencial daño en el DNA cutáneo ejercido por las radiaciones ultravioletas A y B9.

     


    Estabilización del metabolismo de la vitamina D


    La osteoporosis es una enfermedad ósea que acaba surgiendo a medida que el ser humano envejece, siendo especialmente susceptibles las mujeres, pues ya desde la menopausia, con la pérdida estrogénica, empiezan a sufrir procesos de desmineralización ósea. Sus consecuencias son una causa de sufrimiento humano: las fracturas vertebrales y las fracturas del cuello del fémur. Las primeras suelen afectar a los cuerpos vertebrales lumbares, con pérdida de la estabilidad de la columna y, a veces, provocando dolores por compresión radicular. Cuando las que se fracturan son las vértebras dorsales existe un significativo riesgo de sufrir una insuficiencia ventilatoria restrictiva (detectada por espirometría) por reducción del área de la jaula torácica, al demolerse parte del bastión posterior (el eje vertebral dorsal), lo que puede desembocar en insuficiencia respiratoria (reducción de la presión parcial de oxígeno arterial), que obligue a oxigenoterapia domiciliaria y a ventilación mecánica no invasiva.

     


    La fractura de cadera por osteoporosis tampoco es moco de pavo, pues en torno al 50% de las personas que la sufren se quedan inválidas, a veces, en silla de ruedas. Por otra parte, cerca del 30% suele morir durante el primer año, bien por neumonías (al principio) o por embolias pulmonares.

     


    Conociendo este triste panorama, la estrategia médica consiste en prevenir tal osteoporosis mediante el aporte diario de vitamina D y de calcio, así como ciertos medicamentos reforzadores de la estructura ósea (difosfonatos).

     


    El brécol no es una fuente relevante de vitamina D, pero sí de vitamina K y de vitamina A (en realidad de beta-caroteno, precursor de la vitamina A), los cuales son fundamentales para equilibrar y estabilizar el metabolismo de la vitamina D, evitando las perjudiciales situaciones de hipervitaminosis D, secundarias a su administración diaria, a veces excesiva (o mal metabolizada).

     


    En fin, espero y deseo que tanto este artículo como el del mes precedente sirvan para animar a la gente a consumir más vegetales, en general, y más crucíferas, en particular, con su producto estrella, el brécol. La inversión en salud derivada de tal conducta se aproxima a la que experimenta un fumador cuando abandona su pernicioso hábito.

     

     

    Bibliografía:

     

    1. Joshipura KJ, Ascherio A, Manson JE, et al. Fruit and vegetable intake in relation to risk of ischemic stroke. JAMA 1999;282:1233–9.

     


    2. Joshipura KJ, Hu FB, Manson JE, et al The effect of fruit and vegetable intake on risk for coronary heart disease. Ann Intern Med 2001;134:1106–14.

     


    3. Cruciferous vegetable consumption is associated with a reduced risk of total and cardiovascular disease mortality.  Xianglan Zhang, Xiao-Ou Shu, Yong-Bing Xiang, Gong Yang, Honglan Li,Jing Gao, Hui Cai, Yu-Tang Gao, and Wei Zheng. 2011 American Society for Nutrition.

     


    4. Nothlings U, Schulze MB, Weikert C, et al. Intake of vegetables, legumes, and fruit, and risk for all-cause, cardiovascular, and cancer mortality in a European diabetic population.J. Nutr 2008;138:775–81.

     


    5. Genkinger JM, Platz EA, Hoffman SC, Comstock GW, Helzlsouer KJ Fruit, vegetable, and antioxidant intake and all-cause, cancer, and cardiovascular disease mortality in a community-dwelling population in Washington County, Maryland. Am J Epidemiol 2004;160:1223–33.

     


    6. Prawan A, Saw CL, Khor TO, et al. Anti-NF-kappaB and anti-inflammatory activities of synthetic isothiocyanates: effect of chemical structures and cellular signaling. Chem Biol Interact. 2009 May 15;179(2-3):202-11. 2009.

     


    7. Sulforaphane and its methylcarbonyl analogs inhibit the LPS-stimulated inflammatory response in human monocytes through modulating cytokine production, suppressing chemotactic migration and phagocytosis in a NF-κB- and MAPK-dependent manner. Reddy SA, Shelar SB, Dang TM, Lee BN, Yang H, Ong SM, Ng HL, Chui WK, Wong SC, Chew EH. Int Immunopharmacol. 2015 Feb;24(2):440-50. doi: 10.1016/j.intimp.2014.12.037. Epub 2015 Jan 10.

     


    8. Clinical Inmunology: March 2009, volumen 130.  Issue 3. Pages 244-251. “Oral sulforaphane increases phase II antioxydant enzymes in the human upper airway”. M. A. Riedl, A Saxon, D. Díaz Sánchez.

     


    9. Nrf2 Activation Protects against Solar-Simulated Ultraviolet Radiation in Mice and Humans Elena V. Knatko, Sally H. Ibbotson, Ying Zhang, Maureen Higgins, Jed W. Fahey, Paul Talalay, Robert S. Dawe, James Ferguson, Jeffrey T.-J. Huang, Rosemary Clarke, Suqing Zheng, Akira Saito, Sukirti Kalra, Andrea L. Benedict, Tadashi Honda, Charlotte M. Proby and Albena T. Dinkova-Kostova Cancer Prev Res (Phila) June 1 2015 8 (6) 475-486; DOI:10.1158/1940-6207.CAPR-14-036. 

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

     

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  • 02/08/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Efectos saludables del brécol: Prevención de cáncer de pulmón

    Efectos saludables del brécol: Prevención de cáncer de pulmón


    El brécol es uno de los alimentos más saludables que existen porque su consumo regular se asocia a una reducción del riesgo de enfermar y morir por las patologías más prevalentes en los países desarrollados, como los procesos cardiovasculares y los tumores malignos, como el cáncer de pulmón, entre otras enfermedades.


    Sus sobresalientes propiedades antiinflamatorias, antitumorales y desintoxicantes hacen que esta verdura de la familia de las crucíferas se coloque en el escalón más alto del pódium del selecto grupo de alimentos funcionales, aquellos cuyos beneficios no se limitan a subvenir las meras necesidades energéticas.

     

     

    Origen y características botánicas

     

    El brécol o brócoli (Brassica oleracea itálica) es, como decíamos antes, un miembro de las brasicáceas (Brassicaceae) o crucíferas (Cruciferae), una familia de angiospermas dicotiledóneas, al que también pertenecen la coliflor, la lombarda, el repollo o col, la mostaza, la rúcula, el nabo, las coles de bruselas, la berza y el berro, entre otras.

     

    Lombarda

     

    Brécol

     

    Lo primero que llama la atención de este vegetal son sus sumidades floridas carnosas de color verde, que penden de ramas que, a su vez, nacen de un robusto tallo. Tales cabezuelas florales están rodeadas de hojas. Prácticamente todo es comestible salvo el grueso tronco, un tanto correoso.

     


    Parece que las primeras variedades de brécol proceden de la época en que Roma dominó gran parte del mundo. No obstante, esta verdura no rebasó su patria italiana hasta el siglo XIX, momento en que empezó a distribuirse al resto del mundo.

     

     

    Recomendaciones alimenticias


    Si queremos beneficiarnos de los fantásticos efectos saludables del brécol será necesario consumirlo regularmente. Así pues, considerando que una ración de brócoli puede pesar, por ejemplo, 156 gramos, que aportan unas 55 kilocalorías, se recomienda ingerir diariamente una cantidad mínima de tres cuartos de ración, que equivalen a cinco raciones por semana. Un consumo óptimo vendría a oscilar entre una y una ración y media al día, esto es, unas diez raciones por semana. Al menos así es lo aconsejado por la prestigiosa Fundación George Mateljan, organización norteamericana sin ánimo de lucro, especializada en el estudio de los alimentos más saludables del mundo (The world´s healthiest foods), en la revisión actualizada dedicada al brócoli en septiembre de 2016. (1)

     

    Tortilla de brócoli

     

    Para no perder ninguno de sus componentes se aconseja hervirlo brevemente al vapor, sin sobrepasar los cinco minutos, o, en su defecto, saltearlo rápidamente en una sartén con aceite de oliva virgen extra, sin que se quemen las cabezuelas floridas. También se puede comer crudo, en ensalada. Mi forma predilecta de consumirlo es en tortilla de dos huevos, a los que añado una generosa ración de brécol, previamente expuesto durante un minuto al calor del microondas. Espero que en el futuro no se demuestre efecto adverso alguno por el empleo de este último sistema de cocinar (o más bien de calentar los alimentos y bebidas).

     

    Brécol en panaché de verduras con huevo escalfado: Cortesía Ricardo Temiño, restaurante La Fábrica (Burgos)

     

     

    Composición química

     

    Los efectos saludables del brócoli son atribuibles a su riqueza en glucosinolatos, una familia de compuestos azufrados, de los que se derivan los isotiocianatos y los índoles. Aunque las otras brasicáceas también poseen estos fitoquímicos, el brécol es donde alcanzan sus más altas concentraciones. Vamos a dedicar unas líneas a los principales productos que resultan de la hidrólisis de estos compuestos azufrados:

     

    • Isotiocianatos: El producto estrella, al que se le atribuyen gran parte de los beneficios del brócoli es el sulforafano, el cual se encuentra en la planta como glucosinolato de sulforafano, más conocido como glucorafanina. Pero ¿cómo se transforma la glucorafanina en sulforafano? Pues de dos formas: una, mediante la acción de una enzima, denominada mirosinasa, que se libera en el momento de masticar o machacar el brécol; la otra, por la acción de las bacterias intestinales.

     

    • Índoles: De la hidrólisis de otro glucosinolato, la glucobrasicina, se obtienen el indol3-carbinol (I3c), el diindolilmetano (DIM) y el ascorbigeno (I3C unido a ácido ascórbico). Como veremos luego, estos índoles, al igual que los isotiocianatos se comportan como poderosos antioxidantes indirectos, dado que actúan sobre los sistemas enzimáticos de fase I y de fase II, bloqueando la producción de peligrosos tóxicos y carcinogénos (inhibición de los de fase I) y estimulando la síntesis de enzimas hepáticas de gran acción desintoxicante (inducción de los de fase II), que contribuyen a la eliminación de radicales libres netamente dañinos para nuestros intereses. Aunque gran parte de las investigaciones científicas sobre los índoles tienen que ver con su capacidad para intervenir en el metabolismo de los estrógenos y, en consecuencia, en el efecto preventivo de cánceres hormono dependientes, como los de próstata y mama. (2, 3)

     

    El brécol es la crucífera con mayor riqueza en sustancias fitoquímicas de reconocidas propiedades preventivas y terapéuticas. Veamos algunas de las más relevantes:

     

    • Carotenoides con gran efecto antioxidante y protector de la mácula lútea, área retiniana de mayor agudeza visual, como la luteína y zeaxantina.
    • Gran riqueza en vitamina C, vitamina B6 y ácido fólico, así como en las vitaminas liposolubles E y K.
    • Abundancia de beta-caroteno (provitamina A).
    • Cabagina (S-metilmetionina), también denominada vitamina U, dotada de un gran efecto antiinflamatorio en la mucosas gástrica e intestinal.
    • Flavonoides, sobre todo el kaemferol y la quercitina.
    • Minerales como el manganeso, el zinc, gran riqueza de hierro.
    • El brécol contiene selenio metilado (Se-metilseleno cisteína), que se transforma en un buen anticancerígeno, el metil selenolato. (4)
    • Ácido clorogénico, reconocido antioxidante, muy abundante en el café.
    • Notables cantidades de fibra: un gramo de fibra por cada 30 gramos de brécol (10 kilocalorías).
    • D-glucarato, compuesto clave para la glucuronidación, proceso crucial de la desintoxicación fase II.
    • Potasio y magnesio, minerales de acción desacidificante.

     

    EFECTOS SALUDABLES DEL BRÉCOL

     

    Efectos anticarcinógenos o antitumorales

     

    Son más de 300 los estudios científicos que han valorado el poder antitumoral del brécol, basado en su capacidad para desmontar los tres pilares del desarrollo tumoral en cualquier órgano humano o animal: uno, la inflamación crónica; dos, el estrés oxidativo; tres y último, deficiente desintoxicación. En el último lustro se han multiplicado los trabajos científicos que han revelado que la patogenia del cáncer se sustenta en esos tres pilares. Pues bien, el consumo regular de brócoli es capaz de modificar favorablemente tales bastiones tumorales.

     


    En las siguientes líneas vamos a ver la vinculación entre el cáncer y sus tres pilares patogénicos.

     


    Cáncer: convergencia de inflamación crónica, estrés oxidativo y deficiente desintoxicación

     

    Es preciso mencionar en este momento que los mecanismos inflamatorios son necesarios para el buen funcionamiento de nuestros órganos y sistemas y, en definitiva, para mantener un buen estado de salud. De forma que cuando sufrimos agresiones químicas, físicas, microbiológicas, alérgicas o de cualquier otra índole, nuestros sistemas de vigilancia inmune tienden a detectarlas con cierta prontitud para inmediatamente responder con la cascada de la inflamación. Existe una molécula o compuesto clave en todo este proceso, es el denominado factor nuclear Kappa B (NF-kappa B), el cual se activa en el momento de detectar las citadas agresiones, para, luego, inducir la transcripción de genes implicados en la codificación y posterior síntesis de proteínas de neto carácter inflamatorio (IL-6, IL-beta, Factor de necrosis tumoral alfa, óxido nítrico, COX-2), que tenderán a neutralizar e incluso erradicar tales agentes agresores.

     


    Mientras tales respuestas inflamatorias sean breves y no sobrepasen el tiempo justo para recuperar la estructura y función dañadas, podremos mantener nuestra salud. Sin embargo, cuando las amenazas citadas no ceden sino que se mantienen en el tiempo, a veces por un defecto o debilidad de nuestros sistemas de desintoxicación, el NF-Kappa B no dejará de funcionar y, por tanto, seguirá activando indefinidamente los procesos inflamatorios, pasando así a un pernicioso estado de inflamación crónica.

     


    Cuando se perpetúa la inflamación se dispara la producción de radicales oxidantes y de las moléculas ricas en oxígeno (estrés oxidativo), que son extraordinariamente dañinas no sólo para la integridad de nuestras estructuras celulares y tisulares sino también para el buen estado del material genético contenido en nuestro ADN (ácido desoxirribonucleico). En consecuencia, se abre la espita de la cuba o tonel por el que se derramarán las temibles enfermedades crónicas, como la arteriosclerosis y sus nefandas complicaciones (ictus y cardiopatía isquémica), enfermedades neurodegenerativas, gastritis y úlceras asociadas a Helicobacter pylori, esclerosis múltiple, entre otras muchas enfermedades. Pero el cúmulo de desgracias no acaba con estas enfermedades, pues la combinación de inflamación crónica, estrés oxidativo y deficiente desintoxicación también abona el terreno para el desarrollo de los tumores malignos.

     


    En las siguientes líneas vamos a ver la capacidad del brécol para combatir tales amenazas, merced a su particular composición química.

           

    Para entender mejor este contenido vamos a analizar por separado los efectos antiinflamatorios, antioxidantes y desintoxicantes vinculados al consumo regular de brécol.

     

     

    Efecto antiinflamatorio del brócoli

     

    Recientes investigaciones (2009) han probado la capacidad de isotiocianatos sintéticos para suprimir la actividad del factor nuclear kappa B (NF-kappa B), bloqueando los genes que codifican su síntesis y, en consecuencia, evitando la producción de las sustancias implicadas en la inflamación y en el daño del ADN.5

     


    Más recientemente, en febrero de 2015, se pudo probar que el sulforafano era capaz de inhibir al NF-kappa B de monocitos obtenidos de donantes humanos y, por ende, la producción de todas las sustancias proinflamatorias anteriormente citadas (IL-6, IL-beta, TNF-alfa, INOS, COX-2…). (6)

     


    Otro efecto antiinflamatorio asociado al consumo de brécol se debe al pequeño, pero significativo aporte de ácidos omega-3 (unos 100 miligramos por cada 300 gramos de brécol, equivalente a 100 kilocalorías). De esta forma contribuiría a reducir el déficit de estos ácidos grasos poliinsaturados y, por ello, sería más difícil que se activara el sistema inflamatorio, algo que sí acontecería en caso de plasmarse tal déficit. Cosa lógica, si tenemos en cuenta que una parte relevante de las moléculas antiinflamatorias se constituyen con ácidos omega-3.

     


    El tercer efecto antiinflamatorio del brécol se debe a su riqueza en kaemferol, un flavonoide de reconocidas propiedades antialérgicas, disminuyendo la producción de los anticuerpos involucrados en las reacciones alérgicas, las inmunoglobulinas de tipo IgE. De esta forma aumentarían las posibilidades de reducir el daño derivado de la excesiva exposición a alérgenos, promovida por la inflamación crónica.

     

     

    Efecto antioxidante del brécol


    El brécol es la verdura crucífera que posee la mayor concentración de vitamina C, un antioxidante de primer orden, cuya efectividad se incrementa cuando está acompañada de flavonoides. Pues bien, el brécol también aporta notables cantidades de estas últimas sustancias, como la quercitina y el kaemferol.

     


    Otros antioxidantes del brócoli son los carotenoides, luteína y zeaxantina, así como el beta-caroteno. Junto a ellos también exhiben una gran acción antioxidante la vitamina E y minerales como el manganeso y el zinc.

     


    Estos compuestos antioxidantes hacen que el consumo regular de brécol se asocie a una reducción del riesgo de inflamación crónica y de cáncer.

     

     

    Efecto desintoxicante del brécol
      

    El sulforafano es la molécula responsable de la gran capacidad depurativa o desintoxicante del brécol, pues, como dijimos antes, es capaz de inhibir el sistema enzimático de fase I, no tanto como para perturbar el buen funcionamiento del organismo cuanto para evitar la proliferación de una serie de metabolitos intermedios, resultantes de su acción neutralizadora de tóxicos, medicamentos y otras moléculas, que si se acumularan nos ocasionarían graves problemas. Uno de ellos sería el de incidir en nuestro ADN, con el mal propósito de inducir mutaciones malignas. Pues bien, el sulforafano contribuye decisivamente a evitar tal disturbio.

     


    Por otra parte, el sulforafano es capaz de activar a una sustancia implicada en la estimulación de genes protectores de nuestras células (citoprotectores), como los que codifican la síntesis de antioxidantes, proteínas que depuran metales pesados, enzimas que metabolizan drogas y tóxicos, enzimas regeneradoras (NADPH). Me estoy refiriendo al denominado factor nuclear eritroide 2 (Nrf2), el cual estimula a los genes responsables de optimizar la función celular. Siendo los más importantes los que codifican la síntesis de las enzimas principales de fase II: la glutatión-S-transferasa(GST), la uridinadilfosfato-glucuroniltransferasa(UGT) y, sobre todo, la quinona reductosa (QR). Una de las acciones de estas enzimas es la de reducir las toxinas implicadas en el inicio y en la progresión de un cáncer.

     


    La investigación científica actual ha revelado la gran capacidad de activar al Nrf2 por parte del sulforafano, bastante superior a la exhibida por una serie de polifenoles, como la curcumina, la silymarina y el resveratrol

     


    Recientemente se ha publicado una excelente revisión sobre el sulforafano y otros activadores del Nrf2, (7) firmada por Christine A. Houghton y colegas, en una revista de gran prestigio, Oxidative Medicine and Cellular Longevity. El que tenga interés en profundizar más en el tema, aconsejo su lectura.

     

     

    Neutralización de los tres pilares cancerígenos

     

    En los anteriores apartados hemos visto la gran capacidad del brécol para derruir los tres pilares en los que se asienta el desarrollo del cáncer: inflamación crónica, estrés oxidativo y escasa desintoxicación.

     


    Quizá por todo ello se están multiplicando los trabajos científicos que demuestran las propiedades anticancerígenas del brécol, reduciendo el riesgo de desarrollar una serie de tumores malignos: colon, (8,9) próstata, (10,11) mama, (12,13) vejiga, (14,15,16), pulmón, (17,18) ovario, (19) leucemia linfática crónica, entre otros.

     

     

    Cáncer de pulmón: Efecto preventivo del brécol
       

    Como neumólogo no he podido resistir la tentación de resumir algunos artículos científicos que revelan la capacidad del brécol para reducir el riesgo de cáncer de pulmón.

     


    Empezaremos con el meta-análisis dirigido por Tram Kim Lam, miembro del Departamento de Prevención Oncológica del Instituto Nacional del Cáncer de USA, publicado en enero de 2009 en una revista de gran prestigio, Cancer Epidemiology Biomarkers & Prevention.20 Estos autores efectuaron una revisión sistemática de los artículos que valoraron la relación entre el cáncer de pulmón y consumo de crucíferas, como el brécol. Sólo treinta artículos superaron los exigentes criterios de selección: dieciocho valoraron la asociación entre el consumo de vegetales totales, incluyendo las brasicáceas, y el cáncer de pulmón (6 de cohorte y 11 de casos y controles); once se centraron en el consumo específico de crucíferas y el citado cáncer. Pues bien, sus resultados fueron muy elocuentes: en los estudios de casos y controles se observó una reducción del 22 % del riesgo de cáncer de pulmón entre las personas que consumieron más verduras crucíferas con respecto a los que consumieron menos, mientras que en los estudios de cohorte la disminución del riesgo fue del 17%, independientemente del hábito tabáquico. Además, comprobaron que la reducción del riesgo era sensiblemente mayor entre el colectivo de personas que tienen variantes genéticas anómalas de glutatión-S- transferasa (como GSTM1 y GSTT1), una enzima de fase II, antes mencionada. Parece lógico este último resultado, dada la gran capacidad de las crucíferas, sobre todo del brécol, de estimular los procesos de desintoxicación dependientes de enzimas de fase II, merced a su riqueza en sulforafano.

     


    El año siguiente alumbró otra publicación de este mismo grupo (Tram Kim Lam y colegas), en la que valoraron la relación entre el consumo de crucíferas y el riesgo de cáncer de pulmón, mediante un estudio de casos y controles, con un control exhaustivo del tabaquismo como gran variable de confusión. En síntesis, compararon a 274 casos de cáncer broncopulmonar (incidentes entre 1990 y el 2005) con 1089 sujetos libres del citado cáncer. Sus resultados sobrepasaron las expectativas previas, pues la reducción del riesgo de cáncer pulmonar entre fumadores y exfumadores que consumieron más verduras de la familia de las brasicáceas o crucíferas fue de un 43%, cuando eran comparados con los que ingirieron menos. En cambio, entre los nunca fumadores no observaron tal reducción. (21)

     


    El tercer trabajo que deseo comentar es el dirigido por Q. J. Wu y B. Xiang (primer y último firmante del artículo), quienes comprobaron la asociación entre el consumo de verduras crucíferas y el riesgo de cáncer de pulmón entre mujeres chinas de Shangai, mediante un estudio prospectivo y un meta-análisis. Sus conclusiones las publicaron en una revista norteamericana de prestigio, Annals of Oncology (abril de 2013). 22 En esencia, lo que hicieron fue estudiar a 74.914 mujeres de 40 a 70 años, participantes del Estudio de Salud en Mujeres de Shangai, a las que siguieron durante una media de 11 años, al cabo de los cuales 417 desarrollaron cáncer de pulmón. Cuando compararon a las que consumieron más crucíferas con las que ingirieron menos, observaron que las primeras se beneficiaban de una reducción del 27% del riesgo de cáncer de pulmón. Además, la disminución del riesgo era sensiblemente mayor entre las mujeres que nunca fumaron tabaco: 41% de reducción (HR 0,59; 95% CI 0,40-0,87). 22 Estas conclusiones fueron refrendadas por el meta-análisis efectuado por este mismo grupo. La prevalencia de tabaquismo en China parece ser bastante menor que en Occidente.

     


    Finalmente, existe un estudio que sugirió que el consumo regular de crucíferas es capaz de reducir significativamente el riesgo de cáncer de pulmón entre fumadores. Se trata del publicado en abril de 2010 en otra revista de prestigio de EEUU (Bio Med Central), que fue dirigido por Li Tang y Kirsten B Moysich. Estos autores compararon a 948 casos de cáncer de pulmón con 1.743 sanos (casos y controles), con el objeto de comprobar una supuesta asociación entre la ingesta regular de frutas, verduras, en general, y crucíferas, en particular, con el riesgo de cáncer de pulmón. Estratificaron escrupulosamente el hábito tabáquico de los participantes, clasificándolos en nunca fumadores, fumadores actuales o activos y exfumadores. Pues bien, observaron que la ingesta regular de frutas y verduras, en general, se asociaba a una significativa reducción del riesgo de cáncer de pulmón entre nunca fumadores. Sin embargo, la ingesta específica de crucíferas (el brécol como gran estrella por su riqueza en sulforafano) se acompañaba de una significativa disminución del riesgo de desarrollar cáncer broncopulmonar entre el colectivo de fumadores, sobre todo de exfumadores.

     


    Estos mismos autores, cuando evaluaron la intensidad y la duración del hábito tabáquico observaron que los fumadores intensos (más de 20 cigarrillos al día) fueron los que más se beneficiaron del consumo de vegetales totales y de crucíferas: de un 32% a un 48% de reducción del riesgo de cáncer de pulmón por parte de los mayores consumidores de estas verduras con respecto a los que las consumían menos. Con respecto a la duración del hábito tabáquico, los que más se beneficiaron del consumo de crucíferas fueron los que fumaron no más de 30 años.

     


    También comprobaron que los que ingerían estas verduras crudas obtenían los mejores resultados. Además, sus resultados se incrementaban con la dosis consumida, pues los que consumían 4,5 raciones mensuales de crucíferas sin cocinar experimentaban una reducción del 55% del riesgo de desarrollar este cáncer, con respecto a los que sólo consumían 2,5 raciones de crucíferas crudas.

     


    Por otra parte, cuando evaluaron los cuatro tipos histopatológicos de cáncer de pulmón, comprobaron que la reducción del riesgo de sufrir este cáncer era sensiblemente mayor entre los que sufrieron carcinomas epidermoides y carcinomas de células pequeñas, que son los dos tipos que se asocian íntimamente al consumo tabáquico.

     


    Bueno, no quiero concluir este apartado sin dejar de recordar que la primera causa de cáncer de pulmón es el tabaquismo, por lo que la mejor medida de prevención primaria siempre será reducir la incidencia del hábito tabáquico. Para los fumadores, no hay otra opción que dejar de fumar inmediatamente, antes de que se cumpla el periodo de inducción de este temible cáncer. Luego no valdrá lamentarse. Como siempre digo, la mejor inversión en salud para un fumador activo es dejar de fumar. Sin duda.

     

     

    ¿Qué cantidad de brécol hay que consumir para reducir el riesgo de cáncer?

     

    Aunque al principio de este artículo ya tratamos este punto, me voy a centrar en este apartado en el consumo aconsejado de brécol para reducir el riesgo de cáncer. No parece haber muchas diferencias, como veremos a continuación.

     


    Parece que las investigaciones más recientes están revelando que podría bastar con ingerir una media ración por día de brécol, esto es, unos 80 gramos, equivalentes a tan solo 22 kilocalorías, para reducir significativamente el riesgo de cáncer. Si no deseamos consumir diariamente esta verdura, podríamos hacerlo en dos días de la semana, pero comiendo dos raciones (150 gramos por ración)

     


    Parece que el efecto es mayor a medida que incrementamos el consumo de esta brasicácea, pues con la ingesta diaria de unos 250 gramos por día (1,6 raciones) se ha observado una significativa eliminación urinaria de potenciales carcinógenos. Otros estudios abogan por ingerir cantidades más generosas, como unas tres raciones diarias.

     


    Sin ánimo de liar mucho al personal, en España hay expertos que creen que con 200 gramos diarios de brécol sería suficiente para prevenir el cáncer de mama, próstata, colon y pulmón. Así lo atestiguaron, en septiembre de 2016, investigadores del Laboratorio de Fitoquímica del Departamento de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de CEBAS-CSIC (Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura-Centro Superior de Investigaciones Científicas), que colaboran con + Brócoli, asociación sin ánimo de lucro que tiene como objetivos incrementar el consumo de esta verdura y dar a conocer los efectos saludables inherentes a su consumo. Estos investigadores aconsejan ingerir al menos tres raciones semanales de brécol.

     


    Lo que sí parece evidente es que el brécol es el alimento más rico en glucosinolatos, como la glucorafanina, el gluconastartium y la glucobrasacina, muy superior al resto. Por ello, su consumo regular servirá, sin duda, para prevenir situaciones de deficiente desintoxicación de sustancias peligrosas para la supervivencia y buen funcionamiento de nuestras células.

     


    El resto de efectos saludables del brécol (cardiovasculares, digestivos, respiratorios, metabólicos…) los analizaremos en el artículo del próximo mes.

                                            

    Dr. Félix Martín Santos

     

     

    Bibliografía:

     

    1. The world´s healthiest foods. htpp://www.whfoods.org/

     


    2. Minich DM, Bland JS. A review of the clinical efficacy and safety of cruciferous vegetable phytochemicals. Nutr Rev. 2007; 65 (6 Pt 1): 259-67

     


    3. Weng JR, Tsai CH, Kulp SK, et al. Indole-3-carbinol as a chemoppreventive and anticancer agent. Cancer Lett. 2008; 262 (2): 153-63

     


    4. Keck AS, Finley JW. Cruciferous vegetables: cáncer protective mechanisms of glucosinolate hydrolysis products and selenium. Integr Cancer Ther. 2004; 3 (1): 5-12.

     


    5. Prawan A, Saw CL, Khor TO, et al. Anti-NF-kappaB and anti-inflammatory activities of synthetic isothiocyanates: effect of chemical structures and cellular signaling. Chem Biol Interact. 2009 May 15;179(2-3):202-11. 2009.

     


    6. Sulforaphane and its methylcarbonyl analogs inhibit the LPS-stimulated inflammatory response in human monocytes through modulating cytokine production, suppressing chemotactic migration and phagocytosis in a NF-κB- and MAPK-dependent manner. Reddy SA, Shelar SB, Dang TM, Lee BN, Yang H, Ong SM, Ng HL, Chui WK, Wong SC, Chew EH. Int Immunopharmacol. 2015 Feb;24(2):440-50. doi: 10.1016/j.intimp.2014.12.037. Epub 2015 Jan 10.

     


    7. Oxidative Medicine and Cellular Longevity. Volume 2016 (2016), Article ID 7857186, 17 http://dx.doi.org/10.1155/2016/7857186. Review Article. Sulforaphane and Other Nutrigenomic Nrf2 Activators: Can the Clinician’s Expectation Be Matched by the Reality? Christine A. Houghton, Robert G. Fassett, and Jeff S. Coombes

     


    8. Yang G, Gao YT, Shu XO et al. Isothiocyanate exposure, glutathione S-transferase polymorphisms, and colorectal cancer risk. Am J Clin Nutr. 2010 Mar;91(3):704-11. 2010

     


    9. Nakamura Y, Yogosawa S, Izutani Y et al. A combination of indol-3-carbinol and genistein synergistically induces apoptosis in human colon cancer HT-29 cells by inhibiting Akt phosphorylation and progression of autophagy. Mol Cancer. 2009 Nov 12;8:100. 2009

     


    10. Traka M, Gasper AV, Melchini A et al. Broccoli consumption interacts with GSTM1 to perturb oncogenic signalling pathways in the prostate. PLoS One. 2008 Jul 2;3(7):e2568. 2008

     


    11. Prospective Study of Fruit and Vegetable Intake and Risk of Prostate Cancer. Victoria A. Kirsh, Ulrike Peters, Susan T. Mayne, Amy F. Subar, Nilanjan Chatterjee, Christine C. Johnson, Richard B. Hayes and on behalf of the Prostate, Lung, Colorectal and ovarian cancer screening trial. JNCI. 2007. 1200-1209

     


    12. Breast Cancer Risk in Premenopausal Women Is Inversely Associated with Consumption of Broccoli, a Source of Isothiocyanates, but Is Not Modified by GST Genotype . 2004 The American Society for Nutritional Sciences. Christine B. Ambrosone, Susan E. McCann, Jo L. Freudenheim, James R. Marshall, Yueshang Zhang, and Peter G. Shields

     


    13. Dietary flavonols and flavonol-rich foods intake and the risk of breast cancer. IJC International Journal of Cancer. Volume 114, Issue 4. 20 April 2005 .Pages 628–633 Clement A. Adebamowo...Michelle D. Holmes 

     


    14. Larsson SC, Andersson SO, Johansson JE, et al. Fruit and vegetable consumption and risk of bladder cancer: a prospective cohort study. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2008 Sep;17(9):2519-22. 2008

     


    15. Silberstein JL, Parsons JK. Evidence-based principles of bladder cancer and diet. Urology. 2010 Feb;75(2):340-6. 2010.

     


    16. Tang L, Zirpoli GR, Guru K et al. Consumption of Raw Cruciferous Vegetables is Inversely Associated with Bladder Cancer Risk. Cancer Res. 2007 Apr 15;67(8):3569-73. 2007

     


    17. Isothiocyanates, glutathione S-transferase M1 and T1 polymorphisms, and lung-cancer risk: a prospective study of men in Shanghai, China.  Dr Stephanie J London, MDa, b, , Jian-Min Yuan, MDa, Fung-Lung Chung, PhDc, Yu-Tang Gao, MDd, Gerhard A Coetzee, PhDa, Ronald K Ross, MDa, Mimi C Yu. THE LANCET. Volume 356. Issue 9231, 26 August 2000, pages 724-729

     


    18. Cruciferous vegetable intake is inversely associated with lung cáncer risk among smokers: a case control study. Bio Med Central Cancer 2010. Li Tang, Gary R Zirpoli…Kirsten B Moysich.

     


    19. A prospective study of dietary flavonoid intake and incidence of epithelial ovarian cancer. Margaret A. Gates... Susan E. Hankinson. International Journal of Cancer. Volume 121, Issue 10. 15 November 2007. Pages 2225–2232

     


    20. Cruciferous Vegetable Consumption and Lung Cancer Risk: A Systematic Review. Tram Kim Lam , Lisa Gallicchio, Kristina Lindsley, Meredith Shiels,Edward Hammond, Xuguang (Grant) Tao, Liwei Chen, Karen A. Robinson ,Laura E. Caulfield, James G. Herman, Eliseo Guallar and Anthony J. Alberg

     


    21. Cruciferous Vegetable Intake and Lung Cancer Risk: A Nested Case-Control Study Matched on Cigarette Smoking. Tram Kim Lam , Ingo Ruczinski, Kathy J. Helzlsouer, Yin Yao Shugart,Laura E. Caulfield and Anthony J. Alberg. Cancer Epidemiology Biomarkers & Prevention. October 2010., 19, 2534.

     


    22. Cruciferous vegetables consumption and the risk of female lung cancer: a prospective study and a meta-analysis. Q. J. Wu1 , L. Xie , W. Zheng, E. Vogtmann, H. L. Li, , G. Yang, B. T. Ji,Y. T. Gao, X. O. Shu and Y. B. Xiang. Oxford Journals. Medicine & Health. Annals of Oncology. Volume 24, Issue 7. Pp. 1918-1924.

     


    23. Cruciferous vegetable intake is inversely associated with lung cáncer risk among smokers: a case-control study. Li Tang, Gari R Zirpoli…Kirsten B Moysich. Bio Med Central.27 april 2010.

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     


    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


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  • 05/07/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Sierra de Las Quilamas: Ruta desde San Miguel de Valero hasta San Esteban de la Sierra

    Sierra de Las Quilamas: Ruta desde San Miguel de Valero hasta San Esteban de la Sierra


    En la Sierra de las Quilamas salmantina existe una insólita ruta entre San Miguel de Valero y San Esteban de la Sierra, que surca excepcionales miradores y atraviesa quebradas montañas, apartados valles, inexplorados regatos, donde prosperan almeces u hojaranzos, cornicabras y lentiscos, que dan fe de la pureza del lugar.


    El excelente grado de conservación de sus ecosistemas enriquece y da lustre a la Reserva de la Biosfera de Béjar-Francia (UNESCO, 2006), a la que pertenece la Sierra de las Quilamas. Además, la presencia de buitres negros, cigüeña negra, buitres leonados, entre otras muchas aves, fue determinante para honrarla con la distinción de Zona de Especial Protección de las Aves (ZEPAs).

     

    San Miguel de Valero: Cooperativa Reina Kilama (Miel y Polen)

     

    Esta singular ruta la efectué, por primera vez, durante un cálido día de julio de 2017, acompañado y guiado por mi buen amigo Rafael Navarro, natural de Valero, desde hace décadas afincado en San Miguel, que conoce la Sierra de las Quilamas como la palma de su mano, merced a que la recorrió múltiples veces en su infancia y adolescencia, mientras ejercía precozmente su antiguo trabajo de cabrero. Actualmente, cuando su trabajo de apicultor se lo permite, le gusta emprender rutas por parajes tan queridos, a fin de mostrárselas a los que tenemos la suerte de acompañarlo.

     


    La ruta la iniciamos en la Cooperativa Reina Kilama (miel y polen), ubicada en las afueras de San Miguel de Valero. Al poco de sobrepasarla, el duro pavimento asfaltado, por el que discurríamos, se tornó terroso y mullido, enmarcado por pinos que dejaban ver en lontananza las imágenes del Castillo de Valero y de la Peña de Francia. Un poco antes, dejamos, a nuestra derecha, una plantación de cerezos con algún manzano aislado.

     


    El camino inmediatamente gira a la izquierda y tras progresar un pequeño trecho, Rafa empezó a narrarme lo que sabe y ve: “Cuando yo era un muchacho, esta ladera que ves a nuestra derecha era el cementerio de los animales. Desde Valero siempre veíamos buitres sobrevolar esta zona. A un señor se le moría un burro, a esta garganta lo llevaba, que era una cabra la que moría, aquí la tiraba.”

     

     

    Sucesión de atalayas y miradores de la sierra

     

    Al poco tiempo, empezamos a contemplar una sensacional panorámica del valle forjado por el río Quilamas. “Esto es divino, macho. Si quieres realizaruna buena foto de toda la Quilama, hazla desde aquí. No encontrarás un sitio mejor que éste”, me refería Rafa, pleno de entusiasmo.

     

    Panorámica del valle de las Quilamas desde terrenos de San Miguel de Valero, donde se aprecia la carretera que comunica Valero con San Miguel.

     

    No le falta razón a Rafa, pues, mirando al noroeste, puede apreciarse una imagen nítida de los montes que circundan el curso del río Quilamas, donde destaca, a la izquierda, la mole del Castillo de Valero, en tanto que, prácticamente en el centro de la cabecera del valle, se observa el Pico de la Cueva. Además, se aprecia muy nítidamente la carretera de San Miguel a Valero, zigzagueando por la sierra.

     

    Durante un buen tramo, caminando entre pinos y jaras, la panorámica de la sierra de las Quilamas seguía enseñoreándose del paisaje, especialmente, tras remontar una pequeña cuesta y llegar a una atalaya, desde donde Rafa seguía transmitiendo su conocimiento y pasión sobre las tierras que le vieron nacer: “Mira, desde aquí vemos, a la derecha, El Mojón del Marrano, el Pico Cervero, por encima de Castildecabras, y Pico Chico. A la izquierda, tenemos la hondonada de la Palla. Además, fíjate bien, se ven muchas rutas, como la ruta del Hueco, la de la Palla, la del pico Porrejón, la de la chorrera de Jigareo. Todas se ven desde aquí.”

     


    Cuando llevábamos andado poco más de medio kilómetro desde la cooperativa apícola, apareció, a nuestra derecha, el repetidor de Valero, ubicado en terrenos de San Miguel, momento que aprovechó Rafa para referirme la causa de tal hecho, como sigue: “Cuando en el año 65 del pasado siglo, llegaron las televisiones a los pueblos de la sierra, todos podían verlas con las señales del repetidor de la Peña de Francia menos los de Valero, por estar en la profundidad del valle, por lo que se vieron en la necesidad de solicitar permiso al Ayuntamiento de San Miguel para construir un repetidor en sus terrenos, mucho más altos. Entonces, el alcalde de este último pueblo, íntimo amigo de mi padre, se lo concedió a cambio de un gran arco que formaba parte de una ermita de Valero, justo el que ves en la entrada de San Miguel.”

     

                                      Repetidor de Valero en tierras de San Miguel ( 09-07-2017).

     

    Según me narraba Rafa éste y otros hechos, con su gracia y acento serrano, prosperaba mi conocimiento sobre la sierra de las Quilamas, tierra que también vio nacer a mis ancestros maternos y por la que siento verdadera devoción.

     

                                        Pinares de San Miguel, ubicados en antiguos terrenos de fresas

     

    Tras andar, en torno a un kilómetro y medio, entre pinares plantados hace unos cuarenta años, a raíz del ocaso de las plantaciones de fresas, que entonces eran las dueñas de estos terrenos, llegamos a ver, a nuestra derecha, un pequeño acceso a otro excelente mirador de la sierra, al que decidimos acercarnos.  

     

     Panorámica de la sierra de las Quilamas, subcomarca de la Sierra de Francia y las Batuecas: Por detrás de Rafa se vislumbra, en lontananza, el caserío de Miranda del Castañar.

     

    Entonces, abandonamos brevemente el camino principal para adentrarnos entre jaras y cantuesos hasta llegar a un terreno despejado, junto a unas colmenas, desde donde se vuelve a observar una excelente panorámica de la sierra de Quilamas así como de las Batuecas y Sierra de Francia. En lontananza, al suroeste se observaba bastante bien el caserío de Miranda del Castañar.

     


    Después de gozar con la anterior panorámica, regresamos al camino por el que discurrimos durante un tramo más, hasta llegar a una bifurcación, donde dejamos el camino de la izquierda, que conduciría a San Miguel, y proseguimos por el de la derecha. A partir de ahora, ya no caminaremos a la sombra de los pinos, que nos habían protegido de las radiaciones solares durante los casi dos kilómetros de trayecto recorridos.

     

    Rafael Navarro posa orgulloso desde una atalaya desde la que se divisa Valero, el pueblo que le vio nacer. (09-07-2017)

     

    Rafa y Félix en el mirador desde el que se divisa Valero, en el centro del valle de las Quilamas. 09-07-2017

     

    Tras andar un trecho más, en leve descenso, surge, a nuestra derecha, un pequeño sendero, por el que, entonces, nos introducimos, a fin de acceder a otra gran atalaya, el llamado Cuerno de Calamorros, según Rafa, y Cuerno de Catamoros, según el programa IBERPIX 4, del Instituto Geográfico Nacional (IGN), para lo cual tuvimos que progresar cerca de medio kilómetro, entre lanchas de pizarra y alguna colmena aislada. Cuando, por fin, llegamos, observamos una excelente panorámica de Valero, al oeste y relativamente cercano a nosotros, en tanto que más bajo y al suroeste se aprecia el Piélago, muy cerca del cual el río Quilamas desemboca en el Alagón. Más en lontananza y a buena altura se contempla Miranda del Castañar.

     

    Ruta entre San Miguel y San Esteban de la Sierra: Panorámica del Piélago, abajo, junto a la carretera, y, más en lontananza, Miranda del Castañar.

     

    Cuando, después de contemplar tan estimulante panorámica, regresamos al camino, ya habíamos recorrido tres kilómetros y medio.

     

     

    Descenso hasta el pinar del tío Bernabé, bordeando el valle de Valdecabras


    A continuación, anduvimos un breve trecho para, enseguida, proceder a descender rodeados por la omnipresente jara y vigilados por los buitres negros y leonados, que se enseñoreaban del cielo, mientras la cigarra nos acompañaba con su monótono canto.

     

    Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: descendiendo por un estrecho sendero, entre jaras

     

    Cuando la pendiente se torna más pronunciada, contemplamos, a nuestra derecha, el valle de Valdecabras, que bordearemos durante casi medio kilómetro.

     

    Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: Bordeando el valle de Valdecabras mientras descendemos.

     

    En el valle de Valdecabras, aún subsiste, poderoso, un longevo castaño, regado por un arroyo, que nace de cercana fuente. Según me cuenta Rafa, en la parte baja del valle, sus paisanos de Valero, plantaban olivos, mientras que las cotas más altas las reservaban para viñedos, de los que se obtenía un vino de mucha graduación, por beneficiarse de muchas horas de sol.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Atravesando el pinar del tío Bernabé

     

    Tras progresar un trecho más por este sendero pedregoso, nos topamos con el pinar del tío Bernabé, que será preciso atravesar durante cuatrocientos metros, al cabo de los cuales se nos ofrece una buena panorámica de San Esteban de la Sierra, que ya empezaba a vislumbrarse al poco de entrar al pinar.

     

    Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: Al poco de salir del pinar del tío Bernabé se divisa San Esteban. (09-07-2017)

     

     

    Descenso desde el pinar del tío Bernabé hasta el camino de Valero a San Esteban, atravesando el paraje y el regato de La Berringa o La Barriega

     

    A continuación del pinar y a nuestra derecha, se halla el olivar del tío Manuel, que también pertenece a Valero. Al llegar a su nivel, es penoso contemplar bastantes olivos secos, invadidos por carrascas y altas escobas.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban: El pinar del tío Manuel, invadido por la jara, escobas, carrascas y pinos.

     

    Sin embargo, en la ladera de la izquierda, se observa un olivar muy bien cuidado, el del tío Amador, que pertenece a San Miguel, según me refiere Rafa.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban: En la ladera de la izquierda se ve el cuidado olivar del tío Amador

     

     

    Cuando hace un año efectuamos esta ruta por terrenos y parajes tan poco hollados, observamos tras descender como una centena de metros desde el punto anterior, que el sendero parecía perderse, por lo que tuvimos que descender abriéndonos paso entre jaras, escobas y carrascas. En cierto momento, pisamos los restos de una antigua tapia derrumbada, que entonces nos sirvió de improvisada calzada. Sin embargo, al poco tiempo de realizar este singular recorrido, operarios del Ayuntamiento de San Miguel de Valero, labraron un verdadero camino que permitía acceder sin mucho esfuerzo hasta el antiguo camino de Valero a San Esteban de la Sierra. No obstante, lo describiré como antaño lo hicimos, para transmitir parte de la emoción, verdadera aventura, que Rafa y yo experimentamos mientras descendíamos por terreno tan quebrado. Prosigamos, pues.

     


    Mientras bajábamos, Rafa me refirió que estábamos en el paraje o pago de la Berringa, dos laderas montañosas separadas por el regato homónimo, cuyo cauce buscábamos (regato de la Barriega, según el ING).

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Paraje y regato de la Berringa (La Barrienga, según el ING)

     

    Cuando, tras descender unos cuantos metros más por abrupto y difícil terreno, llegamos al citado regato nos dejamos arrullar por la cantarina agua del mismo al tiempo que nos refrescamos  con líquido tan virginal.

     

    Ruta de San Miguel de Valero a San Esteban de la Sierra: Rafa refrescándose en el regato de la Berringa (La Barriega).

     

    A continuación, al no ver sendero alguno por el que pasar, decidimos descender siguiendo el curso del regato, pues su escasa agua nos dejaba pisar, en bastantes tramos, su lecho pizarroso. Mientras tanto, Rafa me seguía ilustrando sobre las tierras y parajes circundantes. Así, me refirió que los olivares que se empeñan por sobrevivir a ambos lados de este caprichoso curso de agua pertenecen a San Miguel en tanto que los huertos de la cuenca del mismo, la mayor parte perdidos actualmente, tienen como dueños a los habitantes de Valero. ¡Dios! Rafa se acuerda de los nombres de todos sus antiguos dueños.

     

    Antiguos cercados pétreos junto al regato de la Berringa en la ruta de San Miguel a San Esteban (09-07-2017)

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban: Lecho pizarroso del regato de la Berringa (Barriega)

     

    Tras breve descenso, llega un momento en que la maleza no permite progresar por el regato, por lo que salimos de su lecho, ascendiendo, por la derecha, entre peñascales de pizarra y, luego, remontando tapias de olivares, ya perdidos, rozando matas de rusco, para, enseguida, volver al cauce del regato, por el que no proseguimos sino que lo atravesamos, a fin de ascender, ahora, por la ladera izquierda. De esta suerte, faldeando entre estepas y carrascas, hallamos, por fin, el camino que comunica Valero con San Esteban de la Sierra.  

     

     

    Descansando a la sombra de almeces u hojaranzos

     

    Ya, en pleno camino, nos sosegamos un poco, y comprobamos que desde donde estamos hasta el olivar del tío Manuel, por donde empezó nuestro abrupto descenso, no hay más de medio kilómetro.  Además, mi aplicación del móvil me permite saber que desde la cooperativa apícola de San Miguel, donde iniciamos la ruta, hasta aquí hay poco menos de cinco kilómetros y medio (5310 metros).

     


    También comprobamos que el nivel en el que desembocamos corresponde con una raya divisoria de tres pueblos: Valero, a nuestra derecha, al oeste; San Miguel, al norte, a nuestra espalda; y San Esteban de la Sierra, a nuestra izquierda, al este-sureste.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban: Nos sentamos a la sombra de varios almeces, tras descender por el regato de la Barriega (09-07-2017)

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban: Almeces u hojaranzos en el camino que comunica Valero con San Esteban

     

    Mientras comíamos unas viandas a la sombra de varios fresnos y hojaranzos o almeces, Rafa volvió a mostrar su gran conocimiento. Así, por ejemplo, me refirió que las hojas del hojaranzo son muy nutritivas para el ganado porcino, por lo que era costumbre recoger unos buenos haces de sus ramas para, luego, en casa, desprender las hojas, con objeto de introducirlas en grandes calderos de agua con salvado y, posteriormente, añadirlas a la ración diaria. De esta forma, los cerdos engordaban rápido y efectivamente.

     

    Camino de Valero a San Esteban de la Sierra: Cornicabras y lentiscos se hibridan frecuentemente

     

    En tanto seguíamos sentados, comiendo frugalmente y bebiendo agua con placer, Rafa escudriñaba toda la vegetación que nos rodeaba, con el propósito de recordar y, luego, referirme sus antiguas y naturales aplicaciones. De esta guisa, después de contar las propiedades de las hojas del almez, me dijo que las hojas del fresno eran muy apreciadas por las cabras, que ramoneaban con deleite. Luego, viendo varios lentiscos y cornicabras (que se hibridan frecuentemente) junto a nosotros, refirió que con tales plantas elaboraban excelentes escobas.

     


    Antes de levantarnos y proseguir la ruta, Rafa, recordando lo que nos había costado llegar hasta aquí, hizo una nueva reflexión: “Una vez sobrepasado el pinar del tío Bernabé, no teníamos que haber buscado tan rápido el regato de la Berringa, sino haber continuado por arriba, siguiendo la línea del olivar de Manuel, para llegar más cómodamente a este camino de Valero y San Esteban”.

     


    Como ya dijimos antes, el sendero por el que hubiéramos descendido más cómodamente fue incluso ensanchado y adecentado poco tiempo después.

     


    En cualquier caso, el medio kilómetro de descenso por un inexplorado camino, vadeando y cruzando el río, encaramándonos por las laderas que lo arropan y abriéndonos camino entre carrascas, jaras y escobas, nos hizo vivir una estimulante y saludable aventura, con buen final: hallamos el camino y agradecimos más el sosiego subsiguiente.

     


    Un poco antes de proseguir por el nuevo y ancho camino, nos dio tiempo a contemplar, abajo y a nuestra derecha, el curso del regato de la Berringa,con un bosque galería constituido por numerosos fresnos y bastantes hojaranzos, que lo acompañan hasta su desembocadura en el vecino río Alagón.

     

     

    Prosiguiendo por el camino de Valero a San Esteban: Bosquete de almeces, olivares y encinas.

     

    Ya en el camino de Valero a San Esteban, avanzamos a la sombra de múltiples encinas, bastantes ejemplares de cornicabra y algunos bancales de olivos y, tras andar poco más de medio kilómetro (unos 700 metros), un bosquete de almeces, a nuestra derecha, cuyos ejemplares pugnan por sobrevivir a un fuerte estrato arbustivo, que los ahoga sin piedad, por no beneficiarse de la correspondiente limpieza. A pesar de ello, dejan ver su rectilíneo tronco con su lisa y grisácea corteza así como sus hojas, aovado-lanceoladas, finamente aserradas

     

    Camino de Valero a San Esteban: Bosquete de almeces u hojaranzos

     

    Un poco más de camino y llegaremos a un claro, a nuestra derecha, desde donde se divisa el curso del río Alagón y el valle correspondiente, en cuya ladera izquierda, la ubicada enfrente de nosotros, se aprecia el castañar del Torozo, al fondo y al suroeste, rodeado por canchales de pizarra, y se halla la fuente del Avellano, un poco más abajo, junto al río.

     

    Valle del Alagón, en el camino de Valero a San Esteban.

     

                                   Camino de Valero a San Esteban: Olivar del tío Julio.

     

    Cuando llevábamos recorrido como un kilómetro por este ancestral camino vecinal, descubrimos, también a nuestra derecha, un olivar muy bien cuidado, el del tío Julio, natural y residente en Valero. Nos llamó la atención, la presencia de plásticos colgados de las ramas de los olivos, colocados con el propósito de ahuyentar al jabalí, mediante el ruido producido al ser agitados por el viento. Aunque, según Rafa, la eficacia de tal estrategia es más bien pobre, pues el suido no se atemoriza y, por ende, come todas las aceitunas caídas en el suelo.

     


    Si continuamos un pequeño tramo más, nos toparemos con un improvisado mirador, a nuestra derecha, desde el que se divisa en plenitud el caserío de San Esteban de la Sierra.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Panorámica de San Esteban en el camino procedente de Valero.

     

    Ruta de San Miguel a San Esteban de la Sierra: Panorámica de San Esteban en el camino procedente de Valero

     

    El camino nos conduce a San Esteban entre escobas, jaras y lentiscos, observando, un poco más adelante, un pequeño almez, marchitándose por el sol y la sequía.

     


    Avanzamos un trecho más y nos vemos obligados a atravesar un pequeño puente bajo el que discurre un arroyo que, enseguida, entrega sus aguas al Alagón. Luego, pasamos junto a unas derruidas almazaras.

     

    Puente medieval sobre el río Alagón, a la entrada de San Esteban de la Sierra

     

    A punto de entrar en el puente medieval sobre el río Alagón en San Esteban de la Sierra.

     

    Después de progresar un corto tramo más, observamos unos buenos ejemplares de olivo, que nos anuncian la presencia del puente medieval de tres arcos sobre el río Alagón, que sobrepasamos para entrar, entre viñedos, a San Esteban de la sierra.

     

    Entrando en San Esteban de la Sierra, tras efectuar la ruta que lo comunica con San Miguel de Valero, a través de las Quilamas.

     

    Ya en el pueblo, ascendemos por sus empinadas calles, dejando, a nuestra derecha, dos fuentes de tipología romana, con cubierta a dos aguas y con buena bóveda pétrea.

     

    Mapa del IGN (IBERPIX 4), con parte de la ruta seguida por nosotros para llegar de San Miguel a San Esteban de la Sierra.

     

    Una vez cumplido nuestro objetivo, ir desde San Miguel de Valero hasta San Esteban de la Sierra por una ruta un tanto insólita y poco convencional, pues atraviesa una parte de las Quilamas por caminos y senderos poco frecuentados, e incluso, algunos, sin explorar como el descenso de medio kilómetro entre el pinar del tío Bernabé hasta el camino de Valero a San Esteban, a través del valle y regato de la Berringa o la Barriega, será preciso regresar al punto de partida, esto es, a San Miguel. Para ello, existen varias posibilidades, que oscilan desde desandar lo andado por el mismo trayecto, hasta esperar tranquilamente en San Esteban a algún buen amigo para que nos lleve en coche hasta San Miguel, pasando por regresar por el camino de San Esteban a Valero y, a continuación, ascender por el ancestral camino que permitía comunicar Valero con San Miguel.

     


    Nosotros, dado que habíamos quedado a comer con nuestras respectivas cónyuges y temíamos desairarlas, decidimos llamar a Pepe, un buen amigo de Rafa, para que amablemente nos subiera en su coche hasta San Miguel. 

     


    En fin, excursiones como la referida sirven de magnífico bálsamo para aliviar el desbordante estrés que, a veces, nos acongoja y atenaza. No dudemos, por tanto, en aventurarnos en rutas similares, sobre todo, si vamos tan bien acompañados como lo fui yo, aquel 9 de julio de 2017, cuando la efectué felizmente, merced al esmero, tesón y profundo conocimiento de mi querido amigo Rafa.

     

    Dr. Félix Martín Santos

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     

    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     



     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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  • 06/06/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Prevención del cáncer de endometrio por la actividad física regular

    Prevención del cáncer de endometrio por la actividad física regular

     


    Los estudios científicos más recientes están revelando que las mujeres que practican regularmente ejercicio físico aeróbico es muy probable que se beneficien de una reducción significativa del riesgo de desarrollar el cáncer ginecológico más frecuente, el que afecta a la mucosa del cuerpo del útero (endometrio).

     


    Parece que cuando el esfuerzo es tan relevante como para incrementar la frecuencia respiratoria, el ritmo cardíaco y la sudoración global se consigue reducir o alterar favorablemente el mecanismo biológico por el que se gesta este tumor maligno: el aumento de la concentración sanguínea y tisular de estrógenos no contrarrestada por el consiguiente incremento de los niveles de progesterona. Además, tal efecto beneficioso es obtenido tanto directamente cuanto indirectamente, dada la efectividad de la actividad física aeróbica regular para reducir la obesidad y la resistencia a la insulina, situaciones que aumentan mucho el riesgo de cáncer de endometrio, por incrementar sensiblemente las concentraciones de estrógenos.

     

    Ascendiendo a la cumbre del Cerro del Penuquillo (Sierra de las Mamblas). Buena forma de reducir el riesgo de cáncer de endometrio, entre otros beneficios. Cortesía alumnas CFS Higiene (Curso 2017-18)

     

     

    Estudios epidemiológicos que revelan un probable efecto protector de la actividad física

     

    Gran parte del contenido de este artículo lo voy a dedicar a describir brevemente las revisiones y metaanálisis de los estudios epidemiológicos de mayor calado que han tratado esta posible asociación inversa entre el cáncer de endometrio y la actividad física.

     


    a) Revisiones del 2007

     


    Durante el año 2007 se publicaron tres revisiones que analizaron la mayoría de los estudios epidemiológicos publicados hasta entonces, la mayoría estudios observacionales de casos y controles y, menos, estudios prospectivos de cohortes. Todos concluyeron que la citada actividad física probablemente reduzca el riesgo de desarrollar este tumor maligno.

     


    Revisión australiana

     


    En abril de 2007 se publicó en una revista médica especializada en cáncer (Cancer Causes Control) una revisión de dieciocho estudios epidemiológicos en la que se analizó la citada asociación, llevada a cabo por Cust y colegas, pertenecientes a la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Sydney, entre otros centros.(1) Pues bien, catorce trabajos mostraron un posible efecto preventivo de cáncer de endometrio por parte del ejercicio físico, dado que las mujeres que practicaban ejercicio físico experimentaban una significativa reducción del riesgo de desarrollar este cáncer ginecológico: un 30%. Además, se observó una relación dosis-respuesta en siete de trece estudios que valoraron tal aspecto. También vieron que el citado riesgo se reducía tanto con actividades vigorosas como con actividades ligeras y moderadas, tales como labores domésticas, de jardinería o caminar como medio habitual de transporte.

     


    Los autores concluyen el estudio afirmando: “La actividad física probablemente ejerza un papel  preventivo de cáncer de endometrio. No obstante, se necesitan más evidencias epidemiológicas y  biológicas para establecer recomendaciones más concluyentes con respecto al tipo óptimo, características o períodos de tiempo de ejercicio físico.

      

    Revisión holandesa

     


    También en abril de 2007 se publicaron en otra revista de prestigio especializada en cáncer (Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention) los resultados de una revisión sobre este tema, efectuada por Dorien W. Woskull y colegas, pertenecientes al Departamento de Epidemiología del Instituto del Cáncer de Holanda y la Universidad de Utrecht. (2)

     


    El análisis de siete estudios de cohorte y trece estudios de casos y control puso de manifiesto una significativa reducción del riesgo de cáncer de endometrio por parte de las damas que practicaron ejercicio físico.

     


    Cuando se centraron en el análisis de los siete estudios de cohorte existentes, de mayor calidad y validez que los estudios retrospectivos (casos y control), comprobaron que el ejercicio físico global, el efectuado durante el tiempo libre y el meramente ocupacional o durante el tiempo de trabajo, reducía significativamente el riesgo de desarrollar este tumor maligno: un 23% de disminución ( RR: 0,77; IC 95%, 0,70-0,85), cuando se comparaba a las mujeres más activas con las sedentarias o menos activas.

     


    Parece que el efecto fue independiente del Índice de Masa Corporal (IMC) y del estado de fertilidad de las mujeres, con o sin menopausia.

     


    La actividad física parece reducir el riesgo de cáncer de endometrio, con independencia del peso corporal. Aunque se necesitan más estudios prospectivos de cohortes, a fin de determinar más fiablemente la magnitud de la reducción del riesgo así como para evaluar qué aspectos de la actividad física contribuyen más intensamente a reducir el riesgo y en qué período de vida la actividad física es más efectiva”, concluyen los autores.

     

    Paseando por la dehesa de Mambrillas de Lara también se reduce el riesgo de cáncer de endometrio. Cortesía alumnas del CFS de Higiene (curso 2017-18).

     

     

    Revisión de la Fundación de Investigación Mundial del Cáncer y del Instituto Americano de Investigación del Cáncer

     

    Primero diremos que la prestigiosa World Cancer Research Fund and American Institute for Cancer Research (WCRF/AICR) tiene tres grandes objetivos: valorar la investigación realizada en el mundo sobre los factores de riesgo de cáncer que tienen que ver con la nutrición, la actividad física y el manejo del peso corporal (normopeso, sobrepeso y obesidad); interpretar la literatura científica que vaya publicándose al respecto; y educar a la población para que puede elegir saludables estilos de vida que reduzcan las posibilidades de desarrollar tumores malignos.

      

    Con respecto al cáncer de endometrio, estos organismos internacionales evaluaron la posible asociación entre este tumor maligno y la actividad física, tanto la efectuada durante el tiempo libre (lúdica o recreativa) como la realizada durante la jornada de trabajo (ocupacional). Para ello valoraron los diversos estudios observacionales publicados al respecto, casi todos de tipo retrospectivo, esto es, de casos y controles. Sólo analizaron siete estudios prospectivos: cuatro, donde la actividad efectuada fue lúdica; los tres restantes tuvieron como objeto de análisis la actividad física durante el tiempo de trabajo.

     


    El poder estadístico de los diseños prospectivos que estudiaron la actividad física ocupacional fue muy notable, pues durante el análisis se contó con un número importante de mujeres que habían desarrollado cáncer de endometrio: 8.250 casos. Los resultados mostraron que las féminas que desempeñaban trabajos con manifiesta actividad física tenían menos riesgo de desarrollar este cáncer ginecológico que las mujeres cuyo trabajo era más sedentario.

     


    En cambio, los estudios prospectivos que evaluaron la asociación entre este tumor y la actividad física recreativa gozaron de menor poder estadístico, dado que sólo se dispuso de 800 casos de cáncer de mucosa del cuerpo del útero. Por ello, los hallazgos sugirieron que la actividad lúdica podría reducir el riesgo de desarrollar este cáncer, pero no fueron concluyentes ni plenamente demostrativos.

     


    Al final del análisis, también durante el 2007, los expertos de la WCRF/AICR consideraron que la actividad física aeróbica se comporta como un probable factor protector de cáncer endometrial, mas no le otorgaron la calificación de factor convincente o seguro. (3)

     

     

    b)  Revisión del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU (2010)

     

    En septiembre de 2010, se publicó en British Journal of Cancer  la revisión más ambiciosa sobre este tema (4), dado que los autores del estudio, Moore y colegas, del Instituto Nacional de Cáncer, perteneciente a los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, contaron con cinco estudios de cohorte que no habían sido incluidos en las revisiones anteriores, incluida la de la WCRF/AICR, lo que comportó un aumento considerable del número de nuevos casos de cáncer de endometrio entre el colectivo femenino en el que se analizó la actividad física recreativa: 2.663 casos más, lo que incrementó mucho el poder estadístico del estudio. Además, valoraron la influencia del sedentarismo, medido como las horas que una persona se mantiene en sedestación, en el desarrollo de este tumor maligno, es decir, si la inactividad física se puede comportar como un verdadero factor de riesgo de este cáncer ginecológico.

     


    De los nuevos estudios de cohorte evaluados el que aportó la mayor muestra y, por ende, el mayor número de nuevos diagnósticos de este tumor maligno fue el realizado por Gierach y colegas (International Journal of Cancer, mayo 2009), (5) también pertenecientes al Instituto Nacional del Cáncer. Concretamente, estudiaron y siguieron a 109.621 mujeres (NIH-AARP Diet and Health Study), de 50 a 71 años de edad, durante 20 años, al cabo de los cuales se contabilizaron 1.052 nuevos casos de cáncer endometrial.

     


    Los responsables de esta investigación se mostraron un tanto críticos con las revisiones previas porque ninguna había valorado la posibilidad de que el sedentarismo fuera un verdadero factor causal de cáncer de endometrio. Algo que podría subestimar los resultados.

     


    Moore y colegas precisaron, basándose en hallazgos científicos recientes, que cuando uno permanece mucho tiempo sentado, independientemente de la cantidad de actividad física, moderada o vigorosa, que haya realizado, tiene un mayor riesgo de obesidad y de resistencia a la insulina (Healy y colegas, 2008; (6) Helmerhorst y cols., 20097), de mortalidad prematura (Katzmarzyk y colegas, 2009) (8) y posiblemente de cáncer de endometrio (Frieberg y colegas, 2006; 9 Gierach y cols, 2009).

     


    Estos autores evaluaron las pruebas biológicas y epidemiológicas que evidencian una posible relación causal entre el sedentarismo y el cáncer de endometrio, esto es, las que ayudan a dilucidar si el primero es causa del segundo. De igual forma trataron de comprobar si la actividad física aeróbica se comporta como un factor protector convincente del citado cáncer ginecológico. Para ello se valieron de los criterios empleados por el WCRF/AIRC, a saber:

     

    • Existencia de pruebas experimentales que demuestren que la inactividad física puede causar biológicamente el citado cáncer.

     

    • Que se pueda asegurar la reproducibilidad de los resultados, o sea, que se cuente con más de un estudio observacional con conclusiones parecidas, habiendo, al menos, dos estudios de cohortes que muestren una reducción del riesgo de cáncer de endometrio por el ejercicio físico regular.

     

    • Que no haya una relevante heterogeneidad entre los diversos estudios, por utilizar diseños y métodos relativamente similares, sobre todo a la hora de valorar el tipo y grado de actividad física.

     

    • Que se observe una relación dosis-respuesta, es decir, a mayor grado de actividad física menor riesgo de cáncer de endometrio y a mayor sedentarismo superior riesgo de desarrollar este tumor maligno.

     

    • Que los estudios sean de alta calidad, tanta como para controlar o ajustar las denominadas variables de confusión, supuestos factores causales o protectores que, al asociarse al verdadero factor estudiado, puedan aumentar o minimizar el efecto de este último, respectivamente.

     

    ¿Cuáles son los resultados de esta revisión?
      

    La revisión efectuada por los miembros del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU ha servido para confirmar que la actividad física durante el tiempo libre también es capaz de reducir sensiblemente el riesgo de cáncer de endometrio, ya que las mujeres que practicaban más ejercicio físico de carácter lúdico o recreativo experimentaban una disminución de un 27% del riesgo de desarrollar este tumor maligno (RR: 0,73; IC 95%: 0,58 a 0,93) con respecto a las sedentarias o a las menos activas.

     


    Por otra parte, las damas que consumían más energía durante su trabajo habitual se beneficiaban de un descenso del 21% del riesgo de desarrollar este tumor de la mucosa del cuerpo del útero (RR: 0,79; IC 95%: 0,71 a 0,88), cuando eran comparadas con las que desempeñaban su actividad laboral de forma menos activa, como las que laboran en oficinas y despachos, donde se mantienen sentadas gran parte del tiempo. Este resultado es coincidente con el de las revisiones anteriores como por ejemplo la de la WCRF/AICR, que reveló una reducción de un 25% del riesgo de sufrir tal cáncer.

     


    Estos boyantes resultados determinaron que estos profesionales calificaran a la actividad física como un verdadero factor preventivo de cáncer endometrial, elevando su categoría de factor probablemente preventivo a factor netamente convincente. Para ello utilizaron los mismos criterios que emplearon los miembros del WCRF/AICR en su análisis previo, a saber:

     

    • En el momento actual la comunidad científica internacional acepta que el ejercicio físico regular es capaz de reducir ciertos mecanismos patogénicos y reconocidas causas de cáncer de endometrio, dado que ayuda a prevenir la ganancia de peso (sobrepeso y obesidad); mejora la efectividad y sensibilidad de la insulina, reduciendo la hiperinsulinemia; y puede reducir los niveles de estrógenos circulantes.

     

    • Existen múltiples estudios de casos y controles y bastantes estudios de cohortes que muestran que la actividad física, tanto ocupacional como recreativa, reduce significativamente el riesgo de desarrollar este tumor maligno.

     

    • Varios estudios han revelado una relación dosis-respuesta, esto es, cuanto más ejercicio físico se efectúa más se reduce el riesgo de aparecer este cáncer ginecológico.

     

    • Los diseños prospectivos más recientes han evitado bastantes sesgos, al controlar cuidadosamente variables de confusión, como la edad y el uso de tratamiento con estrógenos durante la menopausia.

     

    • El análisis de sensibilidad permitió comprobar la ausencia de heterogeneidad en los estudios revisados (r2= 0,08)

     

     

    Riesgo de cáncer de endometrio atribuible al sedentarismo

     

    Moore y colegas, basándose en el estudio de su propio grupo (NIH-AARP Diet and Health Study) (5), llegaron a precisar que el 22% de los cánceres de endometrio podrían evitarse si todas las participantes de su amplia cohorte hubieran practicado regularmente ejercicio físico vigoroso durante, al menos, cinco días por semana. Estos investigadores consideran que la actividad física es vigorosa cuando es capaz de incrementar la frecuencia respiratoria, el ritmo cardíaco y la sudoración durante 20 ó más minutos de esfuerzo continuado.

     

     

    Valoración del sedentarismo como causa de enfermedad y muerte
        

    Cuando una persona se mantiene mucho tiempo sentada consume poco más que cuando está en reposo (de 1 a 1,5 veces más) y, además, reduce el tiempo en el que efectúa actividades ligeras como estar de pie o caminar intermitentemente. Incluso los adultos que siguen las recomendaciones internacionales de ejercicio físico, consistentes en realizar actividades moderadas o vigorosas durante treinta o más minutos al día, (como por ejemplo, pasear, práctica de ciertos deportes y entrenamiento aerobio en gimnasio) pero se mantienen sentados gran parte del resto del día, pueden sufrir efectos deletéreos a nivel metabólico: mala regulación del saludable colesterol HDL y deficiente catabolismo o degradación de los triglicéridos o grasas neutras (por escasa actividad en el músculo esquelético de la lipoproteínlipasa, una enzima crucial en la regulación del HDL y en el catabolismo de los triglicéridos), así como inhibición del consumo de glucosa, probablemente por aumento de la resistencia de la insulina (Owen y colegas, 2010).

     


    A la luz de los conocimientos actuales podemos afirmar que el sedentarismo se comporta como un verdadero factor de riesgo de cáncer de matriz que, además, es dosis-dependiente, o sea, que cuantas más horas permanezca sentada una mujer más riesgo tendrá de desarrollar un cáncer de este tipo. Así, las que están seis o más horas diarias en sedestación tienen más riesgo de desarrollar el citado cáncer que las están sentadas menos de tres horas diarias, aunque menos que las que están siete o más horas.

     


    El análisis de Gierach y colegas reveló que tanto entre las mujeres que efectúan actividad física tres o más veces por semana como entre las que hacen menos ejercicio, el tiempo que se mantienen sentadas o reclinadas se asoció con un incremento del riesgo de cáncer de la mucosa uterina. Concretamente, las mujeres sedentarias que permanecieron sentadas nueve o más horas diarias sufrieron el doble de riesgo de padecer un cáncer endometrial que las más activas físicamente que estuvieron sentadas menos de tres horas por día (RR: 2,14; I:C: 95%: 1,48-3,10).

     


    Los datos de estos investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de USA son coincidentes con los de otros autores (Frieber y colegas 2006; Patel y cols, 200810), pues todos ellos revelan que el sedentarismo (tiempo de sedestación) contribuye a incrementar el riesgo de cáncer endometrial independientemente de la existencia de actividad moderada o vigorosa, tanto si es de tipo recreativo cuanto si es ocupacional.

     


    Tanto es así, que si todas las mujeres de la cohorte citada (NIH-AARP Diet and Health Study) practicaran actividad física moderada o vigorosa y, además, permanecieran sentadas menos de cuatro horas por día se evitaría el 34% del total de cánceres endometriales.

     

    Remontando la dehesa de Mambrillas de Lara. Cortesía alumnas del CFS Higiene bucodental (curso 2017-18)

     

     

    Hipótesis plausibles
      

    En el momento actual, el mecanismo causal de cáncer endometrial más aceptado por la Comunidad Científica Internacional consiste en la acción prolongada y excesiva de los estrógenos sobre la mucosa del cuerpo uterino no contrarrestada por la progesterona, lo que hace que el endometrio experimente mitosis frecuentes, descontroladas y muy proclives a mutaciones malignas.

     


    Es obvio que este desproporcionado estímulo estrogénico sin que la progesterona intervenga es una situación morbosa o patológica, que no acontece en situaciones de normalidad.

     


    Durante la vida fértil de una mujer actúan coordinadamente los ciclos ováricos y los endometriales, de forma que en la primera fase del ciclo endometrial, tras la descamación y pérdida de gran parte de la mucosa endometrial durante la menstruación, los ovarios producen cantidades crecientes de estrógenos, que por la sangre acceden a la fina y debilitada mucosa endometrial para incrementar la proliferación y crecimiento de la misma (fase proliferativa). Luego, en torno al día catorce del ciclo, el óvulo se desprende del folículo primordial (ovulación), convirtiéndose en el cuerpo lúteo, que rápidamente empieza a fabricar y liberar progesterona que, a su vez, irá también por la sangre hasta la crecida mucosa endometrial para abastecerla de sustancias nutritivas (fase secretora), a fin de prepararla para nutrir a un posible embrión en desarrollo (blastocisto), en caso de que se produjera la fecundación. Se entiende que la progesterona tiene como principal cometido incrementar las reservas de la citada mucosa y no la de seguir fomentando la multiplicación de sus células, que quedaría frenada.

     

     

    Acción carcinogénica de los estrógenos y de la insulina

     

    Por lo dicho anteriormente, el riesgo de desarrollar este cáncer aumenta cuando se produce un desequilibrio entre estrógenos y progesterona, por neto incremento de los primeros con respecto a los segundos, como cuando las mujeres reciben durante su menopausia tratamiento hormonal con estrógenos así como en situaciones de obesidad y de resistencia insulínica, ambas comunes en el sedentarismo.

     


    Cuando las mujeres se mantienen o se tornan obesas durante la menopausia las células grasas (adipocitos) son capaces de fabricar estrógenos tanto de forma directa como indirectamente por incrementar también la síntesis de andrógenos que acaban transformándose en estrógenos (Siiteri, 1987) (11) por la acción de ciertas enzimas (aromatasas).

     


    Es preciso mencionar que las células endometriales son capaces de experimentar intensas y atípicas mitosis tanto por influjo estrogénico cuanto por acción de la insulina, pues tales células, al igual que las mamarias, tienen receptores de insulina que cuando son estimuladas por esta hormona pancreática tiene un doble efecto: incremento de la multiplicación celular y freno de la muerte de las células (apoptosis).

     


    Actualmente se sabe que el aumento de la concentración sanguínea de insulina (hiperinsulinemia) facilita que tal hormona actúe sobre las células endometriales para potenciar la proliferación endometrial de dos posibles formas: una, por acción directa sobre las células de la mucosa del cuerpo uterino; la otra, indirectamente, por reducir los niveles de una sustancia que, a su vez, disminuye la biodisponibilidad de los estrógenos cuando se une a ellos, la denominada globulina de unión a hormonas sexuales (GUHS). En consecuencia, la insulina aumentará la biodisponibilidad de los estrógenos por reducir la concentración de GUHS (Kaaks y colegas, 2002) (12).

     


    ¿Cómo la actividad física aeróbica consigue reducir el riesgo de cáncer de endometrio?  
      

    La actividad física aeróbica regular reduce el riesgo de desarrollar este tumor maligno por su doble capacidad de reducir la concentración sanguínea de estrógenos y de insulina.

     


    El descenso del nivel de estrógenos lo consigue porque reduce directamente los niveles de estradiol en el suero y aumenta los niveles de GUHS, lo que indirectamente también reduce los niveles circulantes de estrógenos al unirse éstos reversiblemente a la citada GUHS y, por lo tanto, reducir su biodisponiblidad (McTiernan, 2008) (13)

     


    El ejercicio físico regular reduce la hiperinsulinemia por su reconocida capacidad de incrementar la sensibilidad de la insulina y, en consecuencia, reducir su resistencia (McTiernan, 2008). Además, la actividad física regular es uno de los mecanismos empleados junto a una dieta adecuada para evitar y reducir la obesidad.

     

    En fin, a la luz de los conocimientos científicos actuales podemos afirmar sin ambages que la actividad física aeróbica regular reduce sensiblemente el riesgo de desarrollar el cáncer ginecológico más frecuente, el de endometrio. Además, como vimos en otro artículo publicado en este mismo blog (02-11-2017), el citado ejercicio físico aeróbico es capaz de reducir el riesgo de cáncer de mama, el más frecuente en las mujeres, dado que basta con pasear diariamente una hora para ver reducido su riesgo en un 15%. En consecuencia, se multiplican los motivos para practicar ejercicio físico, pues a su gran efecto neuroprotector y a su reconocida capacidad preventiva de procesos cardiovasculares se suma sus notables efectos antitumorales, entre otros beneficios (antidepresivo, antidiabético…).  

                                              

    Dr. Félix Martín Santos

     

     

    Fuentes bibliográficas:

     

    1. Physical activity and endometrial cancer risk: a review of the current evidence, biologic mechanisms and the quality of physical activity assessment methods. Cancer Causes Control. 2007 Apr;18(3):243-58. Epub 2007 Jan 8. Cust AE, Armstrong BK, Friedenreich CM, Slimani N, Bauman A.

     


    2. Physical activity and endometrial cancer risk, a systematic review of current evidence. Dorien W Voskull, Evelyn M. Monninkhof, Sjoerd G. Elias; Femke A. Viems, and Flora E van Leeuwen. Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention. April 2007, volume 16, issue 4.

     


    3. World Cancer Research Fund and American Institute for Cancer Research . Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Cancer: a Global Perspective. AICR: Washington DC; 2007.

     


    4. Physical activity, sedentary behaviours, and the prevention of endometrial cancer. Moore SC, Gierach GL, Schatzkin A, Matthews CE. Br J Cancer. 2010 Sep 28;103(7):933-8.

     


    5. Gierach GL, Chang SC, Brinton LA, Lacey JV, Jr, Hollenbeck AR, Schatzkin A, Leitzmann MF. Physical activity, sedentary behavior, and endometrial cancer risk in the NIH-AARP Diet and Health Study. Int J Cancer. 2009;124 (9:2139–2147

     


    6. Healy GN, Wijndaele K, Dunstan DW, Shaw JE, Salmon J, Zimmet PZ, Owen N. Objectively measured sedentary time, physical activity, and metabolic risk: the Australian Diabetes, Obesity and Lifestyle Study (AusDiab) Diabetes Care. 2008;31 (2:369–371.

     


    7. Helmerhorst HJ, Wijndaele K, Brage S, Wareham NJ, Ekelund U. Objectively measured sedentary time may predict insulin resistance independent of moderate- and vigorous-intensity physical activity.

     


    8. Katzmarzyk PT, Church TS, Craig CL, Bouchard C. Sitting time and mortality from all causes, cardiovascular disease, and cancer. Med Sci Sports Exerc. 2009;41 (5:998–1005

     


    9. Friberg E, Mantzoros CS, Wolk A. Physical activity and risk of endometrial cancer: a population-based prospective cohort study. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2006;15 (11:2136–2140.

     


    10. Patel AV, Feigelson HS, Talbot JT, McCullough ML, Rodriguez C, Patel RC, Thun MJ, Calle EE. The role of body weight in the relationship between physical activity and endometrial cancer: results from a large cohort of US women. Int J Cancer. 2008;123 (8:1877–1882.

     


    11. Siiteri PK. Adipose tissue as a source of hormones. Am J Clin Nutr. 1987;45 (1 Suppl:277–282.

     


    12. Kaaks R, Lukanova A, Kurzer MS. Obesity, endogenous hormones, and endometrial cancer risk: a synthetic review. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2002;11 (12:1531–1543.

     


    13. McTiernan A. Mechanisms linking physical activity with cancer. Nat Rev Cancer. 2008;8 (3:205–211.

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

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  • 03/05/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Cáncer de endometrio: Efectos preventivos del café.

    El consumo prolongado y regular de café parece ser capaz de reducir el riesgo del cáncer ginecológico más prevalente: el de la mucosa del cuerpo del útero, esto es, el de endometrio.

     


    Además, ejerciendo un efecto dosis-respuesta, pues el porcentaje de reducción del riesgo se acrecienta con el número de tazas consumidas de esta bebida universal. Son tantas las pruebas científicas que están revelando este aserto como para animar a dos prestigiosas organizaciones científicas internacionales, el Instituto Americano de Investigación del Cáncer (American Institute for Cancer Research) y la Fundación Internacional de Investigación sobre el Cáncer (Cáncer (World Cancer Research Fund), a catalogar al café como un verdadero factor protector del cáncer de endometrio. Así lo plasmaron en un informe conjunto, en el que analizaron todos los estudios científicos de relieve que tenían como objetivo fundamental investigar si tanto la dieta como la actividad física eran capaces de prevenir el cáncer: “Endometrial Cancer 2013 Report; Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Endometrial Cancer”. (1)

     

    Barista preparando una infusión de café con la V 60, cafetera de filtro. Cortesía de Bihotz Café. Arechaga 6, Bilbao

     

     

    Importancia del cáncer de endometrio

     

    A nivel mundial, el cáncer de endometrio es el sexto más frecuente en mujeres. Es bastante más prevalente en países avanzados, de alto nivel de desarrollo, como en Norteamérica, en países del centro y del oeste de Europa, mientras que en los estados del centro y del occidente de África se observan las menores tasas de incidencia, la cual parece aumentar a medida que estos países desfavorecidos empiezan a mejorar sus condiciones socioeconómicas, como si hubiera algún factor de riesgo vinculado con la opulencia y el modo de vida occidental. A pesar de ello, como era de esperar, el pronóstico y el porcentaje de supervivencia de los cánceres diagnosticados a mujeres de los países ricos es mucho mayor que a las de los países en vías de desarrollo.

     


    En España, datos de la Sociedad Española de Oncología (SEOM) y de la Sociedad Española contra el Cáncer (aecc) revelan que el cáncer de endometrio es el cuarto más frecuente en mujeres, después del de mama, colon y pulmón. Además, es el cáncer ginecológico más frecuente, cuya incidencia aumenta netamente a partir de la menopausia.

     


    Dado que este tumor maligno suele dar síntomas precozmente, cuando las pacientes son diagnosticadas es común que estén en estadios iniciales (I y II), lo que confiere un mejor pronóstico. Tanto es así que la supervivencia a los 5 años del tratamiento oscila de un 83% a un 90% (datos de la SEOM).

     

     

    Factores de riesgo

     

    Tanto la SEOM como la aecc cargan las tintas en factores hormonales, dado que su riesgo se incrementa en situaciones en las que el nivel de estrógenos no es equilibrado con el correspondiente nivel de progesterona, como sucede a partir de la menopausia, momento en que se frena la producción de hormonas sexuales femeninas, especialmente de progesterona.

     


    Algo parecido sucede con el tratamiento hormonal sustitutivo que se prescribe en el climaterio femenino, puesto que la mayoría de los preparados comerciales son a base de estrógenos. Por eso la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), desaconsejó el empleo de este tratamiento hormonal de reemplazo durante la menopausia, por comprobar fehacientemente que incrementa el riesgo de desarrollar este cáncer, por lo que fue una de las doce recomendaciones de carácter antitumoral recogidas en su Código Europeo contra el Cáncer, publicado en octubre de 2014. (3)

     


    Según la SEOM, situaciones en que existen desproporcionados niveles de estrógenos con respecto a los de progesterona son algunas de las siguientes: obesidad, tener una menstruación precoz y una menopausia tardía, tumores ováricos que producen muchos estrógenos…

     


    Existen otros factores de riesgo de desarrollar este tumor maligno: tratamiento con radiación del área pelviana, la combinación de obesidad, hipertensión y diabetes, haber recibido tratamiento con tamoxifeno para el cáncer de mama, etc.

     


    ¿Qué otros factores causales se destacan en los estudios internacionales?

     

    Si nos basamos en el informe de 2013 del Instituto Americano de Investigación del Cáncer y de la Fundación Mundial de Investigación del Cáncer, mencionado anteriormente, observaremos el gran peso etiológico que le dan al incremento de grasa corporal, en todas sus formas (obesidad global, obesidad centrípeta…), llegando a catalogarla como un factor convincente de riesgo, siendo, además, dosis-dependiente. Apuntan, en su trabajo conjunto, un incremento de un 16% del riesgo de cáncer de endometrio por cada 5 kilos de peso ganados. 

     


    Pero ¿a qué atribuyen este exceso de riesgo ejercido por la obesidad? Pues gran parte de la culpa se la echan a la capacidad de las células grasas (adipocitos) de producir hormonas sexuales y no sexuales (adipokinas), que aumentan la resistencia a la insulina y, por tanto, su concentración sanguínea (hiperinsulinemia), que parece incrementar el riesgo de cánceres de colon y de endometrio, y posiblemente de páncreas y riñón. (4) Se han visto receptores de insulina en la membrana de las células malignas de estos tumores malignos, que si resultaran estimuladas por esta hormona acabarían incrementando la proliferación de sus cancerígenas células y reduciendo su muerte o suicidio natural (apoptosis). Por otra parte, también hay estudios in vitro que revelan que los adipocitos son capaces de producir sustancias proinflamatorias y, por esta vía, predisponer a procesos tumorales.

     


    Estos investigadores también consideran a una dieta rica en carbohidratos, especialmente los refinados y procesados industrialmente (más común de ver en países ricos) como un factor de riesgo de desarrollar cáncer de endometrio. Sin embargo, al exceso dietético de azúcares, que ellos denominan “Glicaemyd load”, le otorgan un peso causal algo menor que a la obesidad, puesto que no observan un riesgo convincente sino probable. También echan gran parte de la culpa a la hiperinsulinemia subsiguiente.Además, creen que tales dietas incrementan el estrés oxidativo y, por ende, el riesgo de este cáncer.

     


    Por otra parte, estos autores consideran que la citada hiperinsulinemia aumenta la biodisponibilidad del denominado factor de desarrollo de insulina (IGF-1), que actuaría potenciando el efecto tumoral de la primera. Finalmente, estas dos últimas sustancias parecen aumentar indirectamente la concentración de estrógenos, pues mitigan la síntesis de una sustancia que reduce la concentración de estos últimos: la denominada proteína o globulina de unión a hormonas sexuales (sex hormone -binding globuling).

     


    Parece, pues, que tanto la hiperinsulinemia como el aumento de estrógenos no compensados o equilibrados por progesterona son dos factores decisivos en el desarrollo de cáncer de endometrio.

     


    Con todos estos datos no pretendo aburrir ni agotar las ganas de seguir leyendo este artículo, sino que mi objetivo es transmitir cierta información que pueda ser válida para entender por qué el café y la actividad física aeróbica se comportan como dos factores preventivos de este cáncer: parecen ser capaces de reducir los niveles sanguíneos de ambas hormonas. Ambas medidas o estilos de vida se comportarían entonces como verdaderos factores de prevención primaria de cáncer de endometrio.

     


    Como el tema está dedicado al café nos centraremos en las siguientes líneas en el efecto beneficioso, protector o preventivo de cáncer endometrial ejercido por tal bebida.

     

    Cortesía de Adrián Fernández, maestro barista, concentrado en el late art.

     

     

    Efecto preventivo del café

     

    Voy a referir los estudios de mayor rigurosidad científica: primero, varios de carácter prospectivo o de cohortes; segundo, varios metaánalisis o revisiones exhaustivas de un conjunto de estudios científicos sobre el tema.

     


    Estudios de cohorte o prospectivos

     

    El primer estudio prospectivo que probó una asociación inversa significativa entre el consumo de café y el cáncer endometrial fue publicado en el año 2008 en International Journal of Cancer. Los japoneses tuvieron el honor de efectuarlo. (5) Lo que hicieron fue seguir durante 15 años a 53.724 japonesas, de 40 a 69 años de edad, todas libres de este cáncer al inicio del estudio y la inmensa mayoría no tomaban durante la menopausia el tratamiento hormonal sustitutivo con estrógenos (no suele prescribirse en el país del Sol Naciente). Durante estos 15 años fueron 117 mujeres las diagnosticadas de este tumor maligno. Tras emplear el consiguiente aparato estadístico (cálculo de riesgos con la regresión de Cox) llegaron a revelar que el consumo de café reducía el riesgo del citado cáncer, con un efecto dosis-respuesta, dado que las damas que consumían una o dos tazas de café al día veían reducido en un 49% el citado riesgo, mientras que las que bebían tres o más tazas diarias lo veían reducido hasta un 62% (HR: 0,38). Como buenos investigadores controlaron todas las variables de confusión que pudieran alterar los resultados (tabaco, alcohol, edad de la menopausia, tratamiento hormonal sustitutivo, consumo de verduras, de carnes rojas, té…). Lo que también llegaron a mostrar es que el consumo de té no comportaba beneficios similares.

     


    El siguiente estudio prospectivo de calidad contrastada que probó una asociación inversa entre el consumo regular de café y el cáncer de endometrio se publicó en agosto de 2012 en una revista de prestigio (International Journal of Cancer). Tuvo el mérito de ser el estudio que dispuso de la mayor muestra estudiada hasta entonces: 226.732 mujeres de 50 a 71 años. Todas ellas incluidas en el estudio sobre Dieta y Salud, perteneciente a los prestigiosos Institutos Nacionales de Salud del gobierno federal de EEUU (NIH-AARP Diet and Health Study).

     


    Durante los 9,3 años de seguimiento 1.486 mujeres desarrollaron cáncer de endometrio. Al aplicar el correspondiente aparato estadístico, controlaron, obviamente, todas las variables de confusión, pero en este caso efectuando tres subgrupos de análisis: el de las fumadoras; el de las que recibieron tratamiento hormonal sustitutivo; y en el que valoraron el índice de masa corporal, a fin de ver las diferencias en mujeres con sobrepeso y obesidad. Pues bien, lo que comprobaron es que las mujeres que tomaban tres o más tazas de café al día veían reducido el riesgo de desarrollar cáncer de endometrio en un 36% (HR: 0,64) con respecto a las que no lo consumían. Además, observaron que el beneficio era casi tan similar para las que lo consumían descafeinado como para las que lo consumían íntegro, esto es, con cafeína. Por otra parte, comprobaron que el beneficio era mínimo entre las mujeres que habían recibido estrógenos (estradiol) durante la menopausia. En cambio, las que sufrían sobrepeso y obesidad eran las que más se benefician, pues veían reducido en un 44% el riesgo de desarrollar tal tumor maligno, al igual que las que nunca habían recibido tratamiento hormonal sustitutivo: 46% de reducción del citado riesgo.

     


    Estos investigadores se atrevieron a efectuar la siguiente sugerencia: "El consumo regular de café puede servir como una potencial estrategia quimiopreventiva de cáncer de endometrio, especialmente en las mujeres de más riesgo". (6)

     

    Maestro barista infusionando café con la V60. Cortesía Honorio García. Cafetaza. Plaza de la Unión 2. Vitoria. Gasteiz.

     

     

    Metaanálisis

     

    Durante el 2009, Bravi y colegas publicaron los resultados de una revisión exhaustiva de estudios observacionales (dos estudios de cohorte y siete estudios de casos y control), que permitió constatar una asociación inversa entre el consumo de café y el riesgo de cáncer de endometrio, pues los grandes consumidores cuando se los comparaba con los no bebedores de café se beneficiaban de una reducción del 36% del citado riesgo. (7)

     


    Posteriormente, durante el 2011 se publicó en una revista de prestigio de oncología (BMC Cancer) los resultados de una revisión de 59 estudios observacionales (40 son de cohorte), que también revelaron una reducción significativa del riesgo de desarrollar cáncer de endometrio por parte de las grandes bebedoras de café con respecto a las no bebedoras, pero en este caso menor que en estudios previos: 18% de reducción. (8)

     


    Un año más tarde, Youjin y Giovannucci, pertenecientes al Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, publicaron en otra revista anglosajona de prestigio (International Journal of Cancer) los resultados de otra revisión exhaustiva de 16 estudios observacionales ( 10 de casos y control y 6 de cohortes). Su estudio tuvo la particularidad de evaluar las diferencias de resultados entre las diversas regiones del mundo. Así los mejores resultados los comprobaron en los estudios japoneses, con una reducción del 60% del riesgo, con respecto a los cinco estudios de USA/Canadá (31% de reducción) y los ocho de Europa (21% de disminución). (9)

     


    En marzo de 2015 se publicó en otra revista científica americana de reconocido prestigio (The american Journal of clinical Nutrition) los resultados de otro metaanálisis más un estudio prospectivo británico (UK Million Women Study), en el que siguen a una gran muestra de mujeres (poco más de medio millón). Sus resultados no revelaron ninguna asociación entre la ingesta de té y el cáncer de endometrio, mientras que sí que observaron una asociación inversa entre el consumo de café y el riesgo ulterior de este tumor maligno, pero de carácter débil; un 2% de reducción del riesgo con cada taza de café. (10)

     


    En agosto de 2015 se publicó otro metaanálisis, más ambicioso y probablemente el de mayor meticulosidad y amplitud de miras, pues en él se analizaron sólo estudios de cohorte o prospectivos (de mayor calidad científica), en los que se consideró tanto la ingesta de café con cafeína como sin ella, así como la concentración de cafeína en mg/día. Además, valoraron algo muy importante: la posible relación lineal o dosis-respuesta entre café, descafeinado, y cantidad de cafeína ingerida (miligramos por día). (11)

     


    Estos investigadores (liderados por Quan Zhou y Jian Guou Zhou) fueron muy selectivos, pues de los 198 estudios observacionales analizados sólo 13 cumplieron con sus estrictos criterios de selección. Aún así se juntaron con una gran muestra: 1.534.039 participantes. ¿Qué es lo que demostraron? Pues una intensa asociación inversa entre el consumo de café y la incidencia de cáncer de endometrio entre las mujeres que nunca habían tomado tratamiento hormonal sustitutivo con estrógenos así como entre las que tenían sobrepeso u obesidad (Índice de Masa Corporal igual o superior a 25 Kg/m2): 40% y 43% de reducción, respectivamente. Por otra parte, las que tomaban café íntegro o normal veían reducido globalmente su riesgo en un porcentaje del 34 % (RR: 0,66), mientras que lo tomaban descafeinado experimentaban un descenso del riesgo del 33% (RR: 0,77). 

     


    Cuando valoraron la relación dosis respuesta, comprobaron que el riesgo se reduce globalmente un 5% por cada taza de café bebida; un 7% por cada taza de café con cafeína y un 4% con café descafeinado. Además, por cada 100 mg de cafeína ingerida por día el riesgo se reduce en un 4%.

     


    Su análisis no concluye aquí, pues se permiten el lujo de criticar al metaanálisis y estudio prospectivo británico, descrito anteriormente, afirmando que su validez es menor por no incluir en su revisión a cuatro grandes estudios de cohorte, que incluían 369.624 participantes y 2.000 casos de cáncer de endometrio. Además, los británicos, al igual que los anteriores metaanálisis, no exploraron las  relaciones entre las diferentes dosis de cafeína y los tipos de café (con o sin cafeína) ni tampoco las relaciones lineales o dosis-respuesta.

     


    Concluyen, pues, su extraordinaria revisión diciendo: “El consumo de café y de cafeína puede reducir significativamente la incidencia de cáncer de endometrio, y estos efectos pueden ser modificados por el IMC y la historia de terapia hormonal sustitutiva con estrógenos”.

     

     

    Vertiendo infusión de café elaborada con cafetera de filtro (Chemex). Cortesía de Bihotz Café. Arechaga 6. Bilbao

     

     

    Finalmente, en noviembre de 2017 se publicó (Nutrients) otro metaanálisis de estudios prospectivos, donde también evaluaron las relaciones dosis-respuesta. (17)

     


    Los autores del mismo, Alessandra Lafranconi y colegas, observaron en los 12 estudios prospectivos seleccionados una clara relación dosis-respuesta entre el consumo de café y el riesgo de cáncer de endometrio, pues cuanto mayor era el primero más se reducía el segundo. Así, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (riesgos relativos, control de las principales variables de confusión, entre otras técnicas) comprobaron que las mujeres que bebían 4 tazas diarias de café experimentaban una significativa reducción del riesgo de cáncer de endometrio: del 20% (RR 0,80; IC 95%: 0,72 a 0,89). Tal porcentaje de reducción se incrementaba hasta un 24% cuando se trataba de cánceres en mujeres postmenopáusicas. 

     

     

    Hipótesis más plausibles

     

    La investigación científica actual permite colegir que el consumo regular y prolongado de café reduce el riesgo de cáncer de endometrio porque ocasiona una sensible disminución de las concentraciones sanguíneas de insulina y de estrógenos, cuyo exceso contribuye decisivamente al desarrollo de este tipo de cáncer. Recordemos que las células tumorales del endometrio tienen bastantes receptores de insulina, que cuando resultan activados por esta hormona se disparan los mecanismos mitóticos o de proliferación celular maligna al tiempo que se frenan los mecanismos de muerte o suicidio celular (apoptosis).

     


    Vamos a centrarnos en los efectos del café que tienden a reducir la hiperinsulinemia, como sigue:

     

    • El consumo de café incrementa la sensibilidad y la efectividad de la insulina, lo que permite reducir su concentración sanguínea, esto es, la hiperinsulinemia. (12) Efectivamente tanto el café completo como el descafeinado reducen los niveles de insulina, especialmente en las mujeres con sobrepeso. (13) A esto se debe gran parte del efecto antidiabético del café: un 8% de reducción del riesgo de diabetes por cada taza de café. En octubre de 2014 publicamos en este blog un artículo donde mostrábamos este beneficioso efecto: “Prevención diabetes tipo dos: sudar más, comer mejor y beber café”.

     

    • El consumo de café también reduce la concentración de una sustancia que eleva la concentración de insulina: el factor de desarrollo de insulina (IGF-I), por lo que por esta vía también contribuye a reducir la hiperinsulinemia.

     

    • Tanto el café entero como el descafeinado reducen los niveles del péptido C plasmático, un reconocido marcador de secreción insulínica, por lo tanto, tenderán a reducir las concentraciones de esta última. (14)

     

    • El café se asocia con un incremento de los niveles de la proteína o globulina de unión a hormonas sexuales (SHBG), que al unirse o atrapar a los estrógenos, acaba reduciendo su nivel plasmático. Precisamente la insulina hace todo lo contrario, por lo que de esta forma una hormona, la insulina, contribuye a aumentar las concentraciones de otra, el estradiol. (15)

     

    Además de la cafeína el café tiene otros múltiples compuestos que pueden exhibir propiedades antitumorales. Así sucede con los diterpenos, cafestol y kawheol, que han mostrado capacidad para inhibir el efecto de carcinógenos tan potentes como los hidrocarburos aromáticos policíclicos, como el benzopireno. (16) Además, el ácido clorogénico exhibe grandes propiedades antioxidantes y una relevante capacidad para incrementar la sensibilidad de la insulina.

     


    En fin, toca ya concluir este tema, en el que volvemos a apreciar una loable capacidad del café: reducir sensiblemente el riesgo del tumor ginecológico más frecuente, el del endometrio o mucosa del cuerpo del útero. Un motivo más para disfrutar  de esta saludable infusión.

     


    Dr. Félix Martín Santos

     

     

    BIBLIOGRAFÍA

     

     


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    12  Arnlov J, Vessby B, Riserus U. Coffee consumption and insulin sensitivity. JAMA. 2004;291:1199–201.

     


    13 Wu T, Willett WC, Hankinson SE, Giovannucci E. Caffeinated coffee, decaffeinated coffee, and caffeine in relation to plasma C-peptide levels, a marker of insulin secretion, in U.S. women. Diabetes Care.2005;28:1390–6.

     


    14 Wu, T, Willett, W.C., Hankinson, S.E & Giovannucci, E. Caffeinated coffee, decaffeinated coffee, and caffeine in relation to plasma C-peptide levels, a marker of insulin secretion, in U.S. women. Diabetes Care 28, 1390-1396 (2005).

     


    15 Ferrini RL, Barrett-Connor E. Caffeine intake and endogenous sex steroid levels in postmenopausal women. The Rancho Bernardo Study. Am J Epidemiol. 1996;144:642–4.

     


    16 Cavin C, Holzhaeuser D, Scharf G, Constable A, Huber WW, Schilter B. Cafestol and kahweol, two coffee specific diterpenes with anticarcinogenic activity. Food Chem Toxicol. 2002;40:1155–63.

     


    17 Coffee Decreases the Risk of Endometrial Cancer: A Dose–Response Meta-Analysis of Prospective Cohort Studies.  Alessandra Lafranconi, Agnieszka Micek, Fabio Galvano, Sabrina Rossetti, Lino Del Pup, Massimiliano Berretta, and Gaetano Facchini  Nutrients. 2017 Nov; 9(11): 1223.


     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     

    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

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    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

     

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  • 05/04/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTO 0 Comentarios
    Efectos saludables de los frutos secos

    El consumo regular de nueces, almendras, avellanas y otros frutos secos se asocia a una relevante reducción de la tasa global de muerte así como de la específica por las principales causas de enfermar y morir en el mundo desarrollado: enfermedades cardiovasculares, tumores malignos, enfermedades respiratorias, diabetes y enfermedades neurodegenerativas.

     

    Este contenido servirá para analizar los estudios epidemiológicos de mayor calidad científica que justifican la afirmación anterior, así como para plantear las hipótesis más plausibles que nos permitan comprender tales hallazgos. Además, la composición química, común y particular, de los principales frutos secos, también serán objeto de análisis.

     


    Antes, bueno será referirnos al Código Alimentario Español para definir a los frutos secos o de cáscara:Aquellos cuya parte comestible posee en su composición menos del 50% de agua”.

     

     

    Estudios observacionales que revelan una reducción de la mortalidad por ingerir frutos secos

     

    a) Primeros estudios

     

    Han sido varios los estudios epidemiológicos prospectivos que han revelado una asociación inversa entre el consumo regular de frutos secos y las tasas globales y específicas de mortalidad. Algunos tan añejos como el Estudio de Salud de Adventistas del Séptimo Día de California (publicados en 1992 y 1997); (1,2) otros, algo más recientes, como el Estudio de Salud de Mujeres de Iowa (Women's Health Study), (3) que se publicó en el 2001. El primero, el de los Adventistas, mostró una apreciable reducción del riesgo de muerte total y por enfermedad coronaria entre los que consumían frutos secos durante cinco días a la semana con respecto a los que los consumían menos de una vez a la semana: 20% de reducción de la tasa global de muerte y un 39% de reducción de la tasa específica por coronariopatías o cardiopatía isquémica (infarto agudo de miocardio, angina del pecho, etc.). El segundo, el estudio de salud en mujeres de Iowa, mostró una asociación más débil.

     


    Este tipo de pruebas fueron suficientes para que, en el año 2003, la Administración de Alimentos y Drogas de Estados Unidos (FDA) se pronunciara a favor de la ingesta de estos alimentos, como sigue: “La ingesta de 43 gramos al día (1,5 onzas) de frutos secos, formando parte de una dieta pobre en grasas saturadas y colesterol, puede reducir el riesgo de enfermedad cardíaca”. (4)

     

     

    b) Estudio de enfermeras y de proveedores de salud (varones) de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, EEUU.

     

    Posteriormente se han publicado más estudios de similares características que obtuvieron resultados similares. Sin embargo, el estudio prospectivo que incluyó la muestra más grande y el período de seguimiento más largo fue el efectuado por miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, publicado en noviembre de 2013 en New England Journal of Medicine. (5) Veámoslo.

     


    Los investigadores responsables (Ying Bao y colegas) evaluaron la asociación entre el consumo de frutos secos y la tasa de mortalidad (total y específica por causas) de 76.464 mujeres pertenecientes al Estudio de Salud de Enfermeras (Nurses Health Study), evaluadas durante treinta años (1980-2010), y de 42.498 hombres incluidos en el Estudio de Profesionales de Salud (Health Professionals Follow-up Study), seguidos durante veinticuatro años (1986-2010). Durante este largo seguimiento (de 24 a 30 años) controlaron periódicamente el consumo de frutos secos mediante cuestionario de frecuencia de alimentos (al principio anualmente y, luego, cada dos a cuatro años) así como las tasas de incidencia de enfermedades crónicas (cardiovasculares, respiratorias, tumorales, entre otras) y las tasas de mortalidad correspondientes.

     


    Pues bien, tras aplicar un riguroso aparato matemático (modelo de Cox de riesgos proporcionales, análisis de sensibilidad, entre otros), comprobaron que las personas que ingerían una ración de frutos secos (unos 28 gramos, lo equivalente a una onza) durante siete o más días por semana se beneficiaban de un 20% de reducción de la tasa global de muerte (HR de 0,80; IC: 0,90 a 0,96) cuando se las comparaba con las que no consumían prácticamente nada de cacahuetes, avellanas, almendras, nueces u otros miembros de esta familia de alimentos.

     


    Además, el efecto parecía ser dosis dependiente, pues a mayor consumo de frutos secos menores tasas de mortalidad: 7% de reducción para los que consumían menos de una ración por semana de frutos secos; 11% de disminución para los que ingerían una ración semanal; 13% de descenso de la tasa de muerte para los que comían una ración de dos a cuatro veces por semana; y un 15% de reducción de la mortalidad por parte de los que degustaban una ración de tales frutos secos durante cinco o seis días a la semana.

     


    Estos autores también observaron una reducción significativa de la tasa de muerte específica por enfermedades coronarias (29% de reducción), cánceres (11% de descenso) y enfermedades respiratorias (24% de disminución), entre las personas que consumían una ración de los citados alimentos durante cinco o más veces por semana.

     

     

    c)  Consumo de frutos secos y riesgo de mortalidad en una muestra de médicos de EEUU (PHS)

     

    Otro estudio epidemiológico de carácter prospectivo que estudió este tema con profundidad fue el efectuado con una amplia muestra de médicos (varones) de Estados Unidos (Physicians Health Study ; PHS), subvencionado por el Instituto Nacional del Cáncer de EEUU (National Cancer Institute) y por el Instituto Nacional de Corazón (cardiología), Pulmón (neumología) y Sangre (hematología), también de EEUU (National Heart, Lung, and Blood Institute: NHLBI). Sus resultados fueron publicados en febrero de 2015 en una revista médica de gran prestigio (American Journal of clinical Nutrition).(6)

     


    Se trata de un estudio prospectivo, de cohorte, que controló a 20.742 médicos varones durante un tiempo medio de 10 años, a fin de comprobar si el consumo regular de frutos secos se asociaba con una reducción de la mortalidad por todas las causas (global).

     


    Tras emplear el correspondiente aparato estadístico (regresión proporcional de Cox, análisis de múltiples variables...) y ajustar o controlar las variables de confusión más conocidas (tabaco, alcohol, actividad física aeróbica, índice de masa corporal, prevalencia de diabetes e hipertensión, ingesta de grasas saturadas, fruta, verdura y carnes rojas, entre otros), se observó que los participantes que consumían cinco o más raciones de frutos secos a la semana (también de unos 28 gramos o una onza) se beneficiaban de un 26% de reducción de la tasa total de mortalidad (HR: 0,74; IC: 0,63 a 0,87), con respecto a los que nunca consumían frutos secos o comían menos de una ración al mes. También apreciaron una relación dosis respuesta, o sea, a mayor consumo de frutos secos menores tasas de mortalidad.

     


    Cuando efectuaron un análisis secundario con el propósito de valorar una posible asociación entre el citado consumo de frutos secos y la tasa específica de mortalidad, comprobaron una asociación inversa con la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, mas no así, en cambio, con la mortalidad por tumores malignos, ictus y coronariopatías.

     


    Estos autores concluyen su trabajo afirmando: “Nuestro estudio sugiere una asociación inversa entre el consumo de frutos secos y la mortalidad por todas las causas en médicos varones. Estos prometedores resultados necesitan el respaldo de investigaciones adicionales que confirmen si es auténticamente causal la relación entre el consumo de estos alimentos y la mortalidad. Además, el tipo de frutos secos, el método de preparación de los mismos y las raciones o cantidades necesarias para alcanzar tales beneficios deben explorarse en otros estudios.”

     

    Nueces: fruto del nogal (Juglans regia)

     

     

    d) Estudio de cohorte holandés

     

    En junio de 2015 se publicó en una revista médica norteamericana (International Journal of Epidemiology) un notable trabajo holandés (Netherlands Cohort Study) cuyos resultados reforzaban con creces las bondades de los frutos secos.

     


    Piet A van den Brandt y Leo J Schouten, firmantes del artículo, investigaron la relación entre la mortalidad (total y por causas específicas) y el consumo de frutos secos, tanto los arbóreos (nueces, avellanas, almendras…) cuanto los que proceden de una planta leguminosa o fabácea, cuyo fruto tiene forma de legumbre subterránea que encierra unas semillas muy apreciadas: los cacahuetes (Arachis hypogea). Estos autores también estudiaron la crema de cacahuete.

     


    La muestra y el tiempo de seguimiento no fueron precisamente pequeños: 120.852 hombres y mujeres holandeses de 55 a 69 años, controlados durante 10 años.

     


    Los resultados, como antes dijimos, fueron muy boyantes: los que consumían 10 ó más gramos diarios de frutos secos, incluyendo los cacahuetes, experimentaron una reducción del 23% de la tasa de mortalidad total (HR: 0,77: IC 95% de 0,66 a 0,89), con respecto a los no consumidores.

     


    La mortalidad por causas específicas también se redujo ostensiblemente, oscilando desde un 47%  para las enfermedades neurodegenerativas (HR: 0,53; IC 95% de 0,25 a 1,1) hasta un 17% por enfermedades cardiovasculares (HR: 0,83; IC 95% de 0,69 a 1,00), pasando por una reducción de muerte por enfermedades respiratorias también relevante: 39% (HR: 0,61; IC 95% de 0,43 a 0,87). La reducción de mortalidad por cánceres fue también muy apreciable entre los consumidores diarios de frutos secos (10 gramos o más)  cuando se los comparaba con los que nunca ingerían tales productos.

     

    No se observó heterogeneidad entre hombres y mujeres, dado que ambos se beneficiaron con el mismo grado de reducción de la mortalidad, tanto total como la específica por enfermedades crónicas.

     


    Hay que precisar que estos buenos resultados no se observaron igualmente entre los que consumieron crema de cacahuetes, pues su consumo no se asoció a un descenso de la mortalidad. Los autores creen que quizá pueda deberse a que la crema de cacahuete tiene veinte veces más de sodio y sensiblemente menos niacina (vitamina B3) que los cacahuetes. Además, apuntan los autores, "En Holanda se tiene la mala costumbre de embadurnar la crema de cacahuete con grasas vegetales parcialmente hidrogenadas, o sea, los temibles ácidos grasos trans.”

     


    Estos investigadores también efectuaron un metaanálisis de diversos estudios de cohortes publicados previamente, que versaron sobre este tema, al que agregaron el suyo. De esta forma comprobaron que la mortalidad por tumores malignos de los mayores consumidores de frutos secos se redujo un 15% con respecto a los de menor consumo. La mortalidad por enfermedades respiratorias también fue sensiblemente menor en los que consumían más frutos secos con respecto a los que consumían menos: un 29% inferior.

     


    Finalmente, estos autores holandeses se tomaron la molestia de valorar el diferente grado de consumo de frutos secos entre diversos estudios. Así, apreciaron que los porcentajes de personas que los consumían dos o más veces por semana fueron como sigue: un 10% de las mujeres de Iowa, un 18% de las dos cohortes de Harvard (de enfermeras y de profesionales de la salud del género masculino), un 15% entre los holandeses de su propia cohorte de estudio, y un 32% de las cohortes españolas (tres o más veces por semana) del estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea), que ya hemos analizado en varios artículos de este blog y que volveremos a analizar posteriormente, a propósito de la reducción de la mortalidad.

     

     

    Revisión sistemática y metaanálisis dosis-respuesta de estudios prospectivos

     

    En diciembre de 2016 se publicó en una revista médica de prestigio (BMC Medicineuna revisión sistemática y un metaanálisis de estudios prospectivos con el objeto de evaluar la posible asociación entre el consumo de frutos secos y el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer, mortalidad por todas las causas y mortalidad por causa específica. (8)

     


    Los responsables del estudio (noruegos, británicos y norteamericanos) investigaron en reputadas fuentes electrónicas de datos médicos (PubMed y Embase) todos los estudios prospectivos publicados hasta diciembre de 2016, que versaron sobre este tema. De forma que, tras aplicar unos rigurosos criterios de validez y calidad científica, seleccionaron veinte estudios (29 publicaciones). 

     


    Huelga decir que todo el aparato matemático y estadístico utilizado por los autores (Dagfinn Aune, Teresa Norat y colegas) fue impecable por su rigurosidad y exactitud.

     


    Sus resultados confirmaron gran parte de lo observado hasta aquí, con la particularidad de que la muestra conseguida con la suma de las cohortes de los veinte estudios seleccionados (incluidos todos los analizados en los puntos anteriores más otros igualmente validos y fiables) fue de tal tamaño que el poder estadístico alcanzado permitió aumentar la sensibilidad y la validez de los resultados. Veámoslos, pues.

     


    En esencia, este metaanálisis reveló unas reducciones del 24%, 11%, 19%, 18% y 19% del riesgo de enfermedad coronaria, ictus, enfermedades cardiovasculares (otras cardiopatías diferentes a las coronariopatías), cáncer total, y mortalidad total, respectivamente, por parte de los mayores consumidores de frutos secos cuando se los comparaba con los que menos los consumían.

     


    En los análisis dosis-respuesta observaron que por cada incremento de una ración de frutos secos (28 gramos) diaria, las reducciones de los riesgos de coronariopatías, ictus, enfermedades cardiovasculares, cáncer y mortalidad por todas las causas fueron del 29%, 7%, 21%, 15% y 22%, respectivamente.

     


    Comprobaron una asociación inversa entre el consumo de frutos secos y los procesos anteriormente citados. También revelaron que la mayor reducción del riesgo se alcanzaba con consumos diarios de 15 a 20 gramos o de 5 a 6 raciones a la semana.

     


    Además, comprobaron reducciones muy notables del riesgo de muerte por enfermedades respiratorias, diabetes y enfermedades infecciosas por cada incremento de una ración en el consumo diario de frutos secos: 52%, 39% y 75%, respectivamente. No observaron iguales beneficios para las enfermedades neurodegenerativas y renales, lo que, en parte, atribuyeron al escaso número de estudios que versaron sobre estas patologías.

     


    Cuando compararon los cacahuetes (planta leguminosa) con los frutos secos arbóreos (nueces, avellanas, almendras, entre otros), vieron que el consumo de ambos se asociaba a una reducción significativa de la mortalidad por enfermedades coronarias o cardiopatía isquémica (infartos agudos de miocardio, angina…), por otras enfermedades cardiovasculares y por la mortalidad total o por todas las causas. Sin embargo, sólo el consumo de cacahuetes se asoció con una disminución del riesgo de muerte por ictus o accidentes cerebrovasculares (infartos y derrames cerebrales), mientras que el consumo de frutos secos arbóreos se asoció con un descenso del riesgo de muerte por cánceres.

     


    Al final de su trabajo llegaron a afirmar que si las asociaciones observadas fueran realmente causales, las muertes prematuras atribuibles a un escaso consumo de frutos secos, inferior a 20 gramos al día, alcanzarían la espeluznante cifra de 4,4 millones, en las regiones cubiertas por todos estos estudios: América, Europa, Sudeste de Asia y Pacífico Occidental.

     


    Estos investigadores también resaltaron la calidad y extensión de su metaanálisis, muy superior a los previamente efectuados, por abarcar más estudios prospectivos y, por tanto, mayor tamaño de la muestra global.

     

     
    Tampoco quisieron soslayar el hecho de que los estudios meramente observacionales, por muy rigurosos que sean (de cohortes), no permiten extraer conclusiones definitivas, de inequívoca relación causa-efecto. Para llegar a ese nivel es preciso realizar estudios experimentales, los denominados ensayos clínicos, donde el epidemiólogo controla todas las condiciones del experimento, garantizando que todos los sujetos participantes tengan la misma probabilidad de aparecer en una muestra u otra, siendo el azar o la aleatoriedad el mecanismo de intervención empleado para tal distribución. De esta suerte, las conclusiones emanadas de estos estudios llegan a alcanzar la categoría de extremadamente recomendables, según la Agencia de Calidad en la Investigación en temas de Salud de USA (Agency for Health Research and Quality). No obstante, los estudios de cohorte, aunque de menor rigurosidad, permiten obtener recomendaciones favorables, según la citada agencia.

     

     

    En la discusión final de este sólido metaanálisis, Dagfinn Aune y colegas mencionaron el único estudio experimental efectuado hasta entonces, el denominado PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea), cuya autoría es plenamente española. Analicemos en las próximas líneas lo tocante a este trabajo.

     

     

    ¿En qué consiste el estudio PREDIMED?

     

    Como referimos en los artículos que versaban sobre la Dieta Mediterránea (publicados en este blog en septiembre y octubre de 2015; en junio de 2016 ; en julio y diciembre de 2017), el estudio PREDIMED es una prueba clínica, multicéntrica, que, entre octubre de 2003 y diciembre de 2010, incluyó hombres y mujeres de diversas comunidades del estado español, de 55 a 80 años, con alto riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Los participantes fueron aleatoriamente asignados a una de tres intervenciones dietéticas: una Dieta Mediterránea (DM) con suplementos de aceite de oliva virgen extra (se añadía1 litro a la semana a su cantidad usual) (AOVE); una DM con suplementos de frutos secos (30 gramos diarios: 15 de nueces; 7,5 de avellanas; 7,5 de almendras); y una dieta baja en grasas, tanto de origen animal como vegetal, cuyos consumidores constituyeron el grupo control. La intervención no incluyó entre sus objetivos el incremento de la actividad física ni la pérdida de peso, esto es, no se les estimuló para que efectuaran ejercicio físico regular, ni tampoco dietas adelgazantes.

     


    Pues bien, tras casi cinco años de seguimiento, los que se alimentaron con la DM se beneficiaron de una reducción del 30% del riesgo de enfermar y morir por enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio, ictus o accidente cerebral vascular y muerte de origen cardiovascular), frente al grupo control, el que se nutrió con la dieta baja en grasas (tanto de origen animal como vegetal).9

     


    Este ensayo clínico sobre prevención primaria de enfermedades cardiovasculares por la DM revela inequívocamente la efectividad de este tipo de dieta para reducir la tasa de incidencia y riesgo de nuevos procesos cardiovasculares, sobre todo de infartos cerebrales.

     


    En los sucesivos años se cosecharon extraordinarios resultados en los grupos de DM con respecto al grupo control: reducción de un 38% del riesgo de fibrilación auricular, arritmia cardíaca más frecuente (publicado en abril 2014); reducción de un 52% del riesgo de diabetes mellitus tipo 2 (publicado en mayo 2014); reversión significativa del síndrome metabólico; reducción relevante del cáncer de mama (noviembre 2015); prevención de deterioro mental y de demencia (julio 2015), entre otros. (10-16)

     

     

    Evaluación de la asociación entre el consumo de frutos secos y mortalidad total y específica por causas en la muestra del estudio PREDIMED

     

    a) Diseño particular de este estudio secundario

     

    El objetivo de este estudio, efectuado con la misma muestra de pacientes de alto riesgo cardiovascular del PREDIMED, fue evaluar la asociación entre la mortalidad total y el consumo  basal de frutos secos, previo al inicio de la intervención, esto es, antes de distribuir aleatoriamente a los participantes en una u otra muestra. (17)

     


    Se trata, pues, de un diseño observacional de tipo prospectivo, donde los 7.216 participantes serán objeto de un seguimiento de 4,8 años, con objeto de comprobar la hipótesis principal: a mayor consumo de frutos secos menores tasas de mortalidad.

     


    Luego, durante el seguimiento se efectuaron mediciones repetidas (entrevistas personales con cuestionario de frecuencia de alimentos) del citado consumo, independientemente de la muestra asignada durante la intervención (dos modelos de DM y el de comparación con dieta pobre en grasas).

     

    Cuantificación del consumo de frutos secos (variable exposición)

     


    La ingesta de frutos secos se cuantificó con bastante precisión, lo que permitió incluir a los integrantes de la muestra inicial en diversas categorías de exposición: los que nunca los ingirieron; consumidores de una ración de una a tres veces al mes; consumo semanal (tres opciones: una vez, de dos a cuatro veces, de cinco a 6 veces a la semana); varias veces al día (una, dos a tres, cuatro a seis, superior a seis veces).

     


    Para este estudio observacional se consideró que una ración equivale a 28 gramos de frutos secos, como en otros estudios internacionales. Las nueces, las avellanas, las almendras, los piñones, cacahuetes y pistachos son frutos secos frecuentemente consumidos en España, los cuales serán incluidos en este estudio, junto a otros menos populares en nuestro país, como las nueces pecan, las nueces de macadamia y los anacardos.

     

    Nueces pecan o pacana: fruto del pecano o pecán (Carya illinoinensis)

     

     

    b) Evaluación de la mortalidad (variable efecto o resultado)

     


    Se utilizaron varias fuentes: cuestionarios anuales y exámenes de todos los participantes, médicos de familia, revisiones anuales de registros médicos, valoración de certificado nacional de defunción.

     


    c) Resultados

     

    Debido a la diferente composición nutricional de las nueces con respecto a los otros frutos secos, se analizaron separadamente los resultados en tres apartados: uno, la tasa de mortalidad de los que consumen nueces; dos, la mortalidad de los que ingieren cualquier otro fruto seco diferente a las nueces; tres, la mortalidad referida al consumo total de frutos secos.

     

     

    Mortalidad total


    Pues bien, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión proporcional de Cox, control exhaustivo de todas las variables de confusión), se comprobó a la conclusión de los 4,8 años de seguimiento que los que consumían regularmente frutos secos experimentaron significativas reducciones del riesgo de mortalidad por todas las causas. Así, comparado con los no consumidores, los que ingerían más de tres raciones semanales de frutos secos (el 32% de de las 7.216 personas de la muestra) se beneficiaron con una reducción del 39% en la mortalidad total (HR: 0,61; IC 95%, 0,45 a 0,83).

     


    Al precisar el tipo de fruto seco consumido se observaron las siguientes disminuciones del riesgo de mortalidad: 45% para los que consumieron sólo nueces, 34% para los que comieron cualquier otro fruto seco, y 32% para el consumo global (tanto de nueces como del resto).

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

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  • 01/03/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Ascendiendo por el Camino de San Olav en pos de las cumbres del Cerro del Penuquillo y del Asentado

    El ancestral Camino de San Olav noruego tiene un joven hermano castellano, que recorre el legendario Alfoz de Lara para, en su tramo final, atravesar la dehesa de Mambrillas de Lara en pos de la ermita de San Olav, construida recientemente en un paraje de Covarrubias, el Valle de los Lobos, con el propósito de que la promesa dada por un infante castellano, don Felipe, a su esposa, la princesa Cristina de Noruega, pueda, por fin, cumplirse.

     

     

    En este artículo, continuación del anterior, sólo describiremos la parte del Camino de San Olav que remonta la dehesa de Mambrillas de Lara hasta encumbrar la ladera norte de la Sierra de las Mamblas, dado que aún tenemos que completar el recorrido de este emblemático bosque caducifolio, dominado por el marcescente quejigo, así como subir a las cumbres de los montes entre los que se extiende esta singular dehesa.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Hojas marcescentes del quejigo (10-02-2018)

     

    Vamos a empezar este contenido explicando el emblema del Camino de San Olav y el motivo por el que recientemente se ha creado esta variante castellana del mismo.

     

    Símbolo del Camino de San Olav

     

     

    EMBLEMA DEL CAMINO DE SAN OLAV

     

    Este emblema está constituido por una cruz roja o de gules con los cuatro lados de igual longitud, rematados en tres puntas como triángulos de cóncavos lados, englobados por símbolos del infinito enlazados, que nos hablan de la lealtad, de la familia y de la eternidad.

     


    Estamos describiendo el emblema de un ancestral camino de peregrinaje, el que discurre entre Oslo y Trondheim en memoria de Olaf II de Noruega u Olaf Haraldson, el rey que consiguió cristianizar Noruega, cuyo culto empezó poco después de morir en 1030 en la batalla de Stiklestad. Este camino noruego (Pilegrimsleden) de 650 km que concluye en la catedral de Nidaros, donde está la tumba de este santo, tiene en tierras burgalesas una cierta continuación. Veámoslo en las siguientes líneas.

     


    ¿Cómo y por qué surgió el Camino de San Olav en España?

     


    Todo empezó con el descubrimiento en 1958 del cadáver momificado de la princesa Cristina de Noruega, dentro de un sarcófago de la Colegiata de San Cosme y San Damián, en Covarrubias, donde le dio cristiana sepultura, en 1262, su marido, el infante don Felipe de Castilla, hermano del rey Alfonso X. Veinte años más tarde, en abril de 1978, se le rindió un homenaje en la colegiata de Covarrubias, al que asistieron diversas personalidades noruegas y la banda municipal de la ciudad natal de la princesa, Tønsberg. Más tarde, los contactos entre el gobierno noruego y la villa de Covarrubias, fructificaron con la creación de la Fundación Princesa Kristina de Noruega, la cual contribuyó decisivamente, junto al Ayuntamiento de Covarrubias, para que se cumpliera la promesa del infante don Felipe a su esposa: la construcción de una ermita a San Olav en Covarrubias, como mencionamos anteriormente.

     


    Al cabo de unos 750 años, por fin, pudo inaugurarse una ermita dedicada a San Olav, el 17 de septiembre de 2011, en el Valle de los Lobos del término municipal de Covarrubias.

     


    A continuación, la Asociación para el Desarrollo de la Tierra de Lara tuvo la feliz idea de crear el Camino de San Olav, con objeto de contribuir a la difusión de la ermita citada. Se trata de una ruta de 60 kilómetros que se inicia en la plaza del rey San Fernando, enfrente de la Catedral de Burgos, y discurre por numerosos pueblos y parajes del legendario Alfoz de Lara, para concluir en la ermita de San Olav.

     


    Considero crucial enfatizar la extraordinaria calidad de los valores artísticos, naturales y humanos de este Camino de San Olav, tanta como para animar a emprenderlo a todo ciudadano que desee incrementar su salud en su triple dimensión. 

     


    Precisamente, la dehesa de Mambrillas de Lara es atravesada en parte por este Camino de peregrinaje, como ya apuntábamos en el artículo precedente, mientras describíamos el primer kilómetro de la ruta.

     


    Ahora, prosigamos con el contenido del actual artículo, justamente en el mismo sitio en el que concluyó el precedente, no muy lejos del sitio en el que conversamos con Andrés, posiblemente uno de los últimos pastores castellanos, y tras ascender entre quejigos con rostro humano, merced a un proyecto de Enrique del Rivero, prestigioso naturalista y fotógrafo burgalés, que recibió el nombre de Bosque Enraizado.

     


    EL CAMINO DE SAN OLAV NOS CONDUCE A FUENTE LOS CAÑOS

     


    Cuando llevamos recorrido en torno a un kilómetro por esta dehesa de Mambrillas de Lara, nos toparemos con una nueva bifurcación, en donde una mata de heléboro (Helleborus foetidus) y una nueva señal con una cruz roja dentro de un símbolo del infinito nos señalan que debemos continuar por la derecha.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Emblema del Camino de San Olav junto a una mata de heléboro, próxima a Fuente los Caños

     

    De esta suerte, tras andar entre avellanos una cincuentena de metros, veremos un pequeño ramal, a nuestra derecha, que en diez pasos nos conduce a Fuente los Caños. Observaremos cómo el agua brota de la tierra, entre pequeñas rocas, fluyendo con parsimonia ladera abajo. Antaño, hace más de una década, un poderoso roble vigilaba este manantial; hogaño, son avellanos los que lo resguardan. En la quietud de esta umbría tenuemente rota por el murmullo del agua y el canto de mirlos y petirrojos, no es raro escuchar la ladra del corzo.

     

    Fuente los Caños: Dehesa de Mambrillas.

     

    La primera vez que oí el nombre de este venero fue hace más de veinte años, conversando con una paciente mía, Rosario, natural de Mambrillas, que con nostalgia solía decirme: “En la parte alta de la dehesa de mi pueblo hay un manantial, Fuente los Caños, de agua rica y pura. Un poco más arriba, enfrente de él, cogíamos hayucos y avellanas; en otras partes cogíamos serbas”.

     


    Bien se acordaba Rosario de la existencia de dos grandes hayas (Fagus sylvatica) que se yerguen entre los quejigos, rodeadas de varas de avellano, unos metros más arriba de esta fontana. Un poco más a la derecha, ladera arriba, surge otra.

     

    Hayas en la dehesa de Mambrillas de Lara, cerca de Fuente los Caños (18-05-2017)

     

    Hayas en la dehesa de Mambrillas de Lara (02/11/2017)

     

    En abril de 2017 me llamó la atención la presencia de un gran hormiguero a los pies de un gran tronco de quejigo, muy próximo a las citadas hayas, a la derecha del camino, que junto a la floración de múltiples barbaleñas aumentaban la belleza del paraje, que no se apaga meses más tarde (julio) cuando fructifican en forma de drupas, inicialmente de color verde, para luego tornarse rojas y finalmente negras. Incluso en pleno invierno, con la nieve como protagonista, este paraje sigue conservando su singularidad, su contagiosa quietud, que me estimulan tanto como me relajan.  

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Hormiguero junto al tronco de un quejigo. Al fondo, las hayas. (22-04-2017)

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Montaña de hormigas y leña descompuesta junto al tronco de un quejigo (10-02-2018)

     

    Barbaleña en el área de las hayas. Dehesa Mambrillas de Lara. 22-04-2017

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Fructificación de la barbaleña (18-07-2017)

     

     

    Todavía sigo disfrutando con la compañía de Rosario, cuando la veo en la consulta, que, aunque nonagenaria, sigue conservando una notable lucidez. Suscitar el tema de su pueblo y de su dehesa es motivo de placer para ambos. ¡Cuántas anécdotas y vivencias atesora!

     


    Cuando era niña, solíamos atravesar toda la dehesa, pasando junto a Fuente los Caños, para llegar a un alto de la sierra, desde donde descendíamos por veredas y senderos hasta la plaza de Covarrubias, con la idea de intercambiar nuestros productos, los días de mercado”, aún me refiere esta entrañable mujer, jamollera de pro, aunque lleva décadas sin pisar su terruño.

     


    ASCENSO HASTA EL ALTO ENTRE EL SOMO Y EL ASENTADO, SIGUIENDO EL CAMINO DE SAN OLAV

     


    Después de visitar las hayas, ascenderemos para remontar el kilómetro que queda hasta el paso de montaña, que antaño utilizaban los jamolleros para ir a Covarrubias a mercadear y que ahora forma parte del flamante Camino de San Olav. Para ello hay que subir por un camino de piso mullido en su mitad inicial y netamente pedregoso en su parte final, cuya pendiente va lentamente aumentando, también durante su primera parte, aliviada con leves descensos, para acentuarse relevantemente a medida que avanzamos, sobre todo, en el tercio final del mismo.

     


    Mientras tanto, seguiremos disfrutando, durante los dos tercios iniciales, con la contemplación de centenarios quejigos, sobre todo a nuestra izquierda, junto a la ladera del Asentado, en tanto que, a nuestra derecha, observaremos de tramo en tramo la majestuosidad de esta Tierra de Lara.

     


    Al poco de sobrepasar los primeros quinientos metros de este ascenso, apreciaremos un camino, a nuestra derecha, donde, justo a ese nivel, puede verse una nueva señal del Camino de San Olav, a fin de indicarnos que debemos seguir por el que llevamos un rato hollando y no desviarnos por el de nuestra diestra, dado que éste nos descendería hasta Mambrillas. En todo caso, podríamos pararnos unos momentos para gozar con la visión de Peñalara y el Picón de Lara, que se torna más nítida una centena de metros más arriba. Aunque no tanto como la que podemos contemplar al encumbrar este pequeño paso de montaña, entre el Pico Asentado, a nuestra derecha, y el Somo, a nuestra izquierda. Enfrente, mirando al sur, volveremos a ver el emblema del Camino de San Olav, indicándonos el camino que debemos seguir para llegar al Valle de los Lobos y, por tanto, a la ermita de este santo noruego.

     


    Describamos brevemente la panorámica observada desde este alto, mirando al norte, hacia nuestra querida Tierra de Lara. Digo brevemente, porque, luego, volveremos a disfrutar de ella, con más grandiosidad, desde las cumbres del Asentado, primero; del Cerro de la Cueva, después.

     


    De izquierda a derecha, de noroeste a noreste, veremos lo siguiente: Peñalara, encima de Quintanilla de las Viñas, con su iglesia visigótica; El Picón de Lara, cuna de Fernán González, próximo a Lara de los Infantes; Mambrillas de Lara; las cumbres de la Sierra de la Demanda, en lontananza, entre otros hitos.

     

    Panorámica desde el alto entre el Asentado y el Somo: Peñalara, el Picón de Lara, las Cumbres de la Demanda en lontananza...  18-05-2017

     

    Visíon de Mambrillas de Lara nada más remontar la dehesa homónima, con su gran sabinar a sus espaldas, al norte (18-05-2017).

     

    Emblema del Camino de San Olav situado tras sobrepasar la dehesa de Mambrillas de Lara, indicándonos el camino a seguir hasta la ermita homónima, atravesando la Sierra de las Mamblas entre sabinas y encinas.

     

     

    ASCENSO HASTA LAS CUMBRES DEL ASENTDO Y DEL CERRO DE LA CUEVA

     


    Si en vez de continuar por el Camino de San Olav hasta el Valle de los Lobos rachel, decidimos ascender, por nuestra izquierda, a las cumbres del Asentado y del Cerro de la Cueva, que por su falda septentrional arropan la dehesa de Mambrillas, observaremos cómo, curiosamente, el trayecto se divide equitativamente en trechos de medio kilómetro, hasta completar el kilómetro y medio que hay hasta la cumbre del Cerro de la Cueva.

     


    De esta guisa, ascenderemos medio kilómetro hasta encumbrar el Asentado; durante los siguientes quinientos metros deberemos mimar nuestras rodillas, mientras lo descendemos por su falda oriental; finalmente, serán nuestros cuádriceps los que deberán llevar la voz cantante mientras ascendemos la vertiente occidental del Cerro de la Cueva, en un tramo zigzagueante de relevante pendiente. En todo momento, nuestros  acompañantes habituales serán las sabinas, sobre todo, a nuestra derecha, y la panorámica de la Tierra de Lara, a nuestra izquierda.

     

     

    Panorámica desde la cumbre del Asentado (1232 m.): Destacan, mirando al este, el Cerro de la Cueva, la dehesa de Mambrillas en la falda septentrional de ambos montes y el Guijarrón del Gayubar. (18-05-2017)

     

     

    Cuando encumbro el Asentado (1232 metros), suelo disfrutar con una soberbia vista del cercano Cerro de la Cueva, con la frondosidad arbórea de la dehesa de Mambrillas, desplegándose por la ladera septentrional de ambos montes, así como con la curiosa forma del Guijarrón del Gayugar, que parece descolgarse sobre el vecino Cascajares.

     


    A veces, desde estas cumbres, efectúo fotografías de Mambrillas,incrementando los aumentos de la cámara (Lumix Panasonic 20/50), con objeto de obtener una imagen de este pueblo, que goza de esta singular dehesa y de un notable sabinar, en dirección a Campolara. Además, por si fuera poco, dispone de notables yacimientos de la era Secundaria, con huellas de diversas especies de dinosaurios.

     

    Caserío de Mambrillas de Lara, desde la cumbre del Asentado. 18-05-2017

     

    Panorámica de la cumbre del Asentado, mirando al norte: en primer término, Mambrillas, por detrás y a su derecha, Lara de los Infantes.

     

    PANORÁMICA DESDE LA CUMBRE DEL CERRO DE LA CUEVA

     


    Al llegar a la cumbre del Cerro de la Cueva (1.278 metros), observaremos sobre su mole caliza la placa de homenaje a David García Alonso, alcalde de este pueblo que falleció prematuramente a los 31 años, cuando en su cabeza bullían proyectos para engrandecer su querido pueblo, aún más de los que ya había desarrollado. El lema es sencillo y emotivo: “David García Alonso (10-04-1978 / 06-08-2009). Un hombre, un pueblo. Los jamolleros no te olvidamos”.

     

    Homenaje a David García, desaparecido alcalde de Mambrillas de Lara, en la cumbre del Cerro de la Cueva.

     

    Una sabina seca, todavía enhiesta, es testigo del recuerdo de este querido alcalde.

     

    Cumbre del Cerro de la Cueva, mirando al norte.

     

    Desde esta cumbre, por cualquiera de los puntos cardinales que miremos, la panorámica es esplendorosa. Veámoslo en las siguientes líneas.

     


    Si miramos de frente, hacia el norte, de izquierda a derecha (de NO a NE), disfrutaremos con una nueva panorámica de la Tierra de Lara: Peñalara, Quintanilla de las Villas, a sus pies; el Picón de Lara, a la izquierda de Lara de los Infantes; Mambrillas de Lara, más próximo a nosotros; en lontananza, el telón de las cumbres de la Sierra de la Demanda.

     


    Si miramos al oeste, a nuestra izquierda, veremos la cumbre del cercano pico del Asentado, el Somo, Peña Alta, Covatero y la Muela.

     

    Sierra de las Mamblas: Panorámica desde la cumbre del Pico del Cerro, mirando al oeste, donde destaca la mole de la Muela, que amilana a las cimas del Asentado y de Covatero. (28-10-2017)

     

    Panorámica desde la cumbre del Cerro de la Cueva, mirando al este: El cerro de San Cristobal (1244 m.) con la dehesa de Hortigüela surcando su ladera septentrional; las curiosas formas del sinclinal colgado del Gayubar; cumbres de la Sierra de la Demanda, en lontananza. 18-05-2017

     

    Cuando desviamos nuestra vista al este, gozaremos con la contemplación del próximo pico de San Cristobal, a cuyos pies se encuentra Hortigüela, con su buena dehesa de fresnos (en la hondonada) y quejigos, así como con la mole del sinclinal colgado de la Sierra del Gayubar, formando parte todos ellos de la orla mesozoica previa a la Sierra de la Demanda, parte de cuyas cumbres se aprecian en lontananza.

     

    Visión desde la cumbre del Cerro de la Cueva, mirando al sur: la Sierra del Gayubar, con su cortado rocoso formando parte del cañón del Arlanza; la Peña Carazo y el Alto San Carlos, más en lontananza. 18-05-2017

     

     

    Si decidiéramos mirar al sur, veríamos de izquierda a derecha, la Peña Carazo (1458 m.) y el Alto San Carlos (1454 metros de altura), separados por el collado (SE); más próximos a nosotros, el cortado rocoso del Gayubar, en cuyas paredes crían numerosas parejas de buitre leonado, una o dos de alimoches, halcón peregrino, búhos reales, entre otras rapaces; los montes cubiertos de sabinas de Retuerta, por encima de los cuales sobresalen los picos de la Sierra de Tejeda y de Peña Cervera, con el pico Valdosa, sobresaliendo.

     


    ALEGRE ENCUENTRO EN EL DESCENSO: CONVERSACIÓN CON ANDRÉS, EL PASTOR DEL REBAÑO DE MAMBRILLAS

     


     
    Después de engrandecer nuestra salud con panorámicas tan singulares, es hora de regresar a la dehesa de Mambrillas para completar su descripción.

     

     

    Para ello, deberemos efectuar el camino en sentido contrario. De esta forma, descenderemos por la ladera occidental del Cerro de la Cueva, para, luego, ascender la ladera oriental del pico del Asentado. Finalmente, sólo nos quedará descender la falda oeste del Asentado para llegar al punto de partida, el punto de la superficie existente entre el Asentado y el Somo por el que desembocamos al remontar la dehesa de Mambrillas, siguiendo el Camino de San Olav.

     


    Llegado este momento, no puedo dejar de recordar la conversación que tuve a mediados de mayo del 2017 con Andrés, que por entonces aún seguía pastoreando el rebaño de Mambrillas.

     


    Así, cuando estaba en la parte final del descenso del Asentado, observé el rebaño de este entrañable pastor y, sobre todo, a sus dos perros que sin ladrar se me aproximaron sigilosamente, tanto como para que sintiera cierto temor. En principio, dudé de si tal acercamiento era por reconocerme tras varias conversaciones con su dueño, o si simplemente intentaban defender su rebaño de intrusos y advenedizos. Me incliné por lo segundo, al acordarme de las enseñanzas de mi querido tío Marcial: “Hijo, cuando se te acerque un perro, ten más temor del que no ladra que del que te quiere atemorizar con ladridos, pues es más probable que sea el primero el que te muerda”.

     

    Sierra de las Mamblas: Andrés con su rebaño de churras en la ladera del Asentado

     

    Mientras runruneaban esas palabras en mi mollera, escudriñaba el ambiente en pos de mi salvador, pues los cánidos seguían acechándome, sin dejar de mostrarme el colmillo, a pesar de mi cortesía: “Tranquilo, majo”, “quieta, bonita”, les decía al negro y a la blanca, respectivamente. Menos mal, que nada más saludar a Andrés, que salió entre las sabinas, los  perros se calmaron y fueron a su regazo.

     


    Durante este encuentro con Andrés me llamó la atención la destreza de los perros para mantener unido el rebaño, evitando alejamientos de algunas ovejas. Así, en un momento en que varias churras se alejaban del conjunto, aproximándose al precipicio, escuché las convincentes palabras de este entrañable pastor: “Moro, Zagala, traédmelas ya”. Nada más oírlas, los dos perros salieron disparados en pos de las descarriadas, para inmediatamente llevarlas junto al resto. Honestamente, tal pericia me pareció sorprendente y un tanto espectacular. Digno de presenciar.

     


    Cuando le felicité por la calidad de sus perros, él me contestó con un lema particular que debía de tener muy asumido: “El buen pastor hace al buen perro y el buen perro hace al buen pastor.

     


    Después de contarme que sus padres también fueron pastores y otras simpáticas anécdotas como que tenía tanto miedo a las pulgas como el que suscribe, dado que a pesar de estar rodeado de ellas aún no se había inmunizado, observé que se alarmaba al ver cómo nos sobrevolaban varios buitres leonados.

     

    Andrés, señalando hacia el norte, hacia la dehesa de Mambrillas, donde una oveja de su rebaño acaba de parir un cordero (18-05-2017).

     

     

    --¡Rediós, tengo ahí abajo una oveja parida, a ver si me han comido el corderito!

     


    --¡Vaya, qué cosa más rara! Si los buitres sólo comen carroña —le respondo, un tanto sorprendido por su temor, que yo creía infundado.

     


    --¡Qué! Hace cinco años, los buitres me mataron dos corderos recién nacidos. Cuando llegué ya los tenían medio comidos.

     


    -- Pero, ¿llegó usted a verlos en plena faena?

     


    --¡Claro! Pero si les vi encima de ellos y, aunque empecé a echarlos, ya era tarde. Y no se los comieron del todo, porque la Zagalita, la hija de ésta —me señala a su perra- fue y los asustó. Qué pena, que un tiempo más tarde, me la mató un coche, porque era tremenda de buena —recuerda con nostalgia a la hija de Zagala.

     


         No dando crédito a sus palabras, seguí insistiendo en la bondad de los buitres.

     


    --Pues parece difícil, Andrés, que los buitres puedan matar, pues carecen de garras adecuadas y de la destreza de otras rapaces como las águilas o halcones. Lo suyo es la carroña, para lo que están especializados.

     


    --Ya, lo que usted diga, pero como tengan hambre se comen fácilmente a los recién nacidos, porque, luego, cuando el cordero ha mamado y anda, no hay cuidado. Pero, ahora, que acaban de nacer, yo tengo miedo.

     

    Parece que Andrés no es el único pastor que tiene experiencias negativas con los buitres leonados. Supongo que tales desatinos de la naturaleza proceden de la época en la que se prohibió a los ganaderos echar animales muertos en muladares, a consecuencia del problema del “mal de las vacas locas”, o encefalopatía espongiforme bovina, lo que redujo notablemente las fuentes nutritivas de nuestras carroñeras. Muchas pasaron tanta hambre como para atreverse alguna a ir en contra de su propia naturaleza.

     


    Lamentablemente, casi siempre es el hombre el que altera y deteriora los ecosistemas, dado su  despiadado afán por producir y aumentar sus ganancias sin importarle agredir al entorno que lo rodea. En aquella época, querían convertir a los rumiantes bovinos en auténticos carnívoros, pues les daban piensos elaborados con proteínas animales, las procedentes del tejido cerebral de ganado ovino.     

     


    REGRESO A FUENTE LOS CAÑOS PARA CONTINUAR POR LA DEHESA EN POS DEL MUÉRDAGO, DE MOSTAJOS Y DE UN BOSQUETE DE HAYAS

     


    Después de gozar conversando con Andrés, bueno será regresar a Fuente los Caños y, luego, hasta la bifurcación donde está la señal con el emblema del Camino de San Olav, para desde aquí ascender por nuestra derecha y, así, seguir recorriendo esta emblemática dehesa.

     


    Nada más escuchar el rumor de Fuente los Caños, veremos el emblema citado para deambular por el camino opuesto. De este modo, enseguida, parece saludarnos una planta medicinal y mágica: el muérdago (Viscum album), parasitando un arce, a nuestra derecha (grandes matojos aéreos), y un manzano bravío, a nuestra izquierda.

     

     

    Muérdago parasitando un arce en la dehesa de Mambrillas de Lara. 02-05-2017

     

     

    Desde la más remota antigüedad se creía que besarse debajo de un árbol con muérdago hacía avivar el fuego del amor. Por ello forma parte de nuestras tradiciones besar a la pareja bajo un ramo de muérdago, suspendido del dintel de una puerta, sobre todo en Navidad, a fin de nunca separarse de ser tan querido. Además, se le atribuyen propiedades medicinales, como la de fortalecer el sistema inmune, por lo que se ha utilizado en terapia alternativa o complementaria a pacientes oncológicos, con objeto de paliar los efectos secundarios de la quimioterapia.

     

     

    Muérdago parasitando un arce en la dehesa de Mambrillas de Lara. 02-05-2017

     

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Fruto del muérdago (28-10-2017).

     

     

    En nuestra dehesa aparece, a partir de este punto del camino, parasitando a unos cuantos árboles, sobre todo, arces, donde podremos ver su tronco corto, del que salen múltiples ramas de color verde amarillento, con hojas lanceoladas y coriáceas, también verdes, flores masculinas y femeninas, que dan una pequeña baya blanca y translúcida.

     


    Después de estas líneas dedicadas al muérdago, proseguiremos nuestro recorrido por esta singular dehesa. Lo que nos permitirá disfrutar, durante un tramo levemente ascendente de algo menos de medio kilómetro (440 metros), con la contemplación de numerosos avellanos, a la sombra de los quejigos, con bastantes ejemplares de mostajos (Sorbus aria) y, sobre todo, con un pequeño hayedo, en la zona más umbría, a nuestra derecha, que nos invitan a acercarnos para apreciar sus detalles, para lo cual sólo hay que subir unos metros, entre avellanos y quejigos. Primero describiremos los mostajos para, luego, dedicar un tiempo a las hayas.

     

    Quejigos junto a avellanos (a la derecha): Dehesa de Mambrillas. (02-05-2017)

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Floración invernal del avellano con sus amentos masculinos. (10-02-2018)

     

    Mostajo destacando por delante de centenarios quejigos: Dehesa de Mambrillas. 02-05-2017

     

    De esta forma, podremos ver que los mostajos son unos árboles (de 8 a 20 m.), con un tronco de corteza lisa y grisácea, de cuyas ramas surgen unas hojas ovaladas, aserradas, con un haz sin pelos (glabro), en tanto que el envés exhibe numerosos pelos que se doblan como una maraña (tomento), que le da un aspecto blanco algodonoso. Si los visitamos en mayo podremos ver su floración, constituida por unas flores reunidas en corimbo (aunque salen a distintos niveles, llegan todas a la misma altura), con una corola de 5 pétalos blancos, que acogen a numerosos estambres. Los frutos, de forma globosa ovoide (pomo de 6 a 15 mm de diámetro), maduran al principio del otoño, adquiriendo un color naranja-rojizo. Por aquí y por otros lugares se les conoce con el nombre de serbas, las cuales poseen una pulpa dulce, algo ácida y harinosa. Rosario, mi querida paciente, recolectó con frecuencia serbas de esta dehesa, en su remota infancia, según me ha referido alguna vez.

     

     

    Dehesa de Mambrillas: Floración del mostajo (02-05-2017)

     

    La presencia de mostajos en esta dehesa aumenta la singularidad de la misma, pues es un árbol raro de ver.

     


    ÁRBOL SINGULAR SECO: EL QUEJIGO-MOSTAJO DE LA DEHESA DE MAMBRILLAS DE LARA

     


    Aunque para mí, el árbol más emblemático de esta dehesa era un colosal quejigo, cuyo gran perímetro indicaba una edad superior a los 500 años, de cuya palma, esto es, de la parte superior del tronco, desde donde salían sus grandes ramas, emergían vigorosas ramas de mostajo. ¡Dios! Doy fe de que era una especie de injerto de mostajo sobre un viejo quejigo. Empleo un tiempo verbal en pasado, el pretérito imperfecto, porque cuando, después de varios años sin visitarlo, volví a hacerlo durante la primavera de 2017, me disgusté ostensiblemente al comprobar cómo ambos se habían secado. Sin embargo, lo que aún permanecía adherido al tronco del quejigo era la efigie de un venerable autóctono de esta tierra.

     

     

    Árbol singular: El quejigo-mostajo de la dehesa de Mambrillas de Lara (16-05-2017)

     

    Árbol singular: El  mostajo-quejigo de la dehesa de Mambrillas de Lara (10-02-2018)

     

    Árbol singular de la dehesa de Mambrillas de Lara: el quejigo-mostajo (18-05-2017)

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Ramas de mostajo saliendo del centenario quejigo (18-05-2017)

     

     

    SORPRENDENTE HAYEDO EN LA UMBRÍA, RODEADO DE QUEJIGOS

     


    Las hayas que vimos cerca de fuente los Caños no son las únicas de este dehesa, pues, al poco de sobrepasar los arces parasitados por muérdago, basta con introducirse una cincuentena de metros entre quejigos, avellanos y algún mostajo para sorprendernos con la visión del tronco liso, gris ceniciento, de unas dos docenas de hayas, con predominio de los ejemplares jóvenes sobre los viejos y de buen porte.

     


    Siempre que visito un hayedo o, como aquí, una buena agrupación de hayas me suele impresionar la poca vegetación que hay a su sombra. Entiendo que es por la gran frondosidad de sus hojas ovaladas que característicamente se disponen casi horizontalmente con objeto de captar la mayor cantidad de radiación solar, en detrimento del sistema herbáceo y arbustivo subyacente, que a duras penas logra aparecer.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: pequeño hayedo. 18-05-2017

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Hayas con su fina corteza lisa gris ceniciento.

     

     

    Debe de tratarse de un área donde la humedad y la lluvia son más intensas, dada la gran transpiración a la que se ven sometidas las hayas, facilitada por su corteza lisa que deja pasar fácilmente el vapor de agua. Sin embargo, otras fagáceas, como los robles y encinas, tienen cortezas más gruesas, con objeto de retener la escasa agua que reciben en los ecosistemas más secos o xerófilos en los que suelen desarrollarse. 

     


    Esta diversidad arbórea, con árboles netamente caducifolios que requieren mucha humedad como las hayas, arces, mostajos y avellanos, alternando con centenarios quejigos, los robles que aguantan más la sequía, ayudan a entender la singularidad y excepcionalidad de la dehesa de Mambrillas de Lara. 

     


    REMANSO DE PAZ Y DE BUENA PANORÁMICA, SENTADO ENTRE QUEJIGOS

     


    Después de visitar este hayedo y regresar al camino principal, suelo recorrer poco más de una centena de metros para volver a salir del mismo, por la izquierda, a fin de adentrarme un corto tramo en el quejigar y, luego, sentarme a la sombra de uno de estos notables robles, donde, rodeado de jaras y algún avellano, tengo una nítida panorámica de Peñalara, Mambrillas de Lara, el Picón de Lara y de la vecina Lara de los Infantes.De esta suerte, desde hace dos décadas dejo que me invada la quietud del paraje al tiempo que mi mente evoca las proezas de Fernán González, mientras contemplo los restos del castillo en el que doña Muniadona de Lara alumbró a este héroe castellano.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: A la sombra de quejigos contemplo la parte más legendaria de la Tierra de Lara, con el Picón de Lara incluido.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Mambrillas de Lara, el Picón de Lara y Lara de los Infantes, observados entre avellanos y quejigos. 18-05-2017

     

     

    Remontando la cuesta aparece un árbol singular: haya centenaria mostrando sus raíces

     


    Después de enriquecer la salud en tan bucólico paraje, proseguiremos la marcha por este camino para encontrarnos con otra verdadera maravilla, poco después de haber sobrepasado el singular árbol, que he dado por llamar quejigo-mostajo.

     


    Efectivamente, cuando estamos a punto de remontar este tramo de algo menos de medio kilómetro, en el que hemos visto arces parasitados por muérdago, un pequeño hayedo, mostajos y múltiples avellanos, conviene salir del camino, por nuestra derecha, a fin de contemplar un haya de gran porte que deja ver sus raíces desnudas por la ladera. Espero que las fotos que aporto sirvan para reflejar parte de la belleza que atesora.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Haya con sus raíces desnudas. 18-05-2017

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Haya de gran porte mostrando sus serpeantes raíces sobre la ladera.18-05-2017

     

    Durante este tramo ascendente no dejan de aparecer buenos ejemplares de barbaleña, así como aulagas con sus primaverales flores amarillas y bastantes ejemplares de heléboro.

     

    Dos grandes quejigos, orlando el camino al final de la cuesta. Dehesa de Mambrillas (02-05-2017)

     

    Cuando estamos remontando la cuesta, observaremos dos notables quejigos, uno a cada lado del camino, que parecen saludarnos al llegar a su nivel. Ahora, el camino vuelve a descender.

     


    SALIENDO DE LA DEHESA MIENTRAS CONTEMPLAMOS LA CUMBRE DEL CERRO DE LA CUEVA

     


    Efectivamente, el corto tramo que nos queda (330 metros) hasta salir de la dehesa es netamente descendente por un lecho predominantemente pedregoso, enmarcado por los omnipresentes quejigos y algunas áreas de avellano. Como ahora estamos caminando paralelos a la falda norte del Cerro de la Cueva, podremos ver, al poco de descender, su cumbre, donde sobresale la vieja y seca sabina, frecuentemente sobrevolada por los buitres leonados.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Vista de la cumbre del Cerro del Pico y de un buitre leonado sobrevolándola, según recorremos el camino por la parte inferior de su falda norte.

     

    Cuando nos quedan escasos metros para salir de la dehesa, dos colosales quejigos parecen despedirnos, no antes sin enmarcar un fondo en el que se aprecia la silueta del Guijarrón, parte prominente del Gayubar.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Dos centenarios quejigos nos despiden por el sector oriental de la misma.

     

     

    Durante este tramo (770 metros de camino), no compartido con el Camino de San Olav, hemos recorrido la dehesa de oeste a este hasta salir de la misma en un punto en el que vuelve a bifurcarse el camino.

     


    Si optáramos por el ramal de la derecha llegaríamos, tras atravesar una parte más seca, donde la sabina es la dueña del paisaje, a la dehesa de la vecina Hortigüela, donde también pueden verse centenarios quejigos y buenos ejemplares de fresnos en su parte más declive, aunque su variedad arbórea es netamente menor. Sin embargo,  en este caso, nosotros descenderemos por el camino de la izquierda, como a continuación describiremos.

     


    BORDEANDO LA DEHESA POR UN CAMINO DESCENDENTE Y CIRCULAR HASTA LLEGAR AL CAMINO DE SAN OLAV

     


    Como acabamos de decir, proseguiremos nuestro recorrido por el camino de izquierda, a fin de descender durante un tramo de un kilómetro, inicialmente, mirando al norte, entre sabinas, a la derecha, y el quejigar de la dehesa, a nuestra izquierda, para luego ir hacia el oeste en un tramo circular, que de trecho en trecho nos permite ver la falda norte del Cerro de la cueva.

     


    Cuando hemos completado este primer kilómetro bordeando la dehesa, veremos un pequeño arroyo, surcado por múltiples carrizos y procedente del quejigar, atravesando el camino por debajo del mismo (puente oculto a nivel del camino) en dirección a Mambrillas. Luego, tras avanzar escasos metros, veremos, a nuestra izquierda, un camino que asciende por la dehesa para conectar, tras algo menos de medio kilómetro de recorrido, con el camino de San Olav, poco después de dejar a nuestra derecha una campa en la que se enseñorea un gran quejigo con su tronco desgajado, pero pleno de vitalidad. Menciono este paraje y este entrañable quejigo porque fueron muchas las veces que me senté a la sombra del mismo, para abstraerme mientras contemplaba la frondosidad de esta dehesa, desplegada entre el Cerro de la Cueva, muy nítida su cumbre desde aquí, y el Asentado. Con frecuencia, acompañado de mi querido padre; otras veces, con mis hijas y mujer; en ocasiones, con la única compañía de los petirrojos, pinzones y currucas que con sus trinos alegraban el ambiente. Además, en primavera no es raro ver al macho de la bellísima oropéndola, con su cuerpo amarillo dorado contrastando con sus negras alas, que no deja de marcar su territorio con su distintivo trino: “tiri-oliuuu, tiri-oliuuu.”

     

    Dehesa de Mambrillas: Quejigo con tronco desgajado, mas con plena vitalidad.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Quejigo desgajado, en cuyo tronco me apoyaba, sentado, junto a mi padre. (10-02-2018)

     

     

    ÚLTIMO MEDIO KILÓMETRO DE RECORRIDO HASTA LLEGAR AL PUNTO DE PARTIDA

     


    Después de disfrutar en el paraje anterior, volveremos a descender al camino principal, a fin de recorrer el último tramo, llaneando durante medio kilómetro, rodeados de estepas, bastantes ejemplares de rebollo o melojo (Quercus pyrenaica) y algunos fresnos de buen porte, hasta llegar al punto de partida: el marcado por una señal del Camino de San Olav, que nos anuncia el camino que debemos seguir durante los siguientes dos kilómetros, atravesando la dehesa, hasta llegar al alto entre el Cerro de la Cueva y el Asentado, ampliamente descrito en este artículo y en el precedente.

     


    En otro futuro artículo describiremos la ruta entre esta dehesa y la ermita de San Olav, que  sigue el antiguo camino que utilizaban los habitantes de Mambrillas de Lara (Jamolleros) para llegar a Covarrubias, tras atravesar la Sierra de las Mamblas, cuando se celebraba Mercado en esta última villa. De esta suerte, podían intercambiar sus productos con los naturales de Covarrubias (racheles) y con los de otros pueblos limítrofes.

     

     

     

    Dr. Félix Martín Santos

     

     

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

     

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     


    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


    2.  Cockcroft DW, Murdock KY, Berscheid BA, Gore BP. Sensitivity and specificity of histamine PC20 determination in a random selection of young college students. J Allergy Clin Immunol. 1992; 89: 23-30.

     


    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


    5. Urrutia I, Aguirre U, Sunyer J, Plana E, Muniozguren M, Martínez J, et al. Cambios en la prevalencia del asma en la población española del Estudio de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS-II). Arch Bronconeumol. 2007; 43: 425-30.

     


    6. Carvajal-Urueña I, García-Marcos L, Busquets-Monge R, Morales Suárez-Varela M, García de Andoin N, Batlles-Garrido J, et al. Variaciones geográficas en la prevalencia de síntomas de asma en los niños y adolescentes españoles.International Study oz Asthma and Allergies in Chilhood (ISAAC) fase III España. Arch Bronconeumol. 2005; 41: 659-66.

     


    7. García-Marcos L, Blanco A, García G, Guillén-Grima F, González C, Carvajal I, et al. Stabilization of asthma prevalence among adolescents and increase among schoolchildren (ISAAC phases I and III) in Spain. Allergy. 2004; 59: 1301-7. 8. Pereira A, Sánchez JL, Maldonado JA.

     


    8. Parental smoking habits and prevalence trends of childhood asthma: four surveys during 1998-2013. Sotirios Fouzas, Panagiotis Lambropoulus, Styliani Malliori, Olga Lagiou, Kostas Priftis, Michael Anthracopoulos. European Respiratory Journal 2017 50: PA 1858.

     


    9. Incidence and risk factors for asthma from childhood to Young adulthood. Linnea Hedman, Helena Backman, Caroline Stridsman, Martin Andersson, Eva Rönmark. European Respiratory Journal 2018 52: PA 1147.

     


    10. Global Initiative for Asthma (GINA 2019).

     


    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    13. Exercise Training on Disease Control and Quality of Life in Asthmatic Children ADRIANA FANELLI;ANNA CABRAL;JOSE NEDER;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 39(9):1474-1480, SEP 2007.

     


    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

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  • 01/02/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Dehesa de Mambrillas de Lara: Aún pasta un rebaño de ovejas entre quejigos con rostro humano

    En un área de la ladera septentrional de la burgalesa Sierra de las Mamblas se halla la dehesa de Mambrillas de Lara, que alberga uno de los quejigares más extensos y mejor conservados del planeta, en el que el dominante quejigo convive con otras especies arbóreas caducifolias como avellanos, arces, mostajos, algunas hayas, fresnos y melojos.

     


    Este paisaje adehesado de centenarios árboles revela el interés de los autóctonos de muchos de estos pueblos serranos por preservar ciertos terrenos comunales para el aprovechamiento exclusivo de su ganado, sin la servidumbre de la otrora ganadería ovina trashumante del Honrado Concejo de la Mesta. Merced a ello, han podido legar a las generaciones venideras un excepcional patrimonio natural, para disfrute de propios y extraños, como también puede observarse en la vecina dehesa de Hortigüela así como en las dehesas de bastantes localidades de la cercana Sierra de la Demanda: Huerta de Arriba, Huerta de Abajo, Tolbaños de Arriba y Tolbaños de Abajo, entre otras.

     

    TRAYECTO HASTA MAMBRILLAS

     


    Si partimos de Burgos, capital, es preciso salir por la Autovía del Norte ó A-1 (la antigua nacional de Madrid). Tras nueve kilómetros de recorrido habrá que abandonarla para coger, a la derecha, la Nacional 234 (Burgos-Sagunto), que no abandonaremos hasta llegar a Mambrillas de Lara, pasando previamente por Olmosalbos, Hontoria de la Cantera, Cuevas de San Clemente y el alto de Mazariegos (1.060 m), ubicado a unos 32 kilómetros de la capital cidiana, desde donde se divisa, a la derecha, las cumbres más altas de la sierra de las Mamblas: la Muela (1.374 m.) y el Castillejo (1.347 m.).

     


    A nuestra izquierda contemplaremos Peñalara, donde aún perduran vestigios de un castro celta y el famoso Picón de Lara, restos del castillo donde nació en el año 910 Fernán González, gran forjador de la Castilla medieval. Si avanzamos unos cinco kilómetros más llegaremos hasta Mambrillas de Lara, observando, a la derecha, en una especie de concavidad de estas montañas, su singular dehesa, principal protagonista de este contenido.

     


    Antes de aproximarnos y adentrarnos en la foresta, quizá sea mejor dejar estacionado el coche en el pueblo, a fin de no deteriorar el camino roturado entre prados de buen pasto. Aunque, luego, habrá que tener mucho cuidado al atravesar la nacional 234. Al poco de hacerlo, veremos nuestro camino.

     


    PANORÁMICA DEL SUAVE RELIEVE DE LA SIERRA DE LAS MAMBLAS

     


    Antes de dejar nuestras huellas en el sendero, es posible que nos resulte placentero contemplar el romo relieve septentrional de las montañas de la Sierra de las Mamblas. Para ello, miraremos de frente, de izquierda a derecha, de sureste a suroeste, para ver, según las indicaciones del mapa IBERPIX 4, del Instituto Geográfico Nacional (IGN), las siguientes cumbres: cerro de San Cristobal (1244 metros de altura), muy próximo a Hortigüela; Cerro de la Cueva (1278 m.), donde está la cueva del Penuquillo; el Asentado (1232 m.), que por el norte acoge con el monte precedente gran parte del bosque caducifolio de la dehesa de Mambrillas; el Somo (1201 m.); Peña Alta (1217 m.); Covatero (1273 m.); la Muela (1374 m.) y el Castillejo (1347 m.), las dos cumbres más altas de esta sierra, como dijimos antes.

     

    ¿DE DÓNDE PROCEDE EL NOMBRE DE LAS MAMBLAS?

     


    Esta panorámica de suaves y romas cumbres (sinclinales colgados) es fruto de la erosión ejercida por el viento, el agua, el hielo, entre otros agentes erosivos, durante millones de años, sobre la orla mesozoica ibérica, previa a la Sierra de la Demanda.    

     


    La imaginación popular ha comparado estas delicadas cumbres con las mamas femeninas, por lo que desde antaño recibieron el nombre latino de mammulas, que significa pechos de mujer.

     


    Por lo mismo, Mambrillas procede de otro nombre latino, mambligas, esto es, mamblas pequeñas. Ya en 1587 aparecen documentos donde se nombra al actual Mambrillas como Mambligas.

     


    A mi entender, tal denominación podría deberse a que las montañas que están justamente enfrente de Mambrillas, el Cerro de la Cueva y el Asentado, tienen menos porte y altura que las más occidentales, la Muela y el Castillejo.

     


    CONEXIÓN CON EL CAMINO DE SAN OLAV

     


    Ya en el camino de la dehesa, lo primero que encontramos a nuestra derecha son dos construcciones de piedra y teja roja, que aparentan tenadas, así como, un poco más adelante, una alargada nave que sirve tanto para almacenar heno como para encamar al rebaño de churras de Mambrillas.   

     

    Primera señal del Camino de San Olav. Al fondo, de izquierda a derecha, El Cerro de la Cueva, El Asentado y el Somo.

     

     

    Tras andar una centena de metros deberemos abandonar este primer camino para desviarnos a la izquierda por otro, marcado por una singular señal, que seguiremos durante medio kilómetro, al final del cual apreciaremos, a nuestra izquierda, una segunda señal de igual morfología que la primera: un pequeño poste de madera, en cuya punta biselada se adhiere una placa metálica con una cruz roja o de gules con los cuatro lados de igual longitud, rematados en tres puntas como triángulos de  cóncavos lados, englobada por símbolos del infinito enlazados, que corresponde al emblema del Camino de San Olav. Esta ruta de peregrinaje nos conducirá, atravesando la Sierra de las Mamblas, hasta un paraje de Covarrubias, el Valle de los Lobos, donde se ubica la ermita de San Olav, en honor de Olaf II de Noruega, rey que introdujo el cristianismo en su país en el siglo XI. Poco después de inaugurarse esta ermita (septiembre 2011), la Asociación para el Desarrollo de la Tierra de Lara ideó y planificó esta ruta de 60 kilómetros (desde Burgos capital hasta el Valle de Los Lobos), a fin de contribuir a la difusión de la ermita citada.

     


    De todas formas, en el artículo siguiente abordaremos más este asunto, el de la promesa incumplida a una princesa noruega, doña Cristina, por parte de su marido, infante de Castilla, don Felipe, hermano de Alfonso X. Como entonces veremos, la construcción de la citada ermita acabó reparando el honor mancillado, la palabra incumplida, aunque fuera casi ocho siglos más tarde.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Segunda señal del Camino de San Olav. Al fondo el Cerro de la Cueva y el Asentado

     

     

    Precisamente, la dehesa de Mambrillas de Lara es atravesada en parte por este Camino de peregrinaje, como a continuación veremos.

     

    Cruz de San Olav englobada por el lazo del infinito: símbolo del Camino de San Olav

     

    ADENTRÁNDONOS EN EL QUEJIGAR

     


    Como acabamos de decir, durante esta primera parte de trayecto, la ruta que seguiremos se identifica con la del Camino de San Olav, cuyas señales identificativas nos sirven de guía. Así, pues, entraremos con la mirada puesta en la segunda señal, antes mencionada, dejándola a nuestra derecha, mientras andamos por un camino orlado por múltiples matas de estepa (Cistus laurifolius) con sus hojas lanceoladas u ovaladas similares a las del laurel, que en mayo dejan ver  unas flores con 5 pétalos blancos convergiendo en un centro amarillo (por los numerosos estambres gualdos del androceo).

     


    Tras andar poco más de cien metros por un piso de fino pasto de gramíneas sobre las que surgen múltiples flores de manzanilla (en mayo-junio), volvemos a ver, a nuestra derecha, otra señal del Camino de San Olav, que nos invita a desviarnos por el sendero que anuncia.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Tercera señal del Camino de San Olav (22-04-2017)

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Gamones por doquier (22-04-2017)

     

    Al poco de entrar, nos dan la bienvenida siete poderosos melojos (Quercus pyrenaica), a nuestra izquierda, y dos buenos ejemplares de fresno, a nuestra derecha, en tanto que en el suelo se despliegan multitud de gamones. No es raro escuchar en primavera el tamborileo del pico picapinos (Dendrocopos major).

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Fresnos de buen porte (18-05-2017)

     

    Tras recorrer una centena de metros nos llama la atención, a nuestra izquierda, la presencia en una hondonada de unos cuantos ejemplares de fresnos, especies amantes del sol y de los terrenos fértiles con buena dotación de agua. En torno a los mismos se aprecian melojos de considerables dimensiones, que nos muestran sus hojas de corto peciolo y de limbo lobulado con profundas escotaduras (pinnatífido), que se aproximan al nervio central.

     

    Dehesa de Mambrillas de Lara: Melojo o reboll con sus hojas de limbo dividido en largos lóbulos que se aproximan al nervio central, con sus flores masculinas dispuestas en amentos amarillos péndulos. 16-05-2017

     

    A continuación, ascenderemos un tramo curvilíneo para, nada más rematar la pendiente, observar, a nuestra izquierda, un notable quejigo (Quercus faginea) que muestra en su ancho tronco un gran orificio que conduce a un espacio hueco, utilizado como cama por ginetas y otros mamíferos.

     

    Dehesa de mambrillas de Lara: hojas de quejigo con su limbo dentado, de haz lustroso y envés más pálido. 16-05-2017

     

    Las hojas del quejigo, a diferencia de las del melojo, son más coriáceas y su limbo no tiene estrechos y profundos lóbulos sino pequeños dientes que lo recorren homogéneamente, algunos un poco punzantes. De todas formas, es muy común que ambos se hibriden.

     


    Además, tanto el quejigo como el melojo son marcescentes, esto es, sus caducas hojas se mantienen sin caerse durante gran parte del invierno, a pesar de estar secas, adoptando unos tonos marronáceos.

     

    Quejigo centenario con gran orificio en el tronco. 18-05-2017     

     

    Quejigo horadado. 22-04-2017

     

     

    Cuando llevamos recorrido como medio kilómetro, veremos cómo unas pequeñas encinas, alguna sabina y unos cuantos arces intentan ocupar su espacio ante el dominio abrumador del quejigo. Nosotros llanearemos un breve tramo para, luego, descender otro corto trecho, que nos permitirá descubrir, en la parte más declive del terreno y a nuestra derecha, numerosas matas de tomillo salsero (Thymus zygis) seguidas de primaverales prímulas (Primula veris) que nos muestran sus flores intensamente amarillas, pendiendo de largos tallos. Justo, enfrente, al otro lado del camino y antes de volver a empinarse el camino, se aprecian dos arces silvestres (Acer campestre) y un fresno.

     

    El camino vuelve a empinarse: Dehesa de Mambrillas de Lara (22-04-2017)

     

    Cuando estamos culminando esta pendiente, observaremos en lontananza, a nuestra izquierda, una buena panorámica de Peña Lara, al noroeste, y del pico Mencilla, al noreste.  

     

    CONVERSACIÓN CON UN PASTOR

     


    Tras ascender un corto trecho llegamos a un alto desde donde se divisa bien la frondosidad arbórea de esta dehesa, que se despliega entre el Asentado, a nuestra derecha (SO) y un monte, a nuestra izquierda (SE), que, hasta hace poco, juraría que se denominaba Peña de la Torca. Sin embargo, en la aplicación IBERPIX 4, del Instituto Geográfico Nacional (IGN)), el nombre que identifica la citada cumbre es el de Cerro de la Cueva, como hemos referido anteriormente, en tanto que Peña de la Torca figura más al suroeste, denominando a otro paraje.

     


    Cuando el camino vuelve a descender vuelve a mi mente el recuerdo agradable de la conversación que mantuve en abril de 2017 con un pastor.

     


    Según descendía lo vi sentado a un lado del camino, junto a una oveja y su cría. Cerca debía de estar el rebaño a tenor de los numerosos balidos que dominaban el ambiente.

     

    Pastor junto a una oveja y su cordero (22-04-2017)

     

     

    Descendí lentamente, dando tiempo a que el pastor me viera y se incorporara. De esta guisa, al llegar a su nivel, busqué su mirada y le saludé:

     


     —Buenas tardes. ¿Qué tal anda?

     


    —Pues ahora poco. De pie me encuentro. Hace un rato, sentado estaba— me respondió con cierta agudeza y no poca sorna.

     


    Observé a un hombre delgado, de pelo canoso y generoso, cubriéndole gran parte de la frente, nariz aguileña, tez curtida por el sol, ojos vivos, de iris verde. Vestido con un mono azul, entreabierto, que dejaba ver una camisa de cuadros, con tonos azules, blancos y rosas. Del hombro izquierdo le pendía una chaqueta de cuero marrón grisáceo, raída y gastada por el uso. Su semblante sereno y un tanto receptivo, a pesar de la huidiza respuesta, me animó a reanudar la conversación.

     


    —Mire, tengo una duda que quizá usted pueda resolverme. Se trata del nombre de la cumbre de ese monte de la izquierda— miro de frente, hacia el sur, señalando la vertiente septentrional de las laderas que arropan este bosque caducifolio—.  Es que en los mapas del Instituto Geográfico Nacional figura con el nombre de Cerro de la Cueva y no Peña de la Torca, como hasta ahora creía yo. ¿Sabe usted, pues, cuál es su verdadero nombre?

     


    —En los diez años que llevo pastoreando este rebaño nunca he oído el nombre de Peña Torca. Más será el segundo, el pico de la Cueva, pues en él se encuentra la cueva del Peluquillo. Aunque vaya usted a saber. No es raro que la gente emplee nombres diferentes para llamar al mismo sitio—pondera su respuesta.

     


    —Hombre, lo de la Cueva tiene sentido. Aunque en el mapa pone Cueva del Penuquillo.

     


    —En el mapa ese pondrá lo que quiera, pero yo la conozco como cueva del Peluquillo —responde con convicción— Además, por aquí dicen que es tan larga que si uno se mete dentro de ella puede llegar hasta Mambrillas.

     


    —¡Vaya! ¡Eso que me cuenta sí que es singular!

     


    — De todas formas, no se crea… yo no he visto ningún agujero ni salida de cueva alguna en el pueblo.. puso en duda la longitud y destino de la tal cueva y dio por zanjado el tema.

                            

     

    Se aproxima el rebaño de churras (22-04-2017)

     

    Churras del rebaño de Mambrillas de Lara

     

    Perros vigilantes del rebaño de churras de Mambrillas de Lara (22-04-2017) 

     

     

    En poco tiempo nos vimos rodeados por numerosas ovejas, acompañadas por dos buenos perros. Abusando de la paciencia del pastor, cambié de tema y continué con más preguntas.

     


    — ¿Ese rebaño es suyo? ¿Es usted de Mambrillas?

     


    —No, ni el rebaño es mío ni soy de Mambrillas. Mi madre me alumbró en Cubillo del César. Aunque al poco de nacer, mis padres se trasladaron a Quintanalara, donde siempre he vivido. El padre de mi jefe sí que es de Mambrillas — dio cumplida respuesta a mi sarta de preguntas.

     


    —Es una suerte que todavía puedan verse rebaños como éste, pastando libremente por el campo, nutriéndose de buena hierba, que crece junto a plantas aromáticas, como el cantueso, espliego y tomillo. Seguro que tanto la leche como los quesos y, sobre todo, los corderos, son de una gran calidad —intenté iniciar un nuevo tema, mientras disfrutaba de su compañía.

     


    —¡Hombre, claro! Puede estar seguro de que los corderos de estas churras son mucho mejores que los de las que viven en establos y tenadas. Fíjese, el cordero que ha visto antes con su madre hace muy poco que ha nacido aquí, en plena dehesa. No como otros que nacen en cautividad, como sus madres. Todos tristes. La madre de éste, en cambio, está muy contenta. 

     


    —Por lo que veo, la alegría de la reciente madre tiene un doble origen: por una parte, por tener un nuevo retoño; por otra, por intuir que siempre disfrutará de estos pastos y de esta libertad— continué con la línea argumental del pastor.

     


    —Pues mire usted, cuando dentro de un año y medio me jubile, no creo que nadie tenga ganas de cuidar este rebaño como lo hago yo— me respondió con cierto aire melancólico.

     


    Yo también me entristecí un poco, pues cada vez quedan menos pastores. Cuando los más viejos se jubilen, no parece que haya mucha gente dispuesta a coger el testigo, como refirió nuestro hombre, probablemente uno de los últimos pastores castellanos. Por ello, me atreví  a pedirle permiso para fotografiarle.

     


    —¿No le importaría que le hiciera un par de fotos? Son para plasmarlas en un artículo que estoy elaborando sobre las maravillas de esta dehesa. Su rebaño y usted forman parte de ambas— le adulé, más por merecimiento personal que para que me concediera el favor de fotografiarle, que, por otra parte, creí que rechazaría.

     


    —No sé… soy bastante feo— me contestó, sonriendo, para a continuación preguntarme—: ¿Entonces, eso que ha estado escribiendo es para ese artículo que está haciendo? Porque llevo un rato viéndole cómo no para de mamporrear ese cacharro que tiene entre manos.

     

     

    Andrés, junto a su perro. (22-04-2017)

     

     ---Dice bien, escribo tecleando el móvil. En una aplicación del mismo, apunto nombres de plantas, de árboles, los pájaros que oigo, así como las distancias, la orientación y otros detalles. Luego, fotografío lo más relevante —empiezo con mis explicaciones—. Ya, en casa, intento dar cuerpo a un contenido que pueda servir para publicarlo en Tribuna de Burgos, un periódico que sólo aparece en internet. Si usted apareciera le aportaría un componente más humano, más cálido y creíble— respondo a sus preguntas, sin olvidarme de las fotos personales.

     


    —Bien, puede hacerme algunas fotos— me dijo, sorprendiéndome agradablemente.

     


    Tras agradecerle su gesto, procedí a fotografiarle, aunque con cierto nerviosismo, pues sentía que estaba robándole parte de su intimidad.

     

     

    Andrés, posiblemente uno de los últimos pastores castellanos. (22-04-2017)

     

    Finalmente, le agradecí el tiempo dedicado y, tras conocer nuestros nombres, nos despedimos.

     


    —Muchas gracias, Andrés. Ha sido muy amable conmigo. Es posible que, a partir de ahora, me vea más veces por aquí, haciendo fotografías y escribiendo los nombres de plantas y pájaros, durante las diversas estaciones del año.

     


    —Entonces, aquí nos veremos. Vaya usted con Dios.

     


    Recuerdo que aquel día, cuando regresé a casa, casi lo primero que hice fue encender el ordenador para introducirme en IBERPIX 4 y, así, salir de dudas. Para mi sorpresa, observé el nombre de cueva del Peluquillo cuando aumentaba medianamente la imagen del mapa, mientras que cuando procedía a incrementarla más, me bailaban las letras, pues la ele se tornaba en ene, pasando de Peluquillo a Penuquillo, por lo que Andrés no andaba desencaminado. Tiempo más tarde, observé que algunos internautas identifican el Cerro de la Cueva con Peña de la Torca. Algo que no coincide con lo señalado en el mapa IBERPIX 4, como antes referimos.

     

    Iberpix 4. Sierra de las Mamblas con el nombre de Cueva del Peluquillo.

     

    IBERPIX 4. Sierra de las Mamblas. Ampliando más se observa el nombre de cueva del Penuquillo

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?
     


    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     

    Apuntes finales

     

    A la luz de los conocimientos científicos actuales, si los pacientes afectos de asma practicaran regularmente actividad física, se beneficiarían con reducciones significativas de la sintomatología, riesgo de exacerbaciones, mortalidad total y específica, así como de un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, su capacidad para reducir el riesgo de desarrollar asma (prevención primaria), parece asunto más controvertido, aunque ciertas líneas de investigación nos hacen ser optimistas, pues, cuando menos, el sedentarismo tiende a incrementar el riesgo de adquirir esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Según mi propia experiencia como neumólogo con especial dedicación al manejo diagnóstico y terapéutico de pacientes con asma, entre  las estrategias terapéuticas más efectivas y seguras destacan la educación en estilos de vida saludables, reduciendo factores de riesgo y de exacerbaciones, así como el establecimiento de un buen tratamiento farmacológico de esta enfermedad, a fin de conseguir un buen control de la misma, normalizando la función, reduciendo la clínica, previniendo exacerbaciones y aumentando la calidad de vida. Logros que permitirían efectuar altos niveles de actividad física, que, a su vez, contribuirían a un mejor control de esta enfermedad crónica. De esta forma, la mayoría de nuestros pacientes en absoluto verían reducida su esperanza de vida en buena salud.

     


    En fin, considero crucial que el ser humano efectúe ejercicio físico regular, desde su más tierna infancia, porque es una de las estrategias que más puede contribuir a incrementar la salud en su triple dimensión: física, mental y social. De esta suerte, también podríamos alcanzar altas cotas de felicidad.

                                                        Dr. Félix Martín Santos

     


    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

     

    1. GEMA 4,3. Guía Española de Manejo del Asma.

     


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    3. GBD 2015 Chronic Respiratory Disease Collaborators. Global, regional, and national deaths, prevalence, disability-adjusted life years, and years lived with disability for chronic obstructive pulmonary disease and asthma, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet Respir Med. 2017; 5(9): 691-706

     


    4. Grupo Español del Estudio Europeo en Asma. Estudio europeo del asma Prevalencia de hiperreactividad bronquial y asma en jóvenes en 5 regiones de España. Med Clin (Barc). 1996; 106: 761-7.

     


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    11. Effects of Aerobic Training on Psychosocial Morbidity and Symptoms in Patients With Asthma. A Randomized Clinical Trial. Felipe A.R. Mendes, MSc, Raquel C. Gonçalves, MSc, Maria P.T. Nunes, MD, Beatriz M. Saraiva-Romanholo, PhD, Alberto Cukier, MD, Rafael Stelmach, MD, Wilson Jacob-Filho, MD, Milton A. Martins, MD, Celso R.F. Carvalho. Chest. August 2010Volume 138, Issue 2, Pages 331–337

     


    12. Effects of Aerobic Training on Airway Inflammation in Asthmatic Patients. FELIPE MENDES;FRANCINE ALMEIDA;ALBERTO CUKIER;RAFAEL STELMACH;WILSON JACOB-FILHO;MILTON MARTINS;CELSO CARVALHO. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


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    14. Aerobic training decreases bronchial hyperresponsiveness and systemic inflammation in patients with moderate or severe asthma: a randomised controlled trial Free. Andrezza França-Pinto, Felipe A R Mendes, Regina Maria de Carvalho-Pinto, Rosana Câmara Agondi, Alberto Cukier, Rafael Stelmach, Beatriz M Saraiva-Romanholo, Jorge Kalil, Milton A Martins, Pedro Giavina-Bianchi, Celso R F Carvalho. Thorax. Volume 70 issue 8. Medicine & Science in Sports & Exercise. 43(2):197-203, FEB 2011.

     


    15. Crapo RO, Casaburi R, Coates AL, et al. Guidelines for methacholine and exercise challenge testing-1999. Am J Respir Crit Care Med 2000;161:309–29.

     


    16. Scott HA, Gibson PG, Garg ML, et al. Dietary restriction and exercise improve airway inflammation and clinical outcomes in overweight and obese asthma: a randomized trial. Clin Exp Allergy 2013;43:36–49.

     


    17. Exercise improves physical activity and comorbidites in obese adults with asthma. Patricia D Freitas, Aine G Silva, Palmira G. Ferreira… Celso R F Carvalho. European Respiratory Journal 2018 52: OA 1619.

     


    18. Physical Activity and Asthma: A Systematic Review and Meta-Analysis Marianne Eijkemans,  Monique Mommers,  Jos M. Th. Draaisma,  Carel Thijs,  and Martin H. Prins. PLoS One. 2012; 7(12): e50775. Published online 2012 Dec 20. doi: 10.1371/journal.pone.0050775

     


    19. Childhood asthma and physical activity: a systematic review with meta-analysis and Graphic Appraisal Tool for Epidemiology assessment. Lene Lochte, Kim G. Nielsen, Poul Erik Petersen, and Thomas A. E. Platts-Mills. BMC Pediatr. 2016; 16: 50. Published online 2016 Apr 18. doi: 10.1186/s12887-016-0571-4.

     


    20. J Epidemiol Community Health. 2018 Sep;72(9):770-775. doi: 10.1136/jech-2017-210287. Epub 2018 May 5. Physical activity and asthma: cause or consequence? A bidirectional longitudinal analysis. Cassim R1,2, Milanzi E1, Koplin JJ1,2, Dharmage SC1,2, Russell MA1,2.

     


    21. Marianne Eijkemans,  Monique Mommers, Teun Remmers, Jos M. Th. Draaisma, MD, Martin H. Prins,  and Carel Thijs. Pediatr Pulmonol. 2020 Jan; 55(1): 76–82. Physical activity and asthma development in childhood: Prospective birth cohort study. Published online 2019 Sep 30. doi: 10.1002/ppul.24531

     

     

     

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  • 01/01/2018 - FÉLIX MARTÍN SANTOS 0 Comentarios
    Prevención secundaria del cáncer de mama

     En el  actual Código Europeo contra el Cáncer (octubre del 2014),  la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja emplear estrategias de detección precoz del cáncer de mama, a fin de incrementar los porcentajes de curación y, por tanto, de supervivencia de este tumor maligno, el más frecuente en  mujeres.1
        
         Los dos artículos precedentes de este blog versaron sobre la prevención primaria del cáncer de mama por saludables estilos de vida: la actividad física aeróbica, el del mes de noviembre, y  la Dieta Mediterránea e ingesta regular de café, el del mes de diciembre del 2017. Ahora, en este primer artículo del año 2018, completaremos una trilogía sobre la prevención del cáncer de mama, aunque, en este caso, mediante técnicas de prevención secundaria, o sea, de diagnóstico precoz y tratamiento subsiguiente, a fin de reducir la prevalencia del proceso en cuestión.


          En las siguientes líneas volveremos a incidir brevemente en la alta prevalencia del cáncer de mama.
                                 
                                       Cáncer de mama en el mundo


         Según datos de la OMS, en la Unión Europea el cáncer de mama es el tumor maligno más frecuente y la causa más común de muerte por cáncer en mujeres. Cada año aparecen unos 365.000 nuevos casos y 91.000 muertes. Aproximadamente una de cada ocho mujeres europeas desarrollará un cáncer de mama a lo largo de su vida, habitualmente en edades medias y avanzadas, aunque también puede verse en mujeres jóvenes. Son pocos los hombres que acaban sufriendo cáncer de mama, aunque también pueden padecerlo.


                                  Cáncer de mama en España


         En España, el cáncer de mama es el más frecuente en la población femenina. Así lo confirman datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de febrero del 2017, 2 referidos al año 2015, así como los plasmados en el informe GLOBOCAN 2012 (http://globocan.iarc.) 3 de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), organismo dependiente de la OMS, que ofrece los datos más actualizados a nivel mundial sobre incidencia, prevalencia (1,3, 5 años) y mortalidad por cáncer de 184 países. Este organismo también ofrece datos fidedignos de España, que confirman lo anterior: en las mujeres españolas la mayor incidencia, mortalidad y prevalencia a 5 años es para el cáncer de mama.
      Coincidiendo con el reciente Día Mundial del Cáncer de Mama (19-10-2017), la Asociación Española contra el Cáncer (aecc) reveló que, anualmente, se diagnostican en nuestro país 27.500 nuevos casos de este tumor maligno, que se suman a los 100.000 existentes. Aunque los avances terapéuticos han logrado elevar los índices de supervivencia hasta un 85%, son demasiadas las mujeres que siguen falleciendo por este cáncer: unas 6000 al año.


                                 Marcadores y factores de riesgo


      Todas las sociedades científicas están de acuerdo “en lo que se sabe” con respecto a las causas del cáncer de mama. Es obvio que aún queda mucho por conocer.
       Los marcadores de riesgo más relevantes de este tumor son el sexo femenino, la edad y los antecedentes familiares. El factor hereditario está presente en torno a un 5% de los cánceres de mama, siendo los genes más frecuentemente implicados los BRCA 1 y BRCA 2, en los que se han visto diversas mutaciones.
       En cuanto a la edad, se sabe que el riesgo aumenta con la edad. No obstante, se ha visto que hay dos períodos de máxima incidencia: el primero, justo antes de la menopausia, entre los 45 y 49 años; el segundo, en la postmenopausia, hacia los 65 años.
      Otro marcador de riesgo depende del tiempo de exposición natural a los estrógenos, pues a medida que aumenta tal exposición también lo hace el riesgo de este cáncer. Así sucede en casos de primeras reglas (menarquía) precoces (antes de los 12 años) y de menopausias tardías (por encima de los 50 años).


       Entre los factores de riesgo modificables epidemiológicamente los más relevantes son los siguientes:

    • Sobrepeso u obesidad: Después de la menopausia el riesgo de cáncer de mama se incrementa a medida que aumenta el peso de la mujer, dado que a mayor grasa corporal mayor es el nivel de estrógenos circulantes, los cuales, incrementan significativamente el riesgo de este tumor maligno.
    • Consumo de alcohol y tabaco: Parece incrementarse el riesgo de desarrollar este cáncer entre las mujeres que consumen  alcohol o/y tabaco.
    • Tratamiento hormonal sustitutivo: Se ha demostrado que el riesgo de cáncer de mama se incrementa sensiblemente en las mujeres que toman una combinación de estrógenos y progesterona durante la menopausia. Además, el riesgo aparece a los pocos años de iniciar este tratamiento y permanece elevado durante al menos los 5 años siguientes a su cese. Por ello, en el reciente Código Europeo contra el Cáncer (2014),  se aconseja que las mujeres no tomen este tipo de tratamiento para paliar los síntomas de la menopausia. En el caso de prescribirlo, se recomienda que sea a las dosis más bajas y durante el menor tiempo posible.
    • Sedentarismo: La actividad física aeróbica regular reduce claramente el riesgo de cáncer de mama, como pudimos comprobar en el artículo publicado en este mismo blog el 2 de noviembre del presente año.  Aunque los beneficios son mayores a medida que se incrementa el esfuerzo físico, basta con que una mujer ande una hora diaria para beneficiarse de una reducción significativa del riesgo de desarrollar este tumor maligno: un 15% de disminución. 4-11
    • Radiaciones: La exposición a radiaciones ionizantes, sobre todo, durante la pubertad incrementan el riesgo de este cáncer.
    • Tipo de dieta: Las dietas elaboradas con alimentos procesados e “industrializados”, propias de la denominada Comida Basura, incrementan el riesgo de desarrollar procesos cardiovasculares y tumorales, por su riqueza en ácidos grasos saturados, condimentos, azúcares refinados, sal y numerosos aditivos alimentarios. Además, tales dietas se asocian a obesidad centrípeta y global, reconocido factor de riesgo cardiovascular y tumoral.  Al contrario, la Dieta Mediterránea y el consumo regular de café parecen reducir significativamente el riesgo y tasa de incidencia del cáncer de mama, 12-17 como reflejamos en este mismo blog, en el artículo del mes previo.  
    • Lesiones predisponentes: Las mujeres con enfermedad proliferativa benigna de mama parecen tener más riesgo, así como las que ya han tenido un carcinoma ductal in situ o un carcinoma lobar también in situ (que no rebasa la mucosa). Por otra parte, las que han tenido un cáncer invasivo tienen más riesgo de desarrollar otro cáncer en la otra mama.

         Es preciso aclarar que el hecho de que una mujer tenga alguno de los factores o marcadores de riesgo anteriores no significa que esté condenada a sufrir un cáncer de mama. Es más, la mayoría de las damas tienen alguno de ellos y nunca desarrollarán la enfermedad. Sin embargo, su presencia debe servirnos para intervenir, bien eliminándolos (factores de riesgo), o bien para acentuar los programas de vigilancia y detección precoz.

     

     Justificación del cribado o screening


          Como todo el mundo entiende, las posibilidades de sobrevivir a un tumor maligno se incrementan con la precocidad en el diagnóstico del mismo y, por ende, con la mayor capacidad  de erradicarlo con el tratamiento convencional. Evidentemente lo que se pretende es detectar un tumor muy pequeño, que aún no se haya extendido localmente ni, sobre todo, a los linfáticos vecinos ni, mucho menos, por vía sanguínea a otros órganos (metástasis). Pues bien, las técnicas de cribado poblacional de este tumor permiten diagnosticarlo en estadios precoces, cuando se incrementan sensiblemente los porcentajes de supervivencia. En definitiva, las mujeres que se benefician de estos métodos de diagnóstico precoz tienen menos riesgo de morir por cáncer de mama. De esta forma, datos publicados en el reciente Código Europeo contra el Cáncer (2014) revelan que en la Unión Europea, sólo una de cada cuatro mujeres diagnosticadas de cáncer de mama fallece por esta enfermedad. Además, con estos procedimientos de diagnóstico precoz puede evitarse la muerte de cuatro de cada diez mujeres detectadas en tales programas.
        Sí, esta reducción del 40% del riesgo de muerte por cáncer de mama entre las mujeres que se someten al citado cribado ha sido observada en un reciente metanálisis realizado por investigadores de la Agencia Internacional para la investigación en Cáncer (IARC). Obtuvieron esta conclusión, tras evaluar 11 estudios experimentales (ensayos controlados, aleatorios) y 40 estudios observacionales, 20 de cohortes y 20 de casos y control, que versaban sobre el tema, publicando sus resultados el 3 de junio del 2015 en New England Journal of Medicine, con el título “Cribado del Cáncer de Mama- Punto de vista del Grupo de Trabajo de la IARC 18. También comprobaron que la relación riesgo-beneficio es absolutamente favorable al empleo de estas técnicas de prevención secundaria  en mujeres de 50 a 69 años. Además, algunos estudios prospectivos, de hasta de 20 años de seguimiento, también demuestran efectividad del cribado en mujeres de 70 a 74 años; algo que no se había apreciado en el anterior consenso, el del 2002.
        En España, según la Sociedad de Oncología Médica (SEOM), la supervivencia media relativa del cáncer de mama, a los cinco años de la intervención, es del 89.2% de forma global. Obviamente, el porcentaje de supervivencia se incrementa con la precocidad en el diagnóstico, pues en el  estadio I es de más del 98%, en tanto que en estadios más avanzados el pronóstico se ensombrece: 24% de supervivencia en estadio III.  
       No obstante, las posibilidades de supervivencia irán aumentando con el tiempo, a medida que mejore nuestro conocimiento sobre estos cánceres y, por lo tanto, mejoren los procedimientos terapéuticos.
                ¿En qué consisten estas técnicas de cribado?

     

      La Asociación Española contra el Cáncer (aecc), al igual que otras sociedades científicas nacionales e internacionales, tienen claro que la técnica más efectiva para detectar precozmente los tumores malignos de mama es la mamografía. Se trata de una radiografía especial de las mamas efectuada con un aparato de rayos X diseñado para tal objetivo: mamógrafo. Este método ofrece unas ventajas muy apreciables:

     

    • Permite detectar lesiones mamarias hasta dos años antes de que sean palpables con la exploración física y, desde luego, cuando todavía no han invadido profundamente ni ha dado tiempo a su diseminación a los ganglios linfáticos ni a otros órganos.
    • Si tenemos la fortuna de detectar estos cánceres en estadios iniciales o precoces es muy posible que las pacientes se beneficien de tratamientos menos agresivos, que indudablemente dejarán menos secuelas físicas y psíquicas en las mismas.


         Dado que la dosis de radiación empleada es mínima, este tipo de técnicas son bastante seguras, con muy pocos casos de cáncer de mama inducidos por radiación.
       Si la imagen observada con la mamografía es sugestiva de lesión benigna es muy posible que se repita la exploración cuatro a seis meses más tarde.
       Si se observara una imagen con características de malignidad, el profesional médico solicitará más técnicas de imagen, a fin de conocer más nítidamente la naturaleza de la lesión (ecografía, resonancia magnética nuclear) y/o la práctica de una biopsia.
      Otro método complementario a la mamografía es la exploración física, efectuada periódicamente por el médico o por la propia mujer. No obstante, este método es poco efectivo y no sirve para detectar tumores pequeños, que sí lo serían con la mamografía.
      Se considera que con la mamografía se pueden detectar hasta el 90% de estos tumores, mientras que con la exploración física no se llega al 50%.

     

                        ¿ Cómo entender el informe mamográfico?

     

    Se emplea de forma consensuada a nivel internacional el sistema ideado por el Colegio Americano de Radiología, el denominado  Breast Imaging Reporting and data System, BI-RADS (Informe de Imágenes de la Mama y Sistema de Datos ), donde los hallazgos y resultados de las mamografías se clasifican en categorías numeradas del 0 al 6. El 0 corresponde con una evaluación radiológica incompleta, mientras que la evaluación completa incluye las categorías del 1 al 6. En las siguientes líneas vamos a describirlas brevemente.
    Categoria 0: Es preciso efectuar estudios por imágenes adicionales o comparar con mamografías previas.
       Esta categoría señala que es probable que exista alguna anomalía no visible o no definida con claridad, por lo que se requieren exámenes adicionales, como vistas más grandes, compresiones puntuales, proyecciones especiales en el mamograma o el empleo de ultrasonidos.


    Categoría 1: Negativo
      No se ha observado nada patológico, pues las mamas son simétricas, no existen bultos (protuberancias), estructuras distorsionadas o calcificaciones sospechosas.


    Categoría 2: Hallazgo benigno (no canceroso)
      Los datos encontrados por el radiólogo son de naturaleza benigna, del tipo de calcificaciones benignas y fibroadenomas calcificados. Figurarán en el informe a efectos de comparación con mamografías futuras.


    Categoría 3: Hallazgo posiblemente benigno, se recomienda seguimiento a corto plazo
      Los hallazgos de esta categoría no aseguran absolutamente que sean benignos, a pesar de que las probabilidades de que lo sean son muy altas (98%). Para cerciorarse de que no evolucionan o cambian con el tiempo, se decide repetir la mamografía en un plazo corto, habitualmente a los 6 meses y, luego, de forma periódica hasta que se compruebe que el hallazgo es estable, es decir, hasta que no se vean lesiones en expansión o que crezcan (criterio de malignidad).
       Esta estrategia comporta dos ventajas: una, evita biopsias innecesarias; la otra, si la lesión aumenta aún da tiempo a diagnosticarla en fases iniciales o precoces.


          Categoría 4: Anormalidad sospechosa, se debe considerar una biopsia
        En este tipo de lesiones el radiólogo no está seguro tanto de la benignidad de las lesiones como de su malignidad, por ello recomienda una biopsia.


       Categoría 5: Anormalidad que sugiere firmemente que se trata de un hallazgo maligno, se deben tomar las acciones adecuadas.
       Los hallazgos tienen características plenas de malignidad, por lo que la probabilidad de corresponderse con un cáncer es muy alta (al menos del 95%). Se aconseja encarecidamente la realización de una biopsia.


    Categoría 6: Resultados de biopsia conocidos con malignidad demostrada, se deben tomar las acciones adecuadas


                  Periodicidad de estas pruebas (campañas de screening)


             En los últimos años se está generando cierta controversia con respecto a la periodicidad de las mamografías, pues, según las diversas guías internacionales, la edad de inicio de las mismas oscila de los 40 a los 50 años, en tanto que la edad de finalización oscila de los 69 a los 84 años. Por otra parte, la periodicidad de las mismas oscila entre hacerlas cada año o cada dos años.
               En la Guía Europea de Garantía de Calidad en Cribado Mamográfico se describen las pautas a seguir en los programas de cáncer de mama.19
             Aunque ha sido  común efectuar  mamografías cada 1- 2 años a las mujeres de 50 a 65 años, pues son las que tienen más riesgo de cáncer de mama, más recientemente empiezan a beneficiarse de este método las mujeres de 45 a 49 años así como las de 65 a 69 años. Sin embargo, hasta ahora se pensaba que estas campañas de diagnóstico precoz no eran efectivas  en mujeres de edades superiores a los 69 años ni en las que tienen menos de 45 años. Pues bien, el reciente informe del Grupo de Trabajo de la IARC, mencionado al principio de este artículo, muestra que, al menos, las mujeres de 70 a 74 años también se benefician de este cribado.

     

     ¿Qué aconsejan las sociedades científicas de EEUU?


         La Asociación Americana de Cáncer (ACS), tras revisar sus guías durante el año 2015, aconsejó efectuar mamografías anuales a mujeres de 45 a 54 años y bienales a partir de los 55 años.  En cambio, a mujeres más jóvenes, entre 40 y 44 años, recomendó  el cribado personalizado, pues la relación riesgo-beneficio no es tan boyante como en los grupos de mayor edad, dado que entre las más jóvenes era más probable que hubiera falsos positivos, con biopsias innecesarias, sobrediagnósticos y cánceres por radiación. Sin embargo, si se trata de una mujer (40 a 44 años) con antecedentes familiares de primer grado de cáncer de mama (madre, hermanas o hijas), deberá priorizarse una mamografía, pues la relación riesgo-beneficio es francamente favorable. 20
        El prestigioso Preventive Services Task Force (USPSTF) de Estados Unidos, recomendó en febrero del 2016 iniciar el cribado con mamografías cada dos años en mujeres de 50 a 74 años. En cambio, a las mujeres de 40 a 49 años sólo se les recomendó la práctica de mamografías bienales en caso de que sus factores de riesgo particulares fueran suficientemente consistentes. 21
       Los expertos del USPSTF llegaron a estas recomendaciones de consenso tras efectuar una profunda revisión de la literatura científica, evaluando la relación riesgo-beneficio de esta estrategia diagnóstica cuando se aplicaba en mujeres sanas de más de 40 años, que no habían sufrido previamente un cáncer de mama y que no tenían alto riesgo genético de desarrollarlo (sin oncogenes predisponentes como los BRCA 1 y BRCA 2) y que tampoco se hubieran expuesto a radiaciones ionizantes en edades más jóvenes.
        Como dijimos antes, los responsables del estudio revelaron que el cribado con mamografía reduce efectivamente las muertes por este tumor maligno entre las féminas de 40 a 70 años. No obstante, la mejor relación riesgo-beneficio se observa en mujeres de 50 a 74 años, especialmente cuando las pruebas se efectúan cada dos años. En este último grupo etario las recomendaciones alcanzan la categoría o grado B, o sea,  el que se otorga cuando se demuestra científicamente que los beneficios superan con creces a los potenciales riesgos, en tanto que en el colectivo de mujeres de 40 a 49 años de edad, la relación riesgo-beneficio no es tan favorable, dado que los evidentes beneficios de la mamografía se aproximan más a los posibles riesgos (recomendación C), lo que obliga a particularizar la indicación de esta técnica.


       Siguiendo con las sociedades científicas norteamericanas, referiremos que tanto el Congreso Americano de Ginecología y Obstetricia (ACOG) como el Colegio Americano de Radiología aconsejan mamografías anuales a partir de los 40 años.22,23

     

        Estudio efectuado por radiólogos que avala la realización de mamografías anuales a partir de los 40 años

     

     Hace poco tiempo, en agosto del 2017, se publicó un artículo en Cancer, que respaldaba la realización de mamografía anuales a partir de los 40 años. 24
         El estudio dirigido por la doctora Elizabeth Kagan Arleo, profesora asociada de radiología en el Centro Médico Presbiteriano de Nueva York/Weill Cornell de la ciudad de Nueva York, consistió en estimar cuántas vidas se salvarían si todas las mujeres estadounidenses siguieran una de las tres principales recomendaciones para las mamografías: la evaluación anual desde los 40 a los 84 años de edad; la evaluación anual desde los 45 a los 54 años y, luego, bienalmente desde los 55 hasta los 79 años; o cada dos años desde los 50 hasta los 74 años.
        Tras aplicar el correspondiente aparato estadístico e informático, llegaron a comprobar que las mujeres entre 40 y 84 años a las que se les realizaba una mamografía anual se beneficiaban con una reducción del 40% en la mortalidad por cáncer de mama. Los resultados fueron menos boyantes entre las mujeres a las que se les efectuó mamografías hasta los 79 años, pues la reducción de la mortalidad por este tumor maligno fue del 31%, y, sobre todo, entre las mujeres de 50 a 74 años a las que se les practicó una mamografía cada dos años, con una disminución del 23% en la mortalidad por este cáncer.
       Sin embargo, los resultados de este estudio no convencieron al jefe médico de la Asociación Americana contra el Cáncer, el doctor Otis Brawley, dado que sigue pensando que es mejor efectuar mamografías anualmente desde los 45 hasta los 54 años y bienalmente a partir de los 55 años de edad.
      "Para una mujer de 40 años de edad con un riesgo medio de desarrollar cáncer de mama, las probabilidades de que una mamografía impacte favorablemente en su salud a lo largo de los próximos 5 o 10 años son en realidad bastante bajas", escribió Brawley en un comentario que acompañó al nuevo estudio.

     

             Validez y consistencia del análisis auspiciado por la IARC

     

    En cualquier caso, el estudio auspiciado por la Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer (IARC), anteriormente citado, 18 es probablemente la revisión más exhaustiva que se ha efectuado hasta ahora sobre este crucial tema. Hablamos de un estudio, efectuado por expertos de 16 países, que consistió en valorar la relación riesgo-beneficio de la detección precoz de cáncer de mama mediante mamografías, en base al análisis exhaustivo de 11 estudios experimentales (ensayos clínicos controlados con aleatorización en la selección de las muestras) y 40 estudios observacionales (20 de cohorte y 20 de casos y controles), como antes dijimos. 
       Sus resultados fueron muy clarificadores: reducción de un 40% en el riesgo de muerte por cáncer de mama entre el colectivo femenino de 50 a 69 años de edad cuando se las compara con las mujeres que no se someten a esta prueba. Además, varios estudios también revelaron una reducción significativa en el riesgo de muerte por ese cáncer en mujeres entre 70 a 74 años. Menos pruebas aconsejaron el cribado sistemático en mujeres a partir de los 40 años.
       Estos importantes beneficios superan con creces a los posibles riesgos de sobrediagnóstico, de falsos positivos y de posibles cánceres inducidos por la radiación de la mamografía.

     

              Riesgo de inducir cánceres de mama por la radiación de la mamografía   

     

    En febrero del 2016 se publicó en una revista de gran prestigio (Annals of Internal Medicine) un trabajo científico que tuvo como objetivo estimar la relación riesgo-beneficio de esta técnica, evaluando las muertes por cáncer de mama evitadas por la detección precoz con mamografías (beneficio) y cuantificando la incidencia de cáncer de mama inducido por la radiación de la mamografía (riesgos).25
       Los responsables del estudio, liderado por la doctora Diana Miglioretti (Universidad de California en Davis), comprobaron que la citada relación riesgo-beneficio es mayor cuando se inicia el cribado con mamografías a partir de los 50 años en vez de una década antes, pues reduce  el riesgo de cáncer de mama inducido por radiación en un porcentaje del 60%. Además, cuando las mamografías se practican cada dos años se reduce a la mitad el riesgo de cáncer por radiación, con respecto a las que se realizan anualmente.
       Este estudio también reveló que las mamografías bienales de 100.000 mujeres de 40 a 74 años de edad evitaba 627 muertes (beneficios), mientras que la exposición a las radiaciones ionizantes por esta técnica diagnóstica originaba 27 casos de cáncer de mama y 4 fallecimientos  por esta causa (riesgos o perjuicios).
       Sin embargo, cuando las mamografías se realizaban anualmente entre mujeres del mismo intervalo etario (40 a 74 años) se multiplicaba casi por cinco el riesgo de cáncer de mama por radiación: 127 casos de cáncer de mama y 12 muertes por este motivo.
        Este estudio también sirvió para confirmar que el riesgo de desarrollar un cáncer de mama por la radiación de la mamografía es sensiblemente mayor en mujeres con mamas grandes, dado que la radiación aplicada es netamente mayor (2,3 veces ) que la recibida en mujeres con mamas más pequeñas.

     

                  ¿Cómo van estos programas de cribado en España?

     

     En España, aunque se han establecido las directrices para la creación del Plan Integral contra el Cáncer, todavía no se ha elaborado un programa global de detección precoz de cáncer de mama. No obstante, a partir de 1992, sí que se han diseñado e implantado diversos programas en las diferentes Comunidades Autónomas.
           La Sociedad de Oncología Médica (SEOM), siguiendo  las guías europeas y una parte de las norteamericanas, considera plausible efectuar mamografías cada dos años entre los 50 y los 69 años, por existir pruebas que demuestran su efectividad.   Aunque con menos respaldo científico (evidencias insuficientes), también sugiere efectuar mamografías cada uno o dos años en mujeres de 40 a 49 años así como a las mayores de 69 años.

     

                          ¿Qué se hace en Castilla y León?

     

    El programa de cribado o de detección precoz del cáncer de mama en esta comunidad se inició en 1992, desarrollándose en los años subsiguientes, de suerte que la población diana se extiende desde los 45 hasta los 69 años, a la que se le practica una mamografía en dos proyecciones (oblicua medio lateral y cráneo caudal) cada dos años. Además, desde el 2003 incluye un programa específico de Consejo Genético en el Síndrome de Cáncer de Mama y Ovario Hereditario, que ofrece una atención especializada a enfermos y familiares, en los que pueda sospecharse la existencia de alguna mutación genética, como la dependiente de los genes BRCA 1 y BRCA 2, que los hace muy proclives a desarrollar cáncer mamario a lo largo de su vida (un 60% para los que tienen el gen BRCA 1 y un 50% para los portadores del BRCA 2).
       Los hallazgos mamográficos también son evaluados por el sistema BI-RADS, considerando resultado negativo de la prueba a las categorías 1,2 y 3; efectuando una revisión normal, esto es, a los dos años, a las mujeres cuyos resultados corresponden a las categorías 1 y 2. Mientras que a las de categoría 3 (lesión probablemente benigna) se las controla a los 6 o 12 meses. Finalmente, los resultados 4 y 5 (moderada y alta probabilidad de diagnóstico maligno, respectivamente) se consideran positivos, por lo que a estas mujeres se las deriva para estudios especializados.
       Según mi criterio, los responsables del programa de prevención secundaria de cáncer de mama de Castilla y León deberían tener en consideración, cuando menos, el informe de junio del 2015 del Grupo de Trabajo de la IARC, que revela la efectividad del cribado  en mujeres de 70 a 74 años.
         Con la publicación de este artículo, además de concluir una trilogía sobre la prevención del cáncer de mama, dos sobre prevención primaria y el actual, sobre prevención secundaria, abordamos la tercera recomendación de prevención secundaria del Código Europeo contra el Cáncer, auspiciado por la OMS, en octubre del 2014. Las otras dos estrategias de prevención secundaria también las analizamos en este blog: la del cáncer de colon, en mayo del 2014; y la del cáncer de cuello uterino, en noviembre del 2016.
       En fin, la gran incidencia de cáncer de mama lo convierte en un problema de salud pública mundial, merecedor de la aplicación de las mejores técnicas de prevención secundaria, que aún deben mejorar bastante, y de la investigación de efectivas estrategias de prevención primaria, que son las que realmente evitan la aparición de las primeras células malignas y, por ende, del tumor en cuestión, como parecen hacer la actividad física aeróbica y la Dieta Mediterránea, sin soslayar el consumo regular de café. Como todo el mundo sabe, es mejor prevenir que curar.
                                                        Dr. Félix Martín Santos

     

    Bibliografía:

    1. European Code Against Cancer: 12 ways to reduce your cancer risk.  International Agency for Research on Cancer. World Health Organization. October 2014.

     

    1. INEbase. Salud Defunciones según la causa de muerte, 2017    
    2. http://globocan.iarc.fr/Default.aspx.
    3. Wiseman M. The second World Cancer Research Fund/American Institute for Cancer Research expert report. Food, nutrition, physical activity, and the prevention of cancer: a global perspective. Review. 2008 Aug. Report No.: 0029-6651 (Print) 0029-6651 (Linking). Contract No.: 3.
    4.  Friedenreich CM. The role of physical activity in breast cancer etiology. Semin Oncol 2010;37:297–302
    5. Arch Intern Med. 2010 Oct 25;170(19):1758-64. doi: 10.1001/archinternmed.2010.363. Physical activity and risk of breast cancer among postmenopausal women. Eliassen AH, Hankinson SE, Rosner B, Holmes MD, Willett WC.

    6. Arch Intern Med. 2010 Oct 25;170(19):1758-64. doi: 10.1001/archinternmed.2010.363. Physical activity and risk of breast cancer among postmenopausal women.Eliassen AH, Hankinson SE, Rosner B, Holmes MD, Willett WC.   

    7.  Recreational Physical Activity and Leisure-Time Sitting in Relation to Postmenopausal Breast Cancer Risk. Janet S. Hildebrand, Susan M. Gapstur, Peter T. Campbell, Mia M. Gaudet and Alpa V. Patel DOI: 10.1158/1055-9965.EPI-13-0407 Published October 2013.


    8. George SM, Irwin ML, Matthews CE, Mayne ST, Gail MH, Moore SC, et al.
    Beyond recreational physical activity: examining occupational and household activity, transportation activity, and sedentary behavior in relation to postmenopausal breast cancer risk. Am J Public Health 2010;100:2288–95. 


    9. Kruk J. Lifetime occupational physical activity and the risk of breast cancer: a case-control study. Asian Pac J Cancer Prev 2009;10:443–8.


    10. Breast Cancer Mortality vs. Exercise and Breast Size in Runners and Walkers.  Paul T. Williams. PLoS One. v.8(12); 2013 PMC3857169


    11. Significantly greater reduction in breast cancer mortality from post-diagnosis running than walking. Paul T. Williams.  International Journal of Cancer. Volume 135, issue 5. 01 september 2014. Pages 1195-1202.

     

    12. Toledo E, Salas-Salvadó J, Donat-Vargas C, Buil-Cosiales P, Estruch R, Ros E, Corella D, Fitó M, Hu FB, Arós F, Gómez-Gracia E, Romaguera D, Ortega-Calvo M, Serra-Majem L, Pintó X, Schröder H, Basora J, Sorlí JV, Bulló M, Serra-Mir M, Martínez-González MA
    JAMA Intern Med. 2015 Nov;175(11):1752-60. doi: 10.1001/jamainternmed.2015.4838


    13. Mediterranean dietary pattern and cáncer risk in the EPIC cohort. Br. J. Cancer. 2011. 104(9): 1493-1499. Couto E. Boffeta P. Lagiou P et al.


    14.      Adherence to the mediterranean diet and risk of breast cancer in the European prospective investigation into cancer

    and nutrition cohort study. Int J Cancer. 2013 Jun 15;132(12):2918-27. doi: 10.1002/ijc.27958. Epub 2012 Dec 19.  Buckland G, Travier N, Cottet V, González CA, Luján-Barroso L, Agudo A, Trichopoulou A, Lagiou P, Trichopoulos D, Peeters PH, May A, Bueno-de-Mesquita HB, Bvan Duijnhoven FJ, Key TJ, Allen N, Khaw KT, Wareham N, Romieu I, McCormack V, Boutron-Ruault M, Clavel-Chapelon F, Panico S, Agnoli C, Palli D, Tumino R, Vineis P, Amiano P, Barricarte A, Rodríguez L, Sanchez MJ, Chirlaque MD, Kaaks R, Teucher B, Boeing H, Bergmann MM, Overvad K, Dahm CC, Tjønneland A,Olsen A, Manjer J, Wirfält E, Hallmans G, Johansson I, Lund E, Hjartåker A, Skeie G, Vergnaud AC, Norat T, Romaguera D, Riboli E.

     

    15.  Coffee and tea consumption and risk of pre- and postmenopausal breast cancer in the European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition (EPIC) cohort study. Breast Cancer Res. 2015 Jan 31;17:15. Bhoo-Pathy N, Peeters PH, Uiterwaal CS, Bueno-de-Mesquita HB, Bulgiba AM, Bech         BH, Overvad K, Tjønneland A, Olsen A, Clavel-Chapelon F, Fagherazzi G, Perquier F, Teucher B, Kaaks R, Schütze M, Boeing H, Lagiou P, Orfanos P,Trichopoulou A, Agnoli C, Mattiello A, Palli D, Tumino R, Sacerdote C,van Duijnhoven FJ, Braaten T, Lund E, Skeie G, Redondo ML, Buckland G, Pérez MJ,Chirlaque MD, Ardanaz E, Amiano P, Wirfält E, Wallström P, Johansson I, Nilsson LM, Khaw KT, Wareham N, Allen NE, Key TJ, Rinaldi S, Romieu I, Gallo V,Rivoli E, van Gils CH

     

    16.  High coffee intake, but not caffeine, is associated with estrogen receptor negative and postmenopausal breast cancer risk with no effect modification by CYP1A2 genotype. Nutr Cancer. 2013;65:398–409.  Lowcock EC, Cotterchio M, Anderson LN, Boucher BA, El-Sohemy A.

     

    17.   Li J, Seibold P, Chang-Claude J, Flesch-Janys D, Liu J, Czene K, et al. Coffee consumption modifies risk of estrogen receptor negative breast cancer. Breast Cancer Res. 2011;13:R49

    18. Breast-Cancer Screening-Viewpoint of the IARC Working Group. June 3 2015 NEJM


    19. Guía Europea de Garantía de Calidad en Cribado Mamográfico. Cuarta Edición.


    20. Breast Cancer Screening for Women at Average Risk. 2015 Guideline Update from The American Cancer Society. October 20, 2015. Kevin C. Oeffinger, MD1; Elizabeth T. H. Fontham, MPH, DrPH2; Ruth Etzioni, PhD


    21. Screening for Breast Cancer: U.S. Preventive Services Task Force Recommendation Statement  Albert L. Siu, MD, MSPH; on behalf of the U.S. Preventive Services Task Force. Annals of Internal Medicine. 16 february 2016; 164 (4): 279-296.


    22.  ACOG PRACTICE BULLETIN . Clinical Management Guidelines for Obstetrician –Gynecologists. Number 179, July 2017


    23. Lee CH, Dershaw DD, Kopans D, Evans P,  Monsees B, Monticciolo D et al. Breast cancer screening with imaging: recommendations from the Society of Breast Imaging and the ACR on the use of mammography, breast MRI, breast ultrasound, and other technologies for the detection of clinically occult breast cancer. J Am Coll Radiol


    24. Comparison of recommendations for screening mammography using CISNET models

     

    Elizabeth Kagan Arleo MD, R. Edward Hendrick PhD,Mark A. Helvie MD,Edward A.  Sickles MD. Cancer, 21 August 2017


    25. Radiation-Induced Breast Cancer Incidence and Mortality from Digital Mammography Screening: A Modeling Study. Ann Intern Med. 2016 Feb 16; 164(4): 205–214.
    Diana L. MigliorettiJane Lange,  Jeroen J. van den Broek,  Christoph I. Lee, MSHS, Nicolien T. van RavesteynDominique Ritley,  Karla Kerlikowske, Joshua J. Fenton, Joy Melnikow Harry J. de Koning,  and Rebecca A. Hubbard

     

    La espirometría es también fundamental para establecer el grado de severidad del asma, puesto que cuanto más bajo sea el valor del FEV1 más severa es la enfermedad y el riesgo de exacerbación aumenta concomitantemente.

     

    Es preciso referir que es suficiente la presencia de cualquiera de las situaciones mostradas en la tabla para clasificar al asma en intermitente o en persistente, en sus diversos grados (ligera, moderada y severa).

     

    ¿Cuándo decimos que el asma está bien controlada?
     

    Según la mejor guía internacional de manejo del asma, la de la GINA (Global Initiative for Asthma 2019), el grado de control del asma se evalúa tras establecer un tratamiento de fondo con corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona) con o sin broncodilatadores de acción prolongada (formoterol, salmeterol, vilanterol), en base a los datos obtenidos en la espirometría y en la respuesta a las mismas preguntas utilizadas para establecer la severidad de la misma.

     

    Según los datos obtenidos podremos ver si el asma está bien controlada, parcialmente controlada o mal controlada, como se aprecia en la tabla anexa.

     

    Es bueno mencionar aquí que la mayoría de los pacientes con asma responden bien a un tratamiento de fondo, cuyo objetivo fundamental es neutralizar la inflamación de la vía aérea, siendo los mejores antiinflamatorios los corticoides inhalados, a dosis de microgramos, pues exhiben una alta efectividad y una notable seguridad, dado que la dosis que no inhalan (como un 80% del total) y degluten es eliminada en, gran parte, en el hígado, en un primer paso metabólico. Además, tal dosis tiende a descenderse periódicamente (cada 4 meses) en caso de comprobar estabilidad clínica y funcional (en los niños, verdadera ganancia). De esta suerte, el tratamiento óptimo es el que controla al paciente con la dosis mínima de corticoides inhalados, variable en cada sujeto. Si no, sería preciso reevaluar la situación.

     

     

    ¿Cuáles son los principales factores de riesgo de sufrir exacerbaciones?


     
    El principal factor de riesgo de sufrir crisis asmáticas es tener mal controlado el asma.  Luego, existen una serie de factores de riesgo modificables, incluso en pacientes con pocos síntomas de asma, que siempre deben tenerse en cuenta, entre los que se hallan los siguientes:

     

    - Mal manejo de los corticoides inhalados, por no prescribirse, mala adherencia o por incorrecta técnica de inhalación.

     

    - Exposiciones nefandas: al tabaco, contaminantes atmosféricos, a alérgenos a los que está sensibilizado y cuya inhalación le provoca síntomas.

     

    - Comorbilidades: obesidad, rinosinusitis crónica, reflujo gastroesofágico, alergia alimentaria, ansiedad y depresión.

     

    - Infecciones agudas de las vías aéreas superiores, frecuentemente de origen vírico, complicadas con sinusitis maxilar y bronquitis aguda.

     

    - Función pulmonar precaria: bajo FEV1, especialmente si es inferior al 60% del valor teórico.

     

    - Antecedentes de intubación o asistencia a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por crisis severas.

     

    - Sufrir una o más exacerbaciones en los últimos 12 meses.

     

     

    Actividad física y asma
     

     

    Después de explicar estos conceptos básicos sobre el asma, estamos en disposición analizar los efectos beneficiosos de la práctica de actividad física aeróbica en el asma.

     

    Lo que en las siguientes líneas voy a resumir son una serie de estudios epidemiológicos, la mayoría experimentales, que han revelado que un programa de entrenamiento físico aeróbico seguido por pacientes con asma moderado o severo consigue mejorar su forma física (fitness cardiorrespiratorio), su calidad de vida, reducir la sintomatología, así como el estrés y la ansiedad.

     

    Efecto protector del ejercicio físico en el asma: Subir escaleras (escalinata de acceso a la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos) es una buena forma de efectuar ejercicio físico aeróbico.

     

    Efecto protector de la actividad física en el asma: algo tan sencillo o costoso como subir escaleras es un buen ejercicio aeróbico, que ayuda a controlar mejor el asma, además de contribuir a mejorar nuestra forma física y a reducir la tasa de muerte por todas las causas, entre otros muchos efectos saludables.

     

    En agosto del 2010 se publicó en la revista oficial del Colegio Americano de Neumólogos (Chest) un estudio experimental brasileño que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico, durante 3 meses, reducía la clínica, aumentaba los días libres de ansiedad y depresión, así como la calidad de vida de los 50 pacientes que, por procedimientos de aleatorización, se beneficiaron de esta intervención (más ejercicios respiratorios y educación sobre asma), con respecto a los 51 que sólo recibieron un programa educativo más ejercicios respiratorios. (11)

     

    Más tarde, en febrero del 2011, se publicó en una revista especializada (Medicine & Science in Sports & Exercise), otro estudio experimental efectuado por el mismo grupo de investigadores, Felipe Mendes y colegas, que, basándose en el efecto antiinflamatorio del ejercicio físico aeróbico en enfermedades crónicas, pretendió comprobar si también un programa controlado de entrenamiento aeróbico era capaz de exhibir un efecto antiinflamatorio en pacientes con asma moderado y severo, mediante la reducción del recuento de eosinófilos en el esputo (objetivo principal) y la disminución del óxido nítrico exhalado (FeNO), como medida indirecta de inflamación por eosinófilos (objetivo secundario). Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 68 sujetos de la muestra en dos grupos: uno, el control, que siguió un programa educativo sobre asma y ejercicios respiratorios; el otro, se benefició, además, de un programa de entrenamiento aeróbico. Tras realizar controles semanales, durante tres meses, pudo comprobarse que los pacientes que efectuaron el citado ejercicio físico aeróbico experimentaron una reducción significativa de sus niveles de eosinófilos en esputo y del FeNO (r: 0,7 y 0, 9, respectivamente), sobre todo, en los que partieron con mayores niveles inflamatorios versus los del grupo control. (12)

     


    Otros hallazgos de este ensayo fueron la observación de un mejor estado de forma física (mejor consumo máximo de oxígeno: V˙O2max), mayor número de días libres de síntomas y menores exacerbaciones por parte de los pacientes que cayeron en el grupo de intervención, o sea, los que siguieron el programa de entrenamiento aeróbico.

     


    Si bien estos boyantes resultados se obtuvieron en pacientes adultos, también en niños se ha comprobado, mediante estudios experimentales, que un programa de entrenamiento aeróbico mejoraba su estado de forma física (mayor V˙O2max), aumentaba su calidad de vida y lograba reducir las dosis diarias de corticoides inhalados. (13)

     


    Posteriormente, en agosto del 2015, Carvalho y Mendes vuelven a la carga, para publicar, en la revista de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax), otro estudio experimental en el que establecieron como objetivo principal ver si un programa de entrenamiento aeróbico era capaz de reducir la hiperreactividad bronquial y los marcadores inflamatorios de un grupo de pacientes afectos de asma moderada y severa. (14)

     


    Para ello, distribuyeron por aleatorización a los 58 participantes (de 20 a 59 años) en dos grupos: uno, el control, que se benefició de un programa de educación para la salud en asma más un programa de yoga con ejercicios respiratorios, dos sesiones semanales de 30 minutos; el otro, el de la intervención, cuyos integrantes efectuaron, además, un programa de entrenamiento aeróbico, consistente en dos sesiones semanales durante tres meses, de ejercicio en tapiz rodante, durante 35 minutos (5 minutos de calentamiento, 25 minutos de tapiz y 5 de distensión/relajación).

     


    Obviamente, todos los participantes siguieron recibiendo su tratamiento médico del asma (corticoides inhalados con o sin broncodilatadores de acción prolongada).

     


    Pues bien, a la conclusión del estudio observaron que los que practicaron el citado ejercicio aeróbico se beneficiaron de una reducción de su hiperreactividad bronquial, medida con la técnica de provocación con histamina indicada por la Sociedad Americana de Neumología ( ATS)15, así como de una disminución de ciertos biomarcadores inflamatorios (interleucina 6, IL-6, proteína quimiotáctica de monocitos, MCP-1), además de sufrir menos exacerbaciones y aumentar su calidad de vida (AQLQ), con respecto a los del grupo control.

     


    También apreciaron una significativa reducción del recuento de eosinófilos en el esputo y del FeNO en los pacientes que tenían mayor grado de inflamación, como ya comprobaron en estudios previos. (12)

     

    Ejercicio físico en obesos con asma

     

    Estos resultados son concordantes con los obtenidos en otro estudio experimental, de autoría australiana, que reveló cómo un programa de entrenamiento aeróbico más dieta conseguía reducir células inflamatorias del esputo, véase eosinófilos y neutrófilos, así como la interleucina 6 de una muestra de pacientes obesos afectos de asma. (16) 

     


    Posteriormente, en el 2018, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal), un estudio epidemiológico experimental que reveló cómo un programa de ejercicio más dieta para perder peso, seguido por una muestra de obesos, durante tres meses, logró mejorar la actividad física durante el tiempo libre (controlada con acelerómetro), reducir la sintomatología asmática y los síntomas depresivos, así como mejorar el rendimiento del sueño, con respecto al grupo placebo, que sólo recibió el tratamiento dietético. (17)

     


    Todo ello indica que la práctica de ejercicio físico puede exhibir auténticos efectos antiinflamatorios en el asma, tanto de obesos como de personas con peso normal, y que, por ello, es una excelente estrategia complementaria al tratamiento médico de esta enfermedad respiratoria crónica.

     


    Pero ¿la actividad física podría ejercer un efecto preventivo de asma?

     


    Aunque no hay suficiente información científica para posicionarse claramente, buscaremos pistas que puedan ayudarnos en tal tesitura, analizando la información aportada por los estudios de mayor rigor.

     


    Empezaremos con los resultados obtenidos en una revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales, de autoría holandesa, publicada, en diciembre del 2012, en una revista de calidad contrastada (PLOS/one). (18)

     


    Marianne Eijkemans y colegas, responsables del trabajo, seleccionaron 5 estudios prospectivos, que incluyeron a 85.117 participantes (niños, adolescentes y adultos), que no padecían asma al principio del estudio. Tras el correspondiente seguimiento (de 9 a 10 años), apreciaron una asociación entre un mayor nivel de actividad física (quintil, tercil más altos, o actividad vigorosa) y un menor riesgo de asma, inicialmente no significativo (=R:0.88 (IC 95%: 0.77–1.01), pero al excluir el estudio de menor calidad metodológica, la asociación se tornó significativa: un 13% de reducción del riesgo de asma (0.87 (95% CI: 0.77–0.99), con respecto a los de menor nivel de ejercicio físico (quintil y tercil más bajos, sedentarios o bajo nivel de actividad física, según el estudio). Bien cierto es que la significación fue real, aunque tenue.

     


    Posteriormente, en abril del 2016, se publicaron (BMC Pediatrics) los resultados de un metaanálisis de tres estudios observacionales longitudinales (muestra total: 550), de autoría danesa, que reveló cómo un bajo nivel de actividad física se asoció con un mayor riesgo de asma en niños y adolescentes, años más tarde: un 35% superior (OR: 1.35, IC: 1.13 a 1.62). (19)

     


    No obstante, se apreció un relevante grado de heterogeneidad entre los estudios citados que redujo la fortaleza de la significación alcanzada.

     


    Así, el menor grado de ejercicio físico asociado a este mayor riesgo de asma varió de un estudio a otro: mayor tiempo dedicado a ver la televisión, menor participación en actividades deportivas, menos tiempo empleado a jugar en deportes de equipo, versus menos televisión, más actividad física-deportiva y más deporte de equipo, respectivamente.

     


    Años más tarde, en mayo del 2018, se publicó (J Epidemiol Community Health) una investigación novedosa, un análisis longitudinal bidireccional, que en absoluto reveló una asociación entre la actividad física y el asma, en un sentido o en otro. (20)

     


    Hubo que esperar hasta enero del 2020 para ver publicado otro estudio prospectivo (Pediatric Pulmonology), también llevado a efecto por Marianne Eijkemans y colegas, en el que controlaron a 1838 niños recién nacidos (KOALA Birth Cohort Study) durante 10 años, a fin de observar una posible asociación entre el nivel de actividad física y la incidencia de asma. (21)

     


    Tras evaluar, al inicio del estudio, el nivel de ejercicio físico a los 4 o 5 años de edad, referido en cuestionarios (información subjetiva) y en unos pocos (301) con medidas objetivas (acelerómetro) y, posteriormente (entre los 6 y 10 años), los nuevos casos de asma (objetivo o resultado principal del estudio), mediante cuestionarios específicos (ISAAC), así como la función pulmonar con espirometrías en un subgrupo (485 participantes), comprobaron que el grado de actividad física referida por el total de la muestra  no se asoció ni con el desarrollo de asma ni con la función pulmonar.

     


    Sin embargo, cuando sólo se analizó al grupo de participantes que fueron objeto de una medición objetiva del nivel de ejercicio físico (acelerometría), apreciaron que los niños que efectuaron menos actividad física, inferior a una hora diaria, tenían una función pulmonar significativamente menor, con un cociente FEV1/FVC más bajo (puntaje z β, −0.65; intervalo de confianza del 95%, −1.06 a −0.24).

     


    “Este estudio es el primero que ha revelado una asociación entre el sedentarismo y una menor función respiratoria (inferior cociente FEV 1/FVC), años más tarde, en la infancia, comportándose como un posible factor causal de asma. Sin embargo, se requieren más estudios que reproduzcan estos resultados, dado el escaso número de niños (62) a los que se midió objetivamente tanto el nivel de actividad física (acelerometría) como la función respiratoria (espirometría)”, concluyen los autores.

     

     


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    05.01.2018
    Prevención secundaria del cáncer de mama
         

          En el  actual Código Europeo contra el Cáncer (octubre del 2014),  la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja emplear estrategias de detección precoz del cáncer de mama, a fin de incrementar los porcentajes de curación y, por tanto, de supervivencia de este tumor maligno, el más frecuente en  mujeres.1
        
         Los dos artículos precedentes de este blog versaron sobre la prevención primaria del cáncer de mama por saludables estilos de vida: la actividad física aeróbica, el del mes de noviembre, y  la Dieta Mediterránea e ingesta regular de café, el del mes de diciembre del 2017. Ahora, en este primer artículo del año 2018, completaremos una trilogía sobre la prevención del cáncer de mama, aunque, en este caso, mediante técnicas de prevención secundaria, o sea, de diagnóstico precoz y tratamiento subsiguiente, a fin de reducir la prevalencia del proceso en cuestión.
          En las siguientes líneas volveremos a incidir brevemente en la alta prevalencia del cáncer de mama.
                                 
                                       Cáncer de mama en el mundo


         Según datos de la OMS, en la Unión Europea el cáncer de mama es el tumor maligno más frecuente y la causa más común de muerte por cáncer en mujeres. Cada año aparecen unos 365.000 nuevos casos y 91.000 muertes. Aproximadamente una de cada ocho mujeres europeas desarrollará un cáncer de mama a lo largo de su vida, habitualmente en edades medias y avanzadas, aunque también puede verse en mujeres jóvenes. Son pocos los hombres que acaban sufriendo cáncer de mama, aunque también pueden padecerlo.


                                  Cáncer de mama en España


         En España, el cáncer de mama es el más frecuente en la población femenina. Así lo confirman datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de febrero del 2017, 2 referidos al año 2015, así como los plasmados en el informe GLOBOCAN 2012 (http://globocan.iarc.) 3 de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), organismo dependiente de la OMS, que ofrece los datos más actualizados a nivel mundial sobre incidencia, prevalencia (1,3, 5 años) y mortalidad por cáncer de 184 países. Este organismo también ofrece datos fidedignos de España, que confirman lo anterior: en las mujeres españolas la mayor incidencia, mortalidad y prevalencia a 5 años es para el cáncer de mama.
      Coincidiendo con el reciente Día Mundial del Cáncer de Mama (19-10-2017), la Asociación Española contra el Cáncer (aecc) reveló que, anualmente, se diagnostican en nuestro país 27.500 nuevos casos de este tumor maligno, que se suman a los 100.000 existentes. Aunque los avances terapéuticos han logrado elevar los índices de supervivencia hasta un 85%, son demasiadas las mujeres que siguen falleciendo por este cáncer: unas 6000 al año.


                                 Marcadores y factores de riesgo


      Todas las sociedades científicas están de acuerdo “en lo que se sabe” con respecto a las causas del cáncer de mama. Es obvio que aún queda mucho por conocer.
       Los marcadores de riesgo más relevantes de este tumor son el sexo femenino, la edad y los antecedentes familiares. El factor hereditario está presente en torno a un 5% de los cánceres de mama, siendo los genes más frecuentemente implicados los BRCA 1 y BRCA 2, en los que se han visto diversas mutaciones.
       En cuanto a la edad, se sabe que el riesgo aumenta con la edad. No obstante, se ha visto que hay dos períodos de máxima incidencia: el primero, justo antes de la menopausia, entre los 45 y 49 años; el segundo, en la postmenopausia, hacia los 65 años.
      Otro marcador de riesgo depende del tiempo de exposición natural a los estrógenos, pues a medida que aumenta tal exposición también lo hace el riesgo de este cáncer. Así sucede en casos de primeras reglas (menarquía) precoces (antes de los 12 años) y de menopausias tardías (por encima de los 50 años).
       Entre los factores de riesgo modificables epidemiológicamente los más relevantes son los siguientes:
    Sobrepeso u obesidad: Después de la menopausia el riesgo de cáncer de mama se incrementa a medida que aumenta el peso de la mujer, dado que a mayor grasa corporal mayor es el nivel de estrógenos circulantes, los cuales, incrementan significativamente el riesgo de este tumor maligno.
    Consumo de alcohol y tabaco: Parece incrementarse el riesgo de desarrollar este cáncer entre las mujeres que consumen  alcohol o/y tabaco.
    Tratamiento hormonal sustitutivo: Se ha demostrado que el riesgo de cáncer de mama se incrementa sensiblemente en las mujeres que toman una combinación de estrógenos y progesterona durante la menopausia. Además, el riesgo aparece a los pocos años de iniciar este tratamiento y permanece elevado durante al menos los 5 años siguientes a su cese. Por ello, en el reciente Código Europeo contra el Cáncer (2014),  se aconseja que las mujeres no tomen este tipo de tratamiento para paliar los síntomas de la menopausia. En el caso de prescribirlo, se recomienda que sea a las dosis más bajas y durante el menor tiempo posible.
    Sedentarismo: La actividad física aeróbica regular reduce claramente el riesgo de cáncer de mama, como pudimos comprobar en el artículo publicado en este mismo blog el 2 de noviembre del presente año.  Aunque los beneficios son mayores a medida que se incrementa el esfuerzo físico, basta con que una mujer ande una hora diaria para beneficiarse de una reducción significativa del riesgo de desarrollar este tumor maligno: un 15% de disminución. 4-11
    Radiaciones: La exposición a radiaciones ionizantes, sobre todo, durante la pubertad incrementan el riesgo de este cáncer.
    Tipo de dieta: Las dietas elaboradas con alimentos procesados e “industrializados”, propias de la denominada Comida Basura, incrementan el riesgo de desarrollar procesos cardiovasculares y tumorales, por su riqueza en ácidos grasos saturados, condimentos, azúcares refinados, sal y numerosos aditivos alimentarios. Además, tales dietas se asocian a obesidad centrípeta y global, reconocido factor de riesgo cardiovascular y tumoral.  Al contrario, la Dieta Mediterránea y el consumo regular de café parecen reducir significativamente el riesgo y tasa de incidencia del cáncer de mama, 12-17 como reflejamos en este mismo blog, en el artículo del mes previo.  
    Lesiones predisponentes: Las mujeres con enfermedad proliferativa benigna de mama parecen tener más riesgo, así como las que ya han tenido un carcinoma ductal in situ o un carcinoma lobar también in situ (que no rebasa la mucosa). Por otra parte, las que han tenido un cáncer invasivo tienen más riesgo de desarrollar otro cáncer en la otra mama.
         Es preciso aclarar que el hecho de que una mujer tenga alguno de los factores o marcadores de riesgo anteriores no significa que esté condenada a sufrir un cáncer de mama. Es más, la mayoría de las damas tienen alguno de ellos y nunca desarrollarán la enfermedad. Sin embargo, su presencia debe servirnos para intervenir, bien eliminándolos (factores de riesgo), o bien para acentuar los programas de vigilancia y detección precoz.


                            Justificación del cribado o screening


          Como todo el mundo entiende, las posibilidades de sobrevivir a un tumor maligno se incrementan con la precocidad en el diagnóstico del mismo y, por ende, con la mayor capacidad  de erradicarlo con el tratamiento convencional. Evidentemente lo que se pretende es detectar un tumor muy pequeño, que aún no se haya extendido localmente ni, sobre todo, a los linfáticos vecinos ni, mucho menos, por vía sanguínea a otros órganos (metástasis). Pues bien, las técnicas de cribado poblacional de este tumor permiten diagnosticarlo en estadios precoces, cuando se incrementan sensiblemente los porcentajes de supervivencia. En definitiva, las mujeres que se benefician de estos métodos de diagnóstico precoz tienen menos riesgo de morir por cáncer de mama. De esta forma, datos publicados en el reciente Código Europeo contra el Cáncer (2014) revelan que en la Unión Europea, sólo una de cada cuatro mujeres diagnosticadas de cáncer de mama fallece por esta enfermedad. Además, con estos procedimientos de diagnóstico precoz puede evitarse la muerte de cuatro de cada diez mujeres detectadas en tales programas.
        Sí, esta reducción del 40% del riesgo de muerte por cáncer de mama entre las mujeres que se someten al citado cribado ha sido observada en un reciente metanálisis realizado por investigadores de la Agencia Internacional para la investigación en Cáncer (IARC). Obtuvieron esta conclusión, tras evaluar 11 estudios experimentales (ensayos controlados, aleatorios) y 40 estudios observacionales, 20 de cohortes y 20 de casos y control, que versaban sobre el tema, publicando sus resultados el 3 de junio del 2015 en New England Journal of Medicine, con el título “Cribado del Cáncer de Mama- Punto de vista del Grupo de Trabajo de la IARC 18. También comprobaron que la relación riesgo-beneficio es absolutamente favorable al empleo de estas técnicas de prevención secundaria  en mujeres de 50 a 69 años. Además, algunos estudios prospectivos, de hasta de 20 años de seguimiento, también demuestran efectividad del cribado en mujeres de 70 a 74 años; algo que no se había apreciado en el anterior consenso, el del 2002.
        En España, según la Sociedad de Oncología Médica (SEOM), la supervivencia media relativa del cáncer de mama, a los cinco años de la intervención, es del 89.2% de forma global. Obviamente, el porcentaje de supervivencia se incrementa con la precocidad en el diagnóstico, pues en el  estadio I es de más del 98%, en tanto que en estadios más avanzados el pronóstico se ensombrece: 24% de supervivencia en estadio III.  
       No obstante, las posibilidades de supervivencia irán aumentando con el tiempo, a medida que mejore nuestro conocimiento sobre estos cánceres y, por lo tanto, mejoren los procedimientos terapéuticos.
                ¿En qué consisten estas técnicas de cribado?


        La Asociación Española contra el Cáncer (aecc), al igual que otras sociedades científicas nacionales e internacionales, tienen claro que la técnica más efectiva para detectar precozmente los tumores malignos de mama es la mamografía. Se trata de una radiografía especial de las mamas efectuada con un aparato de rayos X diseñado para tal objetivo: mamógrafo. Este método ofrece unas ventajas muy apreciables:
    Permite detectar lesiones mamarias hasta dos años antes de que sean palpables con la exploración física y, desde luego, cuando todavía no han invadido profundamente ni ha dado tiempo a su diseminación a los ganglios linfáticos ni a otros órganos.
    Si tenemos la fortuna de detectar estos cánceres en estadios iniciales o precoces es muy posible que las pacientes se beneficien de tratamientos menos agresivos, que indudablemente dejarán menos secuelas físicas y psíquicas en las mismas.
         Dado que la dosis de radiación empleada es mínima, este tipo de técnicas son bastante seguras, con muy pocos casos de cáncer de mama inducidos por radiación.
       Si la imagen observada con la mamografía es sugestiva de lesión benigna es muy posible que se repita la exploración cuatro a seis meses más tarde.
       Si se observara una imagen con características de malignidad, el profesional médico solicitará más técnicas de imagen, a fin de conocer más nítidamente la naturaleza de la lesión (ecografía, resonancia magnética nuclear) y/o la práctica de una biopsia.
      Otro método complementario a la mamografía es la exploración física, efectuada periódicamente por el médico o por la propia mujer. No obstante, este método es poco efectivo y no sirve para detectar tumores pequeños, que sí lo serían con la mamografía.
      Se considera que con la mamografía se pueden detectar hasta el 90% de estos tumores, mientras que con la exploración física no se llega al 50%.


                        ¿ Cómo entender el informe mamográfico?


          Se emplea de forma consensuada a nivel internacional el sistema ideado por el Colegio Americano de Radiología, el denominado  Breast Imaging Reporting and data System, BI-RADS (Informe de Imágenes de la Mama y Sistema de Datos ), donde los hallazgos y resultados de las mamografías se clasifican en categorías numeradas del 0 al 6. El 0 corresponde con una evaluación radiológica incompleta, mientras que la evaluación completa incluye las categorías del 1 al 6. En las siguientes líneas vamos a describirlas brevemente.
    Categoria 0: Es preciso efectuar estudios por imágenes adicionales o comparar con mamografías previas.
       Esta categoría señala que es probable que exista alguna anomalía no visible o no definida con claridad, por lo que se requieren exámenes adicionales, como vistas más grandes, compresiones puntuales, proyecciones especiales en el mamograma o el empleo de ultrasonidos.


    Categoría 1: Negativo
      No se ha observado nada patológico, pues las mamas son simétricas, no existen bultos (protuberancias), estructuras distorsionadas o calcificaciones sospechosas.


    Categoría 2: Hallazgo benigno (no canceroso)
      Los datos encontrados por el radiólogo son de naturaleza benigna, del tipo de calcificaciones benignas y fibroadenomas calcificados. Figurarán en el informe a efectos de comparación con mamografías futuras.


    Categoría 3: Hallazgo posiblemente benigno, se recomienda seguimiento a corto plazo
      Los hallazgos de esta categoría no aseguran absolutamente que sean benignos, a pesar de que las probabilidades de que lo sean son muy altas (98%). Para cerciorarse de que no evolucionan o cambian con el tiempo, se decide repetir la mamografía en un plazo corto, habitualmente a los 6 meses y, luego, de forma periódica hasta que se compruebe que el hallazgo es estable, es decir, hasta que no se vean lesiones en expansión o que crezcan (criterio de malignidad).
       Esta estrategia comporta dos ventajas: una, evita biopsias innecesarias; la otra, si la lesión aumenta aún